Capítulo 10

"¡Estel!"

Los gemelos hicieron amago de sujetarlo cuando salió corriendo detrás de Legolas.

"No, dejadlo ir" –dijo Elrond.

"¿Es eso prudente, padre? Quiero decir, Legolas está… bueno… ha estado muy enfadado con Estel últimamente" –preguntó Elrohir.

"No está exactamente enfadado, hijo. Legolas solo está confuso, pero Estel tiene el poder de hacerle ver la luz. Créeme."

Arwen rodeó la cintura de Keldarion con un brazo mientras observaban irse a Aragorn.

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"¿Legolas?" –se escuchó a Aragorn, cohibido.

"Vete, Estel" –replicó el elfo sin mirarlo.

Estaba sentado con la espalda apoyada en el tronco de un árbol, observando con apatía el arroyo que fluía a unos pocos pasos. Sin embargo, el joven humano no se marchó. Veía claramente que el elfo estaba sufriendo.

"No puedo dejarte, Legolas. Le prometí a tu hermano que siempre sería tu amigo."

A Legolas le dolió el corazón, conmovido por el convencimiento de la voz de Aragorn. Lo miró y vio al niño sentándose a su lado sobre la hierba. Legolas desvió la mirada al ver sus ojos suplicantes.

"No soy una buena compañía ahora mismo, Estel. Por favor, vete. No me lo perdonaría si te hago daño con mis crueles palabras."

"Entonces no digas nada, Legolas. Lo que no digas no me hará daño. Solo quiero sentarme aquí a tu lado… y mirar el agua."

Así que los dos amigos se sentaron uno al lado del otro, mirando el arroyo en silencio… sin percatarse de todos los ojos que vigilaban cada uno de sus movimientos.

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"¿Qué hacen? Parece que no están hablando."

"Shh… ¡silencio! ¡Eres más ruidoso que un orco!"

"¡Los dos sois ruidosos! ¿Por qué no seguís y así se dan cuenta de que estamos vigilándolos detrás de los arbustos?"

"¡¿Y ahora quién es el que hace el escándalo?!"

"¡Niños! –siseó Elrond, mirando a los cuatro elfos jóvenes con exasperación-. ¿Necesito ponerme a retorcer orejas para que os quedéis en silencio?"

Todos se estremecieron al oír eso y se callaron al instante cuando Elrond elevó una ceja.

"Oh, mirad. Estel va hacia el agua" –susurró Arwen.

"¿No irá a meterse, no? Todavía no sabe nadar" –dijo Elrohir.

"¡Claro que no sabe nadar! ¡Te tiene a ti de profesor!" –se rio Elladan.

Elrohir lo golpeó en la cabeza y habrían empezado a pelearse si Elrond no los hubiera sujetado por las orejas puntiagudas.

"¡Comportaos o volveréis a casa de una patada!"

Haciendo muecas, los gemelos se estuvieron quietos y se unieron a los demás en la vigilancia de los dos que estaban cerca del arroyo…

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El agua tentaba a Aragorn a acercarse. Se levantó y fue hasta la orilla.

"Creo que voy a tomar un baño. ¿Quieres unirte, Legolas?"

El elfo lo ignoró, mirando la hierba en trance. Aragorn se encogió de hombros, se quitó la camisa y las botas y entró. El agua estaba fría y era refrescante después de la práctica de espada. Le llegaba por la cintura cuando dijo:

"¡Vamos, Legolas! ¡El agua está muy rica!"

Legolas casi sonrió, pero no miró hacia él. Aragorn se echó a reír y palmeó en el agua.

"¡Sé que también quieres nadar, Legolas! ¡No puedes engañarme! ¡Vamos, te reto!" –se inclinó un poco hacia atrás, jugando, y entonces de repente perdió el equilibrio.

Con un grito el niño se sumergió, salpicando.

"¡Leg… Legolas! ¡Ayuda! –se hundió otra vez, estirando las manos desesperadamente-. ¡Ayúdame!"

Legolas se puso en pie de golpe y se acercó corriendo… pero entonces se detuvo antes de saltar, observando al niño en estado de pánico, dudoso. Su corazón luchaba con su mente.

