CRISIS MINISTERIAL

CAPÍTULO 10

LA CRISIS DEL GABINETE

Cecilia estaba asombrada. En aquella reunión los ánimos estaban subiendo tanto de tono que, como poco, sentía vergüenza ajena. Y es que cuando el brujo vetusto se enteró por boca del Comisario de seguridad mágica de que la policía muggle preparaba la liberación de la niña puso en grito en el cielo y montó en cólera.

-¡Cómo es posible tanto nivel de descontrol! – Gritó sulfurado.- ¡Los muggles no pueden intervenir! ¡Es asunto exclusivamente nuestro!

El Comisario aguantaba los exabruptos con bastante impasibilidad aunque Cecilia pudo observar que cada vez estaba más pálido, más rígido y con las manos, que tenía apoyadas sobre la mesa, más crispadas.

-¡Exijo su cese inmediato! – Bramó de pronto el anciano, rojo como una granada.- ¡Esto es intolerable!

Cecilia mantuvo una expresión imperturbable, aunque por dentro se sentía como un barquito en medio de un tsunami. Aún así, su sentido de la responsabilidad le sirvió una buena dosis de tentación de intervenir. Aquella pataleta no conducía a nada y era totalmente inconveniente. Lo que procedía en esos momentos era tomar conocimiento del plan de los muggles, que había sido detallada y puntualmente transmitido por Rocío y su compañero infiltrados en la comisaría muggle, pero el Comisario empezó a hablar y la sustrajo de sus pensamientos.

-La señora Ministra sabe que dispone de mi varita.- Dijo mirando fijamente a la señora Pinto. Ella también permanecía impasible. Cecilia sintió otro sobresalto en su interior al constatar que tenía algo en común con aquella portuguesa que dirigía los destinos de la Magia Hispana desde hacía más de diez años y le embargó una inquietud interior de la que ya no se pudo librar en lo que restaba de reunión.

-Guarde sus palabras y volvamos al asunto.- Dijo la Ministra.- ¿Cuál es la intervención prevista de los aurores en esa operación de rescate? – Añadió mirando al Comandante de los Aurores.

Cecilia giró la cabeza para verificar el efecto que la decisión de la ministra había causado en la oposición, y comprobó que ahora el crispado era el anciano. Casi esperaba que se levantara airado y se largara, y sin duda estuvo a punto, pero un comentario al oído de otro sujeto le hizo permanecer en su sitio, aunque no le apeó la expresión de disgusto y el rictus amargo del rostro.

-En principio, formarán parte del dispositivo de rescate, en primera línea. Irán armados con pistolas falsas y participarán en un segundo plano, dejando el grueso de la operación a los muggles, hasta el momento de entrar en el sótano. Ahí uno de los nuestros acompañará a la policía, puesto que desconocemos si la anciana que acompaña a la niña es o no mágica.

-Supongo que habrá dictado instrucciones detalladas para el uso de la varita.

-Si, señora. Los aurores solamente la usarán si las circunstancias son tan excepcionales que así lo requieran.

Como había dicho Rocío, el Comandante de los Aurores era un poco terco, pero buen profesional a la postre. Aunque personalmente también opinaba que era mejor no mezclarse con los muggles, había antepuesto la lógica a sus puntos de vista subjetivos y se había coordinado con el Comisario de Seguridad Mágica.

- Muy bien. ¿Cobertura de prensa? – La señora Pinto cambió de tercio y se dirigió a una bruja que estaba sentada a la derecha de Cecilia, dos puestos más allá.

-La prensa mágica no sabe nada y de momento así seguirá hasta que se complete el rescate.

-Estupendo. ¿Algo más?

-¿Qué hay de la prensa muggle? – Se aventuró a preguntar Cecilia.

-¿Prensa muggle, señora Pizarro? – Dijo la ministra.

-Toda España, mágica o muggle, está pendiente del secuestro. La prensa muggle tendrá sus contactos en la policía, sus reporteros destinados a cubrir la noticia...

-¿Señora Laín? – La ministra ahora se dirigía a la bruja que había intervenido antes.

-Sugiero que se altere la memoria de todo periodista que aparezca por allí, hasta que la niña esté sana y salva y se decida lo que proceda.- Contestó la bruja.

-¿Señora Pizarro? ¿Qué le parece a usted?

Cecilia se sobresaltó en su interior. Tragó saliva, intentó ordenar sus ideas a velocidad de la luz y empezó a hablar.

-Optaría por dejarlos hacer su trabajo.

-¿Por qué?

-Por lo que he dicho antes. Hay mucha alarma social. La gente debe recibir el mensaje de que si se comete un delito sus fuerzas y cuerpos de seguridad actúan...

-Es asunto muggle...

