Advertencia: este es una historia yaoi (chicoxchico) si no te gusta este género les invito a dejar la historia.

Disclaimer: Harry Potter no me pertenece, son obra de JK. Rowling.

Nota: de aquí y mientras dure el primer año de Harry en Hogwarts para hablar de la piedra filosofal tomare diversas referencias de la serie fullmetal alchemist

OO

Capítulo 10

La mañana empezó perfecta para Harry a la hora de desayuno recibió una carta de su madre, al parecer su tío había regresado, armando una tremenda rabieta al saber que él no se encontraba en casa y que no volvería hasta navidad.

Fue muy reconfortante tener noticias de su familia, ya estaba ansiando que llegara la hora de volver a casa, más ahora que sabía que su tío regreso. En el gran salón todo estaba bullicioso esa mañana, exceptuando a la mesa de Slytherin donde la conversación que más resaltaba era la de Draco, que presumía a su grupo los finos chocolates franceses que le envió su madre, las demás eran calmadas conversaciones entre las serpientes de grados superiores, todo estaba tranquilo. Las otras mesas tenían una algarabía que hacia al gran salón estar lleno de vida, los que destacaban en ruido eran los Gryffindors, que reían a todo pulmón o hablaban a los gritos.

Draco miro con disgusto a la mesa de los leones, en verdad que ninguno tenía sentido de la decencia, arrugo la nariz al ver a uno de ellos reírse tanto que la comida a medio masticar resbalo de su boca cayendo de regreso a su plato, para horror del rubio el muy asqueroso siguió comiendo del plato como si nada –que desagradable- murmuro quitándole la vista, Weasley tenía que ser; su mirada se desvió esta vez a Harry Potter, no entendía su obsesión por ser llamado Phelps, un apellido tan vulgar y carente de valor en el mundo mágico, ¿quién en su sano juicio desearía cambiar un título tan representativo como el que otorgaba su nombre mágico por uno muggle carente de poder? en verdad le era aberrante tal ofensa al linaje mágico que corría por sus venas.

En verdad que no le hubiera prestado más atención que la dada a la mugre bajo sus zapatos de diseñador, si no fuera por lo que se encontraba en su cuello, era una magia poderosa debía admitir, pero escalofriante, en verdad le daba pavor el solo tratar de ver más allá de lo superficial. Una vez lo intento, había tenido la suerte de encontrar a Potter dormido en la biblioteca e intento tocar la gargantilla pero a medida que acercaba su mano sentía como su magia era succionada, su cuerpo se sintió enfermo, las náuseas lo atacaron y su estómago se contrajo, por supuesto que hizo lo que cualquiera en pleno juicio haría, se alejó rápidamente antes de que su magia fuera consumida, ese día termino devolviendo todo el contenido de su estómago y aun en contra de su voluntad, el ojiesmeralda se ganó su admiración.

¿Qué tanto poder tenía como para poder soportar esa tortura? Por culpa de ese objeto le era imposible ver el nivel mágico que poseía Potter, en verdad deseaba saber más de él, pero sería deshonroso que lo vieran hablando con un mestizo que además rechazaba su estirpe mágico, que vivía con muggles y sobre todo que era el enemigo jurado del señor al que una vez sirvieron sus padres, del cual aún esperaban su regreso.

Ajeno a el escrutinio mental de Draco, el ojiesmeralda terminaba de leer su segunda carta, suspirando miro el fajo frente a él, junto a la carta de su madre llegaron unas quince cartas más de parte de sus excéntricos conocidos, en verdad le daba risa los comentarios y tonterías que escribían, en la carta que acababa de leer había un vocabulario muy florido que hubiera escandalizado a Adara.

Decidió terminar después con la lectura de las cartas, por lo que podía adivinar algunas traían fotografías y quería darse el tiempo para disfrutar de las "hazañas" que narraban las cartas. Miro a su alrededor y observo a Hermione con varios periódicos, los gemelos ya no se encontraban en el gran salón a causa de su castigo –maldita McGonagall- y de momento su relación con sus compañeros de casa era nula, así que decidió acercarse a la única persona con la que podía hablar en esos momentos, su Athenea.

