Muy buenas! Aprovecho cada minuto libre para poder actualizar y no hacerles esperar mucho jiji!

Conejoluigi: De nuevo te agradezco mucho tus comentarios, querido lector! Entiendo lo que quieres decirme en cuanto a la personalidad de Cloud, pero sentí que sería buena idea cambiar un poco la personalidad de Cloud para el episodio anterior, ya que en el juego original, el rubio cambiaba cuando trataba a Aeris, pero agradezco muchísimo tu consejo y no te preocupes que no me enojo querido jiji El fic ya lo tengo bastante avanzado en mi ordenador, lo voy subiendo poco a poco, así que puedo adelantarte que las cosas cambiarán dentro de poco, solo hay que tener paciencia! Mil besos!

Reimy: Querida lectora! Muchas gracias por tomarte tu tiempo para leer mi fic, te lo agradezco inmensamente! La verdad que León es un personaje bastante interesante, ¿no crees? A mi también me gustó mucho verlo como amigo de Aeris en Kingdom Hearts, pero bueno, todavía no puedo desvelarte que papel exactamente jugará en el corazón de nuestra querida Aeris en este fic, pero lo sabrás pronto, ya lo verás! Muchos besos corazón!

Lady Yomi: Mi querida lectora! Muchísimas gracias por tu review. Si, es bastante curioso verdad? Pero en este capítulo se disiparán todas tus dudas, ya lo verás! Y si, Cloud es demasiado irresistible, pero a veces el amor no funciona como queremos :( ya lo descubrirás en este capítulo hermosa. PD: Me encantan tus historias! No había tenido la oportunidad de leerlas hasta hace unos días que me tome un respiro y las leí! Son maravillosas! Un besito y un abrazo!

Espero que les guste este nuevo capítulo, es algo más largo que el anterior, pero creo que merece la pena!

Capítulo 10 - Decisión

-Cloud, yo… - dijo Aeris, separándose lentamente del rubio, que la miraba sin entender.

-¿Va todo bien? - preguntó el de ojos azules, intentando comprender que era lo que estaba pasando por la mente de la joven muchacha de cabellos castaños. Sin embargo, Aeris tenía los ojos llenos de lágrimas, lo que consiguió que Cloud se pusiera aún más nervioso. Se preguntó si había sido un mal beso o si había sido demasiado precipitado, pero cuando lo hizo ella parecía querer besarlo también…

El rubio pasó sus brazos por encima de los hombros de Aeris, intentando reconfortarla, pero en aquellos instantes nada parecía poder reconstruir el débil corazón de la pianista.

-Es sólo que… no puedo. - susurró la joven - Sephiroth y yo… no puedo dejar de querer a alguien en tan poco tiempo, por mucho daño que me haya hecho…

Cloud encajó todas y cada una de las palabras de Aeris como un golpe seco y duro contra su alma. Se odió a si mismo por haber sido tan precipitado, por haber antepuesto sus impulsos y sus sentimientos antes de los de ella, sin preguntarle si estaba bien, si podía hacerlo.

-He sido un idiota. Lo siento… - se disculpó él, aunque no se atrevía a mirarla. Sabía que si lo hacía, abrasaría su corazón en llamas y no podría soportarlo.

-No, tú no tienes la culpa. Tú no eres el causante de esta situación, Cloud - dijo ella rápidamente, intentando liberar al rubio de su repentino tormento. - Es sólo que… necesito tiempo.

Entonces, armándose de valor, Cloud pudo mirarla y pudo leer en el rostro de ella todas las sensaciones que atraviesa una mujer herida. Una mujer a la que le han hecho daño, pero que no puede dejar de amar a la persona que tanto la hiere.

El rubio apretó los labios con fuerza. No iba a enfadarse con ella. Es más, no debía. Sería un acto egoísta por su parte tratar así a alguien que le había ayudado a abrir las puertas de su alma con tanta facilidad, unas puertas que durante tanto tiempo habían estado cerradas, esperando a ser descubiertas.

-Te comprendo… - susurró Cloud, después de un largo silencio que para Aeris se hizo eterno. La joven de ojos verdes no quería herir al rubio y en aquellos instantes se sentía plenamente confusa, sin saber qué decir, que sentir o que hacer.

Cuando Cloud había puesto sus finos labios sobre los de ella, había sentido un chispazo agradable en su interior. Había habido sentimiento en aquel acto, pero tan rápido como la sensación había aparecido, desapareció dejando paso a un dolor que no parecía haber mitigado.

Y es que Aeris no podía olvidar tan rápidamente a una persona con la que había vivido muchos momentos de su vida y había sentido tantas cosas, como lo había hecho Sephiroth. Por mucho daño que le hubiera causado en los últimos tiempos, había sido su primer amor y el primer amor no se olvida con tanta facilidad.

-Lo siento, Cloud…yo…de verdad que… - intentó decir Aeris, pero Cloud la interrumpió mientras sacudía la cabeza.