¡Déjalo! ¡Es su culpa que pasaras por ese dolor y miseria! ¡Déjalo morir!

¡No! ¡No puedo! ¡Es mi amigo!

¡Es tu enemigo! ¡Fuiste destruido por él!

¡No es verdad! ¡No estoy destruido! Al menos ya no. Ahora estoy completo.

¡Recordarás lo que te hicieron cada vez que veas su cara!

Sí, siempre lo recordaré.

¡Nunca serás el mismo!

Lo sé… seré más fuerte que antes…

Mientras Legolas deliberaba, el niño desapareció completamente bajo el agua…

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Elladan y Elrohir estuvieron a punto de correr hacia allí, pero Elrond los detuvo.

"¡No!"

"Pero padre, ¡Legolas no hace nada! ¡Solo está ahí mirando!"

"¡Tenemos que salvar a Estel antes de que sea demasiado tarde!"

"¡He dicho que no! ¡Quedaos ahí y observad!"

Keldarion estaba muy inquieto.

"Pero, mi señor…"

"Confía en mí. Confía en tu hermano. Ten fe en él" –le dijo Elrond.

Los elfos se quedaron allí mirando, ansiosos, rezando por la vida del niño y esperando que Legolas hiciera algo pronto.

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Legolas se lanzó con elegancia a las aguas cristalinas. Se desplazó ágilmente como un pez, en dirección al cuerpo inmóvil del niño. Lo sujetó por un brazo y volvió a la superficie. Tan pronto como subieron a la orilla, Legolas tendió a Aragorn sobre su estómago y le golpeó la espalda, gritando:

"¡Respira, Estel! ¡Vamos, respira!"

Siguió estimulándolo hasta que el niño empezó a toser… y cogió aire.

"¿Legolas?" –Aragorn empezó a llorar.

Legolas lo abrazó y le frotó la espalda.

"No pasa nada, Estel. Vas a estar bien. Todo está bien ya."

"¡Podría haber muerto! ¡Pero me salvaste! ¡Te debo la vida!" –dijo, sollozando.

Legolas se separó un poco y miró a Aragorn, el futuro de la Tierra Media, a los ojos.

"No me debes nada, Estel."

Tras soltarlo, Legolas se arrodilló sobre una pierna ceremoniosamente, se apoyó la mano derecha sobre el pecho y dijo:

"Yo, Legolas hijo de Thranduil del reino del Bosque, prometo protegerte, Estel, con todo lo que tengo. Juro protegerte con mi espada y mi arco, con mi vida, con mi corazón… -Legolas hizo una pausa y sonrió antes de continuar-: … y con mi alma."

Aragorn lo miraba, asombrado, con los ojos como platos. Legolas estaba brillando… y su brillo seguía haciéndose cada vez más fuerte.

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Arwen miró a su padre con lágrimas en los ojos.

"Es hermoso."

Elrond sonrió y abrazó a su hija.

"Sí, lo es."

Keldarion sonreía de oreja a oreja, con los ojos empañados.

"Mi hermano ha vuelto."

Los gemelos suspiraron de alivio.

"¡Gracias a los Valar que no tuvimos que matarlo por dejar ahogarse a Estel!"

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"Volvamos, Estel."

"Err… Legolas, creo que deberías saber que no me dejan acercarme al arroyo sin mis hermanos. ¡Si averiguan que estuve nadando ahí me castigarán todo un año!"

Legolas se rio.

"¿Y eso por qué?"

"Todavía no sé nadar muy bien."

"Bueno, eso fue obvio."

"¿No se lo dirás?"

"No. ¿No acabo de jurar protegerte?"

Aragorn sonrió mientras recogía su camisa y sus botas y cogía a Legolas de la mano.

"Si preguntan diles que me caí, ¿vale?"

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"¡Dispersaos!" –ordenó Elrond de repente.

