Disclaimer o descarga de responsabilidad: Harry Potter y sus personajes no me pertenecen, pero, damn it I wish I own them. Ron is my broody baby and I love him.
Dark Sennin ¡Gracias por el review! Bueno, creo que todos somos pre-conceptuosos porque es imposible no serlo, nacemos en un contexto determinado y eso siempre va a condicionar nuestra forma de ver el mundo e interpretarlo, lo importante es tratar de distanciarse de eso y no caer siempre en el modelo de pensamiento al que nos adecuamos como nuestra zona de confort mental. Eso es lo que quiero trabajar con Molly.
Guest ¡Gracias por el review! I'm so glad you're still around. Oh, realmente espero leer tu reacción a este capítulo porque trabajo con la dinámica Molly/Cedrella. Con respecto a Sirius, eso queda por verse.
Javi30 ¡Gracias por el review! Sin preocupaciones que sigo de este lado del Velo (estresada y llena de trabajo y estudio, a un paso de ser un inferi, pero viva) y sin planes de abandonar. Todos vamos a extrañar a Cedrella y Arthur... Arthur no está pasando por un buen momento de ninguna manera.
satorichiva ¡Gracias por el review! La situación con los Black es algo que muero por trabajar, pero falta un poco para eso. Creo que nada justifica a nadie, pero con respecto a la historia/interacción entre Molly y Cedrella ninguna de las dos estuvo en un buen lugar, ni actuó de la mejor manera. Amamos a Cedrella (yo incluida) pero no es perfecta, al igual que Molly. Arthur definitivamente la está pasando mal.
Caro ¡Gracias por los reviews! Espero que en este capítulo se aclaren un poco las dudas de como veo la interacción entre los personajes. Canonicamente, Molly no posee ningún trabajo y se encarga del cuidado de La Madriguera, y no tenemos información de que haya querido que sea de otra manera; con respecto a la planificación familiar, no creo que eso sea algo que hayan pensado exactamente y si bien en todos los fics hay fanons y headcanons sobre los métodos anticonceptivos, no sabemos con seguridad cual es el protocolo mágico (¿es una poción, un hechizo? ¿decidieron adecuarse a los métodos muggles modernos? ¿O se manejan por el método de ritmo, de temperatura basal, de Billings o sintotérmico?), es una incógnita a llenar puesto que la educación sexual no es exactamente un punto de inflexión. Es un fic, eso se puede trabajar, pero mi prioridad son las relaciones entre personajes.
Invitado ¡Gracias por el review! Amé escribir esas escenas por lo que es bueno saber que gustan.
High in the halls of the kings who are gone
Jenny would dance with her ghosts
The ones she had lost and the ones she had found
And the ones who had loved her the most
Jenny of Oldstones - Florence and the Machine
Muchas voces los animaban, Ron reconocía entre los pocos abucheos que se escuchaban el familiar timbre de Dean, Seamus, y algunos de sus más cercanos subordinados. Él definitivamente iba a tener una charla con los idiotas, pero más tarde. Ahora, había que probar al pequeño arrogante de su sobrino. Su rostro se dividió en una sonrisa aguda, llena de dientes, que hizo que Teddy se estremeciera levemente a pesar de lo indiferente que tratara de parecer; todavía estaba en la edad en que creía que verse genial significaba que lo era, Ron suspiró levemente porque iban a ser unos años interesantes cuando Hugo llegue ahí.
Oh, esto iba a ser divertido. Harry, la sobreprotectora figura parental que usualmente era, había amenazado con castrarlo si dañaba seriamente al niño; pero eso no iba a funcionar ¿Cómo se suponía que iba a aprender si no sentía que su vida estaba en riesgo? Nadie lo iba a admitir en su cara, pero todos sabían que la razón por la cuál su generación era aterradora en el campo de batalla era porque la misma guerra los había entrenado. Nada te hacía más propenso a aprender que sentir que la muerte te respiraba en el cuello, sus metafóricos dedos rozando la base de tu garganta. Su sonrisa se amplió, las voces en las gradas de la Sala de Entrenamiento bajaron su intensidad. Oh, sí, la mayoría de los idiotas allí conocían bien sus métodos de entrenamiento.
Él siempre había sido partidario del bien llamado "amor duro". Esperaba que Victoire lo perdonara si dejaba una marca o dos en su futuro legal sobrino. Sin siquiera una advertencia, transfiguró una alabarda del piso y se propulsó hacia Teddy, quien claramente estaba esperando por un ataque mágico y no físico, casi chillando para evitar ser ensartado.
