Weee!... el día de hoy sólo pensaba actualizar amigo mio... pero ya que estamos a cinco de enero lo voy a publicar como regalo de día de reyes para todas ustedes n.n... aunque no sé si este capítulo sea muy buena que se los regale... lo digo por lo angustiante o.o... en fin... ojala les guste n.n

Y espero que les traigan muchas cosas lindas los reyes n//n... Nos estamos leyendo

Capítulo 9

Amor prohibido

(1era parte)

-/KanonxShakaxMu/-

Entre besos y jadeos intensos, dos cuerpos se unían, compartiendo una emoción prohibida y secreta, que sólo se confesaban en esa forma.

Tú coleccionista de canciones

Dame razones para vivir

Una y otra vez el peliazul le embestía, escuchándole jalar aire entrecortadamente, pronunciar su nombre con el clamor por mayor placer; observando como ese perfecto rubio se retorcía de placer bajo el peso de su cuerpo, mientras con los labios succionaba su piel. Al llegar al final de su rito, con un profundo gemido, una esencia abandonó su miembro, resbalándose por la entrepierna de su amante.

Jadeando se separaron sólo para cambiar de posición y juntarse de nuevo, con las manos entrelazadas y las frentes unidas. Se miraron sonrientes, en lo que su ritmo respiratorio volvía a la normalidad.

-"Fabuloso, Kanon... como siempre..."- Comentó el de cabellos dorados, colocando la mano en el pecho del otro, y apoyando la barbilla sobre esta, de tal forma que pudo mirarle a los ojos directamente y dejarle ver su sonrisa. Su amante compartió su alegría. Se inclinó hacia delante, hasta atrapar sus labios. Instaló la mano a un lado de su cuerpo, impulsándose hasta quedar encima de él, y continuar sus besos.

Tú el dueño de mis sueños

Quédate en ellos

Y hazme sentir

Unieron las palmas de las manos, jugueteando con sus dedos. Sus labios se unieron sin un fin próximo. Kanon bajó la cabeza y succionó su piel, cada partícula salada que desprendió su cuerpo, y que eran los estragos de su pasión. Shaka tomó una bocanada de aire, que enseguida liberó, cerró los ojos y disfrutó cada una de las caricias que la presión de la boca del peliazul mantenía sobre su barbilla, pectorales y salientes rosadas. Al abrir los ojos notó que la luz solar avanzaba, filtrándose por las cortinas; lo cual le indicio que pasaban de las diez de la mañana.

–"Kanon..."- Lo llamó, apretándole las manos, lamentando tener que interrumpir el momento de pasión. –"Tengo una idea..."- El custodio levantó la cabeza, centrando toda su atención en los edenes del otro.

-"¿Qué es lo que maquila esa cabecita?"- Inquirió con una sonrisa traviesa.

-"Pervertido. No es nada de eso"- Dijo lacónico, entrecerrando los ojos.

-"Entonces no me interesa."- Y continuó besándole la piel, absorbiendo la dermis que le cubría la yugular. Aquella parte era la más sensible en el rubio, por lo que el hombro y la babilla hicieron esfuerzos por pegarse y evadir a la intrusa papila, en tanto este soltaba una carcajada.

-"Kanon"- Reía –"Espera... Por favor..."- Continuaba riendo, moviendo las piernas por efecto. Kanon se detuvo. Nunca llegaba más lejos de lo permitido por el muchacho rico; aún cuando fuera de broma. El dejar de besarlo no significó apartarse de su cuerpo, sino la fusión de dos miradas parecidas a piedras preciosas: esmeralda y zafiro.

Y así en tu misterio

Poder descubrir

El sentimiento eterno

El peliazul le observa con dedicación, contemplándolo como la obra de arte más hermosa, jamás esculpida.

Le quería demasiado. Tanto, como para dejar la SD-6 y llevárselo lejos para impedir que Camus cumpliera su misión. Sin embargo, ese profundo amor no era revelado, porque Kanon se sentía indigno en profesarle tal sentimiento. Que si en ese momento estaban juntos, era porque no le importaba ser un juguete sexual, mientras tuviera a la persona que amaba entre sus brazos.

-"¿Recuerdas el día que Camus y Milo salieron a desayunar juntos? (1)"- Inquirió el rubio, sacándole de su embelesamiento.

-"Si. Fue el mismo día que me regalaste el reloj"- Respondió echándole un vistazo al buró, donde se encontraba un flamante presente de oro.

-"Correcto. Pues he pensando que ya que se acerca el cumpleaños de mi amado primo, debería regalarle este día a los dos; ya sabes, para que salgan juntos o hagan lo que quieran."

-"Percibo que tu generosidad guarda algo más..."- Dijo el peliazul, desconfiado. Shaka le guiñó el ojo antes de responder

-"Digamos. Necesito que me acompañes a pedir su presente. No es que crea que Camus vaya a contarle que quiero regalarle; mas que eso, me gustaría que pasaras este día conmigo."- Contestó. Kanon se lo pensó un momento en tanto se desplazaba a un lado de su amante y quedaba de cara al techo. -"¿No quieres acompañarme?"- Intuyó, al verle guardar silencio.

