Como he dicho, yome aparece en una de las películas de Naruto, y aquí tiene como nombre Yomerius William Brunen Dawkins, alias Yome. Su hermana menor es la esposa del Uchiha Itachi, Charlotte Erismat Brunen Dawkins.

Quisiera saber si les gusta este fic y si lo entienden, si de verdad le agradan y qué opinan de esta relación extraña. ¿Qué opinan de Uchiha Itachi?

¡Advertencia!

Desde el capítulo 11 en adelante, la historia tomara un rumbo bastante fuerte, crudo y realista…perturbador y violento.

Capítulo 10:

Insinuaciones y culpas…

¡Se echó a su sirvienta! Su cuñado se la había cogido, así lo conjeturó, en su manera más frívola y asquerosa que sólo una mente retorcida como la del él cavilaría. No era tonto, ni tampoco un ciego como para no percatarse del inusual comportamiento de su "doctor". Él la había visto desde la ventana, abriendo la puerta del automóvil de su cuñado y montándose en este.

Se removió en su cama, o más bien, se retorció en ella, revolcando esa mente retorcida con miles e inquietantes pensamientos de su pasado. ¡Se estaba volviendo loco! Regocijó como un demente ante aquella exclamación que recreo en su mente. ¡¿Loco?, ¡Nah!, nada de eso. Él ya estaba loco y había sobrepasado los límites de uno. En cuestión de fracciones de segundos la gran interrogante le ataco nuevamente, retorciéndose por su amplio y solitario lecho. ¿Dónde estaba ella?, esa era su gran interrogante, ¡No! Porque le importara, sino por el simple hecho que sospechaba que su cuñado, Yome, lo había traicionado y dado amparo a esa mujer.

Pronto, sus violentos gritos se escucharon por toda la residencia, despertando a todos sus empleados en esa tormentosa madrugada que apenas lograron dormir al su patrón haber caído en otro de sus ataques de histeria.

X…X

En el mes que llevaba viviendo en aquel techo, se había acoplado a la extraña y solitaria visa de Yome. A pesar que era un doctor especializado en el área psiquiátrica, no tenía una casa llena de lujos, o mejor dicho, no poseía una ostentosa casa como la de un doctor. Por así decirlo, su casa era "humilde", como la de cualquier clase media, ubicada en el distrito internacional de Seattle, a dos horas lejos de la residencia Uchiha. Ningún abogado, empresario o persona adinerada viviría en tal zona, ni mucho menos un doctor como Yomerius William Brunen Dawkins, alias Yome, con tal apellido ingles.

Vivía en una pequeña casa, larga hacía atrás, unida con otra casa a su lado derecho, de dos pisos, sin contar el sótano que era todo un desastre. En el primer nivel se encontraba la sala, cocina, comedor y un pequeño baño para la visita. La cocina y el comedor estaban a la par y ese pequeño espacio había una pequeña puerta que daba a las afueras del lado izquierdo de la casa, donde se encontraba el deprimente patio que tenían, en donde la maleza y humedad había corrompido la única banca en madera que estaba pegada a la pared, al lado derecho de la puerta. Sólo la sala tenía su propio espacio. La sala estaba amueblada con dos sofás viejos, con olor a humedad, una butaca café con el cuero fruncido a consecuencia de la humedad, un televisor que estaba frente a la pared y una anticuada mesa de noche cual se utilizaba para poner el televisor. Al lado derecho de la butaca, había una silla redonda, sin espaldar, y pequeña cual Yome utilizaba para colocar su cenicero y periódico.

La casa Tenía un pequeño e intrincado "recibidor", si así se le podía llamar, de uno cuatro pies de ancho y tres y medio de largo. En el segundo piso había cuatro cuartos y sólo dos de ellos, el de Sakura y Yome, eran habitados, los demás no más eran utilizados como "almacenaje" de cajas y habitado solo por una que otra rata y sabandijas asquerosas.

La mañana era fría, y como siempre, Sakura se había levantado a preparar el desayuno, recibiendo a Yome con unos huevos fritos, pan orneado, revoltillos, tocineta y una taza de café bien cargada a su lado.

— ¡Vaya!, ¡Hoy te levantaste más temprano que nunca! —Exclamó al momento de jalar la silla del desayunador para sentarse. Ella le miro con una amplia sonrisa para luego sentarse frente a él.

Desde que ella llego, la casa siempre estaba limpia, y no un desorden como acostumbraba a verla. Ya había un porque para regresar a la casa, ¡¿Y quién no lo haría? Después de todo, le recibe con comida y ropa limpia.

—Conseguí un trabajo. —Reveló ella toda sonrojada, con sus labios fruncidos, evitando dejar salir una amplia sonrisa de felicidad. Yome arqueó sus cejas.

