Capítulo 10: Segunda vez

Hermione había salido de la habitación de Remus, y un tenso silencio lleno toda la estancia. Remus estaba furioso consigo mismo. No sabía que lo había obligado a decir lo que dijo, pero sabía que lo lamentaba. La mirada en el rostro angelical de Hermione había sido terrible. Era como si todas sus inseguridades y miedos brotaran, era muy visible para él mientras la miraba.

Tenía que hacer algo, por lo menos tratar de hacer las paces con Hermione. Decidió que empezaría con Severus. El maldito bastardo se lo merecía después de ser tan cruel con sus castigos hacia los Gryffindor. Remus no dejaría que Severus se salga con la suya.

El hombre lobo fue directo a las mazmorras, hirviendo de rabia. Llamó a la puerta de la oficina de Severus en voz alta. Un momento después Severus abrió la puerta, con una expresión de aburrimiento en su rostro.

—Que sea rápido, Lupin. Estoy ocupado.

Remus apretó la mandíbula.

—¿Por qué le diste detención a Hermione? —la voz de Remus era tensa e irritada.

Severus parecía divertido, y eso hizo que Remus frunciera más el ceño.

—¿Acaso no te contó toda la historia? Ella saco su varita y apunto a otra estudiante. No sé qué pretendía tu esposa, pero yo desde luego no iba a tolerar semejante agresión.

—Los otros la estaban provocando —rugió Remus, alzando la voz—. Me imagino que te has de haber dado cuenta de que Hermione debe haber tenido una razón para actuar de esa manera.

Severus suspiró.

—Apuntar con su varita para defenderse de las burlas no me parece. Así que no voy a revocar su detención, sobre todo después de esta pequeña visita. La señorita Granger debe ser más responsable con todo esto. Una Prefecta no debe recurrir al uso de su marido para salir de las detenciones.

—Es la señora Lupin ahora —dijo Remus rotundamente, antes de girarse y salir de las mazmorras. Él no miró hacia atrás, pero si lo hubiera hecho, probablemente hubiera visto la sonrisa de satisfacción en la cara de Snape.

Ese maldito murciélago.

Remus regresó a sus habitaciones, y se dejó caer en el sofá, empezó a reflexionar sobre lo mal que había actuado esa noche. Él sentía un millón de veces esa terrible situación. Hermione era una mujer joven, hermosa, inteligente y brillante. Ella nunca había planeado casarse con un viejo profesor. Remus siempre había estado bastante seguro de que Hermione había planeado casarse con Ron Weasley algún día. Eso era lo que esperaban todos al final.

Pero ella no podría casarse con Ron nunca más. Porque ahora ella estaba casada con Remus. En lugar de tener un marido que ella amaba, ella consiguió un compañero de habitación torpe, que sería una mancha para su reputación. Remus no podía dejar de pensar en eso.


Después del pequeño desacuerdo con Remus, Hermione había hecho un par de vueltas alrededor de la escuela para despejar la cabeza. Una vez que había terminado las otras clases, se fue a cenar con Ginny, Ron y Harry. Ninguno parecía darse cuenta de que algo andaba mal con Hermione, pero la castaña se alegró de que no tuviera que hablar de ello.

Caminaban hacia la sala común después de la cena. Hermione pasó un momento agradable con sus amigos, lo que hizo subir su estado de ánimo aunque sea un poco. Sin embargo, cuando se dio cuenta de que tenía que regresar con Remus porque ya iba ser hora de que nadie podía estar rondando por los pasillos, su estado de ánimo cayó.

A medida de que a ella la eligieron como Prefecta, a Hermione se le permitió quedarse una hora más después del horario restringido. De vez en cuando ella hacia rondas junto con los demás prefectos para verificar que nadie este andando por los pasillos, en vez de estar en la cama. Pero esa noche no podría estar aún caminando por los pasillos porque al parecer a Snape le tocaba hacer patrulla esa noche, y ella definitivamente no quería encontrarse con él.

