Disclaimer: Los personajes pertenecen a MARVEL y a DISNEY © No tengo fines de lucro.

Este fic sólo se publica en FanFiction y en Wattpad.


N/A: Quería recomendarles un fic muy bueno de JeffHardyWWELover, llamado «Entre el amar y el olvidar» es romanogers y tiene una trama muy buena, les va a encantar.


Capítulo Diez

"Necesitamos distanciarnos"

Loki siguió los pasos de su madre hasta que ella se detuvo en la entrada del — ya popular — despacho de Nick Fury, la rubia abrió la puerta adentrándose al sitio, siendo secundada de inmediato por el muchacho, quien agradeció sinceramente que el director no se encontrara en el interior de dicha estancia.

Era demasiado observador como para no haber notado el talante poco común que cargaba Frigga en esos momentos, que no hubiese saludado a Sigyn hace un rato atrás, era indicio claro de su mal humor, algo poco convencional viniendo de una mujer alegre y educada como ella, sin embargo, el menor de los Odinson optó por guardar silencio y no indagar de más en eso, sólo se limitó a seguirla, suponía que tenía algo importante que decirle.

Y en efecto, Frigga debía tratar algo de suma relevancia con él, llevaba muchísimo tiempo eludiendo aquel tópico, tanto así, que Loki optó por averiguar aquella información a través de sus propios méritos, la ex – esposa de Odín tenía claro que si no intervenía, el obstinado muchacho continuaría con el capricho de a cualquier costo revelar la verdad, y no podía permitir que esto último aconteciera, al menos no de momento, ahora tan sólo se encontraba obligada por las circunstancias a menguar la situación, que por desgracia, no estaba siendo nada fácil de sobrellevar.

—¿Qué está pasando, Loki? —comenzó, mientras que con suma discreción cerraba la puerta de la oficina, una vez hecho lo anterior, procedió a acercarse al joven, quien la miraba con evidente confusión —. Nick ya me lo dijo, sé que lo estuviste visitando para obtener información sobre aquello que supuestamente tu padre y yo te ocultamos.

El estudiante sonrió con ligero sarcasmo, sarcasmo que no estuvo dirigido hacia su madre, la ironía de su risa fue para sí mismo. Usar a ese sujeto como vía para alcanzar sus objetivos nunca debió formar parte de sus planes, de ahora en adelante procuraría ser más perfeccionista, más precavido, y por sobre todo más eficiente… ya había dejado pasar múltiples errores, no pensaba permitirse caer en otro.

—Sabía que no podía confiar en él… —espetó, al tiempo en que confianzudo, pero sofisticado, tomaba asiento sobre la silla de Fury.

—Hijo, yo sé que… la situación es difícil de entender, también sé que últimamente hemos tenido ciertas diferencias, pero nosotros poseemos una relación especial, y somos capaces de conversar nuestros problemas, es precisamente por eso que me gustaría saber, ¿por qué no quisiste hablar de esto conmigo?

Esta vez la ceja del chico se arqueó de manera mordaz, y ese gesto sí estuvo dirigido hacia la mayor. ¿En serio? ¿En serio le estaba preguntando eso? Después de las infinitas ocasiones en las que intentó entablar una charla con ella al respecto.

Simplemente no podía ser más satírico.

—Madre, creo que eres lo suficientemente lista como para tú misma contestar esa pregunta. —Fue lo menos cruel que pudo decir, tampoco quería enfadarla con sus clásicos comentarios petulantes, porque al parecer, Frigga por primera vez en su vida tenía serias intenciones de platicar sobre el tema. Oportunidades como esa eran pocas, sería un crimen dejarla pasar —. Hay cosas que tú no quieres tratar conmigo, y yo necesito respuestas.

La sinceridad de su hijo la conmovió, no pensaba decirle la verdad, pero estaba abierta a la posibilidad de conversar con él, aunque por supuesto, el diálogo sólo tendría como única finalidad dejarlo un poco más tranquilo.

Suspiró resignada, algún día lograría comprender el porqué de la especial afinidad que sostenía con Loki, pese a que no se tratase de un hijo biológico, Frigga sentía mucho amor por el muchacho, ese jovencito de tez pálida, con actitud engreída y en ocasiones insoportable, sencillamente era su punto débil, no necesitaba haberlo cargado nueve meses en el interior de su vientre como para estar dispuesta a entregar la vida por él.

—¿Y qué clase de respuestas quieres? —Cuestionó finalmente.

—Quiero que me respondas, por ejemplo, ¿quién es Laufey? —soltó con brusquedad. Los orbes de Frigga se abrieron con asombro, percibiendo esa pregunta como una bala directa sobre el pecho. Loki captó la expresión de la orientadora y se mantuvo atento a su reacción —. ¿Por qué no debo acercarme a él?

Luego de asimilar aquellas preguntas, a la orientadora se le hizo imposible disimular su impacto. El horror comenzó a tomar posesión de cada espacio en su rostro, y para que su hijo no pudiese advertirlo, se vio obligada a girar sobre sus talones, quedando así de espalda hacia él. Es que sencillamente no estaba preparada para enfrentarse a Loki, ni a la verdad que tanto tiempo llevaba ocultándole. No era capaz de conllevar esa responsabilidad, al menos no con sinceridad, no sentía orgullo de proteger al chico con el constantes uso de mentiras, pero no tenía otra manera de hacer de todo ese embrollo un proceso menos doloroso.

Se armó de valor y regresó su vista a él, estando dispuesta a mentirle una vez más.

—Ese hombre es peligroso —declaró con firmeza —, y no sé cómo sabes de su existencia, pero no me gusta que estés indagando de más en ello. Es cierto que tu padre y yo no queremos que te acerques a él, y eso lo deseamos para todas las personas que estimamos. Laufey es un criminal del cual debes mantenerte lejos.

Loki se puso de pie, clavando sus ojos verdes encima de la mirada titubeante de la mujer.

—No te creo nada —masculló amargamente. Frigga frunció sus labios, esbozando una pequeña sonrisa triste.

—¿Ya no confías en mí, verdad? —Inquirió, con la voz ligeramente temblorosa.

