Annabeth
Los días en este lugar eran de lo más extraños. Miraba a mis amigos que había perdido en la guerra, y de algún modo, no eran los mismos. Su forma de actuar era diferente. En algunas cosas eran muy similares, pero en otras eran completamente diferentes. Supongo que nuestras decisiones di definen quienes somos, porque este lugar se trataba de eso, de que sería lo que pasaría si hubiéramos tomado la otra opción.
Después de mi plática con Luke, todo se había vuelto algo tenso entre nosotros. Supongo que el que le recordara a su novia que lo iba a dejar no era algo muy bueno. Pasaba más tiempo con Thalía, lo cual era bueno, podía ver a la que una vez había sido mi familia unida de nuevo, el único problema, es que no me sentía bienvenida.
Con el paso de los días mi estado de ánimo comenzó a empeorar, me encontraba irritada por cualquier cosa, sentía coraje reprimido, rabia, y sabía muy bien en que Diosa enfocarlo: Hera. Nunca fue mi Diosa predilecta, pero últimamente se estaba ganando mi desagrado con pulso, parecía que hacia puntos.
Jackson en ocasiones ayudaba a distraerme, otras veces simplemente me recordaba que yo no pertenecía aquí. Sin embargo, formamos una especie de amistad, a pesar de que era muy diferente al Percy al que estaba acostumbrada, el era agradable, una persona fácil de llevar.
Una tarde, mientras estaba sentada en la playa, simplemente viendo las olas irrumpiendo en la arena, Luke se sentó conmigo en silencio, simplemente observando el atardecer.
-¿Qué deberíamos hacer? – preguntó, irrumpiendo en la calma.
Sabía a lo que se refería, pero simplemente no estaba lista para hacerlo aun.
-Creo que es hora de seguir adelante. – dije finalmente.
-No sé si debería, no estoy listo aun.
-Es hora de afrontar la verdad. No voy a regresar, Annie no va a volver. Creo que deberíamos seguir adelante.
-¿Tú crees que es lo correcto? – preguntó, mas para sí mismo que para mí.
-Creo que es lo correcto, aunque no sea fácil.
-¿Por dónde empezar?
-Podrías empezar a aceptar que no va a volver, eso no es algo fácil. – sugerí.
-Ya lo acepté – aclaró –, es solo que, ¿crees que es muy pronto para salir con alguien? – preguntó.
Mil pensamientos vinieron a mi mente. Ninguno de ellos era agradable. Yo aun no estaba lista para dejar ir a mí sesos de alga, no podría comenzar a salir con Luke, no ahora que me había dado cuenta que lo que había sentido por él era solamente algo platónico, algo que se había basado en la admiración solamente. Yo no podía comenzar algo con él. Tal vez, en el pasado, antes de que todo cambiara, esto habría sido mi sueño hecho realidad, pero no ahora, no ahora que sabía lo que sentía realmente.
-Luke – comencé quedamente, buscando las palabras adecuadas –, no creo que esté lista para una relación tan pronto. Sé que quieres a Annie de vuelta, pero comenzar algo conmigo no va arreglar nada, ella y yo no somos la misma persona, yo no tengo las cualidades que te gustan de ella – suspiré –. Eres un chico muy guapo, Luke, estoy segura de que muchas chicas querrían estar contigo, eres un gran amigo, y una excelente persona, pero tú y yo no funcionaríamos como pareja – expliqué –. Me alagas en serio, pero no creo nosotros deberíamos estar juntos, no es ese sentido.
Me miró como si me hubiera salido una tercera cabeza y comenzó a reír, a reír enserio. Carcajadas inundaron mis oídos, dejándome atónita.
-Annabeth – dijo apenas comprensible por las carcajadas – no te ofendas, pero no me refería a ti.
Fruncí el ceño. No entendía nada.
-¿Entonces por qué me preguntas a mi?
-Porque eres la única que pasa lo mismo que yo en estos momentos. – explicó más serio.
-Oh.
El silencio reino nuevamente. No sabía que decir, me sentía avergonzada por haberle dicho que era guapo, eso él lo sabía con solo mirarse en el espejo, no había necesidad de que se lo recordara.
-Es Thalía – dijo de la nada –. Me gusta, siempre he sentido atracción por ella, desde que nos topamos cuando éramos jóvenes, éramos amigos y todo eso. Éramos muy cercanos, fui la única persona con la que realmente hablo de su familia y de la muerte de su… – inhaló profundamente –, como sea, cuando Annie llegó era adorable, simplemente no podía apartarla de mi lado, a pesar de que era muy joven, la cuidaba como si fuera una hermana, pero ella y Thalía chocaban mucho, eventualmente me fui separando de Thalía hasta el punto en que apenas nos hablábamos, pero nunca dejé de quererla. Supongo que Annie lo sabía, puede ser muchas cosas, pero ella es muy intuitiva, por eso no me dejaba solo con ella. No la culpo. No me malinterpretes, la amo, pero antes de todo esto, las cosas habían cambiado entre nosotros, simplemente habíamos cambiado. Lo que hemos compartido no lo cambiaría por nada, ¿pero es justo que viva en torno a su recuerdo? ¿Ella no querría que fuera feliz aunque no fuera con ella? Yo lo querría, si fuera al revés, desearía que ella encontrara a alguien que la hiciera feliz.
-Entonces creo que mereces ser feliz – dije finalmente –. Creo que deberías seguir adelante sin sentir culpas o remordimientos. Creo que ella desearía lo mismo que tu, que fueras feliz aunque no sea con ella.
-Creo que deberías hacer lo mismo – dijo quedamente –. Creo que deberías darte la oportunidad.
Sus palabras me causaron pánico. Yo no podía simplemente dar vuelta a la página tan rápido, eso no era yo.
-Tal vez. – mentí.
-Al menos inténtalo.
-Lo haré. – mentí nuevamente.
Yo no iba a seguir, el solo planteármelo me hacía sentir como una perdedora, seguir adelante era aceptar que había fracasado, que había luchado por nada, que todos esos años en que estuve al borde de la muerte junto a Percy habían sido en balde. No, yo no iba a aceptar eso.
-No lo harás, ¿verdad? – dijo la voz de Luke.
-No estoy lista aun. – admití.
-Oye, tienes todo el tiempo del mundo para hacerlo, no te presiones. Nada va a cambiar, no ahora que nos cerraron las puertas en la cara.
Después de eso me dejó sola nuevamente.
. . . .
La noche transcurrió tranquilamente. Soñé que estaba nuevamente en la fábrica abandonada. Ahora estaba quemada hasta los cimientos. No había nada que fuera servible. El piso estaba esparcido con cenizas y escombros, el puente por el que había caído Lou se encontraba inclinado y pendiendo de una sola cadena.
Una mujer estaba parada, mirando hacia el piso de la fábrica, un bulto estaba a sus pies.
-Mi pobre hija – se lamentó la mujer – Ella no debió terminar así.
-¿Hécate?
-Annabeth, me alegra que te unieras a mí. – dijo en voz lúgubre.
-¿Qué quieres ahora? – dije a la defensiva.
-Debes comprender, que a pesar de que he tenido mis diferencias con el Olimpo, he encontrado la paz con ellos nuevamente.
-¿Y, eso que quiere decir?
-Que ahora estamos en el mismo bando. Somos los buenos, y debemos apoyarnos como tal.
-No entiendo. – dije confundida.
Ella sonrió, y su sonrisa me mareó. Su rostro cambiaba continuamente.
-Tal vez no lo entiendas ahora, pero dentro de poco lo entenderás. Sabrás lo que hay que hacer cuando llegué la hora.
-¿La hora de qué?
-La victoria no viene sin ciertos sacrificios. Todos sacrificarán algo, tanto aquí como allá, verás, este lugar está estrechamente entrelazado con el tuyo, no puede existir uno sin el otro, por lo tanto, para que tengas éxito en un lugar…
-… debes tener éxito en el otro. – comprendí.
-Exacto. Aunque las cosas no son iguales, las decisiones que toman no son las mismas, existe un equilibrio entre ambas realidades, incluso en la tercera. Aunque sean paralelas entre sí, las tres dependen de la otra, eso es algo que debes saber si quieres vencer, debes recordar, que el sacrificio aunque no es fácil, nos lleva a la victoria.
-No comprendo del todo.
-Lo harás, cuando sea el momento lo harás.
-¿El momento de qué?
-Te regresaré a tu realidad. Tómalo como un último regalo. Disfrútalo, porque cuando sea el momento, no tendrás la oportunidad de hacerlo.
-Pero…
-Y… no podías hacer nada por mi hija, ella decidió su destino al elegirme, supongo que no la culpo, solo trataba de hacerme sentir orgullosa.
Todo desapareció.
Desperté en medio de la noche. Abrí los ojos y esperaba estar en mi campamento, en mi realidad. Salí de la cama y barrí el lugar con la mirada.
La decepción se instaló en mi pecho como si fuera plomo. Nada había cambiado, simplemente había tenido un sueño muy realista, pero eso no cambiaba nada, seguía en el mismo lugar. Las cosas de Annie seguían guardadas en el armario, y yo no podía salir de este lugar.
. . . .
El desencanto se hizo presente todo el día. No podía dejar de repetirme que el sueño había sido muy realista. Por lo general, los sueños de los mestizos son muy realistas, pero este en especial había sido más real que los otros. Había sentido la brisa de San Francisco, y el olor a quemado no había sido solamente producto de mi imaginación, pero desafortunadamente, seguía atascada aquí.
Había decidido no decirle nada a Luke, no quería crearle falsas expectativas, no ahora que al fin había tomado el valor necesario para invitar a Thalía a dar un "paseo" a las orillas del rio que estaba en el bosque. Yo ya sabía en que terminaría ese "paseo". Me alegraba por ellos, Luke tenía razón, no podía vivir enamorado de un recuerdo.
Jackson había sugerido pasar un rato en el lago. Simplemente platicamos de cosas sin sentido. Tratando de disfrutar el atardecer.
-¿Qué crees que pase con ellos? – dijo señalando con su cabeza hacia el bosque.
-No lo sé – contesté –, pero espero que todo salga bien, o, que Thalía no lo golpeé si la besa.
-Eso sería divertido, la última vez nos lo perdimos. – se quejó.
-Bueno, la mejilla le duro inflamada. – ofrecí a modo de consuelo.
