"Cada año, el siete de Julio se celebra el festival de la Dama Tejedora, también conocido como el Festival de los Amantes. Surge de la leyenda de Tanabata y es uno de los festivales más esperados.

El Dios del Firmamento tenía una hermosa hija llamada Orihime, que solía tejer hermosas prendas para que él las usara. Un día, mientras Orihime estaba creando otro ropaje para él, vió a un guapo joven guiando un buey e inmediatamente se enamoró de él. Su padre, siendo el dios perceptivo que era, se dio cuenta de los sentimientos de ambos y poco tiempo después los dos se casaron.

Desafortunadamente, como el amor de Orihime y Hikoboshi era tan ardiente y agotante, los dos ambandonaron sus deberes. Orihime dejó de hacer su tejido y Hikoboshi dejó vagar a su buey por los campos del antiplano del cielo. El Dios del firmamento se enojó tanto por tanta irresponsabilidad que ordenó que el Rio Celestial debiera separa a los amantes.

Sólo una vez al año, la séptima noche del séptimo mes, si es que había buen clima, una parvada formaría un puente a través del río para que, de esta manera, los amantes pudieran reunirse. Pero sin embargo, si empezaba a caer lluvia, el río crecería tanto que el puente de pájaros no podría formarse, haciendo que los amantes esperaran un año más para tener la oportunidad de verse nuevamente.

Año con año, las personas desean con todo su ser que los amantes de destinos cruzados puendan unirse esa noche. Que puedan encontrar la felicidad en los brazos el uno en el otro para que puedan soportar otro año solitario sin la persona que más les importa. "

La leyenda de la dama Tejedora, el festival de Tanabata

Siempre tú y yo

Por Sumire-chan

Capítulo 10: "En la noche de Tanabata... Primera parte"

- ¡¡Ya estoy!! - dijo alegremente Misao bajando las escaleras hacia donde sus hermanas, la pequeña Tsubame y Sayo la esperaban.

- ¡¡Misao!! - comentó Kaoru asombrada- ¡Te ves bellísima! ¡Muy sexy! Ja, ja.

- Gracias... - respondió la última ante el pícaro comentario de su hermana.

[muahahaha se creen que les voy a contar ya el vestido de Misao... muahahahahahah!!! Perdón... sigan con el fic]

- tú también Kaoru-chan - le dijo Misao sosteniendo parte de la vestimenta de su hermana.- y ustedes se ven muy bellas...

Kaoru pestañeó los ojos, en la mirada de Misao había un dejo de tristeza y melancolía, sin duda por Himura, por ese hombre frío que estaba comvirtiendo su corazón en una masa helada, sin sentimientos.

- Nos tenemos que juntar con los chicos, vamos ya - dijo Megumi sacando de sus pensamientos a la tanuki.

- Espera... - las detuvo Misao - ¿Qué tal si les llamamos y nos encontramos en el festival?

- Sí, espera que hablo con el Tori-atama - dijo Megumi sosteniendo ya el teléfono en sus manos.

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- Nunca me gustó disfrazarme... me hace sentir que estoy escondiendo algo, es mejor ser directo con las cosas - dijo Yahiko maduramente mientras esperaban todavía a sus mujeres. Estaban parados en un puente donde el agua que corría bajo ellos reflejaba la imagen de la luna. Llevaba puesto un traje chino de color verde bastante extraño con el símbolo del yin y el yan en el pecho hasta parte de la cintura que estaba fajada por una cinta de color naranja. Sus brazos eran cubiertos por las mangas largas y los puños de color amarillo anchos donde dejaban ver una camisa blanca debajo. Tenía el cuello chino con grabados en japonés. Y bajo el kimono tenía un pantalón blanco sobre el que se apoyaba la tela de la vestimenta, eran cuatro aspas de color vende y bordes naranja, una al costado derecha, otra al izquierdo, otra por detrás y la última al frente llevaba otro símpolo de Yin y el Yan. De las aspas caían cascabeles que no sonaban por la forma de caminar que solia usar el joven, debido, quizás, a su entrenamiento. Llevaba unas zapatillas chinas y un sombrerito del mismo color del traje, con detalles muy delicados y un último símbolo. - simplemente... no me gusta. - repitió quitándose algunos mechones del rostro, de la máscara oscura que llevaba apenas dejaba ver sus marrones ojos.

