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La tarde seguía transcurriendo. El científico y su pupilo miraron con expresiones aterradas la puerta de la habitación que había causado intriga, claro que esto era desde la seguridad de su habitación de control. El menor tenía las manos temblorosas sobre el teclado, estaba inmóvil frente a la pantalla. Mientras que el mayor tenía una sonrisa satisfecha plantada en su rostro.
-Doctor… ¿qué les ha pasado? –Inquirió con voz temblorosa, sin poder haber superado el shock.
-La casa ha hecho de las suyas. Eso es lo que ha pasado –Expresó mientras terminaba unas anotaciones con esa enferma sonrisa aún en su rostro.
-¿No deberíamos hacer algo? ¡Les pudo haber pasado cualquier cosa! –Su calma era nula, se volteó deliberadamente en su silla para encarar al mayo, ¡esto no podía estar pasando!
-Sniffles. Esto es el experimento, ¿lo olvidas? Es por esto que trabajamos tan duro este último mes, ni siquiera pienses en abandonar ahora, estamos juntos en esto, lo quieras o no –Su voz era fría y atemorizante. El menor se encogió en su asiento ante sus palabras. Sintiéndose culpable por haber ayudado a crear todo eso.
-¡Pudieron haber muerto! –Dijo de repente externando su peor miedo, el doctor había tenido razón. Incluso ellos habían sido arrastrados dentro de su maquiavélica prueba.
-No a causa nuestra –Defendió seguro de sus palabras que, de hecho, eran totalmente verídicas. Ellos no habían causado su muerte.
-Pero… -Sniffles apretó los puños, la frustración comenzó a colarse en su mente y corazón. Se sintió impotente, por saber lo que pasaría, por no hacer nada al respecto, por no evitarlo estando consciente del resultado.
-No pienses que puedes cambiar lo que ya pasó –Lumpy entrecerró los ojos, retando a su pupilo. Se cruzó de brazos, haciendo que su figura resultara imponente ante los ojos del menor.
-Lo sé… pero, aún podemos evitar que esto continúe –Declaró con la esperanza de hacer entrar en razón al hombre frente suyo. No podía creer que pudiera ser así de… malvado. Lo admiraba, había sido su motivación desde que estaba en secundaria, era él la razón por la que había decidido dedicarse a la ciencia, ¡su pasión, su vida! Y ahora, era ese mismo hombre quien estaba jugando con la vida de inocentes víctimas. No, ya no admiraba a esa persona, estaba convencido de que ya no creía en las promesas que había hecho de un futuro brillante para él y para el experimento.
-Hacerlo sería arruinar todo el esfuerzo, ¿quieres ir a la cárcel? No me hagas recordarte quiénes planearon todo esto. –Aquel peliazul que una vez estaba tan apasionado por la ciencia, que había pasado en vela tantas noches por el bien de las investigaciones, ahora se había convertido en esto. Su arrogancia y excentricidad habían sido su perdición, lenta y definitiva perdición.
Sniffles calló, se formó un nudo en su garganta. Jamás se había sentido tan inútil como ahora. Estaba imposibilitado para hacer cualquier cosa. Porque, pese al dolor, las palabras de Lumpy eran acertadas. ¿Así era como terminaría? ¿Morirían todos uno por uno?...
-Vamos a continuar con esto –Sentenció clavándole la mirada.
-Sí… Doctor –Respondió cabizbajo. No, algo debía hacer, con o sin la aprobación del científico.
Petunia estaba desesperada, lloraba sin consuelo, llenando los pasillos de lamentos angustiosos. A su lado, Handy reposaba, sentado en el suelo, apoyando su espalda contra la pared interminable.
-¡Jamás saldremos de aquí! –Aulló entre sollozos la de cabellos azules.
-No digas eso –Consolaba el peli-naranja, frotando su brazo contra el hombro de la joven para calmarla, aunque no parecía estar surtiendo efecto, pues su llanto no cesaba.
-¡Es así! –Volvía a exclamar con lágrimas inundando sus ojos. Una vez en ese estado, no había vuelta atrás.
Handy hizo una mueca y suspiró pesadamente, ¿había algo que hiciera sentirle mejor? Lo dudaba, tan sólo sentir cómo temblaba bajo su toque le decía lo suficiente.
De repente una ráfaga gélida recorrió el pasillo en forma de una brisa que apenas pudo mover los cabellos de ambos. Sus rostros se viraron casi automáticamente hacia el origen del viento, encontrándose con el mismo panorama que habían visto durante las últimas horas: un interminable pasillo.
-¿Qué fue eso? –Preguntó atemorizada.