-Buenos días Hermione- canturreo acercándose a ella de manera juguetona.

-Buenos días para ti también Harry, ¿ya desayunaste? –contesto está sonriéndole.

-Sip, pero creo que robare un poco de tu puré de papa- se sentó al lado de la joven, frente a él apareció un plato donde sirvió una abundante ración de puré- ¿para qué tantos periódicos? ¿Alguna investigación?

-No, me suscribí al periódico El Profeta y como oferta especial me enviaron las últimas diez ediciones- exclamo emocionada.

Harry no dijo nada, solo la dejo leer mientras él comía, luego de haber saboreado el delicioso alimento tomo uno de los periódicos y lo empezó a ojear, la mayoría de los artículos eran cosas banales sin importancia, los únicos que si llamaron su atención fueron, uno que hablaba de las nuevas políticas de supresión contra los hombres lobos, las cuales serían discutidas y llevadas a votación para ver si eran aprobadas, el otro era sobre las refuerzos de seguridad dentro del banco Gringotts debido a un intento de robo, solo mencionaban sobre el ataque perpetrado muy superficialmente.

-Hermione ¿tienes el periódico que habla detalladamente de este suceso?

-Eso creo, déjame ver- rebusco entre los periódicos hasta que lo consiguió, extendiéndoselo.

Agradeció e inmediatamente comenzó la lectura.

"Las investigaciones continúan sobre el robo en Gringotts el 31 de julio, se cree que fue el trabajo de un mago o bruja oscuro desconocido. Los Duendes de Gringotts insistieron hoy que nada había sido tomado. La bóveda en la que se entró de hecho había sido vaciada el mismo día. "Pero no diremos qué era lo que estaba allí, así que mantén tus narices alejadas si sabes lo que es bueno para ti", dijo un Duende vocero de Gringotts esta tarde…"

El ojiesmeralda estaba impresionado, quien sea que trato de robar en ese banco eran alguien increíble, pero ¿que era tan importante que se arriesgó de tal manera para conseguirlo? En verdad no creía que una persona capaz de tal hazaña, hubiera hecho algo así solo por algunos galeones, debía ser algo sumamente valioso.

-Harry- llamo Hermione, este la miro interrogante y ella suspiro- es hora de ir a clases- le informó.

Fue en ese momento que el menor se dio cuenta de que ya la mayoría de los alumnos habían salido del gran salón.

O~O

Luego de haberse despedido de Hermione se dirigió a las mazmorras, ese día tendría su primera clase de pociones con su reciente adquisición, aunque este aun no era consciente de su decisión. Cuando llego, todos los de Slytherin se encontraban en sus asientos, relajados y seguros, en contraste los leones que se encontraban allí mostraban algo de nerviosismo, como presas en alerta esperando la llegada del depredador.

Era difícil decir si el estado intranquilo de los Gryffindors se debía a la sombría decoración del aula, que consistía en estantes con diferentes frascos que contenían extrañas substancias y objetos, algunos parecían aún con vida, el polvo, algunas telarañas junto a la tenue iluminación eran parte del encanto del lugar, o se debía a los chismes sobre la clase de pociones, el más popular decía que el profesor Severus Snape era alguien de temer, además de tener favoritismo por los alumnos pertenecientes a Slytherin, odiaba a los de la casa del león.

El momento de las clases llego, la puerta fue abierta estrepitosamente y por ella paso de manera elegante y orgullosa Snape.

