Capítulo X. Corinto.

El sol comenzaba a caer, el viento que soplaba ya no se sentía tan sofocante pero había algo en él que hacía sentir al águila de plata cierto escalofrío en la espalda.

- ¡Adelante! la que sigue. Melina, abre más las piernas en el aire, Nerissa, toma más impulso, Ersha ten cuidado al caer.

Una agotadora jornada de entrenamiento estaba por concluir para esas tres jovencitas quienes ya querían ir a descansar; una larga jornada de tutela terminaba para aquél santo femenino quien esperaba con ansias en los brazos de su amado estar.

Una vez de regreso en su cabaña preparó la cena, todo el tiempo estuvo con el corazón acelerado y fantaseando con la sensación de que él entraría en cualquier momento y la tomaría en sus brazos como la noche anterior pero nunca sucedió.

La noche cayó imperiosa y su guerrero nunca llegó. Terminó a regañadientes sus alimentos y se quedó ensimismada mirando fijamente hacia la puerta con una esperanza agonizante de su arribo. Solo cuando el sueño hizo presa de ella, decidió rendirse e irse a la cama.

Muy temprano al día siguiente, la joven salió rumbo a la arena, había entrenamiento con su compañera de orden. Estaba casi segura que lo vería allí.

Una vez que pisó el anfiteatro, despistadamente mientras se preparaba, con la vista buscaba en las gradas al de leo pero no había nada. Ningún santo dorado estaba presente, eso sembró cierta inquietud en su interior.

- Tu leoncito tal vez se ha quedado dormido.

- Anoche tampoco llegó… - Marin respondió sin miramientos a lo que decía.

- ¡¿Anoche?! – Exclamó Shaina sorprendida.

Marin cayó en la cuenta de sus palabras y se giró rápidamente hacia su compañera.

- ¿Ustedes ya…? - le hizo una seña juntando ambos índices.

La joven no respondió y solo se le quedó mirando.

Justo cuando iba a empezar el interrogatorio, se escuchó el clamor de los espectadores, el primer combate había terminado. Era su turno. La de águila se dio la vuelta y se encaminó, la de ofiuco se quedó con las palabras en la boca y no tuvo más que seguirle.

Una vez en medio de la arena, se midieron con la vista como buenas guerreras; se pusieron en guardia y comenzaron. Un par de intercambio de golpes para calentar y entonces Shaina dio un salto, Marin la siguió con la vista pero el sol la deslumbró y en un parpadeo su compañera ya se hallaba detrás suyo aprisionándola por el cuello.

- ¿Cuándo sucedió? ¿Tú se lo dijiste primero?

- Agghh… No puedo…creer q…que me interrogues a…ahora…

En medio del forcejeo la italiana quiso sacarle respuestas pero de un rápido movimiento Marin se safó e invirtió los papeles, ahora era ella quien la tenía por el cuello.

- ¿De verdad te importa saberlo?

- Kuh, si no…no t…te lo preguntaría…

Con una buena técnica de palanca, Shaina se deshizo de la llave de su compañera logrando lanzarla por los aires pero los excelentes reflejos de la pelirroja se hicieron presentes y no pasó a más.

Tomaron su distancia y volvieron a estudiarse con la mirada. Ella, un águila astuta; la otra, una fiera cobra. En medio de una polvareda se lanzaron la una a la otra en un ataque directo; terminaron impactando cada una su puño en la palma de la otra.

- ¿Y bien? ¿Cuándo sucedió? – Insistió la de ofiuco.

- Anoche – Le contestó la de águila mientras empujaba el puño de su compañera haciéndola retroceder.

- Hum, apuesto que no resististe más – Imitó a su rival haciéndola retroceder también.

- Te equivocas, fue él quien lo dijo primero y de una manera en la que jamás podrías decirle que no.

- Jamás hubiera imaginado que detrás de esa cara de pocos amigos había un blando romántico.

El jaloneo continuó un poco más hasta que ambas fueron en serio y se asestaron un par de buenos golpes para terminar el encuentro en medio de un público muy animado.

Una vez apartadas del bullicio, hablaron más tranquilas. Marin le contó lo sucedido y las condiciones en las que los dos habían decidido estar juntos.

- ¿Tú qué piensas?

- No sé qué decirte, la verdad es que jamás imaginé que lo condicionarías así, pensé que querías amarlo sin ataduras – la cara de sorpresa de Shaina tras la máscara fue genuina.

- Ni lo menciones, la expresión de su rostro fue…mi cabeza es un lío, odio sentirme así, siempre he tenido certeza de mis actos y pensamientos pero… de unas semanas acá él ha volcado mi interior – Marin se sentó en el piso cerca de su compañera mientras se revolvía los cabellos en frustración.

- Si los dos estuvieron de acuerdo, entonces adelante, lo peor que puede pasar es que hagan a un lado esa condición y… tú me entiendes.

- Eso es lo de menos… – titubeó para continuar – tal vez solo soy yo pero últimamente he pensado de más en la última frase de Mu "Cuando el momento llegue" … olvídalo, me estoy volviendo paranoica – se levantó sacudiéndose el polvo de las sentaderas y las manos.

- Hablando de eso, ¿A dónde han ido todos los santos dorados? Solo escuché que Aioria y Shaka se encuentran aquí.

