N/A. Una un poco más seria... pero poco xD

MACABRO

X. Las baldosas están frías

No puedes caerte del suelo.

Humillantemente, Slytherin había permitido que el resto de Casas ganasen los últimos seis años el campeonato de Quidditch. Con un buscador inútil, que había sido el hazmerreír de todo el colegio cuando en un mismo partido le noquearon tres veces las bludgers, no habían levantado cabeza.

Pero eso ya no se repetiría más. Después de que el buscador se rompiera un brazo (o le rompieran, nunca quedó muy claro) habían tenido que buscarse a un suplente. La superioridad del equipo que tenían, junto a buenos jugadores, les había dado esta vez la victoria.

La Sala Común, silenciosa y fría normalmente, estaba irreconocible. Los fuegos de la chimenea estaban recién encendidos, caldeando al ambiente, aunque poca falta hacía. Las risas y charlas se confundían con los gritos y los cánticos de victoria.

-¿Vistéis la cara de Potter? -se burló Lucius Malfoy, y el resto de Slytherins le corearon con carcajadas-. Habría dado la mitad del oro que tengo en Gringotts por ver esa expresión el año pasado, y os aseguro que es mucho.

-¡Ha estado a punto de comerse el palo de uno de los aros cuando me vio coger la snitch! -Rabastan, bebida en mano, no podía parar de reírse.

-Ahora ya no te ríes mucho, ¿no, Rosier? -preguntó con lengua viperina Malfoy, esbozando una sonrisa engreída. Evan debía de haber sido el único Slytherin que había querido que su Casa perdiese los partidos; lo encontraba tremendamente divertido-.Si quieres el año que viene puedes presentarte a golpeador; el puesto estará libre. Que te cojamos o no ya es otro asunto.

-Prefiero aprovecharme de vuestro trabajo y disfrutar de la fiesta -respondió con calma, un leve retintín en su voz. Levantó la copa para brindar a la salud de Lucius-. Se agradece un cambio después de tantos años.

Lucius le fulminó con la mirada, pero las risas poco a poco fueron apagándose, y Rosier perdió la atención del resto de Slytherins. Decidió alejarse de allí. Su vaso estaba vacío.

La parte que daba a las escaleras de la Sala Común estaba tranquila, todos se congregaban al otro lado. Rosier cogió otra cerveza de mantequilla de la mesa, y picoteó algo de aquí y de allá, sin estar especialmente hambriento.

-¿No te unes a la fiesta?

Evan hablaba a la joven que pasaba a su lado, sin prestarle mucha atención. Iba cargada con libros, e hizo una mueca de aburrimiento cuando su compañero señaló al resto de Slytherins, que ahora cantaban.

-El trabajo de Pociones no se hace solo.

-Te estás juntando demasiado con Lestrange -apuntó Rosier, enarcando las cejas-. Y no queremos eso, ¿verdad? Al menos tómate algo.

-¿Me quieres emborrachar? -Bellatrix miró con suspicacia a Evan, esbozando una media sonrisa, a la que éste respondió con una carcajada.

-No necesito emborracharte -respondió, levantándose de la mesa sobre la que había estado apoyado. Avanzó hacia la joven, la capa rozando sus piernas a medida que se movía-. Al menos las otras veces no fue necesario.

Bellatrix le mantuvo la mirada, desafiante, sin moverse del sitio.

-Te confías mucho -dijo secamente-. ¿Cómo sabes que no voy a rechazarte?

Rosier soltó una carcajada.

-¿Crees que eso me detendría?

-Soy convincente cuando quiero -susurró, con una sonrisa peligrosa.

-Tendrás que esforzarte más. No me creo que vayas a decirme que no.

Respiró sobre sus labios. Le tenía casi encima, exigente, inclinándose hacia ella tanto que al final tuvo que retroceder un paso y apoyar la mano en el respaldo del sillón. Amagaba el beso, insultantemente, con esa imborrable sonrisa burlona en los labios.

Se fijó en sus colmillos, puntiagudos, brillantes por la saliva.

Tuvo que ir a buscarlo.

Más que sus lenguas eran sus manos las inquietas, subiendo camisas y arañando la piel que encontraban. Se mordían los labios, recuperando el aliento, dejando resbalar las manos por sus cuellos y sus nucas. Los dedos de él se hundieron en el pelo de ella, enganchándose, tirando.

Un suave gemido se escapó de labios de Bellatrix.

Evan se río contra el cuello femenino, excitándose aún más por haberle hecho perder el control de aquella manera. Delante de todo ese grupo de petulantes Slytherins.

-Nos vamos a caer -alcanzó a decir ella, cuando sintió que Rosier la hacía retroceder, sin dejarle de acariciar los muslos, subiéndole el derecho un poco para meter la mano bajo la falda.

Otro paso y otro más, pequeños, inconscientes. Black, atrapada entre las atenciones de Evan, no podía echarse hacia atrás para mantener el equilibrio.

El golpe fue sordo, amortiguado por la alfombra. Bellatrix le fulminó con la mirada y se revolvió furiosa bajo él. Eso solo provocó una chispa de diversión en los ojos azules de Rosier, que usó todo su peso para sujetarla contra el suelo.

Presionó con la rodilla sobre su sexo, haciéndola abrirse de piernas.

-Míralo por el lado bueno -siseó, pellizcándole un pezón con fuerza por encima de la camisa-. Ahora ya no puedes caerte.