-"Shaka, no es bueno mezclar los negocios con el placer..."

-"Pero tú no eres mi guardaespaldas, sino Camus; además, te estoy pidiendo que salgamos en plan de pareja."- Respondió sonriente, moviéndose de tal forma que ahora quedaba arriba del agente. El peliazul colocó una mano en su cintura, la otra se posó en la mejilla y se deslizó hacia el oído

¿Realmente era buena idea mantener tanta cercanía con el millonario?

Tú con la luna en la cabeza

El lugar en donde empieza

El motivo y la ilusión de mi existir

Tan sólo tú...

Kanon sentía que a la larga uno de los dos terminaría muy lastimado; y prefería ser él, antes que el rubio. Después de todo, su trabajo como agente lo obligaba a dejar muchas cosas; ya que como bien decía Hades: 'el bienestar de la agencia depende de sacrificios personales'. De cualquier forma sabía que otra persona podía darle bienes muchos mayores...

-"¿Kanon?"- La voz del rubio lo 'despertó'.

-"De acuerdo."- Contestó al último, sonriente. Concibiendo la idea de que el ojiazul era feliz, por unos momentos, pero lo era a su lado, y no al de otra persona.

Shaka, sin conocer sus pensamiento, también sonrió. Colocó las manos sobre sus hombros, se inclinó hacia adelante produciendo la caída de su cabellera dorada, y selló sus labios con los del custodio.

-o-.-o-

Para ser otoño, por la ventana despejada se filtraba el sol más brillante, que jamás hubiera entrado en aquella habitación. Dibujando una línea ancha por la alfombra, terminaba su camino a los pies de la cama, sobre la que un rubio risueño se trepaba dando brincos para atrapar a su presa...

-"¡Basta! ¡No lo dije en serio!"- Exclamó un pelirrojo corriendo fuera de su alcance. Tenía un pantalón holgado de color beige, y una playera blanca de manga corta. Sus pies descalzos recorrían la alfombra malva con rapidez. Milo, que vestía unos pantalones cortos y una camiseta –ambas azules-, no aceptó su comentario. De un salto se colocó cerca del galo, quien siguió corriendo por la habitación, con el rubio casi pisándole los talones.

Solamente quiero que seas tú

Mi locura, mi tranquilidad y mi delirio

Mi compás y mi camino

A pesar de la agilidad que el custodio había adquirido gracias a su entrenamiento, no pudo evitar ser capturado por el rubio; quien con un ágil movimiento lo tumbó de espaldas sobre el sillón, con él encima.

–"¡Milo, no!"- Exclamó entre risas, al saberse capturado. Una vez más, el ojiazul hizo casi omiso. Minutos después, los labios del millonario se colocaban en la yugular gala, clavándose en su piel –"¡Ah...!"- Fue lo único que pudo expresar el francés al sentirlo sobre su cuello. Después levantó la cabeza y le sonrió en forma juguetona.

-"Ahora ¿qué opinas de los vampiros?"- Le preguntó saboreándose los labios, como si hubiera conseguido absorber un poco de su sangre. Camus sentía que la piel se le erizaba y un extraño cosquilleo que se apropiaba de ella.

Sólo tú

Solamente quiero que seas tú...

-"La mordida se siente horrible..."- Confesó rememorando su reciente experiencia. –"Pero si eres tú fueras uno, opino que me siguen gustando"- Sonrió en forma picara, colocando los dedos sobre el labio inferior del rubio. Milo mordió cariñosamente su yema, regresándole la misma mirada juguetona y seductora.

Pongo en tus manos mi destino

Porque vivo

Para estar

siempre, siempre, siempre, siempre

contigo amor

Cuando Camus estiró su mano y la puso en el hombro del ojiauzl, este se inclinó, cerrando los ojos lentamente y besando la punta de su barbilla, subiendo hasta sus labios, y absorbiendo el sabor de estos. Un beso cálido, suave, ardiente fue la respuesta.

Tocando los bordes bucales, se desplazó hacia la comisura labial, la barbilla, mejillas, cuello; parecía con la intención de llegar más lejos, obteniendo el consentimiento del taheño...

TOC, TOC...

Alguien estaba del otro lado de la puerta, pidiendo autorización para penetrar en los aposentos de Milo. Tanto él como Camus se apartaron de golpe. El rubio maldijo por lo bajo, fulminando la madera con los ojos. El custodio se había puesto sumamente rojo

-"Primis, ¿Estás despierto?"- El ojiazul bufó. Entre tanto, el pelirrojo se resbalaba por el sillón hasta quedar en el piso, oculto por el mueble. Milo se incorporó a tiempo, cuando Shaka abría la puerta como si fuera su habitación. –"¡Buenos días!"- Exclamó con una sonrisa radiante.

