No, no soy rubia, tampoco inglesa y mucho menos millonaria, por lo tanto no soy J. K. Rowling y nada de esto me pertenece.


¡100, 100, 100! ¡Griten conmigo! ¡100, 100, 100!


Capitulo Nueve

Algo nuevo.


Draco no salió de su habitación lo que restaba del domingo. Argumentando un dolor de estómago, se quedó en cama. No es que estuviera mintiendo respecto a sentir dolor. La imagen de sus amigos besándose, le calaba hondo pero, contrario a lo que se esperaba, no estaba enojado con Harry. No podía, no después de oír todo lo que Hermione le había dicho al moreno. Y no después de haber visto la cara de la castaña mientras lo hacía. Recordó como cuando era un niño, había leído en alguna parte que cuando lo que se siente es verdadero amor, lo que se busca es la felicidad del otro, y no la propia.

"Síguete diciéndote eso, Draco" se dijo. Con eso en mente, el lunes reunió las fuerzas necesarias para pararse, darse una ducha y salir a enfrentar su mañana. Ese día seguro sería duro, pues probablemente sus amigos llegarían al Gran Comedor tomados de las manos, anunciando las buenas nuevas. Esperaba tener el camino hacia el Gran Comedor para colocar una sonrisa en su cara y mentalizarse para cuando le tocara felicitarlos, pero nada más salir de su sala común, su día comenzó a complicarse. Harry lo estaba esperando.

—Tengo algo que... —empezó a decir el moreno.

—No —lo cortó el rubio —No "tienes" que. Los vimos, sé lo que pasó. Estamos bien, pero, por favor, aléjate de mí.

—¡Es que no pasó nada! —explotó Harry —Al menos, según ella.

—¿Qué quieres decir?

—Que cuando alguno de ustedes, genios, cerró la puerta, el ruido la alertó. Y sin más decidió que lo que habíamos hecho estaba fuera de lugar y que lo mejor era seguir con nuestra relación de amigos —Draco casi se alegró pero Harry continúo hablando —Y eso es algo que no pienso permitir. Porque en lo que hablamos, también dejó claro que algo podría pasar. Conmigo. Eso es lo que vine a decirte.

—¿Me estás pidiendo que... me aleje o algo así? —bueno, ahí estaba. Una buena razón para sentir enojo.

—No, te estoy diciendo que no te entrometas.

—De acuerdo —contestó seco Draco —Una vez más, aléjate de mí, Potter.

Harry se marchó sin decir nada más. Si la situación hubiera sido a la inversa, él también habría querido a Draco lejos. Cuando la noche anterior había oído el ruido de la puerta al cerrar, pidió que hubiera sido sólo el viento. Pero cuando llegaron a la sala común, y Ron los estaba esperando para felicitarlos, el rastro de sonrisa que aún tenía terminó por borrarse. Más cuando Hermione le dijo a su amigo pelirrojo que por favor no comentara nada al respecto.

¿En qué lío se había metido? ¿Por qué Hermione se estaba comportando de esa manera? Ella no era así. Ella era madura, atrevida, valiente, le gustaba pelear por lo que quería. Entonces, se dio cuenta. Hermione también valoraba la amistad que tenían los cuatro más que nada y era bastante insegura cuando de ellos se trababa; le aterraba la idea de perderlos. "Que idiota soy" pensó antes de echar a correr rumbo a la primera clase de la castaña. Con un poco de suerte, lograría alcanzarla antes de que entrara.

—¡Hermione! —gritó cuando la vio entre los alumnos avanzados de aritmancia y corrió hacia ella —¿Podemos hablar?

—Ah, hola —contestó Hermione —Tengo como dos minutos antes de entrar, así que...

—Corrijo. Tenemos que hablar —el moreno la tomó de la mano y la alejó de sus compañeros de clase. Al ver que la chica no protestaba (demasiado) la llevó hasta los jardines, que estaban bastante solos a esa hora de la mañana.