Los elfos más jóvenes se sobresaltaron y entraron en pánico, alejándose de los arbustos cuando los dos amigos pasaron cerca. Legolas miró hacia allí y se detuvo. Acababa de oír algunos susurros y maldiciones, pero solo podía ver los arbustos moviéndose. Sacudiendo la cabeza, llevó a Aragorn de la mano hacia Rivendel.

Cuando llegaron al jardín, vieron que Elrond estaba allí con los demás. Keldarion estaba con Arwen en un banco, hablando en susurros y los gemelos de repente miraban a una mariposa como si fuera lo más interesante del mundo.

"¿Qué os pasó?" –preguntó Elrond, señalando sus ropas empapadas.

Aragorn y Legolas se miraron antes de decir.

"¡Nos caímos!"

Los gemelos bufaron, mientras que Keldarion y Arwen se reían. Elrond casi sonrió, pero se contuvo y los observó con las cejas arqueadas.

"¿En serio?"

"¡Sí!" –dijo Aragorn, asintiendo con vehemencia.

"Muy bien. Entra y cámbiate antes de que cojas un resfriado" –le dijo Elrond.

Arwen se acercó y cogió a Aragorn de la mano, pero antes de irse le dio un beso en la mejilla a Legolas.

"Bienvenido de vuelta, querido Legolas."

Legolas se sonrojó y Elrond lo observó, pensativo.

"Eres un mal mentiroso, Legolas" –el príncipe enrojeció todavía más y luego se puso rígido.

"¿Los de los arbustos… erais vosotros? ¿Nos estabais espiando? –Keldarion y los gemelos se echaron a reír y Legolas sonrió, avergonzado-. ¿No vais a matarme por tardar en salvarlo, verdad?"

Los gemelos avanzaban hacia él amenazadoramente, haciendo crujir sus nudillos.

"¡Para adentro, monstruos con cerebro de guisante! –exclamó Elrond, riéndose-. Vamos a ver si Arwen necesita ayuda con Estel."

Los gemelos suspiraron, pero siguieron a su padre. Legolas se giró hacia su hermano, que seguía en el banco y se sentó a su lado. Al principio ninguno dijo nada, pues no se les ocurría de qué hablar, pero al final Keldarion dio el primer paso.

"Has mejorado con la espada. Tus movimientos fueron muy buenos."

"Tuve un buen profesor" –replicó Legolas.

Volvió a hacerse el silencio y entonces un águila calva dorada se acercó volando y se posó cerca de ellos, mirándolos fijamente.

"Es la que te dio Gimli, ¿te acuerdas?" –preguntó Keldarion.

Legolas asintió.

"Sí. Me ha seguido desde que la curé. ¡Recuérdame que le envíe a ese enano instrucciones detalladas de cómo cuidar a sus mascotas!"

Los dos se echaron a reír, iluminados por el sol. Eran una pareja extraña; uno con el pelo negro como la noche y otro con trenzas doradas. Sus lazos eran más fuertes que cualquier otra cosa de la Tierra Media.

"Lo siento, Kel" –dijo Legolas de repente.

Keldarion se sobresaltó.

"¿Qué? ¿Por intentar matarme hace rato? No soy rencoroso, hermano. ¡Aunque me alegro de seguir vivo!"

"Perdóname… por todo, por la forma en la que te he hecho daño…"

"Legolas, no tienes que…"

"Necesito decirlo, Kel, ahora que he reunido el coraje –Legolas respiró hondo, con un nudo en la garganta-. Siento haberme quedado en silencio, haber ignorado tu presencia… y rechazar tu ayuda. Quería hacerme daño, pero en el proceso te lo hice a ti también… a ti y a padre. Lo siento mucho… -tenía las mejillas empapadas de lágrimas-. Siento muchísimo que hayas tenido que ver lo que esos hombres me hicieron…"

"Legolas…"

"Nunca me perdonaré haberte dejado sufrir solo. He sido un egoísta… Lo siento, Kel. Lo siento tanto…"

Llorando también, Keldarion abrazó a su hermano.

"¡No! ¡No digas más, Legolas! Has pasado por mucho. Por favor… no digas más."

