Capítulo diez: Encontrarás la paz.
Los dos días siguientes pasaron entre convenciones, proyecciones y más convenciones. Gabriel no había vuelto a tocar ningún tema incómodo y he de reconocer que me había acostumbrado a estar con él. El pensamiento de que podía ser un enemigo se fue difuminando entre sus bromas, tal vez Gabriel era un policía infiltrado en la Mafia. Tal vez...
Las conversaciones telefónicas con Gohan me tranquilizaban. Volvíamos a hablar con normalidad, no veía el momento de volver a verle. Aquella iba a ser la última noche en aquel sitio. El día siguiente habría un par de convenciones más y volvería a casa. Llamé a casa antes de la cena, pero no hubo respuesta. Supuse que Gohan y Pan habrían ido a cenar con Chichí y Goten. No insistí, solo nos separaban unas horas.
Mi plan para aquella noche era pasarla tirada en la cama comiendo golosinas mientras veía algún programa de televisión. Cuando por fin tuve todo listo, llamaron a la puerta. Consternada, me levanté a abrir. Y allí estaba Gabriel, con una camisa y sus vaqueros, con una botella de vino y dos copas en las manos.
-¿Qué haces aquí? -pregunté confusa.
-Celebrar la última noche. No podemos dejar que tu maravillosa terraza se desperdicie con la noche que hace.
Aunque mi corazón latía con fuerza, mi cabeza rechazó aquella visión y su proposición.
-Estoy muy cansada... Iba a acostarme ya -mentí. Gabriel miró por encima de mi hombro y vio la tele encendida y las bolsas de golosinas esparcidas por la cama. Entorné un poco más la puerta para que dejara de mirar.
-¡Tonterías! - Me empujó con suavidad y se hizo paso por la habitación. Miró hacia la cama y, como buenamente pudo, cogió un par de bolsitas. -¡Moras! ¡Me encantan!
Suspiré con resignación y le seguí hasta la terraza, donde ya estaba sirviendo un poco de vino. Me ofreció una copa y se sentó en el balancín, me senté a su lado, a una distancia prudencial.
La luna era una fina curva creciente que se reflejaba en el mar. Gabriel sonreía y el silencio se apoderó de la situación. No era un silencio incómodo, era un silencio conciliador y agradable, roto por el murmullo de las olas al romper en la orilla.
Me había dejado engañar por él. Yo, a la que ni mi marido había conseguido engañar cuando nos conocimos y él era el Guerrero Dorado, el Great Saiyaman, o lo que se propusiera ser. Me sentí estúpida y me sonrojé. Era obvio que Gabriel no era empresario. Su presencia en el centro comercial, en cada actuación de los Proudmoore, eran las pruebas definitivas. Una vez más mi cabeza y mi corazón entraban en disputa. La primera me decía que no debía fiarme de él, el segundo que no tenía nada que temer, porque había demostrado ser un amigo.
Gabriel podía ser un mafioso, podría haber escrito aquellas horribles cartas a Bulma, o haber planeado el asalto al centro comercial. Todos los indicios señalaban esa maldita realidad. Pero, ¿qué hacía allí? ¿Se trataba de blanqueo de dinero? ¿Alguna extorsión a alguna empresa? Tenía que averiguarlo.
-¿Sabes? -comencé. - Estos días he estado totalmente desconectada del mundo. Ni siquiera he visto las noticias. Me pregunto si habrá pasado algo importante.
-Yo te lo diré, algún asesinato, algún secuestro, alguna noticia amable de algún pequeño pueblo y la economía tan oscilante como siempre. Si hubiera pasado algo importante de verdad, nos habríamos enterado sin abrir el periódico o encender el televisor -contestó con parsimonia.
-¿Asesinatos? ¿Secuestros? ¿Cómo hablas de esas cosas con tanta tranquilidad? -Su actitud me irritaba, pero creo que ya iba encaminando la conversación a donde yo quería.
-Porque pasan todos los días, y no nos interesan lo más mínimo. Hasta que nos toca.
"Hasta que nos toca". Por primera vez en esos días, y tal vez desde que lo conocía, la voz y la mirada de Gabriel se ensombrecieron.
-Esos Proudmoore -dije con desprecio. - Son un cáncer en la ciudad. - él siguió en silencio, lo cual me pareció muy revelador. - Amenazan a la gente, roban y matan.
