Capítulo 10: Escenificaciones.
((Bueno, ¡¡estoy orgullosa de decir que ya tenemos una página oficial para nosotros!!
La verdad es que es un poco... cutre y está todavía en construcción pero lo básico está ya puesto, ahora solo queda completar perfiles de los cientos y cientos de personajes que salen en los libros y publicar algo más, pero está bien, ya se puede entrar, jeje.
(Por lo que se ve el link no se puede poner, así que lo pongo a lo cutre: http:// plenilunio 'punto' forogratis 'punto' es/board/
lo de los 'puntos' es literalmente '.' pero por lo que se ve si lo pongo así no me dejaban.)
Si queréis pasaros ya podéis hacerlo, jeje. Estaré esperandoos.))
(Voz de Alex)
"¿Qué tal me queda?" Les pregunté a mis hijos saliendo al salón vestida con el traje de Lady Gwen para la representación de la feria de verano. "No sé por qué pero me sigo viendo rara con todo esto..."
"¿Estas de broma?" Me dijo Frances Gallager vestida de tabernera. "¡Hija mía, si estás perfecta!"
"Al final he tenido que sacarle de pecho." Afirmó Deidre O'Toddler. "Mi fallo, suerte que había previsto eso y le había puesto una pinza lateral."
"¿No creéis que parezco un poco... fresca?" Les dije a la vista de que mis hijos andaban preparándome el caballo para bajar al pueblo montada en el caballo albino de paseo que teníamos y al que le iban a poner unas alas como si fuesen de verdad.
"¡Un ángel es lo que pareces!" Me dijo Billie.
"Y Brenna anda fuera ayudando a tus hijos a preparar la montura." Afirmó Frances sonriendo divertida. "Que si no seguro que te decía lo mismo."
"Ey, mover el culo." Nos dijo la citada entrando con el pelo revuelto y con alguna pluma en él. "La montura de Lady Gwen está lista, señorita." Me dijo a mí haciéndome una reverencia.
"¡Brenna, tu pelo!" Le dijo Deirdre corriendo a quitarle las plumas.
"Brenna Finnegan, eres un auténtico desastre." Le dijo Frances bromeando mientras me ayudaba a ponerme los malditos adornos que luego llevaría para el traje de la representación. "¡Haz el favor de fijarte en nuestra Alexia un poco, ella es granjera y tiene un estilazo fuera del huerto y las cuadras que da envidia!"
"Sí, pero ella es Lady Gwen y yo solo soy una guía." Afirmó ella. "Por cierto, que menuda lady Gwen... seguro que si Carric saliese de su palacio subterráneo se volvía a enamorar de ti."
Carrick, de su palacio subterráneo... No sabían cuanto se acercaban a la realidad.
"Bueno, pues ahí tienes tu montura." Me dijo Brenna señalándome al caballo que mantenían mis hijos en la entrada y que de verdad parecía tener alas.
"¡Dios, os ha quedado genial!" Afirmé.
"Brenna tuvo la idea de ponerle las alas con los aperos de montar." Afirmó Carrick bajando del caballo y tendiéndome una mano para ayudarme a subir. "Vaya, el vestido es precioso..."
"Gracias." Afirmé. "Los vuestro tampoco están tan mal."
"Bueno, somos juglares-guía." Me dijo Eddy sonriendo mientras Carrick montaba tras de mí.
"Habla por ti." Le dijo su gemelo. "Yo soy un pícaro. Y el resto son vendedores."
"No me extraña que te diesen a ti el papel del pícaro." Le dije divertida. "Te va al pelo, Jacky."
(Salto espacio-temporal)
(Voz de Alexiel)
"Bueno... pues ahora os dejo aquí que os apañéis y yo me voy a hacer de guía." Les dije a mis hermanos y a Billie tras haberles ayudado a descargar.
"Hey." Dijo Chad desde detrás de mí asustándome. "Vaya veo que a Jacky le toca de pícaro y a ti de guía."
"Chad, deja de restregarnos que a ti te ha tocado algo chulo." Le dijo tío Rufus. "Buenas, venimos a dar esa mano, como prometimos."