Sentía miedo de oír esa respuesta, pero no culpaba a Loki de mostrarse escéptico, tenía tantos años mintiéndole que resultaba técnicamente normal que sus mentiras ya no se oyeran tan convincentes para el adolescente, ya no tan inocente como cuando era un infante asequible de disuadir.

Loki botó el aire con pesadez, en tanto caminaba hacia la puerta, pero se detuvo a pocos centímetros de ésta y de nueva cuenta volteó a mirar a su madre, desvió la mirada hacia el suelo, buscando en su mente las palabras adecuadas para no oírse demasiado tosco o amenazador.

—No me importa lo que tú o mi padre hagan, quiero que sepan que de igual modo me enteraré de todo.

Sin más, Loki abandonó el despacho, dejando a Frigga sumergida en el infinito silencio de su propio tormento y sintiéndose como una vil cobarde carente de honestidad. Odió más que nunca no haberse enfrentado a esa situación con la verdad por delante desde un principio.

Ahora tenía miedo, un pánico terrible se estaba alojando dentro de su alma. Siempre dio por hecho que se iría a la tumba con aquel secreto, pero eso simplemente fue una fantasía que de forma ingenua su optimismo proyectó. Ahora comprendía lo equivocada que estuvo al creer en algo como eso, las mentiras no eran perpetuas, pero sus consecuencias sí, y tenía que aceptarlo, Loki descubriría que Laufey era su padre antes de que a ella se le ocurriese otra mentira para protegerlo de esa cruel realidad.

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Bucky ladeó su rostro, entrecerrando los ojos, y al mismo tiempo dibujando sobre sus joviales facciones una expresión marcada por la incredulidad, de seguro Steve le estaba tomando el pelo, no era posible que una de las preparatorias más prestigiosas de Nueva York estuviese divida por sexos en pleno siglo XXI, eso sonaba descabellado incluso para alguien como él, quien por cierto, había escuchado muchos comentarios desprovistos de inteligencia por parte de sus compañeros de juergas.

—¿Es una broma, no? —articuló risueño.

Steve le miró serio, pero Bucky supuso que la posibilidad de recibir una respuesta negativa era mínima.

—Tengo cara de estar bromeando —refutó su amigo.

¡Es qué no podía ser cierto! Acababa de escaparse de un viaje familiar para no encontrarse reprimido por el estúpido hombre que tenía por padrastro, pero lo único que obtuvo de dicha decisión, fue llegar a la ciudad y encontrarse con una noticia como esa. Tan sólo quería saborear esa exquisita sensación de libertad a la que tanto estaba acostumbrado, y la mejor manera de hacerlo sería regresando a su vida estudiantil en compañía de su mejor amigo, para vivir experiencias nuevas, compartir con otros y por supuesto que con chicas. Y ahora resultaba que de todas las jodidas escuelas de los Estados Unidos, esa, precisamente esa, estaba dividida por sexos.

Sintiéndose terriblemente desafortunado y a la vez nervioso, por motivos que prefería guardar para sí mismo, extrajo un cigarrillo desde una pequeña caja que guardaba en el bolsillo derecho de su jeans, sostuvo el objeto vicioso entre sus labios y cuando estaba a segundos se encenderlo, Steve le dio un manotazo a su mano, acción que provocó que tanto el cigarro como su encendedor fuesen a parar directamente al piso.

—¡¿Qué demonios te pa… ?!

—Si no quieres que te expulsen el mismo día en que te aceptaron, ni se te ocurra encenderlo aquí. —Le advirtió el rubio, en tanto le apuntaba inexorable con su dedo índice —. Acá no es como en las otras preparatorias.

¿Qué le quería decir con eso? ¿Que acaso allí la disciplina era extremadamente severa? Tragó saliva con preocupación. Eso no era nada conveniente para sus planes, aunque claro, no pensaba decirle a Steve ni a nadie el porqué de su inquietud.

—¡Oh mierda, Steve! —Recogió desde el suelo su encendedor, para pronto desquitarse con el inocente cigarrillo que no alcanzó a consumir, lo pisó y luego procedió a patearlo lejos —. ¡¿Por qué diablos no me lo dijiste antes?!

Rogers frunció el ceño, viéndole fijamente con notoria indignación.

—¡¿Qué te pasa?! Ni siquiera sabía que entrarías a esta preparatoria, ni tampoco te comunicaste conmigo, ¿cómo se supone que iba a advertirte? —Argumentó, haciendo que el derecho a réplica de su interlocutor fuese innecesario —. Pero cálmate… estamos haciendo todo lo posible para que Fury saque esa cosa, se rumorea que está considerando la idea de quitarla, siempre y cuando no le demos motivos para que cambie de parecer.

Era cierto que el director de la escuela estaba debatiéndose internamente la idea de quitar o no la polémica reja. Los alumnos no le habían dado mayores motivos que indicasen que la estricta disciplina dentro del colegio no estaba siendo respetada, sino que todo lo contrario, pese a que por parte de Fury no habían oído directamente nada, los rumores corrían dentro de la preparatoria S.H.I.E.L.D. y de alguna que otra forma, el chisme llegó a oídos del alumnado, quienes se habían propuesto no hacer nada estúpido para que el tío de Natasha no cambiase de parecer.

—¿Por qué puso esa mierda en medio del patio? —Preguntó Bucky, sentía curiosidad, pero deducía que debía existir una razón de peso muy fuerte para que el famoso Fury aplicase una medida de ese nivel —; ¿por qué dividió la preparatoria por sexos?

—Dicen que algo inapropiado pasó… algo que provocó que Fury tomase una medida así de extrema, pero a ciencia cierta no sabría decirte qué fue lo que sucedió realmente. De todos modos, aquí la disciplina es muy firme.

Esas palabras no le resultaban para nada alentadoras. «Demonios… » Tendría que ser extremadamente precavido de ahora en adelante.

—¡Pero qué hijo de puta! ¿Cómo puede ser tan cruel para separarnos de las chicas en plena adolescencia? —Expresó hastiado.

