Advertencia: Este capítulo tiene contenido sexual.


Líneas de tiempo

Capítulo X: Espíritu


Las rodillas de Miyu cedieron ante esa última revelación. Se sentía como una traidora y temía que sus amigos pensaran lo mismo de ella. No podía ni siquiera imaginarse apoyando los ideales de un ser tan ruin y despiadado como Hao, sin embargo, muchas cosas empezaron a hacer sentido con esa información. La familiaridad con la que ese sujeto se dirige a ella, el rencor de Hina Kazama, ese supuesto "poder oculto" que guarda en su interior…

"Un momento... Tsubaki dijo que Hao necesitaba del amor de la princesa Miyako para ser más poderoso, ¿tendrá relación con ese poder que está en mí?" Se preguntó en aquel instante, percibiendo cómo la atención de los shamanes presentes y las sacerdotisas del templo Kazama estaba centrada en ella. Miyu levantó la mirada y se encontró nuevamente con la imagen fantasmagórica de Tsubaki, quien le observaba con una expresión que no supo interpretar. ¿Estaría compadeciéndola por la conmoción que sentía? ¿O se sentiría dolida por haber sido traicionada por la reencarnación de su amada princesa? No lo sabía. A pesar de haber contado su historia, la guerrera seguía pareciéndole un misterio por resolver.

Y ante el silencio sepulcral, Tsubaki volvió a su relato:

— Miyu no era especialmente fuerte y sus habilidades como shaman eran bastante limitadas ya que ni siquiera tenía un espíritu acompañante, por lo que ninguno de los aliados supo explicarse la razón de su cercanía con Hao. — La mirada del espíritu permaneció enfocada en Miyu a medida que continuaba su historia y recordaba lo sucedido el año anterior. — En aquel entonces la señorita Kazama ya era fiel sierva de ese sujeto y, junto con otros shamanes aliados, rechazaban la idea de que Miyu fuera parte del equipo…


»Por lo que escuché, hace cuatro años Hao tuvo un gran número de aliados al momento de entrar al torneo de shamanes, pero durante su combate y consecuente derrota contra Yoh Asakura todos ellos desaparecieron. Algunos perdieron la vida y otros simplemente lo abandonaron. Hao estuvo solo durante largo tiempo, logrando reunir poco a poco a nuevos camaradas que cumplieran con sus expectativas. El año pasado conté a ocho sujetos siguiéndole, y entre ellos estaba la reencarnación de la princesa Miyako y la heredera del clan Kazama.

»Los aliados de Hao se encontraban ocultos en estas tierras y vivían juntos en el templo Kazama, lugar que permite ocultar la energía espiritual del exterior. Esta medida resultaba necesaria ya que todos —con excepción de Miyu— eran excepcionalmente fuertes. De ese modo Hao y los demás pasaron desapercibidos durante un largo período, aun teniendo muy cerca al perceptivo clan Asakura.

»Como mencioné antes, Miyu era cercana a Hao y resultaba evidente que tenía sentimientos por él. No obstante, al ser la más débil del grupo generó gran resentimiento entre sus compañeros, sobre todo en Hina.

»Yo veía todo lo que sucedía como una simple espectadora. Me mantenía oculta en las montañas junto a los otros espíritus, esperando algún día poder presentarme ante Miyu… hasta que Hao se percató de mi presencia y me increpó en medio del bosque.

»— Veo que no te has rendido. — Me habló un día de manera repentina, sorprendiéndome por la espalda. — Pero como puedes ver, Miyu ahora me eligió.

»Me volví hacia él y le miré con todo el rencor que guardaba en mí desde lo sucedido hace quinientos años. No me sorprendía que pudiera recordarlo todo. Su poder era inmenso.

»— ¡Eso es porque no recuerda el monstruo que eres! — Le grité sin poder evitarlo, a lo que él me respondió con una arrogante sonrisa.

»— Será mejor que no hagas nada imprudente, Tsubaki, o de verdad me aseguraré que tu alma no vuelva a ver la luz del sol. — Me sobresalté, recordando de golpe el horrible dolor que sentí al ser quemada por sus llamas infernales. — Creo que logras darte cuenta que soy incluso más fuerte que en aquellos años.

»— ¡Déjala en paz! ¡¿Acaso no ves que Miyako nunca será feliz contigo?! — Le supliqué, muy consciente de que no había nada más que pudiera hacer por mi querida princesa.

»— Miyu es la única esperanza que me queda en esta vida para cumplir mi objetivo. — Hao se encogió de hombros, como si él mismo no tuviera más opciones. — Poco me importa su felicidad o incluso si es o no una shaman fuerte, con su amor yo seré invencible.

»A medida que Hao hablaba sentía cómo la ira se apoderaba de mi incorpórea esencia. Él avanzó unos pasos hasta donde estaba yo y caminó a mi lado sin siquiera mirarme, retomando su camino, fuera cual fuera este.

»— Solo quieres aprovecharte de ella y usarla a tu beneficio… todo por ese poder que esconde en su interior… — Mascullé entre dientes. Aun sin saber nada del poder de Miyu sabía mejor que nadie que Hao solo la quería por eso.

»Él ni siquiera se inmutó.

