Siento que ha pasado una eternidad desde la última vez que actualicé mis fic´s, pero en esta semana que tengo de vaciones trataré de compensar a los lectores, lo prometo, no me gusta que la escuela consuma todo mi tiempo y esta es la única manera que tengo de lliberarme un poco y que ni eso me dejen, es demasiado para mí, pero espero que el siguiente capítulo sea de su agrado


Makoto no se había movido ni una pulgada de la regadera desde que había dejado caer el agua fría, había perdido el sentido del tiempo, ni siquiera se percató de un pelinegro en el umbral de la puerta. Se encontraba sumida en una profunda tristeza, hería a los personas que quería, y a esa mujer de ojos rosas.

-Makoto- la chica que estaba a sus pies levantó ligeramente el rostro

Una mirada perdida, llena de tristeza y culpa era lo que Ruki tenía delante de él, una niña que se estaba rompiendo a pedazos, y eso que él no conocía ni la mitad de la historia, tendió una mano a su rostro, ella evitó el tacto girando hacia el otro lado.

-Déjame sola- su voz colgaba de un hilo

-Si continuas ahí te vas a resfriar, y no pretendo ser yo quien te cuide- ella parecía muerta, no se iba a mover ni un segundo, Ruki tendría que tomar el asunto en sus manos.

Makoto realmente estaba sorprendida cuando descubrió que estaba un metro por encima del suelo, Ruki la había levantado y la llevaba cargando entre sus brazos.

-Ruki, bájame, vas a quedar empapado- a pesar de que Makoto trataba de removerse entre sus brazos, esto sólo servía para que Ruki se aferrara a ella con más, extrañamente esto a Ruki le removió ciertos recuerdos que ya había olvidado.

Una rubia tambaleante por el pasillo a causa de la pérdida de sangre, Ruki se había encontrado con ella, al encontrarse con su mirada ella trató de girarse en otra dirección, fue entonces cuando sus pies fallaron y ella estaba esperando el beso del concreto pero al abrir los ojos se encontró con una mirada gris, trató de alejarse pero su cuerpo ya no respondía.

-No pienso morderte Eva, no cuando estas en tan deplorable situación- la levantó Ruki y la llevó a la enfermería

En el camino los ojos de la rubia se habían cerrado completamente, él pudo darse cuenta que tenía varias mordidas asomándose por su uniforme, y no todas eran de la misma persona, pero sí las que estaban más frescas, habían sido hechas con brutalidad, como si quisieran demostrar propiedad, inclusive a sabiendas de que Eva estaba muy débil.

La recostó en la cama de la enfermería esperando a que abriera los ojos, sabía que él no debía de estar ahí, pero por el bien del proyecto de Karl H einz tendría que velar por el bienestar de Eva. El azote de la puerta detrás de él, irrumpió sus pensamientos.

-¿Qué es lo que estás haciendo aquí?- Ayato había entrado hecho una furia, Yui se había escapado de él, en esas condiciones sabía que no iba a llegar muy lejos por lo que el pelirrojo creyó que sería divertido dejar que su Chichinashi, como él le llamaba, corriera por su vida.

-Nada que tú no hayas hecho antes- respondió Ruki con absoluta calma, se encaminaba a la puerta cuando Ayato lo detuvo

-Aléjate- el pelirrojo no quería cerca al mayor de los Mukami, no confiaba en sus intenciones- Ella me pertenece-

Ruki no pudo evitar sonreír ante esa declaración -Creo que no soy yo, a quien deberías de decirle eso- a pesar de que en ese momento él no había mordido de ella sabía que algo en su sangre había cambiado, entendió claramente lo que había pasado con ella, el comportamiento de Ayato había sido en respuesta al descubrirlo.

-Tú…- Ayato estaba de verdad molesto, pero el comentario de Ruki solo había logrado echar leña al fuego, Yui no había sido suya, uno de sus hermanos se le había adelantado y al morderla esa noche lo había descubierto, ella se había entregado a alguien más, al momento de descubrirlo sus ojos se llenaron de rabia, pues ella sólo debía de pertenecerle a el gran Ore-sama, quien le iba a robar todas sus primeras veces, a quien ella le debía respeto, pero uno de sus hermanos había tomado ventaja, uno de ellos le estaba robando lo que era suyo.