-No te preocupes - dijo él, intentando disimular el nudo que se estaba formando en su garganta. - Son tus sentimientos y yo debo aceptarlos. No puedo obligarte, ni quiero hacerlo. Perdóname tú a mi. - concluyó él, mirándola fijamente a los ojos.

-No hay nada que perdonarte, Cloud. Tú siempre me haces sentir tan bien… - dijo ella, con una sonrisa amarga - Espero que no cambien las cosas entre nosotros…¿verdad?

-Claro que no. Todo será como hasta ahora. Yo también me siento bien contigo. - dijo él, aunque cada palabra que decía cortaba su respiración dolorosamente. Le resultaba tan difícil decirle a Aeris que simplemente se sentía bien con ella, cuando sabía que no era del todo así, cuando sabía perfectamente que eso no era lo único que sentía cuando estaba junto a la joven pianista…

En silencio, ambos volvieron a la estación de trenes de Costa del Sol. Durante el camino en tren, regreso a la inmensa y gris ciudad de Midgar, los dos jóvenes no hablaron mucho, ya que ambos estaban inmersos en sus pensamientos.

Cloud no podía dejar de recordar el beso y las lacerantes palabras de Aeris, y ella no dejaba de acariciar sus labios, sintiendo el acto de nuevo en ellos, mientras se prohibía a si misma pensar de esa manera en el rubio, sin saber por qué.

El rubio acompañó a Aeris hasta su casa y llegaron a la puerta, que la joven de pelo castaño abrió lentamente, sin mirar a Cloud. No obstante, antes de entrar se detuvo, sintiendo la mirada azul de él sobre ella y le dedicó una pequeña sonrisa.

-Gracias Cloud. Por llevarme a ver el mar. Y por ser tú. - dijo ella, acercándose a él y dándole un dulce beso en la mejilla, lo que provocó más dolor en Cloud aún, puesto que sólo podía limitarse a recibir eso de ella. Un beso en la mejilla…

Cloud no respondió nada y Aeris lo miró, afligida.

-Nos vemos, Cloud. - dijo ella, suavemente, aunque con una infinita tristeza en su voz. Cloud, dándose cuenta de lo brusco que había sido, se maldijo a si mismo, pero ya era demasiado tarde, pues la joven ya había cerrado la puerta de su casa.

—-

Cloud cerró la puerta de su habitación en SOLDADO, cerrando fuertemente sus ojos azules e intentando contener el aluvión de sentimientos encontrados que tenía dentro de sí. Sin embargo, una voz lo sacó de sus pensamientos.

-¡Hasta que por fin llegas!

Entonces, el rubio abrió los ojos y se encontró con Zack sentado en su cama, mirándole fijamente.

-¿Quién te ha dado permiso para entrar? - masculló Cloud, con dureza. Lo cierto era que, debido a lo acontecido entre ambos amigos durante los últimos días, Zack era a quien menos quería ver en aquellos momentos.

-Se supone que soy tu mejor amigo, ¿no? Tengo entrada VIP. - bromeó el moreno, levantándose.

-Ah… pensé que ya no eramos amigos. Después de…bueno. - dijo Cloud, cruzándose de brazos y apoyándose en la pared.

-Eh…sí…bueno - dijo Zack, pasando una mano por su pelo - con respecto a eso, yo… lo siento, de verdad. - soltó, con un suspiro. - He sido un idiota.

-Y un inmaduro. - continuó Cloud.

-Lo sé , lo sé. Y tienes derecho a seguir enfadado conmigo. Fue una tontería por mi parte ponerme así contigo. Tú tendrías tus motivos para no haberme contado todavía lo de Capitán General y yo… debí habértelos preguntado primero. - comentó el moreno, acercándose a Cloud y mirándolo fijamente.

-Ya sabes que no he aceptado. Nunca lo haría. Es tu sueño. - contestó el rubio.

-Si, pero quiero que aceptes.

-¿Qué? - dijo Cloud, sin entender. - Pero, tú…

-Cloud, te han elegido a tí, no a mi. Y lo entiendo perfectamente. Tus dotes para luchar son excelentes. Tienes cabeza fría cuando se necesita. Todo un líder. Y créeme… prefiero que seas tú quien me de las órdenes antes que cualquier otro idiota de por aquí. - soltó el moreno, dando un puñetazo amistoso a su amigo.

-¿Lo dices de verdad? - preguntó Cloud, todavía sin fiarse mucho de lo que decía su amigo.

-Completamente. He aprendido que lo que esté para mi, llegará. No será hoy, ni mañana. Pero llegará. Y aunque sea mi sueño… no ha podido ser mi oportunidad esta vez. Pero quién sabe… a lo mejor me llega algún día. Así que disfrútalo. Lo único que me importa ahora mismo es seguir siendo tu amigo. - dijo Zack, mirándolo apenado.

-Sigues siendo mi amigo. Sólo el día en que muera se acabará nuestra amistad. - contestó Cloud, completamente serio.

Ambos se dieron un fuerte abrazo, recomponiendo su amistad, que no había sufrido un punto y final, tan solo un punto y aparte.