"Te equivocas, creo que Aioria tampoco está" pensó Marin, pero no lo dijo en voz alta, solo se encogió de hombros mientras esa rara sensación de incertidumbre le asaltaba el pecho una vez más.

- o-

Era casi la hora de la puesta de sol, había estado caminando la mayor parte del día bajo el sofocante clima que imperaba en la región y no había conseguido llegar a su destino. Sentía que había estado caminando en círculos todo el día.

No lograba divisar el templo que buscaba por más que se adentraba en la montaña, estaba fastidiado, agotado, sediento y desorientado.

La carta que había recibido la mañana del día anterior le designaba una misión con destino en Κόρινθος, ubicada en la estrecha franja de tierra que une el Peloponeso con la Grecia continental, a medio camino entre Atenas y Esparta.

Según el mandato, Athena había estado teniendo extraños presentimientos y sueños sobre presencias alrededor del Santuario y en algunas partes a la redonda, una de ellas era Corinto.

Aioria, obedeciendo a su Diosa, partió a verificar el lugar. Tomó la caja de Pandora donde se resguardaba su armadura dorada y se marchó sin más. Una vez que llegó, comenzó a indagar con los habitantes de una aldea cercana al lugar marcado por la carta recibida, estos le dijeron que efectivamente cosas extrañas habían estado pasando en los últimos días en los alrededores. Había rumores de gente extraviada rumbo a la montaña y otras cerca de un templo escondido en esta.

Impaciente como es él, quiso salir de inmediato hacia allá, pero la gente de la aldea le rogó que esperara al amanecer, que era peligroso. Ante la insistencia y las buenas intenciones hacia su persona, decidió pasar la noche allí.

Mientras conciliaba el sueño, sus pensamientos lo llevaron a casa, en presencia de aquella mujer a la que en sus brazos urgía tener, pronunció su nombre un par de veces en medio de un suspiro, ¿Qué estaría haciendo ahora? ¿Estaría pensando en él?. La sonrisa en su rostro se vio opacada cuando recordó la promesa de visitarla al final de ese día y sin embargo se hallaba lejos y en pos de una misión de la cual debía guardar silencio. Volvió su mirada a la tenue luz de la vela que alumbraba la habitación y la recorrió rápido con los ojos; sencilla, rústica, el olor a madera húmeda estaba presente, un tapete roído y polvoso en la entrada y una mesita de noche justo en medio en donde la flama de dicha vela se mecía en vaivén por la corriente de aire filtrado entre los espacios de los maderos de la puerta.

Prestó atención a los sonidos de la noche, hacía mucho viento y se escuchaba el crujir de los árboles cercanos, una noche bastante tétrica por cierto. Dio un par de vueltas en la cama pero no logró pegar el ojo, así que se levantó y salió a despejarse con el fresco del aire. Una vez afuera, cerró sus ojos y se concentró en busca de algún cosmo maligno pero no sintió nada y sin embargo tenía esa sensación de mal agüero recorriéndole la espina. Comenzó a impacientarse y quiso ir en busca de lo que fuera que hubiera en esa montaña y destrozarlo para poder regresar a casa y verla de nuevo. Cada vez que pensaba en eso, el corazón le daba un vuelco y las ansias lo consumían, después de considerarlo seriamente, entró a la habitación y fue directo por la caja de su armadura pero las palabras que Marin siempre le decía resonaron en su cabeza "No actúes por impulso, sé prudente".

- Tienes razón Marin – dijo en voz alta.

Se tranquilizó y volvió a la cama y pudo dormir lo que quedaba de la noche.

Con los primeros rayos de sol, el santo de Athena salió de la aldea, llevando consigo un poco de pan, queso y agua que le habían preparado para su viaje.

Así fue como se encontró caminando sin detenerse cuando cayó en la cuenta de que era demasiado tiempo el que había pasado ya, la montaña y su espesura no podían ser tan bastas como para no recorrerla en medio día. Definitivamente algo andaba mal, se detuvo en medio de la espesura para acomodar su estrategia desde ahora y hacer salir a quien lo había seguido la última media hora. El sol se ocultaba y la noche se asomaba peligrosa. Fue entonces que demandó con voz fiera:

- ¡Sal inmediatamente! ¡Muéstrate! – elevó su cosmo como advertencia.

Pero fue entonces que sintió familiaridad a medida que aquella presencia se acercaba a él. El santo se sintió confundido con esta situación y fue entonces que de entre la espesura de los árboles una figura curvilínea y femenina salió a su encuentro. El griego se quedó atónito ante tal revelación.

-¡¿Marin?!

CONTINUARÁ...


Alooooó! regresé con el cap. X. Empiezo con agradecimientos por sus coments y reviews, para JFR por su súper spam de reviews hahaha, muy buenos y lindos, para Utopia 153, pido un poquito de paciencia, yo también ya quiero llegar a eso, a Shaina, a Dany, a Safo, a los que comentan como guests, a obsessionsofmrsp en tumblr que me pasó una playlist para recuperar mis feels...ah sí, le comento que no tengo feels T^T y sin ellos no puedo seguir y estoy atorada en el capítulo XIII y por si fuera poco estoy molesta :( por... Bueno, nos leemos pronto.