-"¿Qué quieres?"- Cuestionó su familiar con un gruñido, anteponiéndose en su trayecto, antes de que avanzara más y encontrara al pelirrojo. Shaka se paró en seco y lo miró con desconcierto; después frunció el ceño y se cruzó de brazos

-"¿Sabes? Estoy pensando seriamente..."

-"¡Milagro!"

-"... En la posibilidad de casarte con Camus..."- Dijo haciendo caso omiso a su burla, tan sólo para molestarlo, sin saber que su comentario tendría efecto en el francés. Milo tuvo el impuso de voltear hacia el sillón, pero se contuvo. –"Quizá con una boda se te pase el mal humor, aunque lo lamentaré mucho por Camus, puesto que tendrá que soportarte como lo hago yo"- Se dio media vuelta, indignado y dispuesto a irse. Llegando a la puerta comentó, sin tomarse la molestia de mirarlo –"A propósito. Kanon va a ser mi guardaespaldas esta tarde."- Y cerró la puerta.

-"¿Tanto para eso?"- Gruñó Milo, arqueando una ceja y cruzándose de brazos. Caminó hasta donde se encontraba el pelirrojo sentado, en el piso, y tomó sitio a su lado. –"No sé porque, pero a mi su visita me ha dejado muy intrigado"

-"A mí también..."- Concordó Camus, en tono pensativo.

Tú coleccionista de canciones

Mil emociones son para ti

El rubio notó que tenía las mejillas teñidas por un bochorno, y la mirada perdida en sus piernas cruzadas. El ojiazul pasó el brazo por arriba de sus hombros, detrás de la nuca que estaba escondida por la mata de fuego, intentando sacarlo de su meditación.

-"¿En qué piensas?"- Le preguntó, sonriendo.

-"En la boda..."- Milo se sobresaltó.

-"¿Boda?"- Cuestionó desconcertado, divertido.

Tú lo que soñé mi vida entera

Quédate en ella

Y hazme sentir

El pelirrojo se sacudió la cabeza como si quisiera quitarse algo. Enseguida se mostró con el semblante en una tonalidad par a su cabello. Se puso en pie ágilmente y deambuló por la habitación, esperando que su cara recuperara el color normal.

–"¿En qué estabas pensando, corazón?"- Inquirió el ojiazul.

-"¿No se te hace rara la propuesta de Shaka?"- Cambió de tema el pelirrojo, pensando en como él y Kanon salían juntos, solos, dejando que Milo y Camus pudieran tener 'intimidad'. Desafortunadamente, Milo captó lo referente a su boda con el galo. Con las mejillas sumamente sonrojadas tomó lugar en el sillón

-"¿Tú crees que eso ayude a bajar mi 'mal humor'?"- El pelirrojo se dio cuenta de lo que citaba y del tono juguetón que empleaba. Quizá, para no incomodarle.

Y así ir transformando la magia de ti

En un respiro del alma

-"Pues a mi me pareces adorable como estás"- Espectó el galo, soltando una risita. Intentó sentarse a su lado, pero Milo lo acomodó sobre sus rodillas, cual niño pequeño.

-"¿Enserio te lo parezco?"- Le preguntó pegando su flequillo áureo, al rojizo francés. Camus asintió, sonriendo, cerrando los ojos, tocando con la punta de su nariz la de Milo. –"Que lastima"- fantaseó el rubio. –"Yo estaba imaginando nuestra luna de miel..."- El pelirrojo interpuso cierta distancia, que le permitió ver directamente dentro de sus orbes zafiro

-"¿Luna de miel?"- Indagó, divertido. –"Primero hay que planear la boda"- Corrigió.

-"Tienes razón."- Aceptó. –"Hay que decidir quien usará el vestido de novia..."- Y antes de que Camus pudiera replicar, Milo agregó. –"Personalmente, confieso que te verías mejor vestido de blanco, porque no sé si te lo he dicho, pero ese traje negro que siempre usas, no me gusta como se te ve..."

-"Me lo has dicho cientos de veces..."- Murmuró el galo, rodando los ojos –"Dejémoslo al azar ¿si?"- propuso.

-"¿Por un volado?"- Inquirió extrañado.

-"No amor. Me refería a que lo dejemos a la suerte. Que sea el destino quien decida quien será la novia..."- De pronto estalló en una sonora carcajada. Al parecer, ya no podía aguantar continuar con aquella broma. Milo hubiera deseado que los planes fueran enserio; sin embargo, sabia que era muy pronto para desear algo así, y que no podía exigirle, por ahora, mayores cosas al galo.

-"Retomando lo que dijo Shaka, no tengo muchos deseos de salir... ¿Podemos quedarnos en la mansión?"- Camus se lo pensó un momento.

