Unos brazos delgados salieron de debajo de las sábanas para estirarse, mientras el sol de la mañana se colaba por entre las cortinas y iluminaba de blanco la habitación. Haru se dio la vuelta, aún con los ojos cerrados. Nunca había dormido tan bien. En cuanto tuviera algo de dinero extra, lo primero que haría sería comprar un colchón como ese… vaya placer de los dioses… era como dormir en una nube, y para mejorarlo todo, Gokudera fue lo primero que vio al despertar, y a quién estuvo mirando con cara de estúpida por unos buenos quince minutos y medio.

El hombre hasta parecía estar sonriendo. Su respiración era profunda y marcada y su boca estaba algo abierta. Parecía una divinidad, honestamente. Si solo tuviera esa expresión tan pacífica más a menudo…. Sin darse cuenta, Haru estaba levantando la mano para tocarle la cara y apartar un par de mechones plateados que yacían fuera de su sitio y tapaban la vista. Antes de tener tiempo de pasar la yema de sus dedos por los labios de él, un brazo –sinceramente pesado- la rodeó por la cintura y la arrastró más cerca, para quedar los dos cara a cara, pecho pegado con pecho, piernas entrelazadas, y la chica, por primera vez en todo el rato que había estado en su cama, se dio cuenta, finalmente, de que estaba siendo abrazada por un hombre, que no llevaba puesto nada más que unos calzoncillos de Calvin Klein y una cadena al cuello con un anillo –que al parecer no se quitaba nunca- y que encima, la volvía loca. Vamos, para querer morirse de un infarto.

"Haru…" La voz de Gokudera había sonado más dulce que nunca, a pesar de estar algo ronca por ser la primera palabra que soltaba. Y tenía que ser justamente el nombre de Haru… esto empezaba a parecer un dorama, solo que a la chica no se le ocurría ni un único actor coreano en ese momento que fuera la mitad de sexy que este hombre.

Un par de segundos después, él abrió los ojos.

"Buenas…" Sonrió atípicamente.

"Buenos días…" Haru bajó la vista y la fijó en el pecho desnudo de Gokudera.

Pasaron unos minutos de silencio, y la joven tuvo tiempo de perderse en sus pensamientos, que de alguna manera fueron de 'que bueno que está…' a 'por qué los hombres tienen pezones si no los necesitan para nada?'

"Dormiste bien?" Finalmente el chico de cabellos plateados decidió romper el hielo.

"S-si…" Haru se dio la vuelta, enredándose aún más en las sábanas y su pijama, buscando su móvil para ver la hora. "He tenido un sueño donde te mandaba a la… MIERDA!"

Los ojos de Gokudera se abrieron completamente. Qué clase de sueño era ese? Y a que vino el énfasis en esa última palabra? Y cuando vio a Haru levantarse de golpe y empezar a correr, se dio cuenta de lo que pasaba.

"Mierda mierda mierda mis clases empiezan en 45 minutos y estoy a media hora de mi casa y tengo que ir a buscar los libros para luego estarme media hora más hasta llegar a la uni no voy a llegar a tiempo nunca y tengo un examen a primera hora voy a morir….."

Gokudera respiró profundamente y se quedó tumbado en la cama sin moverse, mientras escuchaba los pasos acelerados de Haru en el salón de su casa, mientras recogía todas sus cosas a la velocidad de la luz, y tropezándose con casi todas las sillas para luego abrir y cerrar la puerta con todas sus fuerzas, yéndose sin siquiera despedirse. Costaba de admitir, pero no merecerse ni siquiera un 'chao' de Haru, era bastante doloroso. Él lo sabía, en el fondo, que desde hacía un tiempo, Haru había empezado a ser aquello alrededor de lo cual giraba su vida, y le gustara o no, a estas alturas, se había enamorado de ella. Y no le gustaba. No le gustaba nada la idea. No por ella, sino por él. Porque, en el fondo, él no era más que un cobarde que no sabía cómo tratar con mujeres, y que ahora que la tenía a ella delante, el miedo le corroía por dentro. El miedo a no saberla tratar como ella se merecía, y a cagarla, como con todas las demás, porque Haru no era como todas las demás, y por eso, querer hacer las cosas bien con ella era tan importante para él. Porque, no como a las demás, a Haru sí que la quería de verdad. Y eso solo lo hacía todo más difícil.


Las clases habían sido completamente normales ese día. Haru había llegado, de alguna milagrosa manera, a tiempo para su examen, que, por cierto, estaba chupado y lo terminó en 23 minutos. Todo lo demás fue rutina. Squalo gritando sus clases –y hasta un cumplido a una profesora nueva, porque si no gritaba todo lo que decía, no era Squalo.- , Dino tropezando con todo lo que tenía delante y hasta con lo que no tenía, y Kyoko siendo la mejor amiga que alguien pueda desear. Hoy se la veía especialmente feliz, por que cumplía nueve meses de estar saliendo con Tsuna, su novio.

