NO DIGAS: TE AMO
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Ginny Weasley fue portadora de buenas noticias el día previo a que se decidiera el pase del equipo de futbol al campeonato nacional. Bueno, no eran precisamente buenas noticias el saber que los tíos de Hermione habían fallecido y que ella ahora se estaba haciendo cargo de su prima, pero dentro de todo lo malo resultaba tremendamente bueno que ni la castaña ni la niña hubiesen resultado lastimadas, Hermione le contó por teléfono todo lo sucedido y le suplicó que no arruinara la luna de miel de Ron y Luna diciéndoles lo que había pasado, también le pidió que suavizara lo más posible las noticias para que Harry y Viktor no se preocuparan demasiado y pudieran concentrarse en los partidos que veían por delante.
La pelirroja estaba verdaderamente sorprendida por lo serena y mesurada que oyó a su amiga. Si hubiese sido ella la que viviera esa tragedia seguramente se encontraría en un mal de lágrimas, pero conociendo a Hermione seguramente ya había vivido su duelo y por eso era que se había atrevido a contarle todo lo que había sucedido.
- ¿Y cómo te vas a encargar de tu prima? – le había preguntado.
- Acabo de conseguir un buen empleo y un lugar donde vivir, pronto inscribiré a Charlotte en una escuela y una trabajadora social nos vendrá a evaluar periódicamente. – le explicó – No te preocupes.
- ¿Y se puede saber cuándo conseguiste trabajo? Que yo sepa con una pierna rota no vas a poder trabajar al cien por ciento.
- Que no se te olvide que mi trabajo es principalmente mental.
- Si, lo sé. Es sólo que me parece extraño que consiguieras empleo tan rápidamente, ¿estás segura que la empresa es de fiar?
Al otro lado de la bocina Hermione tosió un poco.
- ¡Lo sabía, estas ocultándome algo!
- No, para nada. ¿Qué iba a ocultarte?
- No mientas Herm, eres pésima mintiendo. Si tienes problemas dímelo.
- Claro que tengo problemas Ginny, pero no es nada que no pueda solucionar yo misma. Te juro que si algo pasa serás la primera en saberlo.
- ¿En serio?
- Claro, ahora debo irme, pero por favor tranquiliza a los chicos para que puedan concentrarse en sus entrenamientos, ¿De acuerdo?
- Bien, despreocúpate. Hablaremos después.
- Claro, adiós.
- Cuídate.
La pelirroja había hecho lo que su amiga le había pedido, pero no dejaba de sentir que algo no marchaba del todo bien. ¿Por qué Hermione no le había dicho el lugar en el que trabajaría o dónde podía encontrarla? ¿Qué ocultaba?
Sabía que no pasaría mucho tiempo antes de que sus amigos descubrieran la verdad, antes de que supieran que ella estaba viviendo en la mansión de Draco y trabajando para la corporación Malfoy, pero también sabía que nadie podía culparla por procurar hacer lo mejor para su prima y, aunque le costara admitirlo, lo que Draco le ofrecía era lo mejor.
A pesar de la negativa del rubio ella había decidido empezar a trabajar de inmediato, había hecho ya unos cuantos planes de desarrollo para le empresa y estaba ayudando un poco con la contabilidad, aunque ese no era del todo su fuerte; además se ofreció a supervisar la campaña de publicidad de la compañía, aun en contra de los deseos de Draco, que más que su jefe parecía su enfermero persiguiéndola todo el día con las medicinas entre las manos: calcio para fortalecer los huesos, vitaminas para el sistema inmunológico, suplementos para la nutrición y sedantes para el dolor en su pierna fracturada.
Jamás pensó que Draco Malfoy fuera esa clase de personas que se preocupan por los demás, siempre pensó que conocía al rubio mejor que nadie: malcriado, ególatra, incapaz de pensar en los demás; pero de unos meses a la fecha su opinión había cambiado de manera radical, no lo conocía en lo absoluto.