-Sí, pero eso no es algo que se vea todos los días, quiero decir, cuando Thalía se enoja no quieres meterte en su camino.
-Que nena, Jackson. No sabía que le temías a Thalía.
-No le temo. Solo digo que no me gustaría que dirigiera su furia a mis mejillas.
-Eso es lo que diría una nena. – dije para molestarlo.
-¡Que no soy nena!
-Sí, lo eres. – contesté en medio de risas.
-No te burles.
-Que sensible.
-Tú, tu eres la insensible, Annabeth.
-No soy insensible, tú eres muy susceptible.
-No soy… bueno, tal vez un poco. – aceptó con una sonrisa.
-Bueno, así me agradas. – dije, y era cierto.
Estuvimos platicando de cosas sin sentido, simplemente riéndonos por cualquier cosa, los chismes del campamento, su idea de hacer una pizza cien por ciento de productos marinos (espero que esa haya sido una broma), de mis ideas de remodelación para el Olimpo, y muchas otras cosas más.
Nos quedamos platicando hasta que el sol comenzó a esconderse, dejando ver un hermoso atardecer.
Me acerqué a él y me acurruqué a su lado. Él me abrazó y finalmente, me quedé dormida en su pecho al compás de sus latidos.
Desperté en la cabaña de Atenea. El sol se filtraba por las ventanas. No sabía cómo había llegado aquí, estaba segura de estar en el lago con Jackson…, la comprensión llegó a mí.
Me senté en la cama como si tuviera un resorte en la espalda. Una mirada rápida por la habitación confirmó mis sospechas. Mis cosas estaban aquí, mis cosas no las de Annie. Mi laptop estaba en mi mesa de noche, mis planos estaban arrumbados en una esquina, mi ropa estaba guardada en el closet.
-¿Annie, estas bien? – preguntó Malcolm.
No contesté, me quedé observando el lugar con miedo de que desapareciera y despertara nuevamente en el otro lugar.
-¿Annie?, ¿Annie, te sientes mejor?, anoche no te mirabas muy bien cuando Alexia te trajo.
-Sí, estoy bien – contesté. Una lenta sonrisa se deslizó en mis labios –. ¿Dónde está Percy? – urgí.
-No lo sé, ¿desayunando, tal vez?
-Gracias. – contesté atravesando la puerta.
Miré hacia abajo y tenía puesta ropa del día anterior seguramente. Un suéter, un par de pantalones ceñidos y los tennis que había tomado esta mañana. Mientras corría hacia los comedores, traté de aplacar el desastre que seguramente sería mi cabello.
Llegué buscando entre el mar de cabezas a Percy, pero no lo encontraba por ningún lado. Podía ver a todos los campistas, menos al que estaba buscando. ¡Dioses! ¿Dónde se metía ése sesos de alga?
-¿Annie, te sientes mejor? – preguntó Nico, haciéndome saltar un poco por el susto.
-¿Dónde está Percy? – fue mi respuesta.
Me miró algo extrañado, analizándome, pero finalmente contestó:
-Lo vi camino hacia la arena. Debe seguir ahí, eso fue hace como quince minutos.
-¡Gracias! – contesté.
Salí disparada hacia la arena. Parece que cuanta más prisa tienes, todos conspiran contra ti. Varios campistas me saludaba, algunos me torcían el gesto. Al principio les regresaba el saludo, después simplemente los ignore.
Llegué al borde de la arena y lo vi.
Ahí estaba. En su gloriosa plenitud. Estaba practicando con su espada, aunque practicando tal vez no sea el termino correcto, más bien él descargaba su furia con lo que se le atravesaba. Se veía peligroso, el solo verlo me cortó la respiración.
Sus movimientos eran fluidos, rápidos, letales. Me quedé observándolo más de lo necesario. Observándolo atentamente, ese pequeño gesto solo hizo que sintiera nudos en el estomago. De repente, me sentí nerviosa. No nos habíamos visto en semanas, ¿y si las cosas habían cambiado como lo habían hecho con Luke? ¿Y si él también había decidido seguir adelante sin mí? Miles de preguntas inundaron mi mente, y solo me quedé ahí observándolo, pero antes de que contestara mis preguntas, había una sola cosa que necesitaba en estos momentos, y lo iba a conseguir.
Corrí hacia él.
-¡Percy! – grité.
Él detuvo su estocada en medio del aire y giró a verme algo desconcertado.
-¿Annie, te sientes bien? Anoche ya no pude…
Me arrojé a sus brazos. Envolví mis brazos en su cuello y mis piernas abrazaron su cintura. No le di tiempo de seguir hablando. Lo besé.
El se tensó al principio, pero rápidamente me devolvió el beso. Me besó con pasión, con anhelo, con ternura.
Se tambaleo un poco por el impacto de mi cuerpo contra el suyo, pero rápidamente lo recuperó. Dejó caer su espada y me abrazó. Sus manos en mi cintura me relajaron.
Mi respiración se disparó y antes de darme cuenta comencé a jadear en busca de aire.
-Te extrañé – susurré en su oído.
-No más que yo. – dijo él, mandando corrientes eléctricas por todo mi cuerpo.
Eso fue suficiente para que lo besara nuevamente. Me deslicé hacia abajo, toqué el piso con mis pies y lo atraje a mí. Nuestros cuerpos presionados el uno con el otro, y aun así, sentía que no estábamos lo suficientemente cerca. Mi cuerpo y el suyo desprendían calor, pero no me importaba. Podría yacer carbonizada por el calor que él desprendía, y sería la mujer más feliz del universo.
Tuvimos que terminar el beso por falta de aire. Que odiosa podía ser la necesidad de respirar en estos momentos.
-Odio a mis pulmones en este momento – se quejó Percy, haciéndome reír –. Extrañé tu risa.
- ¿Solo mi risa? – pregunté juguetonamente.
-Extrañé todo de ti. – dijo moviendo sus labios contra los míos.
Me atrajo nuevamente hacia él, pero esta vez, fue diferente. El beso fue lento, suave, calmado.
Cada vez que lo besaba, tenía esa particular sensación de que el mundo se desdibujaba a mi alrededor, de que solamente somos él y yo en nuestra burbuja. Cada beso con él es único, irremplazable, inolvidable.
Sus labios eran cálidos, y tenían ese sabor salado de los mares más puros del mundo. Sentía que no tenía suficiente de él. Nunca tendría suficiente de él, porque él es único. Nunca podría cansarme de él, siempre necesitaré más, es como una droga, una necesidad latente que se desarrolló en mi pecho. Sé que puedo estar sin él, lo hice, y he vivido sin él antes, pero, ¿qué sentido tiene vivir sin felicidad? ¿Por qué razón escogería deliberadamente vivir sin el motivo de mis sonrisas?
-Creo que realmente me extrañaste. – bromeó. Lo golpeé en el brazo – ¡Auch! Era una broma.
-Eres tan ridículo. – dije.
Me miró a los ojos. –– Realmente te extrañe – susurró – pensé que te había perdido. No sabía que iba a hacer sin ti. – confesó.
Choqué mis labios nuevamente con los suyos, simplemente porque quería y podía, porque él me pertenece, yo le pertenezco, es una pertenencia superior. No nos pertenecemos porque estemos destinados a estar juntos, no porque los Dioses hayan trazado nuestros destinos juntos, no porque Afrodita nos haya bendecido con un amor superior o especial al resto, o porque hayamos atravesado todas nuestras batallas juntos. No, no es por eso. Es porque, yo lo elijo todos los días desde que lo conocí, y por alguna extraña razón él me elige a mi por sobre todas las cosas. Nos pertenecemos porque decidimos pertenecernos mutuamente, porque yo elegí pertenecerle a él, porque él nunca me exigió ni me exigirá ser suya, yo tengo el poder de pertenecerle, de ser una parte de él, y yo elijo estar con él a este nivel de compromiso.
Me separo de él en busca de aire, pero me detiene por la cintura.
-No creas que te escaparas de mi tan fácilmente, listilla. Me tendrás que pagar todos y cada uno de los besos que no me has dado estas semanas. – dijo con voz entre cortada, haciendo que mis rodillas temblaran.
-Sin bien recuerdo – contesto –, tú también me debes algunos besos, y un paseo por el campo de fresas.
-El paseo puede esperar. – Y sin más, me besa nuevamente.
. . . .
El día que había encontrado a Percy en el Nueva Roma, creí que todo había acabado. Recordé lo que me había dicho él de su trato con Némesis, y de las palabras de Hécate.
"La victoria no viene sin ciertos sacrificios..., debes recordar, que el sacrificio aunque no es fácil, nos lleva a la victoria."
Pues sí, tenía razón, durante seis meses estuve al borde de un colapso nervioso. Me estuve consumiendo lentamente, mi propiamente me jugaba bromas, empujándome cada vez más al borde de mi cordura. No solo por haber perdido a Percy una vez más, o porque Hera había sido la causante nuevamente, o por descubrir que había un campamento romano a la espera y que lo más seguro es que no fueran amigables, o que el mundo estuviera siendo amenazado una vez más. No, era por mi temor de que Percy no me recordara, como Jason no recordaba nada. ¿Y si había cambia a tal grado de que no fuera el mismo? ¿Y su prefería quedarse ahí con ellos? ¿Y si perdía la memoria permanentemente? ¿Y si… y si había conocido a alguien mientras estuvimos separados? Esa en especial, había sido la duda que mas me había atormentado. Pero cuando nos volvimos a ver, el dolor y las dudad provocadas por la pérdida se evaporaron tan rápido que me pregunte si realmente habían existido.
Con solamente volver a ver sus ojos y estar rodeada entre sus brazos, era motivo suficiente para seguir adelante con todo lo que nos esperaba. Y eso, eso era suficiente para mí.
Pero debí haber sabido, que el sacrificio no terminaría ahí. El sacrificio nunca termina, al menos, no para nosotros…
Mientras caíamos, no podía dejar de escuchar la voz de Hécate, y las palabras de Némesis. Casi podía reír por lo ingenua que había sido… casi.
En ese momento, lo único que quería hacer era abrazar a Percy y encontrar la forma de salvarlo, de darle la oportunidad de salir de ahí aunque eso significara sacrificarme, después de todo, el había hecho lo mismo por mí.