Inmediatamente, se pusieron al día de las distintas novedades que habían vivido en aquellos días en los que no se habían dirigido la palabra. Zack le contó a Cloud que estaba algo nervioso por la próxima misión que ambos tendrían, que se realizaría en Junon y era muy importante, ya que los ciudadanos de aquel lugar estaban viviendo el terror en sus pieles por culpa del Arma Diamante, un poderoso monstruo que acechaba la costa y que no dejaba a los habitantes de Junon vivir en paz.

Cloud, por su parte, le confesó a Zack todo lo que había ocurrido con Aeris. Tras un momento de reflexión, el moreno comenzó a hablar.

-Bueno… supongo que la pobre muchacha necesita su tiempo. Ya sabes… llevaba muchos años con Sephiroth. Y no es fácil olvidar a alguien que quieres. - dijo Zack, escudriñando a su amigo. Pero Cloud hacía bastante tiempo que no lo miraba, su vista estaba perdida en algún punto en aquella pared de la habitación.

-Pero la sentí tan cerca…supongo que fui un estúpido al creer que podría fijarse en mí como algo más que un amigo. - se maldijo Cloud.

-Eso tú no lo sabes. ¿Quién te dice que no siente algo por ti? Está confusa. Deja que piense un poco las cosas y verás como todo se soluciona.

—-

Aeris se despertó temprano a la mañana siguiente, más cansada de lo habitual, puesto que toda la noche se mantuvo despierta, pensando en su situación. Había tomado una decisión, que consideraba era la mejor en aquellos momentos y quería llevarla a cabo.

Una vez se hubo vestido y desayunado, puso rumbo al Séptimo Cielo para encontrarse con Tifa, pero su sorpresa aumentó al encontrarse a León, esperándola en la puerta. Tras saludarse con alegría, el hombre comenzó a hablar.

-No quería invadir su espacio personal, Aeris, así que pensé que la encontraría aquí. - comentó él, estrechando suavemente su mano.

-Usted me comentó que nos veríamos dentro de una semana, León. - dijo ella.

-Sí, así es. ¿Ha pensado ya en lo que le dije?

Aeris se tomó un momento para pensar, pero finalmente, suspiró y dio una respuesta al representante musical.

-Sí. Lo he pensado… iré a Iciclos con usted. Participaré en el concierto. - dijo ella, con una mezcla de tristeza y emoción en su voz suave.

Pero León estaba lleno de alegría en aquellos momentos. Tomó las pequeñas manos de Aeris entre las suyas, grandes y delgadas.

-¡No sabe lo feliz que me hace escucharle decir eso! Le prometo que todo estará bien. Yo me encargaré de todo y se lo haré saber. Pero tendríamos que irnos este jueves, ya que los ensayos comenzarán la semana que viene. ¿Cree que podrá, Aeris?

-¿El jueves? - preguntó ella, sintiendo una punzada en su corazón. - Bueno… supongo que sí… -dijo ella, agachando levemente la cabeza.

-No puedes irte a ninguna parte. - dijo una voz profunda a sus espaldas que consiguió que el corazón de Aeris se parase en un latido. Se dio la vuelta y confirmó que se trataba de Sephiroth, el cual había estado escuchando toda la conversación entre Aeris y el representante musical, León.

-Sephiroth… - musitó ella, mirándola con los ojos muy abiertos.

-La esperaré dentro, Aeris. - dijo León, retirándose y dejándolos a solas. Una vez se marchó León, le tocó el turno al de pelo plateado de hablar.

-No puedes irte, Aeris. No sin mi. Tú y yo tenemos un futuro juntos.

-¿Qué cosas estás diciendo? - preguntó Aeris, intentando contener su rabia. - Tú y yo no tenemos nada que hacer. Y mucho menos ahora que conozco tus verdaderos intereses.

-Lo que dije aquella noche no tenía ningún sentido. Estaba enfadado y sólo decía estupideces sin sentido. Por favor, perdóname. - susurró Sephiroth, clavando sus ojos turmalina en ella.

Pero Aeris negó con la cabeza, cerrando sus ojos.

-No, Sephiroth. Esta vez no caeré en tu trampa. He sufrido una reclusión en mi propia vida estando contigo. Y no quiero volver a pasar por eso. - dijo ella, dándose la vuelta y dejando a Sephiroth a sus espaldas.

Pero Sephiroth no iba a dejar que las cosas se quedasen así, no podía dejar escapar su vida de acomodamiento, de lujos, no podía quedarse en un simple nombre, en un recuerdo. No, él nunca sería un recuerdo.

Se acercó a Aeris y la agarró fuertemente por el brazo, haciéndole daño.

-¡Suéltame! - dijo ella, intentando zafarse de su agarre, pero él no dejaba de apretar.

-No pienso dejarte marchar, Aeris. Tú eres mi vida entera. No te irás, no sin mi.

