Chapter 10 Buscándonos
Harry entró de manera intempestiva a la oficina del Ministro, cosa que nunca había hecho en todos sus años y que sólo el temor por la vida de su hijo podría hacer.
—Harry…
—No pueden matarlos de sed para obligarlos a salir.
—Harry no…
—No voy a permitir que arriesguen a mi hijo por sus planes que… ¿cuáles son sus planes en realidad? ¡No tiene sentido lo que están haciendo!
—Harry, escucha.
—No me van a sacar del caso, no me van a pasar por encima y no van a dar órdenes a mis aurores pasándose mi autoridad por...
—Harry, basta, escucha —interrumpió una última vez el ministro—. Esto ya está fuera de tus manos. Está fuera incluso de mis manos. Es un asunto del Wizengamot.
Harry apretó los puños. El sentimiento de impotencia amenazó con cerrarle la garganta.
—Entonces iré ante el Wizengamot. Iré contra el Wizengamot si es necesario.
Scorpius había desayunado con él, pero después de eso se había escurrido por la puerta y lo había dejado por varias horas sin absolutamente nada qué hacer y volviéndose loco en la recámara. Había intentado llamar a un elfo para pedirle los materiales necesarios para preparar el ungüento que Scorpius necesitaba, pero nadie le habíai respondido. Después de un rato se había animado a asomarse por la puerta y tras unos minutos paseando por el pasillo sin ver nada realmente interesante se había encontrado de frente con el chico que lo odiaba.
—Regalito —le dijo, con la voz burlona—, buenos días, ¿descansaste bien?, ¿encontraste nuestra humilde morada adecuada para tus gustos?
Albus no se dejó amedrentar.
—En realidad, me llamo Albus —corrigió y extendió su mano—. Me llamo Albus y encuentro su "humilde morada" admirable.
A pesar de que aquel hombre no tocó su mano y lo miró como si le fuera a contagiar alguna enfermedad sólo por tocarlo, Albus se sintió ligeramente superior al dejarlo sin palabras. Parecía que aquello no era lo que esperaba de él. Albus estaba acostumbrado a hacer lo que no se esperaba de él.
—¿No me dirás tu nombre siquiera? —preguntó, bajando su mano.
—Parkinson —murmuró el otro.
—Mucho gusto.
Parkinson resopló con incredulidad y se trató de rodear a Al para seguir por su camino.
—Espera —pidió Albus.
—¿Qué quieres?
Al miró el piso.
—Sé que no estoy en posición de pedir nada, pero… Scorpius… —sintió a Parkinson tensarse— está herido… otra vez le lanzaron esos horribles hechizos de fuego. Cuando estuvo arriba… allá logramos controlar lo peor con un ungüento, pero no me ha dejado hacerlo. Te prometo que sólo quiero ayudarlo. Pueden vigilarme si quieren o pueden prepararlo ustedes y yo…
—¿Qué necesitas?
Al levantó el rostro y se encontró a Parkinson mirándolo con un rostro inescrutable.
—Un caldero, unos cuantos ingredientes básicos, lo más raro es hígado de pixie, pero puedo…
—Lo tenemos. Ven conmigo.
Albus no pudo creer su suerte, pero decidió tampoco cuestionarla.
Harry miró uno a uno los rostros expectantes de todas las personas reunidas en su jardín. Habían levantado vallas de privacidad para permitir que toda la gente posible estuviera presente. Todos ellos parte de su familia. Estaban todos los Weasley y sus familias extendidas: las esposas de cada uno de los hermanos, sus hijos y en el caso de Bill, su primer nieto. También estaban las personas más importantes para Harry: Ginny, James y Lily. Sólo faltaba ahí su Albus. Y esa era la razón por la que los había reunido.
Harry cruzó la mirada con Hermione, quien con sólo un gesto de la cabeza lo animó a hablar por fin y explicar el predicamento en el que estaban.
—Ya tenemos una idea de dónde podría estar Al —dijo, y todos dieron grititos de alivio o suspiraron o se levantaron, pero él alzó la mano para detenerlos—, pero la situación no es buena. El Ministerio está seguro de que está con los Desaparecidos —hubo silencio— y tienen un interés especial por encontrarlos. Yo… —se le rompió ligeramente la voz— he intentado todo lo que he podido pero están dispuestos a dejar morir a mi hijo con tal de encontrarlos…
El caos se desató y Harry sólo se pudo hundir en su silla si poder responder las preguntas que todos lanzaban a diestra y siniestra. Ginny, a su lado, estaba temblando pero intentando contener sus lágrimas.