-Nadie agitara sus varitas ni hará encantamientos tontos en esta clase- dijo el profesor con voz profunda y severa, mientras llegaba al frente de la clase con su capa ondeando al ritmo de sus pasos- por lo tanto…-se recostó suavemente del escritorio mirándolos de manera penetrante con sus ojos ónix- supongo que mucho de ustedes no apreciaran el valor que tiene la ciencia y el arte de la creación de pociones, pero aquellos que serán pocos…- miro a Draco y este le dio una sonrisa orgullosa- que tengan la predisposición…- tomo su capa y la cerro a su alrededor como un murciélago que pliega sus alas- les enseñare como dominar la mente y hechizar los sentidos, les diré como embotellar la fama general la gloria e incluso ponerle un alto a la muerte.

En ese punto Harry no pudo más que reír y su risa hizo eco en el lugar, todos voltearon a verlo, Severus Snape dirigió una mirada asesina en su dirección, una de las muchas cosas que el odiaba era que lo interrumpieran y sumándose a esto estaba el desprecio que sentía hacia Potter.

-Aunque quizás, muchos de ustedes hubieran venido a Hogwarts dotados de habilidades tan formidables que se sienten con la confianza de reírse del profesor- recalco las últimas palabras mirando al menor, el cual dejo de reír poco a poco a medida que él hablaba- ¿puedo saber que le resulta tan gracioso señor Potter?

El de cabello negro con puntas rojas suspiro- No soy Potter, es señor Phelps…

-Me importan poco sus problemas de identidad señor Potter- hizo énfasis en el apellido con un arrastrar de palabras- ahora responda- insto.

-… que personalidad tan adorable- susurro el menor con regocijo, por su parte a Snape la rabia le subía de forma visceral, la sonrisa complacida de Potter le traía recuerdos desagradables, por más que este se pareciera a ella; esa expresión no era de Lily, era la del desgraciado con el que su querida pelirroja tuvo la desgracia de procrear- mi risa proviene de las últimas palabras de su motivador discurso, ¿en verdad cree que es posible poner un alto a la muerte?- pregunto.

-Si no fuera así, no tendría ningún sentido mencionarlo ¿no le parece?

-Buen punto… lamento la interrupción- anuncio de manera sumisa, no sería él quien hablara sobre la verdad detrás de la muerte, una que era universal y todos la sabían, pero que muy pocos aceptaban.

-¡Potter! ¿Qué obtengo si añado polvo de raíces de asfódelo a una infusión de ajenjo?- indago demandante el mayor entrecerrando los ojos en dirección al ojiesmeralda.

Harry lo pensó por un momento, la cara del profesor era inexpresiva, de cierta forma le recordaba a su padre, aunque lo de él era natural, mientras la del profesor era producto de una acción consciente y premeditada, detrás de esa fría mirada se podía apreciar un atisbo de sentimiento, parecido al arrepentimiento que era nublado por el desprecio.

-Si hace esto se obtiene una poderosa poción de sueño, conocida comúnmente como la pócima de los muertos vivientes.

-¿Exactamente a donde iría si tuviera que buscar un bezoar?

-Si deseo conseguir un bezoar tendría que extraerla del estómago de una cabra.

-¿Qué es y para qué sirve?

- Un bezoar es una piedra y te salvará de la mayoría de los venenos.

Así siguieron durante los próximos quince minutos entre preguntas y respuestas, el menor para asombro del todos los presentes respondió a las preguntas realizadas, ya fuera mediante conocimiento, conjeturas, semejanzas o intuición cada cuestionamiento fue satisfactoriamente resuelto. Severus miro en ese momento de manera diferente al ojiesmeralda, era alguien inteligente no pudo negarlo, pero su conocimiento hacia contraste con la personalidad tan despreocupada y molestas de la cual muchos de los Slytherin se quejaban, la cual él mismo pudo apreciar.

La clase continuo luego de aquel intercambio entre el de cabellos negros con puntas rojas y el de ojos ónix, al parecer entre ellos se estableció un silencioso e inestable acuerdo de aceptación, al final de la clase Severus otorgo diez puntos a la casa de las serpientes y quito cinco a la de Gryffindor por un mal comentario de parte de Weasley menor. Todos salieron del aula de pociones una vez finalizada la clase, un único alumno seguía en su lugar.