Con el corazón encogido, Hermione hizo su camino de regreso a las habitaciones de Remus.

Apenas entró a la sala, lo encontró en el sofá, profundamente dormido, con un libro sobre su pecho. Después de ver su forma de dormir durante un par de minutos, ella empezó a sentir un extraño dolor en su pecho. Todavía estaba un poco enojada, pero la irritación parecía evaporarse con cada subida y bajada de su pecho. Se le veía tan tranquilo y joven dormido. Hermione se preguntó si se sentía mal, o si él estaba enojado con ella por salir corriendo. Ellos habían estado haciendo crecer una linda amistad, pero luego se corrió la voz de su boda, y todo se había caído como una estatuilla y se había hecho pedazos.

Tal vez ella estaba siendo demasiado melodramática. Las cosas probablemente serian mejor por la mañana. Hermione se retiró a la habitación con el corazón encogido, y con el deseo de que Remus tal vez despertaría y se uniría a ella en la cama. Aunque probablemente no.


Los siguientes días fueron terribles. Hermione creía que no había una sola persona en la escuela que no supiera sobre su boda. Tuvo suerte de que tenía a Harry y Ron de su lado, al igual que Ginny. Estos dos primeros habían tomado el hábito de caminar con ella la mayoría de veces, sobre todo para ir a clases, mirando a todos tan intimidantemente como fuera posible, para que así nadie empiece con sus estúpidas preguntas sobre su matrimonio.

Lo peor de todo era lo tan distanciados que estaban Hermione y Remus. Ella pasaba sus tardes en la sala común hasta altas horas de la noche, y evitaba levantar la vista para hacer contacto visual con Remus durante las clases de DCAO.

Ellos hablaban entre sí, pero sólo cuando era necesario. La mañana después de su desacuerdo, Hermione había pedido a Remus olvidar ese percance, y él había estado de acuerdo, pero las cosas no habían vuelto a la normalidad, y sabían que ninguno de los dos lo había olvidado aun.

Hermione sentía como si Remus odiara estar casado con ella, como si odiara tenerla en su habitación, durmiendo en su cama. Después de la noche del miércoles, él había dormido a su lado, pero la distancia entre ellos había parecido mucho más que las otras noches. Estaba empezando a sentir como que nunca retomarían esa amistad que había empezado entre ellos. Hermione se resignó a tratar lo menos posible a Remus para no molestarlo con su presencia.

Cuando llegó el fin de semana, Hermione estaba feliz de dedicar su tiempo a sus amigos y los estudios. Sin embargo, Ginny parecía estar deduciendo que Hermione había tenido algún problema con Remus.

—Muy bien, ¿Qué paso? —preguntó la pelirroja, tirando del brazo de Hermione mientras iban camino a su práctica de Quidditch. Hermione había acordado reunirse con Neville y Luna por el terreno de juego, por lo que no le importaba ser arrastrada por la colina.

—¿Qué quieres decir? —preguntó la castaña, mirando hacia el suelo.

—Sabes lo que quiero decir. Tú has estado actuando como si todo estuviera bien, pero en el fondo yo sé que no es cierto, porque cada vez que alguien menciona a Lupin, tú pones una mirada triste en tu rostro. ¿Te dijo algo que te molesto? —Hermione miró a Ginny y se dio cuenta de lo ferozmente protectora que podía ser la pelirroja, la miraba de una manera muy similar a la mirada de Molly, su madre, cuando estaba preocupada por alguien.

—No es nada —suspiró la castaña, mirando hacia abajo, al campo de juego, donde algunas figuras estaban volando alrededor—, las cosas solo están un tanto incomodas entre nosotros —confesó.

Ginny la miró con cautela.

—¿Estás segura?

—Sí —Hermione respiró profundo, atando su bufanda de Gryffindor alrededor de su cuello.

—Bien —susurró Ginny no muy convencida, y luego se fue para empezar la práctica.

