10. Granger Cero, Weasley Dos
-¡¿Qué hiciste qué?!
Instintivamente me alejé de ella, temiendo que me azotara con el pesado manual de Adivinación Para Ineptos. Sinceramente, que un libro de novecientas noventa y nueve páginas cayera sobre mi pelirroja cabeza no era lo mejor que me podía suceder estos días.
-Sabía que ibas a reaccionar así.
Era la hora de la merienda y tanto Luna como yo estábamos sentadas en un rincón alejado de la mesa de Ravenclaw, sorbiendo nuestras tazas de té con tranquilidad. Bueno, la serenidad que nos rodeaba se había disipado en el momento en el que confesé mi más grave delito.
-¿En qué estabas pensando, Ginny?. ¡Dímelo!. Fraternizar con el enemigo...
-Luna, te lo estás tomando muy a pecho. ¡Pareces Ronald!. ¡No puedo creer que lo sigas considerando un enemigo después de todo lo que hizo por mí!
La rubia casi se atraganta con su té. De hecho fue algo excesivamente cómico de presenciar, porque tenía la mirada perdida al toser, intentando respirar correctamente.
Una vez que volvió a su estado normal, bajo la mirada divertida de varios Hufflepuffs, se aclaró la garganta con nerviosismo.
-Lo único que hizo por ti fue arruinarte la vida aún más.
-Fatalista.
-No soy fatalista, sino realista. Cuando por fin Harry nota que existes o, quién sabe, que tus senos crecieron un par de tallas...- bajé la mirada por unos segundos para comprobar el hecho y reí mentalmente –Aparece él para confundirte. Sabes que no me cae muy bien que digamos. Tiene un pasado que no me agrada en lo más mínimo. Cambió bastante y, según dices, lo hizo por ti... Pero no dejo de pensar que es Draco Malfoy y no un manso cordero de granja. Creo que se trae algo entre manos.
Puede ser.
Dediqué una mirada a la mesa de Slytherin, con el único fin de verlo unos segundos. Pero no estaba allí.
-Princesa- dijo una suave voz a mis espaldas, al mismo tiempo que unas manos cubrían mis ojos con gentileza.
Mi corazón dio un vuelco tan súbito que casi se me escapa del pecho.
-Harry.
Pude ver nuevamente y observé que Luna estaba momentáneamente interesada en leer el primer libro que abrió al revés. Definitivamente no era de gran ayuda que me dejara sola con Potter.
Se sentó a mi lado y me besó la mejilla; la sentí arder.
-¿Cómo estás?
Suspiré.
-Cansada. No fue el mejor de mis días, para serte sincera. Muchas tareas.
-Así que Snape te tiene como loca. ¿No es así?
Luna me miró absorta. ¿Acaso Harry sabía algo de mi ausencia de Transformaciones?. Si mal no recuerdo Draco compartía clases con Harry. Oh rayos.
-Sí, está bastante pesado conmigo... No deja de decir que tengo el cociente intelectual de una cuchara de té- repliqué, alzando la cucharita con la que revolvía el azúcar.
Harry rió auténticamente y supe enseguida que no estaba al tanto de nada.
-Le pregunté a Malfoy dónde estabas y me dijo que habías tenido una reunión con el grasiento de Snape después de clases y quería asegurarme si te había tratado bien. Aunque, veo que comportarse es algo muy difícil para él.
Luna rió, cómplice, y se limpió una gota de sudor invisible de la frente. Potter la miró y ella volvió a su incomprensible lectura – había girado el libro y se había encontrado con un título un tanto... Indeseado. Cómo Saber Si Tu Novia Te Engaña Con Tu Enemigo, se leía claramente en enormes mayúsculas. Cerró el libro como si su vida dependiera de ello y ante mi mirada amenazadora y la expresión incomprendida de Harry, carraspeó.
-Dios. ¡Qué mareada estoy!.
-¿Te sientes bien?- inquirió el morocho, examinándola un tanto alarmado.
-Está un tanto indispuesta- dije, tomando un poco de mi té. –Estos ovarios...
Lovegood me pateó por debajo de la mesa, claramente irritada por mi respuesta.
-Creo que no es algo que un hombre quiera escuchar- continué –A menos que quiera pasarse al otro bando.
Harry rió y besó mis labios antes de ponerse de pie y dirigirse hacia Ron, quien le hacía gestos para que se acercara para una partida de ajedrez mágico.
-Te veo luego, Ginny. Tu hermano está obsesionado con hacerme practicar duro para que un día pueda romperle el trasero en dos en ajedrez.
-Dudo que pase, Harry- dije juguetonamente, saludándolo con la mano.
-Que te mejores, Luna.
Mi amiga me observó con una cara de asesina serial que hizo que nuevamente saltara hacia atrás, temerosa de ser golpeada con el manual de Adivinación y las seis tazas vacías de porcelana que la rodeaban.
-¿Era necesario decir que estoy en esos días cuando, oh casualidad, no lo estoy?
Me rasqué la cabeza, indecisa.
-Supongo que fue lo primero que se me vino a la mente.
-Claro, señorita cociente intelectual de una cuchara de té. ¡Estuviste a esto de ser descubierta!
Draco dijo que iba a coartar nuestro pequeño desvío de alguna forma y agradezco a Merlín que lo haya hecho.
-Pero no fui descubierta.