-"Esta bien. Podrías empezar dándome un masaje en de pies..."-Bromeó intentado levantar el pie hasta la barbilla del rubio; pero este lo sujetó de la cintura y mirándolo de forma seria dijo:

-"En realidad estaba pensando en continuar hacerte reflexionar acerca de los vampiros; digo, después de tu comentario nada agradable sobre hacerte uno de ellos, intentaré hacer cambiar tus ideas."- Los bellos en los brazos del taheño comenzaron a ponerse de punta

-"No pensaras..."- Pero Milo ya estaba aplicando su 'correctivo', y volvía a acatar su cuello con la actuación de sus labios y sus dientes.

-o-.-o-

La limosina se detuvo frente a una joyería. Kanon descendió del asiento del conductor, cerrándose el saco negro y colocándose los lentes de sol. Se detuvo en la puerta y la abrió para que Shaka bajara del vehículo. Al salir, el rubio le dio una suave palmada en la mejilla y luego se internó en la tienda.

Del otro lado de la calle se encontraba estacionado un tsuru fiesta de color azul cobalto. Dentro se hallaban cuatro hombres: Dos sentados en la parte posterior, sin hacer nada, sólo esperando instrucciones. El que iba del lado de copiloto miraba con sus oculares al guardaespaldas y al joven rico

-"Es él; pero no viene con nuestra presa."- Se volvió hacia el conductor, quien sacó su celular y comenzó a marcar

-"Weaver está en una joyería al sur de la ciudad, señor"- Informó –"Pero no viene con el objetivo. ¿Cuáles son sus instrucciones?"- Del otro lado se hizo un momento de silencio. Al parecer, el líder de la operación deliberaba sobre cuales debían ser sus siguientes movimientos

-"Lo usaremos de carnada."- Respondió una voz joven que era fría y penetrante. –"Cambien el objetivo y denle mis cordiales saludos a Weaver..."- El conductor y el copiloto intercambiaron una mirada y una sonrisa

-"Lo haremos, señor"- La comunicación terminó.

Minutos después, Shaka salió de la joyería. Kanon iba detrás de él, cuidándolo. Antes de llegar a la limosina se adelantó y le abrió la puerta. Cuando el rubio entró, la cerró. Dio la vuelta detrás del auto y se sentó en el asiento del conductor.

-"¿A dónde vamos?"- Le preguntó a través del espejo retrovisor. Sus ojos ya no se encontraba cubiertos por los lentes negros. Shaka le dedicó una sonrisa traviesa

-"¿A dónde quieres llevarme tú?"- Kanon pensó que era una pregunta interesante.

-"A mi cama"- Respondió con descaro. El rubio se levantó de su lugar y se acercó hasta él, colocando una rodilla en el asiento que daba la espalda al del conductor, de tal manera que quedaron más cerca

-"¿No te parece una falta de respeto hablarme con tal desfachatez?"- Le preguntó sin la menor seña de enojo. El peliazul movió la cabeza en señal negativa

-"Tú no eres mi jefe. Me contrataron para ser guardaespaldas del señor Belafonte."- Respondió elocuente.

-"Bien."- La respuesta de Kanon pareció dejar satisfecho al rubio. –"Llévame a mi casa"- Decidió, sin cambiarse de lugar.

Tú con la luna en la cabeza

El lugar en donde empieza

El motivo y la ilusión de mi existir

Tan sólo tú...

La limosina se puso en marcha. El oji verde no pronunció palabra, pero se veía un poco nervioso porque Shaka estaba muy cerca de él y a ratos le soplaba en la nuca; excitándolo...

-"Detente."- Ordenó el rubio cuando estuvieron en una calle visiblemente desierta. El custodio lo miró de soslayo; pero no se atrevió a contradecirlo, pese a que faltaban kilómetros para llegar a la mansión. Kanon obedeció la orden, aparcando la limosina a un estribor de la calle. El oji esmeralda iba a preguntarle sobre sus intenciones, cuando Shaka se impulsó hacia delante, le tomó los hombros y lo jaló hacia si. –"Te quiero aquí, ahora."- Imperó. El guardaespaldas sonrió al comprender sus intenciones. Con agilidad se deslizó del asiento del conductor hacia la parte trasera. Cuando estuvieron juntos, sus labios se unieron, y sus manos se exploraron: labio contra labio, cuerpo contra cuerpo.

Solamente quiero que seas tú

Mi locura, mi tranquilidad y mi delirio

Mi compás y mi camino

Como la noche en que Milo le ofreció vida a Camus, Shaka y Kanon se escabulleron entre los invitados y se dirigieron al aparcamiento donde estaba la limosina estacionada, donde sus cuerpos vibraron de placer dentro del auto.

Shaka desabotonó el saco de Kanon, permitiéndoles a las manos palpar en su pecho y abdomen, sobre la tela de la camisa. El peliazul tomaba las mejillas de su amante, desplazando sus manos suavemente en dirección a la nuca, como un escultor dando forma a la arcilla.

