CHP X

La lluvia no había cesado en toda la noche. O eso era lo que el suelo mojado y los charcos en la calle le transmitían. Por lo que respecta a ella, era la primera noche que había logrado conciliar el sueño seguido; algo que no veía capaz de que ocurriese.

El vaivén de los coches y las luces de los faros reflejándose en el suelo como si de un espejo se tratase la hipnotizó. Era cierto que había descansado como ninguna otra noche, pero el cielo encapotado, las nubes que no le dejaban al sol abrirse frente y la tímida lluvia que parecía volver a caer le hacía sentirse decaída.

- ¡Buenos días!

Aquella voz que la había acompañado durante todas las mañanas desde que había ingresado volvía a hacerse presente.

- Kate. ¿Va todo bien? Me sorprende verte levantada. No son más de las siete y media...

- No me apetecía estar más en la cama, eso es todo.

- ¡Oye! - se le acercó – ¿Seguro que todo va bien?

- Claro... - la miró.

- Entonces sécate esas lágrimas. No te favorecen. - le guiño un ojo. - En media hora te traigo el desayuno. ¡Hasta luego!

Seguía sorprendida por el comentario de Marian. ¿Lágrimas?. ¿En qué momento había dejado de darse cuenta de cuando lloraba y cuando no? Ahora entendía por qué los cristales parecían empañados...

Se paso los dedos de la mano derecha por ambas mejillas confirmando lo que parecía imposible. Y antes de que alguien volviese a cogerla desprevenida se adentro en el cuarto de baño para lavarse la cara y los dientes.

La hermana de Keller volvió treinta minutos más tarde encontrándola sentada en el sillón hojeando una revista; la que se había dejado su tía el día anterior.

- ¡Ves! Ahora tienes mejor aspecto.

Marian dejó la azafata en la mesa y se la acercó nivelándola a su altura.

- Gracias.

- Creo que hoy te gustará...

Katherine espero intrigada a que ella le levantara la tapa. Al descubrirlo una sonrisa le iluminó el rostro.

- Me pregunto a qué se debe el honor...

La enfermera soltó una risotada.

- Ordenes del médico - se encogió de hombros - Que por cierto, pasara dentro de una hora, hora y cuarto...

- Lástima que sea descafeinado...

- ¡Deja de quejarte! Lo importante es que te dejan tomar café con leche. Y créeme, eso es un gran avance.

- Lo sé... - sonrió - Tostadas con mermelada, café con leche...

Katherine levanto el vaso haciendo el gesto de brindis hacia ella.

- Te dejo disfrutar del desayuno. Luego vuelvo. ¡Que aproveche!

- Gracias - respondió tras saborear la cafeína por primera vez en días.

Hoy, en especial, reconocía haber tardado más en acabar de desayunar, pero la ocasión la merecía y si hubiera sido por ella aún guardaría algunos mililitros de café con leche, pero cuando se terminó el último sorbo había dejado de estar a su gusto.

Con la única mano de la que podía ayudarse retiro la mesa unos centímetros, hasta donde le alcanzaba el brazo y volvió a coger la revista Vogue.

- Prometo no volver a molestar hasta que llegue el médico.

Marian entró apenas sin llamar para llevarse la azafata, dejando la mesa en su sitio. Antes de continuar hacía las demás habitaciones volvió a entrar.

- Oye, Kate... Sé que no tengo que meterme en esto, pero...

- Dile a tu hermano que le creía más inteligente... - dijo pasando una página de la revista - Y que me parece patético que a su edad te siga utilizando para allanar la situación.

- ¡Ala! ¡Ya la has oído! - dijo alejándose sonriente.

Ésta palmeo el pecho de su hermano, quien permanecía en el pasillo escondido detrás de la puerta, y se largó.

- ¿De verdad puedo entrar?

Martin sacó la cabeza mirando hacia el interior, teniendo que apartarse al ver que algo salía disparado contra él.