-¡Suéltala, Sephiroth! - dijo una voz femenina. Se trataba de Tifa, quien había aparecido en escena, junto con León, quien quizá le había dado la voz de alarma. Lentamente, el de pelo plateado liberó a su ex - pareja de su fuerte agarre, sin quitar su vista de ella. Aeris se acercó rápidamente a Tifa, mientras miraba a Sephiroth con terror, intentando contener las lágrimas de rabia. - Déjala en paz de una vez. Ya le has hecho suficiente daño.

-Tú no eres nadie para opinar. - contestó Sephiroth.

-Ella es mi mejor amiga. Y yo también quiero que desaparezcas, Sephiroth. Me iré a donde quiera, cuando quiera y como quiera, porque por fin soy libre. - dijo Aeris, con determinación.

Tras unos momentos de tenso silencio, Sephiroth chasqueó la lengua.

-Esto no ha terminado. - dijo él, mirando por última vez a Aeris con fiereza, quien estremeció ligeramente. Dicho esto, dio media vuelta y se marchó.

Una vez se hubo ido, Aeris respiró profundamente, todavía nerviosa por todo lo que acababa de pasar.

-¡Ese tipo es un auténtico cerdo! No entiendo como pudiste soportarlo durante tanto tiempo…

-Lo importante es que ya se ha ido - dijo Aeris - Muchísimas gracias Tifa… de verdad. - ambas se abrazaron.

—-

Cloud estaba entrenando junto con otro cadete de SOLDADO. Aquel día, sus embestidas con su gran espada eran más fuertes y violentas que nunca, como si quisiera deshacerse de los sentimientos que tenía en su interior. Pero el rubio sabía que en el fondo era en vano, ya que era un tanto imposible.

-Uf… ¿podemos descansar, Cloud? No aguanto tu ritmo - dijo el cadete, jadeando.

El rubio bajó su espada y miró al cadete, volviendo a la realidad.

-Perdona. Tienes razón, hoy me estoy pasando un poco. Descansa, te lo has ganado. - dijo el de ojos azules, poniendo una mano en el hombro de su compañero. El cadete le dedicó una sonrisa y tras despedirse, se marchó, dejando a Cloud solo.

Cloud se sentó pesadamente en el suelo de la sala de entrenamiento, suspirando y cerrando los ojos. Lo cierto era que él también estaba más cansado de lo habitual aquel día. En su mente solo había espacio para Aeris y el beso que se habían dado, pero también para el rechazo posterior. Y eso era lo que más le dolía a Cloud. No haber sido lo suficientemente capaz de sanar la tristeza de Aeris, tanto como para que lo aceptase en su vida de una manera distinta.

Entonces, sintió una mano en su hombro que lo despertó de sus pensamientos.

-Strife, tu teléfono no para de sonar. Lo oigo desde mi cuarto. - dijo uno de los soldados de tercera clase, que dormía en la habitación contigua a la de Cloud. Rápidamente, el rubio se levantó y tras un simple gracias, corrió hasta su habitación para ver quién lo llamaba.

Justo cuando llegó a su cuarto el teléfono comenzó a sonar y contestó, jadeante.

-¿Di…diga? - preguntó Cloud, a través del teléfono.

-¿Cloud? ¡Soy Aeris! - dijo la joven, con jovialidad. Cloud se tensó rápidamente, no esperaba una llamada de la muchacha aquel día.

-Ah…hola, Aeris. ¿Cómo estás? - dijo él, intentando normalizar la situación.

-Bien…todo bien… ¿Y tú?

-Bien…

Se hizo un pequeño silencio que Aeris rápidamente rompió.

-Cloud…quería decirte que he tomado una decisión. Sobre lo de Iciclos… y… me marcho. Este jueves… y quería hacer una pequeña despedida el miércoles, el día antes, ya sabes que estaré un tiempo fuera y … bueno, me gustaría que estuvieras aquí conmigo.

"Me marcho". Aquellas palabras resonaron una y otra vez en la mente de Cloud, quien se había congelado al momento de escucharlas. Aunque sabía que eso era lo mejor para Aeris y aunque ella no sentía lo mismo por él, tenerla lejos iba a ser un verdadero sufrimiento.

-¿El miércoles? No creo que pueda. - dijo Cloud, pero rápidamente se maldijo a si mismo. ¿Por qué tenía que ser así con ella? No era que quisiese ser frío, ni mucho menos mantener las distancias con ella, pero no sabía si sería capaz de mirarla después de lo ocurrido.

A pesar de que no estaban uno frente al otro, Cloud pudo sentir la profunda aflicción de la muchacha, lo que hizo que se sintiera aún peor consigo mismo.

-Ah… bueno… de todas formas, te esperaré, ¿vale? Será en mi casa…una pequeña cena entre amigos. Puedes decírselo a Zack… ojalá que puedas venir… Un beso, Cloud.

-Un beso, Aeris… - dijo él y esperó a que fuera ella la primera en colgar el teléfono.