Ruki entendía que las circunstancias eran diferentes, no era Eva, ni siquiera se le parecía a ella, era Makoto la que estaba en sus brazos, las marcas que tenía Eva en ese momento eran brutales, las de Mako se curaban por sí solas, apenas si se apreciaban.

"Esta niña si que es especial" pensaba Ruki, todo estaba pasando como Karl lo había dicho,su despertar sería revelador para ella, las memorias perdidas regresarían poco a poco, esto resultaría devastador para ella, pero eso tan solo sería el principio, cuando su cuerpo preguntará por sangre, ahí empezaría el descontrol.

Makoto se sentía extraña, cansada, sentía que todo a su alrededor se movía muy rápido, había dejado de percibir el frío de su cuerpo, sus ojos poco a poco se cerraban, sabía lo que eso significaba, otra pesadilla.

Ruki la llevó hasta su habitación, tenía que cuidar de ella, porque Karl-sama se lo había pedido a él, ella formaba parte de la nueva generación de vampiros, al verla dormida en sus brazos se dio cuenta de lo frágil que ella lucía, y la gran carga que tenía bajo sus hombros, a su mente volvió la imagen de la noche anterior, las mordidas que le habían hecho los Sakamaki, casi la habían dejado seca, sino hubiera sido por Subaru, su vida se hubiera ido en un suspiro, pero había algo que lo inquietaba, cuando la mordió para descubrir quién la había dejado en ese estado, descubrió que había sido más de uno, la dejó suavemente sobre la cama, sabía que si la dejaba en ese estado se enfermará, y sería problemático cuidarla.

Makoto se sentía agitada, su mente sólo podía pensar en Azusa y la sensación que le provocó morderlo, su corazón comenzaba a latir más rápido, su garganta se sentía reseca, abrió los ojos y se encontró en un pasillo oscuro, comenzó a correr lo más rápido que pudo, sin voltear atrás sentía que alguien la perseguía, corría más y más rápido, hasta que se topó con alguien, un abrazo cálido, una sensación familiar, tenía miedo de alzar la cabeza y ver quien era la persona que estaba rodeándola.

-Makoto, no tengas miedo- susurró la voz de una mujer, esa voz ya la había escuchado antes

-Yui Komori- decía Makoto al tiempo que levantaba su cabeza, y ahí estaba una rubia de ojos rosas, que no parecía mayor que ella

-No pensé que me reconocerías, ha pasado tanto- su mano estaba a punto de acariciar su mejilla cuando, Yui se desvanecía ante ella, el vestido blanco que llevaba con ella se comenzó a teñir de sangre.

-Espera…- Makoto trató de ayudar a Yui, pero era tarde ella se había desvanecido entre sus brazos, de sus ojos comenzaron a caer lágrimas, sabía el nombre de la mujer que estaba delante de ella, ahora el rostro tenía nombre, era la misma mujer que apareció en sus sueños la otra noche, su madre, pero lucía tan diferente de la última vez que la había visto, tan diferente de lo poco que le contaba su abuelo, muchas cosas no tenían sentido.

Abrió los ojos, pero esta vez se encontró en su habitación, con una ropa completamente diferente, se sonrojó al recordar lo que había pasado antes, había sido Ruki quien la había cambiado para evitar que se resfriará, iba a ser incómodo volver a verlo.

Tal pareciera que sus pensamientos hubieran sido escuchados, pues el pelinegro había cruzado su puerta, Mako se cubrió con las sábanas.

-Parece que ya estas despierta- con delicadeza Ruki bajó las sábanas para ver a Makoto a los ojos, puso su frente contra la suya, lo que provocó que la joven frente a él se sonrojaba.-Bébelo- le ofreció la taza de té que traía consigo -¿Quieres hablar de lo que pasó?

Makoto negó con la cabeza, sorbió con fuerza el té.

-Mírame a los ojos- la lejanía entre ellos se acortó -¿Estás teniendo pesadillas?-

A lo que la joven volvió a negar, el hablar sobre sus pesadillas, sólo las volvería reales, y era lo que menos quería, las respuestas que buscaba las debía que encontrar dentro de ella.