- ¿Te importaría traerme la revista? - exigió

Éste se quedó en el pasillo mirando a un lado y a otro. En ese momento le daban ganas de devolverle el revistazo. Sin embargo, respiró hondo mientras la recogía del suelo, abierta por una página donde salía Jennifer Hudson, y entró con ésta doblada en sus manos. Antes de entregársela no pudo resistirse a pegarle cariñosamente en la cabeza.

- ¡Auch! - se quejó frunciendo el ceño.

- Te lo mereces...

- Quizá... - aceptó sorprendiendo a su amigo con la respuesta.

- ¿Sin rencores? - tanteo.

- Mal día... ya sabes... - respondió sin dar más explicaciones.

- ¡Oh! Claro... - fingió entender.

Martin tomó asiento en los pies de la cama, al lado de la barandilla en la que se apoyo.

- ¿Lista para volver a casa?

Katherine se encogió de hombros.

- ¿Tu hermana te ha insinuado algo?

- HmMmm – negó.

- Dijo que el medico pasaría ésta mañana. No puede tardar...

- Sé que no debería decírtelo, pero prefiero prevenirte antes de que las pagues conmigo...

- Suena a que no va a gustarme.

- Algunos del departamento han decidido comprarte un detalle de bienvenida.

- ¡Como si ellos supieran cuando voy a volver! - comentó divertida.

Martin se encogió de hombros.

- ¿Quieres saber de quién fue la propuesta?

- ¡Sorprendeme! - dijo esperando la respuesta que tenía en mente.

- Edward Hines – desveló pausadamente

- Ni de coña... - expresó asombrada.

- De verdad, fue él. - levantó la mano en forma de juramento.

- Hmmm... Así que el jefe tiene su corazoncito dentro de todo ese hierro... ¡Qué mono! - frunció los labios.

- Él no te lo va a reconocer, pero cada vez que me ve pregunta por ti.

- Increíble. - suspiró siéndole difícil imaginárselo.

Marian apareció de repente sujetándose en el marco de la puerta con ambas manos.

- Perdonad. ¿Kate, has visto a Kyra?

- Mmm no... ¿Por qué?

- No, nada – sonrió nerviosa – Sólo era por saber si estaba contigo.

Beckett y Keller se quedaron mirando en silencio.

- ¡Deberías enseñarle a mentir mejor!

- ¿Se refería a la niña del parque?

- La misma. ¿Te puedes creer que le he caído en gracia?

- Lo sorprendente sería que no fuese así – le guió un ojo – Voy a ver qué ha pasado...

Keller salió al pasillo observando el panorama y sintiendo cierta tensión entre algunas enfermeras y una mujer rubia con el cabello enmarañado al borde del infarto.

- ¿Qué pasa?

Kate se asomó por encima de su hombro haciéndose un hueco a su lado.

- Ni idea pero... Kate, creo que esa mujer va a venir hacia ti – la alerto viendo a la rubia acercarse a toda prisa – ¿Tengo que detenerla? Sólo tienes que decírmelo y lo hago.

Kate le dio un codazo conteniendo la risa.

- ¡Tienes que ayudarme! - le suplicó la madre aferrándose a su brazo. - Tú has estado con ella estos días, quizá sabes...

- ¡Sonia, más despacio! - intentó frenarla – ¿Qué ocurre?

- No encontramos a la niña – se acercó Marian.

Sonia la miró y ella negó.

- Lo siento...

- ¿Estás diciendo que una niña que no llega ni al pomo de las puertas ha desaparecido así sin más?

Varias personas a su alrededor asintieron con preocupación.

- ¿Habéis mirado en las habitaciones? - intervino Martin - ¿Cuartos de baño? ¿Ascensores? - su hermana iba asintiendo - ¿Y en las demás plantas?

- Todo el mundo está avisado.

Beckett permanecía a la escucha de quienes tenía a su alrededor en silencio observando y recordando.

- ¿Estáis seguros que habéis mirado por todas partes?

