Los personajes son de SM. La historia es mía.


Capítulo 10

Me quedé en la misma posición, desnuda y esperando, ahora lo único que tenía que hacer era eso, esperar.

— Príncipe – si Carlisle era especial por algo es porque era un hombre de verdad. Cualquiera de la guardia ya hubiera suplicado perdón o hubiera salido corriendo –, no le diré que no es lo que parece porque eso sería una gran blasfemia – una sonrisa estúpida se dibujó en mi rostro al darme cuenta que tenía razón –, tampoco le diré que me arrepiento porque eso es ilógico – me miró dirigiéndome una cálida sonrisa – pero si hay alguien contra quién deba tomar represalias ese soy yo…. La princesita no tiene responsabilidad, yo soy el adulto acá y el único responsable.

— Carlisle – la sonrisa dibujada en el rostro de Edward me dio mucho para pensar –, la verdad es que – se acercó a mi lecho hasta quedar frente a Carlisle – me alegra mucho saber eso – giró su mirada hacia mi —. ¿Disfrutaste querida?

— Mucho – le fui sincera –, definitivamente Carlisle es el mejor amante que he tenido – me acerqué hacia Carlisle y dejé un beso en su desnuda espalda, él no tardo en reaccionar algo confundido ante mi gesto.

— Princesita, creo que – se paró rápidamente y comenzó a vestirse – debería hablar esto con el príncipe en otro lugar.

Le di una fugaz mirada a mi prometido y se veía tranquilo — Tranquilo – Edward más relajado se sentó junto a mi lecho –, sé lo que me dirás – Carlisle dejó de abrocharse los botones de su camisa y esperó a que Edward siguiera hablando.

— ¿Y qué es lo que le diré? – vi el desafío en sus ojos.

Edward suspiró dramáticamente antes de abrir la boca — Me dirás que si no me quiero casar con Bella – en un gesto algo posesivo tomó mi desnuda cintura y me acercó más a él – te casarás con ella… ¿Estoy en lo correcto?

— Sí – se cruzó de brazos y casi escuché su cerebro buscando alguna respuesta –, no es necesario hacer un escándalo por esto… yo…

— La quieres – continuó Edward – lo sé… yo también la quiero.

— Pero…

La dulce mirada de Carlisle se paseó desde mí hacia a Edward y de vuelta al vacío. Sabía que no estaba entendiendo nada y creo que yo estaría mucho peor en su situación así que por primera vez desde que Edward apareció quise abrir la boca.

— Carlisle – sus ojos volvieron a posarse en mí pero su ceño aún estaba arqueado –, lo siento mucho… pero, Edward es… no sé – me encogí de hombros – él es el hombre que quiero.

— Pero él no se casara contigo ahora – vi que quería acercarse pero no lo hizo. Sus palabras tenían la nota justa de desesperación sin parecer un loco sicópata.

— ¿Quién dijo eso? – preguntó Edward encogiéndose de hombros y acomodando su posición – Nos casaremos mañana.

— Pero…

— Carlisle… esto fue – rebuscó la palabra correcta haciendo una pausa dramática – digamos que una despedida a la soltería – rió.

— ¿Cómo? – ahora un rayito de furia cruzó el rostro de mi doctor haciendo que me sintiera más mierda aún. Todo estaba tan perfecto que era lógico que no pudiera durar para siempre.

Tenía que elegir. Por un lado tenía a Carlisle que siempre me había cuidado y que nunca me había reprochado nada, él sabía de mis andanzas pero siempre se había mantenido a mi lado, hasta había pedido mi mano para salvar mi honra, definitivamente, Carlisle era el hombre que toda chica de bien soñaba con tener a su lado. Pero Edward… Edward era yo en versión masculina, Edward me entendía a un nivel que nadie más lo haría, él había sido hecho para mí, éramos lo mismo, acá tampoco habían reproches ni recuerdos del pasado, desde mañana íbamos a empezar desde cero y esto era lo que quería para mi vida… Quería a Edward en vida.

— Lo que oíste… Bella quería disfrutar y yo también… y no tendremos sexo hasta que estemos casados, así que – suspiró y se encogió de hombros – pensé en esto.

— ¿!En una trampa!? – ahora sí que Carlisle estaba enojado – Ahora entiendo – como si hubiera descubierto algo se carcajeó sonoramente –, por eso su lacayo me pidió que revisara a la princesita.

— Exacto – asintió Edward sin sonrisas de por medio.

Yo estaba como una espectadora. Desde un principio supe que esto estaba mal pero ¿Cómo iba a rechazar estar con Carlisle una vez más? — Usted sabía lo que pasaría – afirmó, Edward solo asintió una vez más — ¿Desde cuándo está en los aposentos? – esa era una duda que yo también tenía por lo que volteé a verlo.

— Desde antes que te follaras su culo – casi lo golpeé por ser tan directo, no era el momento.

— Carlisle – me tapé con una sábana y me acerqué a él –, no es una trampa… fuiste el hombre más importante en mi vida – un carraspeo proveniente de Edward me interrumpió – hasta que conocí a Edward – me corregí – y es por eso que quería que fueras el último – tomé su rostro en mis manos y nuestros ojos se conectaron.

— Princesita – lo sentí llenar sus pulmones de aire – de verdad la quiero… pero sé que ustedes serán felices – una mueca extraña cruzó su rostro – creo que se entienden y por alguna extraña razón se aceptan.

— Así es el amor – sentí el brazo de Edward volver a tomar mi cintura.

— Entonces – Carlisle termino de abrochar su camisa – este es el adiós.

— No… no tan así – me giré a ver a Edward.