Ron rodó los ojos internamente, como si realmente fuera a eviscerar al niño de Harry... solo lo iba a lastimar un poco. Teddy lo miró como si estuviera loco, sus manos aferrando su varita como un salvaguarda. Pobre iluso, su magia no le iba a servir de nada si no aprendía a esquivar y nada era mejor maestro que el dolor.
Miró nostálgicamente a las gradas por un leve instante, antes de volver a concentrarse en Teddy. Su expresión horrorizada lo hizo extrañar los días en que sus propios subordinados solían mirarlo así siempre... Ahora eran los que entrenaban, así que ya no había ni el mínimo atisbo de ese viejo miedo. Sin respeto, todos ellos.
Ron cambió de mano la alabarda para poder guardar su varita. No tenía sentido dejarla libre, porque no iba a necesitar en ese momento de ningún hechizo. Su sobrino lo miró casi insultado, y él le guiñó un ojo, burlón de una forma que cualquiera que pasaba demasiado tiempo con George aprendía a ser. El niño se erizó en indignación y Ron carcajeó por un segundo, como si no usar una varita significaría que iría fácil; Teddy perdió todo color de su rostro cuando antes de que pudiera reaccionar, Ron ya estaba sobre él, el filo de la alabarda brillante sobre su hombro y un leve rastro de sangre corriendo por su mejilla.
Un pequeño corte, una advertencia más que otra cosa.
La patada que barrió sus piernas y lo desestabilizó no lo era. O el niño comenzaba a tomar en serio su primer entrenamiento, o se convertiría en una muy buena representación humana de un queso suizo. El recién graduado de Hogwarts quería ser Auror, y que no se diga que Ron no era amable, pues se había propuesto encargarse personalmente de su entrenamiento.
Iba a hacer del niño un Auror aterrador.
Al final de su primer lección, que usualmente era pública porque los Aurores eran un grupo de magos con una veta un poco sádica que Ron había definitivamente impulsado en sus subordinados - no importa lo mucho que se quejara Susan, nadie podía decir que no eran efectivos en el campo - y no había mayor derrota al ego que estar en el piso sintiéndote como si un Nundú te hubiera arrollado, era la hora del almuerzo. Las gradas se vaciaron rápidamente, Ron miró a su sobrino en todo menos en los papeles y dejó escapar una carcajada.
El niño se veía mal, Harry definitivamente le iba a gritar por unas buenas horas, pero en lugar de estar abatido, derrotado o con los ánimos bajos luego de tal espectáculo - no, Susan, no iba a ser suave con los reclutas, es bueno para forjar el carácter - Teddy sonreía como un loco. Ah, uno de los suyos.
Ginny probablemente iba a golpearlo, diciendo que había corrompido a su bebé. Como sí, Ron bufó internamente, tanto Harry como ella estaban locos y cualquier niño que hubieran ayudado a criar no sería menos. Se acercó al maltrecho nuevo recluta, y le tendió una mano.
Su sonrisa era algo más suave, en esta ocasión, porque Merlín los maldiga a todos. Teddy iba a sobrevivir, y prosperar.
Sus ojos azules, una transfiguración inconsciente que reflejaban el color de Ron, eran puro desafío cuando aceptó el gesto.
Sí, sería un Auror magnifico.
Ron se despertó, su mano extendida hacia un niño que ya no existía y una sonrisa suave que se desvanecía mientras la conciencia se iba haciendo cargo. No pudo terminar el entrenamiento de Teddy, apenas si lo había empezado y aunque estaba seguro que Dean o Seamus se encargarían de él, lo dejaba sintiéndose vacío. La visión de sus dedos extendidos hacia el techo era un poco borrosa, él sintió que sus ojos ardían.
Tal vez necesitara lentes, pensó con sorna, mientras sentía dos líneas cálidas que iban desde la comisura de sus ojos hacia la almohada y su cuello. El hijo de Tonks era tan emocional, probablemente lloraría... tenía un corazón tan blando. Nunca había podido llevarlo a ninguna de sus rondas por Azkaban, que sin importar la falta de presencia de los dementores desde la Batalla de Hogwarts, seguía siendo un lugar deprimente y frío. No ayudaba que todavía tuvieran prisioneros que estuvieron años bajo los efectos de esas criaturas.
Nadie que estuviera en Azkaban era exactamente un santo, pero Ron despreciaba ver el despojo de persona que quedaba de ellos, sus caras demacradas y sus ojos mirando a la nada, sus almas tan dañadas que incluso con hechizos calentadores y mantas, no podían lograr que dejaran de temblar, como si ahora el frío reinara en sus huesos. La primera vez que Ron hizo sus turnos allí, tuvo que retirarse durante una hora para vomitar, sus rodillas temblando y sus puños tan apretados que temía haberse quebrado sus propios dedos, entre jadeos trataba de borrar la vista superpuesta de Sirius allí que su imaginación tan generosamente proporcionaba. Incluso con la venganza siempre presente en su mente y su forma animaga para protegerse, Ron sabía que Sirius siempre estaba helado, como si hubiera dejado todo su calor y buenos recuerdos en Azkaban, en el estómago de los dementores.
