[Katara]
La Maestra Agua terminó la sesión de curación de Sokka en silencio. La herida seguía sin sanar y había vuelto a sangrar cuando cayo de rodillas. Aún no estaba en condición de hacer esfuerzo físico.
Katara ayudó a Sokka a ponerse las vendas de nuevo y al terminar guardo el agua en su cantimplora. Sokka fue a la mesa que había en su habitación y saco un pergamino y un pincel.
—¿Estás bien, hermanita?—preguntó el chico cuando Katara estaba por dejar la habitación. La Maestra suspiró y dio la vuelta.
—¿A que te refieres?—no necesitaba la respuesta, ella sabía perfectamente de que hablaba; todo lo que había pasado con Koemi y Aang ese día.
Katara había dejado que sus celos la dominaba y la situación se le fue de las manos. No había soportado más ver cómo Aang se preocupaba por la Maestra Tierra al grado de quedarse despierto la noche entera.
Inmediatamente se arrepintió de las cosas que le había dicho a Koemi ¿Que es lo que estaba pensando? Esa no era su forma de actuar, sobre todo con alguien que acaba de salir de una situación de vida o muerte.
Y aún así, lo peor vino después.
No pudo evitar sentirse dolida por la brusquedad con la que Aang le había hablado. La corrió de la habitación, como si no importara lo que sintiera y prefirió quedarse ahí, con esa chica.
¿Como debía sentirse Katara al respecto? ¿Como Aang podía sentir más afecto por Koemi que por ella? Katara le había salvado la vida más de una vez, lo había rescatado del hielo, era su novia ¡Se suponía que la amaba!
—Creo que sabes de qué hablo—Sokka empapo el pincel con tinta y comenzó a escribir en el pergamino, sin apartar los ojos del papel—. Todo se salió un poco de control. Bastante, a decir verdad.
—Actúe como una tonta—Katara se abrazó a si misma y bajo la mirada. Se sentía terrible—. Creo... creo que ya no le importo a Aang—saboreo esas palabras en su boca y las lágrimas llegaron. Cubrió sus ojos y sollozo—. Ya no le importo...
De pronto sintió como las manos de Sokka la envolvían.
Por primera vez en mucho tiempo Katara se permitió sentirse como la hermana menor que se refugiaba en los brazos de su hermano mayor.
—Cálmate, Katara—le pidió Sokka, acariciando su cabello—. ¿Que pensaría de ti la orgullosa Maestra Agua que eres si te viera ahora? ¿Donde está la chica que confrontó a la loca priomana de Azula? ¿Al engreído Maestro Pakku? Me haces sentir avergonzado ahora mismo...
Katara se apartó con una débil sonrisa en los labios y le dio un puñetazo en el hombro. Su hermano también le sonreía.
—Eres un bobo, Sokka—gruñó Katara. Sokka extendió una mano y le limpió las lágrimas del rostro.
—Pero soy el mejor bobo hermano del mundo. Tienes de suerte de tenerme.
—Si, supongo que tengo suerte—suspiro con resignación—. ¿Que debería hace ahora?
—Hablar con Aang—Sokka regreso a la mesa, enrollo el pergamino y tomo uno nuevo para escribir otro mensaje—. Dile lo que te molesta y vuelvan a ser tan ridículamente felices como siempre. Aunque eso me produzca oogies...
—¿Crees que funcione?
—¿Y por qué no?—preguntó Sokka—. Hermanita, nadie es perfecto. Cometemos errores todo el tiempo, incluso yo que soy un tipo genial y muy guapo, pero cuando estás en una relación y la otra persona te ama, perdonará tus errores y los comprenderá, por qué el amor implica sacrifico y paciencia.
Katara pensó en sus errores e inevitablemente recordó a Haru. Aún no había hablado con Aang sobre eso y eso la hacía sentir terrible ¿Que derecho tenía ella de estar molesta con él después de que ella beso a otro chico? ¿Aang la perdonaría? Si, estaba segura, entonces ¿por qué ella no se tragaba su orgullo y lo perdonaba a él por un simple error?
Katara se puso en pie con determinación. No iba a dejar que esa niña dañara su relación con Aang. Habían pasado por muchas cosas juntos como para pelear por esas tonterías.