Pasaron los días y las pesadillas no habían aparecido nuevamente, Mako había estado evitando estar a solas con Azusa porque en un par de ocasiones había cedido ante la tentación y lo había mordido otra vez, pero ya tenía días desde la última vez que había pasado eso. Había días en los que ir a las escuela nocturna era una pesadilla, estar rodeada de tantas personas y escuchar sus corazones irradiar sangre a todo su cuerpo la hacían sentir hambrienta, pero lidiaba muy bien con ello, el único problema sería aguantar el tiempo suficiente para poder beber de Azusa, a pesar de que odiaba hacerlo.

El tiempo de las horas de clase habían sido eternas, ni siquiera le había prestado atención a las bromas de Raito. Al momento del descanso, salió lo más rápido que su cuerpo le permitió, necesitaba encontrar a Azusa, pero una mano la detuvo.

-Bitch-chan ¿Por qué has estado tan callada?- con su mano libre hizo que girara hacia él su rostro- ¿Tus hermanos no te han dejado dormir? ~nfu~

-No estoy de humor para tus bromas- trató de soltarse de su agarre

Al hacerlo, estuvo a punto de caerse pero cuando pensó que iba a sentir el frío suelo descubrió que algo había amortiguado su caída, Raito.

-Raito- Makoto realmente estaba sorprendida por lo que estaba ocurriendo, nunca pensó que Raito fuera capaz de ayudarla

-Necesito mi recompensa- nada era gratis con el ojiverde, pero fue en ese momento cuando una idea no tan maléfica le cruzó por la cabeza de Makoto, tal vez se estaría volviendo loca, pero para ese momento la sed era mayor, si había bebido de Azusa, ¿podría hacerlo de Raito también? Tal vez no se sentiría culpable.

-Esta bien- Raito no esperaba que esa fuera la respuesta de Mako, pero aprovechó la oportunidad, sus manos comenzaron a bajar por su cintura, cuando ella las detuvo.

-Pero no aquí, mis hermanos podrían venir y arruinarnos la diversión- ella sabía que era la única manera en que Raito bajara la guardia y poder encajarle sus colmillos

-No me importaría que nos vieran- Raito sonreía traviesamente

-Pero a mí sí- Makoto se ocultó en su pecho- Vamos a la azotea- ella creía que el aire de la azotea se llevaría el rastro del aroma a sangre y por ende nadie descubriría lo que había sucedido.

Raito sabía que era extraño el comportamiento que tenía la hermana menor de los Mukami, pero esta era una oportunidad que no iba a dejar escapar, ella se entregaría a él por su propia voluntad.

En un abrir y cerrar de ojos se encontraban en la azotea, Raito no perdía el tiempo y la acorraló en contra de la pared, tomó entre sus manos su rostro.

-Sabía que no tarde o temprano caerías ante mí- sonría satisfecho, acortó la distancia entre ellos y la besó, un beso ansioso, devorador, por un momento las ideas de Makoto se nublaron, las manos de Raito bajaron por su cintura, la levantó ligeramente para que sujetará sus piernas alrededor de su cintura, a falta de aire ambos se separaron, Raito quería beber de ella, ansiaba probar su sangre, pero si lo hacía Makoto podría morir con lo débil que estaba, antes de eso necesitaba sangre, el cuello de Raito estaba tan cerca, pero sabía que también estaba a su merced. La lengua de Raito la hizo estremecerse.

-Espera- trató de alejarse de él, lo que provocó que cayera al suelo

-¿A bitch-chan le dio miedo?- se agachó a la altura de su rostro

-Raito, yo no…- no sabía como evitar que la mordiera, sólo si ella daba un paso más adelante, Raito aprovechó ese momento de distracción para posicionarse sobre ella

-No me vas a dejar con ganas como la último vez- Raito se acercaba más a ella, Makoto tendría que hacer su maniobra rápido sino es que sería la última vez que pudiera respirar.