—-

El miércoles llegó. Aquel día, Tifa no paraba de lagrimear. Lloraba mientras se duchaba, lloraba mientras desayunaba, lloraba mientras se vestía. Y aunque sabía que tan sólo sería un mes el tiempo que su mejor amiga estaría fuera, no podía evitar sentirse triste, ya que no la vería durante todos los días en aquel tiempo ni podría charlar con ella cara a cara, solamente a través del teléfono.

Sin embargo, antes de salir de su casa, Tifa compuso una enorme sonrisa en su rostro, ya que no quería que su amiga la viese triste el día antes de su partida. Quería que tuviese el recuerdo de su sonrisa.

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-¿No te piensas arreglar? - cuestionó Zack, mientras terminaba de arreglarse las mangas de su camisa y miraba a Cloud, quien estaba tendido en su cama, mirando al techo.

-¿Debería ir? - preguntó el rubio, sin mirarle.

-Ella espera que vayas. - dijo el moreno, mirándose al espejo mientras amasaba sus cabellos con sus manos. - Y si no vas… creéme que te vas a arrepentir.

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Aeris se había puesto un vestido lila de seda que llegaba hasta sus rodillas. Decidió dejar su cabello atado en una trenza y la adornó con un lazo del mismo color que su vestido. No quería maquillarse, ya que estaría en familia junto a sus seres queridos y quería sentirse lo más cómoda posible.

La muchacha preparó la mesa y echó un vistazo a la cena que había preparado anteriormente y que esperaba que gustase a sus amigos. Se encontraba algo nerviosa por lo que pasaría el día de mañana, pero también por lo que pasaría aquella noche.

Entonces, el timbre sonó y Aeris rápidamente fue a recibir a los invitados, pero antes de abrir la puerta revisó que todo estuviera correcto. Acto seguido abrió para encontrarse a Tifa y Zack. Ambos la miraban sonriente. Se dieron un abrazo y pasaron a la pequeña casita de Aeris, que era cálida y reconfortante.

Tras hablar animadamente en el salón, la joven de cabellos castaños dijo:

-¡Bueno! Creo que es hora de que cenemos. ¿Vamos? - Zack y Tifa asintieron y acompañaron a Aeris hacia el comedor, donde esperaba la cena, pero justo cuando iban a sentarse, el timbre sonó de nuevo. - Disculpad. - dijo la joven, iendo rápidamente hacia la puerta.

Tras la puerta se encontraba Cloud, con un jersey azul marino y unos pantalones negros. Sus ojos brillaban como de costumbre y cuando vio a Aeris, compuso una tierna sonrisa.

-Cloud… -susurró la joven - ¡sabía que vendrías! - dijo ella, con una gran sonrisa.

-No podía dejar que te fueras sin despedirme de tí. - contestó él, acariciando su rostro.

Ambos entraron y Zack y Tifa miraron a los dos jóvenes y acto seguido, se miraron entre ellos, mientras que la morena le guiñó un ojo a Zack con alegría y complicidad.

Cloud saludó a sus amigos y se sentó a la mesa, en el sitio que quedaba libre, al lado de Aeris. Todos comenzaron a comer y a charlar animadamente. Durante la cena, Tifa empezó a contar anécdotas de adolescente que había vivido junto con Aeris y todos rieron, mientras que Zack también desveló algunos momentos vergonzosos que Cloud había vivido, pero el joven rubio tomó su venganza enseñando unas fotografías comprometidas de Zack. Todos rieron, disfrutando de la cena.

Tifa entonces miró la hora en su reloj de pulsera y abrió mucho los ojos, sorprendida.

-¡Pero si son las dos de la madrugada! Aeris, creo que es mejor que te dejemos descansar. Mañana te espera un día largo. - dijo Tifa, levantándose de la mesa, al mismo tiempo que Zack y Cloud.

-Es cierto - dijo Zack - nosotros también deberíamos descansar ya. - comentó el moreno, mirando a su amigo, quien asintió con la cabeza.

Tifa se acercó a su amiga Aeris y se fundió en un fuerte abrazo con ella, mientras acariciaba la espalda de la pianista con dulzura. Unas lagrimitas se agolparon en sus ojos rubí.

-Te echaré mucho de menos este mes, cielo. Vuelve pronto, ¿vale? - dijo ella, mirándola con cariño.

-Yo también te extrañaré mucho. Y volveré, te lo prometo. - contestó Aeris, con una dulce sonrisa.

Llegó el turno de Zack, quien también abrazó a Aeris.

-Cuídate mucho, Aeris. Y gracias por cuidar tanto de Tifa. - dijo Zack, mientras besaba la mejilla de su ya novia oficial, Tifa.

Aeris asintió con la cabeza y le dedicó una gran sonrisa.

-Tú también cuídate mucho, Zack. - dijo ella.

-Ejem, vamos saliendo, Tifa. Te esperamos fuera, Cloud. - dijo el moreno, repentinamente, mientras la de ojos rubí asentía con la cabeza.

Cloud y Aeris se quedaron a solas y en silencio, cada uno esperando a ver quién sería el primero en hablar.