-No lo sé… ¿Alguna ventana abierta? –Intentó buscar respuesta creíble y que no fuera sobrenatural, porque la verdad no estaba para pensar esas cosas en ese momento.
-No creo que haya sido eso.
-Vamos a ver, quizás podamos salir por la ventana y volver a entrar por la puerta principal –Esa era la idea más brillante que había podido decir.
Ante la posibilidad de salir de esa pesadilla, Petunia calmó el llanto y le miró sorprendida. Sonrió para sus adentros con una pizca de esperanza invadiéndole. Se secó las lágrimas, levantándose del suelo con energías renovadas.
-No tenemos tiempo que perder –Se le escuchaba algo ronca, pero bien al fin y al cabo.
-Sí –Respondió el otro levantándose de igual manera y tomándole del brazo para trotar en esa dirección. Si ahora tenían esa oportunidad, no la desperdiciarían. La prenda manchada de Petunia había sido olvidada en medio del pasillo.
Continuaron recorriendo el espacio que parecía interminable, pero aquél helado aire les había dado una mínima posibilidad de escape, no iban a dejarla pasar por el miedo, era más fuerte el deseo de escapar que el temor invadiendo cada fibra de su ser.
Parecían estar yendo directamente a la boca del lobo, sólo veían el pasillo extenderse más y más, pero eso no los desanimó en esos momentos, llevaban apenas un par de minutos aún recorriendo el pasaje. Sin embargo, metros más adelante, se detuvieron al visualizar algo que, lamentablemente, no era una ventana. Sino dos puertas que se encaraban entre sí. Obviamente, una debería ir al exterior; mientras que la otra debería ser otra habitación de la casa. Pero no se confiaban en la lógica, ya que ahora nada lo era.
Se miraron entre sí con deje de preocupación. Una fugaz mirada les dijo todo lo que debían saber, cada uno se aproximó a la puerta correspondiente, afirmaron sus manos a cada perilla y giraron estas simultáneamente. Lo que encontró cada uno fue sorprendente.
Estaban parados en el umbral de sus habitaciones, el shock fue tal que no se movieron por unos segundos.
-Petunia…
-Esto no es posible, ¿verdad? No puede serlo –Dijo ella comenzando a temblarle el labio inferior y, con él, sus manos y brazos.
-Entremos para ver –Sugirió él.
-¡¿Estás loco? –Dijo ella volteándose deliberadamente.
-No, pero algo extraño está ocurriendo, deberíamos echar un vistazo.
-Deberíamos irnos –Chilló, sintiendo la desesperación envolverla en sus brazos desgarradores, el abrazo más doloroso jamás.
-Vamos a ver –Insistió él. Sin esperar respuesta, entró en su "habitación", la puerta se cerró de un golpazo apenas entró en ella, dejando a Petunia completamente sola en el pasillo. No hubo más que silencio.
-¿Handy? –No recibió respuesta -¡Handy!
La atemorizada joven prefirió la seguridad de una habitación al temible pasillo en el que se encontraba, su mirada nerviosa iba de aquí para allá. Escrudiñando cada detalle del cuarto, era exactamente igual a donde se estaba hospedando, por no decir que ese era determinado cuarto. Se negaba a creer que hubiera estado en un sitio como este, cuando perfectamente sabía que estaba en la planta de arriba.
La puerta repitió el proceso una vez ella entró, cerrándose estrepitosamente. Petunia estaba en su límite, no aguantaría mucho más en ese estado, con tanta incertidumbre y misterio. El suspenso la estaba matando lentamente, carcomiéndola.
Su habitación no tenía nada de diferente, incluso podía jurar que estaba justo como la había dejado con anterioridad, antes de iniciar con esa locura.
¿Cuántos minutos se había quedado embelesada viendo el cuarto? Lo desconocía. Lo único diferente en ese lugar era el cielo, se veía gris desde la ventana cuando hubiese estado soleado antes. Ventana, ¡una ventana! Petunia corrió hacia ella sin titubear, a través de ella sólo podía ver gris, como si una densa neblina hubiera cubierto todo el rededor. Tocó el cristal y este estaba frío, helado.
Retiró su mano como si el objeto inanimado representara un peligro. Nada parecía fuera de lo común, exceptuando la extraña temperatura, seguramente causada por el también extraño clima. Sin embargo, no podía sentir la humedad, el cuarto estaba más seco que nada, cosa que comúnmente no es malo, pero cuando se niebla de esa manera tiende a hacer mucho bochorno incluso dentro de las casas.
Fue entonces que se percató de que la habitación se sentía especialmente fresca, como si tuviera aire acondicionado, lo cual no era así. Casi se sentía irreal, ajena a la escena en la que estaba puesta, una figura mal colocada en el escenario.