La mayoría de los días, cuando el rubio no estaba lo suficientemente inspirado para escribir algún capítulo de su novela, se dedicaba a jugar y mimar a Charlotte, la niña – como cualquier mujer que estaba cerca de Draco – caía irremediablemente ante los encantos del chico: esa sonrisa, esos ojos color acero…
Pero lo mejor era no pesar en lo tremendamente atractivo que resultaba el rubio o de lo contrario su convivencia se volvería imposible. El era su jefe, rayos. Debía recordarlo.
- Pareces un niño, siempre estás jugando con Charlie. Deberías empezar a concentrarte en tu novela, o mejor aún…deberías tomar las riendas de la compañía.
- Para eso te tengo a ti, para que te encargues de todo aquello de lo que yo no me ocupo.
- Eres un cínico.
- Y tú estás empezando a hablar como mi padre.
- ¡Yo no hablo como tu padre! Sólo te estoy diciendo que deberías…
- Shhhh – la silenció el rubio con un gesto cómico, aunque tremendamente atractivo en el rostro – Eres mi empleada ¿no?
Oh, no…ahí iba de nuevo. ¿Acaso Draco le había ofrecido trabajo para poder sermonearla cuando se le diera la gana?
- Si.
- Entonces tienes que hacer lo que yo diga ¿cierto?
- Si.
- Y como yo no te he pedido ningún consejo entonces no debes opinar.
- ¡Ushhh, eres odioso!
Y mientras se alejaba haciendo esa clásica rabieta que a Draco le encantaba lograr, le oyó decir entre carcajadas:
- Si me sigues hablando así te despediré.
Mientras Emily Taylor conducía por la intrincada carretera que bordeaba los límites de la mansión Malfoy se preguntaba si en realidad valía la pena que ella se tomara tantas molestias sólo para conseguir la fortuna de un guapo multimillonario, después de todo hombres ricos los había en todas partes. ¿Porqué seguir tras la pista de Draco Malfoy si ella fácilmente podía conseguir al hombre que quisiera?
Fácil. Porque ya había pasado cuatro años planeando cada uno de sus movimientos y ahora no planeaba rendirse.
Era cierto que las circunstancias habían precipitado las cosas. Quien podía imaginar que ese horrendo terremoto fuera justo lo que ella necesitaba para meterse en la vida del rubio, nadie. Eso era el destino. Pura y llanamente el destino.
Ahora podía interpretar el papel de amiga mortificada y brindarle a Hermione todo el apoyo que necesitara. "Si, como no…" – pensó con ironía. – Si seguir fingiendo que le agradaba esa pedante y presumida nerd era lo que necesitaba para estar cerca de Draco era lo que necesitaba entonces lo haría, después habría el tiempo suficiente para pensar como deshacerse de la odiosa castaña y la mocosa que la acompañaba.
Después de unos cuantos minutos más conduciendo, al final de la vereda logró divisar la mansión Malfoy. Era una construcción hermosa con toques barrocos, unos amplios jardines y al menos cincuenta habitaciones. Justo como ella la había imaginado, justo lo que merecía.
- Me voy a divertir aquí – sonrió la morena malignamente - Tú y tu fortuna van a ser míos Draco Malfoy… cuenta con ello.
- Hoy conocerás a una de mis mejores amigas, su nombre es Emily. Pensé en presentártela hace tiempo, pero nunca se dio la oportunidad, así que hoy tienes que dar una buena impresión Charlie, ¿entendido?
La niña levantó el rostro y miro con sus enormes ojos azules a su prima, mientras ella le abotonaba el bonito vestido rosa que le había comprado la tarde anterior y la peinaba con delicadeza. Recordó que su madre la peinaba de la misma forma y al pensar en ella sintió ganas de llorar, pero sabía que no debía hacerlo o entristecería a su prima, además no tenía porque sentirse triste, ya que ella le había explicado que sus padres estaban en el cielo cuidándola.
Además ahora también tenía a Draco o "Dra" como prefería llamarlo. Era él quien se encargaba de mimarla y jugar con ella, siempre tenía tiempo libre y jamás estaba enojado. Era genial. No entendía porque su prima parecía estar siempre molesta con él.