—Bien, hablaré con él—decidió Katara. Era tiempo de terminar con esa ridicules. Miro a su hermano con admiración—. ¿Desde cuando eres tan bueno en asuntos amorosos?
—Los años y la experiencia, hermanita—confesó el chico, con una sonrisa socarrona—. Soy un romántico empedernido.
Katara lo contempló en silencio.
Sabía que él tenía sus propios problemas en los cuales pensar. A veces Katara se preguntaba si había superado del todo su ruptura con Suki. Nunca hablaba de ello, como si nunca hubiera pasado o se negara a creerlo.
Sokka siempre había sido fuerte, cuando se trataba de asuntos del corazón, después de todo, la chica que había amado había muerto en sus brazos sin que él pudiera hacer nada para ayudarlo.
Katara no creía ser tan fuerte para poder soportar algo así. Por esa y muchas otras cosas, Katara lo admiraba.
—¿Aún piensas en Yue?—preguntó de pronto, con voz delicada.
Sokka dejo de escribir y permaneció en silencio un momento. Su rostro permanecía fuera de su vista, así que Katara no supo cuál fue su reacción.
—Siempre pienso en ella—su voz se había tornado sombría. Volvió la vista hacia Katara. A pesar de que sonreía con dulzura, una sombra había oscurecido su mirada—. Pero ¿sabes? estoy con alguien actualmente.
—¿De verdad?—Katara no sabia eso—. ¿Quien es ella? ¿La conozco?
—Oh, no, no la conoces—soltó una pequeña risita divertida—, pero ella es realmente una de las chicas más hermosas que he conocido. Creo... creo que de verdad me gusta mucho.
—Eso es muy bueno Sokka, espero conocerla pronto—Sokka asintió y regreso a sus cartas. Cuando Katara estaba apunto de irse, se le ocurrió preguntar algo que le daba curiosidad—. ¿Que es eso que estás escribiendo?
—Invitare a algunos pocos de nuestros amigos a la fiesta de cumpleaños de Aang—admitió Sokka, cerrando otro pergamino—. Estoy planeando algo asombroso.
Al ver la pila de pergaminos que seguía aumentado, Katara dudo de cuál era el concepto de "pocos" para Sokka.
[Aang]
La noche ya había empezado a caer.
Aang se puso de pie y encendió una lámpara para iluminar la oscurida. Koemi se había quedado dormida hace horas. El chico dejo la lámpara junto a su cama y cubrió bien a la muchacha con las mantas.
Se despidió de ella en silencio y salió de la habitación de la forma más silenciosa que pudo. Solo podía pensar en una cosa; debía ir donde Katara y disculparse con ella.
Poco después de que su novia dejara la habitación Aang había comenzado a sentirse terriblemente mal por su forma de actuar ¿Como había sido capaz de hablarle de esa manera tan despiadada y cruel?
Caminaba con la vista baja, meditando sobre aquello, cuando tropezó torpemente con alguien. La otra persona perdió el equilibrio, precipitándose hacia atrás. Aang se lanzó instintivamente al frente para capturarla.
Con su mano sintiendo la delicadeza de su cintura y con su rostro a escasos centímetros del suyo, Aang contempló a Katara con verdadero asombro. A pesar del tiempo Aang siempre se descubría contemplando la innegable belleza de Katara con curiosidad.
Rápidamente sintió como su rostro se sonrojaba por la vergüenza. Katara también había apartado la vista.
Una vez que ambos estuvieron de pie nuevamente, el silencio se prolongó entre ellos. Aquello era una mala señal. Aang rasco su cabeza, inseguro sobre que decir.
—Quería hablar contigo—Katara había encontrado las palabras. Aang levanto la mirada y contempló como la tristeza marcaba el rostro de su novia. Verla de aquella manera le dolía y lo hacía sentir culpable ¿Él había hecho que ella estuviera triste? ¿Que clase de novio horrible era?
—Bien—respondió Aang. Katara dio la vuelta y comenzó a alejarse por el pasillo. Aang tuvo que correr para alcanzarla, hasta terminar a su lado y andar a su mismo paso lento.