La detective se alejó unos pasos hasta llegar al final del pasillo, al lado de la puerta para acceder a la escalera de emergencias.

- ¡¿No estarás pensando en salir ahí, no?! ¡Beckett!

Antes de que tuviese tiempo a reaccionar, Kate llegó al punto de reunión agarrando a Martin de la mano y tirando de él a lo bruto.

- ¡Ven conmigo! Tengo un par de ideas de dónde puede estar.

- ¡Sí, señor! - bromeo él – Estoy a su entera disp...

- ¡Cierra el pico! - le tapo la boca con la mano – Y ahora escúchame. Sube a la tercera planta y mira todos los cuartos pequeños donde pueda haber trastos de limpieza, carritos... Céntrate sobretodo en cuartos pequeños y oscuros. ¿Si? Y avisa que revisen todas las cámaras de vigilancia.

- ¿Y tú?

- Yo buscaré en la cuarta.

- ¿Puedo ayudar? - se ofreció la hermana de Martin.

- Cuéntaselo tú. - le pidió con un pie en el ascensor

- Oye, ¿quince minutos? - preguntó Keller.

- Quince minutos.

Katherine sonrió.

- ¿Quince minutos?

- Si, lo solíamos usar cuando patrullábamos juntos. No tiene mucho secreto, si dentro de quince minutos uno de los dos no ha vuelto aquí...

- Entiendo. Lo tendré en cuenta.

- No te preocupes por mí.

Martin besó a su hermana en la mejilla. Y en cuanto le hubo explicado las sospechas de Kate, se largó subiendo al tercer piso por las escaleras.

Tras una búsqueda sin éxito en tres de las plantas Sonia empezaba a preocuparse por como decirle lo sucedido a su marido; aunque según la ley seguía siendo su ex.

- ¡Mami!

Varias personas se giraron al escuchar la voz de una niña llamando a su madre. Las mismas que soltaron un gran suspiro de alivio casi al mismo tiempo.

Sonia se puso en pie acelerando el paso hacia ella.

El enfermero de quien iba en brazos la dejó en el suelo siguiéndola de cerca.

- ¿Estás enfadada?

La madre lo ignoró y la abrazó con todas sus fuerzas. Nunca había pasado tanto miedo como hoy.

- Nunca jamás vas a irte de la habitación sin mi permiso, ¿me oyes? - dijo sonriente por tenerla ahí y enfadada por los minutos de infierno que había pasado sin saber de ella.

- Espero que sea tan consciente como yo de que este no es lugar para niños de su edad.

- ¡Matthew! - le llamó la atención su superior.

- No importa – repuso ella. - Tiene razón.

Marian mantuvo la mirada de autoridad hacia el enfermero, apartándolos para comprobar el reloj de pulsera. Habían pasado los quince minutos. ¿Donde se habrían metido esos dos?

Martin cabizbajo hacia frente al fracaso de su búsqueda bajando los últimos peldaños de la escalera. Éste aminoró el paso, casi deteniéndose, al descubrir a una Kyra sonriente en brazos de su madre.

- ¡Hey!

Marian se abrió pasó entre los curiosos que se habían concentrado en el pasillo.

- La habéis encontrado. ¿Dónde estaba?

- Kate estaba en lo cierto – respondió – Se la encontró Matt echa un ovillo en un rincón dentro del cuarto donde solemos guardar el material. Ya sabes, guantes, gasas, instrumental, vías, botellines de suero...

- Y hablando de la reina de saba... ¿Dónde está?

- No la he visto desde que se subió al ascensor y hace más de quince minutos... - acabo diciendo con tono cauteloso.

- Voy a ver si la encuentro.

Su hermano le dio un breve apretón en el antebrazo y salió a paso ligero, pero sin parecer desesperado hacia la cuarta planta, de nuevo subiendo por las escaleras.

Preguntó a uno y a otro y todos decían lo mismo "la he visto pero de eso ya hace un rato" aunque con diferentes palabras en el caso de las enfermeras de esa planta.