"Pues así tenemos ya 4 tenderos y..." Dije mirando a Ren.
"A mí me ha tocado ser pícaro-juglar." Afirmó él sonriendo. "Pero me han dicho que nada de robar."
"Genial." Dijo Billie. "Bueno, con 4 está bien. Por cierto, mi hijo..."
"Rondando por ahí." Le dijo Ivvan. "A mí me toca hacer de soldado, y Lily..."
"¡¡Yaw!!" La oímos gritar divertida mientras nos mostraba una lata. "¡Mira, mira, me han dado unas monedas!"
"Lily, peque... las damitas no cobraban por las flores que dan." Afirmó Ivvan. "Deberías ir a devolverlo."
"¿Papá sigue con su plan?" Le pregunté interesado.
"Ya conoces a tus padres, son tal para cual de cabezones." Me dijo Chad.
(Salto espacio-temporal)
(Voz de Alex)
"Buenos días, maeses carniceros." Saludé al señor Murray y a su consuegro Brian Keane con una sonrisa.
"¡Ah, buenos días señorita Gwen!" Me saludó el señor Murray.
"¿Ya le ha llevado las flores a la tumba de su madre, señorita Gwen?" Me dijo Brian mientras levantaba la vista de la pieza de carne que estaban cortando.
"Esta mañana, maese Brian." Afirmé con una sonrisa dulce. "Pero ahora mismo vengo de pasear por los acantilados."
"Igual debería tener cuidado, señorita Gwen." Me dijo el señor Murray. "Los acantilados no son lugar para damas jóvenes. Un hada podría jugar con vos."
La verdad es que era algo así como una especie de teatro callejero, cada uno nos metíamos en nuestro papel e interactuábamos lo mejor que podíamos como si fuese la vida cotidiana pero hacía mucho tiempo.
"Buenos días maeses carniceros." Saludó Aidan Gallagher, el hijo mayor de los de la taberna. "Señorita Gwen, siempre es un placer. ¿Habéis venido a hacer la compra para su familia?"
"Buenos días maese Aidan." Le dije haciéndole una especie de reverencia de saludo que se hacía en los tiempos que pretendíamos escenificar. "Sí, en casa necesitábamos un poco de carne fresca. Por suerte, maese Murray y Maese Brian suelen mandarme la carne a casa cuando acaban el turno de trabajo."
La verdad es que era divertido ver a los turistas sacando fotos de vez en cuando; y otras veces...
"Perdone ¿le importa si...?" Me dijo un turista mostrándome una cámara.
"Oh, un retrato." Dije intentando sonrojarme como haría una dama de entonces. "Sí, claro."
La verdad es que a veces los más osados se atrevían incluso a pedirme esas cosas. Era divertido ver cómo parecían cohibidos con la presencia de 'Lady Gwen' a su lado. O quizás temiesen la furia de Carrick.
Por cierto, no sabía quién iba a hacer de Carrick; y al parecer no lo sabía nadie.
(Salto espacio-temporal)
Era ya la hora de la función y por ello, yo fui a actuar, en teoría, iría a la pradera de San Declean, allí actuaríamos ante una tumba que habíamos construido como conmemoración a la leyenda. Me sorprendió ver que la noticia de la leyenda había vuelto a volar como la pólvora y todo el mundo estaba allí, desde la gente del pueblo a los paseantes.
El juglar que contaba la leyenda este año era el propio Aidan Gallager que había cambiado su ropa por la de un traje de juglar, y Chad que era el pícaro-juglar; entre los dos tenían que contar e introducir las diferentes escenas.
Me encantaba la escena cuando Lady Gwen se encuentra por primera vez con Carrick, frente a la tumba de la madre de Lady Gwen... la descripción que se hacía de él como alto y erguido, con el pelo oscuro y ondulado que le caía hasta los hombros, y ojos tan azules como los jacintos que ella llevaba en sus brazos...
"Un día, cuando llevaba flores para la tumba de su madre, enterrada cerca del pozo de San Declan, conoció a un hombre, o lo que pensaba que era un hombre." Dijo Aidan Gallager mientras yo caminaba con unos jacintos azules en mis brazos y arreglados para dejarlos en la tumba falsa que habían hecho como monumento a la leyenda.
