~ [ o ] ~ analepsis
-o- cambio de escenario
Beyblade no me pertenece…
"No quiero ser quien los otros quieran que sea, quiero ser Yo a mi manera…"
-oO08(Para una Vida Normal)80Oo-
Capítulo X Entre Sueño y Realidad
por Kiray Himawari
¿Era posible la normalidad? Lo cierto era que no lo sabía, ni el porqué no había intentado preguntarse algo así. Por alguna razón nunca es necesario cuestionarse la existencia. Si se vive feliz no hay razón para hacerlo. Sin embargo cuando alguien cercano a ti anhela ser normal, entonces llega el momento en el que se hace la pregunta si tal cosa en verdad existe…
Las últimas palabras que su amigo había pronunciado le habían causado cierto dolor en el pecho. Jamás en la vida se había cuestionado si las personas a su alrededor estaban conformes con quiénes eran. Al parecer a Kai no le agradaba su vida. ¿A quién le agrada ser visto como la persona más fría sobre la tierra? ¿A quién le gusta ser ofendido por tener más oportunidades que otros? ¿A quién le gusta ser criticado por no entablar conversaciones extensas? ¿A quién le gusta tener recuerdos de una infancia desgarradora? ¿A quién le importa saber que su único familiar lo había utilizado? ¿A quién le gusta ser visto con lástima?
Luego de tal declaración, Kai había decidido que no necesitaba más de esos ojos mirándolo. Sin temor se hizo pequeño, su cuerpo se recostó en posición fetal y de allí les dio la espalda a los Mizuhara. No lloraba porque no sentía la necesidad de hacerlo, no sentía vergüenza porque no la tenía, mas sí estaba presente esa sensación de furia consigo mismo.
Tan pronto cerró los ojos cayó en un sueño profundo. Tsubasa estaba preocupado por lo que pasaría de ahora en adelante, había previsto hacerse cargo de un chico responsable y sano, pero ahora la duda le estaba llegando en un momento desafortunado. Max por su parte aún se encontraba en shock.
Se sentía un poco responsable por dejar que todo aquello pasara, aunque en realidad no era responsable de nada. Se preguntaba porqué no había puesto más atención a su amigo, porqué no platicar con él, porqué no preguntar si se sentía cómodo o bien (de menos). Quizá si fuera madrugador como Kai y si tuviera la curiosidad de darle los buenos días, las cosas habrían sido diferentes. Pero sentía que había sido demasiado egoísta y despreocupado.
La verdad era que necesitaba hablar con su amigo y disculparse por toda aquella situación de la cual, según su opinión, era responsable. El Dr. Furukawa los invitó a desalojar la habitación con el objetivo de dejar descansar a Kai y, por su puesto, tratar los puntos referentes al tratamiento a seguir.
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Una vez más, en la oficina, discutieron los pormenores sobre la situación del bicolor. Las posibles causas, los síntomas, los estados anímicos en los que podía caer, las extrañas actividades que se había impuesto el propio Kai para intentar salir adelante, en pocas palabras escucharon el instructivo de vida que el bicolor debía llevar a partir de ese momento.
Los primeros siete días debía tomar media tableta de sertralina al día, preferentemente por la mañana, para luego aumentar la dosis a la tableta completa hasta nuevas indicaciones; una dieta rica en vegetales, frutas, legumbres, carnes blancas, comida poco especiada y baja en grasas animales, además de abundantes líquidos; una rutina de ejercicio de por lo menos media hora por la mañana y una hora antes de dormir, esto con el objetivo de disminuir la ansiedad por la que atravesaba cada que caía en una depresión; terapia psicológica dos veces por semana; y dos visitas al psiquiatra durante el mes. Desafortunadamente para Kai y su insomnio la zopiclona había tenido que desaparecer del tratamiento de manera temporal, al menos hasta que ganara peso y pudiera asimilarla de una mejor manera, por lo tanto debía buscar una manera eficiente y natural para conciliar su sueño imposible.
Finalizando la charla sobre la vida que llevaría Kai, Tsbasa le pidió a Max unos minutos a solas con el Dr. Furukawa. El rubio no tuvo objeciones al no saber qué asuntos tratarían los adultos en cuestión, por ello abandonó la oficina del médico y tomó asiento en la sala de espera cerca de la recepción.
El padre de Max estaba realmente apenado debido a las circunstancias en las que se había enterado del padecimiento del bicolor. El Dr. Furukawa trató de hacerle ver que no era su culpa, aunque Tsubasa sabía que si por lo menos hubiese leído el expediente con un poco de detenimiento en las primeras hojas se habría enterado de lo que pasaba.