- ¡Disculpe joven!

Martin se giro encontrándose una anciana de unos ochenta y algo años apoyada en un andador.

- No he podido evitar escuchar que está buscando a una amiga suya.

- Sí. ¿La ha visto?

- Hace un rato una chica, muy guapa por cierto, estuvo preguntando y merodeando a su antojo. Pero no conseguí saber qué había perdido. - chasqueó la lengua – de todos modos, me pareció verla salir por allí.

La mujer hizo el esfuerzo de girarse y señalar la única salida que había al final de ese pasillo; la salida de emergencias.

- Gracias...

Analizando la situación había algo bueno y algo malo. Lo bueno era que una corazonada le decía que ahí estaba. Lo malo... Borró aquel pensamiento de su mente y se precipitó hacia allí.

A simple vista no parecía haber nadie. Se asomo con el corazón latiendo a mil por hora soltando el aire aliviado de no ver a nadie ahí abajo.

- ¡KATE! - gritó - ¿!BECKETT?! - repitió elevando más la voz.

Giró sobre si mismo revoloteándose el pelo nervioso. Fijo los ojos en las escaleras y empezó a bajar después de asomarse por el otro lado de la barandilla y ver una zapatilla.

El último tramo de escaleras antes de llegar al rellano de entre la tercera y segunda planta lo bajo prácticamente a zancadas.

Kate había conseguido mantenerse más o menos erguida. Su espalda se mantenía apoyada en los barrotes de la barandilla, las piernas las tenía estiradas e inmóviles, los brazos caídos, con un charco de sangre en el suelo al lado izquierdo, y la cabeza caída hacia delante.

Martin se acercó a ella de un santiamén.

- ¡Kate! Becks despierta.

Con tal de que reaccionase, éste empezó a pegarle suavemente, con delicadeza al principió y más enérgico al final, a lado y lado de su rostro.

- Uhm... - gimió.

Con la mano aún temblando se hizo con el teléfono que llevaba guardado en el bolsillo del pantalón marcando el número de su hermana.

Empezaba a pensar que alguien se la tenía jurada ahí arriba. Y no, no era su madre por muchas discusiones que hubieran llegado a tener.

Enterarse de que el alta iba a retrasarse hasta la semana que viene sabiendo que en un principio, el Dr. Roland la había previsto para ese mismo fin de semana, era una de las peores noticias que existían en su propio listado. La siguiente, y no por ello menos importante, era que había dado no uno sino cien pasos atrás en cuanto a su recuperación.

Una vez suturada la herida después del desgarro de puntos por la caída, le habían endosado un cabestrillo que le impedía mover el brazo. Pero eso no era todo. Una venda a presión volteaba la planta de su pie derecho hasta la mitad de la pierna, algunos centímetros por debajo de la rodilla; esguince, había escuchado de la voz del traumatólogo. ¿Y adivináis que más? De su mano volvía a estar presente una vía, aunque ésta vez solo para los calmantes que le administraban por el dolor de ambas lesiones.

- Hola detective.

Katherine entreabrió los ojos al creer reconocer aquella voz. Y volvió a cerrarlos pasando su brazo derecho, el bueno, por encima de su cabeza.

- Siento mucho que no vayas a poder dejarnos este fin de semana. Realmente es una putada eh... - sonrió fríamente. - ¿Te duele?

Ella se mantuvo en silencio deseando que la dejase sola sin tener que pedírselo.

- Entiendo que no quieras hablar... No pasa nada. ¿Sabes? Antes estuve jugando con esa niña, Kyra. Es tan simpática...

- ¿Realmente crees que me importa? - soltó mosqueada – Hazme un favor y vete por dónde has entrado. ¡Gracias! - entornó irónica.

Matthew sobrecogido por aquel arrebato se aclaró la garganta dudando en si debía despedirse o irse sin más. Tras varios segundos se fue sin más sintiéndose más pequeño de lo habitual.