-Bueno, yo…

-Cuídate mucho, Cloud, ¿sí? Espero que nos llamemos a menudo… quiero oirte de vez en cuando. Y que me cuentes como te va en Junon… - dijo Aeris, aún con la cabeza agachada - pero sobretodo ten cuidado… no me gustaría que nada te pasase, ya sabes…y…te voy a echar mucho de menos…

Pero el rubio no la dejó terminar, puesto que la estrechó con fuerza entre sus brazos. La joven también rodeó el cuerpo de Cloud con sus frágiles brazos, sintiendo su calor por última vez.

Ambos se separaron, mirándose intensamente. Y aunque Cloud quería besarla, sabía que tenía que quedarse en un abrazo. En tan solo un abrazo.

Cloud se tumbó en su cama y desató el nudo en la garganta que había mantenido atado desde que salió de la casa de Aeris. Sentirla en sus brazos, percibir la suavidad de su piel y de su calor y su dulce olor a vainilla y flores no habían conseguido otra cosa sino reafirmar lo que sentía por la joven pianista.

Al día siguiente, el rubio despertó algo cansado, no había conseguido dormir bien la noche anterior, pues no había dejado de pensar en la joven muchacha de ojos verdes. Sin embargo, le quedaba la esperanza de que se mantendrían en contacto a través de llamadas de teléfono y que el paso del tiempo sería rápido y ese mes separados se iría lo más pronto posible. Y quizá, con la distancia, Aeris podría cambiar de parecer respecto a sus sentimientos hacia él.

Con aquella esperanza, Cloud dejó pasar los días hasta que llegó el sábado, día en el que partirían hacia Junon para llevar a cabo la misión de SOLDADO. Estarían allí durante dos semanas, ya que primero debían inspeccionar la zona, trazar una estrategia y luego luchar contra Arma Diamante para liberar a todos los ciudadanos del terror que se había apoderado de sus vidas.

Además, tras aquella misión, Cloud hablaría con Scrimmage para informarle de que aceptaría el cargo de Capitán General, aunque con cierta pena, ya que el rubio tenía en cuenta de que era el sueño de su mejor amigo, pero ahora que tenía el permiso y sobre todo, el apoyo de Zack, todo era mucho más fácil.

Cuando hubo preparado su pequeño equipaje con algo de ropa, sus materias y objetos curativos, Cloud se dirigió al recibidor, donde ya lo esperaban Zack, dos SOLDADOS más y dos cadetes. Entre todos se dirigirían a Junon para derrotar a la poderosa Arma Diamante.

-Bien. Escuchadme todos, por favor. Esta será una misión difícil - comenzó Cloud, mientras todos lo escuchaban atentamente. - Arma Diamante se encontraba bajo nuestro perímetro de control en las afueras de Midgar, pero escapó y se apoderó de Junon, aterrando a todos los que allí viven. Lucharemos contra Arma Diamante y devolveremos la paz a Junon. ¡Sed fuertes!

Todos hicieron el saludo militar y se dirigieron hacia la estación de trenes de Midgar, donde tomaron el primer tren hacia las afueras de la ciudad y una vez allí, fueron en barco hasta Junon.

Una vez llegaron a la ciudad, sintieron en el aire el ambiente de terror que sus ciudadanos sufrían desde un tiempo atrás. La gente caminaba silenciosamente y en alerta, esperando ser atacadas por una imponente armadura gris que en aquellos momentos vigilaba la ciudad desde las alturas, sobrevolandola. Casi nadie se atrevía a mirar al cielo, oscurecido por semejante bestia.

Los SOLDADOS se dirigieron a hablar con el presidente de Junon, quien ya los esperaba, lleno de esperanza y un poco más animado que de costumbre.

-¡Refuerzos! Gracias a Dios… el cuerpo de élite de Junon no puede estar más desgastado. Pasad, pasad. - dijo el presidente, dejándolos entrar a su despacho. Todos tomaron asiento y esta vez fue Zack el primero en hablar.

-¿Cuál es la situación, señor Presidente? - preguntó el moreno.

El Presidente tomó su tiempo para contestar.

-Arma Diamante lleva sobrevolando la ciudad una semana y media. El tiempo suficiente para crear el caos en los ciudadanos de Junon, quienes temen por sus hijos y por ellos mismos. No sabemos que es lo que pretende Arma Diamante ni cuando atacará. Hasta ahora, el cuerpo militar de Junon ha conseguido retenerla pero… no sabemos cuanto tiempo más aguantarán. Por eso decidí ponerme en contacto con el presidente Shin - Ra. Y por eso vosotros estáis aquí. Supongo que ya sabréis que sois los encargados de asesinar a Arma Diamante y liberarnos de esta prisión.

-Eso haremos, señor - intervino Cloud. - Pero debe saber que no será fácil. Necesitaremos un tiempo para trazar las estrategias necesarias.

-Tomad el tiempo que os haga falta. Lo importante es que esa bestia desaparezca de aquí sin causar…más estragos.

