Primero que nada… esta historia NO me pertenece… es una adaptación pero la verdad no conozco el nombre de la autora real… hehehe… Y en segunda los personajes de Inuyasha, tampoco me pertenecen… son de la grandiosa Rumiko Takahashi…


Capitulo 9

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—No sabía que hablabas tan fluidamente francés—comento ella. Inuyasha le sonrío sensualmente.
—Se hacer muchas cosas—respondió con voz ronca.
— ¿Donde aprendiste?
—Lo sé casi de nacimiento, solo que no lo hablaba mucho en público. Mi madre era mitad francesa, ella me enseño.

Kagome lo miro sorprendida al descubrir aquello nuevo, nunca había pensado que Inuyasha tuviese raíces francesas, pero le parecía absolutamente estupendo aquello.

—Tengo una pregunta—dijo él— ¿Te has puesto las bragas que te di?

Kagome boqueo y miro con una ceja arqueada a Inuyasha. Él dejo salir una risa y luego se aclaro la garganta.

—Cariño, no mal interpretes. Solo respóndeme si lo has hecho—ella asintió con su cabeza y en su rostro se dibujo una sonrisa picara—Genial, en ese caso tengo una sorpresa.

Ella espero, casi curiosa, en saber que seria. Cuando Inuyasha abrió la boca para hablar se acerco un mesero con una botella de vino en un bol lleno de hielo, puso dos copas y sirvió el contenido en ellos para luego irse. Inuyasha espero que estuviese lo suficientemente lejos para hablar, busco en un bolsillo de su chaqueta un pequeño interruptor y se lo mostró a Kagome. Esta lo miro confundida.

— ¿Un interruptor?—pregunto divertida—Vale, esto puede ser lo más raro que me han regalado en mi vida.
—No cualquier interruptor, solo observa... o mejor dicho, siente—guiño su ojo y presiono el botón rojo. Kagome espero con ansia y de un momento a otro un escalofrío traspaso su cuerpo para luego hacer jadear cuando sintió un leve cosquilleo entre sus piernas.

Inuyasha presiono el segundo botón e hizo que la sensación se intensificara haciéndola soltar un leve gemido. Dios ¿Qué demonios estaba pasando? La sensación se volvió más y más intensa haciendo que su sexo palpitara de deseo, pidiendo más y más.

—Inuyasha… deberías...—jadeo y cerro sus ojos— ¡parar!

La dorada mirada de él se poso en ella concentrado mientras observaba como respiraba con dificultad y jadeaba sin control. De repente se sintió avergonzada y excitada al mismo tiempo. Avergonzada porque estaba, prácticamente, masturbándose en un restaurante y excitada por saber que Inuyasha la miraba. Definitivamente se estaba volviendo loca.

— ¡Ah! ¡Dios!—se mordió el labio evitando gemir fuertemente.

Cuando ella sintió que estaba en el borde del clímax, Inuyasha presiono el mismo botón rojo y apago las vibraciones. Kagome gruño. Le envío una mirada asesina y agradeció estar en un lugar apartado.

— ¿Como… has hecho… eso?—pregunto, aun entre jadeos. Su pecho subía y bajaba rápidamente mientras el aire le faltaba a sus pulmones.
—Beneficios de ser un total experto con la tecnología—sonrió triunfador—ahora tu ropa interior tiene un diminuto aparato, que no es fácilmente visible, que envía ondas vibratorias cada vez aprieto este botón. Debería comenzar a venderlo, sería totalmente famoso.
Las olas de calor seguían chocando contra el cuerpo de Kagome y quiso gritar de frustración, aun la fuerte sensación seguía entre sus piernas y estaba absolutamente acalorada.

—Debería matarte—lo amenazo. Él río y guardo el interruptor.
—Tranquila, esto es solo un adelanto de esta noche.

El resto de la cena paso lentamente acompañada por la risa, sonrisa y miradas; traviesas y dulces de ambos.

Inuyasha termino de servir la última gota en la copa de Kagome y le dio un trago a la suya. Kagome miro su copa llena de vino tinto y rio.

—Intentas emborracharme, ¿no es así? Sabes que no lo necesitas para que haga el amor contigo esta noche—dijo con la lengua pesada. Después de cuatro copas se sentía mareada y perdida.

Inuyasha se tenso al escucharla decir aquello. Hacer el amor. Aquellas palabras que había escuchado una vez por la mujer que amaba y lo traiciono volvieron a aparecer en su mente. Palabras que incrédulamente pensó que eran verdaderas, honestas. Palabras que lo lastimaron totalmente.