-Siempre han existido las mafias. ¿Qué ocurre con los Proudmoore?
-"Hasta que te toca" -cité sus palabras sosteniendo la mirada. Él me miró extrañado. -Tienen amenaza a mi mejor amiga. Pero, ¿sabes? Ella no les tiene miedo -solté con seguridad, haciendo una total declaración de intenciones en nombre de Bulma.
-Además, existe la Saeta Escarlata para protegernos, ¿verdad? - En su rostro se dibujó media sonrisa. Él tampoco apartaba sus ojos de mí, como si estuviera viendo más allá de los míos, a través de la máscara que usaba como Saeta Escarlata. ¿Lo sabía entonces?
-Exacto -contesté, aunque mi voz se quebró un poco.
-Pero en tu caso no es "hasta que te toca", hay algo más en ti. No soportas las injusticias – se acercó levemente a mí en el balancín. - Eres especial. Siempre lo has sido, y lo sabes. Te empeñas en aparentar ser una mujer más, ¿por qué? Si has nacido para destacar... -Levantó su brazo y comenzó a acariciarme el cabello.
Me tenía arrinconada en el balancín. Quise apartar su mano, pero no cedió. Mi respiración se volvió intensa, no quería dejarle que me tocara de aquella manera. Por primera vez en mucho tiempo, me sentí indefensa, y le odié por aquel gesto, solo permitido a Gohan.
-Videl... -susurró Gabriel apartando un mechón de pelo de mi rostro.
-¿Videl? -preguntó una voz tan familiar que mi corazón se desbocó, aunque pronto comenzó a helarse.
-Gohan -dije mientras abandonaba el balancín y corría hacia él. Dio un paso hacia atrás cuando llegué hasta él. -¡No! No es lo que parece... Vamos, Gohan, déjame que te explique...
-Lo siento, realmente no es lo que piensas -dijo Gabriel levantándose también. Intentó adoptar un tono conciliador mientras se acercaba a nosotros.
Vi que Gohan apretaba con fuerza el asa de la maleta que llevaba en un brazo. Su mirada, totalmente sombría, me iba rompiendo el alma poco a poco. Prorrumpí en lágrimas y puse una mano en su pecho. Tembloroso, dejó caer la maleta, y como una exhalación, me apartó, avanzó unos pasos y asestó un tremendo puñetazo en la cara de Gabriel.
-¡GOHAN! ¡NO! -supliqué al verlo. Estaba fuera de sí, y aquello era lo peor que se podía esperar de él.
Aquellos arrebatos de ira eran lo que lo convertían en uno de los seres más fuertes y peligrosos de la Tierra, e iba a pagarlo con un simple humano. Gabriel comenzó a levantarse, con la cara amoratada y el labio partido sangrando y Gohan, que lo tomó como una provocación, volvió a avanzar hacia él.
-¡Basta! -chillé abrazándolo por la espalda con toda la fuerza que fui capaz de sacar. En circunstancias normales, jamás habría conseguido detener a un Saiyajin, pero tal vez fuera el calor de mi cuerpo o aquella súbita retención lo que le hizo parar y relajar, al menos en parte, su tenso cuerpo.
-Vete de aquí -dijo Gohan a Gabriel. -¡FUERA!
Yo seguía agarrada a un brazo de Gohan. Gabriel se levantó, me lanzó una última mirada y se marchó.
-Gohan, tienes que escucharme. -Era ahora o nunca. Tenía que entenderlo. Debía saber mi secreto. No podía soportar aquella situación. Se soltó de mi abrazo con suavidad. Seguía cabizbajo e inmóvil. -Gohan... -insistí.
-Ahora no -sentenció. -Me voy a casa.
-¿Qué? Acabas de llegar. Tenemos que hablar, tienes que entenderlo todo.
-Videl, por favor. -En su voz había un aparente tono de calma. -Ahora no. -Cogió la maleta y simplemente se marchó.
No sabía cuanto tiempo llevaba tirada en la cama, con los ojos hinchados y enrojecidos por el llanto, mi pecho oprimido y un horrible nudo en el estómago. ¿Cómo había consentido llegar tan lejos? Estaba al borde del abismo por un capricho egoísta. Por primera vez estaba experimentando una sensación de pavor que me inundaba el cuerpo. El hecho de perder a mi familia me daba tantísimo miedo que mi cuerpo temblaba y daba vértigo solo pensarlo.