En esos momentos se preguntaba si en verdad era una persona apta para el cuidado que se debía tener con el chico. Vivir con una persona con distimia no es sencillo, es difícil ver a un familiar en un estado como ése, pero ¿un extraño? No que proclamara que Kai no era querido allí, sino que el bicolor aún guardaba muchos misterios que no podían develarse de un día a otro, requería tiempo y mucha confianza.
El Dr. Furukawa sugirió entonces terapia para él y Max, quienes convivirían con él diariamente, para poder entender y aceptar lo que pasa con las personas con ese trastorno. Tsubasa estuvo de acuerdo, aunque a regañadientes, sabía bien que 'devolver' a Kai a otra persona podría ser motivo para otra depresión o bien para hundirlo más en la que ya tenía. Optó pues por apoyar al amigo de su hijo con el cual, por cierto, necesitaba hablar. El médico le regresó el diario del bicolor y despidió al padre de Max diciéndole que podía pasar a firmar la alta e ir a casa
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Casa… Era un término raro, si lo pensaba detenidamente. Muchas veces creyó que 'casa' era sólo un sinónimo de un sitio en el que una familia debe vivir, pero ahora era cuando realmente el significado real de dicha palabra lo golpeaba. Casa era sinónimo de hogar, y un hogar significa mucho más que un sitio, significaba un santuario para edificar lo que llamamos familia. Y ahora Kai era parte de su familia, como un hermano, para ser exactos.
Llevaba buen rato esperando a su padre, ya llevaba más de veinte minutos hablando con el psiquiatra y ciertamente ya quería que saliera para poder ir a firmar la alta y finalmente llegar a su hogar. Kai quería ir a casa, a su hogar. Estaba feliz por un lado, pues que el bicolor dijera aquellas palabras significaba que ya tenían un avance en la aceptación de su nueva morada, quizá sólo faltaban pequeños detalles en la nueva vida que, estaba seguro, Kai podía llevar.
Se encontraba tan metido en sus cavilaciones que no se percató del momento exacto en el que su padre se había parado frente a él. El hombre tenía una sonrisa nostálgica, en verdad también reflejaba un rostro cansado, ya era bastante tarde y aún se encontraban allí, en el hospital.
Sin más intercambiaron algunas miradas y una sonrisa para enseguida ponerse de pie y caminar hacia la recepción. Allí la enfermera a cargo le entregó un paquete de formas que debía leer y firmar para poder llevarse a casa al muchacho bicolor. Tsubasa miró con cierta renuencia los papeles que le fueron entregados, en realidad parecían demasiados, mas tenía que hacerlo si quería volver lo antes posible a casa. Tenía prisa y mucha.
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Habían pasado aproximadamente dos horas desde que la habitación había sido abandonada por casi todos allí. En la cama aún yacía su cuerpo exhausto. ¿Cuándo había sido la última vez que había estado en un hospital? Hacía buen tiempo de ello y ciertamente no quería ni podía recordar. Tenía ciertas pistas que le indicaban que no iban a ser cosas que fueran de su agrado, por lo que estaba conforme con tener abandonadas esas memorias en algún rincón de su cerebro.
Se removió incómodo en su sitio, mas no despertó. A veces cuando el sueño venía por sí solo traía consigo algunas pesadillas de lo que creía era su inconsciente gritándole por dejar su antigua vida hostil atrás y comenzar de nuevo. Precisamente esas pesadillas lo habían llevado a tomar aquella decisión de ser normal.
Irina muchas veces le había dicho que la normalidad no existía, pero había fallado terriblemente en disuadir al chico con sus pensamientos retorcidos de adolescente. Su nana siempre había estado con él. Desde que tenía uso de razón la mujer había estado allí. Aún recordaba aquella melodía que solía tararear en ruso para que de pequeño fuera envuelto por el tranquilo sueño que todo infante debía pasar. Irina había sido como una abuela para él, pues ciertamente su madre también había estado allí presente, aunque de ello quedaban pocos y vagos recuerdos.
Esa melodía resonaba de vez en cuando en su cabeza, en ocasiones lograba arrullarlo como cuando niño. Extrañaba esas conversaciones siempre sustanciales con Irina. Desde su perspectiva, era como hablar con esas personas que derrochan sabiduría sin saberlo siquiera. Extrañaba a esa mujer que lo había visto crecer y que había estado con él incondicionalmente desde que sus padres lo habían dejado en la soledad.
Sin notarlo, tres personas arribaron a su habitación temporal…
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Terminó de firmar todos esos papeles que ya parecían iguales en su mente. Realmente le había llevado más tiempo del deseado, pero al fin estaba allí. Entregó las formas a la enfermera y luego de revisarlas cautelosamente asintió brindándole una sonrisa amable e invitándolo a pasar a la habitación del paciente para poder llevarlo a casa.