Hermione se sentó junto a Neville y a Luna, empezó a hablar con ellos acerca de la escuela y también de un poco de Quidditch, mientras observaban la práctica. Neville estaba todavía un poco incómodo con la idea de que Hermione estaba casada con el profesor Lupin. Luna por el contrario hacia comentarios extraños sobre lo bien adaptados que estaban ellos dos.

Cuando termino la práctica de Quidditch, Hermione se encontró siendo abordada por Harry. Ella se decepcionó al notar que Harry también quería hablar de Remus. Parecía que todo en su vida estaba empezando a girar en torno a su marido.

—¿Cómo estás? —le preguntó Harry, quitándose los guantes y guardándolos en sus bolsillos.

—Estoy bien. ¿Y tú?

—Estoy bien —respondió asintiendo con la cabeza—. Pero escucha, Hermione, quería pedirte un favor.

—¿Cuál?

—He estado pensando… Dumbledore no me está dando mucha información últimamente acerca de los Horrocruxes. Él ya no quiere decir nada más, pero yo siento que necesitamos saber más al respecto. Y bueno, como Lupin es nuestro profesor de DCAO, yo pensé que podría saber más acerca de los Horrocruxes. Tal vez tú podrías tocarle el tema y ver si sabe algo útil.

Hermione realmente no pensaba que Remus quería hablar con ella sobre eso, pero no podía decirle que no a Harry, puesto que parecía muy esperanzado. Habían vivido en un callejón sin salida después de semanas sin saber nada más acerca de los Horrocruxes, y para ser honesto, Remus posiblemente podría saber algo útil referente a ese tema.

—Supongo que puedo preguntarle —dijo Hermione.

—¡Genial! —contestó Harry con entusiasmo—, pero hay que jurar guardar el secreto, no le digas cosas demasiado importante.

—Por supuesto —dijo la castaña, sonriendo ligeramente a Harry mientras se separaban. Tenía que ir a la biblioteca hacer un trabajo. Y sobre la plática sobre los Horrocruxes con Remus podría esperar hasta que estuvieran llevándose mejor.

Así que Hermione y Remus se mantuvieron en una especie de limbo, al menos hasta el próximo sábado. Ya habían pasado dos semanas desde que se casaron, y deberían tener relaciones sexuales. El viernes por la noche, Hermione estaba avergonzada después de patrullar por los pasillos, porque se encontró con una botella de aspecto sospechoso esperándola en la habitación.

Esa botella resultó ser una poción anticonceptiva. Hermione hizo una mueca mientras la bebía. De acuerdo con la nota adjunta, está poción duraría unos meses, la señora Pomfrey le había asegurado de que Snape puso cuidado especial en la elaboración de la poción. Hermione se sentía mucho más avergonzada de saber que Snape había preparado su poción anticonceptiva, pero luego se dijo simplemente que tenía que superarlo. Lo último que quería ahora era pensar en Snape, y lo que él pensaría de ella.

El sábado, Hermione visito a Hagrid junto con Harry y Ron, estuvieron en la cabaña del semi-gigante hasta tarde. Tuvieron mucha suerte de no encontrarse con nadie cuando regresaban al castillo, puesto que ya era la hora de que todos deberían estar en sus habitaciones. Harry y Ron se dirigían a la sala común, Hermione se despidió de ellos y empezó a caminar directo a la habitación que compartía con Remus.

Cuando Hermione entró a la estancia, se encontró con Remus sentado en su escritorio, parecía estar elaborando su próxima clase. La castaña había aprendido que era muy devoto de poner un montón de trabajo en la preparación de sus clases. Era entrañable ver lo mucho que se preocupaba por la enseñanza.

—Lo siento, he llegado un poco tarde —murmuró Hermione, quitándose la chaqueta para luego colgarla en el perchero y entrar a la sala de estar, que tenía muy poca luz.

—No hay problema —respondió Remus, mirándola como si la estuviera estudiando.

Hubo un ligero toque de incomodidad entre ellos. Puesto que ambos sabían que tenían que hacer esa noche.