—¡Harry! —exclamó ella cuando llegaron a su árbol favorito, cerca del lago —¿Se puede saber que es tan importante como para hacerme perder una clase?

—Tú sabes qué —dijo él. La chica hizo un intento de abrir la boca, pero permaneció callada —No hagas esto, Hermione. No nos hagas esto. Yo te quiero, tú me quieres, ¿qué problema hay? No tenemos que pasar por un gran drama para estar juntos.

—Lo sé —contestó Hermione, recobrando su seguridad —Es sólo qué... lo que tenemos todos, lo que tenemos tú y yo, ahora... eres mi mejor amigo.

—Entiendo que estés asustada. Yo también lo estoy. Pero sabes tan bien como yo que nada va a cambiar —Harry volvió a tomarle la mano —Te lo prometo.

—Sabes que no me gusta que me hagan promesas —Hermione se mordió un labio. Si no fuera porque sabía que usar la legemerancia tomaba años de intenso estudio, había jurado que Harry la estaba usando con ella.

—¿Recuerdas lo que te contesté la primera vez que me dijiste eso?

—Que nunca me harías una promesa que no pudieras cumplir.

—Lo mantengo —Harry, tentando su suerte, la tomó por la cintura —Hermione Granger, te prometo que siempre (pase todo lo que pase, o aún sin que pase nada), siempre seré tu mejor amigo.

Y por primera vez en la vida, Hermione dejó que alguien más tomara la iniciativa para besarla.


—Habla —una seria Hermione interrumpió a Draco sentándose en su mesa, un mes después, mientras éste intentaba concentrarse en la biblioteca —¿Qué se traen Harry y tú?

"La felicidad perfecta, no existe." Cuando era una niña, había oído eso en un programa de televisión. Ahora, tantos años después, no podía estar más de acuerdo con dicha frase. Después de iniciar su relación con Harry, pensó que ahora toda su vida sería cuesta arriba, pero no fue así. Para empezar, no sabía cómo comportarse ahora con el moreno. No le gustaban los motes cariñosos ni que los vieran besarse en público. No quería andar tomada de la mano todo el tiempo ni pasar sus tardes sólo con él. Ella quería que su noviazgo fuera como una extensión de su amistad. Y parecía que el moreno no estaba muy de acuerdo con eso.

Y luego estaba lo de Draco. No sabía qué, ni cuándo, ni cómo pero algo había pasado entre sus amigos. Harry estaba muy serio con el rubio y cuando estaban a solas, evitaba hablar de él. Draco, por su parte, demostraba apatía para con el moreno y había comenzado a alejarse de todos (alegando que era el mal "quinteto"), después de que oyó como Ron y Luna le proponían una cita doble a Harry y ella. Hermione, harta, decidió que arreglar los problemas de los demás sería más fácil que arreglar los suyos, así que buscó la ocasión para encarar a Draco. Con Harry ya lo había intentado, pero él era tan testarudo como ella, y no había logrado ningún avance.

—Hablaré —contestó el rubio sin apartar la mirada de su libro —Sólo para decirte tengo que estudiar.

—Estudiar, ajá —Hermione tomó el libro de Draco e hizo que lo cerrara —Con Navidad tan cerca, estoy segura de que en lo último que piensas es en repasar las lecciones. Habla.

—Ya te dije que no tiene nada que ver contigo —le dijo Draco, dándose por vencido —Por favor, deja de presionar.

—Está bien —contestó ella, mientras se levantaba —Pero están haciendo algo absurdo. Él te extraña y tú lo extrañas a él. Ya déjense de tonterías y hagan las paces ¿Sí? Estoy segura de que cualquier diferencia que tengan no es tan importante como para dejar de lado tantos años de amistad.

"Si el problema no son las diferencias" pensó Draco una vez que la castaña se fue "son las similitudes".