- ¿Es bonita? – preguntó la niña.
- Sí, es muy bonita, pero ya podrás verla tu misma. No tarda en llegar.
Una de las mucamas de la mansión tocó la puerta de la recamara.
- Acaba de llegar la señorita Taylor. – anunció.
- Lo ves, ya llegó. – le dijo la castaña a Charlotte – Ya vamos. – le indicó a la doncella.
La muchacha asintió y desapareció de su vista. Hermione volvió a mirarse en el espejo arreglando unos cuantos detalles de su aspecto, no sabía porque, pero siempre que estaba junto a Emily se sentía torpe y desaliñada.
- Alísate el vestido Charlie y recuerda sonreír. – fueron las últimas indicaciones que dio Hermione a su prima, mientras iban bajando la escalera.
En el umbral de la puerta principal se encontraba Emily, estaba bellísima, como siempre. La castaña volvió a sentirse deslucida junto a su amiga, ya que mientras ella vestía un sencillo vestido color lavanda de algodón, la morena estaba ataviada con un vestido color marfil de corte clásico y uno de esos grandes sombreros que suelen lucir las damas de sociedad, el tipo de sombreros que a ella le parecían ridículos, pero que curiosamente a Emily le sentaban fabulosos.
- ¡Herm! – la saludó la morena con efusividad, besándola en ambas mejillas. – Debiste avisarme de inmediato de lo sucedido, de haber sabido que tú también habías sido afectada por ese horrible sismo habría vuelto de inmediato de mi viaje.
- Para nada Em, no tenía sentido preocuparte. Además Charlie y yo ya estamos bien.
- Y hablando de la pequeña Charlotte… – dijo Emily tomando en brazos a la niña y besándola – es realmente encantadora.
- Si, eso dicen todos hasta que la conocen. – bromeó la castaña.
- Y es la verdad. – terció una voz a sus espaldas.
En cuanto Charlotte oyó la voz del rubio, bajó de los brazos de la morena a toda velocidad y corrió a refugiarse con él. Draco abrió los brazos y la cargó en una perfecta sincronización con los movimientos de la pequeña.
Hermione temía que si el cariño de su prima por el rubio seguía creciendo resultara demasiado dolorosa su separación cuando llegara el momento, pero aunque hacía todo lo posible para que Charlotte y Draco no intimaran demasiado, no podía negar que las atenciones de él tenían un efecto positivo en la niña y por el momento su felicidad era lo más importante.
- ¿Ya vamos a jugar?
- Charlie, deja tranquilo a Draco. – la reprendió Hermione. – Ahora no puedes jugar, estamos por sentarnos a la mesa para comer, así que espera y después yo jugaré contigo.
- ¡Yo quiero jugar ahora! – dijo Charlotte empezando con una rabieta.
- "¿Desde cuándo se ha vuelto tan mimada?" – se preguntó la castaña. – Draco dile algo.
- ¿Y qué quieres que le diga? Yo también tengo ganas de jugar. – le respondió el rubio de forma algo cínica, con toda la intención de molestarla.
- Ustedes van a sacarme canas verdes. - refunfuñó la castaña - ¿Ves lo que tengo que soportar? – dijo dirigiéndose a Emily.
Hasta ese momento fue cuando el rubio le prestó atención a la morena. Se fijó bien en toda su anatomía: cabello y ojos oscuros, piel semi-bronceada, senos grandes y piernas largas. Hacía tiempo que no veía a una mujer tan atractiva.
- Mucho gusto.
- El placer es mío.
Notó como ella hacía énfasis en la palabra "placer". Una serie de frases y pensamientos poco apropiados inundaron la mente del blondo, como no quería causar una mala impresión se limitó a sonreír y extender la mano en forma de saludo; la piel de la morena era suave. No pudo evitar notar la sutil esencia a melocotón que desprendía a su alrededor.