Luna resopló.
-¿Acaso la lunática es la que siempre tiene los pies sobre la Tierra?. Vamos Ginny, piensa de una vez por todas. ¡Usa tu sentido común!.
-¿Ah?- vacilé al mismo tiempo que tomaba unas galletas de miel y las dirigía a mi boca.
-Eres un caso perdido.
-Lo sé- agregué, con la boca llena.
-¿Y qué se supone que vas a hacer con Malfoy?. Supongo que le dijiste que no querías saber nada. ¿O no?
Tenía un tic muy grave en el ojo y supuse que estaba al borde de un ataque de nervios. Dios santo. ¡¿Cuánto karma podría causarle a mi amiga por mis problemas?!
-No pude negarle nada. Él sabe cuando miento y cuando digo la verdad...
Luna me interrumpió, enojadísima.
-¿Entonces te gusta?
-¡Sí!
-Esto lo empeora aún más.
-Lo sé.
-Te golpearía por estar colada por ese idiota, pero no tengo ganas de moverme de donde estoy.
-¡Qué consuelo!
En menos de lo que canta un gallo, Draco se sentó a mi lado y no tuve ni tiempo de asociar lo que estaba sucediendo. Se oyó un grito desaforado proveniente de los pasillos, un tumulto de risas, el repiquetear de unos zapatos caminando apresuradamente sobre la dura roca y el abrir de las pesadas puertas del gran comedor.
-¿Quién me ha hecho esto?- gritó una Gryffindor enfurecida, acompañada de sus amigas que intentaban cubrirse la boca para silenciar sus estridentes risotadas.
Oh. Mi. Dios.
Comencé a reírme como loca, como si no hubiera nada mejor que hacer.
-Fui yo- dijo Malfoy por lo bajo, apoyando su cabeza en mi hombro. Se estaba comportando como si nada hubiera sucedido a la mañana, como si no lo hubiera golpeado lo suficiente, como si no hubiera llorado un río sobre su túnica. -¿Acaso no le queda bien?
-Mejor que antes, debo admitir- masculló Luna, también lanzando carcajadas al aire.
Hermione Granger estaba de pie, en la entrada, con su cabello a lo afro, teñido de un horrible rosa chillón. Cualquier peluquero se moriría de un ataque al corazón con solo verla.
-El rosa no es su color, no le favorece- exclamé entre el murmullo causado por los presentes. Ron se había caído de su asiento y probablemente no despertaría en los próximos... ¿Ciento veinte minutos?. Para mi asombro, Harry no dejaba de reír.
Romilda me observó curiosa y se volvió a Granger para señalarla y abrir la boca escandalosamente para festejar el chiste.
Tomé a Draco de la mano por debajo de la mesa. Me miró, suspicaz.
-Te felicito.
-Gracias. ¿Cómo va el marcador?
-Granger cero, Weasley dos.
-Claro, como si el logro fuera tuyo- murmuró sarcásticamente.
-¡Tú!- me gritó Hermione, abriéndose paso entre la multitud -¡Tú eres la culpable!
-¿Yo?- inquirí, señalándome con mi pulgar. -¿Crees que yo tengo la culpa?
Eché una mirada a Dumbledore y a McGonagall, quienes miraban interesados la escena.
-¡No lo creo, lo afirmo!
-¿Tienes pruebas?- pregunté inocentemente.
-Dudo que las tengas- comenzó Romilda, sintiéndose bastante corajuda como para enfrentarse a la castaña, ahora rosada. –Ginny ha estado aquí desde que las clases terminaron.
-Si ella no fue, seguro fueron Malfoy y... ¡Esa Lunática!
Luna no se inmutó en lo más mínimo, sino que siguió riendo desenfrenadamente.
-Vamos, Hermione, acéptalo. Tanto Malfoy como Luna han estado aquí hace rato. Ninguno de nosotros te hizo... Ése desastre- exclamé, dándole a entender a la audiencia que no éramos culpables, a lo sumo Luna y yo, de esa catástrofe.
-Si ella dice que no fue, entonces no fue- le reprochó Harry, participando del conflicto. -¿Qué te sucede, Hermione?
Dio media vuelta y salió corriendo, seguida de Parvati y Lavender que luchaban por seguirle los pasos.
-La dulce venganza...
-No ha hecho más que empezar- terminó Draco por mí.
Nos miramos y no pude evitar sonrojarme.
-¿Qué tal te sientes?- preguntó, ignorando la presencia de la rubia, que todavía estaba tentada. –Creo que no debí dejarte sola cuando terminaste de llorar... Lo más probable es que lo hayas hecho por horas.
¿Por qué diablos me conocía tanto?
-Podría estar mejor. Gracias por cubrirme con Harry.
-Oh, eso. Hago lo que puedo- robó una galleta de mi plato y la introdujo en su boca.
-¿Puedo verte hoy a la noche?
-Si vas a golpearme, no estoy de humor.
Sonreí socarronamente.
-Dudo hacerlo.
-Entonces es un hecho. ¿En las cocinas?
-A medianoche.
-Listo.
Besó mi mejilla fugazmente y corrió a sentarse a un lado de Blaise Zabini, en su mesa. El moreno lo observó con recelo y luego de unos segundos entabló una conversación con él.
Pocos segundos después me di cuenta que Harry no me había quitado los ojos de encima ni una milésima.