Teddy no lo hubiera soportado. Ron apenas si podía, no importa cuánto odiara a todos los residentes de ese tiempo. Dean lo cuidaría en su lugar, nunca había dejado que él se revolcara en la autocompasión, tampoco dejaría que el niño lo hiciera. Ron se sentó en la cama prestada, y miró con cariño resignado a Cedric Diggory, quien babeaba en la cama adyacente que Amos había transfigurado para él.
No tenía sentido preocuparse por una hipotética posible línea de tiempo, tal vez todo se había deshecho luego de que las memorias llegaran a él, tal vez lo que le esperaba era completamente diferente a lo que alguna vez el otro Ron había vivido. Se metió en la cama de su amigo, quien inmediatamente se aferró a él como si de su juguete favorito se tratara, algo que debería molestarlo más pero... Cedric iría a Hogwarts en unos días; ya no solo no tendría un lugar para escapar de Molly cuando las tensiones subieran, sino que cuando el recuerdo de su muerte - Harry gritando sobre un cuerpo frío y tieso, ojos grises bien abiertos, viendo a la nada - lo atacara, no podría escabullirse temprano a su casa y comprobar que seguía respirando. Ron tenía, gracias al desvanecimiento total del otro Ron en su mente, el conocimiento de cómo era la verdadera amistad, lo cálida y reconfortante que se podía sentir.
No eran las conexiones superficiales que su madre los animaba a hacer con los otros niños de Ottery St. Catchpole, tampoco las alianzas tentativas y de doble filo que Cedrella le sugería que formara. Era algo de una naturaleza propia, muy similar a lo que estaba forjando con Cedric. Había aceptado su mano en amistad por puro despecho a los gemelos, esos meses atrás, pero desde la tarde en la que Molly se había encerrado con Cedrella a hablar y el tiempo con su abuela había sido considerablemente disminuido, el vástago de los Diggory había sido un apoyo incondicional. Al comienzo, la naturaleza desconfiada de Ron le hacia dudar de cada gesto de amabilidad, cada sonrisa sincera que Cedric le dirigía, pero pronto se había hecho notar que el niño tenía poco y nada de conocimiento de las alianzas sangre-pura, mucho menos de lo que él había sospechado cuando aceptó su invitación a jugar. Era libre con sus palabras y aun más libre con su cariño, podía ver porque los gemelos se aferraban a su lado, era... diferente recibir afecto de alguien que no estaba impuesto por sangre, que se acercaba simplemente porque quería.
Ron amaba a sus hermanos, siempre lo había hecho, incluso con la amargura y el resentimiento que teñían sus interacciones con Fred y George, o los débiles celos que Ginny le generaba antes; pero era un amor que había nacido de la crianza conjunta, de su presencia constante, de saber que siempre tendrían su espalda y él tendría la suya porque eran familia. Los amaba ferozmente, ahora incluso más, luego de ver que es lo que podría ser de ellos, como podría ser su relación; pero siempre había estado ahí, nunca había faltado.
El amor de Harry, Hermione, Dean, Seamus, todos sus amigos en aquel tiempo que ahora no sería, se había forjado día a día; había nacido por elección, él había caminado ese camino con los ojos bien abiertos, consciente de que a diferencia de su familia, esa amistad podría no ser para siempre y podría romperse, podía ser que algún día se dieran las espaldas, podía ser que el tiempo desgastara sus lazos, no había más que la lealtad de los tiempos vividos y de las risas compartidas. En esta vida, él ya no tenía nada de eso, y lo ansiaba, lo extrañaba de una forma que hacía que su pecho doliera tan fuerte que solo quería acurrucarse sobre si mismo. Cedric le había devuelto algo de eso, solo un poco, porque su amistad era tan reciente que bien podría desaparecer una vez que su amigo fuera a Hogwarts pero eso no quitaba lo agradecido que se sentía con el niño.
A pesar de lo viejo que sus recuerdos lo hacían sentir, como pesaban en sus hombros y embarraban cada acción que él realizara en el presente, se dejó estar un poco más en el agarre de Cedric, bajo las mantas que la señora Diggory había transfigurado. Solo un poco más, antes de tener que volver a su casa y enfrentar nuevamente los tristes ojos de su madre siguiendo sus pasos, que solo causaban que se enfureciera aun más.
