Es verdad al principio creí que el eras tú, pero solo me equivoque, no lo eras. Pero el físico, la sonrisa, los ojos, la manera de expresarse en total mente diferente, hay mucha distancia en algún parecido, que puedan llegar a tener los dos.
Tu sonrisa, era corta, casi fría, a veces podía pensar que era por estar en mi compañía, ya que al verte con los aldeanos tú sonrisa era inmensa y se percibía cálida desde lejos. Tu vos era otra, todo de vos era diferente cuando estabas alejado de mí.
Pero con aquel que te confundí no era así, su risa con migo daba calidez, en ningún momento fría y era de igual manera con todos, el hecho de estar en mi compañía no lo hacía frio como tú. Su vos era la mismo, este o no esté lejos de mi compañía.
Pero aún estoy confundida con su llegada, me acuerdo de ti y no lo puedo evitar, pasamos muchos momentos juntos y eso no se puede olvidar en 50 años. Con su llegada y mi despertar todo volvió a mí, cuando me sellaste al árbol, eso no te lo perdono, pero tampoco puedo olvidarme de ti y odiarte.
–Con la perla de Shikon te puedes volver humana Sabes-Me dijiste esa vez entusiasmado, llamando mi atención pero volviendo a tu tono frio.
– ¡Bah! ¿¡Para que quisiera ser humana!?–Te respondí, sin el menos interés cuando te me acercaste. Me puse nerviosa, mi cara se volvió levemente roja y di un gruñido de puro nervio, haciendo que te alejaras. De inmediato te busque abrazándote por la espalda, queriendo tu compañía aunque me costara aceptarlo.
Pero enseguida recuerdo tu beso, ese beso que me gusto, que sola una persona me lo dio antes de sellarme. Kyo, fuiste tú el que me beso antes de caer dormida con tu conjuro, me robaste un beso sin quererlo pero queriéndolo. Inuyasha me beso y fue como probar el paraíso, debo reconocer que si me robo un beso, pero yo le correspondió de una manera que a ti no Kyo. Todo con Inuyasha fue diferente, pero siento culpa a veces al pensar en ti, no lo deseo pero lo deseo, todo es dudas a mi alrededor y sé que tengo que tomar una decisión.
-¡Muere! ¡Aome!-Me gritaste tan frio como nunca antes.
–¡Kyo!-Dije con fuerza y enojo tu nombre al sentí la flecha clavarse en mi pecho y apenas te vi acercándote.
– ¡Es algo que nunca hubiese querido hacer!-Me dijiste luego de quedar en el árbol sagrado. Te acercaste a mí y me besaste…
Luego me despertó el olor de Inuyasha, el que me doy cuenta que a ti no se parece nada. Es mucho mejor que tú, pensar que fui capaz de confundirlos, pero hay confusión aun en mis sentimientos. No sé qué camino debe tomar, el de olvidarte, dejar ese pasado atrás y corresponder a los sentimiento de Inuyasha. Su beso me confundió, me gusto y me hizo sentir viva, pero respeto a ti no resolví nada y temo lastimar a Inuyasha.
Ahora todo mi camino, el camino de este viaje conduce hasta tu tumba, la que visite en secreto y descubrí que alguien la profano dejando su esencia maligna, pero ocultando su aroma.
– ¿Entonces es verdad Kido-Sama?–Pregunto Inuyasha.
–Sí, alguien profano su tumba, Aome descubrió tal cosa, pero solo dejaron la presencia maligna en el lugar. –Afirmo el anciano.
– ¿Y qué aremos?-Pregunto Inuyasha.
– ¿¡Aremos!?-Pregunto a punto de estallar Aome.
–Sí, no le veo nada malo–Dijo Inuyasha.
–Puede ser muy peligroso Jovencito-Dijo el anciano Kido, dándole un aire de esperanza a Aome.
– ¡No lo creo, además esta Sango, ella podría venir!-Dijo Animado Inuyasha.
–Tú te refieres a esa joven sacerdotisa.
Kido salió de su casilla y todos los siguieron, caminaron hasta la parte más poblada de la aldea y ahí estaba Sango, la sacerdotisa. Todos los muchachos jóvenes de la aldea estaban a su alrededor y ella les coqueteaba y los muchachos con gusto se seguían acercando a ella.
–Hay-Dijo Inuyasha con una gota en su cabeza y los demás hicieron lo mismo.
– ¡Feh! ¡No creo que esté en condiciones!-Se quejó Aome mirando a un lado.
– ¡Que sacerdotisa más rara es!-Dijo Kirara.
– ¡Muchachos!-Dijo feliz Sango mientras se acercaba a Aome, Inuyasha, Kirara y Kido.
– ¡Sango!-Pego el grito Inuyasha, cuando esta le toco el trasero. – ¡Seguro que le agarran celos!-se quejó Inuyasha, conociendo a Aome, pero como Inuyasha se veía incomodo ella no dijo nada y dejo que Sango haga lo que quiera, algo así. – ¡Aome ayúdame!-Le dijo Inuyasha, alejándose de Sango y ocultándose detrás de Aome.
– ¿¡Que te sucede!?-Le pregunto molesta Aome a Inuyasha por su actitud. Pero su actitud le hizo comprender a Aome que no debía de tener celos.
Luego de toda esa escena Aome se marchó, ya que de ninguna manera iba a aceptar la idea de Inuyasha. Pero el la siguió y claro Aome se dio cuenta pero tarde y fue sorprendida por él. Inuyasha se le acercó abrazándola por la espalda, haciéndole recordar a Aome que de esa manera ella abrazaba a Kyo. Solo se alejó dejando confundido a Inuyasha.
El intento nuevamente pero recibía el rechazo de parte de Aome y no lo comprendía, seria por Sango, se preguntó Inuyasha, tan celosa podía estar. – ¿Qué te ocurre Aome?-Pregunto Inuyasha sin recibir la mirada de Aome.
– ¡Bah! Nada-Respondió Aome, queriendo irse pero una mano la detuvo. Esa mano era más débil que la suya, pero haría de cuenta que no era de esa manera.
– ¿Hice algo que te molesto?-Pregunto Inuyasha con tono de tristeza.
–Inu… Inuyasha, yo… Kyo fue algo más que un amigo o un casi hermano-Soltó Aome, como nunca antes lo había hecho.
– ¿Qué quieres decir?-Pregunto Inuyasha soltando a Aome.
–Lo siento mucho, pero en este momento no puedo decidir nada y desde el principio te confundí y te vi como si fueras Kyo y ya no sé si son los mismos o dos personas totalmente distintas. –Dijo conteniendo su rabia Aome.
– ¿¡Y el beso!?-Trato Inuyasha de no estar furioso. – ¿¡Lo viste a él verdad!?-Se quejó Inuyasha quebrado y alejándose más.
–Yo… yo no lo sé Inu…-pero antes de poder terminar.
– ¡Abajo!-Grito Inuyasha saliendo lejos de ahí.