Sólo tú

Solamente quiero que seas tú

Pongo en tus manos mi destino

Porque vivo

Para estar siempre contigo

Por un segundo Kanon rompió el contacto, mirándole fijamente a los ojos, como si quisiera decirle algo...

¿Te amo, tal vez?

Pero debía recordarse que sólo era un juego, que nunca podría aspirar a nada más porque no podía ofrecerle más que problemas, dolor y un destino que no merecía. También, Kanon comprendía que no tenía las armas para competir contra otro pretendiente que Shaka tenía: Mu Modigliani, el cual podía darse el lujo de enviarle arreglos de flores costosos y regalos que el custodio no podría pagar, ni con todos los ahorros de su vida.

Ya no cabe más espacio en mi interior

Haz llenado con tu luz cada rincón

Es por ti que con el tiempo

mi alma siente diferente

Sólo tú...

Todo lo que Kanon podía ofrecerle era su amor incondicional, su vida al cien por ciento y un amor libre que jamás emitiría réplicas. Por eso amaba tanto los momentos de pasión entre ellos, porque sabía que era la única forma en la que podían estar juntos y entregarse sin reservas. No sabía que era lo que Shaka sentía; pero algo le decía que no era amor.

Cuando él conoció al rubio este era un chico arrogante, orgulloso que únicamente se preocupaba por si mismo. Las discusiones que siempre tenía con Milo terminaban muy mal, todas con las palabras 'desagradecido, huérfano, envidioso'. Y fue hasta que Kanon lo abofeteó, cuando Shaka cambió:

-v- Flash Back -v-

Camus había tenido que cumplir con otra misión, aunque ante los ojos de sus jefes estaba tomando sus primeras vacaciones desde que ambos comenzaron a trabajar como guardaespaldas; por consiguiente, Kanon tenía que lidiar con ambos familiares.

Shaka y Milo habían sido unidos desde que la madre del primero falleció; salvo que su carácter no se había ablandado en lo más mínimo. Unas veces solía ser amable con su primo. Al siguiente momento ya era hostil y grosero. Fue así como la discusión entre los dos comenzó...

-"¡Era el mejor partido que tenias, no puedo creer que lo dejaras!"- Le reclamaba. El rubio rizado se limitaba a mirar por la ventana, con el ceño contraído; maldiciéndose por haberle contado acerca de su ruptura con su pareja. Ahora deducía que su primo jamás entendería que ya había encontrado a la persona de su vida, después de tantos años, y que no necesitaba estar con alguien que no amaba sólo para incrementar sus bienes monetarios. –"¡Milo, te exijo que vuelvas con él!"

-"¡Tú no tienes derecho a exigirme nada!"- Por fin explotó. Shaka primero se quedó sorprendido; enseguida su expresión se mostró fría

-"Eres un desagradecido. Ni siquiera puedes hacer esto por mi..."

-"¡Suficiente!... ¡Kanon, detén el auto!"- El peliazul, que creyó que se iba a quedar sordo, inmediatamente acató la orden. Una vez detenido, Milo abrió la puerta y se bajó, limitándose a caminar por la acera, con su guardaespaldas siguiéndole, y su primo corriendo para darle alcance, y tirar de su brazo tan bruscamente que le rompió la manga de la camisa –"¡SUÉLTAME!"- Vociferó, intentando soltarse.

-"¿¡Es qué no te das cuenta, grandísimo estúpido?! Tú eres un huérfano que no puede aspirar a nada mejor que a las sobras que mi padre se limite a darle... Deberías ser más inteligente y aceptar lo que Shura van Rohe te ofrece..."

-"¡NO!"- Le gritó con lágrimas en los ojos. –"Yo no soy un interesado como tú... ¡No soy una mujerzuela que le guste entregar su cuerpo por dinero...!"- Inmediatamente se quedó callado; ya que su primo le propinó una fuerte cachetada. Kanon se quedó estático, sintiendo como la furia lo invadía poco a poco

-"Ni los perros muerden la mano del que les da de comer..."- Dijo Shaka con acento gélido. Milo retrocedió. Ni siquiera mostraba miedo, sólo enojo. Sus manos no tocaron la parte donde los dedos de su primo se habían impregnado tan cruel y salvajemente.

-"Sus amos les inspiran respeto... tú me das asco..."- Y sin decir más salió corriendo.

-"¡Asco es lo que me provocas tú!... ¡Estúpido huérfano plañidero!"- Se dio la vuelta, dispuesto a subirse a la limosina, cuando cuatro nudillos se estrellaron contra su mejilla, derribándolo. Al principio Shaka no entendió lo que había ocurrido, hasta que levantó la vista y se encontró a los pies de Kanon

-"Ese golpe fue en nombre del señor Belafonte..."