Molly no tenía el derecho, por mucho que fuera su madre, a quitarle el poco tiempo que le quedaba con Cedrella; una parte de él, ese sector racional y frío que su abuela había intentado cultivar con esmero, le decía que su madre no sabía que Cedrella moriría pronto, que no era vidente - aunque Ron ahora lo era, pensó con sorna - y que solo intentaba recuperar su relación. Su parte más rencorosa, la que hacía que su lengua fuera una daga y sus palabras veneno, solo quería seguir con su indiferencia. Era lo máximo que podía permitirse porque incluso cuando estaba completamente furioso con su madre, no podía ser deliberadamente cruel con ella, no cuando los años de recuerdos atrapados en su cabeza le decían exactamente lo fácil que sería hacerla desmoronarse. Ron la amaba, a su confusa y triste manera; al igual que ella lo amaba, a su avasalladora y sobreprotectora manera. Y eso lo empeoraba, porque incluso si la amaba, Ron se las había arreglado para convertirse en un extraño en el transcurso de unos pocos años y la brecha entre ambos no parecía dejar de ampliarse incluso ante los intentos de su madre de aferrarse a los deshilachados extremos de lo que su relación alguna vez fue. Era... demasiada expectativa y muy poca comprensión, de ambas partes, y Ron se estaba asfixiando.
Él había ansiado, durante años, tanto en esa vida como la otra, su atención y su amor; pero no a costa de su abuela, tampoco a costa de su libertad de acción. Sabía que si se entregaba a lo que Molly quería de él, si dejaba de lado todo lo que Cedrella había intentado enseñarle, se perdería a si mismo. Ya no podía ser el niño ingenuo y feliz que Molly quería que fuese, los recuerdos habían influido en él y había interiorizado demasiado las enseñanzas Black para que eso ocurriese. En ese sentido, el amor de Molly era doloroso; prometía calidez y una seguridad que no existía en el mundo real, traía consigo la memoria eterna de refugiarse en sus brazos y pensar "estoy a salvo, nada me puede dañar ahora", pero eso era solo un dulce sueño que jamás se realizaría, no para la generación en la que él había nacido y no para la persona en la que él se había forjado. Molly esperaba cosas de él que Ron sabía jamás podría cumplir, ya no y eso lo lastimaría incluso sin querer hacerlo.
Y esa era la principal razón por la cuál sabía que el amor de Cedrella era más amable, gentil en su simplicidad, ella solo quería que él viviera y le entregaba todas las herramientas para lograrlo. Su abuela nunca le iba a mentir para protegerlo, porque su forma de hacerlo era endurecerlo contra el mundo. Ron lo entendía y también la perdonaba por ello.
Pensar en eso no lo enojaba, solo lo ponía triste. ¿Era.. era así como iba a ser todo?
Un ronquido ahogado de Cedric lo distrajo de sus sombríos pensamientos, y cuando el niño comenzó a babear en su cabello, no pudo evitar la risa tranquila que dejó escapar y salir de la cama.
Era hora de enfrentar nuevamente la realidad.
Molly estaba agotada, y comenzando levemente a arrepentirse. Solo habían pasado dos meses desde su charla con Cedrella, donde había impuesto lo que ella pensaba era lo mejor para todos; pero Ron ni siquiera la miraba, y rechazaba fríamente cada gesto de cariño, era incluso peor que antes porque parecía que su hijo estaba cada vez más lejos de ella. Arthur intentaba crear un puente entre ambos, tratando de que se comunicaran, pero su niño nunca parecía más lejano que cuando su esposo lo instaba a hablarle; tampoco podía estar todo el día con ellos, pues había tenido que tomar pequeños trabajos extras para mantener los futuros gastos de los niños. Solo faltaba un año para que Fred y George iniciaran Hogwarts, y solo tenían la túnica de Bill de sobra, pues Charlie y Percy aun hacían uso de las suyas.
Ginny y los gemelos aliviaban su corazón, sintiendo su tristeza, los niños habían comenzado a distraerla cada vez que Ron le daba la espalda. Pero incluso eso era negativo, ella no era ciega a cómo los ojos de los gemelos se veían cada vez más molestos cuando se mencionaba a Ron, o el desdén con el que habían empezado a tratarlo, o como Ginny parecía cada vez más en conflicto entre ella y quien Molly sabía era su compañero en el crimen.
Ella solo había querido recuperar a su hijo, y solo había separado más a su familia. Incluso Arthur, quien parecía haberla perdonado por su decisión, actuaba cada vez más silencioso y sus ojos más tristes, como si desde la noche en que la había encontrado aferrándose a la vieja manta de Ron hubiera llegado a un entendimiento, uno que lo hacía infeliz. Molly creía que su distancia era incluso peor que la de su hijo, porque seguía justo a su lado, sus besos aun llenos de amor y sus sonrisa tan cálidas como siempre, pero su mirada se había apagado.