-Te amo. – susurré, aferrándome a él, tragándome mis propias lagrimas.
-No lo digas como despedida – susurró a cambio –. No te despidas aun. Promételo, prométemelo Annabeth, prométeme que no harás nada estúpido.
-Solo si lo prometes a cambio. – sollocé.
-Hey – dijo en tono bromista, pero lo conocía lo suficiente para ver lo que le estaba costando mantener ese tono conmigo –, tu eres la racional de la relación, yo soy el que hace las estupideces.
-No, Percy, prométemelo. Prométeme que no me dejaras.
-Prometo que siempre te protegeré Annabeth.
-No es lo mismo – protesté.
-Pero es lo que puedo manejar, Annabeth. Es lo que te puedo garantizar. – dijo contra mi cuello.
-Pero no es lo que necesito – urgí desesperada –. Te necesito a ti. Necesito que estés conmigo. Prométemelo, Percy.
-Lo prometo – dijo con voz rota –. Te amo.
De esa forma nos dejamos tragar por la oscuridad y el horror de lo que nos esperaba allá abajo.
Jackson
Debo admitir que sentí un vacio cuando Annabeth se fue. Ya me había hecho a la idea de que se quedaría aquí con nosotros, pero eso no quitaba que no me alegrara por ella. Sabía que eso es lo que ella más había deseado desde que llego aquí, sobre todo, se merecía volver a donde pertenecía.
El tener de vuelta a Annie de vuelta es punto y aparte. ¿Qué si me molestó? Si. ¿Qué si sentí irritación hacia su persona? También. ¿Qué si el escuchar su voz nuevamente me revolvió el estomago? Seguro. Pero el escuchar preguntar por Luke me hizo sentir simpatía por la pobre. Traté de advertirle, pero no me escuchó.
Había salido como alma que lleva el diablo (o en nuestro caso, como furia escapando del Tártaro) buscando a Luke. La había encontrado en el borde del rio, y la escena no era muy agradable de ver. Yo antes realmente, realmente odiaba a esta chica. En serio. Soñaba con que un autobús pasara y la atropellara, o que cayera a un pozo sin fondo, o que se ahogara con un trozo de pan durante el desayuno, o que un rayo le cayera encima, o que… bueno, ustedes entienden.
Solía pensar que cuando ella sufriera por algo, yo tendría que estar ahí para verlo, para ver cómo caía al suelo y se quebraba esa mascara que ella siempre traba de mantener. Pero el verla ahí, tan rota y con cara contraída por el dolor de ver a Luke con Thalía me hizo querer matar al desgraciado. Sabía que ellos no tenían la culpa, sinceramente ¿quién habría imaginado que iba a regresar? Nadie, pero eso no lo hacía menos doloroso para ella.
Cuando saltó encima de Thalía, Luke y yo quedamos estupefactos. Annie no sabía pelear, no sabía siquiera soltar un golpe de calidad, pero ahora había regresado con golpes precisos que sacaron a Thalía más de un gemido. Esta Annie era de armas tomar. Cuando le salto encima a Luke trate de alejarla, pero Luke simplemente dejo que ella descargará todo su coraje.
Discutió con ellos un poco más, llamándolo imbécil y cuanta cosa se le ocurría.
-Y para todos los que estamos aquí – dijo en general –, que quede claro que YO lo terminé a él.
Bueno, esa frase saco a relucir que su orgullo todavía le importaba, o era una forma de que se orgullo no quedara por los suelos.
Luke salió detrás de ella, pero se lo impedí, no sé qué es lo que estaba pensando, pero no lo quería cerca de ella en esos momentos. Ya lo he dicho antes, Annie no es santo de mi devoción, pero verla así, a pocas horas de haber estado con Annabeth me hablando por la chica.
La encontré al pie de un árbol. La pobre estaba sollozando y llorando como magdalena. La consolé un poco, pero en cuanto me puse a decirle sus verdades me di cuenta que apesto como "hombro para llorar".
Los días transcurrieron… no normales, porque muchas cosas habían cambiado. Por ejemplo, Thalía, Bianca, Nico y yo teníamos una especie de "estatus" entre los campistas. Bianca y Nico eran más bien temidos por los demás, no es que fueran matones o algo por el estilo, sino que el ser hijo del Dios de los muertos no te hace muy popular, muchos los evitaban.
Annie se acercaba a Nico de vez en cuando y platicaban, Nico le torcía el gesto al principio, pero después formaron una especie de amistad, lo cual sorprendió a todos, incluso a su hermana.
Annie y yo no nos hicimos amigos en la extensión de la palabra, más bien éramos como ¿enemigos amistosos?, bueno, no sé como describir nuestra relación. Si bien discutíamos por cualquier cosa, desde porque había tomado su cuchillo a la hora de entrenar (y me refiero a un cuchillo de la armería común), hasta de porque el cielo es azul (y sí, esa fue una discusión real, no pregunten). Me di cuenta que realmente me gustaba provocarla, me encantaba ver sus ojos tormentosos brillar de furia, sus mejillas se enrojecían, su ceño se fruncía profundamente y su boca se crispaba en una mueca provocada por el coraje. En esos momentos realmente parecía peligrosa, y eso me encantaba. Tal vez algo andaba mal conmigo.
Algunos días pasábamos el tiempo con Nico y su hermana, a veces, no nos hablábamos para nada, otras veces, solo nos buscábamos para molestarnos. Somos raros.
En varias ocasiones la encontraba cabizbaja, y me daba cuenta de que era por Luke. No lo demostraba tanto, pero sé que en el fondo le dolía. En muchas otras ocasiones (como la primera vez que ellos se dejaron ver juntos en público), tuve que retener a Annabeth de cometer un "zorricidio", como ella le llamaba. Me molestaba que llamara así a Thalía, y en varias ocasiones se lo dije, después de todo, ella no tenía la culpa, las cosas simplemente pasaron, no fue algo que ella planeo, pero solo me fulminó con la mirada, haciendo que deseara no haber hablado.
Conforme los días pasaban, el verano llegaba a su fin, y con ello, mi inminente partida del campamento. No quería irme. Me sentía cómodo en el campamento, finalmente destacaba en algo. El volver a casa con mi padrastro no me hacía mucha ilusión, se me revolvía el estomago y la sangre me hervía de solo imaginármelo. Tendría una charla seria con mi madre al volver a casa.
-Hey, tontín, ¿ya te vas a ir?
Una sonrisa lenta apareció en mi rostro. Giré para verla.
-No. Empacar mis cosas es algo que me gusta hacer todos los días, Annie – contesté sarcásticamente –, deberías intentarlo, es muy divertido.
Me sacó la lengua y sonrió.
Entró a mi cabaña y se sentó en mi cama, analizando cada espacio de la habitación. En esos momentos me lamenté por no haber sacado las latas y envolturas que estaban desperdigadas por el suelo.
-Estaba pensado…
-¿Piensas, Annie? Ya decía yo que algo se quemaba.
-Ja ja ja. Que graciosito, Jackson.
-Es solo que aun no me acostumbro a que pienses.
-Idiota. – masculló tan bajo que pude haberlo imaginado.
-Bueno, ¿en qué pensabas?
-Estaba pensando, que ahora que vas a volver con tu madre a Nueva York, y ya sabes, mi familia se mudará nuevamente a Nueva York – decía nerviosa –, podríamos vernos de vez en cuando, si quieres – se apresuró a decir –. No sé, podríamos ir a tomar un café o algo así. Digo, en plan de amigos solamente, no te hagas ilusiones, Jackson. Además, seria agradable tener un conocido que no me odie del todo.
Sus mejillas estaban sonrojadas, pero este no era el sonrojo habitual de cuando estaba enojada, este era un color melocotón, que resaltaba sus pómulos y el brillo de sus ojos. Creo que la observé más de lo permitido.
-Pfff, tú eres la que no se debe hacer ilusiones conmigo, ¿sabes? No eres para nada mi tipo. – contesté con una sonrisa.
Sus labios se estiraron en el asomó de una sonrisa.
-Ni tu el mío.
-Lo cual es un alivio. Por lo regular te gustan los niños bonitos y huecos. – dije.
-Y tú solo llenas un requisito – dijo acompañado de una risilla –. Solo eres hueco.
Empezamos a reír. Este tipo de intercambios se habían hecho habituales entre nosotros. No me malinterpreten, aun habían momentos en los que quería asesinar a esta chica, seguía siendo realmente exasperante, pero creo que ahora si me sentiría mal si lo hacía.
-Me encantaría verte algún día, supongo que podemos vernos de vez en cuando. Solo asegúrate de no estar en tus momentos bipolares. – dije mientras sentía mis mejillas sonrojarse.
-¿Qué es lo que veo? – dijo en tono burlón – ¿Acaso te estás ruborizando Jackson?
-¡Claro que no! – me defendí, para mi desgracia, sentí mi cara más caliente aun.
-Es una lástima, te ves lindo cuando te ruborizas.
Me lanzó un guiño y desapareció por la puerta, dejándome solo y avergonzado.
. . . .
La escuela me mataba de aburrimiento. Lo único bueno que tenia, era que a veces me topaba con Rachel. Esa chica era genial. Siempre con una sonrisa cálida que ofrecer, además de que era una chica poco común, y no me refiero a que sea rara, sino que ella siempre esta es grupos activistas, lo cual es grandioso.
Por otro lado, mi madre y yo finalmente nos habíamos deshecho del oloroso Gabe. Al principio no fue nada fácil. Tuve que conseguir un trabajo de medio tiempo para ayudar a mi madre con las cuentas a final de mes. No me quejo, prefiero eso que seguir compartiendo el mismo espacio con ese tipo.
Annie y yo nos mirábamos de vez en cuando, a veces, ella venia a casa, mamá creía que era linda. Annie sabía comportarse frente a mamá, para después torturarme con eso. Justamente, un miércoles había decidido ir a visitarnos (y lo digo en plural, le gustaba pasar tiempo con mi mamá). Estábamos en mi pequeña sala viendo una película. Mamá ya se había ido a hacer su turno en la tienda.
Annie tenía el enorme tazón de palomitas.
-Annie, así como comes, no duraras con tu carrera de modelo. – bromeé.
-Ya no puedo ser modelo, Percy.
