¡Hola queridos Terrafofans!

Hemos recibido más reviews ¡muchísimas gracia a todos! De verdad que no os imagináis la ilusión que nos hacen. cada vez que vemos uno nuevo nos avisamos rápidamente la una a la otra para leerlo y estamos un buen rato muy emocionadas (y sintiendo una responsabilidad muy grande para no defraudaros, para qué mentir XDD). Los respondemos por aquí dado que no nos deja hacerlo de manera personalizada. Gracias, sois amor 3

Lobo: Gracias por seguir leyendo y comentando ^^. Nos alegra un montón que le gustase, estamos llegando ya a la parte donde de verdad empieza la historia, porque hasta ahora ha sido sobretodo una presentación de personajes, del contexto...El verdadero pistoletazo de salida es a partir del capítulo 10, que subiremos el miércoles que viene. ¡Esperamos que tanto este como los que quedan por venir te sigan gustando!

Karen: Muchísimas gracias 3. Justo pides un capítulo de Alex y Yaeko en el momento correcto. El de hoy es introducción del siguiente, que está enfocado desde el punto de vista de Alex y en el que puede que salga Yaeko ¡tendrás que leer este capítulo para averiguarlo! ;)

Victor Ramirez: ¡Gracias por leer y tomarte tu tiempo en comentar! ^^. Tienes razón, nos falta muuucho por pulir, de hecho cuando releemos los primeros capítulos a veces nos horrorizamos comparándolos con los últimos que estamos escribiendo porque vemos un montón de cosas que cambiaríamos. No obstante resulta curioso que nos recomiende pulir el estilo alguien que en un review de unas pocas líneas comete tantos errores gramaticales, ortográficos y de redacción XD. Es una pena que no te enganche, pero bueno no es nuestra intención que lo haga, si buscásemos eso dejaríamos los capítulos con cliffhangers, que es un recurso muy utilizado para mantener al lector en vilo. Pero claro, esto no es un fic en sí, sino un proyecto con varios fics (aquí lo subimos como fic único por la política de FF) así que tampoco tendría mucho sentido que utilizásemos cliffhangers. En lo del realismo sí que no te puedo dar la razón dado que aunque haya cosas en las que fallemos porque no vivimos en USA (de hecho somos europeas), nos documentamos hasta el punto de conocer las horas y salidas del Sol en la región en la que se desarrolla la historia. Gracias por los consejos, seguiremos trabajando para mejorar ¡go, go, go!

Ya en relación con el capítulo de hoy, seguimos con nuestros tres chicos y las camareras; y con Marcos hablando quizás más de lo que debería. Aunque llevemos ya 9 capítulos todavía no hemos entrado en la historia de lleno. A partir de los capítulos que empezamos a subir la semana que viene es cuando empieza lo bueno (y el fluff exagerado entre ciertos personajes xD). Sí, somos muy pesadas, pero cuando empezamos a escribir esto fue como un preyecto personal a muuuuuuy largo plazo, por eso quizás la estructura no es la habitual de otras historias ^^.

- Título: Invitación repentina
- Autora: Karuite
- Palabras: 2049
- Personajes: Marcos, Kanako, Alex, Akari, Yaeko

¡Gracias a todos! Los views siguen subiendo y acercándose más a 500, en cuanto subamos algún capítulo más y nos acerquemos a esa cifra avisaremos porque necesitaremos haceros una pregunta para una posible sorpresa. ¡Ah! y otra pregunta más ¿os gustaría leer algún fic más sobre Terra Formars no relacionado con el AU? si os gustaría hacérnoslo saber y según si las respuestas son positivas puede que me anime (Eme sylvestris al habla) a subir uno que escribí hace unos meses.

Para más información al respecto podéis consultar nuestro tumblr: cockroacheswetdreams

¡Que no os coman las cucarachas!


Invitación repentina

Salieron de casa cuando Marcos volvió de dar el paseo nocturno a Max, que se quedó gimoteando cuando salieron por la puerta. Mientras Akari y Alex convencían al joven rubio de que su querido perro no le iba a odiar por quedar unas horas solo, llegaron a La Cucaracha Marciana.