- No te quejes Yahiko-chan - dijo Sanosuke llegando de pronto de hablar por su celular- llamaron las chicas, dicen que las esperemos en el festival.

- Bien, vamos - ordenó Kenshin.

En eso, dos sombras familiares que Sano había llamado se hicieron presentes en el puente antes de que ellos marcharan. Se trataba de Shougo y de Soujiro.

- Konban wa! - saludaron ambos en unísono.

- Konban wa - respondieron los otros de igual manera.

- Nos vamos al festival a encontrarnos con las chicas - comentó el cabeza de pollo.

- Entonces vamos. - dijo Soujiro entusiasmado, mostrando una bella sonrisa tan característica de él.

Aoshi lo miró de reojo, ese era su enemigo por el amor de Misao, se veía mejor que él sin duda empezando por el hecho de que él sí podía sonreír. Soujiro llevaba el traje de un mercenario, la parte de su abdomen bien marcado estaba cubierta por vendas dejando ver su formado pecho, sobre sí llevaba una campera con signos marcados en los brazos abierta. Y también unos pantalones blancos anchos con un cinto de cuero negro, y botas negras. En su espalda también se leían palabras en japonés: 'Tekken Soujiro" decía. Una cinta negra cubría su frente dejando escapar mechones de cabello sobre ella y otra en forma de máscara se ataba a su cabeza dejando al descubierto su mirada castaña.

Himura tampoco dejó de mirar al "amigo" de Kaoru, el que de pronto había despertado los celos en él. Shougo de veía muy bien, llevaba puestas unas vestimentas de sacerdote budista. [raro no?] Una túnica larga de color azulado oscuro sobre la cual llevaba una tela atada en uno de sus hombros de un violáceo también muy oscuro. Las mangas largas cubrían sus manos, en una de ellas llevaba un protector de espadachín y atado a él un rosario blanco. En su rostro tenía puesta una mascara alrededor de sus ojos atada de alguna forma que se mantenía firme en su lugar.

Pronto llegaron a la entrada al centro donde el festival habría sus puertas. Todo estaba hermosamente adornado, de los postes de luz colgaban las más diversas guirnaldas que tocaban el suelo con gracia. La gente disfrayaba iba y venía, payazos, damas antiguas, guerreros y hadas. Los niños corrían también cantando a la noche "Tenki ni Nari" y sus alegres voces retumban en sus oídos.

- Tanabata - susurró Kenshin.

- ¿mmm? - le preguntó Yahiko que estaba a su lado.

- nada - contestó él - "La noche de Tanabata... ¿Cómo olvidarlo?

*.*.*.*.*. Flashback.*.*.*.*.*

Un Kenshin un tanto más joven esperaba bajo un inmenso árbol de cerezo, las estrellas le hacían compañía en una noche que parecía clara y con buen clima. Un 7 de Julio donde las voces de los pequeños infantes se sentían en las calles de Tokio, alegrando el festival de Tanabata.

De pronto... el destello de las estrellas que sólo esa noche se volvía uno se dejó ver en el cielo, iluminando todo con su radianmte luz, llena de vida.

- ¿no vendrás verdad? - se preguntó así mismo dejándose caer de rodillas a la hierba mojada bajo las luces de colores del firmamento - no vendrás... - se repitió dejando caer tambien una cajita rojiza y un ramo de rosas blancas, sus favoritas... las de ella...

Su voz se quebró, al igual que su mirada, al igual que su corazón...

*.*.*.*.*. Fin del Flashback.*.*.*.*.*

- ¿Kenshin? ¿Estás bien? - le preguntó Sanosuke mirándolo a los ojos, lo único que la máscara que llevaba en su rostro le permitía ver.

- Sí, Sano, bien.

Entraron en el centro, sus ojos posándose en cada mujer que veían pasar a su lado, esperando encontrar las figuras de las mujeres que conocían, tomando como ello una prueba de amor, una prueba de que reconocían a las que serían en un futuro "sus mujeres".

- Tsubame... - susurró Yahiko mirando a una niña que estaba lejos de él, sosteniendo entre sus blancas manos una mascara que dejaba entreveer sus labios coloreados de rosa y sus ojos marrones. La conocía... sin duda la conocía.

Se acercó al angel que veía frente suyo, y ella volteó a mirarle, sonrió.

- Tsubame... - volvió a decir en otro susurro.

- ... Yahiko - ella le conestó.