Ese bachillerato definitivamente no era lo que llegó a imaginar, hasta se atrevería a decir que era muchísimo peor que el campamento militar al cual había asistido junto a Steve hace un año. Pasó una mano por su cabellera castaña oscura, tratando de controlar la rabia que estaba sintiendo

—Por el culo. Por ahí debemos hacer que ese viejo se trague sus malditas normas de mier…

—Cuida tu lenguaje, Bucky —le interrumpió Steve. El susodicho automáticamente rodó los ojos, ya había olvidado lo protocolar y moral que podía llegar a ser el menor de los Rogers, a veces incluso resultaba fastidioso —, aquí no es como en nuestra antigua preparatoria.

No tenía que decírselo más de diez veces, tampoco era sordo, ya se había percatado que los directivos de la preparatoria a cargo de Nick Fury eran un maldito equipo de orates, por supuesto que ese lugar no era como sus antiguas escuelas, claro que no, éste era totalmente anormal.

—Mira… antes de que decida huir de esta jodida cárcel, mejor ayúdame a encontrar a la célebre María Hill —añadió con sarcasmo.

Steve no le respondió, de pronto sus pupilas se posaron sobre dos chicos que acababan de salir del despacho de la recepcionista, eran una muchacha extraña, pero atractiva y un joven algo excéntrico, pues Steve podría jurar que el cabello de ese tipo era casi blanco, sí, blanco… y al menos estaba seguro de una cosa, él no debía tener más de dieciséis años, por ende, era imposible que su cabellera estuviese cubierta por canas, definitivamente no, o… ¿tal vez sí?

Steve dejó de divagar sobre aquella banalidad, en tanto posaba su vista azulada encima de la chica de vestimenta color escarlata, quien para su sorpresa le estaba mirando con fijeza, y aquello de cierta manera le intimidó, se vio obligado a desviar su mirada hacia cualquier otra parte, pues ella poseía unos orbes bastante intimidantes. Bucky captó esto último, siéndole imposible no comenzar a reír burlesco, Steve nunca dejaría de ser tímido con las chicas. Sin embargo, detuvo sus carcajadas en cuanto su compañero le dedicó un gesto poco amigable.

—Es algo rara, pero linda, ¿no crees? —siseó, con disimulo cerca de su oído.

—¿Quiénes son? —Averiguó, ignorando por completo el comentario de Barnes.

La chica de cabellera larga y castaña era muy guapa, debía reconocerlo, pero el nombre de Natasha Romanoff ya ocupaba un lugar considerable dentro de su cerebro, y de momento, no podía dejar de pensar en ella, eso estaba claro.

—Al parecer también son nuevos. Maximoff, algo así es su apellido… y creo que ese del cabello raro es su hermano, así que no mires tanto a su hermanita o podrían golpearte.

Steve pensó que eso era demasiado irónico, ya tenía a Clint encabezando una lista de gente que le odiaba, no necesitaba que más personas se sumaran a ese registro, mucho menos si la causal impuesta nuevamente era una muchacha.

—Sí, tienes razón… mejor vámonos, el despacho del profesor Banner está justo en este piso —Explicó Steve, señalando con ayuda de su dedo una dirección —, quizás él pueda decirnos como localizar a la señorita Hill.

Dicho eso, tanto Steve como Bucky emprendieron rumbo hacia el sitio sugerido, se adentraron en las profundidades del extenso pasillo de la preparatoria con el objetivo de localizar de una vez por todas a la docente, pues ya habían perdido demasiado tiempo platicando trivialidades y distrayéndose con otras cosas.

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Ya no tenía sentido continuar negando la verdad. Darcy lo sabía y también Bruce, por eso no se sorprendió cuando la chica se mantuvo inquebrantable delante de él, mirándole desafiante y sin mostrarse arrepentida por lo que había hecho. A través de su lenguaje kinésico, la muchacha de anteojos dejó en claro que con orgullo tomaría la palabra. Era su turno de hablar y no dejaría pasar la oportunidad.

—Está bien, tienes razón… lo reconozco, yo inventé todo, pero mi intención nunca fue que la noche terminase de la forma en que lo hizo —se explicó sincera, y por la manera en que lo miró, Bruce supo que ella en esta ocasión no estaba mintiendo —. Puedes culparme por haber generado un mal entendido y de haberte engañado, pero no puedes atribuirme la responsabilidad de que te hayas peleado con mi mamá. No sé qué demonios pasa entre ustedes, yo tenía entendido que eran amigos, ¿no? O… seguramente eso sólo es lo que han intentado hacerme creer durante todo este tiempo.

Sin interrumpirla, Banner únicamente se limitó a mirarla, ella tenía un punto considerable, aspecto en que él jamás hizo hincapié, pues Darcy no se equivocaba, más allá de que sintiera rabia por la jugarreta en la cual cayó por su culpa, lo que en serio le lastimó, fue recibir esas oraciones hirientes que sin piedad alguna la de apellido Ross pronunció.

Y definitivamente no. No podía culpar a la muchacha por el tormentoso pasado que compartía junto a su progenitora. Eso no sería justo.

—Bruce, yo no soy tonta y por la actitud de ambos he podido comprobar que algo no anda bien —agregó seria.

La estudiante esperó con paciencia a que él interviniera o refutase a sus dichos, pero el educador volvió a recurrir al uso del silencio, quería ver hasta dónde era capaz de llegar esa niña con la simple capacidad de dialogar, tal vez… persuadiendo era incluso mejor que la misma Betty.

Darcy tomó una bocanada de aire para continuar hablando.

—Tampoco sé qué sucedió cuando me ausenté de la mesa, sólo sé que discutieron y que por eso estás enfadado, tu rabia hacia mí no es porque te haya mentido, estás cabreado por lo que mi madre y tú se dijeron mientras yo no podía oírlos.