Por el rabillo del ojo, Aang miro a Katara. La chica se abrazaba a si misma, con la vista baja. Aang sintió una extraña necesidad de rodearla con los brazos y besarla para sentir la ternura de sus labios. Quería que se sintiera segura con él, quería decirle que la amaba...
—Katara—su voz sonaba insegura, como la de un niño asustado—. Yo quería... veras, yo necesito decirte que... qué tal vez...
—¿Si?—Katara había detenido su marcha justo al final del pasillo. Había un balcón abierto, que dejaba apreciar la isla y la playa a esa hora de la noche. Katara se quedó viendo la distancia, con la brisa marina moviendo su cabello. La luz plateada de la luna bañaba su hermoso rostro.
Aang lo contempló a detalle. Siguió la línea de sus labios, el brillo de sus ojos azules como el invierno, el color cálido de su piel...
La sensación de nostalgia lo llevó al pasado, años atrás, cuando dos niños miraban una estupida obra de teatro y un niño inmaduro intentaba decirle a una niña hermosa que la amaba.
Katara se había dado cuenta de lo mismo y la nostalgia la invadió. El silencio de la noche se rompió por su llanto y Aang no pudo seguir fingiendo cuánto la necesitaba.
La atrajo hacia si, abrazándola con fuerzas. Katara lloró contra su pecho, aferrando sus delicados dedos a la túnica de su novio. Aang se dio cuenta de que él mismo estaba llorando. Cerró los ojos, disfrutando de la sensación que le provocaba sentirla en sus brazos.
—Lo siento, de verdad lo siento mucho, cariño—susurro, esperando que ella lo escuchara—. Por favor, perdóname.
Katara se apartó de él lentamente, casi con miedo. Había controlado su llanto, pero sus ojos seguían húmedos y sus mejillas estaban surcadas por ríos cristalinos.
—Aang, no tengo nada que perdonarte. Soy yo quien debe pedirte disculpas—se quedó en silencio un momento, con la vista baja—. Me porte de forma incorrecta. He hecho cosas... cosas de las cuales me arrepiento. Lo siento mucho.
Aang avanzó para estar cerca de ella de nuevo. La tomó por la barbilla y la beso.
No importaba cuantas veces la besara, siempre había algo nuevo en sus labios que lo hacían estremecer. Siempre existirá esa sensación de nerviosismo, miedo y timidez en Aang que provocaba que su corazón latiera de forma descontrolada.
Rodeo la cintura de la chica con una mano, mientras la otra acariciaba su mejilla. Una sensación eléctrica lo recorrió, cuando Katara unió su cuerpo contra el de él y las manos de la muchacha rodearon su cuello.
La necesidad de aire llevó a los dos jóvenes enamorados a romper la pasión del beso. Aang mantuvo los ojos cerrados, apoyando su frente contra la de la Maestra Agua, mientras sus manos sujetaban el rostro de Katara, no permitiéndole alejarse de él más de lo necesario. La chica no se movió, disfrutaba del tacto cálido de las manos de su novio.
—No podemos pelear—confesó Aang en un susurro ronco—. Allá afuera estamos rodeados de enemigos; no podemos pelear entre nosotros ahora—suspiró con cansancio. Abrió los ojos y le dedicó una sonrisa culpable—. Te necesito a mi lado para sentirme fuerte y enfrentar esto.
—Durante la boda de Zuko—recordó Katara—, me prometiste que no me dejarías sola de nuevo.
—Lo hice—reconoció Aang, recordando sus palabras—. No pienso perderte. Eres la única persona que de verdad me importa—cuando miro los ojos de Katara, supo que estaba diciendo la verdad—. Eres mi ancla, eres el lazo que me mantiene unido a este mundo. Katara, quiero que de verdad entiendas eso.
—¿Que hay de Koemi?—aventuró Katara, incomoda. Aang no logró entender a que venía su pregunta.
—¿Koemi? ¿Que tiene que ver ella con esto?—Katara bajo la vista, distante, y Aang pudo comprender a que se debía la pregunta, a que se debía todo aquello en realidad—. ¿Estás celosa?—la pregunta parecía tan poco probable ¿Como Katara podía estar celosa de Koemi? Apreciaba a la chica, era su amiga, pero él únicamente tenía ojos para Katara.
—Tal vez lo estoy un poco...—respondió de mala gana.