En el letrero del bar, la cucaracha de cara extraña con cuatro maracas y una especie de sombrero mejicano con borlas doradas les miraba desde lo alto. De primera impresión, el cartel le parecía horrible, estrambótico y bastante turbio, pero tras varias visitas hasta resultaba simpática. Cuando Akari preguntó a los otros dos cómo habían acabado en un local tan poco apetecible desde fuera, Alex le contó que era uno de los pocos locales que ponían bebida a menores de 21 siempre y cuando no montaran escándalo. Además les había hecho gracia la cucaracha y el nombre.

En la puerta encontraron a los dos impotentes gemelos. El leve movimiento de sus ojos con el que seguían a la gente que entraba al local era la única pista para saber que no eran estatuas. Si alguien les dijese que no se habían movido ahí desde la última vez que fueron, se lo habrían creído.

Pasaron al interior, y en ese momento, muy oportunamente, sonaba "Scream and Shout" de Will. ft. Britney Spears.

When we up in the club…
All eyes on us
All eyes on us
All eyes on us

En la barra de la pista de baile en vez de una de las japonesas estaba Sylvester Asimov, su jefe, un hombre voluminoso con una barba larga bien arreglada y sin bigote. Con metro noventa de estatura, brazos inmensos y potente voz no era un hombre al que le costase hacerse respetar, aunque sus empleados siempre remarcaban su carácter afable.

Mientras esquivaban a la gente que coreaba el estribillo de la canción (We sayin, ooohh weeee ooohh, wee oh, wee oh) subieron las escaleras. En la parte de arriba encontraron a Kanako y Yaeko sirviendo bebidas y fueron hacia ellas. Marcos, adelantándose a sus amigos, se inclinó sobre la barra apoyándose en los codos.

- Kanako – La mujer se giró hacia la voz melosa de ojos verdes. – qué guapa estás hoy.

- No seas zalamero. – Aun así sonrió apoyando una mano en la cadera. – ¿Qué quieres tomar?

- ¿Yo zalamero? – Abrió los ojos con fingida sorpresa. – Anda… - Volvió la expresión dulce. – ponme una cerveza con tequila como a mí me gusta.

Mientras Kanako, sonriente, sacaba un botellín para que Marcos bebiese la parte del cuello y rellenársela con el tequila, Akari y Alex llegaron a la barra.

- ¡Akari! – Yaeko le miró fijamente – ¿Qué te ha pasado en la cara?

- ¿Eh? ¡Ah!... Esto… pues…

- Se dio contra una farola por ir mirando el culo a una rubia. – Alex no le dio tiempo a defenderse. – Tendrías que haberle visto hace tres días, tenía la nariz como una patata.

- ¡Además es su profesora! – apostilló Marcos mientras Akari enrojecía cada vez más.

- ¿Te gustan maduritas o qué? – Kanako no se andaba con rodeos.

Todos se rieron mientras Akari, rojo, aguantaba las ganas de gritar. Esta vez Alex salió en su defensa.

- Bueno, bueno. – Posó la mano en su hombro. – Es casi de su edad, eso es cierto.

- Sí, sí, el chaval parecía tonto, pero la verdad es está bien buena.

Akari recobró un poco la compostura pese a la puya, pero esta vez fue Kanako la que no se rió.

- Me voy a recoger las mesas.

- Ey, Kanako, espera – llamó Marcos. Si la chica le oyó, no dio muestras de ello – Pero qué… - se giró a Akari y Alex, que se encogieron de hombros. – ¿Qué le pasa?

Yaeko sirvió una cerveza con tequila a los otros dos lanzando una mirada reprobatoria al rubio, que no pareció notarlo, y fueron a sentarse a una mesa que acaba de quedar libre. Marcos seguía con el ceño fruncido dándole vueltas.

- ¿Creéis que se ha enfadado? – La siguió con la mirada mientras recogía vasos aquí y allá como si así pudiera averiguarlo.

- Nah, no creo. – Comentó Alex. – Pero eres un bocazas.

- ¿Por qué? Si no he dicho nada malo. Además, tú pensabas lo mismo. – Se cruzó de brazos molesto.

- A ver, Marcos. – Usó aquél tono de profesor ante un alumno especialmente lento. – A las mujeres no les suele hacer gracia que alaben a otras mujeres delante de ellas. – Dio un trago a su cerveza antes de rematarle. – Que pareces tonto.

