9. SESIÓN DE HIPNOTISMO
La reunión estaba siendo un auténtico fracaso pues nadie se ponía de acuerdo sobre cuál sería el siguiente paso. Por mucho que insistieron interrogando a Koala y al doctor Roo estos no pudieron darles absolutamente ninguna pista sobre la identidad de su secuestrador.
Todos se habían enzarzado en una acalorada discusión en la que hablaban a la vez sin entenderse nada. Neo increpaba a Brio por no estar más pendiente de sus mutantes ni de sus archivos, puesto que anteriormente alguien le había robado ciertos planos y por tardar tanto en avisarle a él, su jefe, de todo esto. Brio a su vez increpaba a Koala y Roo instándoles a que se esforzaran en recordar algo, luego Neo volvía a gritar exigiendo a Gin resultados de su análisis de las grabaciones del almacén y éste se disculpaba alegando no tener nada aún. Nina les llamaba inútiles a todos y Koala sólo insistía en que le dolía la cabeza y quería echarse un sueñecito.
Los únicos que guardaban silencio eran Lumpa, Roo y Ana: el primero estaba demasiado ocupado roncando hecho un ovillo en su asiento (¿cómo podía dormir con semejante griterío a su alrededor?) y Roo parecía totalmente devastado.
Sentada en el asiento del doctor Tropy sin saberlo, pues el viajero del tiempo se encontraba de vacaciones, Ana se masajeaba las sienes y volvía a tomar otro sorbo de café: estaba muy cansada y, como a Koala, se le estaba poniendo dolor de cabeza. Se estaba más que hartando de ese despropósito de esta Reunión de Emergencia de Villanos.
Entonces se percató de que Roo pasaba de su estado apático a esbozar una mueca de determinación. Intentó meter baza pero no se hacía oír entre el tumulto. Ana se inclinó hacia él pues estaban uno al lado del otro:
- ¿Va todo bien?
- Ahora que he tomado una decisión, sí. He estado retrasando la conclusión de una idea por miedo pero he decidido que es la única solución si queremos respuestas. Si tan sólo quisieran escucharme…
Ante la noticia Ana se despabiló de golpe y empezó a dar voces también, pero no se hacía oír. Finalmente se hartó y dio tal puñetazo sobre la mesa que algunas de las tazas de café se volcaron y Lumpa saltó de su asiento, volviéndose automáticamente hacia Neo lanzando un gruñido.
- ¡YA VALE…! – gritó la chica, la siguiente palabra fue tan vulgar que mejor no la incluiremos.
Tuvo el efecto deseado, pues todos se callaron y se la quedaron mirando con la boca abierta.
- E-esa palabra no es propia de una señorita – le regañó Gin.
Lumpa empezó a desternillarse de risa haciendo un ruido similar al de un cerdito pero cesó cuando Ana le lanzó una mirada de advertencia.
- No me extraña que vuestros planes salgan mal si os dedicáis a exponerlos así, de esta manera tan ordenada – dijo Ana, carraspeando, hablando más suave pero no menos mordaz ni sarcástica de lo acostumbrado.
Neo frunció el ceño.
- Eso ha sido un golpe bajo ¿sabes?
- En vez de discutir sin tino quizá debierais prestar más atención porque el doctor Roo quiere compartir algo con todos nosotros, una idea que cree que puede ser útil para avanzar de una vez de este mar de enredos – continuó Ana, ignorándole, y Roo comenzó a asentir con la cabeza - ¿Doctor Roo?
Neo se cruzó de brazos enfurruñado.
- Sigo sin entender por qué un canguro loco tiene el título de doctor – murmuró más para sí que para el resto mientras Roo se aclaraba la garganta.
- Veréis, llevo dándole vueltas a una cosa en la cabeza desde que el doctor Cortex mencionó lo del extraño color de los ojos del SrKong – éste se enderezó encantado de que se dirigieran a él tan formalmente - cuando lo del incidente en la carretera y aquello del control mental… y se me ha ocurrido que puede haber una manera para que tanto él como yo recordemos más, algo que esté encerrado en nuestro subconsciente porque, aunque estuviéramos bajo el influjo de un tercero, éramos en cierto modo conscientes de lo que hacíamos… como cuando yo estoy bajo la influencia del Otro – aquí se estremeció ligeramente – Sé lo que hago pero no puedo evitarlo porque es Él quien lleva las riendas… no sé si me he explicado.
- Sí, pero ¿qué sugieres? – preguntó Ana.
- ¿Recuerda la palabra mágica, "Eucalipto"? ¿Qué bases sigue esa terapia que usó conmigo?
A Ana se le agrandaron los ojos.
- ¿No te referirás a la hipnosis? Y tutéame por favor.