"Era alto y erguido, con el pelo oscuro y ondulado que le caía hasta los hombros, y ojos tan azules como los jacintos que ella llevaba en sus brazos." Afirmó Chad con su picaresca habitual. "Buen mozo y gallardo cuya mera apariencia hechizaba a las mortales y cuya presencia hacía recelar a los caballeros."
Vale, eso último era una coletilla de juglar que mi 'hermano' tan bien sabía usar.
Y se supone que ahora venía la parte en la que, mientras arreglaba los jacintos sobre la tumba, era cuando él me llamaba y yo levantaba los ojos y le veía.
"La llamó por su nombre, y la voz fue como música en su cabeza e hizo que su corazón bailara." Dijo Aidan.
"Gwen." Me llamó una voz que hizo que hasta el más recóndito milímetro de mi piel se erizase y escalofriase a la vez.
Levanté la cabeza, más asustada que con el sentimiento que debería haber sentido Lady Gwen cuando le pasó a ella. Y entonces le vi, llevaba el pelo suelto y se le había ondulado ligeramente además de oscurecérselo de castaño oscuro a moreno de un negro azabache brillante bajo el sol de mediodía después de comer.
Tenía los ojos más bien tirando a morado en vez de azul cian oscuro como los jacintos que llevaba yo en brazos, y su piel era un poco más oscura que la mía que ahora yo había palidecido con maquillaje; claro que en ese preciso instante dudo que fuese pálida por el maquillaje que llevaba sino más bien por el susto de ver quién era el que representaba a Carrick.
"Y en un abrir y cerrar de ojos, se enamoraron en la tumba de su querida madre, con la brisa suspirando entre la alta hierba como si fueran hadas susurrando." Afirmó Chad con ese tono suyo que ponía cuando hablaba de romances y que yo sabía que era irónico.
Eso me hizo pensar que en realidad, una vez más, mi propia familia me había tendido una trampa, una vulgar encerrona digna del rastrero de mi marido.
Por suerte, Aidan enseguida continuó con su trozo que Chad había cortado para decir un párrafo él.
"Pero, por mucho que un corazón reconociera al otro, no se trataba de una simple cuestión entre una doncella y un hombre, que se toman de la mano y unen sus vidas, pues él era Carrick, el príncipe de las hadas que vivía en el castillo de plata bajo la colina, donde se asentaba su casa de campo." Dijo Aidan.
Actuar, aquello podía hacerlo. Daba igual que al final Jacob estuviese haciendo de Carrick y que se pareciese tanto a mi Carrick cuando escenificó aquella leyenda para mí hacía tanto tiempo atrás.
Respiré hondo y seguí con mi papel, pues como ya decían por ahí, "The show must go on.", "El show debe continuar."
(Salto espacio-temporal)
(Voz de Jacob)
Era gracioso, por una vez, parecía que el plan había salido bien; no solo Alex no había salido huyendo de mí sino que además, estaba siguiendo con su papel al pie de la letra; y debo admitir que el actuar como enamorados no me estaba costando tanto, era como estar escenificando una historia de lo nuestro desde el punto de después de la guerra contra Jagger.
Lo que más me había gustado hasta el momento fue montar en el caballo blanco alado que habían preparado para el show. Con ella sentada en mi regazo como me habían enseñado unos hombres que iban entonces las mujeres en aquellos tiempos. Debido al bamboleo del caballo y al papel de enamorada que estaba representando, no le quedó más remedio que pegarse a mi pecho a fin de sujetarse como pudo mientras con una mano yo la sujetaba a ella para darle confianza y con la otra me encargaba de guiar al caballo mientras el anciano que hacía del padre de ella gestificaba con el puño.
"...su padre, desvelado por los dolores que padecía en los huesos, vio a su hija salir volando del cielo a lomos del caballo blanco y alado, con el príncipe de las hadas detrás de ella. Guiado por el miedo y su falta de comprensión, sólo pensaba en salvarla del hechizo, donde sin la menor duda había caído." Habían dicho los narradores-juglares de la historia.