- ¡Pero si ni siquiera me gusta la rubia esa! Además tiene pinta de estirada.

- ¡Eh! – Akari le dio un empujón de broma, a ver si se animaba. – No te metas con Michelle.

- ¡Estirada! ¡Estirada! ¡Estirada!

- Me tienes envidia porque a ti solo te dan clase carcamales.

- Al menos las farolas no entran en mi dieta. – Los mejicanos se echaron a reír, seguidos de Akari, que empezaba a asumir que no era algo que olvidarían fácilmente.

- Por cierto, ¿qué tal con la señorita Michelle? Ya que nos dejaste tirados el otro día…

- Pues… - Miró a Alex. – Va al mismo gimnasio que yo. Me ha dicho Keiji que mola el boxeo. Y… - Suspiró. – Sinceramente, no está NADA mal cuando entrena. Aunque está el tío este. – frunció el ceño. – Un tal Joseph. – Chascó la lengua. – ¡Hasta Keiji le conoce, al parecer!

-¿Qué pasa? ¿Es su novio o qué?

-Mira, no lo sé, pero todo el mundo habla de él. Michelle estaba rara y cuando nombraban al tal Joseph este, que había vuelto, o algo así, les parecía normal a todos. Espero que no la esté molestando porque si no…

- ¿Pero le has visto alguna vez? – Miró a Marcos que estaba muy callado. – Oye, tío, vaya ritmo bebiendo llevas hoy.

- Bueno. – Se encogió de hombros y no dijo más.

El rubio, que no estaba muy pendiente de la conversación, vio que Kanako regresaba detrás de la barra. Apuró su cerveza y dejó a los otros hablando mientras se diría a la muchacha, que estaba de espaldas.

La japonesa vio que Marcos se dirigía hacia ella. Estaba molesta. Realmente no sabía muy bien por qué. Era normal ese tipo de comentarios en un crío de esa edad, pero ¿lo tenía que decir delante de ella o qué? Se puso a recolocar las botellas a ver si con un poco de suerte la ignoraba.

- Kanako. – Le oyó perfectamente, pero no hizo caso. – Ey, Kanako. – Repitió su nombre más alto y esta vez se giró.

- ¿Qué quieres? – Sonó bastante más borde de lo que pretendía y Marcos la miró dolido. Sintió una punzada de remordimiento.

- Quería… - Vio cómo se rascaba la cabeza, ligeramente sonrojado. – Quería pedirte perdón si te he molestado antes… Y quería enseñarte algo. – Rebuscó en su bolsillo y sacó el móvil. – Mira.

Cogió el móvil con cierta desconfianza. En el fondo de la pantalla había un cachorrito de color dorado con grandes orejas y la boca abierta. Casi parecía que estaba sonriendo. Al levantar la cabeza extrañada se encontró con un sonriente Marcos que esperaba su reacción.

- ¿Es tuyo? – Le miró extrañada.

- ¡Sí! – Marcos se mordía el labio con los ojos muy abiertos.

- Ya veo – Esbozó una pequeña sonrisa. – Es muy mono.

- ¡A que sí! ¡Se llama Max! Es súper juguetón. Y… bueno… estaba pensando… - Se rascó el cuello y miró al final de la barra como buscando lo que quería decir allí escrito. Siempre hacía el mismo gesto cuando quería decir algo en serio, al menos todo lo serio que podía ser. – Que si querrías venir a mi casa a verlo. – Kanako le miró sorprendida. – ¡Ah! Bueno, también puede venir Yaeko, ¿eh? Es que Max es chiquitín aún y no podemos llevarle a grandes paseos. – Le sonrió con ojos brillantes. – Ya verás, ¡te va a encantar!... ¿Qué me dices?

Kanako se tomó un momento antes de contestar. Tenía ganas de conocer el perrito, y, aunque le dijo que antes hablaría con Yaeko, quedaron en ir a comer al día siguiente. Vio alejarse al rubio con otra cerveza con tequila mientras sacudía la cabeza con una sonrisa. Maldita sea. No podía enfadarse con él mucho tiempo. Esos ojos verdes iban a ser su perdición.