- ¡Ajá! ¡Hipnosis!. Me refería a contraatacar con la misma herramienta. Sin embargo, hay un problema – repuso – Estoy más que dispuesto a ayudar, sobre todo por ti Ana, pero tengo miedo que si me hipnotizáis… salga el Otro. No quiero provocar más daños.
- Eso tiene fácil arreglo – arguyó Neo con una sonrisa que no presagiaba nada bueno.
- ¿Estás seguro de que esto es una buena idea? – le preguntó Ana varios minutos después mientras se aseguraba que su camisa de fuerza estuviera bien apretada.
Roo asintió con la cabeza.
- Con tal de aclarar lo sucedido… no me agrada que el Otro salga pero tampoco me gusta en absoluto que alguien me haya utilizado en contra de mi voluntad para hacer el mal... no otra vez. Me juré hace años que me comportaría como un ser civilizado.
- Pero quizá con Koala podamos saberlo también y no sería necesario que tú…
- No nos podemos arriesgar a descartar nada de información, quizá yo recuerde o sepa algo que él no. Y, como igualmente lo voy a tener que hacer, mejor acabar cuanto antes.
Ana le dedicó una sonrisa forzada una vez terminó de ajustar la última correa y le dio un beso en la frente.
- Estás siendo muy valiente.
Él se azoró visiblemente, un color rosado tiñó sus mejillas, pero fue muy leve.
- Sólo quiero saber qué sucede.
Ana asintió y abandonó la jaula, cerrándola con llave.
Roo apenas pudo disimular una mueca de disgusto cuando se quedó solo. No le gustaba estar encerrado y menos aún entre barrotes – le recordaba su época en las mazmorras del castillo – pero sabía que no había otra opción: si Ripper aparecía sería mejor que no pudiera hacer nada malo.
Tragó saliva mirando al frente, fuera de la jaula, donde Brio se había situado con un reloj de bolsillo que el propio Roo le había prestado. Él se encargaría de sumirle en la hipnosis puesto que el canguro había pedido que ningún Cortex estuviera en la sala. Ana se situó al lado de Brio vigilando de cerca todo lo que pasaba, lista para ayudar si se requería pero sobre todo porque quería transmitir seguridad a Roo. Y él se lo agradecía.
- ¿Has hecho esto alguna vez? – preguntó Ana a Brio.
- No, pero tampoco es que se necesite un máster – repuso él.
- Empezad de una vez – dijo Neo a través del sistema de megafonía, con tono impaciente.
Roo lanzó una mirada de soslayo al otro lado de un espejo que sabía que era falso; ahí detrás estaban Neo, Gin, Koala y Nina, muy atentos a todo lo que sucedía en la salita, otra cosa más que le recordaba a su época en el castillo siendo constantemente observado al ser un sujeto de prueba. El Vortex apuntando hacia él, las argollas de metal sujetándole contra la fría mesa del laboratorio, las inyecciones, la electricidad recorriendo su cuerpo, pinchándole y provocándole un intensísimo dolor… mientras Cortex le miraba con avidez e impaciencia. Empezó a sentirse mal a pesar de que su antiguo torturador no estuviera a la vista. Ansioso, tuvo un tick y se rascó casi compulsivamente, sin darse cuenta, con uno de sus pies detrás de sus orejas, como solía hacer su otro yo hasta hacerse sangrar y…
- ¿Roo? – preguntó la vocecita de Lumpa, consiguiendo que su flujo caótico de pensamientos se detuviera.
El canguro volvió la cabeza y le miró con curiosidad, viendo que agarraba los barrotes y apoyaba su cabeza contra los mismos, como si quisiera entrar.
- ¿Qué quieres Lumpa? – preguntó con amabilidad. Recordaba al cachorro de demonio patoso encargado de la limpieza del castillo y que era blanco continuo de la ira de Cortex, sobre todo porque no sabía hacer bien su trabajo, porque robaba la comida y se quedaba dormido en cualquier rincón. Ahora era la mascota de Ana… no, no era exactamente eso, porque él había visto a la chica con el pequeño mutante y no le trataba como tal sino más bien como lo haría con un niño humano. Ese pensamiento le animó un poco.
- Nada, sólo desearte suerte – contestó Lumpa con timidez y se apresuró a correr al lado de Ana, dándole la espalda.
A Roo aquél comportamiento le resultó de lo más tierno y sonrió pero entonces volvió a ser consciente de su situación. Hizo una inspiración, intentando calmarse, pero la camisa de fuerza, apretada al máximo, impidió que lo hiciera profundamente.
- Sí, ya vamos a em-empezar – anunció Brio.
Lumpa dijo algo entonces y extendió sus peludos brazos hacia Ana. La chica le silenció y le tomó en brazos. Roo volvió a tomar aire en la medida de lo posible y miró hacia el reloj que haría de péndulo, a pesar de que éste aún no se había empezado a mover.