—Vaya, que bien. —la felicitó mientras masticaba el pan que ella había preparado.

—Y, ¿Dónde es? —Preguntó curioso. Ella bajo el tenedor y fijo sus radiantes ojos en él.

—Es en una fábrica, la que está a seis bloques que aquí. —Contestó.

— ¿Qué harás allí?

—Empacare cajas de golosinas. Pagan bueno y es un trabajo flexible. —Agregó ansiosa.

—Así podre pagarle el cuarto rentado y no me sentiré tan apenada. —Finalizó.

— ¡Qué cosas dices!, ¡Jamás aceptaría ese dinero!, ¡Después de todo me limpias la casa y me preparas la comida!, ¡Con eso ya es suficiente! —Masculló avergonzado y a la vez algo enojado.

—Soy un doctor, ¿Recuerdas?, gano más que tú, así que por tanto no necesitó tú dinero. Mejor guárdalo para una emergencia. —Finalizó.

—Un doctor que tiene muchas deudas porque por lo que veo, no vive como un buen hombre con un sueldo respetable de un doctor. —Recalcó ella.

—Bueno, bueno…eso es diferente. —Masculló avergonzado mientras rascaba innecesariamente su barbilla.

—Yome, no entiendo, ¿Porqué siento usted un doctor con tal apellido vive aquí? —Le cuestionó, y vio como él cambio de expresión.

— ¡Perdone!, ¡NO fue mi intención! —Exclamó avergonzada.

—Además que mi padre me desheredo por seguir al pendiente de mi hermana, el hospital en donde ella se encuentra es uno de los mejores, por tanto es el más costoso —Soltó, con ese semblante serio.

—Habla de la esposa del Uchiha. —le cuestionó con algo de miedo.

—Ella misma. Mis padres no quisieron saber nada de ella y de su locura…para ellos, ella no existe y más al echar por la borda los planes de mi padre con Itachi. —Su voz sonó con gran aversión.

—Entonces, ¿Porqué Itachi no se hace cargo de ella?, después de todo, es su esposa y siguen casados. —Yome bufó con gran enojo ante la interrogante de ella.

—Ese bastardo no se hace cargo ni de él mismo. Ni siquiera sé como dice haber amado a mi hermana…él es el culpable de todo esto. —Finalizó molesto.

Continuaron desayunando en silencio, y en cuestión de minutos, el tema de él surgió de momento.

—Sabe que estas aquí. —habló calmado, siempre con ese semblante estoico. Ella parpadeo varias veces y le miró nerviosa

— ¿Usted le dijo? —Preguntó nerviosa, y el chasqueó la lengua.

— ¡Cómo crees! —Soltó.

—Sabiendo cómo es él, no le diría nada. —Finalizó luego de una corta pausa.

—Me llamó traidor no más por ampararte. —Se burló…a ella no le parecía nada gracioso.

—Descuida, él no hará nada, ni siquiera sale de la casa como para llegar hasta aquí y matarte. —Le tranquilizó, y pese a que tenía algo de razón, ella no pudo evitar sentir miedo.

— ¿Usted cree? —Le preguntó insegura.

— ¡Claro que sí! —Le aseguró, y esta vez utilizo un tono más serio.

—Y dime, ¿Cuándo empiezas a trabajar? —Cambió de tema, intentando de relajarla un poco.

—El miércoles. —contestó.

—Eso es en tres días. Y, ¿A que hora?

—Empiezo a las seis de la mañana y salgo a las cuatro de la tarde. —Se levantó de la silla y tomo su plato en manos, llevándolo hasta el fregadero para lavarlo junto con los demás que había dejado.

En la mañana todo fue rápido. Cuando partió Yome directo al reformatorio de locos, así era como él le decía, ella se entretuvo limpiando el baño, la cocina y parte de la casa, luego termino dando un descanso a su cuerpo tirada en uno de los sofás de la sala. Nunca pensó que duraría tan poco en la residencia Uchiha, después de tanto luchar para dar lo mejor y satisfacer a todos, aún así, no se deprimía en lo absoluto ya que se libero de una carga pesada como lo era su patrón, el señor Uchiha.

Volteó su rostro y observo el reloj redondo, de pared, que daba las cuatro en punto, una hora perfecta para empezar la cena y dejársela a Yome en el horno para cuando llegara no tuviera que pasar tanto trabajo ya que él era uno de esos tipos que luego que llega no más quiere devorar la comida y acostarse sin tomar una ducha. Preparó la cena, orneándole un buen pato con verduras adentro para luego subir las escaleras e ir a ducharse.

Cuando salió de la ducha se coloco su pijama que consistía en una larga camiseta, de mangas cortas y de color rosa, y la bata oscura de Yome quien se la había obsequiado sin ni siquiera necesitarla. Bajó las escaleras a toda prisa al escuchar el teléfono sonar, tomándolo de inmediato.