Al sonar el último timbre del día, seguido de gritos de felicidad y alivio por parte de casi cada estudiante en todo el campus, el móvil de Haru empezó a sonar –a todo volumen y con Dazzling Girl de SHINee como tono de llamada-. Era un mensaje de Gokudera que quería hablar con ella lo más pronto posible en el parque. Vaya… ahora se estaba empezando a preocupar.


Gokudera tuvo una mañana bastante normal, dentro de lo que cabía. Después de que Haru se fuera, se levantó y vio en la cocina, encima de una pila de platos sucios, una nota de su hermana, que se había aburrido de hacer de aguanta velas y que había cogido el primer avión a Italia. Gokudera gritó de felicidad por dentro como una colegiala, pero por fuera decidió mantener la calma. Era demasiado temprano y tenía cosas importantes que hacer.

Haber pasado la noche con Haru le sentó genial. Estaba de buen humor, y para ver a la persona a quien tenía que ver ese día hacía mucha falta estar de buen humor. Era uno de esos días cuando, por arte de magia, alguien le recordaba de que era un compositor que tenía que trabajar para pagar el alquiler y que no todo en la vida era hacer el vago en el sofá, por muy buen plan que parezca.

Normalmente, cuando Gokudera trabajaba, era para hacer algún concierto, pero como para eso necesitaba un mánager y se había acostado con la última que había tenido –que, por cierto, estaba casada y con hijos- había decidido que lo mejor sería dejar de hacer esas cosas de mono de feria. Luego, se convirtió en costumbre tocar en fiestas de gente rica, y aún lo hacía, cuando alguien rico le llamaba, pero en temporada de tormentas no había mucha demanda para fiestas de gente rica que parecía no haber descubierto que no es un requerimiento obligatorio hacer fiestas al aire libre en la piscina. Finalmente, estaban las discográficas. Éstas lo adoraban. En serio. Adoraban a esos cabrones que se acostaban con las secretarias mientras tocaran el piano bien, y las secretarias adoraban como Gokudera sabía tocar bien otro tipo de cosas… Por eso, casi todas las baladas que llegaban a TOP 10, habían pasado antes por sus dedos. Ya sea la canción, o la cantante… a veces las dos. Y básicamente en eso pasaba Gokudera sus días: frente al piano ideando la siguiente canción de los bailes de fin de curso, una reverenda mierda por la que cobraría millones. Pero luego estaban esas melodías que eran simplemente perfectas, y que luego acabarían como banda sonora de alguna película.

De eso iría su reunión. Un director de Hollywood, fan del cine asiático, se había enamorado de uno de sus temas, y quería uno para su nueva película. Esta era una oportunidad de oro, porque si se daba a conocer en Hollywood, Gokudera tendría su vida asegurada. El hecho de que el director fuera el imbécil de Belphegor no importaba mientras hubiera dinero por el medio.


De un momento a otro, había empezado a llover. Haru llegó al parque hecha un charco, con la camisa blanca transparentada –justo el día que llevaba un sujetador rojo navidad- y con todo el maquillaje corrido por la cara, todo porque no le dio tiempo coger un paraguas esa mañana. Como si fuera una broma del destino, en cuanto puso un pié en la pequeña casita de juguete para los niños pequeños –único lugar bajo techo en toda la inmensidad del parque – donde Gokudera la esperaba, el sol salió por entre las nubes. Era como si el universo se hubiera puesto de acuerdo para joderla ese día.

Gokudera no dijo nada durante un rato. Estaban los dos sentados uno al lado del otro, con las rodillas recogidas para no ocupar todo el espacio, mirando la fuente que tenían delante.

"Hoy…" Finalmente decidió romper el hielo. "Hoy estuve con Belphegor… Sabes quién es, no?"

Los ojos de Haru empezaron a brillar. Claro que sabía quién era. Todo el mundo lo sabía.

"Quiere que haga la banda sonora de su próxima película…"

"Hahi! En serio? Eso es genial! Y qué más te dijo?"

"Pues… verás, me dijo…" Por muy feliz que Haru estuviera por él, no podía evitar sentirse algo preocupada debido al tono de voz con el que Gokudera llevaba hablando todo el tiempo.

"Me dijo que quiere filmar en USA, y que quiere que vaya con él… para que aparezca yo también en algunas escenas… y que si todo va bien… si todo va bien, me quedaría a vivir allá, y trabajar para otros directores…"

Al oír la palabra USA, la sonrisa de Haru desapareció completamente.

"Y- y que harás? Irás con él?"

"Claro… no puedo dejar pasar esto… solo quería hablar contigo antes, a ver qué te parece…"

"Hahi… p-pues bien, supongo… te echaré de menos… pero me alegro mucho por ti… en serio…"

"Haru."

"Dime."

"Si me dices que me quede lo haré. Solo con que tú me lo digas ya me basta. Depende de ti."

Oh claro. El típico 'depende de ti'. Como si fuera fácil, sabes? No se puede decidir tan fácilmente entre lo que tú quieres y lo que es mejor para otra persona. Sobre todo si esa otra persona era lo más importante de tu vida. Pero ya sabéis lo que se dice. Si quieres a alguien, déjalo ir.