Sin duda Darcy era una copia exacta de Betty, poseedora de un carácter indomable, dueña de un peculiar don para dejarlo en silencio, cuestionándose a sí mismo cuando sabía que de hecho, la culpa no era del todo suya. Pero después de oír a la hija de su ex – pareja, sinceramente ya no sabía qué conclusión podía obtener de todo eso. Esas mujeres jugaban con su mente sin que pudiese hallar una manera de evitarlo, aquello resultaba perturbador y a la vez frustrante, también era consciente de que debía poner un alto a esa situación, sobre todo a su simétrica relación con Darcy, había cometido un grave error al permitirle tantas regalías, y aunque ya no estuviese tan enfadado con ella, era hora de colocar los puntos sobre las íes.

Justo antes de que pudiese siquiera balbucear algo en respuesta, Steve y un joven que no conocía interrumpieron en su despacho.

—Disculpe profesor, no sabía que se encontraba ocupado —dijo el rubio, con expresión culpable y dedicándole al mismo tiempo una mirada de cachorro arrepentido a su compañera —, no quería interrumpirlos. Lo siento.

—No te preocupes, Steve, Darcy ya estaba por irse —respondió el único adulto del lugar, pasando por alto el gesto de indignación que la muchacha estaba manifestando.

Aquello no pasó inadvertido por el par de amigos, quienes se miraron un tanto incómodos, era evidente que esa chica no tenía en mente hacer lo que había dicho el profesor Banner. Sin embargo, ella no hizo nada por quedarse, sólo dirigió sus pasos hacia la puerta, yéndose de allí visiblemente ofendida, estaba furiosa y eso lo comprobó Bucky cuando esa rebelde castaña lo empujo con su hombro al salir.

—Parece que ella está un poco enojada —musitó, sobándose el brazo que Darcy acababa de impactar.

—Discúlpala, es algo impulsiva. —En son de saludo, el profesor estiró su mano hacia el joven —. Soy Bruce Banner, profesor de ciencias. ¿Y tú eres…?

—James Barnes, pero todos me dicen Bucky —contestó sonriendo, en tanto estrechaba su mano con la del mayor —, amigo de Steve y nuevo por aquí.

A Bruce le sorprendió que a esas alturas del calendario académico el director hubiese aceptado a un nuevo alumno dentro del instituto, sobre todo tratándose de un amigo del joven Rogers, quien no parecía ser del agrado de Fury, bastaba considerar los hechos acontecidos hace unos cuantos días para saber que el hijo del conserje no formaba parte del listado de alumnos preferentes del tío de Natasha Romanoff.

—¿Usted sabe dónde podemos ubicar a la señorita Hill? —Intervino el rubio. Fue directamente al grano, no quería perder más tiempo del que ya habían mal gastado.

—Mmm… si no está en el salón de los profesores, la verdad no lo sé.

—Entonces iremos a buscarla al salón de profesores —concluyó Steve, al tiempo en que Bucky asentía con un gesto, estando de acuerdo con la idea —. Gracias, profesor Banner.

Bruce ni siquiera tuvo tiempo de contestar, porque esos chiquillos simplemente desaparecieron de su campo visual. No le quedó ninguna duda de que llevaban muchísima prisa, y eso automáticamente le hizo recordar que los alumnos del noveno grado le esperaban por una clase de química, ya estaba bastante retrasado y no podía darse el lujo de continuar descansando. Tomó su móvil para verificar cuántos minutos tenía de retraso, pero un mensaje en pantalla rápidamente desvió su atención y se vio tentado a leer, el número del remitente era desconocido, pero eso no fue de relevancia para él, pues leyó el mensaje de todos modos, y vaya que se sorprendió al hacerlo.

«Bruce, soy Betty, me conseguí tu número gracias a Frigga, espero que no te moleste. Necesito conversar contigo y pedirte disculpas, en verdad es importante, sé que suena irónico después de que haya sido yo misma quien se negara a eso, pero creo que es hora de que tengamos una conversación seria. Por favor respóndeme, para que acordemos un lugar en donde vernos.»

Leyó el mensaje un par de veces más, necesitando convencerse de que aquello era real, que estaba sucediendo y que no era una nueva trampa de Darcy o algo por el estilo, sin embargo y a diferencia de otras ocasiones, no tenía un mal presentimiento instalado sobre el pecho, sin mencionar que en el mensaje, ella se identificó como «Betty» nombre del cual solamente ambos tomaban consciencia. Sin percatarse y por primera vez durante el día, Bruce sonrió con sinceridad. Metió su celular en el bolsillo izquierdo de su pantalón, teniendo en mente el contactarse con Betty más tarde, por ahora debía continuar con su responsabilidad laboral, pero al menos su estado anímico había vuelto a la normalidad.

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Miró por encima de su hombro hacia el cuaderno en blanco de Natasha, últimamente se había vuelto costumbre no encontrarse con ninguna anotación en los cuadernos de su amiga, quien estaba físicamente a su lado, pero espiritualmente parecía encontrarse a varios kilómetros de distancia.

Mientras la profesora María Hill se desplazaba a lo largo del salón, impartiendo una monótona y nada divertida clase de filosofía, Romanoff no podía dejar de pensar en lo que acababa de ocurrir con Steve en el patio abandonado de la preparatoria. Pepper la miró con preocupación, sabía que ella no se encontraba bien y no le agradaba en lo absoluto verla en ese estado.

En un intento por sacarla de aquella interminable falta de concentración, Pepper golpeó sutilmente el brazo de su compañera de pupitre, la cual no tardó en reaccionar. Por el gesto que la rubia realizó, la sobrina del director comprendió rápidamente a lo que se refería, guió sus ojos verdes hacia su cuaderno, encontrándolo más vacío que nunca, luego observó los apuntes de Potts, cuyas hojas estaban repletas de anotaciones.

Sacudió su cabeza en tanto se pasaba ambas manos por el rostro, debía sacarse de la mente a Steve y también a Clint.

Dispuesta a ensimismarse en los contenidos de la asignatura y de la clase, cogió su lápiz e intentó tomar nota, pero justo en ese momento, la estricta profesora pronunció su apellido, provocando que de forma instantánea, todas las miradas de sus compañeras se posaran sobre su figura.

—¿Señorita Romanoff, se siente bien?