Debí haber escuchado a Bulma.
Bulma.
Cogí el teléfono y marqué su número sin ni siquiera mirar tener en cuenta que la madrugada ya estaba bien entrada. Un tono. Dos... Tres. Por favor, Bulma...
-¿Dígame? -su voz adormilada se oyó al otro lado de la línea.
-Bulma... -Una vez más, las lágrimas se concentraban en mis ojos y el intento de hablar se convertía en una intención de atropellados balbuceos.
-¿Videl? ¿Eres tú? -seguí gimoteando al escuchar su voz. -¿Estás bien? ¿¡Qué ocurre!
-Lo he fastidiado todo... -sollocé. -La he jodido, Bulma. Y siento como si me fuera a morir.
-Cálmate, ¿vale? -dijo con ternura. -¿Qué ha pasado?
-Gohan ha venido, y... Y yo estaba con un amigo... -interrumpí mis palabras, a la espera de una reacción por su parte. Silencio. -Gohan malinterpretó un gesto y se ha marchado. Creo que lo he perdido, Bulma. No sé qué hacer. Estoy aquí, sola y muerta de miedo.
-Bueno, comencemos a solucionar cada asunto uno por uno. Dentro de una hora tendrás un jet-flyer en la puerta del hotel para recogerte, y en dos estarás en casa, ¿de acuerdo? Te traerán a mi casa y hablaremos. Pero lo primero es salir de allí.
Bulma siguió intentando que me calmara unos minutos más, hasta que me animó a colgar para hacer la maleta e ir a esperar el vehículo.
Dejé la villa sigilosamente. Miré en dirección a la número tres, donde se alojaba Gabriel, no había luces que indicaran que aún seguía despierto. Tal vez estuviera descansando o hubiera ido al hospital. En cualquier caso, tengo que admitir que lo que menos me preocupaba era su estado en aquel momento.
Esperé en el bar, absorta mirando el fondo del vaso de agua que había pedido. Una chica se me acercó y me dijo que mi nave me esperaba en la puerta. Un chófer de la compañía me ayudó a meter mi equipaje y amablemente me abrió la puerta.
Tal como Bulma predijo, llegamos a la ciudad una hora después. Parecía que hasta los elementos se habían conjurado aquella noche, pues a pesar del buen tiempo que había dejado en el Este, la lluvia en Satan City era fina, pero incesante.
-Señorita Videl, la están esperando. Vaya a la sala de estar de la primera planta, por favor. -la chica de recepción me recibió con una cordial sonrisa, a pesar de la hora.
Vi la luz en el pasillo y me inundó un reconfortante aroma a café. Cuando llegué a la sala, vi a Bulma de pie junto a la mesa, pero no estaba sola.
Chichí esperaba junto a ella sentada en el sofá. Al verme se levantó. Su imagen consiguió que de nuevo comenzara a llorar. Y aunque a quien había llamado era a Bulma, a quien corrí a abrazar fue a Chichí, que me recibió con los brazos abiertos. El calor de sus brazos me reconfortaron rápidamente.
-Videl... Ya está... -dijo con suavidad, pasando su mano por mi cabeza. Noté que Bulma me puso una mano en el hombro para darme su apoyo. Chichí me invitó a sentarme junto a ella y Bulma me sirvió algo de agua. -Cuando estés lista, puedes hablar. No tiene que ser ahora. No tiene que ser mañana. Porque Videl, la familia se basa en estar los unos para los otros, no importa el lugar ni el momento. Eso es la familia, y por eso estoy aquí. -Chichí alzó mi cabeza por la barbilla con un suave movimiento de su mano y yo esbocé una sonrisa, secándome las lágrimas con la mano que me quedaba libre. Aquella mujer se negaba a soltar la otra.
-¿Dónde está Gohan? -pregunté nerviosa.
-Volvió a casa, estará allí -explicó.
-¿Y Pan?
-Está durmiendo aquí, tal como acordé con Gohan. Pero me ocuparé de que mañana Bra y ella se vayan a pasar un par de días a casa del Maestro Roshi y que disfruten de la playa. Así podréis hablar con calma.