—¿Qué tal tu día? —preguntó Hermione, tratando de hacer conversación, mientras se sentaba en el sofá frente a él.

—Fue bueno en realidad. ¿Y cómo estuvo tu día? —preguntó Remus, mientras se echaba atrás de su silla y cruzaba sus brazos sobre su pecho. Hermione se dio cuenta de que él parecía un poco nervioso.

—Estuvo bien. Harry, Ron y yo fuimos a ver a Hagrid —le comentó.

Remus asintió con la cabeza, y el silencio reino de nuevo entre ellos, durante varios minutos.

—¿Acaso a la señora Pomfrey te ha dado una poción? —preguntó Remus, frotándose la parte posterior de su cuello.

—Sí —respondió Hermione, mirando sus manos—. Eso durara unos meses —ella podía sentir su cara ardiendo de la vergüenza.

Remus se levantó de su escritorio y se acercó más a Hermione.

—Bien… deberíamos… cuidar de esto entonces.

Hermione lo miró con ansiedad. No le tenía miedo al sexo, pero todavía la hacía sentirse un poco nerviosa por dentro.

—Claro —respondió la castaña, con voz tensa.

Remus estudió el rostro de Hermione por un momento, antes de tomarla de la mano y suavemente tirar de ella hasta llegar a la habitación. Hermione sintió una revolución de mariposas dentro de su estómago, pero ella caminó valientemente.

Llegaron a la habitación y él cerró la puerta. Era extraño pensar en la primera vez que tuvieron relaciones sexuales ahí. Allí estaba Hermione, esperando su encuentro sexual número dos, sentía un comienzo incómodo.

Remus se volvió hacia ella, con una expresión un poco diferente de lo que había estado en la sala. Los dos todavía se encontraba de pie, solo separados por unos pasos de distancia.

—Mira, Hermione, um…, yo quisiera disculparme por lo que dije… —Remus se pasó una mano por el pelo con ansiedad.

Los ojos de Hermione se abrieron por la sorpresa.

—Oh —susurró.

—Yo estaba enojado con la gente ese día por saber sobre nosotros, y también estaba enojado por lo que te pasó. De todas formas no debería haberte dicho eso, y me doy cuenta de lo difícil que es para ti —Remus parecía afligido.

Hermione de repente se sintió muy mal por haber corrido lejos de él ese día.

—Está bien, yo debería disculparme también. No debería haberte dejado. Simplemente no quería que te sintieras mal o avergonzado de mí. No me importa lo que la gente piensa de mí, te estoy agradecida por todo lo que has hecho por mí.

La expresión de Remus se suavizo.

—Ahora, tal vez podemos dejar esto atrás —propuso.

—Me gustaría —Hermione sonrió.

Los ojos de Remus estaban fijos en los de Hermione, por un largo rato antes de que él finalmente se inclinara hacia ella y la besara. Hermione sintió un aleatorio vértigo en su estómago. Habían pasado dos semanas desde su boda. Dos semanas desde que él la había besado.

Remus parecía mucho más excitado y necesitado de sus besos que la última vez. Hermione estaba encantada por la forma en que la atrapo entre sus brazos, fusionando sus cuerpos. Posesivo y confiado a pesar de su mal comienzo de esa tarde. Remus la siguió besando con pasión y fue ahí cuando Hermione dejo escapar un gemido, él la llevo hasta la cama. Cayeron sobre el colchón juntos, Hermione dejo escapar un pequeño chillido por el impacto.

Remus se echó hacia atrás, apoyando su frente contra la de ella.

—Lo siento —le susurró—. Me pongo así alrededor de la luna llena.

La comprensión llego a Hermione al recordar la fecha.

—La luna llena es el martes.

Remus asintió con la cabeza, para luego volver a besarla.