Aquello le tomó por sorpresa, esperaba recibir cualquier interrogante relacionada a los contenidos de la materia, mas nunca imaginó que la joven docente le preguntase algo así. « ¿Tan mal me veo acaso? » pensó avergonzada, detestaba demostrar debilidad ante los demás, no obstante, ya era demasiado tarde para reflexionar en ello, porque a esas alturas, ya todos parecían notar lo abatida que se sentía.

—No… la verdad no —respondió sincera —, ¿puedo salir del aula unos momentos, por favor?

De inmediato se manifestaron los típicos murmullos de las más chismosas del salón, entre ellas Sharon, Sigyn y Sif, pero una mirada fulminante por parte de Darcy fue más que suficiente para que el trío de muchachitas dejasen de hacer comentarios al respecto.

—Claro que sí —la autorizó María —, y si lo estima conveniente diríjase a la enfermería.

—No, no es necesario, sólo necesito tomar un poco de aire.

Dicho eso, Natasha se levantó de su silla y no demoró en orientar sus pasos hacia la puerta. Pepper la vio salir y se negó a permanecer cruzada de brazos sin poder hacer nada por reconfortarla, no pensaba dejarla sola en una instancia así, Natasha claramente no lo haría por ella.

—Señorita Hill… —Pronunció, levantando su mano. La aludida le miró enarqueando una ceja —. ¿Puedo acompañarla?

Pareció meditarlo durante unos segundos, pero finalmente accedió a la petición.

—Está bien —aceptó, con un suspiro de resignación.

Pepper no lo dudó y con velocidad excesiva siguió los pasos de su amiga, habitualmente la profesora Hill no solía ser así de comprensiva, y era mejor huir de la estancia antes de que la seria mujer se mostrase arrepentida.

—Claro… por ser la sobrina del dictador Fury, a Natasha siempre la dejan hacer lo que se le plazca —espetó Sigyn.

—Cierra la maldita boca si no quieres que te saque los dientes de un puñetazo. —Masculló Darcy desde su lugar.

Jane Foster posó una mano encima del hombro de la castaña, incitándola a calmarse y también a guardar silencio, a ella tampoco le agradaban los comentarios tóxicos que esa rubia superficial emitía, pero no era buena idea ponerse a discutir en frente de la profesora cuya fama recaía en ser la más severa de todo S.H.I.E.L.D.

—¿Ya terminaron? —Cuestionó Hill, hablándoles con su característico tono de voz autoritario. Ninguna de las dos jovencitas respondió, formando un incómodo silencio dentro del salón —. Supongo que ambas saben que están castigadas, ¿verdad?

—¡¿Qué?! —Vociferó Sigyn, mientras que su boca se abría de manera desmesurada —. Esto es injusto, fue esa cuatro ojos quien comenzó con la violencia y los ataques verbales, yo sólo hice un comentario.

—El día sábado las esperaré aquí, desde las nueve de la mañana en punto, cabe destacar que el castigo será hasta que yo decida dejarlas ir —estableció la profesora, ignorando por completo las quejas de la estudiante.

—¿Ya no tengo nada que perder, verdad?

María no comprendió aquello que la alumna Lewis dijo, simplemente la vio pararse de su pupitre y caminar en dirección al puesto de Sigyn. Arqueó una ceja al notar que Darcy cargaba en su mano la botella de refresco que había estado bebiendo a lo largo de la clase. Sigyn como siempre le miró despectiva, sin entender el repentino acercamiento que esa tipa tomó hacia su persona. Darcy sonrió mientras destapaba la botella, repentinamente derramó todo el contenido de su coca cola encima de esa presumida chica, quien no demoró en estallar en escandalosos chillidos al sentir como aquel líquido pegajoso ensuciaba su blusa y también parte de su brillante cabellera dorada.

—¡Estúpida! ¡¿Qué le hiciste a mi cabello?! —Gritó horrorizada, se llevó ambas manos hacia las puntas de sus risos y casi se desmaya al palparlos en semejantes condiciones.

—¿Qué demonios te pasa? —Intervino Sharon, enfocando su vista en la agresora de su amiga, ésta se encogió de hombros con despreocupación.

—Si ya me castigaron, entonces que valga la pena, ¿no?

—¡Basta! —Farfulló la profesora —. Carter, acompañe a su compañera al baño más cercano y ayúdela a limpiarse. Y usted señorita Lewis, tendrá cuatro sábados inapelables de castigo, ¿entendido?

A Darcy no le importó, y lo manifestó en la enorme sonrisa que formó en sus labios, no se arrepentía de haberlo hecho, esos cuatro días de castigo valdrían la pena, además, esa estúpida rubia se merecía lo que le hizo, ya era hora de que alguien la hiciera callar y la pusiera en su lugar, así se lo pensaría dos veces antes de decir algo malo en contra de sus amigas.

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Cuando Natasha terminó de relatar su problemática situación amorosa, Pepper comprendió que era mucho más complejo de lo que llegó a imaginar, si ella se sentía confusa respecto a sus sentimientos por Tony Stark sin tener ninguna clase de compromiso con otro chico, no podía siquiera discernir lo que su amiga debía experimentar por dentro al verse en medio de dos muchachos como Steve y Clint, no quisiera estar en sus zapatos realmente.

De pronto el silencio se apoderó de la conversación, ambas permanecían sentadas en el último peldaño de las escaleras que conducían al tercer nivel de la preparatoria, pensativas y ausentes del entorno. Pepper no sabía qué consejo podía entregar, pues sería hipócrita de su parte decirle a Natasha que siguiera lo que dictaminaba su corazón y fuese corriendo tras Steve, siendo que hace un tiempo, fue ella misma la que intervino para que Clint le declarara sus sentimientos, hecho que culminó en el noviazgo que todo mundo conocía en la actualidad. Pero a final de cuentas, y fuese cual fuese su consejo, la decisión únicamente dependía de Romanoff.

—¿Qué piensas hacer, Nat?