Hermione se levantó de su lugar y trató de continuar la explicación que él ya no podía dar.
—Creen que los Desaparecidos están ocultos en algún lugar entre los parques del centro del Londres muggle. Teddy y Harry encontraron razones para creer que ese lugar es bajo tierra, pero eso no se lo hemos dicho al Ministerio. Ellos… su plan es desecar los lagos para obligarlos a salir de su escondite, ya que confían en que esa es su fuente de agua. Harry… él logro que nos dieran 48 horas. Tenemos 48 horas para encontrar a Albus por nuestra parte o llevarán a cabo su plan.
Todos y cada uno de los Weasley hablaron al mismo tiempo. Sólo los interrumpió que Harry reunió fuerza y se levantó de nuevo.
—Ya no sé qué más hacer pero todos… todos aquí conocemos a Al. Sabemos… sabemos cómo es y quién es. Les pido a todos que pensemos maneras de ayudarlo. De encontrarlo o… por favor ayúdennos.
Albus entró en la habitación lentamente, sin saber bien qué esperar. Se encontró con un pequeño pasillo de hospital con una apariencia profesional pero que para un ojo experimentado como el suyo más bien parecía amateur. Había diez camas y tres de ellas estaban ocupadas. En una se encontraba un adulto inconsciente, en la siguiente una mujer que lo miró con sorpresa que se tornó en cara de muy pocos amigos inmediatamente. En la tercera cama había un niño que no parecía tener edad para ir a Hogwarts. Su mirada, abiertamente curiosa y sin restricciones, fue refrescante entre tanto odio que parecía haber para él en aquel sitio.
Parkinson avanzó a paso rápido hacia una puerta que estaba al fondo de la habitación. Albus lo siguió pero no pudo evitar detenerse apenas frente al niño. Le gustaban los niños. Tenía muchos primos y sobrinos y la mayoría le caían bien. El niño movió su manita de un lado a otro en saludo silencioso. Albus respondió el gesto de igual manera, con una sonrisa.
—No tengo todo el día —interrumpió Parkinson.
Al apresuró el paso.
—¿Qué carajo hacen aquí? —llamó una figura de pronto, que apareció al lado de la puerta principal.
—No te importa, Blishwick.
—¡Ahora resulta que no importa lo que pase en mi enfermería!
—Vamos, Blishwick. ¡Ni siquiera a ti te importa! —replicó Parkinson, rodando los ojos.
El niño en la cama se rió bajito.
Albus intentó no externar ninguna emoción, pero analizó toda aquella interacción para sí mismo.
James pateó una botella de plástico dejada atrás por algún muggle. Las barreras antiaparición se habían puesto en pie y sus 48 horas estaban corriendo. Toda su familia… todos, sus tíos, sus primos, su hermana, todo estaban haciendo algo. En cada parque había una brigada de Weasley buscando dejos de huellas mágicas que pudieran guiarlos a Albus. Todos lanzaban hechizos localizadores a diestra y siniestra sin importarles que rebotaran sin respuesta.
Había elegido el parque que llevaba su nombre para ayudar con la búsqueda. St James's hasta hacia poco bullía de muggles. Todos ahora estaban vagando por las cercanías, confundidos y deseosos de no acercarse por un encantamiento de sugestión.
A su lado, Teddy lo acompañaba silencioso. Por lo que James había logrado entender, Teddy se sentía muy culpable de lo que había pasado y James no podía más que mirarlo de reojo intentando transmitir que no lo culpaba. Que Al siempre había sido así. Y en parte, James no culpaba a Teddy porque tenía su propia culpa que cargar. Sabía que nunca había sido muy cercano a su hermano. Que cuando Al lo había necesitado quizás más, él no había estado ahí.
Después de un rato no pudo más con el silencio.
—Lo vamos a encontrar a tiempo, Teddy. O vamos a convencer al Wizengamot que todo esto es una locura, que no pueden arriesgar así su vida todo, ¿por qué? ¿por curiosidad de saber dónde están los Desaparecidos?
Teddy asintió pero siguió un rato más en silencio. Después de un rato la culpa pudo más que él mismo.
—Debí haberlo detenido… James… James, vino a mi casa y lo vi y después simplemente desapareció…
James suspiró.
—¿Sabes qué le dije en su primer día de Hogwarts, cuando estábamos por subir al expreso?
Teddy negó con la cabeza.