-¿Desea algo señor Potter?- pregunto a su espectador al ver que este no decía nada, solo lo miraba recoger y ordenar los ingredientes.

-Nada… solo quería informarle que he decidido que usted es mío.

Severus por un momento lo miro incrédulo antes de volver a borrar toda expresión de su rostro, debía recordarse que Potter era un alumno, que pertenecía a Slytherin y principalmente que no debía hechizarlo.

-No sea estúpido Potter, por si no se ha dado cuenta apenas soporto su presencia ¿y usted se proclama mi dueño?- su tono era despectivo.

Harry se sintió emocionado, Severus Snape era alguien acostumbrado a la muerte, no solo a verla o a provocarla, el adusto profesor desde hacía mucho tiempo se entregó a ella, él solo vivía por vivir, tanto así era su desapego que no era capaz de sentir nada extraño provenir de él, de la misma forma que lo hacían Hermione o los gemelos, eso era encantador y le hacía deseara más esa alma cegada por el dolor.

-Pero querido profesor, usted no me odia a mí, odia a Potter…

-Puedo decirle que su personalidad es tan irritante como fue la de su padre.

-Ouch, eso dolió… y yo que pensé me parecía a mi madre, dígame ¿aún sigue añorando a Lily?- pregunto mirando esos oscuros ojos que por un momento se perdieron observándolo, pero Harry sabía que no lo veían a él, sino a su madre biológica.

-… Siempre- fue la única palabra que salió de sus labios antes de que se diera cuenta de lo que decía- Fuera- espeto tenso al darse cuenta de lo que acababa de decir, silenciosamente el pequeño Slytherin se fue, Severus se perdió la sonrisa complacida que adornaba su rostro.

Snape quedo en silencio hasta oír la puerta cerrarse detrás de él, una ola de magia emergió de su cuerpo destruyendo gran parte del aula de pociones, el dolor, la impotencia y por sobre todo el enojo corroían su mente, lentamente se acercó a lo que quedaba de escritorio, reparó la silla donde se dejó caer débilmente, se sentía cansado, sus fantasmas volvían. Nunca se arrepintió de lo que hizo en su juventud, sus manos manchadas en sangre, el odio hacia aquellos seres despreciables, servir a su señor, pero lo único que siempre lamento fueron los sucesos que vinieron luego de aquel fatídico momento en que escucho esa maldita profecía. Lo intento, en verdad intento remediar todo, vendió su vida a cambio de intentar salvar la de ella, tarde se dio cuenta de que era en vano y al final quedó atrapado en esa maldita situación de la cual ya no tenía escapatoria.

Un gruñido salió de sus labios, ¿Cómo pudo perderse en esos ojos esmeraldas tan parecidos a los de ella? Desgraciado mocoso y su parecido con su madre, ¿Qué quería obtener de él? ¿Cómo supo de sus sentimientos por Lily? Según lo que sabía, Potter no debería saber nada sobre el mundo mágico, era imposible que ese pequeño supiera legeremancia y aun si supiera nadie podía introducirse en su mente; con estos pensamientos en mente se dirigió a sus aposentos, necesitaba calmarse, agradeció que esa fuera su última clase de ese día. El Whiskey de fuego quemo su garganta y un suave ardor se extendió por sus entrañas, reconfortando su cuerpo, tomo asiento en el cómodo sillón que se encontraba frente a la chimenea y allí permaneció hasta la hora de la cena.

OO

Nota: Estoy en busca de un Beta reader, si hay alguien interesado avíseme.

Un agradecimiento muy especial a: Rebe Marauder, Mar91, Mra. De Horan, Tast Cullen, TsubasaClowLi, Himeno Sakura Hamasaki, por sus comentarios y su apoyo.

¡Gracias a todos los que comentaron y a los que siguen la historia!