— ¿Qué? – ahora la confundida era yo, se suponía que todo terminaba acá – Edward…

— Bueno… no digo que se repetirá pero… podemos dejar abierta la posibilidad… dicen que la monotonía mata el amor – una sonrisa se plantó de lleno en mi rostro.

— Bueno…

— Solo si Carlisle acepta – agregó.

— Esto es raro pero… — me agrado verlo dudar – bueno… uno nunca sabe lo que puede pasar.

Edward le tendió la mano y Carlisle la aceptó, mientras tanto los labios de Edward besaron mi cuello, me excitó mucho la situación, pero sabía que no pasaría a más.

— Adiós, Carlisle – me separé de mi prometido y tomé el rostro de Carlisle para meter mi lengua en su boca por última vez… por ahora.

— Adiós, princesita – me dio un beso corto, asintió hacia Edward y se retiró sin mirar atrás.

— ¡Mierda! – su voz me sacó de mi pequeño trance.

— ¿Qué pasó amor? – se había sentado en el lecho así que me senté a su lado — ¿Estás bien?

— Cariño – tomó mi rostro en sus manos – esta ha sido la más excitante experiencia de mi vida… fue tan malditamente caliente verte así… ¡Mierda!... no puedo esperar a que llegue mañana.

— Edward…

— No… — negó con la cabeza – te juro por todo lo que soy y lo que tengo que no es por el sexo… es que tú – apretó su agarre sin dañarme, solo hizo que mis mejillas se juntaran un poco – eres tú… es contigo con quién quiero pasar mi vida… es a tu lado que quiero envejecer y morir – una estúpida lágrima abandono mi ojo derecho.

— Eso es hermoso – me puse de puntillas y dejé un casto beso en sus labios –, todo eso es lo que siento por ti.

— Lo sé – me abrazó y fue solo eso, un abrazo que supo reconfortarme del todo.

— Una cosa, eso sí – me separé un poco hasta que me encontré con sus ojos – no renunciaré a Ángela… a ella la quiero en la horca.

— Lo sé – me sonrió – y créeme que cuando pienso que quiso alejarme de ti lo único que también quiero es verla en la horca – suspiró y me separó un poco de su cuerpo – ahora duerme… mañana será un día muy ajetreado.

— Sí – le sonreí de manera pícara –, estoy muerta – moví un poco mi cuello.

— Duerme – me guió hacia mi lecho y me arropó como si fuera una niña chica.

— Buenas noches, príncipe.

— Buenas noches, princesita – lo último de lo que fui consciente fue de sus labios besando mi frente, luego comencé a soñar.

No sé bien qué soñé, pero de lo que sí fui consciente es que mi madre estuvo presente, me sentí tan bien al soñar con ella, se que cumplí con mi promesa, disfruté la vida y me encontré con un buen hombre para pasar el resto de mi existencia, no me arrepiento de nada, bueno… de alguna forma me hubiera gustado ser virgen para mi marido en la noche de bodas, pero eso ya no tiene vuelta, se que le seré fiel y él me lo será a mí, pasar este tiempo sin una mujer para un hombre debió ser muy difícil, pero él lo logró y eso solo me confirma algo… me enamore de mi, ya pronto, marido.

Abrí los ojos solo para encontrarme con unos zafiros mirándome directamente acompañados de una gran sonrisa, todo cortesía de mi futura cuñada.

— Gracias – no alcance a reaccionar cuando Rosalie se me tiró encima.

— ¿Por qué? – aún estaba algo dormida y no alcanzaba a relacionar las cosas.

— Ya sé cuál será mi sorpresa – por su felicidad supuse que era algo muy buena.

— Y eso te tiene tan contenta – agregué.

Me gustaba mucho ver a Rosalie sonreír, ella era una chica que se merecía ser feliz— Sí… en parte – se sentó junto a mí.

— ¿En parte?

— Sí…. no quiero decir cuál será mi sorpresa porque no quiero arruinarla – por un segundo vi que la mujer que se escondía en ella comenzaba a salir de a poco – pero lo otro que me pone contenta es mi hermano – sonrió con mucho amor hacia él.

— ¿Tu hermano?

— Sí… verlo así de feliz… así de enamorado….

¿Enamorado? ¿Es posible que él también me amara como yo lo amo a él? Sé que nos queremos y, sobre todo, nos deseamos, pero pensé que el amor tardaría un poco más en llegar.

— Nunca pensé verlo así… siempre andaba acompañado de rameras – mientras sus ojos se abrían una mano tapo su boca – lo siento – bajó la mirada apenada.

— Tranquila – le resté importancia –, lo sé… no nos tenemos secretos.

— Me alegra… la confianza es la base de toda relación.

Ahora lo sabía y me alegraba haberme dado cuenta de ello antes de dar el sí en el altar — Lo sé – ahora yo me puse algo nerviosa, tanto que comencé a jugar con las sábanas de mi lecho –. Rose – levanté mi cabeza y me topé con sus ojos — ¿De verdad crees que me ama?

— No – negó y algo en mi corazón se rompió –, no lo creo – quería llorar pero no lo haría –, estoy segura – y todo se fue a la mierda.

— ¿De verdad?

— Sí… él…. – suspiro profundamente – derrocha amor – me sonrió – como tú… se nota que se aman mucho… creo que fueron hechos para estar juntos.

— También lo creo – de eso sí que estaba segura, nadie más me entendería como Edward.

— Bueno – se levantó de la cama —. ¿Bella?

— Dime.

Sus ojos azules resplandecieron en una extraña mueca. Me asustó en un principio pero me relajó verla sonreír — ¿Estás lista para tu boda?


Hola!

Bueno chicas, acá un nuevo capítulo.

Gracias a Erica por su ayuda en la edición.

Besos, Joha!