Contentos, padre e hijo, avanzaron animosamente por el pasillo que conducía al sitió en donde estaba Kai. Allí, a unos cuantos pasos de alcanzar su destino, se encontraron con el Dr. Furukawa. Intercambiaron algunas palabras antes de entrar a la habitación y ver al bicolor dormido en una posición distinta a la que creían había quedado, también notaron una expresión desconocida en su rostro, aunque conocida en alguien que conoce el sufrimiento.
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El cansancio lo estaba venciendo. La cabeza se estrellaba de vez en vez contra el cristal de la ventada del automóvil mientras sus ojos se cerraban pesadamente. Quería descansar y lo único que había pasado era que el padre de Max había tenido que tomar una ruta más larga a casa por un desafortunado accidente cerca del hospital, curiosamente por el paso que debían tomar para poder llegar a su destino.
Un golpe más en el cristal y se fue de frente sin siquiera la voluntad para detenerse y justo cuando creía que cierta oscuridad lo atraparía sintió que alguien lo ayudaba a no caer…
─ ¿Estás bien? ─ escuchó una voz preocupada.
Sin poder pensar bien sus movimientos miró a los ojos a la persona que lo había ayudado a no terminar en esa sombra infinita. Allí estaban esos ojos color azul, una mirada que en verdad comenzó a incomodarle cuando notó que su amigo tenía una expresión que denotaba su preocupación. Deseó poder decir algo, sin embargo el sueño era más fuerte que él y terminó dormido sin saber cómo.
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Sintió una sensación de peluda suavidad que inevitablemente hizo que despertara de golpe. Reconocía a la juguetona criatura que buscaba llamar su atención. Kai de inmediato supo que Isis tenía hambre… ¿Cuándo había sido la última vez que la había alimentado? Acarició la cabecita sonriendo un poco, trataba en verdad de no exasperarse, pues lo último que podía recordar era esa expresión que había visto en el rostro de Max.
Definitivamente no era algo que hubiese deseado, pero al final de cuentas había ocurrido. Quizá debía hablar con ellos, explicarles que era algo "normal" ser así. Por alguna razón había logrado conformarse con el tiempo y lo que en algún momento había sido una desconocida sensación de soledad se había convertido ahora en una sensación bien conocida que era la renuencia a cambiar tan prontamente.
Se puso de pie notando que ya había oscurecido y que además su mundo giraba lentamente, seguramente debido al exceso de sueño que su cuerpo no acostumbraba tener. Dio un paso apoyándose en la cama, intentaría llegar hasta la ventana para poder abrirla un poco y dejar que el viento fresco de la tarde-noche inundara el lugar que comenzaba a parecer en demasía silencioso.
Sus pies desnudos avanzaron un poco más, pero ahora en dirección contraria a la ventana, acercándose de esa manera a la puerta. Giró la perilla lentamente y alcanzó a divisar la luz que provenía de la planta baja, específicamente de la sala. Continuó siguiendo su instinto y se acercó despacio hasta las escaleras aferrándose firmemente al pasamanos.
─ Todo estará bien, Max ─ escuchó la voz de Tsubasa confortando a su rubio amigo.
Los pequeño sollozos eran audibles estando en la segunda planta todavía, por lo que supuso que lo que estuviese pasando era bastante serio como para lograr derrumbar a su amigo, al cual nunca antes había visto tan perdido…
─ Mañana nos dirán qué fue exactamente lo que le pasó… ─
-o-
Pasaban de las nueve de la mañana y nada. Ni Max ni Kai estaban allí. Habían quedado que el día sábado se verían para entrenar, pero los más "interesados" nos estaban allí. Por Max no había tanto problema, es decir, lo veían cinco días a la semana en la escuela. Realmente estaban más ansiosos por ver a Kai.
Desde la mudanza efectuada no lo habían visto con propiedad, sólo en esporádicas ocasiones en las que alcanzaban a verlo a través de la ventana del automóvil, y sinceramente eso no significaba nada para ellos. Necesitaban verlo, saber lo que estaba pasando con él y con los nuevos cambios, quizá darle un abrazo grupal o algo así, todo lo que le diera una pista de lo mucho que lo apoyaban en cualquier situación; eran amigos después de todo.
El tiempo pasaba y, aunque eran sólo minutos, la ansiedad se hizo presente hasta que tomaron la decisión de hacer una llamada para ver lo que estaba pasando. Tomaron el teléfono que abuelo Granger había instalado en la cocina por aquello de las emergencias y marcaron el número telefónico de la casa de Max. Uno, dos, tres, unos más y el sonido de la llamada procesada, pero no contestada, resonaba.