En cambio, pronto llegó el momento en que Carrick cobraba más importancia.
"Nada más enterarse, Carrick montó en cólera y ordenó a los relámpagos, los truenos y el viento que azotaran y se estrellaran sobre las colinas y hasta el mar. Y los lugareños, los granjeros y los pescadores se echaron a temblar, mas Lady Gwen seguía sentada en silencio en su casa, ocupada en zurcir." Dijo Chad haciendo gestos para enfatizar sus palabras y jugando con el tono de su voz aumentándolo y bajándolo, hablando más deprisa y a un ritmo normal.
"Teatrero..." Pensé mientras actuaba como si estuviese furioso pero controlándome para no exaltarme y causar un altercado.
"Al amanecer, Carrick montó en su caballo alado y voló hasta el sol." Continuó Aidan, el tabernero disfrazado de juglar. "Recogió fuego del sol, formó unos diamantes deslumbrantes y los depositó en una bolsa de plata. Y estas joyas candentes y mágicas son las que le llevó a su casa. Cuando ella salió a su encuentro, las derramó a sus pies y le dijo..."
"Te he traído joyas del sol." Le dije a Alex mientras las derramaba a sus pies con un gesto suave. "Representan mi pasión por ti. Acepta estas joyas y acéptame a mí, porque te ofreceré todo lo que poseo y más."
"Lo siento, no puedo..." Me dijo ella como si le penase y doliese de verdad decírmelo a mí. "Estoy... prometida, a otro."
"El deber la contuvo y a él, el orgullo." Afirmó Aidan. "Cuando se separaron, dejando los diamantes esparcidos entre las flores. Así que estos también se convirtieron en flores." Continuó haciendo una pausa de efecto de nuevo. "El día que se casó con el pescador, su padre murió. Era como si se hubiera aferrado a la vida, con todo su dolor, hasta asegurarse de que su Gwen estaba a salvo y protegida. Así que su marido se trasladó a la casa." Dijo mientras uno de los actores, que hacía de marido iba al escenario que hacía de cocina-salón y le daba un beso que estuvo a punto de hacerme enfurecer. "La dejaba antes de que el sol saliera cada día para echar sus redes y pescar. Y sus vidas se acostumbraron a la dicha y al orden."
El hombre se fue con unas redes en la mano y luego volvió para hacer como que cenaban juntos.
"Mientras Gwen vivía su vida tal como se esperaba de ella, Carrick perdió su entusiasmo poda música y la risa." Dijo Chad entonces mientras las chicas que hacían de mi corte de hadas y hados hacían cabriolas y tocaban instrumentos para mí mientras yo hacía que no me alegraban y me aburrían incluso.
"Una noche." Prosiguió Chad. "Con gran desesperación, montó su caballo de nuevo y voló hasta la luna, recogiendo su luz, que se convirtió en perlas en su bolsa de plata. Una vez más, volvió a ella, y pese a que llevaba su primer hijo en su seno, salió del lecho de SU marido para ir a su encuentro."
"Éstas son las lágrimas de la luna" Le dije repitiendo mi guión. "Representan mi añoranza por ti. Acepta estas joyas y acéptame a mí, porque te ofreceré todo lo que poseo y más."
"De nuevo, pese a que sus propias lágrimas le corrían por las mejillas, ella volvió a rechazarle.." Afirmó Aidan suavemente. "Porque ella pertenecía a otro, llevaba su hijo en su seno y no traicionaría su juramento. Una vez más se separaron, el deber, el orgullo y las perlas que yacían en el suelo se convirtieron en damas de la noche."
"Así que transcurrieron los años, con Carrick muy apenado y Lady Gwen haciendo lo que se esperaba de ella." Afirmó Chad. "Crió a sus hijos y disfrutó con ello. Se ocupó de las flores y se acordó del amor."
Aquello era exactamente como cuando ella se fue a Volterra para ocupar el cargo de líder de los vampiros, con nuestros hijos Jacky y Eddy, ella había criado a nuestros dos hijos bien, había hecho lo que se esperaba de ella en todo momento pero no lo que su corazón había deseado.