"Ve." Fue un hilo de voz. Una palabra, una sílaba… pero decía muchas cosas a la vez. "No seas tonto y ve. Es una oportunidad única, no? Como puedes dejar que decida yo por ti? Más te vale no decirle que no a algo tan importante…"

"Tú eres más importante." Y se hizo el silencio.

Ni él había planeado decir eso, ni ella se habría imaginado que escucharía algo así en toda su vida, y menos viniendo de él.

"N- no sé cómo explicarlo bien… pero… no quiero estar lejos de ti…" Por primera vez, Haru había visto a Gokudera sonrojarse a tales niveles. "Pensé en que vinieras conmigo… pero tienes tus finales dentro de poco y no puedo… además… no querrías… en fin, da igual… lo que te quiero decir es que no puedo tenerte lejos… me vuelve loco… y… y cuesta decirlo… pero eres… Haru… yo…"

"Para, para, para… no hace falta que sigas... ya sé por dónde va la cosa." En el fondo, sí que quería que siguiera. Quería escuchar cada palabra y cada letra, pero el pobre se estaba poniendo tan nervioso que ni siquiera parecía el mismo.

"Pues… que hago?"

Haru respiró hondo. Nunca nada había sido tan difícil para ella, pero era el momento de comportarse como una mujer y no como una niña que solo sabe hablar de Corea del Sur.

"Ya te lo he dicho. No pierdas esta oportunidad por mí. Si no aceptas un trato tan bueno por una burrada como esta no te lo perdonaré nunca."

"Burrada? En serio? Una burrada? Me estás diciendo que mis sentimientos por ti son una burrada? Sabía que eras estúpida pero no me imaginaba que lo serías tanto! No hace falta de que te burles de mi en mi cara, sabes? Podrías simplemente rechazarme, como lo haría la gente normal!"

"Te importaría dejar de llamarme estúpida? No te das cuenta de que esto lo hago por ti? En serio te crees que a mí tampoco me duele que te vayas!? Claro que quiero que te quedes aquí conmigo! Pero no puedo ser tan egoísta! Es injusto!"

Haru había alzado tanto la voz, que todos los niños del parque se habían girado para mirar.

[A partir de ahora todo son gritos, pero no voy a abusar de las mayúsculas, así que ya sabéis]

"A ver mujer estúpida! Si quieres que me quede solo dilo! No andes complicándote la vida, que no hace falta, y no estoy de humor para aguantar toda esa mierda de las telenovelas! Quieres que me quede o no? Así de fácil!"

"Claro que quiero! Pero ni se te ocurra hacerlo! No quiero que luego te vayas a arrepentir!"

"Deja de tratarme como si fueras mi madre! Ya está, me quedo y punto!"

"Gokudera Hayato haz tus malditas maletas y vete de una puñetera vez!"

"Por qué no te callas!? No es esto lo que quieres y lo sabes!"

"No! Pero es lo mejor, así que vete y punto… Gokudera-san no hagas esto más difícil de lo que ya es…"

"No es difícil. Solo tienes que entender que te quiero… y eso es fácil de ver... pero si tanto insistes en que me vaya, tal vez es lo mejor que puedo hacer."

"Espera! Te vas a ir? En serio?"

"A VER ESTÚPIDA, NO ME LLEVAS DICIENDO TODO EL RATO QUE ME VAYA? PUES QUÉ MÁS QUIERES?"

"MIRA, SABES QUÉ? VETE! VETE A LOS USA Y PÚDRETE ALLÍ! YO NO QUIERO SABER NADA!"

"ME PARECE BIEN!"

"QUE TE DEN!"

Y las madres que había por el parque con sus hijos empezaron a aplaudir, como si acabaran de ver una escena de un culebrón.


Haru abrazó su almohada de Onew. Había ideado el plan perfecto de no salir de su habitación en diez años, pero luego el trimestral de mates marcado en su agenda para el día siguiente la hizo cambiar de opinión.

De verdad era estúpida. Gokudera se iba en tres horas y probablemente nunca más lo volvería a ver, y lo último que le había dicho había sido 'que te den'. Vaya faena.

Cuatro botellas de alcohol y dos horas llorando frente al MV de Paradise de Infinite después, decidió que si iba a ser estúpida, ya podría ser bien requetestúpida, así que cogió su móvil y envió un mensaje al principal causante de todos sus problemas, que estaba a punto de subirse al avión.

Sí. Un estúpido y nada oportuno mensaje que ponía 'Que te vaya bien. Siento haberte gritado esta mañana. Yo también te quiero.'


Oh mis feels al escribir esto ;u;

No se… últimamente me ha dado por las cosas tristes, así que un capítulo para no reírse mucho… si es que en el fondo, me gusta meterme también con las lectoras J algún día me vais a quemar viva y me lo voy a merecer…

Pero este fic tendrá un final feliz, lo prometo ^^

Eso sí, probablemente le queden dos o tres capítulos más… a no ser que se me ocurra algo más para escribir… ah, bueno, y un cap más de lemon, eso si :3

En fin, espero que os haya gustado. Dejad vuestros reviews, que me encanta recibirlos y leerlos. Un abrazo a todas~