Era extraño, considerando que a continuación marcarían el número del negocio del padre de Max y de igual manera no había habido respuesta. Tomaron la decisión de esperar por noticias de qué era lo que estaba pasando. Incluso Kenny había lanzado la teoría del tráfico por el accidente cerca del hospital, en verdad era una teoría absurda, pero igual deseaban tomarla en cuenta.
Era tarde cuando recibieron una llamada de su joven amigo. Escucharon atentos el relato sobre lo ocurrido ese día por la mañana antes de la cita para el entrenamiento. Al principio no entendieron muy bien, pues lo primero que les había llegado a la mente era un posible intento de suicidio por parte de su amigo bicolor.
Los gritos y las respiraciones contenidas durante unos microsegundos fueron silenciados con prontitud al explicar un poco más a fondo la situación, sin embargo debían esperar un poco más para saber a detalle lo que pasaba con Kai, si éste así lo decidía.
Todos estaban realmente preocupados por no saber con precisión lo que ocurría, pero en especial Sora. Así como había ocurrido con Hilary alguna vez, Sora era la nueva integrante del grupo por lo que había sido invitada por Max y los chicos al entrenamiento, además podrían aprovechar la oportunidad para presentarle a Kai, el famoso enigma que representaba para todos.
Más allá de sentirse insatisfecha por la noticia de tener que esperar para conocer al bicolor, Sora estaba preocupada por el tono apagado con el que Max había entablado comunicación con ellos. En definitiva no era el chico que conocía y por supuesto no era el chico que sonreía todos los días felizmente. Quizá los otros también lo habían notado y lo disimulaban con facilidad, mas para Sora era algo más que imposible.
La chica sabía que 'algo' más estaba pasando y que, por supuesto, Max no deseaba decir por teléfono. Una vez más supo que las noticias debían esperar para ser sabidas, sólo deseaba no fueran malas noticias.
~ [ o ] ~
Faltó poco para que Kai se hubiese golpeado con fuerza contra el cristal del automóvil. Desde el momento en que fue dado de alta había sido un problema. En primer lugar porque el cuerpo del chico se reusaba a despertar por sexta o séptima vez en el día, en verdad habían perdido la cuenta; y en segundo, porque cuando logró abrir los ojos con algo de conciencia su mente parecía hecha un caos
Había dicho algunas cosas en lo que suponían era ruso, alcanzando a reconocer el nombre de Irina y dos palabras extrañas para ellos, mas no para su psiquiatra, que sonaban a mat y otets. No tuvieron que esperar mucho para saber que Kai había dicho madre (mat) y padre (otets) en su lengua materna.
Fue algo que hizo que sus corazones se estremecieran, ¿hacía cuánto tiempo que sus padres habían muerto? Debía ser duro tener la esperanza de verlos algún día, aun sabiendo que eso era más que imposible. En esos momentos Tsubasa había tenido momentos complicados intentando mantener la calma para no romper en llanto y de esa manera no preocupar a Max. Ya habría tiempo de hablar y calmar la situación, si se podía hacer algo…
Haciendo algunas maniobras lograron llegar al automóvil que estaba aparcado en el estacionamiento del hospital. De allí abordarlo y comenzar el trayecto a casa. Finalmente habiendo llegado a su destino se percataron que Kai, una vez más estaba totalmente dormido y Tsubasa decidió darle espacio a la relajación obligatoria que sufría el cuerpo de Kai. Así alzó al chico y lo llevó hasta su habitación, seguido por Max para ayudarle en lo posible.
Luego de una conversación un tanto evasiva por parte de Tusbasa, Max consiguió algunas respuestas acerca del comportamiento que había tenido su padre en las últimas horas, precisamente luego de hablar con el Dr. Furukawa. El rubio había pensado que su padre estaba molesto por la situación de Kai, mas la realidad era un poco diferente, mucho en realidad.
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Su corazón se volcó en un mar de emociones al escuchar aquellas palabras que intentaban confortar inútilmente a su amigo. ¿Cómo le dices a tu amigo que todo estará bien cuando te acaban de decir que tu madre ha sufrido un terrible accidente?
─ Tranquilo, todo saldrá bien, mamá estará bien… ─
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Agradecimientos a: toaneo07, Jim Mizuhara, MC, Derrbalaam, bladz-liska, Tacaema y Missy Lan por obsequiarme un comentario del capítulo anterior y a las personas que pasan a leer este fic, ¡Gracias!,
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