"Porque si bien su marido era un buen hombre, nunca había tocado los lugares más recónditos de su corazón. Y envejeció, su rostro y su cuerpo se arrugaron, permaneciendo su corazón joven con los deseos nostálgicos de una doncella." Acabó Chad mientras yo estaba pensando todo eso.
"Como el tiempo es diferente para las hadas que para los mortales, un día Carrick montó su caballo alado y voló por encima del mar, zambulliéndose profundamente en él para encontrar su corazón. Allí, el pulso del mar fluyó en su bolsa plateada y se convirtió en zafiros. Se los llevó a Lady Gwen, cuyos hijos tenían hijos ahora, su pelo se había encanecido y sus ojos se habían apagado. Sin embargo, lo único que vio el príncipe de las hadas fue la doncella que amaba y anhelaba." Afirmó Aidan. " Y derramó los zafiros a sus pies."
De verdad Alex parecía una anciana ahora, se había vuelto a cambiar rápidamente de vestido y vestía como una abuela, incluso se había encorvado ligeramente y se había puesto unas gafas y maquillaje que le hacía parecer la cara surcada de arrugas por la vejez mientras su pelo estaba cano y recogido en un moño de abuela de los cuentos de hadas.
"Éstos son el corazón del mar." Afirmé derramándole las piedras azules a sus pies con cuidado y suavidad. "Representan mi constancia. Acepta estas joyas y acéptame a mí, porque te ofreceré todo lo que poseo y más."
"Y en esta ocasión, con la sabiduría de la edad, ella vio lo que había hecho al rechazar el amor por el deber. Por nunca haber confiado en su corazón. Y lo que él había hecho por ofrecerle joyas, pero sin entregarle lo único que podría haberla convencido." Dijo Chad mientras Alex parecía apenarse apoyada en su bastón de madera tallada.
¿Qué era lo que podía haber deseado aquella mujer de la leyenda a la que el mismísimo príncipe de las hadas había intentado colmar de joyas y que ella había despreciado?
Si yo pudiese, le daría a Alex todas aquellas joyas pero a sacos en vez de bolsitas elegantemente adornadas.
"Eran palabras de amor, en vez de pasión, en vez de añoranza, incluso en vez de constancia, lo que ella había necesitado." Confirmó Aidan como si estuviese contestándome a mí. "No obstante, ahora era vieja y estaba encorvada, y sabía, al contrario que el príncipe de las hadas, que no era mortal, que era demasiado tarde."
Entonces la vi estallar en llanto cubriéndose la cara arrugada con una mano para, cuando se la quitó, rebelar la cara mojada como si tuviese lágrimas de verdad.
"Carrick, ahora ya soy vieja y mi vida casi ha finalizado ya." Me dijo ella entre llantos pero bastante claramente. "Si me hubieses traído amor en vez de joyas, si me hubieses hablado de amor en vez de pasión, añoranza y constancia, mi corazón quizás hubiera vencido al deber." Afirmó como si lo sintiese de verdad.
Aquello me hizo congelar; era como si fuese Alex hablándome a mí, Jacob, en vez de Lady Gwen hablándole a su amado Carrick.
"Él había sido demasiado orgulloso y ella demasiado ciega como para ver el deseo de su corazón." Afirmó Chad divertido de vernos así. "Sus palabras le enfurecieron... Le enfurecieron..." Me recalcó para hacerme despertar y actuar como si enfureciese aunque dentro de mí lo que tenía era la más profunda pena. "... ya que él le había traído amor una y otra vez, de la única forma en que sabía hacerla. Y en esta ocasión, antes de partir de su lado, conjuró un hechizo."
Creo que le tocaba a él decirlo, pero no parecía saberse esa parte. No, un momento... ¡era mi parte!. ¡Yo era quien debía decir el conjuro!
Me insulté mentalmente mientras intentaba acordarme de cómo seguía; y entonces, las palabras fueron apareciendo en mi mente con la voz de Alex mientras yo las iba repitiendo en voz alta.