Durante los días siguientes, Cloud, Zack y el resto de SOLDADOS y cadetes comenzaron a trazar estrategias sin parar. Lo más adecuado sería conseguir atraer a Arma Diamante hacia el puerto de Junon, lo más lejos posible de la ciudad, para luchar contra ella allí y derrotarla de inmediato.

Tras dos largas semanas, llegó el día en que todos lucharían contra Arma Diamante. Se levantaron muy temprano, a las cinco de la mañana, mientras el sol aparecía en el horizonte.

En silencio, cada uno ocupó sus puestos, mientras Zack, Cloud y otro SOLDADO esperaban , con sus espadas a punto, a que Arma Diamante aterrizase sobre ellos para vencerla de una vez por todas.

Llevando a cabo el plan trazado, los dos catedes atrayeron la atención de Arma Diamante con diversos estallidos de luz. La bestia se sintió atraída y se acercó a ellos, quienes la atacaron con fuego y hielo para intentar hacerle algún daño, pero este era mínimo.

Entonces, Zack y Cloud decidieron intervenir, atacando al Arma Diamante con sus mejores y más fuertes magias. La batalla fue intensa, ya que Arma Diamante daba unos duros zarpazos con sus garras que no dejaron indiferente a los combatientes.

Sin embargo, el final de Arma Diamante llegó y la bestia, abatida, se derrumbó frente a ellos. Con gran algarabía y felicidad, los soldados se abrazaron entre ellos, victoriosos. Pero de repente, uno de los cadetes se tornó pálido y señaló algo tras Cloud y Zack.

-Cloud, ¡cuidado! - gritó con fuerza, pero era demasiado tarde, ya que en un último ataque antes de desfallecer por completo, Arma Diamante alzó sus zarpas y embistió a Cloud con una fuerza brutal.

El rubio sintió un intenso dolor en sus piernas y acto seguido, todo se volvió oscuro.

—-

Nieve. Todo era nieve a su alrededor. Una ventisca descargaba todo el frío en la helada ciudad de Iciclos.

Aeris contemplaba el paisaje desde la ventana, mientras tenía una taza de chocolate caliente entre sus manos. Hacía dos días que se había instalado y, aunque la ciudad no era muy acogedora, si lo eran sus gentes y sus hogares.

La joven de ojos verdes había sido recibida con calidez por parte de los otros artistas que ensayaban junto con ella en aquella residencia de artistas. León y otros representantes musicales habían alquilado varias habitaciones en una posada donde todos los músicos que participaban en el famoso Concierto de Invierno de Iciclos descansaban. Así, el ambiente entre todos los artistas sería de mayor confianza y amistad.

Aeris sintió una mano en su hombro que la sacó de sus pensamientos. Dándose la vuelta, vio que se trataba de León.

-¿Preparada para los ensayos de esta tarde? - preguntó el de ojos grises, con una leve sonrisa en su serio semblante. La joven suspiró.

-Sí. Me siento bien aquí… pero aunque acabo de irme, ya echo de menos a mis amigos.

-Podrá verlos cuando vengan al concierto dentro de un mes. Y el tiempo aquí se pasa volando, Aeris.

-Tiene razón. Y por favor, no me trate más de usted. Tutéeme. Si vamos a trabajar juntos durante tanto tiempo, creo que sería lo mejor - propuso Aeris, con simpatía.

-Lo mismo digo - replicó León, también con una sonrisa.

Ambos contemplaron el nevado paisaje en silencio, hasta que una duda que llevaba días rondando la cabeza de León salió a la luz.

-Y… ¿puedo preguntarte quién era ese hombre de pelo plateado que apareció de repente?

Aeris evitó su mirada. Justo cuando estaba logrando pensar menos en Sephiroth, León se lo había recordado. Sin embargo, no quiso ser brusca con él, ya que León poco sabía sobre ella y quizá esa era una forma de conocerse mejor.

-Mi antiguo novio…

-Oh…lo siento, no debí preguntar.

-No te preocupes - repuso ella rápidamente, restándole importancia. - No estábamos precisamente bien. Era muy exigente conmigo - explicó Aeris, mirando a León con simpatía. - Y… ya que estamos, ¿qué hay de ti?

-¿De mi? - preguntó León, mientras que la joven asentía con la cabeza. - Es una larga historia que no sé si estás preparada para escuchar - contestó, con una pequeña pero triste carcajada que para Aeris no pasó desapercibida.

-Por favor, cuéntame. Quizá te ayude el hecho de exteriorizar tus pensamientos - dijo ella.

León pareció considerarlo, ya que se tomó un tiempo para pensar. Pero tras un silencio, comenzó a hablar, mientras que sus ojos grises seguían contemplando el paisaje.

-Se llamaba Rinoa - comenzó. - Era una mujer maravillosa. Apareció en el momento en que mi vida era triste y gris. Como este paisaje. Mis padres habían muerto y digamos que yo…estaba atravesando una crisis de identidad. Pero llegó ella con su alegría constante… con sus ojos llenos de vida. Nos enamoramos profundamente. E íbamos a ser una familia…pero aquel terrible accidente de coche se la llevó. A ella y … a mi hijo.

Aeris se tapó la boca con las manos, profundamente afligida por la historia que León acababa de contarle.

-Lo siento tanto, León… No tendría que haber sido tan entrometida.

-No te preocupes. Es bueno contarlo, supongo… ella también tocaba el piano como tú y yo era su representante. He sido representante de muchas personas después de ella… es algo que le prometí. Que pasase lo que pasase, siempre seguiría dedicándome a la música.

-Fue un gesto muy bonito por tu parte. Prometerle algo así. - dijo Aeris, pasando una mano por los hombros de León en un intento de reconfortarlo.

-Gracias, Aeris… pensándolo bien, me ha sentado genial contártelo.

Aeris sonrió con dulzura.

-Pues ya lo sabes… siempre que quieras contarme algo más, ¡aquí estaré! - dijo ella, suavemente.

Los días comenzaron a pasar con rápidez mientras Aeris practicaba incansablemente para su primer concierto de piano fuera de Midgar. Los demás músicos la halagaban y la felicitaban por su increíble talento y Aeris también los felicitaba a ellos, ya que eran realmente buenos. La joven de ojos verdes se sentía afortunada por poder compartir escenario con aquellos magníficos artistas que llevaban años dedicándose a la composición y la música. Eran verdaderas estrellas con muchísimo talento en sus manos y a los que Aeris admiraba profundamente.

La joven también aprovechaba sus ratos libres para llamar a Tifa y mantenerse informada de como iban las cosas por allí. Las dos amigas pasaban horas y horas colgadas al teléfono, contándose sus respectivas novedades.

Aeris también recibía llamadas de Cloud, quién le contaba como iba su misión en Junon. Ambos pasaban muchas horas también al teléfono, hablando de cualquier cosa y las despedidas eran cada vez más afectivas y difíciles para los dos. Les costaba desprenderse el uno del otro. Sin embargo, había días enteros en los que Aeris no sabía nada del rubio de ojos azules, debido a que la misión en Junon absorbía todo su tiempo. No obstante, todas las noches antes de dormir, la joven de ojos verdes rezaba una plegaria para que protegiese a Cloud de todos los males.

La amistad con León iba profundizándose cada vez más. Aunque la joven no tenía la misma complicidad que había adquirido con Cloud desde un principio, si que tenía una gran confianza y respeto hacia el muchacho de ojos grises y notaba que era mutuo. Sin embargo, Aeris no había reparado en las miradas de León, que cada vez se hacían más intensas ni tampoco en los latidos del corazón de este cuando sin querer, Aeris rozaba su mano o le sonreía.

Todo estaba siendo simplemente perfecto. Habían pasado dos semanas desde que llegó a Iciclos, faltaba muy poco para el concierto y además, Sephiroth parecía haberse cansado de buscarla, al menos, por el momento, lo que mantenía a Aeris mucho más tranquila.

—-

El hospital de Junon estaba abarrotado de gente. La sala de espera acogía a los familiares de aquellos pacientes que estaban recibiendo todo tipo de cuidados por parte de los médicos y enfermeros.

Zack caminaba de un lado para otro, con el corazón encogido y lleno de nervios, sin siquiera pararse a descansar. Los otros compañeros de equipo esperaban afligidos a que apareciese algún doctor para comunicarles el estado de Cloud, pero nadie aparecía para decir nada.

Zack se preguntaba en qué momento la bestia Arma Diamante había pasado de estar muerta a embestir tan duramente a Cloud. Aunque luego habían conseguido rematarla y hacerla desaparecer, el estado de su mejor amigo no era el mejor de todos precisamente. Cloud sangraba por las piernas y estaba desmayado, bastante pálido y respiraba con dificultad. El moreno recordó como había salido corriendo con él en brazos mientras los demás le intentaban seguir el paso, cansados por la extenuante batalla que acababan de librar.

El moreno miró el reloj de la sala de espera. Las seis de la tarde. Ya habían pasado cinco horas desde que Cloud comenzó a ser operado de urgencia.

¿Y si Cloud…? No, eso no podía ser. Zack sacudió la cabeza, intentando evadir esos pensamientos de su mente. Su mejor amigo era uno de los hombres más fuertes que había conocido nunca y no iba a fallecer. Todavía le quedaban muchas batallas por librar.

De repente, apareció un doctor de mediana edad, con el pelo castaño y ojos de un intenso color café.

-¿Familiares de Cloud Strife? - preguntó, mirando a su alrededor en la sala de espera.

-Yo soy su mejor amigo. - dijo Zack, acercándose rápidamente hacia el doctor. - Por favor, dígame como está.

-El señor Strife ha resistido a la operación. - comenzó el doctor, mientras el moreno respiraba profundamente aliviado. - Sin embargo, la lesión recibida en sus piernas fue devastadora.

-¿Qué quiere decir, doctor? - inquirió Zack, terriblemente preocupado.

-Verá… es probable que el señor Strife… no vuelva a caminar.

FÍN DEL CAPÍTULO