A pesar de la prohibición de ir a la casa de Cedrella fuera de los días asignados, Ron parecía nunca estar en "La Madriguera"; si podía, dormiría en la casa de los Diggory, y Molly creía que si hablara con Amos al respecto, cualquier posibilidad de que la relación con su hijo de arreglara moriría allí.
No le quedaban más lágrimas para llorar, ni más fuerza para pelear. Pensó amargamente que, incluso si Cedrella ya no veía tanto a Ron como antes, su suegra había ganado un juego que ni siquiera era consciente de que estuvieran jugando.
Escuchó la puerta delantera abrirse, y supo que Ron por fin había llegado. Estaba cansada de su rechazo, agotada de su indiferencia, así que no se levantó a recibirlo, no tenía sentido si él no quería su recibimiento.
- Tan decepcionante como siempre, tendría que haberlo esperado de la hija de Guinevere - Escuchó la voz de una mujer, e inmediatamente se paró de su silla con la varita en mano.
Como si invocada por sus pensamientos, allí estaba Cedrella. Sus ojos plata, dos témpanos helados; no había burla en su expresión, como sus palabras podrían haber indicado, y parecía incluso mayor que hace dos meses. Las pocas arrugas que su rostro había llevado parecían haberse duplicado y su cabello, siempre arreglado en un moño severo, ahora yacía suelto en ondas a su alrededor.
- No hables así de mi madre, no tienes derecho - dejó escapar antes de pensarlo dos veces, su sola presencia siempre la alteraba.
- Ah, ¿Así que yo no tengo lugar para hablar de tu madre, pero tu si puedes usar tu boca ponzoñosa en mi contra? - La mujer arqueó una ceja, y Molly sintió sus mejillas sonrojarse.
Se resintió de cómo incluso después de tantos años, aun la hacía sentir como una niña traviesa. Pero no lo era, Molly era una mujer adulta y ahora podía defenderse.
- Nada que no fuera cierto - replicó, volviendo a sentarse más erguida en esta ocasión.
Cedrella se sentó frente a ella, en la silla del otro lado de la mesa. Si Molly fuera más valiente, se quejaría en voz alta de su descortesía, pero creía que sus nervios no lo aguantarían. Su suegra la había atrapado con la guardia baja, y no podía evitar sentirse acorralada a pesar de estar en su propia casa.
- Nada que tu madre no considerara cierto, y probablemente te susurrara al oído - Molly se tensó en su lugar - No es bueno hablar mal de los muertos, pero tu madre siempre fue una bruja infeliz y rencorosa.
- ¡No sabes nada de mi madre! - Espetó con fuerza, cómo se atrevía esa mujer a llegar a su casa sin invitación y hablar mentiras sobre su madre.
Cedrella solo le sonrió fríamente.
- O tu no sabes nada de ella - Dijo después de un silencio pesado - ¿Sabías que yo estaba comprometida con Auriga? Luego de que escapé con Septimus, sus padres arreglaron rápidamente otro compromiso para él y tu madre fue la afortunada bruja que tuvo que salvar la vergüenza de la Black fugitiva. Oh, ella seguro que no se quejó vocalmente sobre el matrimonio, pero yo asistí a Hogwarts con ella y Guinevere tenía sus ojos puestos en el buen Harfang Longbottom. Buena madre podrá haber sido, esposa obediente también, pero a que no adivinas con quien se casó su amado Harfang.
Molly se quedó callada, sus manos en puños sobre su regazo. Eso no podría ser, sus padres se amaban, ella lo sabía. Sus labios temblaron, porque recordaba la añoranza de su madre cada vez que cuidaba de su jardín y la tristeza de sus ojos al hablar de Hogwarts. No quiso responderle a su suegra.
- Oh, sí, se casó con una Black también, mi hermana Callidora, de hecho - La sonrisa cruel de Cedrella se desvaneció - No te estoy diciendo esto para romper tus tontas ilusiones sobre Guinevere, pero quiero que entiendas por qué me despreciaba, por qué odiaba tan fervientemente a los Black.
- Mi madre está muerta, no puedo comprobar nada de eso - Molly se recompuso - Ni tampoco quiero. Mis padres se amaban, incluso si tal vez al principio no, su amor surgió. No tiene sentido discutir al respecto.
Cedrella la miró de arriba abajo, sus afilados ojos atravesando cualquier fachada de calma que Molly intentara construir. Tal vez su madre solo había hablado venenosamente de los Black por despecho, pero seguro que el resentimiento de Molly hacia Cedrella era real.