-¿Por qué? Pensé que te habían aceptado en la escuela esa. – dije mientras tomaba otro puño de palomitas y me atragantaba con ellas. Si cuando como palomitas como cómo un cerdo.
-Sí, pero ahora tengo cicatrices por todos lados. Annabeth no hizo un buen trabajo cuidando este cuerpo, pero creo que el haber estado conectadas nos afecto más de lo debido – suspiró –. Tengo una enorme cicatriz en la parte derecha de mi cintura. Cuando estaba en la biblioteca una esfinge me atacó. Tengo la marca de la mordida, y mis hombros no están mejores, ni hablar de mis brazos y piernas.
-No se notan tanto, Annie. Si no me dices de tus cicatrices ni cuenta me doy.
-Pero están ahí, Percy – dijo con frustración. Me gustaba cuando me decía Percy –. Si yo las veo, ¿quién no? No me siento cómoda con ellas, he hecho de todo y no se desvanecen. Se supone que debo tener la piel lisa y tersa. No puedo modelar con la piel así. – casi gritó.
Se levanto ligeramente la blusa verde, dejando al descubierto su cintura, la cual efectivamente estaba adornada con la marca de unos apenas perceptibles dientes.
Estiré lentamente mi mano y toque la cicatriz, apenas por encima, como una pequeña caricia, pero eso basto para que me perdiera en la suavidad y calidez que desprendía ella.
-Apenas y se nota. – susurré.
Levante la mirada y me topé con sus grandes ojos grises tormenta. Pudo haber pasado solo un minuto u horas, no estoy seguro, nuestras miradas seguían enganchadas. Ese fue el momento que mamá decidió para llegar y azotar la puerta.
-¡Llegué, chicos!
No me había dado cuenta de que estaba conteniendo la respiración, pero… no era el único. Annie dio un pequeño salto por la sorpresa y se alejó instintivamente de mí. No había notado lo cerca que estábamos hasta entonces.
Mi madre entró en la sala.
-Bueno, chicos. ¿Qué hacían? – dijo elevando una ceja.
-Nada – se apresuró a contestar Annie –. Tengo, tengo que irme. Un placer volver a verte, Sally.
Mi madre solamente sonrió, alternando la mirada entre nosotros dos.
-Está bien cariño. Vuelve cuando puedas.
-Claro.
Annie besó a mi madre y no me volteó a ver. No me abrazó o me dio un beso en la mejilla, como hacíamos últimamente, simplemente dijo:
-Nos vemos después, Jackson.
Salió por la puerta casi corriendo.
-¿Y, bien? – preguntó mamá con los ojos brillando de emoción.
-¿Y bien, qué? – contesté yo.
-Vamos, Percy. Soy tu madre, yo lo sé todo. ¿Se besaron?
Me atraganté con el aire que entraba a mis pulmones y sentí mi rostro caliente.
-¡Mamá!
-¿Qué? Oh, ¿interrumpí?
-¡Mamá! Annie solo es una amiga, además, peleamos como perros y gatos. Ni siquiera nos gustamos. Si a eso le agregamos que sigue enamorada de su ex.
-Pero a ti te gusta. – declaró.
-No me gusta.
Mamá me sonrió.
-Te conozco, Percy.
-No me gusta, mamá. No puede gustarme, además, a mi me gusta otra persona.
-Lo que tú digas. – dijo condescendientemente.
Salí de la sala con el tazón y lo dejé en la cocina para después escabullirme a mi habitación.
No vi y no supe nada de Annie en tres semanas.
. . . .
En las semanas en que Annie no se acordó de mi existencia, Rachel y yo nos hicimos cada vez más cercanos. Íbamos al cine, salíamos al centro comercial, mirábamos películas en su casa, esa chica es lo máximo. Era fácil que Rachel te gustara. Siempre era amable, linda, risueña, nunca salía con algún comentario sarcástico respecto a mí. Pronto nos convertimos en amigos cercanos.
Venía a casa seguido, le gustaba pasar más tiempo en mi casa que en la suya, a pesar de que su penthause era enorme. En los últimos días me hacía sentir nervioso, quería impresionarla, trataba de mostrarle lo mejor de mí y casi siempre terminaba haciendo el ridículo frente a ella. Aun no estaba listo para revelarle que era un semidiós, y que mi padre era ni más ni menos que el grandioso Poseidón, creo que no es algo que puedas decir en mientras miras una película: "Hey, pásame las palomitas, por cierto, mi papá es un antiguo Dios griego todopoderoso. ¿Quieres más soda?" No, no es algo que funcione.
Rachel sospechaba algo, los monstruos no dejaban de atacar, y muchas veces la encontraba viendo mis cortes, o raspones con más interés del necesario. Me preocupara que llegara a pensar que sufría violencia intrafamiliar.
Llamaba a Annie en las noches, pero siempre me contestaba el contestador automático. Llegue a alternar las llamadas, por si estaba ocupada, pero siempre era lo mismo. Incluso marqué a su casa, pero su madrastra me dio a entender de forma un poco brusca que no estaba en casa y que no volviera a llamar.
Como es natural, me enojé. Seguramente Annie había vuelto a ser la misma niña mimada de siempre. Deje de tratar de ponerme en contacto con ella después de dos semanas de esperar que devolviera mis llamadas.
Un lunes, Rachel había pasado todo el día en mi casa, había estado trabajando en su dibujo por lo que en la sala se encontraban desperdigados todos sus lápices, difuminadores, borradores y hojas. Ya estaba jugando con mi consola de videojuegos. Llevaba varios intentos y todavía no podía vencer a Shao Kahn. Rachel se reía de mí cada vez que estaba a punto de ganar… y era vencido una vez más.
-Aggh… ¡Te venceré, así sea lo último que haga! – juré a la pantalla.
Rachel rió. Me gustaba como sonaba.
-Tranquilo, tigre. Ya será a la otra.
Si, lo mismo venía diciendo desde hace seis intentos.
El timbre sonó. Seguramente la pizza que habíamos encargado.
-El dinero, ¿dónde dijo mamá que lo dejaba? – pregunté.
Rachel puso los ojos en blanco.
-En el cajón de las servilletas.
Me levanté por el dinero mientras gritaba un:
-Ya voy.
Busque el dinero y cuando finalmente lo encontré me dirigí a la puerta.
-Percy, si no tuvieras la cabeza pegada al cuerpo también la perderías. – regaño una Rachel divertida.
-Sí, sí, sí, lo que digas, mamá. – contesté mientras abría la puerta.
Me quedé en shock. Muchas emociones me recorrieron: alegría, enojo, emoción, fastidio, felicidad, enojo, alivio, coraje, sorpresa, y finalmente enojo nuevamente.
Le habría cerrado la puerta en la cara, pero cuando la vi bien, note que sus ojos estaban enrojecidos, su maquillaje se encontraba ligeramente corrido y su ropa estaba no hecha jirones, pero si en mal estado. Su vestido estaba ligeramente rasgado de la parte superior y sus zapatos altos no se miraban muy cómodos.
-¿Me dejaras pasar o no, tontín?
Y ese, damas y caballeros, fue el saludo que recibí después de semanas de no saber nada de ella y estar preocupándome por las noches. Tenía un corte en la chaqueta y de su mano goteaba un poco de sangre.
-¿Qué haces aquí? – dije más bruscamente de lo que pretendía.
Sus ojos se nublaron nuevamente, pero no derramó una sola lágrima.
Me hizo a un lado y se autoinvitó a entrar.
-A hablar contigo, ¿no es obvio?
Casi pude imaginarla poner los ojos en blanco y resoplar.
-¿Percy, es el de la pizza? – gritó Rachel desde la sala.
-Oh, tienes compañía. – dijo Annie.
Cerré la puerta un poco desconcertado. ¿Esta chica piensa que puede ignorarme tres semanas y luego aparecer como si nada?
Annie entro derecho a la sala. Observó a Rachel con una ceja alzada, evaluándola.
-No sabía que estabas ocupado, Jackson – noté que había vuelto a ser Jackson – Descuida, Percy te llamará después, niña.
Rachel levantó sus cejas, la observó ofendida para después mirarme a mí.
-Annie, ella es mi amiga Rachel. Rachel, ella es Annie.
-Hola. – saludó Rachel, tan amable como siempre.
-Hola – contestó Annie – Como ya dije, Percy te llamará después.
-¡Annie! – dije a modo de regaño.
-¿Qué? ¿No esperaras que te diga mis problemas frente a esta… - la miró de forma divertida - …mortal, o sí?
-¿Mortal? – replicó Rachel.
-¿Por qué no he sabido nada de ti en semanas? – cuestioné, olvidándome de Rachel.
Annie suspiró.
-Eso es una de las razones por las que venía a hablar contigo. ¿Sigues aquí? – Preguntó a Rachel desconcertada – Ya te dije, Percy te…
-…me llamará más tarde – finalizó Rachel con cierta molestia –. Parece que tienen mucho de qué hablar, será mejor que me vaya.
-Por fin. – masculló Annie, haciéndome enojar.
Rachel empezó a levantar sus materiales. Le ayudé con lo que pude. Annie se inclinó y tomó uno de sus dibujos, el cual observo fijamente.
-¿Me lo das? – prácticamente exigió Rachel.
-Sí, sí, lo siento. Es muy bueno. – agregó, sorprendiéndonos a ambos.
-Gracias.
Annie le tendió el dibujo y note el pequeño gesto de dolor que hizo al estirar la mano.
-Te acompaño a la puerta. – dije a Rachel.
-¿Se encuentra bien? – preguntó Rache una vez que atravesamos el umbral – No se ve muy bien. Parece que ha llorado.
-No sé, la verdad no he hablado con ella en un tiempo.
El silencio se extendió sobre nosotros.
-Bueno, será mejor que me vaya. ¿Me hablas más tarde?
-Seguro.
Ella sonrió. Me sentía nervioso, pero de una buena manera.
Rachel se acercó lentamente a mí, dudando. Me incliné hacia ella y lentamente presioné mis labios con los suyos. Eran tiernos e inseguros, cálidos y amables. Entreabrí mis labios, besándola con más ímpetu, pero sin que se transformara en un beso salvaje. Simplemente éramos nosotros dos, conociéndonos en otro nivel.
Me separé de ella y sonreímos. Rachel se sonrojo furiosamente.
-Nos vemos luego. – Se despidió.