-Escuchad... Me siento fatal por lo ocurrido. Jamás le haría daño a Son Gohan.
-Eso ya lo sabemos, querida. Y él también, pero a veces hay que recordárselo.
-Dejadme contaros lo que sucedió.
-¿No es mejor que descanses? Las cosas se verán más claras para todos por la mañana.
-Por favor, dejadme contároslo. No puedo más con todo esto.
Ambas mujeres suspiraron y me miraron comprensivas. Bulma tomó asiento y las dos me atendieron.
Hablé durante dos horas, fui totalmente sincera y les abrí mi corazón. Les conté mis miedos, mi extraña relación con Gabriel y todo sobre la Saeta Escarlata. Chichí me escuchaba con los ojos muy abiertos y un interés súbito. No supe interpretarlo. Una vez terminé, esperé su reacción.
-Tu forma de hacer frente a tu pequeña crisis me sorprendería si fuera otra persona quien me cuenta esto. Pero tratándose de ti... -dijo. -No ha estado bien engañar a Gohan con tu otra identidad, ni tampoco que te juegues la vida así. Pero eres Videl, justiciera nata. Eres así y es lo que te hace tan especial, es lo que hizo de Gohan se enamorara de ti.
-He sido tan egoísta...
-Tienes que comprender que para Gohan, Pan y tú sois su mundo. Sois sus pilares, y si alguna de los dos quiebra, él se tambaleará y acabará por caer. A pesar de toda esa ingenuidad que le inunda el corazón, tiene un fuerte sentimiento protector y posesivo contigo, eres su primer y único amor. Cuando te conoció, también supo lo que por fin era la estabilidad. El amor nos da la paz. Videl, tú eres la paz de Gohan.
-Chichí, eso es tan bonito... -dijo Bulma emocionada, tomando uno de los pañuelos del paquete.
No tenía palabras frente a las suyas, y sólo pude responder abrazándola.
-Y ahora, señorita, déjame ver esa herida de la pierna -dijo mirando mi muslo.
Desperté casi al mediodía. Chichí volvió a casa de madrugada, después de untarme un ungüento que preparaba ella misma para heridas profundas y que ideó hace años, para paliar los daños de su familia en las peligrosas batallas que habían librado durante toda su vida. Pan no se llegó a enterar de que había estado allí, y efectivamente Bra y ella se habían marchado a casa de Roshi un par de días. Me vestí y cogí mi maleta, dispuesta a volver a casa. Bulma me esperaba en la sala donde habíamos hablado por la noche.
-Jamás podré agradecerte todo lo que has hecho por mí.
-Simplemente vuelve a casa y arréglalo -dijo con una sonrisa. -Y no se te ocurra venir durante un par de domingos por aquí. Disfruta de tu familia y que ellos disfruten de ti -bromeó. Pero yo sabía que tenía que hacerle caso a aquel consejo.
La visión de nuestra casa hizo que mis latidos se aceleraran. Atravesé la verja con seguridad y me detuve un par de segundos en la puerta para tomar aire. Abrí la puerta y me encontré la casa especialmente oscura.
-¿Hola? He vuelto... - Descorrí las cortinas y la luz volvió a entrar en la casa. Estaba todo tan ordenado como lo dejé al comenzar el viaje. -¿Gohan? - Pero lo único que allí había era silencio.
Deshice la maleta, limpié un poco el polvo y preparé té por si Gohan volvía, de la variedad Chai, su favorita, me serví una taza y me senté a esperar.
Pero las horas pasaban y él no volvía, y la angustia volvía a crecer. Sonó el teléfono, y como alma que lleva al diablo me abalancé sobre él.
-¡¿Gohan?
-No, cariño. Soy yo.
-Hola, papá. ¿Qué tal estás? -le pregunté intentando convertir mi nerviosismo en tranquilidad.
-Totalmente recuperado. Sabía que llegarías hoy, pero como no me has llamado me había comenzado a preocupar.
-Oh, lo siento muchísimo, papá. He estado deshaciendo la maleta, lavando la ropa... Ya sabes.
-Ya no tienes tiempo para tu viejo padre... -bromeó. Solté una pequeña risotada mezclada con un suspiro. -Videl, ¿estás bien? ¿Está todo bien con Gohan?