- Escucha, poco me importas, no has hecho absolutamente nada para ganarte mi cariño, todo lo contrario - Las palabra de Cedrella eran duras, al igual que su mirada. - Definitivamente no hay amor perdido entre nosotras, pero Arthur es mi hijo, Ron es mi nieto, y ahora mismo, los estás alejando.
Molly se estremeció ante la facilidad con la que lo decía. Incluso ahora, las palabras picaban.
- ¡Ja, como si eso no fuera justamente lo que querías! ¡Todos estos años, no has hecho otra cosa que humillarme! Acabas de decirme que no me quieres - La voz de Molly temblaba, pero su mirada era constante sobre Cedrella.
- No, si fuera por mi, mi hijo nunca se hubiera casado contigo - Su suegra seguía siendo tan cruel como siempre - Pero lo hizo, y junto a ti, me dieron seis hermosos nietos a los que no dejaste que me acercara.
- ¡Yo nunca...
La mirada de Cedrella la cortó en seco.
- No nos hagamos las tontas, sabes muy bien que aunque no les dijeras nada, los niños imitarían tu comportamiento. Probablemente lo encontraste irónicamente satisfactorio ¿No es así? - Molly se encogió en su lugar, pues parecía que su suegra estuviera sacando sus más oscuros pensamientos a la luz. La mujer Black no se perdió el gesto, y la sonrisa que le siguió podría haber sido casi de aprobación - Fue una buena manipulación, algo que no había esperado de ti, eso es seguro. Pero no es a lo que me dirigía, sino a que así como yo no puedo cambiar el hecho de seas la madre de mis nietos, no puedes cambiar el que sea su abuela.
Cedrella se hundió en su lugar, una mano cansada pasando por su rostro. Molly se removió indecisa en su lugar.
- Escucha, no me gusta dar consejos a quien no los desee - La mujer la miró frustrada - No, mejor dicho, no me gusta ayudar a alguien que me gustaría que desaparezca. Pero mi hijo y mi nieto te aman, a pesar de su enojo, no pueden dejar de amarte. Arthur lo hará, por mucho que tu desprecio a los Black lo lastime, y Ron lo hará, incluso cuando desea que su furia lo haga desaparecer. Como si la ira hiciera que el amor se vaya.
Molly se quedó en silencio, esperando lo que quisiera decir.
- Así que deja de poner tanta resistencia con respecto a que me encargue de Ron, se que no quieres saber nada al respecto, me lo dejaste en claro esa tarde, pero el límite de tiempo se me está acabando.
- ¿Quieres que me ponga a un lado? ¿Que me quites a mi hijo? ¡Es mi hijo, Cedrella, no tuyo! Es mi deber criarlo lo mejor que pueda, y honestamente, no me gusta lo que puedas enseñarle.
- ¿Incluso si lo ayuda a sobrevivir?
Molly se quedó quieta en su lugar. Y se obligó a respirar, no, la guerra ya había terminado. Ninguno de sus hijos necesitaban de esas enseñanzas.
- No necesita ayuda para sobrevivir, él... los conflictos ya terminaron - Dijo lo más decisiva posible. La mujer Black la miró casi con piedad, y ella quiso escupir a sus pies.
- No seas ingenua, Molly - No fue una burla, fue casi una orden y ella no pudo evitar indignarse - No me mires así, sabes que mientras los magos vivan, conflictos habrán. Y Ron necesitará de todo lo que pueda darle, y yo... no estaré aquí, para cuidarlo.
Molly se petrificó. ¿Qué acababa de decir? Cedrella la miró, sonriendo astutamente.
- Sabes muy bien que mi salud se ha deteriorado, no dudo que incluso le hayas rogado a Morrigan que me llevara rápido - Molly la miró sin comprender, negando como si no pudiera creerlo, porque sí, era consciente de que Cedrella no había estado en su mejor momento pero eso no significaba... Cedrella no... solo había sido un pensamiento pasajero - Oh, niña tonta ¿realmente el rencor te ha cegado tanto?
Dos manos suaves acunaron su rostro y Molly, pensó algo ausente, que su toque no debería ser ni remotamente tan reconfortante como lo era. Lo odiaba, despreciaba como incluso si habían dejado en claro que no eran nada la una a la otra, había un recoveco en ella que quería llorar; algo - muy pequeño y descuidado - dentro de Molly, quería aferrarse a la mujer mayor como después de la guerra, negarse a soltarla porque cómo se atrevía a irse tan fácil, todavía no habían terminado.
- No eres difícil de amar Molly Weasley... si lo hubieras pedido, si ambos lo hubiesen pensado mejor - Las manos de Cedrella en sus mejillas eran cálidas, y se sintió como una pérdida cuando la dejaron ir - Te habría amado como a una hija, si me lo hubieras permitido. Pero no lo hiciste, ni tu, ni Arthur, y ahora debemos vivir con esas elecciones. Tus hijos deberán vivir con esas elecciones.