En cualquier otra ocasión ya habría comenzado a flirtear, le habría invitado una copa y conseguido su teléfono; pero no debía olvidar el momento y lugar donde se encontraba. Hermione estaba a unos cuantos pasos de él y repentinamente lo miraba con cara de pocos amigos, además de que Charlotte parecía decidida a monopolizar su tiempo y atención.
Desde que esas dos habían irrumpido en su mundo, él ya no tenía una vida social decente: no salía a bares, ni conocía chicas nuevas e incluso procuraba estar el mayor tiempo posible en la mansión pues la total dependencia que Charlie sentía hacia él se lo exigía.
La pequeña había logrado lo que ninguna mujer había logrado hasta entonces, lo tenía total y completamente embelesado. Adoraba a la pequeña y veía en ella lo que él habría podido ser se hubiese recibido más amor por parte de sus padres, también sentía la necesidad de protegerla, tal vez porque ahora la niña estaba tan sola como él.
Cualquiera que fuera la razón, lo cierto era que la extraña conexión que se había desarrollado entre ellos no le permitía mantenerse alejado por mucho tiempo de la niña, y lo mismo le pasaba con Hermione. Tenía que recuperar su estilo de vida lo más pronto posible, o de lo contrario un día de esos acabaría junto a la chimenea contándoles cuentos a sus nietos u horneando galletas; es decir, acabaría como un aburrido padre de familia teniendo una tediosa vida hogareña.
- Pasemos al comedor. – indicó Hermione tomando a su prima en brazos y encabezando la procesión hacia la mesa.
La cena se desarrolló de forma amena - al menos para un par de personas. - Draco y Emily bromearon y flirtearon toda la noche mientras que Hermione estaba de mal humor y Charlotte parecía a punto de llorar de un momento a otro, como si le hubieran robado su juguete preferido.
- ¿Y ya conoces el nuevo club nocturno que hay en la ciudad?
- No, aún no lo conozco.
- Si quieres yo podría llevarte.
- Me encantaría, pero ¿y Hermione? – preguntó la morena fingiendo fraternidad hacia la castaña.
- Podemos dejar a Charlie al cuidado de la servidumbre – sugirió Draco.
- ¡No se vayan! – rogó la niña al borde de las lagrimas.
- Yo me quedaré con ella. Además no creo poder bailar con mi pierna lastimada. – dijo Hermione resignada – ustedes vayan y diviértanse.
- ¿Enserio, no hay problema? – dijo Emily.
- "¡Por supuesto que hay problema!" – Quería gritar Hermione – Para nada… - dijo fingiendo calma.
- Bien, entonces…en marcha. – dijo Draco ayudando a levantarse a Emlily y escoltándola hacia la puerta.
Antes de salir, la castaña se acercó al rubio y le susurró al oído:
- Si te atreves a seducir a mi amiga. Te mato.
- ¿Está prohibida?
- Ella sí. Puedes enredarte con cualquier tipo de mujer, pero mis amigas están prohibidas.
Draco sonrió inconscientemente ante la perspectiva de que Hermione estuviera celosa.
- Esta bien, pero con una condición.
- ¿Qué condición?
- Esta noche será toda mía. Cuando yo regrese del club deseo que estés esperándome en mi habitación.
Hermione no creía lo que oía.
- ¿Algo más?
- Abrígate bien, tendremos una velada de medianoche.
Continuará….
N/A:
Espero que les haya gustado el capítulo, la trama está cada vez más intrincada, pero sin un poco de suspenso y emoción ¿Qué sería de la vida? ;D si tienen alguna sugerencia respecto al fic, o alguna duda o comentario por favor no duden en hacérmelos llegar, como siempre espero con ansia sus reviews.
Hasta el próximo capítulo, mil besos de cereza para todos.
Atte. Aimé
P.D.
Espero su visita en mi blog o en el foro "Príncipes de Hogwarts" donde pueden participar y discutir sobre los temas que más les interesen, recuerden que los links respectivos y otras cosas interesantes están en mi profile.
Los reviews son mi alimento, no me dejes morir de hambre.