Me quede en el pasillo hasta que desapareció de la vista. Tomé una profunda inhalación, preparándome para lo que me esperaba una vez que entrará. Tomé la perilla y entre.
Annie estaba sentada en mi sillón, viendo hacia la nada. Se había quitado la chaqueta, dejando al descubierto sus hombros de color dorado y… una muy fea herida en el antebrazo.
-¿Qué te paso?
Levanto su cabeza y pude ver nuevamente las lágrimas, amenazando con desbordarse en cualquier momento. Me incline rápidamente frente a ella.
-Hey, ¿estás bien? ¿Qué te pasó, Annie?
-Me encontré con pequeña arpía camino a tu casa. – contestó encogiéndose de hombros.
-Ay, Annie. Iré a buscar algo para curarte.
Comencé a limpiar la herida con un poco de alcohol y le ofrecí un poco de ambrosia que tenía en mi cuarto en caso de alguna emergencia.
-¿Me vas a decir a que has venido?
-¿Te molesta que haya venido? – cuestionó en un susurro.
-No – me apresuré a contestar –. Pero me sorprende después de semanas.
-Lo siento. Es solo que no sabía con quien ir, no tengo muchos amigos que digamos. – sonrió tristemente.
-¿Dime, a donde fuiste tan arreglada? – pregunte mientras terminaba de vendar su brazo y admiraba sus piernas. No me culpen, soy un chico después de todo.
-Fui a ver a Luke. – susurró.
Mis manos se crisparon y sentí como si me hubieran dado un golpe en el estómago.
-¡Auu! – se quejó Annie cuando le presioné de más el brazo.
-Lo siento – me apresuré a decir –. ¿Por qué fuiste a verlo? – pregunte con voz tensa, contenida.
-Me llamó – confesó –, dijo que quería hablar conmigo acerca de Thalía, y de lo nuestro. Pensé que quería tratar de recuperarme, así que no podía dejar que me viera en condiciones deplorables.
-Por eso estas tan arreglada. – contesté, sintiendo como la sangre me hervía.
Ella asintió.
-Quedamos de vernos en un café. Llegue y el ya había ordenado por mí.
-Entonces regresaste con él. – dije bruscamente.
Negó lentamente.
-No. Pensé que quería eso, pensé que él quería que estuviéramos juntos nuevamente, pero no fue así – tomó aire y suspiro –. Se van a mudar juntos, Percy. Él está en la universidad, y ella empieza este año. Van a vivir juntos, por eso quería hablar conmigo. Quería que me enterara por él. – dijo, terminando en sollozos.
-Oh, Annie. Lo siento.
La abracé fuertemente, sintiendo su cuerpo vibrar por los sollozos. En esos momentos regresaron mis ganas de asesinar a Luke. ¿Cómo podía seguir haciéndole daño a Annie?
-Está bien – dijo separándose de mí. Limpió sus lágrimas y continuó –. No es como si yo hubiera accedido a regresar con él si me lo hubiera pedido.
-¿A, no?
-No, Percy. Si pierdes a Annabeth Chase no la recuperas. – declaró.
-¿Entonces porque ibas tan arreglada? – cuestioné completamente desconcertado.
Ella me volteó los ojos.
-Porque, tenía que asegurarme de que viera de lo que se perdía, tonto.
-Oh – dije finalmente. Ese chico si se perdía varias cosas. Annie no era fea del todo –. Si ya no te gusta, no veo porque estas llorando.
-Porque si lo quiero, Percy – confesó, esa confesión hizo que la sangre me hirviera nuevamente y que viera todo en rojo –. Es solo que, siempre lo voy a querer en algún sentido. Fue mi primer amor. Lo idealicé tanto que lo convertí en un ser perfecto. Eso es lo que más duele, saber que no es perfecto.
»Además, él me cambio, me remplazó como si lo nuestro no hubiera significado nada para él. Tienen meses saliendo, meses. Yo estuve con él años. ¿Sabes lo doloroso que fue para mí sentarme con él y escuchar que realizaría los planes que teníamos con otra persona? Solo podía sonreír y asentir. No iba a dejar que viera cuanto me afectaba todo eso.
No se me ocurría nada que decir, solo sabía que quería matar a Luke por poner a Annie así.
-¿Por qué no tratas de olvidarlo, Annie? Salir con chicos, ya sabes. – sugerí.
En cuanto esas palabras abandonaron mis labios, deseé meterme el pie a la boca. Yo no quería que Annie saliera con nadie más, pero eso no es algo que iba a externar.
Ella sonrió ligeramente.
-Creo que me gusta alguien. – confesó tornándose de un ligero color melocotón.
Me gustaba cuando se tornaba de ese color, pero no me gustó la causa de su sonrojo. Quería que ese sonrojo fuera por mí, yo quería ser el que causara ese tipo de sonrojos en ella. Me tensé de golpe, apreciando la abrumadora realidad, sintiendo como la verdad me golpeaba con la intensidad de un tráiler corriendo a toda velocidad: me estaba enamorando de Annie la odiosa.
Ella debió de sentir cuando me tense porque me abrazo con más intensidad.
-Sé que es muy pronto para saberlo – continuó – pero creo que realmente me gusta este chico, pero no quiero apresurar las cosas.
-¿Por eso no llamabas?
-Tengo miedo, Percy. ¿Qué tal que si estoy confundiendo las cosas y solo me gusta porque es amable conmigo? ¿O, si me apresuro por querer olvidar a Luke? ¿O, que tal si él no siente nada por mí? Por lo que sé, el me odiaba antes de todo esto. –– Ahora, realmente quería matar a Luke, y a ese otro chico. Si ese chico la odiaba antes, la lista de posibilidades de saber quién era, eran infinitas. Todos odiaban a Annie antes ––. Además, no solo es por eso que no te he llamado. En los últimos días, he tenido sueños muy extraños, más vividos de lo normal. Además, el dibujo de tu… ¿amiga? –– asentí, después de todo, Rachel y yo seguíamos siendo amigos, ¿no? –– Pues el dibujo que vi, es muy parecido al rostro de mis sueños.
-¿El dibujo de Rachel? ¿Qué tiene que ver ella en todo esto?
-Yo ya había visto a tu amiga. Cuando estuve allá, la conocí, es una especie de oráculo. Ellos tienen la suerte de no contar con la momia decrepita que tenemos en el sótano. Si algo aprendí durante mi estadía de ese lado, es que las cosas cambian, pero todo permanece con nosotros. Si ella tiene el don de la visión de aquel lado, lo más probable es que este con ella de este lado.
-¿Crees que es algo así como una vidente?
-No una vidente, pero si puede ver cosas.
-¿Y qué te dice esa cara? – cuestioné.
-No me dice nada. Solo me observa, en otras ocasiones ríe. Solamente anoche la escuche hablar. Me dijo que estaba despertando. No sé, Percy. Estuve pensando y…, sí, sí pienso, Percy – dijo cuando vio mis intenciones de interrumpir –. ¿Recuerdas la caja que buscaron cuando Annabeth estuvo aquí?
-¿El pithos de Pandora? Sí, que tiene eso que ver.
-Bueno, esa caja conservaba solamente una cosa.
-La esperanza. – contesté yo.
-La esperanza del hombre. Percy, Nico y yo buscamos el noctuam. El noctuam, es el búho de mi madre, es una bendición, el poseedor del noctuam posee el don de la sabiduría y la planificación para lograr todo lo que se proponga. ¿Tienes idea de lo que pasaría si alguien poseyera ambos?
Mi mente comenzó a trabajar velozmente. Estas no eran buenas noticias. Si alguien planea una guerra, tener en su poder la caja y el ave seria como tener una escalera imperial bajo la manga. Una apuesta segura. Tus posibilidades de perder serian mínimas. Tienes la planificación perfecta, previendo lo imprevisto, planeando hasta el más mínimo detalle, y tienes la esperanza de la humanidad, solamente tendrías que liberarla y tu enemigo lo perdería todo, su objetivo, su fin, todo. Ganarías antes de mandar la orden de ataque.
No se me ocurría alguien con la mente tan… magníficamente malvada como para planear algo así.
-¿Qué es lo que piensas, Annie?
-Cuando estuve allá. Némesis y Hécate dijeron que hay fuerzas antiguas despertando. Creo que hay una guerra acercándose, Percy. No vencimos, solamente compramos un poco más de tiempo. Simplemente retrasamos lo inevitable. Habrá una guerra y no estamos preparados.
-¿Una guerra? ¿Te estás escuchando, Annie? Ni siquiera ha habido problemas en el Olimpo, ¿cómo se va a aproximar una guerra?
-No hemos tenido noticias del Olimpo, Percy. Algo está mal.
-Aunque tengas razón – dije desesperado –, no hay pruebas de eso.
-Lo sé. Simplemente sé que tengo razón. Los sueños son…
-Los sueños son sueños, Annie. – traté de calmarla, y calmarme.
-Espero que tengas razón, Jackson.
-Yo también.
La puerta sonó. Era la pizza, finalmente. Pagué y tomé dos platos de la repisa.
-Lamento haber interrumpido tu cita. – dijo, pero no sonaba para nada arrepentida.
-No era una cita. Rachel es solo una amiga – a la cual besé, pero no tenia porque explicárselo a ella, no ahora que la verdad me golpeó.
-Le gustas. – dijo
Lo sé, pensé, pero no lo dije. Me limité a encogerme de hombros.
-¿Por qué la mitad es vegetariana y la otra mitad tiene de todo tipo de carnes?
-Porque Rachel es vegetariana.
-Ah, es una lástima, la carne es deliciosa. – dijo tomando una porción con carne molida.
Terminamos de comer y se sentó conmigo a jugar videojuegos.
-No sabía que jugaras. – admití.
-¿Bromeas? Cuando no tienes muchos amigos, y tus hermanastros se la pasan jugando esto, la curiosidad te gana. ¡Ja! Toma eso, Jackson. Te he vencido.
Presionó los comandos y combinaciones tan rápido, que cuando me di cuenta, estaba sufriendo nuevamente un fatality.
Aventé el control contra el sillón.
-No es tan malo, Percy, tal vez me vences en esta ronda. – sonrió.
-No. Ya no quiero jugar. – bufé.
-Oh, vamos, no seas tan mal perdedor. No tiene nada de malo que una chica te patee el trasero en los videojuegos.