—Kagome nosotros no hacemos el amor, tenemos sexo. Salvaje, primitivo y normal sexo—le dijo él totalmente serio. La mirada divertida de la azabache se volvió totalmente en decepción. Una parte de ella sintió morirse lentamente al escucharlo decir aquello. Era obviamente que él no sentía—o sentiría—lo mismo por ella. Tomo de un solo trago la mitad de la copa haciendo que el lugar diera vueltas.

—Esto es solo temporal—continuo Inuyasha—Una aventura nada más, no comiences a confundir el sexo con el amor.

Lo que él no sabía, es que era demasiado tarde para ello. Con cada minuto que pasaba, Kagome estaba en acuerdo con una cosa. Empezaba a enamorarse de él. Tontamente empezaba a enamorarse y no estaba dispuesta a hacer algo para evitarlo.

Ella no contesto, se limito a asentir con suavidad. Estaba más que claro que Inuyasha no quería una relación y las palabras de Bankotsu volvieron a cruzar su mente: "No necesito a otra zorra que lo lastime".

— ¿Quién te lastimo?—espeto ella de repente. Él la miro alarmado y el ambiente se torno más pesado.

— ¿Qué?

—Se que hubo alguien antes, no creo que siempre fueras así. Dime, ¿quién fue?

El tono de la voz de ella dulce se torno serio e intento buscar la mirada miel de Inuyasha. Su mandíbula se endureció aun más cuando apareció un tic y apretó los dientes mientras el recuerdo de Kikyo pasaba por su cabeza. En ese momento, quiso pararse y dejar a Kagome ahí, pero sabía que no sería lo justo. Aclaro su garganta y cruzo su mirada con la de ella, los ojos café de la azabache le brindaron confianza.

—Cuando cumplí los veinticinco años...—suspiro—Mis padres murieron en un accidente, estaba en proceso de buscar algún lugar en el cual vivir y encontrar un trabajo ya que mi familia no me dejo algún tipo de herencia y solo tenía un titulo en ciencias que no era muy útil. No tenía nada y solo viajaba en autobuses con un par de maletas con pocas cosas, en uno de los viajes que hice conseguí un lugar donde pasar una temporada, era más como un lugar para personas sin hogar y conocí a una mujer, Kikyo, era dos años mayor que yo y ella logro que me adaptara a mi nueva vida. Me ayudo a conseguir trabajo, conseguir una casa y estúpidamente le pedí que viviera conmigo, con el tiempo me di cuenta que me usaba, solo quería mi dinero y luego la había pillado con otro—Bajo su mirada hasta su copa y la bebió. Kagome lo miro con compasión y poso su mano sobre la de él.

—Que perra—murmuro—No te merecía.

Un extraño sentimiento se apodero de él haciéndolo acariciar la mano de ella con ternura. Curiosamente, le había hecho bien decirle aquello a la azabache, se sentía más relajado y en paz consigo mismo. Su corazón sintió lo mismo haciéndo que un calor agradable se apoderará de él. Cerró los ojos. Demonios, no podía volver a estar pasando. Era un idiota. Volvía a comenzar a enamorarse y tenía todas las intenciones de evitarlo esta vez. Tenía que alejarla lo más antes posible.

—Lo sé—se levanto de su silla, extendiendo su mano—No quiero hablar más de ella ¿Nos vamos?—Kagome acepto su mano y se levanto.
—Vamos.

La puerta principal se cerró atrás de ambos y él se volvió a mirarla con su cuerpo hecho para el pecado y su cara absolutamente angelical. Ella le sonrió con ternura y pasó un mechón de cabello negro detrás de su oreja.

—Gracias por...

Inuyasha cortó sus palabras pegándola contra la pared y atrayendo su cuerpo. Inclino su cabeza y enterró su nariz en el cabello color azabache de ella. El olor a flores y melocotón le impregno las fosas nasales queriendo emborracharse de su aroma para siempre.

—Me encanta tu aroma—murmuro aun con su cabeza enterrada en su cabello.

La beso lentamente desde su oreja, pasando por su mejilla, luego dejando un beso por su nariz y terminando finalmente en su boca. Su beso fue suave, lento y dulce. Sus lenguas comenzaron con una danza entre ambas mezclándose entre sí. Kagome gimió contra sus labios al sentir el sabor de vino aun en su boca y se acerco más a él.