- Todo saldrá bien – leyó en los labios de la chica.
Roo no dejó que ese mensaje le afectara y siguió mirando fijamente el reloj, que empezó a balancearse de un lado a otro.
- Bien, Roo. Ahora quiero que mires este reloj y sigas su movimiento. No pienses en nada, sólo mira al reloj – comenzó Brio con voz suave, curiosamente sin tartamudear.
Roo obedeció en todo lo que le dijeron y, cuando Brio le dijo que empezaría a sentir sueño, así fue como ocurrió. Poco a poco sus ojos oscuros se fueron cerrando, su cabeza y orejas se empezaron a inclinar hacia delante… y enseguida se quedó dormido. Aun así Brio continuó murmurando, diciéndole que se sumiera en un sueño profundo y que sólo despertaría cuando le dijeran la palabra "Eucalipto" tres veces.
Le hizo varias preguntas rutinarias para asegurarse de que había surtido efecto, luego pidió a Roo que dejara salir a Ripper, porque tenían que hablar con él. La personalidad bondadosa se opuso en un primer momento, porque tenía miedo, pero Brio fue muy persuasivo.
Entonces las facciones de Roo, que tenía los ojos cerrados, sufrieron ciertas convulsiones para luego quedar estáticas en una extraña sonrisa sardónica. Ningún sonido salió de su boca, salvo un pequeño silbido.
Ana miró a Brio de soslayo, preocupada, pero él permanecía impasible.
- ¿Ripper? – preguntó éste - ¿Puedes oírme?
Súbitamente Roo abrió los ojos y despertó, convulsionándose entre estridentes carcajadas. Se levantó y empezó a dar saltos por toda la jaula, haciendo piruetas en el aire que se interrumpían cuando chocaba contra los barrotes pero si sentía dolor por los golpes no lo aparentó, pues no paraba de reír.
- Sí, sí… ¡SÍ! Hola. ¡JA JA JA! – gritó con voz estridente.
- Qui-quiero que te calmes un poco, Ripper, que te sientes y ha-hablemos – pidió Brio.
Curiosamente eso tuvo efecto sobre el canguro, quien se detuvo y se sentó, obediente. Aunque fuera la otra personalidad de Roo quien ahora dominara su cuerpo ésta también estaba hipnotizada. A pesar de estarse sentado Ripper seguía sacudiéndose entero por las risotadas y sus ojos en espiral no paraban de mirar por todas partes; podía estar loco pero era bastante observador y calculador. La lengua le asomaba y colgaba algo de babilla de su boca.
- Quiero que me digas cómo llegaste aquí a las islas Wumpa.
- ¡Ja ja ja! Me abdujeron… ji ji ji.
- ¿Quién?
- No… ji ji… no lo sé – dijo con cierto tono travieso.
- ¿Estás seguro? ¿No recuerdas nada?
- Sí, sí sí ¡sí! Recuerdo la ¡explosión! Ja ja. Antes de eso, no recuerdo nada nada nada… ji ji. Estaba durmiendo… porque aquél estirado estaba despierto – esto último lo dijo con cierto desprecio.
Ana comprendió lo que quería decir: como Roo era la personalidad dominante en el momento de su desaparición Ripper no podía recordar nada hasta que no le hicieron salir a la superficie.
- ¿Por qué te llamaron?
- Necesitaban mis… habilidades – siseó Ripper, esta vez poniendo un tono de voz malicioso que a Ana se le puso la piel de gallina – El otro es demasiado fino, demasiado… blandooo… jijiji
- ¿Para qué? ¿Raptar a Nina Cortex?
- Digamos. Jijiji… jú jú.
- ¿Tenías que matarla?
- Todavía no, todavía no… ja ja…
- Pregúntaselo de una vez zoquete – ordenó la voz de Cortex desde el sistema de megafonía.
- ¿Quién te ordenó que fueras a buscarla? – preguntó Brio, obediente.
Ripper ladeó la cabeza, con su lengua colgando y esbozó una sonrisa de niño malo.
- Mystisk era como se hacía llamar pero no sé su nombre real. ¡Ja ja ja! ¿No es gracioso?
¿Por qué Ana tenía la sensación de que les estaba engañando? ¿Acaso por la expresión que puso cuando sugirió aquél nombre? Brio pareció darse cuenta también porque preguntó:
- ¿Mystisk? ¿Te lo has inventado? ¿Acaso son más de uno?
- Digamos… ji ji… digamos que no lo sé. Puede haber más de uno. O quizá no ¡ja ja ja!
Se hizo un ligero silencio en la habitación debido a la expectación. Brio no se dio por vencido.
- ¿Por qué él o ellos atacan al doctor Co-Cortex?
- Por odio. Ja, ja.
- Se trata de Uka-Uka ¿verdad? – rugió Neo y la última palabra sonó como si alguien le hubiera intentando silenciar.