-Es malo que tú me venzas en los videojuegos.
Me sacó la lengua.
-No me has dicho. – dije, tratando de cambiar de tema.
-¿No te he dicho que?
-No me has dicho porque no he sabido nada de ti en semanas. – dije finalmente.
Annie se tensó y dejó el control del Xbox de lado.
-Estaba confundida. – confesó.
-¿Confundida?
Asintió.
-La última vez que… la última vez que vine, yo…
-¿Tu, qué? – le incite a que continuara.
Recordé la última vez que ella había venido a mi casa, y como nos perdimos en la mirada del otro. Tal vez, solo tal vez…
-Yo… – me incliné delante de ella y la observé directamente a los ojos – yo…
Nuestras miradas enganchadas la una a la otra. Se inclinó hacia mí. Podía sentir su respiración en mi rostro. Ella desprendía un aroma embriagador, el solo tenerla cerca era suficiente para sentir mi corazón bombear como loco. Mis manos picaban por tocar su rostro y comprobar si su piel era tan suave como parecía, pero las contuve. Me incliné un poco más a ella, extinguiendo la poca distancia pecaminosa que existía entre sus labios y los míos.
Sus labios eran la gloria. No eran tiernos, eran expertos, sabían lo que hacían, pero no perdían esa cualidad de pureza, no eran inseguros, ella transmitía toda su confianza en este beso, era exigente, demandante, pero sin dejar de ser delicado, suave, dulce. Era todo y nada a la vez. Sus labios se entreabrieron y la saboree profundamente. Sus manos viajaron a mis cabellos, donde se enredaron y jugaron con ellos, mis manos se deslizaron a su cintura, abrazándola y atrayéndola más a mí. Nuestras respiraciones eran erráticas, mi pulso se disparo hacia lo imposible, lo sentía retumbar en mis oídos, mi estomago se apretaba en nudos, pero era la sensación más maravillosa que había sentido nunca. Annie mordió ligeramente mi labio inferior, haciendo que reprimiera un gemido. Seguí besándola, con fervor, con ganas de no dejar de besarla nunca. Podría hacer esto y dejar de respirar con gusto. Succioné ligeramente su labio esta vez. Ella gimió contra mis labios. Sus dedos se afianzaron más en mis cabellos y me atrajo aun más a ella.
No me había sentido así nunca. Ni siquiera cuando había besado a Rachel momentos antes. Rachel. Pensar en ella me trajo a la realidad. Estaba besando a Annie cuando acababa de besar a Rachel. Eso me convertía en un miserable.
Me separe lentamente de Annie. Nuestras respiraciones eran entrecortadas. Ella había adquirido nuevamente ese tono melocotón, y esta vez estaba seguro de que yo lo había causado, y nada me causaba tanta satisfacción como remordimiento de consciencia en esos momentos.
-Guau – dijo con voz entrecortada.
-Annie, no podemos hacer eso. – comencé a explicar.
-¿Por qué no? ¿No te gustó? – dijo insegura.
-Sí, si me gustó, es solo que…
-¿Es solo que qué?
-Es solo que Rachel…
-¿Qué tiene que ver ella? Pensé que solo eran amigos.
-Y lo somos, pero hemos estado saliendo por algún tiempo.
-Dijiste que no eran novios. – dijo molesta.
-Y no lo somos, Annie, simplemente es complicado.
-No es complicado. ¿La chica te gusta o no?
Me quedé callado.
-Te gusta, ¿no es así? – dijo con voz rota.
En ese momento me sentí el imbécil más grande del mundo.
-Me gustas más tú. – dije, dándome cuenta de lo mal que sonaba eso.
-¿La has besado? – Me quedé en silencio nuevamente – La has besado – afirmó esta vez –. ¿Por eso tardaste en regresar hace rato? Estabas besándola y regresaste y ahora me has besado a mí. Me has besado después de besar a otra chica. Tienes novia y me has besado después de eso.
-Rachel no es mi novia. – aclaré.
-La besaste después de que han estado saliendo. ¿Eso qué es? Eso, es el siguiente paso en una relación, Jackson.
-Te besé a ti, y no somos novios.
En cuanto esas palabras abandonaron mis labios, supe que la había cagado. Su cara me lo dijo, no me lo perdonaría nunca. Ella hubiera preferido que la apuñalara a escuchar esas palabras.
-¡Eres un imbécil! – gritó, poniéndose de pie y empujándome lejos.
-No es lo que quería decir – dije desesperado –. Annie, escucha…
-¿Qué voy a escuchar? Vine aquí para hablar contigo. Te dije que me gustabas, te dije que tenía miedo y no te importó.
-Sí me importa, Annie. Me gustas, me gustas mucho, pero debo arreglar las cosas con Rachel.
-No.
Se alejó de mí. Llegó a la puerta, dispuesta a irse. No iba a permitir que eso pasara.
-Annie, escucha. – dije mientras la tomaba de la mano.
-Eres igual a Luke. – dijo finalmente, haciéndome sentir el ser más repulsivo de la tierra.
-No soy como Luke. – me defendí.
-Tienes razón. Él besó a alguien más porque pensó que yo no volvería nunca. Tú me besaste justo después de besar a otra chica, una chica con la que has estado saliendo.
La solté como si electricidad corriera de su brazo. Giró a verme y pude ver las lágrimas que se obligaba a reprimir. Solo una vez la había visto con su semblante así, y esa fue la noche en que regresó y vio a Luke y Thalía juntos. Eso me mató.
-Dime, Jackson, ¿quién besa mejor? ¿Qué beso te gustó más? – Negó lentamente – ¿Sabes qué? No quiero saber. No me importa, por mí, puedes hacer lo que quieras. No me importas en absoluto.
Salió por la puerta y no volteo atrás mientras gritaba su nombre. Sus palabras de hace unos instantes volvieron a mi mente como un navajazo: "Si pierdes a Annabeth Chase, no la recuperas". Golpee la pared, deseando golpearme a mí mismo.
. . . .
Annie no contestó el teléfono en las treinta veces que marque esa noche. No respondía los mensajes, ni los e-mails, nada. Ella no quería verme, pero yo no dejaba de buscarla. Incluso fui a su casa un día después de clases. Su padre me recibió y me dijo que no estaba en casa, que había salido. Me quede en el patio de su casa a esperar a que llegara, pero cuando lo hizo, me ignoró y cerró la puerta en mis narices.
La ironía de todo esto es que antes, hubiera dado cualquier cosa con tal de no tener que hablar con Annie nunca, ahora estaba mendigando un minuto de su tiempo.
Después de tres días, en los cuales Annie azotaba la puerta en mis narices, su padre se apiado de mí. Al cuarto día me dejo pasar y esperar dentro de la casa.
-¡Sam! Al parecer, Jackson se dio por vencido. – dijo pasándome de largo, sin notar mi presencia.
Me aclaré la garganta, haciéndola girara en redondo. Dejo escapar un pequeño gritito adorable. Sus ojos se abrieron amenazando con salirse de sus cuencas.
-¿Qué haces aquí? – exigió.
-Vine a hablar contigo, ¿no es obvio? – contesté poniendo mis ojos en blanco.
-Pues yo no quiero hablar contigo, si las veces que te azoté la puerta en la cara fueron señales muy sutiles, entonces te lo digo: No te quiero ver – Sonreí. Me gustaba cuando se ponía así –. ¿Por qué sonríes como idiota?
-Te ves linda enojada. Toda sonrojada y con los ojos brillando de furia. – contesté.
-No me compras con tus frases baratas.
-Lo sé. Pero eso no hace que sean menos ciertas.
Negó lentamente.
-Será mejor que te vayas, Jackson.
-Verás, no puedo. Me hice la promesa de que no me iría hasta que me escucharas.
-Pues no será ni la primera, ni la ultima promesa rota.
-Yo no soy mucho de romper las promesas, Annie.
-Pues a mí no me importa, Jackson.
El señor Chase entró a la sala.
-Hija, ¿tu amigo se quedará a cenar?
-No.
-Sería un placer, señor. – dije ignorándola.
-Muy bien. ¿Tú eres…?
-Percy – le recordé –, señor. Voy al campamento con su hija.
-Ah, y ¿niño de quien eres?
-De Poseidón.
-Debe ser genial. ¿Puedes controlar el agua? – dijo lleno de curiosidad.
Sonreí amigablemente.
-De hecho sí. Si puedo.
-¡Genial! Annie, deberías traerlo más seguido a casa.
-¡Papá! El no es mi amigo, solo vamos al mismo campamento, no sé que hace aquí.
-¡Annie! No te he educado para ser grosera con las visitas.
De hecho, el señor Chase la había educado muy bien, simplemente Annie decidía no llevar a cabo todo lo que aprendió de él, pero eso no es algo que dices cuando vas a pedir perdón.
-¡Papá!
-Papá nada. Este muchachito ha estado viniendo por cuatro días seguidos a verte y le azotas la puerta en la cara. No sé que haya pasado entre ustedes – nos señaló –, pero ya va siendo hora de que lo arregles, Annie. No quiero que pase lo que pasó con Luke hace unos días.
Annie se torno de color rojo.
-No pasó nada con Luke, ya te lo dije papá. Solo vino a hablar. – masculló.
Esas simples palabras lograron enfurecerme. ¿Luke había venido a verla? ¿Para qué?
El señor Chase salió de la sala y nos dejó solos.
-¿Luke vino a verte? – exigí.
-Será mejor que subamos a mi habitación. – dijo simplemente.
La seguí por las escaleras y llegamos a una puerta de color blanco. La habitación era de color verde claro. Había libros (recién adquiridos por lo visto), algunos planos de aviones, una laptop, y cientos de revistas adolecentes. Algunos posters en las paredes y fotografías de ella por todas partes, y me refiero a fotos profesionales.
La cama era grande y de aspecto muy cómodo. Tomé asiento en ella.
-¿Vino Luke a verte?
-Vino hace como dos días.
-No lo vi cuando estuvo aquí.
-Vino después de que te fuiste. – contesto secamente.
-¿Por qué vino?
-Vino a hablar conmigo. – dijo
-Oh.
-¿A qué has venido, Jackson?
Tomé aire. Me la iba a jugar el todo por el todo. Si Annie no me escuchaba, entonces me retiraría y dejaría las cosas por la paz.
