Cuando salí ha cantar las piernas me temblaron como no lo habían echo jamás desde la primera vez que canté sobre aquel escenario. Como siempre ocurría Emmett y los demás llegaban tarde a la función por lo que me entretenía jugando con otros chicos que frecuentaban el local. En general un tal Jacob y sus amigotes, amigos del dueño que, en más de una ocasión había intentado concertar una cita conmigo. Suerte que, con el contrato que tenía con Seth, mi secreto estaba a buen recaudo.

Sí, lo ví, estaba allí. Por supuesto que estaba. Junto a Emmett, él era el amigo de Emmett, como no. Sus ojos no dejaron de ver los míos desde la primera hasta la última nota de la canción no se perdió nada, ningún acorde, ninguna nota mal cantada, cero. Tampoco yo rompí el contacto con sus ojos, y cuando terminé de cantar, lo primero que escuché entre los aplausos del público fue a él: ¿Dónde esta Bella?

Vestida ahora ya, con mi habitual vestido largo de Alexander McQueen con pedrería, negro y dorado a conjunto con mi máscara bajé del escenario. Me fotografié con algunos curiosos y a petición de Seth hablé con Jacob y los demás durante un rato mientras intentaban coquetear conmigo descaradamente. Al fin y al cabo, yo solo era la fantasía de cientos de curiosos que frecuentaban el bar café los domingos por la noche que era cuando yo cantaba la mayoría de las semanas. Seth apareció cuando Jacob me estaba ofreciendo quitarme la máscara. Rodeó mi brazo con el suyo y me encaminó hacia el camerino.

-Hay alguien más que quiere verte

-¿Quién?

-Ya lo verás

-Seth, no me gustan las sorpresas y espero que por tu bien no lo hagas echo entrar en mi camerino.

-Te está esperando en la puerta. Vaya bien!

-Voy ha devolvertela

Y allí estaba él, en la entrada de mi camerino, apoyado en la pared que sujetaba la puerta de este. Su olor impregnaba el ambiente y hacia que mis centro se estremeciera. Le sonreí coquetamente intentando aparentar normalidad

-Buenas noches-Anuncié con mi tono más sensual

-Buenas noches señorita...

-Dazz. Mi nombre es Lady Dazzling

-Esta bien, señorita Dazz. Mi nombre es Edward Cullen

-Mucho gusto señor Cullen- Dije mientras él besaba mi mano.- ¿Quería usted...?

-Quería saber si sería posible conversar con usted, en un lugar...más privado- Dijo apuntando con sus ojos hacía mi camerino

No se que me impulsó a dejarlo pasar pero se quedó sentado en mi sofá mientras yo colocaba tras mi biombo un voporoso vestido rosa pastel, una americana blanca, una cartera color crema y unos zapatos a conjunto con el vestido. Después me deshice de mi cargado vestido y sobre mi ropa interior vestí un albornoz de seda rosa y unos zapatos planos.

-Se puede servir usted, señor Cullen, en la nevera hay champagne

-La verdad señorita Dazz, no dispongo de demasiado tiempo y me gustaría charlar con usted.

-Esta bien, usted dirá

-Verá, me ha enamorado su voz profundamente. Su tono al cantar es digno de ser admirado por todos y cada uno de los seres de la Tierra

-Me alaga usted señor Cullen.

-Quiero proponerle algo. Verá, hay alguien especial en mi vida en estos momentos y me gustaría que ella también pudiera disfrutar de su voz en alguna ocasión.

-¿Cómo dice?

-Sí, me gustaría que mi cantara para mi y mi esposa el martes por la noche. En mi casa.

Perdí el aire. Mi corazón no reaccionó hasta varios segundos después dejando entrever que no moriría hoy tampoco. ¿Enserio no era factible morir en ese instante? Yo creía que sí. Edward me observó con los ojos entrecerrados intentando averiguar que había tras la máscara. Yo desvié la mirada y me levanté del sillón, me dirigí hacia las botellas y me bebí un buen vaso de coñac en menos tiempo del que mi hígado podía filtrar todo es liquido. Hice una mueca ante el espejo y acomodé mi peluca antes de encarar a mi supuesto caballero andante, ni siquiera quería pensarlo, ahora mismo me daba asco.

-El martes. No sé, nunca he cantado en particulares y no sé si quiero hacerlo

-Le incentivare generosamente, de eso no le quepa la más mínima duda

-Lo siento, pero necesito un piano

-Tengo un piano en casa- Como no- Y sería perfecto poder tocar junto a usted, si gusta.

-Espéreme unos segundos fuera señor Cullen. Hablaré con mi representante

-Por supuesto, un placer hacer negocios con usted señorita Dazz

-Buenas noches.

No me permití derrumbarme en ningún momento. Corrí hacía la botella de vodka. Bebí un trago directo de esta y después me vestí detrás del biombo con la ropa ya preparada previamente y salí por la puerta de detrás del camerino, uno que solo yo sabía que existía. Furiosa, me encaminé hacía la mesa donde estaban los demás. Emmett se levantó para felicitarme pero yo me encaré con Alice antes de dejarla sonreír.

-¡¿Cuando pensabas decirme que estaba casado, ah?! ¡¿Cuando?! Sé que no es culpa tuya, pero sabías que estaba prendada por Edward y aún así me dejaste hacer. Dejaste que Edward jugara a su antojo conmigo. Me largo, ni siquiera me busquen y tu Emmett, búscate mejor amigos, ¿quieres?

-¡Bella! Las cosas no son como crees, te estás confundiendo

-Dime que es lo que estoy confundiendo. Dime que él no ha venido. Dímelo. Dime que él no ha ido a mi camerino. Y sobretodo dime que él no me ha pedido que cante para él y para su esposa el martes. Dime que no es cierto y entonces me retractaré- Rosalie llevo sus manos a la boca en señal de sorpresa y dirigió una mirada hacia Alice compungida

-Déjalo ahora cariño- Dijo Jasper acariciándole la espalda a Alice- Ahora no vais a arreglar nada. Voy ha llevar a Bella a casa y ya mañana lo habláis.

Jasper me dejó en casa y yo rompí a llorar en cuanto me quedé sola y a obscuras. Doggy ladró justo en ese instante y prendí una pequeña luz situada sobre una mesa.

-Ahora no Doggy, hoy no ha sido un buen día

Me dirigí directo a mi habitación y me quedé dormida con la ropa puesta mientras luchaba porque las pesadillas no hacecharan mis sueños de sobre manera.