-Los padres de la niña son muggles...- Y por primera vez en su vida, Cecilia recordó a Adolfito Mendoza, alias qué guapito soy, y no sintió ni indiferencia ni desprecio. Lo que sintió fue lástima y una profunda solidaridad cimentada en que ambos compartían las preocupaciones, los anhelos y las inquietudes de ser padres. E igual que ellos, millones de familias pendientes de un televisor, de una radio o del comentario de la vecina.

-Muy bien. Luz verde a la operación diseñada por Seguridad Mágica y Oficina de Aurores. Nos reuniremos cuando todo esto haya terminado, para festejarlo, espero. ¿Comisario? ¿Comandante? ¿Señora Pizarrro? Por favor, ustedes tres quédense unos momentos.

Cecilia no sabía de qué iba la Ministra. En realidad, no lo sabía desde que llegó por la mañana al trabajo. Casi era irreal, un mal sueño del que se despertaría sobresaltada mientras Alberto, con los rizos campando cada uno por su lado y las mejillas rasposas con barba de toda una noche le decía con un gruñido ¿qué pasa, Ceci? Pero no, no era un sueño. Aquello era la cruda y potrera realidad. Y no era nada tranquilizadora.

-¿Qué han descubierto sobre la niña? – Preguntó la Ministra cuando los cuatro se quedaron solos.

A Cecilia, aquella pregunta de la Ministra casi la tranquilizó. Al fin y al cabo, sobre eso sí había trabajado.

-La abandonaron en un orfanato en una provincia del interior, como tantas niñas chinas. No fue identificada como bruja por las autoridades mágicas chinas. Fue adoptada siguiendo el procedimiento muggle ordinario. Al llegar a España, el dispositivo mágico de detección de niños mágicos la identificó y registró. – Expuso concisamente.

-El año pasado tuvo numerosas explosiones de magia accidental.- Añadió el Comisario de Seguridad Mágica mientras sacaba de un portafolios varias hojas donde, Cecilia supuso, constaban aquellas manifestaciones mágicas en entornos no mágicos. Y se sorprendió de que se registraran tan concienzudamente. Su hijo Alberto debía tener un archivador completo, por lo menos. Y no digamos si estaban por familias, entonces la suya debía abarcar un armario entero.- Seguramente alguien mágico la observó en alguna de esas, lo comentó dónde no debía...

-Los chinos intentaron anular el expediente a principios de Enero. Se les respondió que la competencia correspondía a las autoridades muggles...- Añadió Cecilia, inquieta al pensar que ahora igual habría que tener cuidado con lo que se decía delante de los magos.

-Seguramente han recurrido a una Liga.- Intervino el Comandante de los Aurores. Cecilia lo miró atónica. ¿Liga? ¿Qué era esa jerga auroril?

-Para que lo entienda la señora Pizarro.- añadió el Comisario de Seguridad Mágica, que obviamente se había percatado de su estupor.- Son como tríadas, grupos de delincuentes de corte mafioso que operan entre lo legal y lo ilegal. Los chinos tienen cierta tendencia a acudir a ellos como último recurso...

-La situación requiere también una respuesta diplomática...- Murmuró Cecilia.

-Eso es. Pero de eso no se preocupe, ya se encargará Callejón.- Dijo la Ministra.

-Con las ligas chinas lo importante es lo que llamamos anular sin que se note.- Añadió el Comisario.

-¿Y eso qué quiere decir exactamente? – Preguntó Cecilia.

-Que se tiene que dejar claro que han sido detenidos, por qué han sido detenidos, juzgados y condenados, todo ello sin que se note que son una liga y que el gobierno chino pueda tener algún tipo de participación.

-Me parece muy complicado.

-Por eso mismo está usted aquí.- Dijo la Ministra.

-¡¿Yo?

-Irá con ellos. Se ocupará de la prensa muggle y del representante chino que, a buen seguro, se dejará caer por allí. Y si se tercia, ya sabe, haga uso de su varita.

-¡Pero! ¡Yo no soy una auror!

-Eso ya lo se, señora Pizarro. El comandante y el comisario le darán las instrucciones pertinentes. Señores, señora, espero que cuando volvamos a vernos me notifiquen que este asunto tan desagradable está por fin zanjado.

Y con aquellas la señora Pinto disolvió la reunión. Cecilia sintió una bajada de tensión y un tembleque en las piernas, algo casi inédito en una persona como ella, que era fría y controlada por naturaleza. El Comisario de Seguridad Mágica debió percatarse de que estaba al borde de la lipotimia, porque la tomó del brazo mientras la acompañaba fuera de los dominios ministeriales de la Ministra.

-Creo que necesita aire fresco.- Comentó cuando estuvieron en el pasillo.

-¿Sólo aire? Tal vez necesite una buena dosis de la droga mágica mas fuerte que conozca... o un ataúd, porque esta señora igual me mata del susto...

El comisario sonrió mientras la llevaba junto a una ventana.