-Mira, Annie, realmente lamento lo que pasó esa tarde.
-¿Lamentas haberme besado?
-No. Créeme, lamento muchas cosas en esta vida, y el haberte besado no se encuentra entre ellas – las esquinas de sus labios temblaron en el amago de una sonrisa –. Lo que lamento fue el cómo se dieron las cosas. Me gustaría no haberte besado en esas circunstancias, haberme dado cuenta antes que me gustabas, pero también debes entender que, antes realmente te odiaba, Annie, fantaseaba con que un tráiler te atropellara, o que un gigante te comiera…
-Gracias, eso realmente ayuda.
-Lo que quiero decir, es que, no me di cuenta de que me gustabas hasta esa tarde. Estuve saliendo con Rachel, y realmente lo lamento porque le hice ilusiones. Pero sobre todo lamento el haberte lastimado esa noche. Me gustas, Annie, me gustas demasiado, y me gustaría que me dieras la oportunidad de demostrártelo, pero quiero que estés segura. Yo no soy Luke, yo no soy ese chico perfecto del que estuviste enamorada desde los nueve años. Estoy lleno de defectos, soy distraído, a veces hablo sin pensar y soy olvidadizo, pero créeme que estoy dispuesto a mejorar por ti, pero tú también debes hacerlo por mí, sacar a relucir a la gran chica que eres cuando estás conmigo.
-Percy, yo le pedí a Luke que viniera hace poco.
Eso dolió. Dolió demasiado, más de lo que estaba dispuesto a aceptar.
-¿Todavía lo quieres? – pregunte tristemente.
-Le pedí que viniera porque necesitaba hablar con alguien. Estaba confundida y, el es una de las personas que me conoce a la perfección o eso creí. Estaba enojada, enojada contigo, enojada conmigo.
-¿Contigo? – Pregunte desconcertado, sabía porque estaba enojada conmigo, pero, ¿con ella? – ¿Contigo por qué?
-Porque me gustas – dijo exasperada y tornándose de color rosado –, porque me permití bajar las defensas contigo nuevamente, porque es muy pronto para que me gustes, acabo de terminar una relación de años y ahora me gustas. La mayoría del tiempo estamos peleando por cosas sin sentido, ¿y me gustas? ¿Tienes idea de lo frustrante que es eso?
-Sí, se a lo que te refieres. – dije con una sonrisa.
-No es gracioso, no te rías.
-¿Qué te dijo Luke?
-Me dijo que estaba bien, que era normal sentirme insegura. Que te diera una oportunidad.
-Luke es muy sabio. – dije.
Sí, sí, sí, hasta hace poco quería asesinarlo, pero si él la convencía yo gustosamente lo postularía para santo patrón.
-No tanto. Me dejó ir después de todo. – contestó en tono burlón.
-En eso tienes un punto. Pero todos cometemos errores. – contesté sonriendo ampliamente.
-Lo sé – dijo, devolviéndome la sonrisa –. Pero yo nunca me equivoco, Percy – ah, había vuelto a ser Percy –, la única vez que me equivoque fue cuando creí haberme equivocado.
-Que soberbia, Annie.
Se encogió de hombros.
-Nosotros preferimos: hijos de Atenea.
Me levanté de la cama y me acerque a ella lentamente. Ella no se alejó de mí.
-¿Entonces, estamos bien?
-Tendré que pensarlo – contestó tocándose la barbilla. Dio un largo suspiro – supongo que sí. Pero vuelves a meter la pata y no esperes que te perdone, ¿entiendes?
-Entendido. – acepté abrazándola por la cintura.
Me incliné lentamente para besarla nuevamente, cuando mis labios estaban a punto de tocar los suyos, giró el rostro. Le besé la mejilla.
-No tan rápido, tontín. Yo no beso a mis amigos. – se burló.
-Anniee…
-Annie, nada. Ni siquiera me has invitado a salir como se debe, Jackson. Yo no soy una chica fácil.
-Contigo nunca va a ser fácil, ¿verdad?
Sonrío y me besó la mejilla.
-No.
. . . .
Nuestra primera cita siempre era pospuesta por una cosa u otra. A veces, ella tenía que cuidar a sus hermanastros, yo la ayudaba, pero no es lo mismo estar solos, que estar con unos niños que te interrumpen a cada rato. Otras veces, la escuela se interponía en nuestro camino, o yo tenía que trabajar. En varias ocasiones, nos topábamos con algún monstruo que frustraba nuestros planes.
Annie pasaba más tiempo en la biblioteca (cosa rara) buscando información relacionada con sus sueños. Pasábamos tiempo juntos, pero ella se negaba a besarme hasta que tuviéramos una cita real, por lo que yo me devanaba los sesos buscando a donde llevarla. Ella no era una chica fácil de complacer, y cuando tienes a un ex novio casi perfecto al cual superar, las cosas se complican aún más.
El día en el que por fin tendríamos esa cita tan esperada, todo se fue al caño. Había planeado todo. Primero iríamos a ver una película, después un picnic en la playa Montauk, la llevaría a dar un paseo al atardecer y finalmente, iríamos por un postre. Pero parece que el destino nos tenía planeado algo muy distinto.
En cuanto salimos, las cosas empezaron a salir mal. Todo comenzó cuando el automóvil de mi madre nos dejó varados a medio camino al cine. Terminamos tomando un taxi después de que recogieran el automóvil. Después de ver la película, decidimos que sería mejor si solo dábamos un paseo por Central Park a falta de trasporte.
Mientras paseábamos tomados de la mano, platicando sobre todo y nada, simplemente bromeando, nos topamos con una enorme hidra. Como sospecharán, no fue la cita perfecta. Terminamos luchando con la hidra, ganándonos bastantes golpes y heridas de muy mal aspecto. La hidra simplemente no moría, y las múltiples cabezas no facilitaban el asunto. Términos alertando a todo Nueva York de nuestra visita. Había reporteros, diciendo que había escapado un animal salvaje y que no salieran de casa, pero nosotros apenas habíamos salido con vida de ese encuentro.
El vestido de Annie estaba hecho jirones y chamuscado. Su cabello que momentos antes había estado perfectamente ondulado, ahora estaba despeinado y con mechones carbonizados, sus zapatos eran caso perdido, no sabía cómo podía luchar con tacones, simplemente no me lo explicaba. Las leyes de la física deberían aplicarse en esos casos, pero parece que las leyes decidían ignorarla para que se viera perfecta en todo momento.
Ambos teníamos cortes y heridas, pero la que me preocupaba mas era ella, recibió un fuerte golpe en la pierna y cojeaba al caminar, sus hombros tenían cortes poco profundos hechos por ramas, y al parecer, tenía una o dos costillas rotas. Yo por mi parte, no me encontraba mejor, mis rodillas apenas podían sostenerme. Había recibido un golpe en la cabeza y estaba desorientado.
Terminamos en un taxi rumbo al campamento. Ningún hospital era tan bueno para los semidioses como la enfermería del campamento.
-Te dije que algo andaba mal. – decía Annie quedamente por el dolor de las costillas.
-Nada está mal, Annie. Son solo ideas tuyas. – mentí.
-Tú la viste, Percy. Esa cosa no moría, tuvimos que incinerarla.
-Annie, nunca nos habíamos enfrentado a una hidra, creo que lo hicimos bastante bien para ser nuestra primera vez.
-Percy, no lo entiendes. Los sueños que he tenido…
-Son solo sueños, Annie. Nada malo va a pasar.
-Algo está cambiando, Jackson. Puedo sentirlo.
-¿Y desde cuando eres psíquica? – sonreí.
-No te burles de mí.
-Ya hemos hablado de esto, Annie, si las cosas fueran mal, ya habríamos tenido noticias del Olimpo.
-Pero no hemos recibido noticias de ellos para nada. No se han puesto en contacto desde que regresé. ¿No es eso raro? Ya van a comenzar las vacaciones de invierno y no hemos sabido nada de ellos. ¿No crees que es sospechoso?– cuestionó.
La verdad, si era raro. Ya había rumores de que algo podría estar pasando, pero no quería preocuparla más.
-Ya sabes como son, amor. Un día te necesitan y al día siguiente te desechan, mírame a mí, Poseidón no se acordó de mí hasta que tuve dieciséis. – dije quitándole hierro al asunto.
-¿Acabas de decirme amor? – preguntó, tomándome con la guardia baja.
-No, no lo hice.
-Sí lo hiciste.
-No, no lo hice. Debiste haber escuchado mal, Annie. – me defendí.
-No me molesta. – dijo, dándome un beso en la mejilla.
Llegamos al campamento y como era de esperar, al primer lugar al que fuimos, fue la enfermería. Conseguimos varios vendajes y varias dosis de néctar y ambrosia, aparte de la orden estricta de estar en reposo, sobre todo Annie, solo hasta que solidificaran nuevamente sus costillas.
Para la hora de la cena, yo me encontraba como nuevo. Annie se encontraba mejor, pero aun le molestaban un poco las costillas. Me dirigí a mi mesa y cuando alcé la cabeza, veo a Annie y Luke platicando amenamente. Luke le despeinó el cabello, haciéndola reír.
No negaré que sentí celos, porque si los sentí. Esa imagen solo me hizo recordar que yo soy el que está tratando de usurpar su lugar, que ellos realmente se ven lindos juntos, ambos rubios y perfectos, que si nada de todo esto hubiera pasado, ellos seguirían juntos como debe ser. Que entre ellos hay una conexión que nadie puede negar. Sin duda, no es algo que suba mucho la moral en estos momentos. La pregunta era: ¿Realmente podía competir contra eso y quedarme con las chica? Annie no daba más señales de interés en mí. Si, coqueteaba conmigo, me tomaba de la mano y detalles así, pero no había tratado de besarme, y cuando yo intentaba hacerlo, ella volteaba el rostro. Por lo que sabía, podía estar jugando conmigo y seguir enamorada de Luke.
-Ya no se gustan, ¿sabes? – dijo Thalía a mis espaldas, interrumpiendo mis pensamientos.
Se sentó a un lado de mí en la mesa de Poseidón y observó la escena conmigo.
-¿Cómo lo sabes? – Pregunté - ¿Cómo puedes estar tan segura? Después de todo, ellos siempre fueron la pareja de oro del campamento.
Ella sonrió de lado.