Tus hijos.
Oh, por Morgana. Ron lo sabía.
Los dedos de Molly temblaron mientras los apoyaba sobre su mejilla, como si intentara replicar la calidez que Cedrella había dejado atrás, y trató que su mirada transmitiera la pregunta no dicha, porque sentía que su voz no saldría estable. Porque Cedrella se estaba muriendo, y Molly no sabía como procesar eso.
Su suegra la leyó como si fuera un libro abierto, como si conociera todo lo que Molly era y sería, y se molestaba en esperar una respuesta de ella por mera cortesía. Su padre solía ser de la misma manera, pero siempre había ignorado la comparación entre ambos porque implicaba que veía a Cedrella como alguna especie de figura parental y no podía permitirse pensar así.
Te habría amado como a una hija, si me lo hubieras permitido.
No era tan fácil, ella estaba segura. No lo hubiera sido jamás.
Cedrella asintió con suavidad y Molly se derrumbó. Por supuesto que su hijo la odiaba, le estaba arrebatando lo poco que tenía de su abuela en quien sabía cuanto tiempo. Ella quería preguntar, sacudir a la mujer y exigirle respuestas a las que no tenía derecho porque siempre había dejado en claro cual era su relación. Rechazó el impulso de enterrar el rostro entre sus manos, no mientras su suegra estuviera allí, pero no pudo evitar el pequeño sonido roto que escapó de su boca.
Nadie le había explicado, ni Arthur, ni su hijo. Ella no tenía el don de la visión, incluso si corría por su sangre, no entendía la desesperación en la mirada de ambos, porqué tanto escándalo si solo estaba reduciendo los días no le estaba prohibiendo totalmente verla.
Pero... es casi como si lo hubiera hecho. Porque Cedrella no estaría mucho mas de este lado del velo.
Merlín, que desastre.
Una mano peinó suavemente su cabello, Molly tuvo que luchar visiblemente para no estremecerse y el toque vaciló. Cuando enfocó su vista en Cedrella, creyó por primera vez ver algo de vulnerabilidad en ella, pero en lugar de retirarse de la amabilidad inusitada, cerró los ojos en complacencia.
Te habría amado como a una hija, si me lo hubieras permitido.
Era tarde, parecía que Molly llegaba tarde para todo lo que era realmente importante. Y tuvo que acallar el sollozo que amenazaba con estallar.
Ahora debemos vivir con esas elecciones.
- A veces, te miro y me veo - Molly tuvo que luchar por no reaccionar ante la confesión susurrada - Y nunca fui amable conmigo misma.
Era una rama de olivo, a su manera, la única disculpa que iba a recibir. Y ella ya no tiene fuerzas para seguir negándose, no cuando está tan cansada de estar enojada con su suegra, no cuando no sabe cuánto va a poder escucharla.
- Me hiciste sentir que no importaba lo que hiciera, nunca sería suficiente - Cedrella no deja de acariciar su cabello, pero Molly cree que la mujer se tensó - Pero parece que no dejo de hacerle sentir lo mismo a las personas que amo, así que no estoy en posición de juzgar.
Por un momento, ella se permite fingir que los años de conflictos no existieron, se deja abrazar por la ilusión de una vida en la que este instante de comprensión entre ambas siempre existió. Que el día de su boda, Cedrella estuvo allí para trenzar su cabello de forma tradicional, en lugar de haberlo hecha misma porque Guinevere tampoco estaba allí; que cuando no sabía que hacer después del nacimiento de Bill, pudo encontrar resguardo en los consejos de su suegra, en lugar de aprender por prueba y error - varias crisis emocionales en medio - al no tener idea de cómo cuidar de su primer bebé. En dónde no tuvo que vivir casi en una inseguridad constante debido a la mirada cruel de la mujer, y sus palabras eran más amables que el veneno al que se había resignadamente acostumbrado; dónde su resentimiento no había hecho un decadente hueco en su pecho que hedía a algo que se asemejaba al odio y ese peso le permitía respirar tranquila. Que las elecciones de los tres, Arthur, Cedrella y ella misma, no habían culminado en el amargo sabor de los "hubiera". Un tiempo y un lugar, dónde la mujer Black acariciando suavemente su cabello en consuelo podría haber sido un gesto cálido y tranquilizador, que disfrutaba libremente porque no pendían entre ambas años de interacciones tensas y heridas abiertas.
La ilusión la abandonó tan rápido como llegó. Molly tomó temblorosamente la mano de Cedrella y la alejó de sí, porque ella iba a vivir con sus elecciones. Su suegra aceptó la acción por lo que era y no tomó ofensa, simplemente volvió a enderezarse y su mirada a afilarse.