—Me encanta tu sabor—mordió con suavidad su labio.

Una mano de él la acaricio desde su muslo hasta su cintura, la otra se poso detrás de su espalda. La atrajo aun mas logrando que sus rodillas separaran los muslos de ella y sonrió con picardía mientras sus dedos le acariciaban en un movimiento lento y sensual la cintura.

—Me encanta todo de ti—mordió el lóbulo de su oído y la levanto haciendo que envolviera sus piernas alrededor de su esbelta cintura.

La condujo hasta la habitación de él y puso a Kagome en la cama mientras él se quitaba la camisa de botones. La azabache miro con fascinación aquella habitación que contenía un aire poderoso y masculino al igual que Inuyasha con todos aquellos adornos con la combinación de lo antiguo con lo moderno, poso luego su mirada en él y suspiro al ver la primera porción de piel desnuda. La mirada miel de él se torno oscura y Kagome sintió como se derretía.

—Como te odio—él enarco una ceja interrogante—Como desearía que dejaras de hacerme sentir así.

— ¿En qué sentido?

—Con tan solo mirarme haces que me queme. Odio como logras hacer eso con tanta facilidad, no es justo—El sonrió sexymente.

—Y aun no te he acariciado como se debe—la levanto y acaricio su mejilla—Montre-moi ton jolie corps2.

Las palabras salieron de su boca de una manera sensual, suave y ronca. Kagome se estremeció y le fue casi imposible contenerse, lentamente llevo sus manos a uno de los tirantes rojos del vestido y lo bajo con lentitud.

Repitió lo mismo con el otro en el mismo movimiento, Inuyasha gruño y comenzó a quitarle el vestido, con rapidez, primero con sus manos y luego el resto con sus dientes. Cuando Kagome quedo solamente con sus tacones y bragas sintió su cuerpo dominado por una nueva ola de calor que luego se acumuló en sus mejillas, enrojeciéndolas.

—Así está mejor.

La recostó en la cama y la volvió a besar de aquella manera dulce que tan solo él podía hacer y acaricio su cuerpo como si fuera de porcelana. Cuando ella soltó un gemido el sonrió y bajo su mano hasta el centro de su placer. Ella lo detuvo y lo empujo a él en la cama, quedando ella encima de su duro abdomen.

— ¿Qué estás...?—ella poso un fino dedo en sus labios.

—Es mi turno de tomar las riendas—dijo Kagome robándole una carcajada.

Beso y mordisqueo su cuerpo por completo deleitándose cada vez mas de él. Bajo, dejándole besos en su abdomen hasta su vientre, saco con rapidez su cinturón y pantalones para luego liberarlo. Se mordió el labio al observar su erección.

— ¿Te gusta lo que ves?

Se inclino hasta el oído de Inuyasha y susurro, mandando olas de placer a su miembro—No tienes ni idea, cariño.

Cuando lo tomo entre sus manos Inuyasha sintió que todo el aire de sus pulmones lo abandonaban dejándolo solamente con la excitación y sangre corriendo rápida y furiosamente por su cuerpo. Las manos de ella lo acariciaban de un modo que hacia su cuerpo arder en llamas dejándolo hecho cenizas.

La azabache lo beso otra vez fogosamente sin dejar de acariciar su miembro aun más. Abandono sus labios y dejo de acariciarlo para luego volver a posar su cabeza entre sus muslos. Inuyasha suspiro y sonrió al sentir su respiración sobre su longitud ya dura. Ya sabía lo que venía y estaba más que deseoso.

En ese momento cuando espero que Kagome lo tomara entre sus carnoso labios, ella rio y se alejo de un salto. Él la miro perplejo cuando ella comenzó a coger su vestido y acercarse a la puerta.

— ¿A dónde vas?—espeto él.

—A mi habitación, esta es mi venganza por lo del restaurante—le guiño el ojo—Que tengas dulces sueños—Le lanzo un beso y abandono la habitación

Se encontró a si mismo sonriendo como estúpido al conocer su lado juguetón y vengativo. En verdad lo había dejado duro y excitado. Maldita fuera esa mujer ¡lo estaba volviendo loco! Y no de una mala manera. Todo lo contrario y eso era lo que más temía. Si cuanto antes el lograra sacar a Kagome Higurashi de su vida, las cosas no llegarían a complicarse.


Bueno acá la traducción..

2 Muéstrame tu hermoso cuerpo.