-Sin embargo, ella está saliendo contigo, y Luke ya casi no la menciona.
-¿No te da miedo de que un día él decida volver con ella?
-Su tiempo juntos ya terminó, Jackson. Ellos lo saben. Pero imagino que ha de ser difícil decir adiós a una persona con la que has compartido tantas cosas… Realmente te gusta, ¿no es así? – dijo observándolos.
-Sí, pero no sé si yo le gusto con la misma intensidad.
-Si te esté dando una oportunidad es por algo. No dejes que tus inseguridades lo echen a perder. – dijo alejándose hacia la mesa de Zeus.
Esa noche, después de la cena acompañe a Annie a la cabaña número seis. Algunos nos miraban y soltaban risitas tontas cuando pasábamos, supongo que todos pensaban lo mismo: ¿Annie y Jackson juntos? Si alguien me hubiera dicho hace algunos meses que la chica a mi lado, me pondría nervioso y que moriría por probar sus labios, hubiera reído a carcajada suelta.
-Te notó muy callado, Percy. – comentó deteniéndose frente a su cabaña.
-Ah, solo pensaba. – contesté distraído.
-¿Y, en qué piensas?
-En la tarde de hoy. – dije.
La verdad, fue lo primero que se me ocurrió.
-Fue una cita interesante. – dijo sonriendo.
-Lamento que se haya arruinado la tarde.
Se encogió de hombros.
-Son cosas a las que tendremos que habituarnos.
-Supongo. – dije sin convicción.
-Entonces…, ya tuvimos nuestra primera cita. – decía con tono inseguro.
-Ajá.
-Y…ya ha pasado más de una semana, y… – mordió ligeramente su labio –, me preguntaba si…
-¿Qué cosa? – dije distraídamente.
-Ya sabes… si tu… ¡Jackson! Ponme atención – demandó –. Estoy haciendo un esfuerzo aquí y tú no ayudas. – se quejó.
-Lo siento, es solo que… ¿Annie, te gustó, o esto es un juego para ti? – pregunté.
Las dudas estaban carcomiéndome, necesitaba saber las respuestas a las preguntas que asaltaron a mi cabeza durante la cena.
Ella me miro un tanto desconcertada por la pregunta tan directa.
-¿Por qué preguntas? – se limitó a decir.
-Porque te vi en la cena con Luke, y yo sé todo lo que has vivido con él, o al menos, se que has vivido muchas cosas con él, y que no es fácil mirar que esta con otra persona y – empecé a divagar. Una lenta sonrisa se extendió en sus labios –, quiero que estés segura de que ya no sientes nada por él. No te quiero presionar, pero me gustaría…
-Percy.
-… saber si estas lista para…
-Percy.
-… empezar algo, o…
-¡Percy! – Interrumpió – Tranquilo. Respira. Es cierto, Luke está con alguien más…, pero también lo estoy yo – sus manos alcanzaron las mías y entrelazó nuestros dedos –. Pensé que estábamos saliendo.
-¿Lo estamos?
Me dirigió una mirada reprobatoria y negó lentamente.
-Percy, Percy, Percy. ¿No te dije que me gustabas?
-Sí.
-¿Y, no te dije que quería una primera cita como es debido?
-Sí.
-¿Y, no acabamos de tener una cita?
-¿Llamas a eso una cita?
-Contigo todo se vuelve más interesante. – contestó acercándose peligrosamente a mí.
-¿Más interesante? – Dije algo nervioso – Pudimos haber muerto hace rato.
Annie se encontraba violando mi espacio personal, pero no me importaba en lo absoluto.
-El peligro es bueno – susurró cerca de mis labios –. Hace todo más excitante. Es bueno para no caer en la monotonía.
-¿Excitante? ¿Llamas a eso excitante?
-Jackson, ¿me vas a besar o tengo que hacer todo yo?
Que oferta tan más tentadora.
-Te voy a besar. – afirmé.
Tome su cara entre mis manos y la besé. Sus labios sabían a una mezcla de frutos que deberían estar prohibidos para los mortales. Ella era lo más delicioso que había probado en mi vida.
Yo ya sabía lo que era besarla. Era tener las todas las terminaciones nerviosas alertas, era sentir mi respiración errática y mi pulso acelerado, era sentir nudos en el estómago, era sentir un cosquilleo por toda mi piel. Pero esta vez, fue más largo, las sensaciones más prolongadas, más placenteras, mas vívidas, más reales. Tal vez tenía que ver con el hecho de que sabía que era correspondido, y que ella sentía lo mismo al besarme, tal vez fue saber que no había competencia entre Luke y yo, que ella me había escogido a mí, y que de ahora en adelante, íbamos a estar juntos. O tal vez, fue una combinación de las tres opciones. Sea como sea, ese fue el mejor beso de mi vida.
Sus manos se enroscaron en mi cuello, atrayéndome más a ella. Mis manos reposaban en su cintura, sosteniéndola firmemente, evitando que alguien la separara de mí. El espacio entre nuestros cuerpos era nulo. Podía sentir su corazón palpitar fuertemente contra mi pecho. Su pecho se apretaba contra el mío con cada inhalación y exhalación. Con mis manos comencé a hacer pequeños círculos en su espalda. Sus manos bajaron a mis caderas y me abrazó aun más.
El beso se estaba tornando posesivo. Delineé su labio inferior, pidiendo acceso, acceso que ella otorgó gustosa. Mi lengua se apoderó de su boca y comenzamos una batalla por el control. Este sin duda alguna, es uno de los mejores besos que hemos tenido.
Un carraspeo sonó lejano, lo ignoramos, pero se hizo persistente conforme pasaban los segundos.
–Creo que es hora de que entre a su cabaña, señorita Chase – dijo Quirón, interrumpiendo nuestro momento mágico –. Señor, Jackson, debería dejar a su, ¿novia? Dormir tranquila.
Sentí mi cara tornarse roja. Voltee a ver a Annie y ella estaba igual. Su mirada estaba en el suelo, como si fuera lo más interesante del mundo.
-Sí, solo nos despedíamos. – dije apenado.
-Pues si que saben despedirse – comento –. Estaré por aquí cerca.
Se alejó, dejándonos solos nuevamente.
Volteamos a vernos y explotamos en carcajadas.
-Te veo mañana. – dije antes de besarla nuevamente.
-Nos vemos mañana. – se despidió y entró a su cabaña.
Al día siguiente no pude evitar tener una sonrisa de bobo en la cara todo el tiempo. Solo recordar las palabras y los besos que habíamos compartido la noche anterior fue suficiente para estar en ese estado. Nos dirigíamos miradas cómplices, y nos buscábamos por cualquier pretexto, no importaba que, simplemente queríamos estar el uno junto al otro.
Nos miraban raro, pero ¡que importaba! Ella no era la misma, ella había cambiado, ya no era la niña berrinchuda y egoísta (aunque aun había que trabajar en ello), ella era ella y eso me encantaba.
Esa noche la pasamos juntos en la fogata, simplemente compartiendo ese momento entre amigos (sí, ella logró hacer amigos), guardándolo en nuestra memoria para momentos venideros. Simplemente compartiendo ese momento como enamorados. Éramos dos chicos que estábamos empezando a salir, y teníamos tiempo por delante para disfrutar de los placeres que nos traería la vida… o eso pensábamos. Que ingenuos.
Esa fue la noche que Annie desapareció nuevamente. Simple se desvaneció en el aire. Nadie sabía de ella, nadie vio cuando desapareció. Sus hermanos afirmaron verla acostarse, pero al amanecer su cama estaba vacía. Su ropa seguía en el mismo lugar, sus pertenencias seguían guardadas. Llamé a su celular pero sonaba apagado incluso me comunique con el Sr. Chase, pero él no sabía nada de ella, no se había comunicado con él.
La busqué frenéticamente durante una semana. Luke la buscó, Thalía la buscó, Nico la buscó, pero simplemente se había desvanecido sin dejar rastro. Estaba volviéndome loco, si no tenía noticias de ella dentro de poco, perdería la cordura. Lo único que me hacia continuar con la búsqueda era pensar que ella podría estar en algún lugar asustada y en peligro.
Quirón sugirió que tal vez se encontraba "del otro lado" como lo habíamos llamado, pero si ese fuera el caso Annabeth habría regresado.
Al doceavo día, recibimos señales de que fuéramos a buscar a la pasarela del Gran Cañón a la persona del silbato, que ella tenía la clave. Así que naturalmente viaje al Gran Cañón con la esperanza de recuperarla y traer conmigo a Annie.
Sin embargo, lo único que conseguí fue a tres semidioses, bastante perturbados debo admitir. El chico, Leo, tenía el típico aspecto de un pirómano, como si hubiera recibido una alta dosis de cafeína, pero se veía algo desconcertado y realmente confundido. La chica era muy bonita debo admitir, pero tenía una mirada cargada de tristeza, sus ojos multicolores expresaban melancolía e incomodidad, y la ultima, esa si era todo un caso. Esa chica no recordaba nada a excepción de su nombre y algunas cosas relacionadas con el Olimpo, pero nada más. Reyna. Ese era su nombre, y ella era la clave para recuperar a Annie. Solo me quedaba confiar en que esta chica me ayudaría a buscar la forma de encontrarla y traerla sana y salva.
* FIN *
BUENO, HEMOS LLEGADO AL FINAL(:
SÉ QUE EL CAPITULO ESTA LARGO, BASTANTE LARGO,
PERO CREO QUE POR SER EL ULTIMO LO JUSTIFICA XD
ESPERO LES HAYA GUSTADO EL DESENLACE DE LA HISTORIA,
Y LOS DIFERENTES PERCABETHS (ME DI CUENTA DE QUE NO HABÍA
MUCHOS A LO LARGO DE LA HISTORIA).
EN FIN, GRACIAS POR TODOS SUS HERMOSOS REVIEWS, SUS FOLLOWS,
Y LOS QUE AGREGARON A FAVORITOS Y A TODOS LOS QUE LEYERON Y
ME TUVIERON LA PACIENCIA PARA ESPERAR MIS IMPUNTUALES SUBIDAS n.n
REALMENTE LES AGRADEZCO POR HABER LEÍDO LA LOCA IDEA QUE SE ME OCURRIÓ.
CUÍDENSE Y NOS LEEMOS.
HASTA LA PRÓXIMA.
BYE(:
