.

.::. She kills my EGO .::.

.


Disclaimer: Todo personaje aparecido y por aparecer son propiedad intelectual de Naoko Takeuchi y Yuki Kure, la historia y trama son propiedad reservada de la autora aquí presente.


.

Recording 010

.

—Una vez más, por favor. Intenta controlar la inflexión del tono, parece que estás por cantar un góspel.

Yaten entornó los ojos y miró a Rei que le daba indicaciones desde la consola del DAW. Era una práctica habitual a la hora de grabar las pistas que a ella le diera por corregirlos y llamarles la atención cuando la composición en su cabeza no se materializaba en sus voces. Más alto, más bajo, más armonioso, aspirado, grave. Hino no escatimaba en sus apuntes, a veces con tintes satíricos, otras de modo estricto y serio, las más pocas con tintes indulgentes y pacientes.

Sin embargo, a pesar de estar acostumbrado a esa mordacidad en sus correctivos, ese día Yaten por alguna razón encontró a su productora particularmente insufrible y enfadosa.

—Estoy siguiendo la tonalidad marcaste en los párrafos, si suena a góspel, ese es problema de tu entendimiento musical. –arremetió el platinado, ladeando la cabeza con desdén, regocijándose internamente por la provocación que supo engendraría en ella.

Su sospecha se confirmó al notar cómo la ceja derecha de la sacerdotisa saltaba instantáneamente y sus ojos parpadearon dos veces seguidas.

Desde la reunión en el Ministerio de Cultura con motivo del convenio con la nación noruega, Reiko y Three Lights no volvieron a verse hasta una semana después debido a que la agrupación tuvo que acudir a dos programas de televisión y a la grabación de un CF relacionados con la publicitación de esa actividad; Hino por su parte, esos días decidió acercarse a los diseñadores visuales y al equipo de marketing, así como a los diseñadores de vestuario. Necesitaban ponerse al tanto de los avances en cada una de las áreas relacionadas al 'comeback' y retroalimentarse en conceptos, ideas y plazos. La reencarnación de Marte salió de esa tertulia con un "divertido" calendario programático que la ponía en la cuerda floja.

"Ya no hay tiempo, ya no hay tiempo", se decía al trabajar incansablemente en una estrategia para conseguir los resultados esperados en los términos fechados. Por supuesto, cuando volvió a reunirse con Taiki, Seiya y Yaten, de lo que menos le interesó hablar fue de su aparición fortuita en un evento al que insistió no poder ir, y al hecho insignificante de que sorpresivamente resultaba ser la hija de una importante figura política.

—No creí que fuera necesario mencionarlo. –había contestado a la alusión que Seiya había hecho en la primera oportunidad que tuvo de abordar el tema; sin embargo, la chica encontró el medio de zafarse del mismo, enumerando los pendientes que tenían en la agenda y las conclusiones e ideas que compartiera con los colaboradores.

Ninguno de los tres insistió en reanudar el asunto, por lo menos no en ese momento.

—Seiya, entra allí. –ordenó Rei con sequedad, indicándole la cabina de grabación. Sus ojos se mantenían fijos en Yaten, que con la burla danzándole en los labios, se deshizo de los audífonos y los colocó en la percha en una obediencia muda de salir para darle paso a su hermano.

Rei suspiró y eliminó las muestras capturadas por la interfaz; en su lugar inició una nueva grabación con la intención de repetirlas.

—Por favor Seiya, tercer párrafo, desde la segunda a la sexta línea en los tonos señalados por los marcadores. Es una canción de seducción, con tintes de rebeldes y atrevidos, no lo olvides. "Forbidden love", su nombre lo dice.

Seiya asintió atendiendo a lo que ella decía.

—¿Listo?

Con una señal del pelinegro, Hino liberó la pista recargada con un riff de guitarra con sabor a rock; una creación hecha por Seiya y su amada guitarra eléctrica; aquel detalle le daba a la melodía un aire de noventero totalmente renovador y al mismo tiempo nostálgico.

La voz suave y enérgica de Seiya fue coloreándose con patrones de sonido en la pantalla de la MAC, siguiendo una línea modular ante la mirada violácea que seguía la grabación sin detenerla como había hecho con Yaten. El ensamble fue capturado ante el rostro ceñudo del menor de los Kou. ¿Él lo había conseguido?

—Muy bien, Seiya, ha salido justo como lo quería –felicitó Hino con una sonrisa, procediendo a guardar la muestra-. Creo que haciendo ajustes en el intercambio de párrafos, podríamos conseguir la armonía de la pieza aunque la parte de Yaten cambie.

—¿Disculpa? –saltó el aludido, plantándose al lado del sillón giratorio para encarar el disparate con que de pronto había salido.

—Si quieres hacerlo, lo haces. Si no quieres hacerlo, no voy a obligarte. Pero tampoco esperes que gaste mi tiempo enzarzándome en rencillas idiotas. –zanjó Rei con una calma indiferente antes de levantarse de su asiento y acercarse a Taiki para repasar las modulaciones de sus fragmentos antes de enviarlo a grabar.

La indignación de Yaten creció a niveles inmensurables. ¿Insufrible y enfadosa? No. Ella estaba siendo tan diosa e insoportable… Y quiso replicarle el arbitrario cambio de parágrafos, cuando de pronto la luz colapsó dejando el estudio en penumbras, iluminado tan sólo por las luces de emergencia. Los cuatro se extrañaron, y el suceso los hizo olvidar todo de momento, eligiendo salir al pasillo a enterarse de lo ocurrido.

Resultó que el transformador del edificio se había dañado por una sobrecarga de energía. El equipo técnico ya trabajaba para sustituirlo, pero tendrían que esperar alrededor de una hora para que volviera la electricidad con total normalidad. Rei suspiró y anunció que era tiempo perfecto para tomarse un break, tomó un pequeño maletín y salió al pasillo hasta la estancia del piso donde los amplios ventanales que rodeaban la construcción inundaban el espacio con su luz.

Taiki permaneció en estudio de grabaciones, argumentando que aprovecharía aquel tiempo para descansar un poco antes de reanudar los trabajos; Seiya por su parte se fue con Hino, que con discreción lo había jalado para que la acompañara a la estancia.

—Hey, Seiya, tengo una sorpresa para ti. –le murmuró por lo bajo, ciñéndose a su brazo para que sólo él pudiese escucharla.

—¿Una sorpresa? ¿De verdad? –preguntó con sus zafiros ojos brillando en expectación y alegría. Igual que un niño pequeño-. ¿Qué es?

—Es ruidosa, infantil, ocurrente, rubia y tiene dos dangos en la cabeza.

El rostro masculino resplandeció.

—¿Es en serio? ¿Va a venir?

Seiya no pudo ocultar su emoción y comenzó a reír embriagado por la felicidad. Rei lo miró con dulzura. ¿Cómo podía existir alguien que amara de esa manera, que con tan sólo la presencia de la persona amada se sintiera lleno y satisfecho, como si fuese el ser más agraciado de la tierra? Incluso sin tener ninguna certeza más que la de mirar a esa persona a la distancia, la de poder dirigirle la palabra, la de dedicarle una sonrisa. ¿Serena no podía ver eso?

Hino asintió con dulzura y respiró hondo para lo que sabía vendría a continuación, el impetuoso abrazo con el que el muchacho se le abalanzó, desequilibrándola pero sin dejarla caer. "Gracias, gracias Rei-chan", musitaba a su oído, manteniéndola en su cálido agarre. Esta vez Hino no lo apartó y esperó a que él la soltara a voluntad.

—Oye, Rei-chan, sería buena idea si ordenáramos algo para comer, y algunos de esos helados con galleta que le gustan a Bombón. No. ¡Ya sé! ¿Recuerdas esa Coffee Shop cerca de la glorieta en donde hacen los rollos salados tan deliciosos que comimos la última vez? Podría ir y traer algunos para comer, y de paso unos Berry Refresher para que no digas que no te consiento…

Estaba eufórico. La sacerdotisa sonreía escuchándolo y, ni siquiera tuvo tiempo de responder u opinar a ninguna de sus propuestas, cuando Seiya ya iba rumbo a las escaleras de emergencia con el objeto de salir del edificio y llevar a cabo sus improvisados planes.