—Le dije que iba a terminar en Slytherin. Y que iba a ser el único de su generación porque nadie querría ir a Slytherin. Le dije que todos se iban a reír de él porque sería el Potter decepcionante y nadie le hablaría y…
Teddy lo abrazó por los hombros.
Después de unos minutos, ambos siguieron caminando.
Albus hizo el ungüento bajo la atenta mirada de Blishwick, quien seguía órdenes de Parkinson de que "más le valía aprender a hacer eso o se iba a ganar una imperdonable en el culo". Hizo su mejor esfuerzo por ir lento y explicar cada paso de manera clara, pero Al sabía que lo suyo nunca había sido la enseñanza. Sobre todo, le preocupaba que la cara de Blishwick siempre estuviera llena de desconfianza hacia él.
—Puedes no confiar en mí para muchas cosas, pero en esto sí que puedes hacerlo. Pasé dos años en la academia y otro más practicando. Soy un sanador certificado.
La mujer parpadeó.
—Eres un… sanador. Uno de verdad.
Albus asintió y le dio el último toque a la poción antes de verterla en un frasco. Después, en silencio, ayudó a la mujer a hacer su propia mezcla para practicar.
—Caronte lleva varias semanas entrando y saliendo de aquí —murmuró la mujer—. Yo… estaba estudiando cuando pasó todo esto, pero no… tenemos algunos libros y…
—¿Caronte? —preguntó Al, intentando salvarla de una explicación que claramente no quería dar.
La mujer señaló con la cabeza.
—El niño.
Al se lo pensó muy bien para decir sus siguientes palabras.
—Puedo revisarlo, con tu supervisión por supuesto.
Ella asintió y ambos fueron hasta el niño, quien seguía en la cama pero ahora estaba dormido. Ya más de cerca, vio lo pálido y débil que se veía el chico.
—No es el único. Todos los niños… hay pocos. Y todos…
—¿Qué les ocurre?
—Tienen problemas del estómago, se rompen los huesos todo el tiempo… hemos revisado todas las posibles maldiciones, pero…
Albus tomó nota mental y revisó los ojos y las uñas del pequeño.
—¿Hay algún lugar aquí donde puedan tomar el sol?
La mujer lo miró como si tuviera otra cabeza y luego se rió de él en su cara.
—¿Parece como si aquí hubiera un lugar para tomar el sol?
Albus frunció el ceño.
—¿Cómo se calientan?
—Hechizos.
—¿Luz?
—Encantamientos.
Albus notó entonces que realmente los que habían creado aquél lugar no tenían en muy alta estima la medicina muggle y por lo tanto sólo se habían preparado para circunstancias mágicas. Estos niños tenían todos lo que en el exterior le habían detectado a Scorpius en minutos.
—Dime… ¿alguna vez has escuchado de la vitamina D?
Los aurores dejaron caer a la anciana sobre una silla de interrogación. Cada uno la tenía agarrada de un brazo y un encantamiento le cerraba la boca para que no hiciera lo que claramente quería hacer: morderlos hasta arrancarles algún miembro. Harry la miró sin mucha compasión, lanzó hechizos para retenerla en su lugar sin morder a nadie y le dio la señal a los aurores para que la soltaran por fin y se alejaran unos pasos.
La anciana miró a Harry con odio.
—Muy bien. ¿Sabes por qué estás aquí?
Ella le sonrió con sus dientes manchados y procedió a escupirle, sin mucho éxito.
—Muy bien, si así lo quieres. Estás aquí porque tienes información sobre el lugar de donde provienen ciertas pociones y… artefactos digamos que no tienen cabida aquí.
Ella permaneció callada.
—Y porque sabemos que tus proveedores están escondidos en el parque.
Eso pareció por fin llamar su atención y un ligero gesto la delató. Harry estaba atento a cualquier detalle.
—Los aurores encontraron rastros tuyos y de algunos otros traficantes, llamémosles así, cerca de cierta área donde cierto desconocido fue encontrado. Y los rastreamos hasta el callejón Knockturn. No tienes mucha escapatoria. Podemos hacer esto por las buenas o puedo sacar el veritaserum. O mejor aún, puedo sacar un pensadero.
Ella bufó con incredulidad.
—Eso es ilegal.
Harry se irguió frente a ella.
—Mi hijo está desaparecido y tengo menos de 48 horas para encontrarlo. Ya me dirás tú si crees que me importa lo legal en estas circunstancias.
La mujer pareció analizar la seriedad de sus palabras. Harry alzó su varita y comenzó a hurgar en su mente. Ella gritó y comenzó a hablar.