Así se quedaron un rato más, desahogándose para por fin convertir la tragedia en solo un mal recuerdo. Legolas se alejó, se secó las lágrimas y se rio. Keldarion lo miró, confuso.

"¿Qué ocurre?"

"Está bien, eres mejor que yo con la espada, lo admito."

"Eso es obvio. ¿Pero qué lo admites por fin?"

Legolas hizo un gesto travieso.

"¡Porque no tienes esperanza en esto!"

Se lanzó sobre Keldarion y ambos cayeron al suelo… en medio de uno de sus combates de lucha libre. Sin parar de reír, los hermanos rodaban por el suelo intentando colocarse encima del otro y atrayendo las miradas de los elfos de Rivendel que pasaban por allí. Keldarion miró hacia arriba y palideció de repente.

"Err… Legolas. Me rindo. ¡Déjame levantarme! ¡Me rindo!"

"¿Que te rindes? Eso es nuevo. ¿Desde cuándo te rindes tan fácilmente?"

"Desde que una bonita dama viene hacia aquí y me ve en un estado tan deplorable."

"¿Qué estás…?" –Legolas se giró y vio a Narasene, que les sonreía de pie al lado de ambos.

Se puso en pie rápidamente, ayudó a su hermano a levantarse… y entonces se quedó prendado de sus preciosos ojos verdes. Keldarion carraspeó.

"Ignoradme, yo no estoy."

Pero Keldarion podría haberse ahorrado el aliento, porque su hermano ya solo era consciente de Narasene. Le dio a Legolas una toalla caliente para que se secara la ropa y éste la cogió y le dio las gracias.

Ella asintió y se inclinó para luego darse la vuelta con intenciones de marcharse. Keldarion le dio un codazo a su hermano con más fuerza de la necesaria. ¡Dile algo, idiota! Legolas arrugó el entrecejo… pero encontró el coraje para llamarla.

"Nara."

Narasene se dio la vuelta y esperó… y esperó… ¡y esperó!

Keldarion se tomó la libertad de darle un manotazo a su hermano en la nuca.

"Gracias, mi señora… por todo" –dijo Legolas finalmente.

Ella sonrió dulcemente.

"De nada, mi señor."

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"Legolas, ¿por qué no le dices a tu amigo que se una a nosotros?" –sugirió Elrond.

Los elfos correteaban por el patio, preparando un festín para esa noche. Habían colocado mesas y sillas para acomodarse y un grupo de músicos se preparaba en una esquina para entretenerlos durante la cena.

Legolas sonrió y alzó el brazo derecho, mirando fijamente un punto concreto de un árbol cercano. Poco después, el águila dorada se acercó volando y se posó en el protector que llevaba en la muñeca. Los amigos de Legolas se acercaron para admirar el ave.

"¿Qué nombre vas a ponerle, hermano?" –preguntó Keldarion.

"Err… ¿Hawk?"

"¡Legolas, un águila y un halcón son del mismo tipo de aves! –exclamó Keldarion a la vez que sus amigos sufrían un ataque de risa-. ¡Ay, Elbereth! ¡No puedo creer que vaya a dejarte ponerle nombre después de las formas poco creativas con las que llamaste a tus otras mascotas! ¿Podrías ser más imaginativo?"

"¿Entonces qué tal Hawkeye? ¡Parece muy inteligente!" –sugirió Aragorn.

Todos estuvieron de acuerdo.

"Pues se llamará Hawkeye."

La cena fue magnífica esa noche. Maifron, el mago malvado, todavía seguía conspirando para conseguir el regreso de Sauron.

Pero los elfos acababan de ganar una pequeña batalla; el Príncipe Legolas Greenleaf había vuelto.

Bueno, pues por fin llegamos al final de esta historia tan trágica. Hemos sufrido y supongo que se habrán reído un poco con este capítulo :) Muchas gracias como siempre por leer y comentar y nos vemos en la siguiente.

Próximamente: 'Espinas en el Corazón. Qué ocurrió con Legolas después de Trauma.'

Sí, tenemos una historia de un solo capítulo que es como un extra de esta historia :) Veremos las consecuencias de lo que ha pasado en esta historia.