"... deambularás y esperarás, tal y como yo he hecho, año tras año, sola y aislada, hasta que unos corazones verdaderos se encuentren y acepten los obsequios que yo te he ofrecido durante estos años: joyas del sol (rubíes), lágrimas de la luna (perlas) y el corazón del mar (zafiros)." Dije aparentando estar furioso e indignado por su respuesta a mis ofrendas. "Tres encuentros a celebrar, las tres veces deberán ser aceptados hasta que el hechizo se rompa."
"Entonces, Carrick se montó en el caballo y voló en la noche, una vez más las joyas a sus pies se convirtieron en flores." Afirmó Aidan mientras yo montaba en mi caballo para perderme en el camino; sin embargo, seguí oyendo la historia mientras dejaba el caballo donde me lo cogieron los niños. "Ella murió esa misma noche y en su tumba las flores brotaron, una estación tras otra, mientras el espíritu de Lady Gwen, adorable como la joven doncella, aguarda y llora por el amor perdido."
Alex se había tumbado en la mecedora y parecía muerta de verdad mientras el que hacía de hijo hacía como que la descubría y hacía la señal de la cruz para cogerla ponerla sobre una mesa decorada como un sepulcro donde la dejó para que poco a poco fuesen apareciendo flores de debajo de las sábanas como si floreciesen allí mismo.
"Moraleja: Jovencitas, confiad en vuestro corazón y nunca rechacéis el amor, sea cual sea la forma de expresarlo aceptar el amor en cualquiera de sus formas." Dijo Chad bromeando y haciendo un giro con su instrumento musical antes de ambos juglares quitarse el gorro mientras les aplaudían y hacer una reverencia.
Entonces yo corrí a un ritmo humano para con dos saltos plantarme junto a Alex y el resto de actores y agradecer con reverencias los aplausos del público.
Sabía que Alex intentaría escaquearse de mí en cuanto tuviese ocasión, así que le cogí de la mano y seguímos haciendo reverencias hasta que pudimos parar.
"Suéltame." Me dijo.
"Tenemos que hablar." Afirmé yo.
"No tenemos nada que hablar." Afirmó ella.
"Si he hecho esto ha sido porque necesitaba hablar contigo." Le dije montándola en el caballo blanco que tenían sus hijos de nuevo junto a nosotros. "Jia." Dije picando al caballo para hacerle ir corriendo hasta un punto un poco alejado del barullo de las celebraciones.
Tan pronto paré el caballo, ella bajó con un salto grácil al suelo y se puso a estirarse las ropas.
"Alex." Le dije desmontando también. "No podemos estar así."
"¿Y qué sugieres tú que hagamos?" Me dijo. "Por tu culpa Sari ahora me odia."
"Eso es mentira." Le dije sacudiendo la cabeza. "Sari es como nosotros, sabes que se le calienta enseguida la sangre cuando se siente traicionada, y el que no hayas querido decirle que estábamos vivos hasta que ella lo ha descubierto por ella misma es alto que no le ha sentado bien."
"Ni siquiera me dejó explicárselo..." Me dijo tristemente.
Yo tenía razón, su mayor debilidad eran sus hijos; no parecía haberle entristecido tanto el estar separada de mí, el que yo pudiese estar enfadado con ella, sin embargo, el que nuestra hija Sari estuviese furiosa con ella por eso era algo que parecía dolerle mucho.
Ya sé, ya sé, debería haberme aguantado y haberme mantenido firme, pero no pude aguantarme y acabé rodeándola con los brazos para intentar reconfortarla; al fin y al cabo, igual que nuestros hijos eran su debilidad, ella era la mía.
"Alex, cariño..." Le dije haciéndola apoyar su cabeza en mi pecho. "Te amo... y sé que tú a mi también."
"Pero estoy casada..." Me dijo.
"Debo admitir que por un momento, mientras estaba batiéndome en duelo con tus primos y con Ivvan, cuando me di cuenta de lo que te había hecho con mi olvido y reconociendo a Marah como mi esposa en vez de a ti... por un momento pensé que Ivvan te convenía más que yo, que él te haría más feliz que yo porque era más apropiado para ti." Le confesé. "Pero ahora sé que no puedo renunciar a ti. Es superior a mí, no puedo estar lejos de ti."