—Ojalá lo supiera, Peps… —Botó el aire angustiosamente, en tanto buscaba una postura más cómoda sobre aquella escalera, pero parecía ser una tarea imposible de realizar —. Tengo claro que aún quiero muchísimo a Clint, y que no deseo perder lo que hemos construido juntos, con él me siento segura, y de cierta manera creí que de eso se trataba el amor, pero ahora que conocí a Steve me di cuenta que el amor no se define en qué tan segura te sientas o proyectes con alguien, sino que se ve reflejado en lo que estás dispuesta a entregar por esa persona, y por Steve, sin siquiera conocerlo, fui capaz de desafiar a mi novio y a mi tío sin medir las consecuencias. —Esbozó una sonrisa pequeña —, y pensar que antes decía que el amor era para niños… mírame ahora.

—Yo creo que es bastante evidente lo que tienes que hacer hoy. —La pelirroja entrecerró sus ojos y ladeó un poco su cabeza, ¿qué le quería decir Pepper con eso? —. Sé que no quieres lastimar a Clint, pero tampoco es correcto que sufras y te reprimas por esto…

¿Acaso le estaba sugiriendo que terminara con él? No iba a decir que no lo había pensado, pero tampoco se lo planteó como una opción probable para ese día, después de todo, no podía tomar una decisión tan radical sin meditarlo adecuadamente.

Antes de que pudiese responder a las palabras de su interlocutora, vio como Sigyn y Sharon caminaron con prisa hacia el baño de las chicas, la rubia de cabellera rizada parecía encontrarse más histérica que de costumbre, pues casi al borde del llanto voceó algo relacionado con su «pobre e inocente cabello». El par de rubias transitó delante de ellas sin prestarles mayor atención, cosa que a Pepper y a Natasha ni siquiera les interesó.

—En fin, como decía —retomó Pepper —, creo que tu noviazgo con Clint es la primera carta que debes jugar para terminar exitosamente esta partida.

—¿Me estás diciendo que decida ya mismo si quiero seguir con Clint o no?

Potts asintió con la cabeza, provocando que Natasha formulara una mueca impresionada sobre el rostro, nunca esperó que Pepper le diera un consejo de extrema magnitud, ella siempre procuraba encontrar soluciones alternativas para enfrentar los problemas, pero ahora simplemente le estaba aconsejando irse sin rodeos.

—Tampoco me mal intérpretes, yo no quiero que cortes con Clint, tan sólo estoy siendo realista, y tú misma acabas de decir que por él no sientes precisamente amor, por eso creo que no es correcto continuar con una relación de mentira, ¿entiendes?

—Sí, si entiendo —contestó cabizbaja —, si tan sólo tuviese más tiempo para pensar bien esto, créeme, sería un poco menos complejo para mí.

—¿Pero verás a Clint esta tarde, no? —La rusa cabeceó un gesto afirmativo y Pepper chasqueó los dedos procesando una idea brillante en su mente —. Nat, si no te sientes lista para tomar una decisión ¿por qué simplemente no te das un tiempo para pensarlo bien? Quiero decir… si ambos te quieren y están dispuestos a todo por ti, entonces no les costará trabajo esperar hasta que ya hayas tomado una decisión.

¿Realmente existía un plazo para tomar una decisión tan compleja como esa? Natasha no lo sabía, ni tampoco tenía intenciones de averiguarlo, pero la idea de Pepper no sonaba del todo descabellada, más que mal… sí necesitaba de un tiempo para pensar y analizar paso a paso lo que haría. Aunque claro, nadie podía asegurar que Clint y Steve estuviesen dispuestos a esperarla, pero sencillamente era un riesgo que tendría que asumir.

—Creo que es lo mejor que puedo hacer —Natasha alzó su mentón con expresión decidida —, lo hablaré con Clint esta misma tarde. Gracias, Pepper, en verdad necesitaba que alguien me escuchara y me diera un consejo.

—No hay nada que agradecer, estoy aquí para lo que necesites —articuló dulcemente —. Ah, por cierto, este fin de semana Tony organizará una fiesta en su mansión y…

—Que sea en mi casa —La interrumpió, calmada. Pepper le miró incrédula.

—¿En-en tu casa?

—Sí, eso dije.

—Pero ahí vive el señor Fury, Nat. —Esas palabras se oían bastante obvias, pero la pelirroja pareció no inmutarse en lo más mínimo al escucharlas, cosa que impactó a la de ojos azules —. ¿Tu tío nos dará permiso para eso?

Romanoff sonrió de medio lado con sarcasmo.

—Por supuesto que no, Pepper. Es que este fin de semana mis tíos harán un viaje y no regresarán hasta el domingo en la tarde, así que si deciden hacer la fiesta este viernes por la noche, no tendríamos ningún problema. Además… quiero distraerme un poco. Dile a Tony que organice todo, y que yo los recibiré a gusto en mi casa.

—De-de acuerdo… —tartamudeó, aún sin poder creérselo —. Yo se lo diré a Tony.

Bastó con que Pepper finalizara esa oración para que ambas comenzaran a ponerse de pie con claras intenciones de regresar al salón de clases, pero se extrañaron en cuanto advirtieron a la distancia como dos siluetas masculinas se aproximaban en su misma dirección. Natasha reconoció de inmediato que una de ellas se trataba de Steve, pero no logró identificar al chico que iba a su lado. Cuando su mirada se cruzó con la del rubio, percibió un agujero formarse dentro de su estómago, una sensación que a pesar de ser fuerte, no la sorprendía en lo más mínimo, pues cada vez que lo veía sentía exactamente lo mismo. Apartó su vista hacia otro lado, pero él no la imitó, continuó mirándola sin ser verdaderamente consciente de que en realidad lo estaba haciendo.

Pepper y Bucky intercambiaron miradas cargadas de incomodidad, la tensión entre Natasha y Steve resultó bastante evidente para ellos. Barnes tomó como nota mental interrogar a Steve sobre esa guapa pelirroja más adelante.

—Disculpa, ¿sabes en dónde puedo ubicar a la profesora Hill?

Bucky liberó la interrogante con el objetivo de terminar rápidamente con ese incómodo momento, y aunque nadie lo manifestara en voz alta, todos se lo agradecieron.

—Sí, ella se encuentra en nuestro salón —se apresuró en responder Pepper.

—Gracias, Pepper —Intervino Steve.