-¿Qué? Claro que sí, papá. Si lo dices por cómo he cogido el teléfono, es que necesitaba que me hiciera un recado...
-Te conozco demasiado bien, pequeña. Llevas un tiempo melancólica y algo misteriosa. Tú nunca has sido así.
-Tal vez Gohan y yo estemos pasando por un pequeño bache, pero lo superaremos. Créeme.
-Sé que lo haréis. Pero si necesitas cualquier cosa, sabes que aquí sigue estando tu casa.
-Gracias -dije con una sincera calma. -Te quiero, papá, te llamaré pronto.
Colgué el teléfono y froté con las manos mi cansado rostro. Me tumbé en el sofá a esperar. Las manecillas del reloj siguieron girando y yo seguía allí tendida, esperando, el sol se había puesto hacía rato y yo no me moví de aquel sofá, hasta que el sueño volvió a apoderarse de mí.
La puerta se abrió durante la noche. Gohan había vuelto a casa. Corrí hacia él, dispuesta a abalanzarme a sus brazos, arriesgándome a su rechazo. Pero necesitaba hacerlo. Desapareció antes de siquiera rozarle y apareció unos metros más atrás. Decidida, volví a intentarlo, con mis brazos abiertos y estirados me tiré hacia él y volvió a desaparecer para aparecer más lejos. Mi obstinación me hizo seguir intentándolo. Aún no le había oído hablar, me observaba con unos ojos vacíos. Miraba sin mirar. Cuando me quise dar cuenta, habíamos llegado al bosque Paoz con aquel cruento juego. La última vez que intenté tocarlo, se detuvo y me dejo rodearlo con mis brazos. Estábamos en un claro del bosque, rodeados por altísimos árboles de aspecto amenazador.
-Me has roto el corazón -dijo entonces. Su voz sonó atronadora, dura y fría. Le miré con los ojos muy abiertos y volvió a desaparecer.
Aquella frase siguió resonando en el claro. Las nubes cubrieron el cielo y comenzó a caer una intensa lluvia, helada y penetrante.
-No... No... No... -repetí mientras me tapaba los oídos, alejando aquella frase de mi cabeza. "Me has roto el corazón". -¡NO! - Un trueno inundó el claro de luz y me cegó la visión.
Cuando volví a recuperarla me encontraba en el sofá, sudorosa y respirando entrecortadamente.
Había sido una pesadilla.
La tormenta era lo único real de aquel mal sueño. La lluvia golpeaba con violencia los cristales, el viento azotaba las flores de nuestro jardín y casuales fogonazos de luz se dejaban ver entre las cortinas. Yo era la única alma en la casa. Ni rastro de Gohan.
Fui a por un poco de agua, la tetera que preparé durante el día estaba fría y tiré el té. De repente, comencé a oír un zumbido que provenía de la mesa, donde encontré el reloj conectado con la policía que usaba como Saeta Escarlata.
-Atención a todas las unidades, tenemos un 10-66 en la Avenida Principal, la oficina del alcalde.
¿¡10-66! ¿¡Secuestro!
-Atención a todas las unidades, vayan especialmente protegidos. Podría tratarse de los Proudmoore.
Mi corazón dio un vuelco. Cada fibra de mi ser me decía que tomara aquel reloj y volviera a ser a Saeta Escarlata. Algo me decía que debía hacerlo, y que aquella vez sería la última de una vez y por todas.
Sabía que debía apagar la radio frecuencia, sentarme y seguir esperando a Gohan. Pero...
Él no estaba allí. Allí no había nadie que me necesitara, en cambio la ciudad y la justicia volvían a llamarme.
La noche volvería a ser mi aliada, nos despediríamos como debía ser. La Saeta Escarlata lucharía por última vez.
Freetalk: Lo pasé mal mientras escribía este capítulo. Videl está sufriendo de verdad y quise que esa angustia se reflejara lo mejor posible. La batalla final por el amor y la justicia por fin va a ocurrir, ¿se podrán salvar las dos cosas?
Gracias, como siempre, a todos mis lectores y en especial a los que siempre dejáis reviews: LDGV, Loregar, lms, Tixithaxx Xd, Sakura y Kumikoson4. ¡Sois geniales!
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