"Tampoco yo." Confesó susurrando de una forma que los humanos no podrían haber oído y hasta a mí me costaba haber oído. "Pero no puedes obviar que Ivvan y yo..."
"Lo sé, pero... con tal de estar contigo, no me importa que seas bigama." Le dije. "Estoy dispuesto a asumir las consecuencias de mi error, mis errores y a aceptar que Ivvan es también tu marido."
"¿Qué...?" Murmuró ella confusa.
"No me gusta un pelo el tener que compartirte con otro, pero... prefiero compartirte que perderte para siempre." Afirmé. "Y a Ivvan le pasa lo mismo."
"Pero... Ivvan no..." Dijo.
"¿Quieres que se lo preguntemos?" Le dije.
Entonces la cogí en brazos y monté en el caballo para espolearlo de nuevo y llevarlo hasta donde estaban todos los caballos, allí lo paré y bajé con ella aún en brazos para atar al caballo al poste y salir corriendo con ella aún en brazos hasta encontrar a Ivvan donde paré y la descargué.
"Ivvan." Le llamé. "¿Puedes venir un momento, por favor?"
Él me miró un poco desconfiando y asintió para despedirse de la gente con la que estaba y venir. Los tres fuimos hasta salir de la vista y allí con un salto subimos a los tejados donde pudimos desplazarnos con más facilidad hasta acabar en lo alto de la torre de la iglesia donde estaba la campana y sin que nadie nos hubiese visto.
"¿A qué viene esto?" Dijo Ivvan.
"Le he contado a Alex lo de la bigamia." Afirmé. "Pero creo que no se cree algo sobre ti. ¿Te importa hablar con ella?"
Entonces la miró y volvió a mirarme a mí asintiendo.
"Sí, desde luego." Me dijo.
(Salto espacio-temporal)
(Voz de Alex)
"Jacob... me ha dicho que acepta todo esto como... bigamia, que... que no mle gusta el tener que compartirte contigo, pero... que lo prefiere a tener que perderme para siempre." Dije dudando. "Dice que tú... que estás..."
"Sí, estoy de acuerdo." Me dijo él suavemente. "Coincido con él en que es preferible compartirte entre los dos a perderte para siempre." Afirmó.
"Pero... es..." Dije.
No podía creerme que él que tenía dos dedos de frente más que Jacob hubiese aceptado aquella locura.
"Verás, Isabella." Me dijo cogiéndome suavemente las manos entre las suyas y frotándomelas con mucho mimo y suavidad. "Yo soy realista, sé que te casaste conmigo porque me quieres, llevamos juntos demasiado tiempo como para no ser capaz de saber lo que piensas sin tener que compartir un vínculo mental contigo. Tú amas solo a Jacob, y eso es algo que nunca va a poder cambiar. El amor que tenías a Carrick y el que le tienes a Jacob es algo a lo que ninguno de nosotros va a poder aspirar nunca y tú lo sabes. Sin embargo, es evidente que a mí me quieres bastante, aunque no sea como a él. Aceptaste casarte conmigo cuando te lo propuse hace meses, tú nunca te casarías con nadie que no quisieras un poco más que al resto de mortales. Y como sé que me quieres aunque no sea como yo te quiero a ti, y porque sé que nunca voy a poder cubrir el hueco que dejó Jacob... yo también prefiero compartirte con él antes que quedarnos los dos sin ti."
Aquello me había dejado paralizada; me había tomado por sorpresa, nunca habría pensado que aquello fuese así... Bigamia... hasta ese punto había acabando llegando...
Casada con mis dos personas más queridas que no fuesen mis hijos... una mujer y dos maridos...
Aquello era una locura, sobre todo cuando vi que ambos estaban mirándome con interés, como intentando ver algo en mí.
Entonces cerré los ojos y respiré hondo para calmarme.
De pronto, pronuncié las dos palabras que más veces había repetido en mi vida comparadas con las veces que se había dado en contexto apropiado. "Sí-quiero."
Como diría Chad o Embry... Bigamia ¡alla vamos!