-¡Que no aprendiste nada de la última vez!- El peso de Raito se había desvanecido, y pudo ver que nuevamente un peliblanco la había salvado

-Vamos Subaru, yo no iba a hacer nada que ustedes no desearan hacer con ella antes- decía Raito al tiempo que volvía a ponerse su sombrero

-No les bastó a ustedes la última vez- Makoto se levantó rápidamente al escuchar esas palabras, la última vez ella estaba en la casa Sakamaki y no terminó nada bien, sus recuerdos de esa noche estaban borrosos, pero sabía que el resultado no fue para nada bueno, se preguntaba una y otra vez porque creyó que fue buena idea beber de Raito. Ella no se había dado cuenta de la relación que tenían las pesadillas con la noche que había estado en la casa de los Sakamaki, había sido después de eso, que su infierno había comenzado.

-Vamos Subaru, siempre llegas en el momento preciso, ¿es acaso que ella te interesa?- Raito había hecho que Subaru se sonrojara.

-¡Cállate!- respondía al tiempo que hacía un agujero en la pared más cercana

-Bueno, Makoto ya dejaremos esto para otro día- Raito se dirigió a las escaleras para desaparecer a continuación, dejando a Makoto y a Subaru solos.

El silencio que inundaba la azotea era incómodo, Makoto se atrevió a cortarlo.

-Gracias, no entiendo porque siempre apareces en el momento adecuado, siempre cuando estoy en peligro, pero me has salvado varias veces ¿Por qué?- esta vez tendría respuestas

-Siempre te atraviesas en mi camino- replicó Subaru- Eres tú la que siempre esta donde voy

El peliblanco nunca admitiría que él cuidaba de ella.

-La otra noche, ¿Quién fue el que me mordió?- directo al grano -¿Por qué me llevaste con mis hermanos? ¿Por qué no dejaste que terminarán? ¿Por qué me salvaste de Raito y Ayato pero no estabas en los calabozos? ¿Por qué yo?- Makoto atacó a Subaru con todas las preguntas que se le venían a la mente, simplemente no podía dejar que se acumularan en su pecho, necesitaba dejarlas salir a raudales, se dejó caer sobre el piso de la azotea -¿Por qué ayudas a un monstruo?- las lágrimas de Mako fluyeron, Subaru estaba sorprendido por lo que estaba pasando, se arrodilló junto a ella y la abrazó, todas las piezas rotas ya no encajaban, simplemente se dejó ir.

Era la primera vez que Makoto se abría de esa manera, una bomba de tiempo era lo que ella era, pero lo peor apenas se acercaba.

-Tú no eres un monstruo- le dijo Subaru al tiempo que se separaba de ella -Vámonos antes de que empiece a llover- el tiempo había pasado y las nubes se arremolinaban en sus cabezas, unas pequeñas gotas apenas comenzaban a caer, Makoto no parecía querer levantarse, Subaru la tomó de la mano para que lo siguiera, pero una vez de pie ella se negaba a caminar.

-¿Por qué me ayudas?- sus ojos estaban rojos de haber llorado, la lluvia empezaba a caer como un beso en sus mejillas- ¿Por qué yo?- Subaru no había soltado la mano de Mako, ni había girado su rostro, ella pensó que sus gestos estaban inmutables pero era lo contrario su rostro parecía haber ardido en llamas, para él era muy difícil admitir que se preocupaba por ella, no sabía porque pero no quería que nada le pasara, al principio creyó que ella era otra víctima de su padre, otras veces porque le recordaba a su madre y a cierta persona que no pudo ayudar, pero nada de eso explicaba porque la presencia de ella lo hacía ponerse nervioso.

-Porque me importas- él no se había dado cuenta de lo que había dicho, pero para ella fue suficiente como para hacerla caminar, en el tiempo que se habían quedado ahí parados, la lluvia había comenzado a aumentar y Subaru le arrojó su chaqueta para que no se mojará.

Siempre creyó que al final ellos podrían cambiar, que tal vez si lograba despertar algo en ellos por fin podrían ser diferentes, al final y al cabo no siempre fueron así, cada uno tenía sus razones, maltrato, abandono, envidia, cada uno fue marcado desde que era un niño, ella mismo lo había comprobado al tener una visión de ellos durante su niñez, y por esta razón aún guardaba la esperanza, así era Yui Komori, una humana que había sido enviada a vivir con seis vampiros sádicos, ella había aguantado múltiples abusos, pero aún así en su niñez le habían inculcado que para todos hay una esperanza y perdón, pero lo que estaba viviendo ya era demasiado, tenía marcas de mordidas por todo el cuerpo, el acoso constante y los castigos por dejar que otro la mordiera habían llevado muy lejos a todos los hermanos.