Así que era el lobo, entonces. Hermione recordaba vagamente su estudio sobre los hombres lobo en su tercer año. Ella había escrito ese terrible ensayo para Snape, y de pronto recordó algo sobre los hombres lobo, ellos por esa fecha tienen mejor desarrollados todos sus sentidos, presentan mayor agresión, y les gusta tener más sexo cuando se acerca la luna llena. Eso explicaba la forma en que Remus la estaba besando ahora, con posesión y excitación.

Hermione se encontraba debajo de él, se sentía mucho más caliente y necesitaba sus besos. Remus ya la había despojado de todas sus ropas. Su boca estaba trazando sobre sus pechos con vehemencia. Ella gimió con fuerza cuando él suavemente mordió uno de sus pezones, recibiendo una sonrisa de él como respuesta.

Era curioso la confianza que habían ganado en ese momento. No estaba nerviosa por su cuerpo como la primera vez, ella estaba inmersa en esa lujuria que Remus parecía estar compartiendo. Su relación incómoda simplemente se desvaneció, puesto que estaban más ocupados haciendo sus "deberes quincenales".

Hermione decidió que necesitaba eliminar algo de ropa de él. Ella se dio la vuelta con dificultad, pero se las arregló para llegar ella misma a la parte superior de Remus. Él todavía llevaba su camisa, pero ella se lo saco rápidamente, para luego inclinarse a besar su pecho, trazando con sus manos por algunas cicatrices.

Remus dejó escapar un profundo suspiró, levanto las manos y las poso sobre el cabello salvaje de Hermione. Ella sonrió ante el control que tenía sobre él. Sus manos se arrastraron hasta sus pantalones, Hermione rápidamente los desabrocho, para luego alzar la mirada hacia él con una expresión desafiante en la cara. Pero antes de que pudiera hacer más, Remus la puso nuevamente debajo de él.

Él con un movimiento de su varita desvaneció sus pantalones y sus boxers. Hermione no tuvo mucho tiempo de admirarlo, porque pronto fue besada nuevamente.

Remus —ella dejo escapar un gemido bajo. Él la tenía tomada de la cintura, mientras su erección presionaba contra su entrada, pero no donde Hermione quería que fuera.

Remus se rió entre dientes.

—¿Estás lista, entonces?

—Por favor —ella casi gritó.

Remus hizo lo que ella le pidió, empujo dentro de ella con vigor, que no había experimentado la vez anterior.

Esto era tan diferente a la primera vez. Puesto que la primera vez se lo había tomado con calma debido a su inexperiencia, pero ahora la mayor parte de su malestar había desaparecido y sus movimientos la hacían sentir bien.

Remus procedió a entrar y a salir de ella, inclinándose para besar su pecho, luego su clavícula, su cuello, iba mordiendo suavemente mientras lo hacía. Hermione envolvió sus piernas alrededor de él, para que él pueda entrar más profundamente y haya una mayor fricción. Él pareció entender sus intenciones y llevó una mano hasta tocar su clítoris, esa fue una liberación de toda una nueva serie de gemidos por parte de ella.

No pasó mucho tiempo antes de que él empezara a empujar más rápido, soltando gruñidos bajos mientras entraba y salía de ella. Hermione levantó sus caderas para encontrase con la suya, desesperada por la liberación. Pronto el orgasmo llego y fue mucho más intensa que la primera vez que la había experimentado. Hermione gritó y Remus gruñó, empujando de forma desigual unas cuantas veces más antes de liberarse.

Remus salió de dentro de ella, y se desplomo a su lado. Estuvieron en silencio unos momentos recuperando el aliento. Y Hermione se preguntó por primera vez si todo el sexo pudiera ser así. ¿Era por la luna llena? ¿O era sólo una extraña química que tenían entre ellos?

—Lo siento —dijo Remus después de un tramo de silencio—. Yo no quería ser tan brusco.

Hermione sonrió.

—Fue genial, Remus, no tienes nada de qué preocuparte.

Y sin mucho más que decir, ella se envolvió con las sabanas y se acomodó en la cama, permitiendo que el cansancio se filtre en sus huesos y su mente se fuera llevada por la deriva.

Continuará...