—¡Los domingos! ¡El portal se abre a la media noche y queda abierto mientras hay oscuridad!
—¿Cómo se abre, quién lo abre?
—¡Sólo se abre!
—¿Cómo se abre?
—¡Sólo se abre ese día! ¡Ningún otro día! ¡No hay otra manera, la hemos buscado por años!
Harry bajó la varita y el brazo. Caminó a su silla y se sentó. Miró el calendario de su escritorio, que estaba justo al lado de una foto de Ginny con los niños, cuando estos apenas estaban en edad de ir a Hogwarts.
Era martes. El portal se abriría hasta muy pasadas las 48 horas que le había dado el Wizengamot. Para ese momento, Albus podría ya haber muerto.
No había mucho que Al pudiera hacer ahí abajo, sin libros donde investigar, sanadores más experimentados con quienes consultar o siquiera elementos para dar el tratamiento que recordaba para la falta de esa vitamina. Logró encontrar algunos ingredientes para crear un suplemento medianamente eficiente, pero sin sol muchos de esos niños terminarían con secuelas graves. Se preguntó, preocupado, si Scoripus tendría esas secuelas.
Cuando el cielo artificial de aquel lugar comenzó a oscurecer, fue escoltado de vuelta a la habitación de Scorpius. Al pasar, la poca gente con la que se encontraba lo miraba de mala manera o directamente volteaba la cabeza y fingía no verlo. Albus se estaba cansando de aquello. Hasta ahora sólo la encargada del hospital le había mostrado ligera simpatía. Ligera y velada.
Esperó varias horas dentro de la habitación pues esta vez, cuando quiso salir, se encontró con un encantamiento que se lo impedía.
Para cuando Scorpius llegó, estaba echando humos.
—¿Ahora soy tu prisionero? —espetó.
Scorpius parecía sorprendido.
—Por supuesto que no.
—¿Y entonces?, ¿qué es esto del hechizo en la puerta para que no salga y la escolta para acompañarme si es que quiero moverme?
Una expresión ligeramente culpable cruzó por su rostro.
—No estás seguro aquí.
—Pfff —resopló—, ya me había dado cuenta de eso, no soy imbécil. Lo primero que recibí al bajar aquí fue una maldición directa a la cara. Y desde entonces no llevo mas que viendo caras largas cada que alguien nota mi presencia.
Se sentó en la cama, con los brazos cruzados y miró a Scorpius directamente.
—¿Si no me quieren aquí por qué me trajiste?
Él bajó la cara y tardó en responder.
—Te dije que…
—Me dijiste que estaría en peligro, no que ni siquiera tus amigos me soportarían.
Scorpius suspiró y se sentó en la cama junto a él.
—Estamos en una situación complicada, Al…
—Si me la explicaras, quizás, como yo intenté explicarte todo cuando eras tú quien estaba en un mundo extraño…
Scorpius posó una de sus manos sobre la de Albus en silencio. Al miró al techo, intentando calmarse para no quitar su mano de golpe. Después de todo, era él quien había decidido ir ahí, sin preguntar qué tanto estaba importunando a Scorpius. Él había decidido meterse de cabeza en aquel misterio e intentar descubrir lo que pasaba y, tonto él, incluso había pensado en salvar a aquella gente, que claramente no necesitaban que nadie los salvara, y ya no decir nada de que los salvara él.
—Te diré algo sobre mí. Y a cambio espero que me digas algo sobre ti. También te diré algo sobre mi mundo y a cambio espero que me digas algo sobre el tuyo. ¿Te parece?
Scorpius asintió.
—Estudié para ser auror por un año pero lo dejé porque me acobardé —susurró—. Todos esperaban que fuera como mi padre y yo… resulté ser realmente mediocre.
Scorpius apretó su mano.
—No eres mediocre, no lo eres en absoluto.
Al le sonrió.
—Tu turno.
Scorpius respiró profundamente.
—Todos aquí me ven como una especie de líder porque mi padre… él es responsable de que muchos de nosotros sigamos vivos. Pero yo no soy él. No creo que sea un buen líder.
Esta vez fue el turno de Al de darle ánimos. Lo abrazó por los hombros.
—Los has mantenido vivos, ¿no? No puedes ser tan malo.
Scorpius rió bajito, sin muchas ganas.
—Siempre he odiado que el mundo mágico no sea como el de los cuentos. A veces… a veces siento que la magia se escapó y que ya no está ahí… ahí afuera —confesó.
—Odio vivir aquí —respondió Scorpius, en un susurro.
Albus lo tiró en la cama y lo abrazó con mucha fuerza.
—Gracias por firmar por nuestra causa —agradeció Rose Weasley a un peatón que se detuvo a firmar la hoja.
—Espero que el jovencito Potter aparezca con bien —le dijo el hombre, antes de irse.
Lily le sonrió y levantó los pulgares a una distancia de unos metros, donde intentaba convencer a la gente que salía de la heladería para firmar la petición.
La idea había sido de su madre, Hermione, quien había pensado que involucrar a la opinión pública podría balancear al Wizengamot de su lado. Después de todo, la comunidad mágica podía emitir presión sobre ellos si todos opinaban en contra de una decisión, por más que el Wizengamot no operara por principios democráticos.
Rose, Lily, Hugo y otros miembros de la familia habían salido a las calles a explicar la situación de Albus a la comunidad mágica, casa por casa de ser necesario. Omitían algunos detalles que podrían poner en riesgo la operación, como el lugar exacto donde había desaparecido o el hecho de que había atacado aurores, para intentar ganar la mayor cantidad de simpatizantes posibles.
—Buenos días —saludó Rose a una mujer que se acercaba— estamos reuniendo firmas para pedir al Wizengamot que detenga una operación potencialmente violenta y busque un encuentro con los Desaparecidos de una manera diplomática.
La mujer se detuvo frente a ella.
—¿Los desaparecidos? —preguntó.
—Así es. Recientemente, uno de ellos apareció y ahora el ministerio quiere lanzar una redada que podría potencialmente lastimarlos a ellos y a Albus Potter, quien se presume con ellos.
La mujer alzó las cejas.
—¿El sanador Potter?
—Así es —dijo Rose, disponiéndose a dar más explicaciones, pero la mujer la interrumpió.
—Lo haces sonar como si lo hubieran secuestrado y no fue así.
Rose frunció el ceño.
—¿Perdón?
—Trabajo en la tienda de regalos de San Mungo. Ese par me atacaron y me dejaron ahí, a mi suerte. Ese joven Potter no es ningún bebé inocente y los Desaparecidos no merecen ninguna caridad.
Rose abrió la boca.
—¡No son unos criminales como para que…!
—Muchos sí que lo son, jovencita —dijo la mujer—. Revisa cuánta gente murió por culpa de esos malditos.
La mujer se fue y Rose no pudo evitar sentir que toda la gente que estaba en la calle la miraba y se alejaba. Lily se acercó a ella y la abrazó. Intentaron consolarse mutuamente.
—No todos piensan así…
—Al no es ningún criminal tampoco. Sé que tuvo sus razones.
Estella se sentó frente a Basil, sin elegancia alguna.
—Bulstrode permanecerá del lado de Nott —anunció apesadumbrada—. ¿Hubo suerte de tu lado? —le preguntó al chico.
Él asintió.
—Sayre decidió dejar la neutralidad. Dará su sangre, con la condición de que sea esta única vez y no lo volvamos a molestar.
Estella rodó los ojos.
—El tipo se siente como si fuera el Salvador del Mundo Mágico.
Parkinson rió con ella.
—Como están las cosas, bien podría serlo —dijo después de un silencio, un poco más serio.
Estella puso una estrella junto al nombre en el pergamino y contó cuántas tenían.
Malfoy
Gamp
Parkinson
Burke
Blishwick
Greengrass
Goyle
Rosier
Flint
Sayre
—Diez —dijo—. Nada mal.
No decidió mencionar aquellos apellidos tachados en el pergamino.
Nott
Carrow
Lestrade
Crabbe
Urquat
Yaxley
Rowle
Selwyn
Tripe
Bulstrode
Retomado para el Retoff2018. Reto 1: un fanfic que empezaste pero no terminaste.
Quiero agradecer a todos los que no perdieron la fe en mí, así como a quienes me ayudaron a irme levantando de un periodo en mi vida bastante feo.
Para quienes gusten saberlo: edité todos los capítulos mientras los releía para arreglarlos. No hice cambios que afecten a la trama, pues desde el principio estaba planeada. Los dos grandes cambios que hice fueron:
1. distinción entre senador y medimago (tomaré esta última como una categoría más alta)
2. el nombre de Parkinson ahora es Basil
Lo demás fueron dedazos, redacción y alucinaciones mías.
Si hay alguien leyendo aquí agradecería comentarios. Se me complica mucho subir mis historias a esta plataforma y si no veo lecturas continuaré subiéndolas en mi cuenta de Ao3 solamente :)
Lore