—Casa del señor Brunen. —Tomó el teléfono y habló. Yome suspiró… ¿Cuándo ella iba a dejar de hacer eso?

Sakura, llegare tarde hoy, así que no me esperes. —Informó. No era que fueran pareja ni nada por el estilo, simplemente no quería llegar a la casa y encontrarla despierta, esperándole como si tuviera algún deber con él. No era su sirvienta para que hiciera ese tipo de cosas.

—Si señor Brunen. —También odiaba eso de señor Brunen… ¿Porqué no más le llamaba Yome?...simplemente Yome.

Sakura, por favor. Deja ya el Brunen aparte. Sólo dime Yome, como todos me dicen. —Se quejó por enésima vez.

—Es que…se me olvida avecé. —Confesó abochornada.

En fin…no me esperes, adelántate a comer y acuéstate. Yo llegare tarde. —Finalizó la llamada.

En ese mes que llevaba viviendo bajo su techo, conoció bastante a Yome a quien a primeras vistas, desde el primer momento que se conocieron, tuvo la imagen de él como un medico corrupto, de esos que no más medican según lo que los pacientes quieren por un poco de dinero, pero era así. Yome si se preocupaba por sus pacientes, en excepción de uno a quien deseaba ver pudriéndose bajo siete pies de tierra, pero sólo por el simple hecho de prometerle a su hermana cuidar de él, lo continuaba tratando en su locura y consintiéndolo en sus caprichos. ¡Lo odiaba y aborrecía!, ¡Ni siquiera le simpatizaba lo más mínimo el Uchiha!, pero no más por la obligación seguía atendiéndole con gran aversión.

Se quedo dormida en su lecho, luego de haber cenado, despertando a media noche con una extraña sensación cómo si algo estuviera a punto de ocurrir. Extendió la mano hasta la pequeña lámpara de mesa que estaba encima de la mesa de noche, de dos gavetas, y la prendió, observando los alrededores de su pequeño cuarto, extrañada de ver la puerta de su habitación entreabierta. Algo no estaba bien. Los perros de los vecinos del lado nunca ladraban, pero hoy ladraban como bestias furiosas, desesperados por algo que seguramente vieron o escucharon, llamándoles la atención de sobremanera.

Era bastante inusual escucharlos ladrar, y mucho más de esa forma. Se desarropó y bajo los pues de la mama, tocando con la punta de sus dedos el frio suelo. Buscó con sus pies las pantuflas, se las coloco y se reincorporó de la cama, y antes de salir de su habitación busco en la pequeña mesa de noche, en la segunda gaveta, una linterna para luego salir por la puerta. El chillido que provocó la puerta al abrirla la altero, provocándole un fuerte escalofrío. Camino insegura por el pasillo y bajó las escaleras hasta llegar a la cocina donde se aproximo hasta la puerta de la cocina que daba al patio trasero el cual daba vista a la casa de los vecinos, donde los perros ladraban a cantaros. Aquellos dos ladradores, musculosos y de color café oscuro, ladraban violentamente en una sola y firme dirección…hacía la casa donde ella vivía. Se extraño de esa actitud violenta por lo que llevó su mano derecha hasta el interruptor de luz, que estaba en la pared, al lado de la puerta, e intento prender la luz de afuera. No encendió, ni siquiera hizo el mero aguaje. La bombilla era nueva, el mismo Yome la había cambiado y dudaba que el interruptor estuviera dañado porque antes de acostarse había salido afuera a darle comida a Miru, el gato de Yome o mejor dicho, el gato de Charlotte, su hermana, y la bombilla estaba funcionando perfectamente. Encendió la linterna y abrió la puerta y salió, deteniéndose frente a la bombilla con la intención de ajustarla un poco para verificar si esta no estaba floja. La bombilla encendió, alumbrando los alrededores del pequeño patio, y pronto, la furia de los perros se desató, ladrando más fuerte. Dio un brinquito del susto y se volteo, alzó la vista y alumbro los alrededores, viendo la pequeña y desvaída silueta de lo que parecía ser un gato, acostado en el césped, en medio de los únicos dos árboles, de tamaño mediano que había en la residencia, frente a la verja de los vecinos donde se encontraban aquellas dos fieras ladrando.