-"¡¿Pero qué te has creído!?"- Bramó el ojiazul; sin embargo, sus ganas de pelear se quedaron en nada cuando el peliazul lo levantó por el cuello de la camisa y lo levantó hasta pegar pocos centímetros sus rostros

-"A mi me contrataron como su guardaespaldas para protegerlo de escorias como usted..."- Shaka ni siquiera se atrevió a hablar. –"No puedo creer que trate como basura la única familia que tiene. Eso sólo demuestra que el único que no vale la pena es usted..."- Y sin decir más lo aventó contra el suelo, en tanto se ponía las gafas de sol e iba tras Milo.

El rubio se quedó en la posición que Kanon lo había dejado durante un buen rato, hasta que se levantó y se dio cuenta que tenía razón. Sin su padre que se encontraba en otro continente, lo suficientemente ocupado como para no verlo, y sin su madre que había muerto en ese accidente, Milo era su única familia. Pero él había estado tanto tiempo en el hospital psiquiátrico, y a Shaka se le olvidaron esos siete años con Artemis, en los que le enseñó como tratar a las personas, sin sentirse superior.

Tal vez en el momento no podía entender al cien por ciento su error; pero al menos, gracias a Kanon, sabía y sentía que su primo, casi hermano, merecía una disculpa.

-v- End Of Flash Back -v-

Lo que el peliazul ignoraba es que su cambio no sólo se había dado por ese puñetazo. La revolución de Shaka fue mucho más profunda: fue un cambio de corazón...

Pero Kanon no lo sabía, y conocía muy bien a su amante, tanto como para negarse a decirle que lo amaba, por miedo a que se burlara. Después de todo, ¿cómo podía un simple 'guardaespaldas' ambicionar el corazón de alguien tan cotizado como Shaka Everett?

Instintivamente, su cabeza cobró vida y se movió hacia un lado y hacia el otro...

-"¿No? ¿No qué?"- Le preguntó el ojiazul, extrañado; sin embargo, nunca obtuvo una explicación a su negativa.

Por ambos lados de la limosina se abrieron las puertas, por las cuales entraron cuatro individuos vestidos con traje oscuro. Kanon no tuvo tiempo de reaccionar, puesto que uno de los sujetos misteriosos le asestó un golpe en la mandíbula con una pistola, dándole la sensación de que se le partía en dos. Shaka quiso gritar; pero le apuntaban con una arma, acallando cualquier réplica.

Los cuatro hombres los habían seguido desde la joyería, esperando el momento y lugar adecuado para proceder. Al verlos detenerse en aquella zona donde no había testigos, decidieron ejecutar su plan.

A base de jalones sacaron a Shaka y a Kanon de la limosina.

-"Por favor, llévense lo que quieran... pero no nos hagan daño..."- Suplicó el millonario al ver como por el labio del peliazul escurría un hilo carmesí. Shaka notó que tres de ellos se concentraban en el custodio: el primero sujetaba a Kanon con los brazos por detrás -colocados en la espalda-, el segundo le apuntaba con la pistola por debajo de la barbilla, y un tercero estaba parado delante de él, dándole la espalda al rubio, a quien un cuarto individuo lo ceñía por detrás, con los brazos entrelazados al frente.

El maleante pareció no prestar atención a la suplica del rubio. Su atención estaba situada por completo en el semblante del guardaespaldas.

-"Nos volvemos a encontrar, Weaver."- Dijo con voz triunfante, quitándose unas gafas oscuras. Su cabello era de un color similar al pasto, y su piel era blanca. Su ojo izquierdo era verde oscuro, el derecho estaba cerrado por una herida sobre el párpado que rajaba esa parte en su rostro.

-"Isaac..."- Murmuró Kanon. En su aspecto no había rastro de temor, aunque tenia miedo por la vida de Shaka, que la suya. Miró de soslayo al que le sostenía: Tenía el cabello castaño claro, ondulado, que bañaba sus hombros. –"Bean..."- Un moreno oscuro de cabello blanco y corte extraño, como de roquero fracasado, era el que le apuntaba con la pistola –"Krisao..."- El último sostenía a Shaka. Un sujeto de cabello corto, de un tono amatista y pupilas del mismo color. –"Eo..."- Con sólo echarles un vistazo los había reconocido. Con dos de ellos tuvo un altercado en el banco de Suiza, hace un año y meses (2). Los cuatro sonrieron complacidos ante la buena memoria del custodio. Lastima que eso le traería más problemas que beneficios. –"¿¡Qué demonios quieren?!"- Su tono era osado, pese al temor que recorría las fibras de su cuerpo.

No les daría el gusto de verlo temblar de miedo. Eso era algo seguro.

-"Parece que nuestro amigo tiene prisa."- Dijo Brean, complacido; tirando de los brazos del peliazul para hacerle daño. Kanon apretó los dientes al sentir el tirón en sus músculos.