-Tengo que salir de aquí –Susurró de último, volteándose a la puerta o, mejor dicho, a donde solía estar la puerta, porque ahora sólo había más pared con el mismo papel tapiz que el resto de la habitación.
Sus labios temblaron y parecieron articular una frase de la cual no vociferó ningún sonido, se había quedado muda del miedo.
-No es posible –Murmuró- No… No, no, ¡no! –Corrió hasta la pared, tocándola con sus manos, ahí debía estar, apenas hace unos minutos había entrado. ¿Qué estaba sucediendo?
-Handy –Lloriqueó -… ¡Handy! –Golpeó la pared con sus palmas bien abiertas y luego con la parte inferior de sus puños, volviendo a soltar el río de lágrimas. Llamó y lloró hasta que sintió que se quedó sin voz, todo estaba silencioso, la volvía loca la ausencia de ruido, sus sollozos eran los únicos sonidos que irrumpían la habitación sin salida. O sólo con una salida.
Miró hacia la ventana con los ojos hinchados y rojizos, su cuerpo seguía temblando, entre los espasmos del llanto y el miedo, no podía controlar sus reacciones, estaba a merced de sus sentimientos. Se levantó como pudo, yendo hacia la única salida posible. Se suponía que estaban en la planta baja, ¿verdad? Pese a que no deberían estar ahí sus habitaciones. De repente sintió incertidumbre, ya no sabía qué era real y qué era un juego de su mente.
Abrió la ventana, la neblina pareció quedarse estática. Ahora podía sentir el frío húmedo hasta la médula, aspiró un poco más fuerte como reflejo, como para comprobar que de hecho era real. Estiró la mano, la densidad era casi palpable. Así que no era un truco, la niebla era de verdad. Suspiró con evidente preocupación.
Sacó la cabeza al exterior, pero no podía ver nada, no más allá de un metro de distancia, dado que sólo podía ver la pared a los lados. Le dio la espalda a la apertura, sosteniéndose firmemente del borde inferior del marco. Sacó una pierna con cuidado, estirándola lo más que pudo, no alcanzó nada. Sacó la otra, apoyando ambas entre las piedras de la fachada.
Tenía que ser valiente, salir de esta por su cuenta. ¿Estaba abandonado a Handy? No, él lo había hecho primero al entrar en su habitación. Quedó suspendida unos segundos hasta que encontró donde afirmar sus pies. Ahora, a descender.
Con movimientos lentos, fue descendiendo, lastimándose las uñas, rodillas y brazos por los bordes de las piedras. Dolía, pero la idea de poder llegar a suelo firme era más fuerte. ¿Cuánto tiempo estuvo así? A ella le pareció una eternidad, quizás debido al cansancio, quizás debido a la desesperación.
Pero una bella flor siempre termina por marchitarse. El fuerte siempre se vuelve débil alguna vez. Petunia estaba adolorida, la humedad a su alrededor no ayudaba, sólo hacía las piedras más resbalosas. Lo inminente sucedió, la chica de cabellos azules se vio suspendida en el aire cuando una parte de la estructura falseó y cedió ante su peso. Ese fue el fin de Petunia. Cayó entre un cúmulo de rocas que perforaron su piel y dañaron órganos internos, para ella fue un mínimo instante de dolor antes de unirse al depósito de vidas que la casa estaba cobrando.
Sujeto de pruebas número 6. Petunia. Muerta.
Muerte "accidental". Pareció presentar signos de inestabilidad mental en los últimos momentos antes de su última decisión.
Sujeto de pruebas número 8. Handy. Muerto.
Desangre por la pérdida de los brazos. Presentó recalcable calma en todo momento, a causa de la fémina. Estando solo, sus actos se volvieron más descuidados, provocando dicha muerte.
Conclusión: La presión mental genera desesperación, esta lleva al miedo y el miedo es la sentencia de muerte.
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N/A: ¡No me maten! Terrible capítulo lo sé. Sus muertes se me dificultaron un poco, y sólo sentí necesario explayar la de Petunia. A partir de ahora responderé los reviews al final del capítulo, no lo hacía antes porque se me pasaba por completo, no era por no querer. Veamos, los del último capítulo.
Keko8: Asd, créeme habrá mucha tensión en la próxima cena. Sobre todo porque ahora casi la mitad se ha desaparecido. De ahora en adelante el grupo que queda deberá enfrentar más cosas para salir de esta. Gracias por tu comentario y me alegra que estés siguiendo la historia.
Y a todos los demás, los amo por dejarme sus comentarios y, de igual manera, dejarme los reviews, prometo no defraudarlos y llegar hasta el fin con este fic. Cambio y fuera.