Suspiró tranquila…Miru era el motivo por el que los perros ladraban, aproximándose hasta el gato mientras le llamaba por su nombre. El viento sopló por lo que se detuvo y ajusto el lazo de su bata. Continuó caminando en dirección a Miro y lo que vio la dejo pasmada, con los ojos bien abiertos y su sonrisa borrada. Lo que haya matado a Miru, no fue un animal ni mucho menos un perro como para tronarle el cuello de esa forma. Los ojos del gato estaban bien abiertos y casi sobresalían de su pequeña cabeza. Ese par de orbes azulejos, translucían horror y miedo. Sakura dio tres pasos hacia atrás. Tenía miedo y mas la pasarle por la mente la imagen del Itachi…sólo él podría hacer una cosa así puesto que ella misma, en una ocasión, lo había descubierto con uno de sus exiticos pájaros en las manos a cual le había tronado el cuello sin contemplación alguna. Corrió casi a trompicones y desesperada hasta la puerta cual cerro de golpe y coloco seguro. Su respiración se altero más al escuchar las puertas del sótano abrirse y cerrarse con fuerza a medida que el aire les daba y entendió porque los perros ladraban con tal furia.

La acompasada respiración a tres pies detrás de ella hizo que contuviera el aliento por seis segundos, volteándose para comprobar lo que tanto temía. ¡Era él!, ¡Era él!, ¡Dios!, ¡Era él y había venido por ella!

Sus manos temblaron. Las sentía sudadas, resbalando de ellas la linterna que sostenía con ambas manos. ¿Qué haría ahora?, ¿Gritar? Miró los alrededores buscando algo con que defenderse. Los cuchillos estaban guardados en las gavetas de la cocina que estaba sólo a seis pies de distancia, aún así, no podría alcanzarlos ya que él estaba frente a ella y podría atraparla con facilidad.

—Odie a ese gato. —soltó de momento, abriendo ella los ojos como nunca.

La observó con esa mirada estoica y dura, percatándose de cierta prenda cuya anchura y tamaño le comprobó que no era de ella, sino más bien del traidor de Yome. Era normal que una mujer vistiera alguna prenda de su amante para dormir. Comprobó tan sólo con esa pequeña prueba que ambos dormían juntos, que verdaderamente tenían algo, enfureciéndose no más al tener en claro la traición de Yome al acostarse con su sirvienta. Se deslizó de aquellos errantes pensamientos…él no vino a discutir por semejante tontería, sino más bien, vino por algo que le pertenecía, y por tanto, quería recuperarlo.

Gritó al momento de salir de su parálisis, aventándola el Uchiha contra la pared para luego amordazarla con su mano, apretando con fuerza su mandíbula.

—Si gritas una vez más, te rompo el cuello. —Amenazó para luego separar su mano y colocarla en su hombro derecho, sosteniéndola con fuerza.

—Ahora, dime, ¿En dónde está? —Aquella interrogante la dejo nula… ¿De qué hablaba?

—N-no lo entiendo. —Vaciló con miedo y a él pareció molestarle, azotándola con fuerza contra la pared.

—¡¿Te pregunte dónde está?, ¡¿Dónde demonios esta el vestido de mi esposa? —Profirió furioso.

—¡¿Qué?, ¡¿Pero de qué habla señor Uchiha? —Contestó nerviosa, casi en un sollozó. La estaba apretando fuerte de los hombros.

—¡NO mientas que muy bien vi a Yome salir con él! —Exclamó furioso…Ella tenía que saber dónde estaba el dichoso vestido.

—¡No sé nada de vestido y si no se va ahora llamare la policía! —Amenazó casi a gritos.

—¡Vallase de mi casa! —Soltó sin pensar y él bufó molesto ante aquello.

—Tú casa. —Se burló en una pequeña risa, apuñalándola con aquella seca mirada.

—Y ahora te crees la señora de la casa no más por coger con Yome, ¿No es así? —La apretó más fuerte de los hombros.

—Por favor…suélteme. Me lastima. —Pidió en sollozos.

—¡¿Ahora eres la puta de él y no una sirvienta?, ¡Vaya!, ¡Cómo cambian las cosas! —Se burló con gran irania.

—De Puta no llegaras a más nada, así que yo cómo tú dejaría de soñar. —La azotó contra la pared, aprisionando con su cuerpo.

Sollozó y tembló entre sus brazos mientras sentía sus dedos pasearse por sus mejillas, bajando hasta su cuello lentamente hasta que llego a la abertura de su bata, metiendo su mano por dentro, y en un simple y tosco movimiento, desajusto su bata, abriéndola por completo.

—Quiero ver lo que tienes debajo de esas ropas. Quiero ver lo que desvela tanto a mi querido Yome. —Apartó su rostro aún lado, asiendo contacto su mejilla izquierda con la pared. Levantó sus manos y lo empujó con todas sus fuerzas, intentando de separarlo de ella.

cómo le gustaba hacerla sufrir. No sabia que haber en aquellos momentos. Se encontraba cerrada en su propio miedo, si idea alguna de lo que ocurria a sus alrededores. Tenía que pensar rápido, antes de que la locura en él se manifestara.