Sin agregar nada más, Rogers y Barnes continuaron con su camino, a Natasha se le hizo imposible disimular por más tiempo y fue técnicamente inevitable que no contemplase a Steve mientras se alejaba de ahí en compañía de aquel misterioso muchacho. Él no volteó hacia atrás en ningún momento y aquello de cierto modo a la sobrina de Fury le dolió, esa indiferencia le estaba sentando peor que cualquier otra cosa desagradable que pudiese recordar hasta la fecha. Pero tampoco culpaba a Steve de tener esa actitud, luego de lo ocurrido en el patio de la preparatoria, era comprensible que no tuviese deseos de verla y se sintiera incómodo ante su presencia.

—¿Quién era ese chico que estaba junto a Steve? —Preguntó Pepper.

La chica se encogió de hombros indiferente, por el minuto ese detalle le era poco relevante, aunque no iba a negar que la presencia de ese tipo le causó cierto grado de curiosidad, sin mencionar que aparentaba ser muy cercano con Steve, de seguro se trataba de alguien muy importante para él.

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Natasha y su novio acordaron encontrarse en el parque más cercano a la preparatoria. Clint agradeció llegar a la reunión antes que ella, al menos así tendría más tiempo para meditar y sopesar un poco mejor la situación.

Tomó asiento en la primera banca vacía que vio, una suave briza de viento meció los endebles troncos de los árboles que se encontraban a su alrededor, haciendo que una crujiente y seca hoja café cayera frente a sus botines. De repente Clint sintió muchísimo frío, subió la cremallera de su chaqueta de franela, buscando un poco de refugio en el interior de aquella prenda. Tal vez su baja temperatura corporal sólo se debía a lo nervioso que se sentía.

Un grupo de niños pasó corriendo por su lado, sonreían alegres y despreocupados, aquello despertó en él un culposo sentimiento de envidia, a veces le gustaría regresar a esa época de su vida, en la que sus únicas preocupaciones eran jugar y comer golosinas sin parar. Pero ya comenzaba a comprender que los mejores momentos de la existencia de un ser humano se percibían como algo absolutamente efímero.

No hace mucho tiempo era feliz junto a su novia, no obstante y de un tiempo a otro, aquella hermosa relación sufrió un radical vuelco, y pese a que ambos tenían cierta cuota de responsabilidad, el principal detonante de los problemas fue un tercero: Steve Rogers, quien para su desgracia, también posó sus ojos sobre Natasha, el resto, lamentablemente ya era historia.

Sin brindarle más tiempo para seguir meditando, Romanoff se abrió paso entre los inquietos infantes que a esa hora revoloteaban por el parque, Clint la vio precipitarse hacia donde él estaba e inmediatamente se irguió en su postura, se hizo a un lado dejándole espacio en la banca para que cuando llegase pudiera sentarse a su lado.

Nervioso, tragó saliva y la esperó desde su lugar, captando al mismo tiempo como su desasosiego iba en trágico aumento.

—Lamento haber tardado —se disculpó la joven, al tiempo en que lo besaba fugazmente en la mejilla y tomaba asiento a su lado —. Creí que la clase de Hill no terminaría nunca.

Clint no dijo nada, simplemente se quedó pensativo. Un beso en la mejilla ya era indicio evidente de que las cosas no parecían ir mejorando entre ellos; Natasha estaba cada vez más fría y distante con él, eso no le gustaba para nada.

—No te preocupes, acabo de llegar.

La pelirroja se dio tiempo para admirar el paisaje que les rodeaba, ese parque era el mismo en el que Clint y ella se habían besado por primera vez, el sitio en donde su historia dio el vamos, e irónicamente también sería en donde comenzaría a desfragmentarse. La Natasha de hace un año atrás, jamás hubiese llegado a imaginar que estaría dispuesta a distanciarse de Barton durante un tiempo, pero la vida en definitiva, tenía muchísimas vueltas que dar.

—Clint, necesito decirte algo importante —murmuró, en tanto se acomodaba un mechón de cabello rojo tras la oreja. Gesto característico de ella cuando hablaba en serio.

«Por favor no lo hagas»

El aludido agachó la mirada, sabiendo perfectamente bien lo que Natasha diría a continuación, y aunque se estuviese quebrando en mil pedazos por dentro, juntó las pocas fuerzas que tenía en esos momentos y consiguió alzar su vista hacia ella.

—Tú… tú me pediste que fuera sincera contigo y es lo que pretendo hacer. —La muchacha tomó una de las manos de Clint entre las suyas, sintiendo como su corazón se encogía de tristeza, él era una persona especial en su vida, nunca estaría en sus planes hacerle daño, pero tampoco podía continuar fingiendo que se sentía a gusto con el noviazgo que sostenían —. Lo he pensado mucho y creo que nuestra relación no se merece estar en estas condiciones, así… llena de conflictos e inseguridades. Si continuamos de esta forma, vamos a terminar odiándonos y no deseo eso.

—No, Nat, lo que nos está pasando es normal, todas las parejas atraviesan momentos difíciles, es una simple crisis, pero la vamos a superar; sólo es cuestión de…

—Clint, nosotros necesitamos distanciarnos un tiempo —le interrumpió de golpe.

En cuanto el presidente de la asociación estudiantil la escuchó decir eso, apartó su mano de las de Natasha e inmediatamente se levantó de la banca. Dio un par de pasos vagos frente a ella, respirando con violencia y procurando mantener la calma, pero aquello le estaba resultando bastante difícil de llevar.

Sin descaro alguno ella osaba pedirle un tiempo, siendo que todos sabían que eso era sinónimo automático de «terminemos con esto» ¿por qué mejor no se lo pedía de manera directa y ya? ¿Acaso era necesario sufrir de más?

Iluso, creyó que durante esa charla buscarían solucionar sus problemas, pero el panorama era muy diferente a lo que contempló en primer lugar.

—¿Necesitamos un tiempo? —Preguntó irónico, la joven se mantuvo con expresión intacta, sin manifestar un ápice de tristeza o lo contrario. Natasha en el fondo se sentía tan mal como él lo hacía, pero se esforzó por no demostrarlo, tan sólo se quedó frente a él sin decir nada, cosa que enfureció aún más a Clint —. Más bien eres tú quien necesita un tiempo, Natasha. Yo no necesito pensar nada, tengo muy claro lo que siento por ti.