Extrañamente, Aang se sintió alegre por esa respuesta. Comenzó a reír. Katara lo miró como si se hubiera vuelto loco, con las mejillas sonrojadas.
—¿Que te parece tan gracioso?—preguntó irritada. El chico no respondió, se limitó a seguir riendo, aumentando la vergüenza de su novia—. ¡Detente! ¡No es gracioso!
Katara se cruzó de brazos y le dio la espalda, molesta. El chico la giró de vuelta hacia él.
—De hecho es muy gracioso—beso su frente con ternura—. No tienes por qué estar celosa, cariño. Ella es solo una amiga—se apartó y unió la palma de sus manos. Inclinó levemente la cabeza—. Te doy mi palabra de Avatar de que no pasa nada entre ella y yo.
Su novia no tuvo más remedio que creerle. Los ojos de Katara se perdieron en algún punto de la playa. Un bostezo se escapó de sus labios.
—Fue un largo y absurdo día—otro bostezo llego—. ¿Quieres ir a dormir?
Tomo la mano de Aang entre la suya y tiro de él hacia su habitación. El joven Avatar no se resistió al movimiento. Ya en el interior, Katara logró encontrar de nuevo el camino hacia sus labios.
Katara arrastro a Aang contra la pared con necesidad. Su túnica azul cayó a sus pies con suavidad antes que el joven Avatar se diera cuenta.
Aang contempló el cuerpo semidesnudo de su novia, envuelto únicamente por los blancos vendajes de lino que funcionaban como ropa interior. Aang apartó la vista con vergüenza. Deseaba verla así, como su pechos llamando la atención hacia su vientre plano y más allá, sus tonificadas piernas y caderas firmes, incluso deseaba ver lo que tan diminutas prendan ocultaban, pero el bochorno y el pudor lo obligó mantener el recato.
—C-creí que estabas cansada—tartamudeo aquellas palabras. La chica deslizo sus delicadas manos bajo la túnica del muchacho. Utilizó la yema de sus dedos para acariciar los músculos de su pecho.
—Para esto no—tiro de la camiseta de Aang para deshacerse de ella. Lo logró al segundo intento—, podría permanecer despierta la noche entera para esto.
Se puso de puntillas para alcanzar su rostro. Aang la giró, para aprisionarla contra la pared. Puso su cuerpo contra el de ella, obligándola a estremecerse. Su piel ardía bajo el menor roce. Aang se obligó a contenerse. Eso estaba mal, lo sabía. Debían esperar, pero sus cuerpos ardían en deseo. Se necesitaban desde hace tiempo y Aang moría por arrebatarle las pocas prendas que aún cubrían su esbelto cuerpo y hacer suya la virtud de la muchacha.
Pero debían esperar.
Se apartó de ella, con una sonrisa culpable de labios unidos.
—Lo siento, pero no puedo hacerlo...
—Puedes—la voz de Katara era suplicante—. Si tienes miedo, yo te guiaré.
—En otra ocasión, tal vez—el chico la tomó de la mano para llevarla a la cama. Se le había ocurrido una idea—. Yo tengo que hacer algo.
—¿Algo como que?—Katara no comprendía que era tan importante a esas horas de la noche. Tampoco estaba feliz de ser dejada así, desvestida y muy alborotada.
—Necesito meditar—mintió, agradeciendo que Katara no tuviera el sentido sísmico de Toph para descubrirlo—. Todo esto me ha dejado un poco confundido emocionalmente. Es necesario que limpie mis chakras...—Katara lo miraba con incredulidad, entrecerrando los ojos—. Son cosas espirituales del Avatar, cariño. No puedo explicarlas.
—Ajá—dijo Katara. Le dio un beso en la mejilla—. Ve y limpia tus chakras tanto como lo necesites—era evidente que no se había tragado la mentira—. Yo me iré a dormir.
Cuando Aang estuvo seguro de que Katara ya se había dormido, fue por su planeador y emprendió el vuelo. Se dirigió a Ciudad República.
Había algo que necesitaba conseguir, algo muy importante para él y Katara. Quizás era lo que necesitaba para que Katara comprendiera que era la única persona que el podría amar nunca.
Era hora de dar el siguiente paso.