Ripper miró hacia el falso espejo y soltó una carcajada.
- Uka-Uka es sólo un títere más en su plan, doctor Cortex… ji ji ji.
- ¿Y yo? ¿Qué quiere Mystisk de mí? – intervino Ana sin poder contenerse.
Ripper la miró y ladeó la cabeza. Su sonrisa se hizo más grande.
- ¡Ah! Doctora, un placer saludarla, oh sí. La recuerdo del castillo. Tiene buen aspecto – dijo, relamiéndose - ¡Oh! No se ofenda, realmente me cae bien pero me temo que usted es totalmente prescindible ¡Jiji, ja ja!
Lumpa se aferró con más fuera a Ana, como si el hecho de hacerlo fuera a evitar que ella desapareciera como había insinuado aquél monstruo.
- ¿Y qué me dices de los Bandicoot? – preguntó Ana con disgusto.
- ¡Oh! Con el estirado de Roo no es tan fría como conmigo, eso me ofende ¿sabe? ¡Ja ja ja! Ellos son la clave, de lo más útiles ji ji ji. ¿O cómo cree que consiguieron acceder vuestro sistema?
- ¿Qué quieres decir, marsupial infecto? – preguntó Neo a gritos.
Ripper había sufrido otro ataque de risa y había empezado a dar botes. Se estaba volviendo a descontrolar.
- ¿Quién crees que consiguió burlar tus sistemas? Ji, ji, ji ¡Coco Bandicoot! Dingodile voló tu almacén junto con Pinstripe y aquella terrible mujer pelirroja, como también quemaron la casa de los Bandicoot. Su plan ¡ja ja ja! era azuzarles a Crash si no conseguían capturarle. Uka-Uka le da todos los detalles que Mystisk necesita saber para aplastarte como a una cucaracha. ¡Ja ja ja! Pero antes de darte el último golpe quiere verte sufrir. ¡Ja, ja, ja! ¡Aplastaros a todos, eso quiere! ¡Y también quería aplastarme a mí! ¿No es gracioso? Porque no pude hacer nada por evitarlo. Ja, ja, ja… ji, ji, ji… ¡APLASTARNOS A TODOS! – y empezó de nuevo a reírse tanto que parecía que iba a darle un ataque, dando saltos y haciendo temblar la jaula sin parar de decir esa frase una y otra vez.
Ana le miró horrorizada con Lumpa temblando en sus brazos. Brio se había quedado pálido y se había olvidado por completo de que había hipnotizado a Ripper. Detrás de ellos la puerta se abrió y emergió Neo hecho un basilisco enarbolando la pistola, con Gin a cuestas y Nina y Koala detrás. Por poco se evitó que abriera fuego contra Ripper y Ana urgió a Brio a despertarle de la hipnosis cuanto antes.
- ¡Escúchame Ripper Roo! Cuando diga tres veces la palabra "Eucalipto" te calmarás y quedarás libre del influjo de Mystisk! – exclamó intentando hacerse oír por encima del barullo que montaba el canguro desquiciado.
- ¡Dejádmelo! Dejadme a ese maldito canguro porque le voy a… - exclamaba Neo intentando apuntar a Ripper, pero ni Koala ni Ana se lo permitieron. Lumpa se le volvió a aferrar a una pierna pero no le mordió porque sabía que eso enfadaría a Ana, así que en su lugar se puso a tirar en la dirección contraria a la que él avanzaba si bien con la intervención de Koala quedó fácilmente neutralizado, pues no podía hacer frente a la corpulencia del mutante.
- ¡Eucalipto! – berreó Brio - ¡Eucalipto!
Ripper cesó en su delirio y se detuvo tan bruscamente que cayó de bruces sobre el frío metal. Se quedó totalmente quieto, con sus ojos en espiral danzando en todas direcciones.
- ¡Tonto! – dijo Ripper, aún tumbado en el suelo - Yo no… no necesité la luz azul para asociarme a su plan. Simplemente… quise hacerlo– agregó lastimeramente – No me importaba ayudarle, me prometió que podría quedarme… destruir a otros aunque pudiera ser mi mismo destino… con tal de volver a ver la luz… mejor muerto que otra vez por debajo de Roo… no podría soportarlo…
- Cuando diga de nuevo "Eucalipto" dejarás que el doctor Roo salga de nuevo y despertarás – dijo Brio con voz monocorde y Ripper lanzó un gemido de dolor, temblando ligeramente.
A la palabra mágica Ripper cerró los ojos, parpadeó fuerte y soltó otro gemido. Poco después el canguro se incorporó con dificultad debido a la camisa de fuerza. Sus ojos volvían a ser de un color negro normal y miró interrogadoramente al resto, sentándose en el suelo.
- ¿Y bien? ¿Ha funcionado mi plan?