—Pero yo no, y tú no te mereces esto.

—¿No me merezco qué? —Le cuestiono serio —, ¿acaso hay algo de lo que debería enterarme?

De inmediato llegó a su mente el beso que Steve le dio junto a todas las sensaciones que ello produjo, incluidas también las palabras posteriores a eso, básicamente todas las consecuencias que acarreó el haber conocido a Rogers, y por supuesto que sí, existían muchísimas cosas que Clint desconocía, pero era mejor que jamás tomase consciencia de ellas.

El Castaño volvió a sentarse a su lado, asumiendo a duras penas las complejas circunstancias en las que se encontraba junto a la pelirroja, después de todo lo que habían vivido juntos, le resultaba imposible creer que la relación se estuviese terminando de semejante forma. Deseaba más que nunca que aquello fuese una pesadilla, y que al despertar las cosas volvieran a ser como antes, pero la realidad era cruel, y Natasha estaba cada vez más lejos de él, tampoco podía ignorar eso.

—¿Es por Steve, verdad?

—No —mintió, negando rápidamente con la cabeza y por fortuna Barton pareció tranquilizarse un poco al oírla decir eso —. Nosotros estamos mal desde antes, Clint.

—¿Y por qué nunca me dijiste que sentías esto? —Le cuestionó, enfadado —. Si te sentías así debiste decirlo, podríamos haberlo tratado y no dejar que las cosas llegasen a este punto.

Natasha sabía que tenía razón, sin embargo, fijarse en otra persona nunca formó parte de sus planes, las cosas sencillamente sucedieron… la llegada de Steve Rogers remeció su mundo y no pudo hacer nada para impedir que ocurriera.

Permaneció en silencio, incapaz de poder decir algo para llenar aquel incómodo silencio que se había formado entre ambos, de todas maneras ya no tenía nada más que agregar, cualquier palabra que emergiera de sus labios podría obstaculizar el objetivo que esa charla debía tener.

—Está bien, Nat, si lo que necesitas es tiempo para pensar, yo no tengo derecho a negártelo. Sólo voy a pedirte que, cuando tomes una decisión, por favor sé sincera conmigo.

—Gracias por comprenderlo, Clint.

A pesar de que estuviesen pausando su relación, y mientras ella no tomase una decisión, el dirigente de los estudiantes continuaría siendo su pareja.

La muchacha envolvió ambos brazos alrededor de su novio. Cerró los ojos con fuerza al sentir como él correspondió al gesto, los abrazos de Clint eran su bálsamo, los extrañaría bastante, hundió la nariz en su cuello y con nostalgia depositó un pequeño beso sobre su mejilla.

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Bien lo dejaré hasta aquí porque… porque yolo (?) naaah xD es que ya llevó más de 7000 palabras y creo que es suficiente. Este capítulo no es muy importante, o al menos así lo veo yo, pero es necesario para lo que se viene (¡En el próximo habrá fiesta en la casa de Fury, bitches!) jajajajaja así que ya en los siguientes capítulos regresará el humor, y el romanogers… ¡Ups eso fue un spoiler! Sé que no salieron todos los personajes, pero tranquilos, porque todos tendrán protagonismo a su debido tiempo. (Manejar un fic con tantos personajes no es sencillo XD)

Perdonen por haber tardado tanto, pero estoy en época de exámenes y ya saben, lo primero, es lo primero. De hecho no sé de dónde saqué ánimo para terminar este capítulo hoy, en serio, ando muy agotada, así que si se me pasa algún error, les pido me disculpen, ya pronto estaré corrigiendo. Y bueno, si me demoré también fue porque en mis pocos ratos libres aproveché de ver Daredevil (la serie) y ¡Oh por Dios! Es una obra maestra, lo mejor que he visto en superhéroes hasta la fecha, sin duda se las recomiendo.

Perdón a quien no le haya respondido algún review, en verdad casi ni tengo tiempo estos días :c

Respuesta a Micaela: ¡Micaelaaaaaa! Eres genial ¿lo sabías? Bueno pues yo te lo digo ahora, eres una personita muy linda y no te imaginas cuánto me has animado para continuar con esta historia, has estado desde el comienzo y créeme que yo valoro muchísimo eso, porque eres incondicional y siempre me dejas un bello comentario aunque yo sea un intento de escritora irresponsable que se tarda mucho en actualizar XD En serio, mil gracias. Y sí, incluí a Bucky, yo amo ese personaje y no podía no incluirlo en mi fic jajajajaja en este cap salió mucho más y tendrá mayor protagonismo en los siguientes, así que tenemos Bucky para rato. Ok te presto a Steve para que lo apapaches, pero que no te vaya a ver Natasha jajajajaja el triángulo amoroso se pone cada vez más intenso, queridísima Micaela… yo no sé cómo terminará todo esto jajajajaja Bruce está aprendiendo a dominar a Darcy jajajajaja y tienes toda la razón los chicos hoy en día necesitan limites jajajajajajaj diablos, ya estamos sonando como Fury (?) Amo a Sigyn y a Loki, creo que se nota, en el próximo capítulo se viene mucho de esos dos. Supongo que a estas alturas ya viste la película, ¿no? O si no avísame para no hacerte ningún spoiler.

Cuando estés en la universidad de seguro que te tocará un profesor sensual jajajajaja tienes que ser paciente. Y te deseo mucha suerte en la escuela. Un besote!

PD: ¡Ya tenemos Spider – Man! Y saldrá en Civil War, simplemente no puedo con la emoción, sólo falta que digan que su interés romántico será Mary Jane y mi felicidad estará completa.

Gracias a: mabelen07, Micaela, JeffHardyWWELover, RogerssEvanss, M Bidden, mi hermanita linda y preciosa Vidian, Kuchi-San y a Shade10White.

No recibo muchos reviews, pero los pocos que recibo son los mejores. Gracias infinitas.

Un abrazotote de Oso y nos estamos leyendo.