—Anda —le dijo Harry a Hermione, mientras jugaba con un mechón de su cabello —Ven estas vacaciones a mi casa.

Hermione se acomodó mejor antes de responder. Harry estaba sentado, recargado en su árbol favorito y ella estaba recostada, con la cabeza apoyada en las piernas del muchacho. La propuesta del muchacho le atraía y le repelía a partes iguales, por la misma razón: la posibilidad de estar solos.

—No sé si mis padres me den permiso.

—No tienes que decirles que Ron y compañía no están invitados —Harry comenzó a hacerle cosquillas con el mechón —Sirius seguro pondrá mil encantamientos, pero estará de acuerdo en que vengas. Vendrá mi tío Remus, quiero que lo conozcas. E iremos un día o dos a La Madriguera.

—Eso suena bastante bien, pero sigo sin estar segura —Hermione decidió armarse de valor y lanzar la pregunta que la estaba haciendo dudar —Harry, mientras estemos ahí quieres que... me refiero a... Harry, ¿tú eres...?

—¿Interrumpo algo? —oyeron la voz del rubio.

—No —se apresuró a contestar la castaña, incorporándose.

—Hola —le dijo Draco a Harry.

—Hola —contestó este.

Sin decir nada más, Draco tomó asiento y comenzó a decirle algo sobre quidditch al moreno. Harry comenzó a responderle con normalidad y pronto estuvieron molestándose sobre quién era mejor buscador, justo como antes. Después, hablaron de las clases, y se quejaron de todo lo que no se habían podido quejar durante el mes que estuvieron distanciados. Hermione estaba feliz. Por eso había hablado con Draco, sabía que él, aunque era igual de orgulloso que Harry, era el racional del grupo. Así que esa tarde, mientras estaba riendo en medio de los dos chicos que más quería en el mundo, pensó que quizá, aunque fuera en breves momentos, la felicidad perfecta si existe.


Las vacaciones decembrinas llegaron antes de que Hermione pudiera hacer su pregunta. Pero pensó que si la Navidad pasada había viajado hasta otro país siguiendo a alguien a quién apreciaba, esta podría pasar un poco de vergüenza por quién quería, así que decidió seguir sus impulsos una vez más e ir a casa de Harry. Se sentía un poco extraña; la última vez que había entrado en esa casa, había jurado que sólo veía a Harry como un osito de peluche. Cosa que Sirius por supuesto recordó, y aprovechó para tomarle el pelo. Hermione temió que todas sus vacaciones serían así, pero por suerte, Remus, el otro tío de Harry, la ayudó frenando las bromas de Sirius.

—Tenías razón —le dijo Hermione a Harry, cuando estuvieron solos en la habitación de invitados —Creo que me voy a llevar muy bien con Remus.

—Lo sabía —contestó el chico, sentándose en la cama después de haber dejado el baúl de la chica en una esquina —Tienen un carácter parecido.

—¿Y eso es bueno? Hermione se sentó a su lado y comenzó a jugar con el cierre de la chaqueta de Harry.

—Eso creo —dijo Harry acercándose más para comenzar a besarla.

A diferencia de la última vez que intentó hacer algo similar, Hermione no sintió miedo ni desagrado. Estaba feliz. Los labios de Harry sobre su cuello se sentían tan bien como sus manos jugando con el cabello azabache de él. El muchacho bajó sus manos y comenzó a acariciar la cintura de ella, por debajo de la ropa. Hermione supo que había superado la prueba cuando en vez echarse hacia atrás, tomó las manos de Harry entre las suyas y las llevó un poco más arriba.

Harry se recostó en la cama, atrayendo a Hermione con él. Ella, ni tarda ni perezosa, se sentó a horcajadas sobre él, para después inclinarse y besar sus párpados, su mandíbula, sus labios. Se divirtió mordisqueando su cuello y sus hombros, mientras oía los suspiros que Harry soltaba. Pronto intercambiaron posiciones, y ahora fue su turno de sentir los labios de su novio besando su oreja, bajar por su clavícula y llegar hasta a su escote. No se quejaba de estar abajo de él, le gustaba sentir su peso y además podía aprovechar para acariciar sus piernas y espalda baja. Por un momento, casi olvido dónde estaba. Casi, porque de pronto oyeron el grito de Sirius desde la planta baja.

—¡La puerta abierta!


—Así ha estado todo el tiempo — se quejó Harry con Ron, cuando todos fueron a su casa, un día después de Navidad. Aprovecho un momento en que Hermione bajo a la cocina por algo que tomar —No nos deja solos en ningún momento. Incluso cuando fuimos al pueblo, insistió que Remus nos acompañara.

—Bueno, ¿qué esperabas? —Ron estaba acostado en su cama, jugando con una snitch —¿Qué dejaría que usaras su casa como hotel?

—No —"pero algo así" —Sólo creí que nos tendría más... no sé, tolerancia. Tú lo has oído, como cuenta todas esas historias sobre las esas chicas que conquistó en Hogwarts.

—Tú lo has dicho, en Hogwarts —Ron casi sentía pena por su amigo. Lo comprendía, porque su Luna se había ido junto a su padre en un viaje de excursión para buscar Snorkack de cuerno arrugado y no la había visto desde que salieron de vacaciones. Contaba las horas para volver a estar junto a ella. —Tengo una idea.

Ron se paró de su cama, abrió la puerta y salió de su habitación. Abajo, se oía como los adultos parecían no haberse enterado de que la Navidad ya había pasado y seguían festejando. Cuando el pelirrojo oyó como su padre sacaba otra botella de Whisky de Fuego, y Remus dijo algo sobre tener que quedarse pues no se podrían aparecer en ese estado, se dijo que la oportunidad para sus amigos sería perfecta. Confiando en que Ginny ya estaría dormida (pues así no podría abrir la boca), volvió a entrar a su recámara y le dijo su plan a Harry.

—Váyanse ahora, no creo que Sirius ni mis padres noten su ausencia. Yo los cubriré.

—¿Estás seguro? —Harry dudó. Si los atrapaban, podrían meterse en un problema muy gordo.

—Completamente, ya oí que se van a quedar. Atrancaré mi puerta y si pasa cualquier cosa, con un hechizo de cambio de voz me las arreglaré —Ron hizo una pausa y sonrió burlonamente antes de continuar — Claro que si te da miedo, siempre tendrás una mano amiga para ayudarte.

A Harry todavía le dio tiempo de estrellar una almohada en la cara de su amigo antes de bajar.

Lo consiguieron. Salieron al jardín y cuando se alejaron los suficiente de La Madriguera, Hermione logró aparecerlos en el patio trasero de la casa de Harry. El chico sentía que la piel de su brazo se le erizaba por la emoción. El año pasado, cuando estuvo con Cho, no había querido llevar su relación más allá porque no se sentía seguro respecto a hacerlo. Y haber dicho "no" en aquel entonces fue tan reconfortante entonces como ahora tomar la mano de Hermione en la oscuridad, para guiarla directo al cuarto de invitados. Harry sentía emoción y ansiedad a partes iguales. En realidad no sabía que tanto iba a pasar, o hasta donde iban a llegar, pero se moría de ganas por averiguarlo.

Cuando llegaron, ninguno sabía muy qué hacer, o qué decir. Incluso, una breve incomodidad comenzó a abrirse paso entre ambos. Hermione se sentó en la cama, callada y Harry fue a cerrar las cortinas de la habitación, pero se detuvo a medio camino. En realidad no sabía si debía hacer eso. Tampoco si debía prender alguna luz en el interior del cuarto, o si debía echar un hechizo a la puerta para que no pudiera ser abierta. No sabía si ya había fallado completamente al no tener la cama preparara con pétalos de rosa. O velas por todos lados, aunque supusiera un grave peligro de incendio en una casa de madera, como la suya. Ridículo, si, pensar en incendios cuando por fin estaba en la situación que había anhelado desde que comenzó a salir con Hermione.

—¿Estás bien? —le preguntó la castaña con voz serena.

—Si, ¿y tú? —en realidad, su estómago había comenzado a hacer ruidos.

—Si, pero... estoy nerviosa —Hermione se mordió un labio —Tú yo ya habíamos hablado de esto, de que los dos lo queríamos... pero ahora, estar aquí, así, lo hace todo tan...

—Real —completó Harry —Asusta, ¿no?

—Un poco, si —Hermione se rio. No es que ella fuera novata pero ahora era Harry, su Harry con quien ahora estaba en la habitación. De alguna forma, eso hacía todo demasiado importante —Hay algo que quiero saber, y mejor ahora antes de que me acobarde de nuevo: ¿eres virgen?

—Si —contestó Harry rápida y sinceramente —¿Eso importa?

—No —dijo Hermione decidida.

—¿Y tú? —Harry creía saber a respuesta, pero quería confirmarla.

—No —Hermione dudó sobre lo que podría pensar el moreno de ella —¿Eso importa?

—No —contestó él, igual de decidido.

Hermione se levantó de su asiento, echo sus brazos alrededor del cuello de Harry y comenzó a besarlo lento, tranquilamente. Esa noche no tenían ninguna prisa. El moreno rodeó su cintura con su mano izquierda y comenzó a acariciarla de arriba hacia abajo con la mano derecha; pasó lentamente de sus hombros, al borde de sus senos, a su cintura, llegando hasta sus caderas y después a su espalda baja.

Hermione también comenzó a acariciarlo, sacándole la camiseta en el proceso, y besando su pecho. Harry los acercó a la cama, sentándose en ella, con Hermione a horcajadas sobre él. Cumpliendo un sueño que tenía desde hace tiempo, se deshizo de la blusa de la castaña, descubriendo un sostén color azul pálido.

A Hermione le gustó mucho la expresión con que Harry la veía, porque la hacía sentir bonita, femenina, y de alguna forma, segura. Le ayudó con el broche del sujetador y él a ella con el cinturón y el botón de sus pantalones. La muchacha quería saber si Harry se estaba sintiendo tan bien como ella, igual de seguro. Antes de que pudiera preguntárselo, él se encargó de hacérselo saber con una sola frase.

—Dime, ¿hay alguna forma romántica de sacar los calcetines?


Sólo porque no podía hacerlas esperar hasta el jueves...

Lamento haber dañado el corazón de algunas *reparte pañuelos desechables* pero les prometo que la cosa mejorará.

¡Muchas gracias a todas por sus comentarios! ¿Ya vieron al número tan genial que llegaron! *salta de felicidad*

Las menciones van para: Gizz Malfoy Granger, DiZereon, Slayer1974, florperlachiquis52, BadBitchAndRealest (tu comentario me alegró el día xD), Beln, MaRu-chan MKV (tu nick es lo máximo), lizz, iitzel, Rocii Malfoy, MaryChEvans, StefaniaPotter, carlys . love, jem, Bliu Liz (por cuatro), Danny, LoraElena y ¡Guest! (tu comentario fue el número 100 P. jajaja y respondiendo... nah). Gizz Malfoy Granger, DiZereon, Slayer1974, florperlachiquis52, BadBitchAndRealest (tu comentario me alegró el día xD), Beln, MaRu-chan MKV (tu nick es lo máximo), lizz, iitzel, Rocii Malfoy, MaryChEvans, StefaniaPotter, carlys . love, jem, Bliu Liz (por cuatro), Danny, LoraElena y ¡Guest! (tu comentario fue el número 100 P. jajaja y respondiendo... nah).

Kisses de Chocolate, Aliathna.