Alex observó a Marcos volver con una sonrisa radiante y canturreando.

- Qué – Akari le golpeó el hombro. – ¿Ya arreglaste las cosas con Kanako?

- Sí. – Dio un sorbo a su cerveza. – Ah, por cierto, mañana vienen las dos a comer a casa.

- ¿Qué? – Alex le fulminó con la mirada.

- Pues… eso. Es que le enseñé a Max y así lo conocen. – El rubio le miró desconcertado. – ¿No te gusta que vengan?

- ¡Claro que me gusta! ¡Pero la casa está hecha un desastre!

Alex dirigió su mirada a la barra. Kanako y Yaeko estaban hablando y vio como Yaeko asentía y miraba en su dirección. Levantó tímidamente la mano sonriendo y Alex le devolvió el gesto sonriendo también. Cuando se giró a Marcos le atravesó con la mirada.

- Yo te mato.

- Bueno… Tampoco está tan mal, lo recogeremos antes de que lleguen… ¿A que sí, Marcos?

- Mañana – les amenazó – más os vale madrugar para limpiar TODA la casa. No quiero que piensen que vivimos en una pocilga.

- Que sí, que sí. – Marcos le hizo un gesto con la mano para que se relajase. – No te pongas histérico ahora.

Miró a los dos incrédulo mientras seguían hablando de otros temas entre risas. ¿Por qué estaban tan tranquilos? Tendrían que madrugar y ponerse a limpiar toda la casa antes de que llegasen. Le había dicho a Marcos mil veces que no invitase a gente de repente. Las dos muchachas habían ido más veces a su casa, eso no le molestaba. De hecho le gustaba mucho. Solía hacer la comida a medias con Yaeko. Como su cocina era pequeña tenía que estar bastante cerca de la muchacha aunque a ninguno de los dos parecía molestarle. Y, para qué negarlo, las dos mujeres alegraban mucho la casa y la vista. Además la japonesa cocinaba muy bien, aunque a veces se ponía nerviosa cuando estaba con él. Pero estaba muy bonita cuando se sonrojaba. Bueno, Yaeko siempre estaba muy guapa, como hoy, con la camiseta de tirantes y el pelo recogido, y esa sonrisa, su voz delicada…

- ¡Alex! – Marcos le estaba sacudiendo por el hombro. – Tío, que estás empanado. Estábamos hablando que en nada es Halloween, habrá que pensar disfraces, ¿no?

En Halloween, La Cucaracha hacía fiesta especial. Además las chicas trabajaban ese día, así que tendrían que pensar algún disfraz sencillo o que al menos no les costase demasiado hacer para acercarse, y Sheila también se apuntaría. Akari se ofreció a maquillarles él mismo dadas sus capacidades con el dibujo, así que igual este año se lo podrían trabajar un poquito más y valoraron sus opciones hasta la hora de marchar a casa. Antes de irse, pasaron por la barra para aclarar cómo quedarían mañana.

- Bueno… - Le dijo a Yaeko. – Dice Marcos que mañana venís a casa, ¿verdad?

- Sí… - Se sonrojó. – Así conocemos al cachorrillo y eso…

- Creo que podemos hacer algo para los cinco con la comida que tengo en casa – A la muchacha le tembló el labio. – Si quieres, claro…

- ¡Sí, sí! ¡Claro! – Contestó con un tono de voz demasiado alto y luego bajó la voz – Sin problema.

- Genial. Entonces… – Se sonrojó y bajó la mirada. – ¿Venís a las 11? Así podemos cocinar algo juntos

- Ah, eh… sí, claro… a las 11… - También parecía bastante interesada en sus propios pies.

- Bien… Pues ahí nos vemos…

- Sí…

- Si no podéis o lo que sea, no pasa nada, ¿eh?

- Ah, no, no. Ahí estaremos.

- Bien.

Se produjo un silencio excesivamente largo entre ellos mientras evitaban mirarse. Marcos, creyendo que no iban a acabar nunca, pasó un brazo por los hombros de Alex, se despidieron y finalmente salieron del bar. Marcharon para casa mientras Alex les hacía una detallada lista de todo lo que tenían que limpiar a la mañana siguiente, incluyendo lavar y cepillar a Max.

No iba a admitir "peros".