Sin quitarse las máscaras de besaron con suavidad, ambos jóvenes de 14 años sintiendo la locura llamada amor. El joven vestido de chino la tomó de la mano y la llevó hacia el festival.

- Eso es amor juvenil - comentó Sanosuke mirando a su alrededor.

- Sí, así es. - le contestó Kenshin- "buena suerte Yahiko..."

- Creo que es mejor que nos separemos - sugirió Shougo.

- Sí, es verdad - le respondió Sano marchándose ya - buena suerte a todos, eh!

Para Kenshin eso significaba tener que encontrar a Kaoru antes que Shougo, sin duda debía lograrlo.

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Kaoru tenía sus grandes ojos azulados mirando hacia todos lados, se había separado de las demás y cada uno había tomado un camino muy diferente. Ella se encontraba perdida entre tanta gente desconocida, o bien conocida pero oculta bajo una máscara. Sabía que pronto, esas mismas se caerían, cuando en el cielo se produjera el milagro de la noche de Tanabata.

Ella fijó su mirada en una persona, un muchacho... de cabellos del color del feugo, como sólo ella conocía, unos ojos inconfundibles, de un colo violáceo muy profundo. Llevaba puesta una capucha negra que cubría su cabeza excepto los mechones que caían sobre una máscara blanca con líneas rojizas como la sangre. La capucha se extendía en una capa del mismo color por sobre todo su cuerpo y sostenía en una de sus manos una guadaña que brillaba filosamente.

- ¿Kenshin? - preguntó.

Himura sintió la voz melodiosa penetrar en sus oídos y giró hacia donde su dueña estaba parada.

- Kaoru - pronunció acercándose a la dueña de sus sueños. Ella llevaba su largo cabello nocturno amarrado en dos rodetes en su cabeza pero luego caía cubriendo por completo sus hombros hasta tocar la altura de su pechos. Donde comenzaba el vestido, negro hasta la cintura donde con dos picos formaba un asta de color roja larga hasta el suelo, y con grabados. Desde allí salía la otra parte del vestido de color blanco algo transparente que cubría hasta sus pies, mas tenía dos tajos en los costados hasta el muslo que no dejaba mucho para la imaginación. Allí salían dos cintas rojas de la misma altura del traje. Llevaba una rosa roja en su cabello y un chal del mismo color más oscuro cubriendo sus hombros. Unas guantes en sus manos que sostenían la máscara hacia sus ojos color azulado marino.

- ¡Kenshin! - ella gritó acercándose a él. Quien pudo notar la sombra carmesí en las órbitas de su "amiga" y en sus labios que brillaban misteriosamente - ¿Cómo supiste que era yo?

- Conozco tu voz... y también tu aroma, Kaoru - él dijo sonrojado, ella le siguió inmediatamente después - ¿y tú?

- tu cabello te delata, Kenshin, ja, ja, y también tus ojos, no hay mucha gente que tenga los ojos violetas - comentó.

- tienes razón... eh... Kaoru...

- ¿si? - dijo sacando la vista del resto de las personas.

- te ves hermosa...

Ella sonrió y le abrazó undiendo su rostro en su hombro, recostando su cabeza en la capa sin quitarse aún la máscara.

- tu también estás muy guapo Kenshin - le susurró al oído.

- "Sin duda... no puedo evitar amarte más..." - pronunció como para sí mismo dejándose llevar por el aroma a jazmines que de ella emanaba.

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Sayo iba apresurada, caminando de forma casi mecánica, la idea de separarse no le gustaba mucho cuando de pronto volteó a ver hacia atrás y chocó contra alguien que caminaba, un hombre vestido de blanco, que la sostuvo para que no cayera al suelo.

- ¿Se encuentra bien? - preguntó él mirando a la jovencita.

- Sí, muchas gracias, lo lamento mucho... es que venía distraída - dijo sosteniendo la máscara en sus ojos.

- ¿Sayo? - preguntó él.

- ¿uh? ¿Te conozco?

- ¡¡Soy yo!! ¡Soujiro! - dijo él mirando a la joven - "Estúpido..."

Como no haberla reconocido. Ella llevaba puesto un traje de sacerdotiza, un gi de mujer blanco con largas mangas y tiras rojas bordadas en los puños y una hakama roja bastante larga atada en la cintura con una cinta. Su cabello negro caía en mechones sobre sus hombros y el resto había sido recogido en una cola de caballo baja con una cinta del mismo color del pantalón y volaba con la brisa que les acariciaba. Sus ojos, nariz y labios eran lo único, como el resto de las máscaras, que se podían ver por ella, las esmeraldas apenas retocadas con rosado al igual que sus labios por un dejo rojizo.