- Tu hijo no te odia, eres su madre - Molly vio casi con admiración desapegada como su suegra lentamente volvía a colocar sus muros, altos como montañas, alrededor de si misma - Puede llegar a resentirte, pero ambas sabemos que tiene un corazón amable y una mente lógica. Con el tiempo, y una vez que su temperamento se asiente, va a razonar que tu accionar no tiene relación con mi futura muerte.
Molly no pudo evitar burlarse ligeramente, estratégicamente ignorando la facilidad con la cual la mujer hablaba de su deceso. Todavía no quería tratar con ese nido de avispas mental.
- Su temperamento es igual que el mío, serían unos años muy incómodos antes de que se "asiente" como dices - Ella suspiró - No creo que pudiera lidiar con eso.
Cedrella se enfocó en ella como un halcón en su presa, sus cejas arqueándose inquisidoras.
- ¿Serían? ¿No serán?
Molly se enfrenta a su mirada sin titubear, a pesar del claro desbalance emocional que parece estar procesando.
- Serían - afirma determinada.
La mujer Weasley se cuestiona cuán despiadada piensa su suegra que es, que no le permitiría a Ron pasar el poco tiempo que le queda a su abuela con ella; no sabiendo lo importante que es para su hijo, cuánto la necesita. Cuánto ella lo necesita, queda tácito flotando entre ambas.
- Pero Cedrella - Molly atrae la atención de su suegra e intenta dejar su punto bien en claro - No puede volver a ocurrir lo de hace unos meses, nunca más. No puedes llevarte a mi hijo durante tres días sin ningún tipo de comunicación directa entre nosotras y esperar que reaccione positivamente, soy consciente de que nunca lo dañarías pero preocuparme por su bienestar es básicamente mi trabajo, no puedes... simplemente no.
La mandíbula de Cedrella se tensó y Molly se maravilló de la pequeña grieta en su fachada, la demostración de enojo porque la mujer estaba claramente apretando los dientes.
- Eso fue una excepción - las palabras bien podrían haber sido arrancadas de la boca de la mujer.
- No más excepciones, entonces - Hizo una pausa - Ron tiene libre albedrío de ir cuando lo desee con la condición de volver al anochecer, y además tengo otra petición...
Los ojos de Cedrella le advertían silenciosamente que no presionara su suerte, pero Molly no iba a cambiar de opinión con respecto a ello.
- Me gustaría... me gustaría que me enseñaras algunas de las cosas que Ron ha aprendido durante estos años, no soy una Black - Ella decididamente ignoró el murmurado "y gracias a los dioses por ello" que se escapó de la boca de su suegra - Y aunque me agrada pensar que mis hijos tampoco, son los hijos de Arthur así como tus nietos y no puedo cambiar ese hecho. Tal vez ellos nunca sean capaces de abrazar esa parte de si mismos totalmente, lo que probablemente sea culpa mía, pero quiero... quiero que tengan algo, cuando... cuando te vayas.
La voz de Molly tembló ligeramente al final pero Cedrella no fue misericordiosa.
- ¿Por qué? - y su tono no contenía furia ni curiosidad, era una refutación disfrazada de pregunta. Esas dos palabras contenían años de frustración.
Por qué ahora, por qué no antes, es esta una nueva forma de burlarte, por qué, por qué, por qué.
Molly las sentía como puñaladas.
Te habría amado como a una hija, si me lo hubieras permitido
- Para que sepan quienes son, de dónde vienen y quienes podrían llegar a ser. - Era tarde, no había manera de reconstruir el puente que tan fervientemente habían quemado, pero era su forma de despedirse en buenos términos - Para que entiendan que son suficientes, sin importar lo que yo o el mundo les diga, incluso si... incluso si eligen seguir un camino que no entiendo y, tal vez, tener algo de su herencia Black los ayude en sus futuras elecciones. Para... para vivir una vida sin arrepentimientos.
Cedrella la examinó, como si midiera la veracidad de sus palabras y Molly no tenía más para dar que una mirada firme. Quiso decir todo lo que dijo, porque esa era ella viviendo con sus elecciones.
Su suegra asintió y se dio la vuelta para retirarse.
Antes de que lo hiciera, Molly creyó ver por un segundo la misma sonrisa que le entregó años atrás, efímera y aprobadora.
Miró sus manos, callosas por el trabajo doméstico y la poca vanidad que podía permitir en su vida. Y negó con la cabeza.
Una vida sin arrepentimientos, creía que le gustaba el ideal.
Bueno, espero que lo hayan disfrutado. Los reviews son amor.
