Capítulo X

Hechizos y contrahechizos

– ¿Ya están listos entonces? – preguntó la voz del profesor Tofty, después de explicar lo que debían hacer en esa clase.

– Si profesor – respondieron los alumnos a la vez.

– Pues entonces comencemos – dijo el profesor, notablemente entusiasmado – yo les voy a lanzar el maleficio de piernas de gelatina, y ustedes deberán lanzar el contrahechizo, y si resulta bien el hechizo que yo les envía deberá desintegrarse al contacto con el que ustedes manden como respuesta.

Uno a uno los alumnos se pararon frente al profesor, quien les enviaba el hechizo, el cual hacía efecto casi inmediatamente, pues casi nadie lograba detenerlo a tiempo. Cuando fue el turno de Lily, el profesor, como en las ocasiones anteriores, lanzó el maleficio a ella, pero la chica a penas levantó la varita y el hechizo se deshizo haciendo que el rayo de luz, proveniente de la varita del profesor, se dividiera en miles de ramificaciones que pasaron rozando el cuerpo de la chica, pero sin tocarla en ningún momento.

– Absolutamente sorprendente... – exclamó el profesor un vez que los rayos de luz desaparecieron – jamás había visto un contrahechizo así ¿Cómo lo hizo señorita?

– Pues... yo... – sabía perfectamente que era lo que había sucedido, pero cómo explicarle a su profesor lo que estaba estudiando. Sería un interrogatorio interminable, y de seguro ella no tendría respuestas satisfactorias – yo lancé el contrahechizo que usted nos dijo... quizás funciona distinto para cada persona... como el Patronus.

El profesor sólo se limitó a mirarla por un momento y llamó al siguiente alumno para continuar con la clase. Todos sus compañeros miraban extrañados a Lily, pues todos sabían que ella no había pronunciado ninguna palabra.

– Pero si sólo levantó la varita... no creo que ella sepa hacer los hechizos sin pronunciar palabra... eso es magia muy avanzada –comentó un chico de Hufflepuf mientras salían a almorzar.

Lily salía del aula absorta en sus pensamientos y no oyó lo que sus compañeros decían, y en vez de ir al Gran Comedor, se dirigió a la Maldabi y comenzó a buscar en su libro la explicación a lo que había sucedido en clase, y allí lo encontró: "Éste hechizo sirve para desviar la mayoría de las maldiciones simples, como se vio en el capítulo anterior, con el conjuro para proteger objetos..."

– Skriper! – llamó la chica en voz alta, al momento apareció un elfo doméstico frente a la chica. – Buenos días, Skriper – dijo Lily, a lo cual el elfo respondió con una reverencia

– Buenos días señorita – dijo a su vez el elfo doméstico.

– Hey! No hace falta que me digas así... recuerda que yo soy Lily... ¿somos amigos o no? – el elfo la miró con temor, y la chica le dedicó una enorme sonrisa.

– Si... Lily – dijo el elfo con timidez – ¿para que llamaba?

– Pues... me preguntaba si me puedes traer algo para comer... no quiero bajar al Gran Comedor...

– Por supuesto que si... Lily... – y sin más, desapareció.

Cinco minutos más tarde Skriper volvió a aparecer con una enorme bandeja llena de exquisiteces, y argumentando que tenía mucho trabajo, volvió a desaparecer, y Lily quedó sola, pensando aún en lo que acababa de suceder.

Cuando el timbre que indicaba el inicio de las clases de la tarde sonó, Lily cogió sus cosas apresuradamente y corrió a las mazmorras a la clase de Pociones. El profesor, la regañó por el retraso, pero bien tenían razón Sarah y Emily, Lily era la favorita del profesor, por lo que ni le quitó puntos a la casa de Griffindor, y le dedicó un sonrisa a la chica.

El resto del día trascurrió normalmente, salvo por las miradas furtivas que sus compañeros le lanzaban a Lily. Esa tarde, las chicas de Gryffindor estuvieron solas en la Maldabi, por lo que tuvieron tiempo para conversar de algunas cosas que con las demás chicas, no podían.

– Vamos Lily... puedes contárnoslo. Somos amigas ¿no? – le dijo Emily por undécima vez.

– Pues claro que somos amigas, Emy... no se trata de eso – respondió Lily un poco divertida.

– ¿Entonces?

– Lily... yo entiendo que haya cosas que no nos quieras o puedas contar... – le dijo Sarah, quien entendía un poco mejor la turbación de Lily, pero no sabía que era lo que realmente la perturbaba – como el año pasado... cuando nos contaste lo de Harry... cuando estés lista nos lo contarás ¿vale?

– Gracias Sarah... les prometo que les contaré... pero no ahora... confíen en mi, por favor – las chicas la miraron un momento y luego asintieron con la cabeza. – Oh! Y cambiando de tema... Emy, ¿que hay con Michael? Si que te gusta ¿verdad?

Se pasaron el resto de la tarde charlando alegremente sobre chicos, aunque cuando fue el turno de Lily, ésta solo se ruborizó y no hizo comentario alguno. Cuando comenzó a oscurecer las chicas bajaron al Gran Comedor para la cena y luego se dirigieron a la Sala Común para terminar los deberes de Pociones.

Durante las semana siguientes, en clase de Defensa Contra las Artes Oscuras, el profesor continuó con los hechizos y contrahechizos, y Lily, al igual que en la primera clase, lograba desviar cualquier a penas levantando la varita, y aunque sus compañeros habían hecho grandes avances, ninguno lograba desviar el hechizo completamente como ella.

Una tarde, a principios de mayo, Lily caminaba tranquilamente por los pasillos del colegio, era fin de semana, y los alumnos mayores habían salido a Hogsmeade, por lo que sólo estaban en el castillo los de primer y segundo año, y algunos de los mayores, que seguramente ya habían visitado suficientes veces el pueblo.

Tenía ganas de ir a la Torre de Astronomía, pero sabía que no debía. Le había dicho a sus amigas que iría a visitar a Hagrid y luego a la biblioteca por un libro, por lo que tenía bastante tiempo para caminar por los desiertos pasillos de la escuela.

Pensaba en lo extraño que le estaba resultando eso de aprender magia antigua, los profesores estaban extrañados de sus habilidades, sus compañeros la miraban celosos. Sus amigas eran las únicas que no la miraban extraño. Ellas tampoco sabían que era lo que ocultaba Lily, pero habían aprendido a confiar en ella, a pesar de todas sus excentricidades. Iba tan absorta en sus pensamientos que no se dio cuenta cuando chocó con un muchacho pálido de pelo negro.

– Fíjate por donde caminas!

– Lo lamento... estaba distraída – se disculpó Lily

– Pues vete con más cuidado estúpida – le dijo el muchacho

– Miren que lindo... Quejicus... – una voz se acercaba a ellos acompañada por pasos de varias personas. Ambos se dieron la vuelta, y vieron que era Sirius Black el que había hablado

– Váyanse de aquí imbéciles, la cosa es con esta asquerosa sangre sucia, no con ustedes

– Más cuidado con lo que dices Snape – le amenazó Potter sacando su varita del bolsillo de la túnica. Black lo imitó

Lily se había quedado paralizada, no sabía que decir, pero no iba a aguantar que el engreído de Potter con sus amiguitos la defendiera si ella podía hacerlo sola, por lo que sacó también su varita.

– Expeliarmus! – exclamó la chica enviando a Severus Snape al otro extremo del pasillo, pero el chico se levantó, con cierta dificultad y desde donde estaba lanzó un hechizo que Lily jamás había escuchado, pero al igual que en las clases de Defensa Contra las Artes Oscuras, el hechizo se deshizo en miles de haces de luz, que pasaron limpiamente por su lado, sin tocarla.

Snape, asustado, comenzó a correr en dirección opuesta, y se perdió por otro pasillo, mientras los Merodeadores, que habían quedado mirando la escena con la boca abierta, ahora miraban a Lily, como pidiendo explicaciones. Pero la chica sólo les dedicó una malévola sonrisa, y tal como le había dicho a sus amigas, se dirigió a la cabaña de Hagrid, dejando a los chicos aún más sorprendidos.

"¿Por que se extrañan tanto?" pensaba ella "si ya me han visto en clase haciendo lo mismo..." Pero lo que ella no sabía, pero ellos sí, era que ese hechizo era uno de los más difíciles de desviar, y que además, había sido creado por el mismísimo Snape.