Suspiró.

Estaba segura que si Haruka, Setsuna o Michiru fuesen testigos de lo que estaba haciendo, seguramente le dirían más de cuatro cosas. Traidora sería el predilecto calificativo, desleal el segundo, inmadura el tercero. No pudo evitar una risilla que escapó de sus labios. Antes que una guerrera, Rei se consideraba una amiga; y si a Usagi le daba por enamorarse de un extraterrestre mañana mismo y era feliz a su lado, ella no movería ni un dedo para impedirlo, por el contrario, haría lo que estuviese en sus manos por contribuir a su felicidad.

Aunque en este caso… había matices que todavía escabrosos. Serena no tenía claro lo que quería, no tomaba en serio una determinación respecto a su vida futura, pero sobre todo a sus sentimientos; se mantenía en una zona de comodidad de la que no parecía querer salir, incluso si cada una de sus amigas la aconsejó sutilmente a hacerlo. Quizá era su propia forma de evadir la realidad a la que se negaba a hacer frente.

Y ese era precisamente el problema.

Volvió a suspirar y decidió alejar aquellas meditaciones, suficiente tenía con los plazos y schedule esbozado con los colaboradores, como para llenar su cabeza con otras inquietudes que no le correspondían.

"Damn it", maldijo en silencio al darse cuenta que no podía avanzar en nada relacionado con el comeback mientras no volviera la energía eléctrica. Esperaba que los arreglos no demoraran mucho tiempo. Resolvió aprovechar para tomar su desayuno, no había comido nada en toda la mañana.

—¿Dónde se metió Seiya?

La voz de Yaten se hizo escuchar en la estancia, pero Hino no se distrajo de la importantísima tarea de vaciar la pequeña ración de leche de un cartoncillo a un recipiente cóncavo repleto de cereal de avena; todo ello sin derramar una gota.

—Salió. –contestó llana, doblando el cartoncillo y tirándolo al bote de inorgánicos situado al lado de una planta y un moderno banco de acrílico transparente.

Yaten se crispó por la respuesta. El enojo y las ganas de reclamarle sobre la humillación y cambios que había hecho recién afloraron de nueva cuenta y, creyó oportuno el momento para hacérselo saber.

—No voy a aceptar tus cambios a "Forbidden Love", no memoricé y ensayé esas estrofas para nada. Seiya no hará mi parte ni yo la suya.

Hino no lo miró ni contestó, revolviendo su cereal con una cucharilla y llevándose el primer bocado a la boca. Se apoyaba en la barandilla que daba vista al vacío, desde donde se alcanzaba a observar la fuentecilla que adornaba el lobby de la planta principal. Sus ojos amatistas allí se perdieron. El platinado continuó.

—¿Me estás escuchando?

Rei masticaba las hojuelas de avena sin ningún interés más que el de recordar devolver el libro de Política Internacional a la Biblioteca. Lo escuchaba pero no le oía, sabiendo que armaba drama por una estupidez como siempre.

Yaten se encontró indignado. ¿Lo estaba ignorando por el maldito cereal?

En su desesperó, le quitó el recipiente del que ella comía, salpicando en su proceso unas gotas de leche en la chaqueta de la sacerdotisa.

—¿Qué demonios te pasa?

Perfecto, ahora tenía toda su atención.

—¿Qué no desayunas en tu casa? Esto no es un café. –apeló el platinado, esbozando un gesto de disgusto ante la sensación de un hilillo de leche escurriendo entre sus dedos.

—No tengo tiempo, en especial cuando debo perder toda la mañana grabando y regrabando secciones de melodías con cierta persona. –arremetió Hino al verse trastocada en un punto que no toleraba bien, sus sagrados alimentos.

—¿De casualidad te refieres a mí?

—¿De casualidad eres lento? –alegó Reiko encandilada.

—¿Eres hija del Senador? –soltó por fin el menor de los Kou, entrando en ese tema que venía carcomiéndole la curiosidad.

—¿Qué?

La pregunta la tomó por sorpresa. Se esperaba un insulto, una amenaza o que se pusiera a gritarle; no que le preguntara por su parentesco familiar. Se repuso enseguida del asombro.

—¿Es relevante? –punteó, aprovechando la distracción de Yaten para arrebatarle el cereal de vuelta. Sus ojos se hallaban ceñudos, y el platinado no evitó pensar que se veía graciosa.

—¿Eres tonta? Obvio que es relevante. –dijo mordaz, sin embargo su tono careció de agresión. Su ira había menguado.

—¿Qué tiene de especial un humano con un insignificante cargo público? Tú tienes tus grandes poderes con los que combatir enemigos del espacio, no sé qué haría diferente a mi padre de todos los demás humanos en tu superflua concepción de la humanidad.

—No me tomes como a un idiota, Hino. -

"Es que lo eres", leyó Yaten perfectamente en la expresión de la chica.

—Ha sido bastante el tiempo que llevamos viviendo aquí como para no entender las circunstancias, sería el colmo no comprender este sistema de rangos primitivo que tienen y que coloca a tu padre en la penúltima escala nacional de autoridad política.

—Sigo pensando que es irrelevante. Trabajas conmigo no con mi padre. –contestó asertiva a la acidez de su comentario.

—Detesto que me oculten cosas. Es molesto. –resolvió recargándose en el mismo barandal que ella, imitando su acción en mirar a la imperturbable fuente de la planta baja.

Ella no contestó y el silencio se adueñó de sus labios.

—¿Por qué no vives con tu padre?

Rei se paladeó los labios y se volvió a Yaten. Le miró extrañada por escucharle preguntar tal cosa rara en él; sin embargo, contrario a lo que usualmente le sucedía con la gente que hurgaba en sus asuntos familiares, no sintió incomodidad por alguna posible invasión de su vida privada.

—Seguridad –respondió volviendo a terminar con su cereal-. Desde antes que mi madre muriera era demasiado cuidadoso con esas cosas y, cuando ella se fue, pensó que yo todavía era muy pequeña como para exponerme a todo ese medio en el que se desenvolvía. Mi abuelo entonces, dijo que era mejor que me quedara a vivir con él en Hikawa, alejada de todo ese mundo "retorcido". Eso es lo que él solía decir.

El menor de los Kou leyó una nota nostálgica en sus palabras y antes de siquiera preguntar, tuvo la respuesta del por qué.

—Pero no hace mucho mi abuelo también murió y mi padre creyó que era tiempo de darme a conocer a la opinión pública, así que me invitó a vivir con él. Le he dicho que no. Me gusta Hikawa.

De aquel modo, Yaten se enteró del deceso del viejo sacerdote y, aunque no se arrepentía de incitarla a hablar de él sobre el tema del Senador Hino, no fue su intención escarbar en recuerdos dolorosos que llegaran a afligir a la chica. Insanamente le hallaba gusto al hecho de discutir con ella, pero no al de verla decaída. Buscando desvanecer esa aura oscura que se cernía sobre ellos, el platinado cambió un poco el tenor del asunto.

—No sabía que podías bailar así.

Rei pestañeó y recordó el waltz junto al rubio embajador noruego.

—Sé hacer muchas cosas que no sabes. –dijo sonriéndole con una chispa de coquetería.

Yaten arrugó el ceño tanto por el enigma que encerró sus palabras, como por el latido que arremetió sorpresivamente en su estómago ante su feliz gesto. Ella continuó.

—El venir de una familia dedicada a la política desde sus raíces, obliga de alguna manera a sus miembros a ser parte de ello. Antes de morir, mi madre me educó en un sinfín de cosas; después, fue mi padre el que me hizo tomar lecciones de todo lo que puedas imaginar. Por supuesto, su idea era que yo siguiera la tradicional carrera política de los Hino.

—Y en lugar de eso, decidiste convertirte en productora de Three Lights. –habló con sorna el peliplata, prendido por varios segundos del brillo de diversión que bailaba en sus ojos amatistas.

—Algo así… -concedió Rei, indispuesta a entrar en el tema ni darle cuerda a su sarcasmo-. No está decidido todavía.

Y aquellas palabras produjeron en Yaten, un murmullo de extrañeza e inquietud que no fue nada de su agrado.

—Todo listo. –irrumpió de pronto un técnico que subió a informar del arreglo y vuelta de la energía eléctrica.

Rei asintió a la distancia y se incorporó para caminar hacia el estudio.

—Vamos, hemos perdido una hora de grabación –apuntó Rei, mirando su reloj de mano-. Me quedan dos horas antes de irme a la Facultad. Es mejor que las aprovechemos. –dijo antes de echar a andar.

—Hino…

La sacerdotisa se volvió interrogante ante el llamado.

—¿Por qué me contaste todo esto?

—Tú preguntaste… No lo sé. Estaba aburrida, creo.

Yaten sintió un tic instalársele en la ceja por su contestación. ¿Aburrimiento? No obstante al retomar su camino, Rei repasó sus propias palabras y el hecho de soltar todo aquello, meditando que él tenía razón en extrañarse. Realmente, ¿por qué se lo habría contado?

Llegó hasta el umbral intentando meditar sobre aquello, pero tanto sus pensamientos como sus pasos se detuvieron en seco junto al umbral del estudio. Al fondo, en la mesa de trabajo situada justo detrás de la salita de descanso, se hallaba Serena conversando alegremente con Seiya. ¿Cuándo había llegado?

Taiki que se encontraba leyendo algunas partituras en su carpeta, al notar la silenciosa presencia de la pelinegra, salió a su encuentro.

—¿Qué hace esa niña aquí?

Fue la áspera voz de Yaten la que materializó los pensamientos que de modo más cordial, Taiki pretendía formularle a su joven productora. Y es que al ver a la Princesa de la Luna arribar así como si nada a la sala de grabaciones, sin duda que se sorprendió. Seiya no –o no en demasía-, así que supuso que tenía idea de su aparición en cualquier momento; además la casualidad no tan casual de haber traído comida…

—Yo le pedí que viniera. Luego de la grabación iremos a un lugar y creí que ahorraríamos tiempo si nos vamos directamente desde aquí. No te molesta, ¿o sí? –dijo Rei, fingiendo total inocencia.

—Por supuesto que me molesta, bien sabes lo que Seiya…

—Yaten, déjala –intervino Taiki, cortando los reclamos que su hermano estaba por verter en la chica-. No podemos prohibirle una visita a nuestra productora.

Claro que pese a que Taiki se escudó en aquel argumento, no se tragaba en nada la excusa de Rei, seguro que lo había hecho a consciencia y probablemente influenciada por el mismo Seiya. Bastaba ver su rostro iluminado para darse cuenta que su hermano estaba perdido por esa mujer, y él no tenía corazón para hacer que la jovencita Tsukino se fuera.

—Taiki, no seré responsable… Lo sabes, ¿verdad? –siseó el peliplata con frustración y enfado, refiriéndose a lo que sólo ellos dos sabían y les dolía. Para bien o para mal, Seiya era su hermano.

—Aa.

Escuchándolos hablar, Hino observó a Sere mirar la pantalla del Ipad en el que Seiya con una enorme sonrisa, le iba explicando alguna cosa. Sintió un rastro de culpa, preguntándose si habría hecho lo correcto en ceder a la petición de su amigo, o si lo mejor hubiera sido el no meterse. Yaten se lo había dado a entender con aquellas escasas palabras.

—¡Rei!

El saludo enérgico y alegre de Serena la sacó de su aflicción y, en menos de lo que logró asimilarlo, la rubia se hallaba colgada de ella en un meloso abrazo. Como era su reacción inmediata, se removió, rechazando el contacto.

—¿A qué hora llegaste? No te vi en el pasillo.

—Ah, Rei-chan, lo que sucedió fue que me encontré con Bombón en el elevador cuando traía el almuerzo y subimos juntos. Pretendimos avisarte cuando pasamos por el pasillo, pero hablabas con Yaten; supuse que de las grabaciones, así que no quisimos molestarte.

"Claro", pensó Hino divertida al recordar la charla que versó de todo menos de lo que ellos creyeron.

—Pero Rei, esto es fantástico –comenzó la chica de dangos, paseando sus añiles ojos por todo el salón-. ¿En serio estás produciendo a Three Lights? ¡Three Lights!

Su dentadura se mostró feliz entre sus labios abrillantados en rosa aperlado, regalando a los presentes su sonrisa llena de luz. Yaten y Taiki no fueron capaces de hacer nada más que callarse y tomar una actitud resignada, de alguna manera esa niña rubia lograba imponerles un aura si no de respeto, sí de condescendencia. Seiya estaba encantado.

—¡Por supuesto, Bombón! Hino-chan está a cargo de lanzarnos al estrellato otra vez. No es cualquier cosa, ¿verdad?

Serena consintió a las palabras de Seiya, moviendo la cabeza. El pelinegro esbozó una sonrisa más a todas las que ya se sumaban en su repertorio de ese día. Su bombón estaba allí, compartiendo tiempo con él, en su día a día como cantante. Se sentía orgulloso y feliz.

—Por cierto, traje el almuerzo que quedamos –indicó Seiya a Rei con un guiño-. Los rollos se ven deliciosos.

El mediano de los Kou sacó de una bolsa de papel, unas charolas individuales para cada uno de los presentes, incluida Serena. Con ayuda de esta última, las repartió y acercó dos portavasos.

—Te traje también tu Berry Refresher. –dijo el pelinegro a Hino, pasándole con una sonrisa cómplice y seductora la bebida color arándano.

A Rei no le quedó más que sonreír y tragarse las culpas. Se veía tan feliz y radiante, que habría sido un pecado hacer algo para arruinar su buen humor.

—Si quieren pueden comenzar almorzar, yo tengo el tiempo encima antes de irme a la Facultad. Necesito estas muestras vocales hoy. Mañana hay que hacer el ensamble para que el fin de semana haya un adelanto para los conceptos visuales. Yaten, entra a la cabina.

La solicitud llegó a oídos del menor de los Kou mientras intentaba abrir la charola de su almuerzo. Asombróse ante la inesperada petición. Se suponía que según el altercado de la mañana, él ya no haría esa parte; sin embargo no reparó y, con obediencia asintió levantándose del sofá para encaminarse al cuarto de grabaciones. Comprendió que Rei había reconsiderado sus palabras y le estaba dando una segunda oportunidad para hacer la captura correctamente.

—Da miedo. –opinó Serena al observar a su amiga envestirse en su papel profesional, dando órdenes y enlistando pendientes que en términos sólo ella y los involucrados conocían.

—¿Verdad que sí? –concordó Seiya, siguiéndole el juego a su rubio tormento.

—¿Se pueden callar? –arremetió Yaten desde la cabina, poniéndose los audífonos colgados en el perchero, clavando sus agresivos ojos verdes en la pareja que despreocupada, comía sentada en el sofá-. Se escucha todo desde aquí.

Los aludidos se miraron con seriedad intentando controlar el escandaloso volumen de sus voces, pero terminaron riéndose por lo bajo con absoluta diversión. Justo como un par de infantes haciendo travesuras. Rei suspiró resignada, esperando el momento en que le daría una crisis de migraña.

—Por favor Yaten, tercer párrafo, desde la segunda a la sexta línea en los tonos señalados por los marcadores. –repitió las indicaciones dichas a Seiya por la mañana.

Dio un sorbo grande a su Refresher.

La voz de Yaten siempre le había parecido hermosa. Tenía una tonalidad aspirada, delgada pero sin llegar a ser aguda; una voz oscilante pero armoniosa. Vigorosa pero con un toque de sofisticación. Disfrutaba de jugar con ella en las melodías, impregnándoles ese rasgo inigualable a cualquier otra agrupación. La diferencia en la muestra que ahora grababa era significativamente notable a la que intentó por la mañana, y Rei entendió que aquello fue producto de su mal humor.

"Torpe", le insultó en su cabeza, mirándole complacida por las perfectas tonalidades que iban coloreándose en las secuencias de la barra de captura. Yaten fue consciente de sus ojos clavados en él y la satisfacción destellando en esos orbes violetas. Un latido pulsó en el centro de su estómago, sintiéndose de pronto orgulloso y altivo por demostrarle su capacidad para realizar los trabajos.

"Estoy siguiendo la tonalidad marcaste en los párrafos, si suena a góspel, ese es problema de tu entendimiento musical."

Recordó el reclamo que le dedicó por la mañana y su altanería se opacó un poco, el mal humor que permeaba su ánimo fue el que le llevó a de manera injusta a culparla de sus propios fallos. No era verdad. Ella no tenía la culpa, por lo menos no de su indisposición a hacer las cosas. Tuvo la culpa llenando su cabeza de pensamientos acerca de ella. Y es que Yaten tenía que aceptarlo, que durante el tiempo que no la vio después de la velada en el Ministerio, no hizo otra cosa que pensar en ella. Preguntas sobre su pasado, preguntas sobre su familia; memorias del pasado en que ocultando su identidad como scouts llegaron a convivir sin siquiera realmente conocerse de verdad. ¿Quién iba a pensar que esa niña con la que un día se escondió en la bañera de Tsukino fuera a terminar produciéndoles la profesión, en la que confiarían su futuro como humanos?

Definitivamente aquella clase de reflexiones no iban con él, y Rei Hino por alguna de sus artes mágicas, estaba logrando provocárselas. Ninguna niña ordinaria pudo antes conseguir aquello.

—Excelente, Yaten. Ya no tiene nada de góspel. –dijo la sacerdotisa con la ironía danzándole en la voz.

Yaten engarzó sus verdes ojos con los de ella y se maravilló al encontrar en vez del desafió constante que existía entre ellos, un viso de complicidad. Quizá fuera fruto de la charla sostenida hacía unos minutos o la prolongada convivencia laboral, pero por un momento, Yaten sintió que se habían acercado un poco.

"Tan sólo un poco", se convenció el platinado saliendo de la cabina para dar paso a Seiya, que con los ánimos por los cielos, tomaba su lugar delante del micrófono pidiéndole a Serena que se cuidara de escuchar bien la primicia de uno de los temas del álbum. La chica de dangos sólo reía por la alegría contagiada y, al observarla así, a Rei no le pareció recordar hace cuanto no le veía una diversión igual a su princesa.

"Tal vez su lugar siempre ha estado aquí", consideró contemplando la juvenil escena de coqueteo desatada en su estudio, sin ser consciente de que ella misma era objeto de similar contemplación.

Y es que al igual que se mira un tesoro recién descubierto, Yaten no dejaba de mirarla.

.


.


¡Hey! (^o^)/

Usa&Sei 8D

Yo sé, tardé para que ellos aparecieran pero la historia así lo requería así que aunque en péqueñas dosis, estos aparecerán de aquí en más- Por otra parte, Yaten ya comienza con esa cosquilla imantada hacia su querida productora, la que ya no solo le molesta, le causa curiosidad y atracción por su aura y misterios. Creo, que alguien estará enamorado en menos de lo que piensa y se de cuenta xD

Amo a Seiya, lo adoro aquí. ¡Tengo envidia de Usako! Ojalá esta niña abra los ojos y se entere del pedazo de hombre que tiene babeando por ella *se enoja* Incluso a Taiki es amor, esta interacción que tienen entre ellos junto a Rei se me hace hermosa, espero que ustedes al igual que yo lo crean así. Me encantaría saber lo que piensan de todo ello, seré feliz si se dan el tiempo de compartirlo conmigo :)

En fin, como siempre les quedo enormemente agradecida por sus lecturas, y el honor invaluable de su atención, en especial a: Demencia y Lexie. Shadow of Mars, where are you? ;A;

Gracias infinitas por leer.

.

¿Comentarios? ¿Reviews?

¿Animos para esta escritora de oficio?

.

*::Sol::*