Se encontraba mirando su cuerpo desnudo frente al espejo, tocando cada una de las marcas que habían sido infligidas en el, el tacto de su mano contra ellas resultaba doloroso pero al mismo tiempo placentero.

"Viéndolo en retrospectiva esto no puede ser peor" se dijo para sí misma la rubia, y por una parte no estaba tan perdida, esos seis vampiros le habían arrancado todo lo que tenía, en diferentes niveles, tanto físico como mental, hubo momentos en los que quiso dar la vuelta y dejarlo todo, pero había algo dentro de ella que deseaba quedarse, pese a que ella no sabía que era, se vio incapaz de irse. Tal vez era porque no tenía otro lugar a donde ir, su amada iglesia había sido quien la había entregado como sacrificio, o al menos eso era lo que ellos le habían dicho, pero la fé que ella tenía en Dios era más grande, ella la había puesto en ese lugar como una prueba, tal vez ella pordría cambiarlos, mostrarles la "luz".

Un par de ojos rojos la miraron, siempre lo hacían desde la penumbra, era él quien detenía a tiempo a sus hermanos, siempre antes que se llevaran la vida de la rubia, poco a poco la distancia entre ellos se fue acortando.

-¿Por qué sigues aquí?- ella se cubrió con una toalla que estaba cerca de ella, estaba totalmente avergonzada, aunque esa era la pregunta que ella se hacía constantemente -Será que acaso disfrutas ser mordida-

-No es eso- se apresuró a responder

-Entonces ¿por qué estas tan inquieta?- su cuerpo temblaba como gelatina y los latidos de su corazón se apresuraban, él podía sentirlo, su sangre estaba hirviendo.

-Es que estaba...por darme un baño- su voz titubeaba, las palabras apenas salían de su boca, su mirada se encontraba perdida, no podía ver al vampiro que se encontraba cerca de ella.

-Entonces ¿por qué tu sangre parece estar llamándome?- su toque la hacía estremecerse, y cada lugar que él tocaba parecía arder.

-Subaru- sus labios apenas le permitieron pronunciar su nombre

Esta vez, la sensación que le producían sus colmillos era diferente, la embargaban de sensaciones que no conocía antes

-No te estás resistiendo- se sorprendió a sí misma, tenía razón no había puesto ninguna resistencia -Esto significa que estás de acuerdo-


¿Qué les pareció? Déjenme saber su opinión de verdad me agrada leerlas y después de que este mes ha sido una pesadilla en diferentes niveles, bueno espero leerlas para el siguiente capítulo y déjenme saber si les gustaría conocer un poco de los viejos tiempos antes de que naciera Mako, los primeros días de Mako en la casa de los Mukami, o la continuación directa de este capítulo, será algo para recompensarlas por la larga espera, va lo mismo para las que han leído tuya hasta el amanecer el capítulo se encuentra en edición.

Y un pequeño adelanto del siguiente capítulo, si es que deciden que lo continúe en directo.

Era extraño escuchar a alguien que se preocupara por ella, su cuerpo reaccionó antes que ella se diera cuenta, tomó su cara entre sus manos y lo besó, ella no entendía porqué lo había hecho, algo en su interior quería compensarle el haberse tomado las molestias por siempre estar para ella. Él nunca pensó que ella reaccionaría de esa forma, lo había tomado completamente por sorpresa, pero en su pecho sensación de calor empezó a crecer en él, ¿qué tenía esa niña?, ¿por qué esa estúpida necesidad de protegerla? , ¿por qué se sentía tan bien besarla?, por un momento ambos se olvidaron de la lluvia que estaba a su alrededor, la tomó por la cintura y la acercó a él.

El mundo podría arder en llamas en ese mismo instante y ellos no se darían cuenta, sólo querían atesorar ese momento para siempre.