- oh! Sou-kun... no te había reconocido, gomen nasai - se disculpó.

- No te preocupes, yo tampoco. ¿Porqué estás sola? - le preguntó.

- Es que las chicas dijeron de separarnos, ¿y tú?

- lo mismo - respondió sonriente - ¿tienes hambre? ¿has comido algo?

- este... no...

- entonces, ven - dijo tomándole la mano, sintiéndola temblar en el contacto - te invito a comer.

- Demo...

- nada de demo, A ver... ¿A dónde podemos ir? - me meditó - ¡¡Ya sé!!

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Shougo miró desde la vereda la calle atestada de gente, la misma que también pasaba por su lado, algunos hasta empujándolo. Caminó un poco más hasta llegar a donde la vereda se abría en un callejón, un sollozo le hizo querer ver y se encontró con unos ojos rojizos mirarlo asustados, las lágrimas recorrían las mejillas por debajo de la máscara que llevaba.

- ¿Qué sucede? - se acercó a la mujer que abrazaba sus piernas apoyada a la pared. Estaba vestida muy bella, con un vestido violáceo muy claro que cubría sus brazos y la parte baja del cuello, abierto en una v minúscula. Sobre él tenía puesta una especie de delantal de tela que cubría sus pechos y hasta por arriba de las rodillas en forma de armadura y se agarraba por sus hombros. Atado también en la cintura por una cinta larga blanca que se abría en dos. Llevaba unas zapatillas negras y a su lado dos kodachis que parecían brillar ante la luz de la luna. En sus muñecas tenía dos brazaletes dorados y su largo cabello era de color negro hasta por debajo de la cintura lo tenía agarrado con dos hebillas en forma de tréboles. Por último también tenía un rubí como incrustado en su frente.

Shougo se quedó viendo las armas.

- son reales... - susurró ella - pero no he aprendido a usarlas aún. - como si adivinara.

- ¿qué sucede? - repitió él.

- La noche de Tanabata tendría que ser una noche para que los enamorados se encuentren y en un beso sellen todo el amor que llevan guardado en su corazón, mas para mí esta noche sólo es un río de lágrimas y un amor no correspondido que quiebra mi alma - dijo ella en otro susurro.

- gomen nasai - atinó simplemente a decir.

- no lo sienta, porque no es manera - dijo ella - no se preocupe, soy una tonta.

- entonces yo también lo soy.

- ¿doushite?

- porque yo tampoco soy correspondido en mis sentimientos. - tragó saliva- y ya me he rendido ante ello.

Ella sonrió por un momento y él vió el brillo rosado en sus labios.

- Pero... no será una noche triste para nosotros, ¿verdad?

- Sólo tiene que disfrutarla... y claro... superar lo que ha sucedido, porque luego todo estará bien.

- Quizás tenga razón... - reflexionó- Miyarai... - dijo susurrando.

- ¿uh?

- no nos hemos presentado, mi nombre es Miyarai.

- Shougo - contestó él tocando la mano que ella le había extendido. Pensó un momento - "¿Porqué no?" - ¿Le gustaría comer conmigo?

- Claro, Shougo-san.

- Miyarai...

- ¿Si?

- Sólo Shougo, onegai.

- Claro... Shougo ^-^

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Sanosuke estaba perdiendo los nervios, llevaba rato buscando a Megumi, y aún no la encontraba. Cuando de pronto alguien tiró de la ropa que llevaba puesta, una muchachita más pequeña que él le miraba con dulzura.

- eh... ¿si? - preguntó él.

- estoy perdida - comentó la niña, llevaba un vestido rosado muy bello con mangas abullonadas cortas y el borde del cuello de un carmesí muy fuerte. Tenía el cabello suelto corto y una cinta de aquel color carmesí atada en un moño con largas cintas. El vestido era tan largo que ella le sostenía con una mano mientras que con la otra se cubría sus ojos verdes con una máscara brillante de diferentes colores. El traje dejaba ver las zapatillas del mismo matiz anterior atadas con cintas entrecruzadas hasta por debajo de las rodillas. En cada muslo tenía una liga rosada con una estrella amarilla de la que salían otro par de cintas que caían libremente. Ella le miraba encantadoramente, tenía en sus espaldas grandes alas transparentes y brillantes.