-"Tranquilo, Weaver."- Comentó Isaac dándole la espalda. Shaka vio con horror como sacaba algo plateado del bolsillo superior de su camisa. Quiso gritar para advertirle a su amante del peligro, pero Eo le tapó la boca, impidiendo cualquier gesticulación; aunque continuaba lidiando por su libertad. El peliverde siguió hablando –"Nosotros sólo venimos a darte un recado."- Krisao dejó de apuntarle directamente debajo de la barbilla; únicamente retrocedió sin dejar de amenazarlo con el arma

-"Eso sin olvidar mencionar nuestro premio"- A completó el albino, acercándose peligrosamente al millonario.

-"¡No te atrevas a tocarlo!"- Exclamó Kanon, forcejeando por liberarse de las garras de Bean, obteniendo que este tirara más de sus brazos y que le lastimara.

-"No lo vamos a hacer Weaver. Será nuestro premio de consolación. Mejor aún, será nuestro pequeño anzuelo"- Isaac soltó una carcajada. Shaka dejó de forcejear al sospechar que nada bueno resultaría para él después de que terminarán de hablar

-"¿Anzuelo?"- Pensó el peliazul, horrorizado –"¿Qué quieren decir?... ¿Cuál es su verdadero objetivo?"- Sentía que el rubio estaba en peligro; pero le asustaba más el saber que Shaka no era lo que en verdad buscaban... –"¿Acaso...?"

-"Nuestro pez es mucho más grande"- Soltó Isaac. Su ojo sano brillaba con malicia, aunque Kanon no podía verlo.

-"¿¡Qué quieren decir exactamente?!"- El peliverde dudó.

-"Tú nos guiaste hasta nuestro premio. Durante mucho tiempo mi jefe lo ha estado buscando; ha decir verdad, se mostraba muy interesado en los dos. Quería arreglar viejas cuentas con él y contigo"- Confesaba –"Sabíamos que saldrías con él, y sólo esperamos a que lo hicieras; y aunque no era lo que buscábamos, no te preocupes, lo que encontramos nos será de ayuda para atraparlo..."- Los ojos del guardaespaldas se abrieron con estupor, una vez captado el mensaje. Sabía que en esas circunstancias no podría avisarle a Camus; pero era su amigo, y no quería verlo padecer otra vez. Ya no más. Haría lo que estuviera en sus manos para evitarle otra condena...

-"¡No te dejaré!"- Exclamó bastante enfadado, mostrando sus dientes.

-"¿Enserio?"- Inquirió divertido, antes de lanzar una sonora carcajada y darle la cara. Shaka forcejeó con mayor fuerza. Su rostro había perdido el color a causa del pánico -"No creo que puedas hacer nada para evitarlo, Weaver. En estos momentos te encuentras doblegado a mi merced"- Kanon le escupió en la cara. El peliverde se secó el pómulo y le propinó una bofetada

-"Hijo de..."- Sus pupilas esmeraldas centelleaban de furia, impotencia, miedo...

-"Acéptalo, Weaver. Perdiste."- Pero el custodio no se rendiría tan fácilmente

-"No se saldrán con la suya..."- Dijo en voz baja, enérgico. Los cuatro se echaron a reír.

-"Será mejor que te hagas a la idea porque ya lo hicimos..."- Sonrió victorioso –"Por cierto, mi jefe te manda sus cordiales saludos y un mensaje..."- El grito de Shaka fue reprimido por la mano de Eo, cuando Isaac, con un movimiento sagaz, le asestó un fuerte golpe en el estomago al custodio. –"No te metas en mis negocios..."

Kanon sintió algo helado que le perforó las entrañas, y que su sistema se iba llenando, en cuestión de segundos, por esa esencia carmesí que los componía. Bean le soltó, dejándole caer de rodillas y enseguida desplomarse de cara al suelo. Al peliazul el dolor le cegaba, pero más que eso, la impotencia de no poder hacer nada por su amigo, y por salvar la vida da quien amaba, de quien tal vez no podría ver nunca más. Se sentía culpable de saber que él le había conducido a aquella situación, una razón más por la que su amor estaba prohibido...

Apoyando las manos a la altura de los oídos, hizo fuerza para enderezar la mitad del cuerpo y mirar fijamente a su asesino, quien se alejaba en dirección a la limosina.

Solamente quiero que seas tú

Mi locura, mi tranquilidad y mi delirio

Mi compás y mi camino

Shaka sentía que las lágrimas se le agolpaban en las retinas, y que era tanto su dolor emocional y preocupación, que sus ojos se desbordaban, humedeciendo sus pestañas y la mano de su captor. Aún cuando le jalaran en dirección al auto de sus captores, él continuaba pataleando y tirando de sus extremidades. Y, cuando divisó el charco de sangre que rodeaba el cuerpo del custodio, adquirió mayor fuerza, logrando forcejear con tal ímpetu, que su codo quedó libre y pudo golpear en la nariz al pelirosa

Sólo tú

Solamente quiero que seas tú

Pongo en tus manos mi destino

Porque vivo

Para estar

siempre, siempre, siempre, siempre

contigo amor...