- Eh.. ¿y tus padres? - le preguntó recordando que tenía que seguir buscando a la kistune.

- no lo sé...

- este... - pensó- "¿¿Qué demonios hago ahora??"

- otousan está... está cenando con okaasan y con el bebé - recordó de pronto.

- ¿Dónde?

- En un bar muy bonito que tiene muchas estrellas en el gran cartel - ella le describió- es muy hermoso aquel lugar.

- ¿No sabes donde queda verdad? - ella negó con la cabeza. De pronto, recordó haber pasado en uno de sus paseos con Megumi por ahí. Si no recordaba mal se llama Orihime... como aquella enamorada de la leyenda de Tanabata. - ven, te llevaré allá.

- Arigato, Sanosuke. - susurró.

- ¿Eh? ¿Cómo sabes mi nombre?

- lo intuí.

- ¿uh? - susurró confundido - "Niña rara..."

Las luces del cartel que decía "Orihime" llamaron su atención y se dirigió allí mientras la niña lo seguía a sus espaldas. Bajo aquellos destellos reconoció una figura, vestida bellamente, tenía una especie de camisa con un cuello con grabados que cubría sus hombros y sus pechos terminando en una cinta que había rodeado su espalda a esa altura y formaba un moño violáceo, de allí salían dos cintas del mismo tono violeta transparente hasta el suelo. De sus hombros la camisa celeste se volvía transparente cubriendo como mangas hasta las muñecas. De su cuello colgaba un talismán que él ya había visto antes, que le había regalado a su amada. La parte de su estómago era piel... hasta la cintura donde tenía un vestido blanco hasta los pies, con dos tajos a ambos lados que habían comenzado a cinco centímetros de donde comenzaba el vestido. De la cintura tenía entrecruzadas una tiras que formaban un moño en el centro y dejaban dos lazos unidos por un aro y que se abrían nuevamente, esto mantenía la tela en su cuerpo firmemente. Tenía una máscara sostenida por una de sus manos frente a sus ojos color miel levemente sombreados con celeste, también sus labios estaban coloreados por un rojizo intenso.

Él se acercó a ella, como embrujado por su figura.

- Megumi... - susurró, sabía que era ella, quien volteó inmediatamente al sentirlo hablar.

- ¡Tori-atama! - gritó lanzándose a sus brazos sin soltar la máscara- ¿Cómo me has encontrado aquí?

- La niña... - susurró soltándola.

No había nada. Sólo podía escuchar el sonido de las canciones de los niños y de la gente que rogaba para que los espíritus enamorados se encontraran en esa noche.

- ¿qué?

- nada... - susurró algo asustado, quizás después le diría - Aishiteru - volvió a susurrar.

- yo también - le contestó sonriendo y le besó con suavidad los labios, un beso del reencuentro.

- ¿Qué quieres hacer? - le preguntó amablemente.

Ella le miró, no se había fijado en cómo él estaba vestido. Llevaba una cinta cubriendo la parte de sus ojos pero no ellos, y un traje chino azulado con cuello del mismo origen, con bordes rojos que se unían en la cintura, donde tenía una faja de color azul platinado con cintas. Bajo el especie de gi sobresalía el cuello de una camisa blanca con bordes negros. Y aquel tenía mangas largas y las muñecas cambiaban a un rojo sangre. Tenía puesto una hakama de color azul como el gi, y de la cintura se abría una tela rojiza hasta sus rodillas. Su cabello parado como siempre y de su cuello colgaba un talismán idéntico al de Megumi.

- Te ves muy bien, tori-atama - ella le dijo con dulzura.

- tú también mi kitsune... - sonrió- Ven conmigo... - le tomó la mano y la llevó mientras medita - Arigatô - le susuró al aire.

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Misao estaba sentada sobre un árbol como un fantasma de la noche, como una mujer que se ahora se encontraba meditando por su futuro y sentimientos. Su mirada esmeralda miró hacia la gente que transitaba por la calle y luego hacia el cielo.

- Muy pronto sucederá... - susurró.

Una figura se detuvo frente a ella, mirándola intensamente y ella volteó a verle también, sintiendo su presencia clara en el ambiente.

- Aoshi-sama... - susurró.

[Woaw! Sosténganse chicas que aquí viene la descripción de Ao-kun]

Ella le miró detenidamente y sintió su corazón desesperarse hasta querer saltar de su pecho. Su Aoshi-sama estaba allí... era él. Tenía puesto un traje rojo con un cuello dorado y parte de los hombros también dorada, como si fuera una armadura. El resto de la vestimenta de ese color a sangre caía por detrás en dos picos, y una banda dorada brillante se cruzaba sobre su pecho bien formado abotonado hasta la cintura donde tenía una faja dorada y se abría hasta por arriba de las rodillas. Llevaba unos pantalones blancos y unas botas del mismos color con inscripciones en dorados. Todo un príncipe. Tenía una máscara también sostenida en sus ojos azulados y las muñecas de la vestimenta imitaban el color del patalón.

Misao dio un salto y bajó del árbol para encontrarse con él.

- Hola Aoshi-sama - le saludó como si nada, él parecía no salir de su asombro.

- "¿Realmente es ella?" - pensó - "Parece un sueño..."

La muchacha tenía puesto un kimono blanco de seda con mangas cortas amarradas por cintas rosadas hasta por arriba de los antebrazos y desde el cuello asomaba otro kimono muy liviano de color rojo sangre. La vestimenta le quedaba hasta por arriba de las rodillas pero por detrás llegaba más abajo, sostenida a su cuerpo por una faja de color violáceo oscuro en su cintura atada por atrás en un moño del que corrían largas cintas hasta el suelo. Por debajo de sus pechos llevaba otra cinta del mismo matiz mucho más claro que caía en cintas hacia delante. Llevaba entrecruzada en su pie izquierdo una cinta roja no muy arriba del pie que caía en dos cintas largas. Su cabello negro azabache permanecía en una trenza entrelazada con una cinta del mismo matiz que la anterior muy brillante. Su mirada esmeralda relucía tras una máscara negra noche que se mantenía agarrada por entre sus cabellos y su oreja, que apenas dejaba entreveer las bellas órbitas y sus labios color sangre.

- soy una vampira... - comentó enseñando un colmillo pequeño mientras hablaba. Aoshi se estremeció.

- Misao...

- ¿Si?

- Te ves hermosa...

Fin del capítulo

Bueno, la leyenda está dedicada especialmente a Lady Emyco y a gaby quienes la pidieron. Espero que les haya gustado y también el fic que esta vez salió más largo como verán, je, je... Además, claro, de que pasaron muchas cosas misteriosas como la niña y Sano, y Aoshi diciendo un halago XD. Ahora paso a los reviews:

Lady Emyco: gracias por tus comentarios, espero que la leyenda te haya gustado.

Chi2: Como verás... mucho de Ao-kun y Milla-chan, ¿Qué te pareció el traje de Aoshi? Muy kawaii vestido de príncipe, te prometo para el próximo cap. muchísimo más de ellos dos, ¿no crees que se deben una charla? Eso mismo.

Gaby: Espero que te haya ilustrado la leyenda y me alegro también que te guste el fic.

Itzel: ¿Qué te ha parecido Ken-kun en este cap.? Algo sin duda pasará entre ellos, pero no exigas mucho, porque también tengo otros fics, ji, ji, y no puedo con todo, además del cole, mas intentaré actualizar rapidísimo, chi?

Misao-19: por ti es que este cap. salió mucho más largo, ya que pensaba hacerlo un tantísimo más corto, je, je, pero así quedó... ¿emocionante no? hasta yo quisiera saber qué va a pasar en el próximo cap. ja, ja, ja, será mucho de Ao-kun y Milla-chan, de eso estoy segura. Espero que te siga gustando, amiga, y que no te defraude mi tardanza, es que tengo muchos exámenes.

Miyarai: en realidad este no es review del anterior cap. pero sé que lees el fic aunque no dejes review, qué te pareció tu aparición con Shougo, no sé si te has dado cuenta, ja, ja, ojalá te guste, esperaré tus comentarios pronto.

Miyuki Kobayakawa: tu que me regañas por mi tardanza más te vale que me mandes review, eh!! Bueno amiga, también sé que lees el fic, esperaré noticias tuyas pronto y también de tu fic.

Ya me voy yendo...

JA NE MINNA!!!

Sumire-chan

Miko no ai

Naitemo iiyo donna kanashimimo tsubasa ni kawarunosa sono mune de