-"¡KANON!"- Su garganta se desgarró. Corrió hacia el peliazul para brindarle cualquier tipo de ayuda, cuando otro par de manos lo apresaron. Para su horror, la que le cubría la boca tenía sangre: -"Su asesino..."- Pensó con estupor. El guardaespaldas temblaba, lo miraba directamente a los ojos. Sus esmeraldas parecían apagarse con el transcurrir de los segundos –"¿Y si jamás lo vuelvo a ver?... ¿Acaso nunca sabrá cual importante es para mi?... No... No puedo perderlo también... yo..."- Pero en ese momento el peliverde le colocó un paño impregnado con una sustancia adormecedora, una que le otorgó un cuerpo laxo, que lentamente fue subido al coche, con los cuatro maleantes, hacia un destino incierto...

Kanon, por su parte, continuaba arrastrándose por el suelo como si fuera un gusano que deja su esencia viscosa a su paso; salvo que esta sustancia era su propia vida. Mientras él intentaba llegar a la limosina, impregnaba el asfalto con una línea de sangre. El otro automóvil ya había emprendido la marcha sin que él hubiera podido poner en practica alguna contingencia tal como poner un dispositivo GPS (3)

Abrió la puerta de la limosina, la que pertenencia al conductor. Con la vista borrosa y con la sensación de vértigo, rebuscó algo bajo el asiento. Al encontrarlo, presionó un botón rojo que comenzó a emitir una débil pulsación. Se trataba de un localizador que sólo podía ser activado desde la agencia en caso de extravió, o en una emergencia como aquella. Con esa pulsación, la SD-6 enviaba a un equipo cercano para averiguar que sucedía. En menos de cinco minutos los paramédicos ya deberían de encontrase ahí. Con un poco de suerte, quizá antes de que su vida hubiera terminado...

Con la poca fuerza que le quedaba sacó el celular de la cajuela y marcó tres dígitos, esperando que le restara la vida suficiente para realizar su advertencia...

-o-.-o-

Unos kilómetros adelante, en la cocina de la mansión, Milo había decidido prepararle un postre a Camus. En aquél instante le acercaba la cuchara a los labios, para que lo probara

-"Anda..."- Le insistía el rubio; pero el color que tenía aquella extraña mezcla homogénea, no anotaba muchos puntos a favor para ser catado

-"¿Qué pasará si me da una indigestión? ¿Tú correrás con los gatos médicos?"- Cuestionó, inseguro. El rubio frunció el entrecejo

-"Vamos, no es para tanto..."- Observó su creación y añadió en tono pensativo –"Aunque... quizá... no debí combinar el azúcar con la sal..."

-"¿Lo ves? Quieres que se me pique el hígado..."- Reclamó con fingida molestia. Milo movió la cabeza de forma contradictoria

-"No creo que eso ocurra; además, el dulce no tiene ese afecto..."

-"Entonces quieres que me vuelva diabético"

-"Pues fíjate que no es tan mala idea. Si tu sangre se endulza puede que otras partes de tu cuerpo pasen por ese mismo proceso."- La idea parecía encantarle. Camus ya se había sonrojado demasiado. Iba a responder, quizá a cambiar el tema de conversación; sin embargo, su celular comenzó a sonar. Le hizo una seña a Milo para que esperara, y se alejó mientras el rubio se llevaba a la boca su invento, lo probaba, y después, su cara adquiría un tono verde pistache. Inmediatamente lo escupió y decidió que nunca más volvería a cocinar

En ese instante Camus terminaba su llamada. Su rostro se veía lúgubre, y miraba el aparato de comunicación que sostenía en la mano

-"¿Pasa algo?"- Le preguntó el rubio en tono dulce. El pelirrojo reaccionó como si apenas se hubiera dado cuenta que no estaba solo en la habitación. Sus pupilas cafés se mantuvieron fijas en los zafiros azules del rubio con un deje de tristeza.

Algo en sus ojos le hizo pensar a Milo que algo andaba mal, muy mal...

Y no se equivocaba...

.o.o.o. To be Continued... .o.o.o.

Song: Coleccionista de canciones, interpretada por Camila

(1) El capítulo seis... ¿Recuerdan?... es del día que Shaka le hace mención a Kanon

(2) En el capítulo tres aparece un recuerdo de Milo, cuando Camus le salvó la vida. Si recuerdan una advertencia que hace Kanon a uno de los maleantes, digamos que ese era Isaac.

(3)Sistema de Posicionamiento Global, conocido también como GPS, es un sistema de navegación basado en 24 satélites, que proporcionan posiciones en tres dimensiones, velocidad y tiempo, las 24 horas del día, en cualquier parte del mundo y en todas las condiciones climáticas. Al no haber comunicación directa entre el usuario y los satélites, el GPS puede dar servicio a un número ilimitado de usuarios. La navegación militar y civil utiliza la información recibida de distintos satélites para determinar su propia posición

gracias x su lectura!!