»— Si tanto te preocupa que salga lastimada puedes convertirte en su espíritu acompañante, pero a estas alturas nada de lo que digas o hagas cambiará el hecho de que Miyu Yumemiya se convertirá en mi reina. — Declaró él con una sonrisa triunfal a medida que se retiraba del lugar. — Lo mismo va para ti, Hina. — Agregó sin siquiera volverse.

»Aquel comentario me sorprendió por lo que me giré para divisar a la tarotista oculta justo detrás de un árbol con ambas manos en la espalda. Lucía afectada por el comentario anterior.

»— ¿Hina… Kazama? — Musité extrañada. ¿Estaba escuchando nuestra conversación? ¿Cómo era posible que no haya sentido su presencia antes?

»— Las cartas me dijeron que si caminaba por este sendero encontraría la respuesta a mi pregunta. — Dijo Hina con solemnidad mientras se presentaba ante mí vistiendo un traje de miko. Yo no comprendí muy bien qué quiso decir con eso.

»— ¿La respuesta… a tu pregunta?

»— No entendía por qué esa chiquilla insignificante acapara toda la atención del señor Hao. — Soltó con una sonrisa insidiosa, refiriéndose a Miyu. — Todos le llaman "la favorita" a sus espaldas porque no hay absolutamente ninguna razón por la que él deba darle un trato especial en relación a sus otros aliados. Somos mucho más fuertes que ella. — Me estremecí. Hao Asakura ya no estaba en el sector, pero la presencia de Hina Kazama, una de sus aliadas más fieles, me producía la misma desconfianza. — Pero ahora entiendo todo. Esa mocosa tiene algo que el señor Hao necesita. Ahora me hace sentido que quiera convertirla en su reina en mi lugar. — Cerró los ojos y realizó un movimiento lleno de arrogancia. — Tengo todo lo que ella carece: belleza, dinero, poder… a fin de cuentas, soy la tarotista más fuerte del mundo y vengo de una familia espiritualmente prestigiosa. ¡No podía explicarme por qué la prefería a ella!

»Por sus comentarios y actitud era fácil deducir que esa mujer tenía sentimientos por Hao, pero tardé unos instantes en percatarme lo que eso significaba.

»— No me digas… ¡no me digas que tú…! — Exclamé, colocándome a la defensiva ante la idea de que ella tuviera la intención de lastimar a Miyu.

»— Tsubaki es tu nombre, ¿verdad? Nos has estado observando desde hace tiempo. Todos en el grupo lo notamos con excepción de esa condenada favorita. — Reveló. — Estoy segura de que notaste que ella está enamorada del señor Hao.

»Que lo dijera en voz alta y de manera tan obvia me dolió en lo más profundo.

»— Lo sé… — Acepté cabizbaja.

»— Bueno, claramente yo también lo estoy, pero… la respuesta que busco no es sobre eso. — Su sonrisa desapareció. Hizo una pausa solemne mientras volvía la vista hacia los enormes árboles que nos rodeaban. — Mi lectura me ha dado aviso de un futuro bastante oscuro, un futuro de caos y destrucción.

»— ¿El futuro?

»— Sí, será un huracán que se llevará todo y a todos… el despertar de un shaman que obtendrá un poder prohibido. — Volví la vista hacia ella, sin comprender. — Y cada vez que intento descubrir el detonante, la respuesta es la misma. — Hina Kazama lucía afectada al decirme todo eso. Noté cómo apretaba los puños y su mirada se agudizaba antes de volverse hacia mí. — Si Miyu Yumemiya permanece junto al señor Hao acabará perdiendo la vida. Eso provocará que él obtenga un poder que no podrá controlar y destruya todo a su paso, incluido a sí mismo. No quedará nada.

»— Entonces… ese shaman que obtendrá un poder prohibido y ocasionará tantos horrores… ¿Hao… por Miyako? — Deduje atónita.

»— Así es. Está claro que ese poder prohibido se esconde en Miyu y el señor Hao está en busca de él ya que no pudo convertirse en Shaman King hace tres años. Esa chica es el detonante. — Me explicó con seriedad. Yo no sabía qué pensar… ella podía estarme engañando, ¿no? Después de todo, era aliada de Hao. Hina avanzó unos pasos hacia mí y me dijo: — Tsubaki, no sé qué tipo de relación tuviste con Miyu en el pasado, pero puedo ver que le tienes gran estima. ¿Qué me dices si realizamos una alianza? Hay un par de compañeros más dentro del grupo que no están de acuerdo con la relación tan cercana que están teniendo Miyu y el señor Hao. No somos muchos, pero cuando les comenté acerca de mi predicción aumentaron sus deseos de separarlos, por el bien de ella, del señor Hao y del mundo entero.

»— ¿Por qué me estás diciendo todo esto? — Quise saber, desconfiada. — Tú eres aliada de Hao, ¿no es así? Tu prioridad debería ser realizar el deseo de tu señor.

»La mirada de Hina suavizó, bajó la cabeza un momento antes de responderme.

»— Sí, es por eso que la mayoría de los miembros del equipo le apoyarán hasta el final, incluso sabiendo que hacerlo devendrá en su propia destrucción. — Me dijo con un pesar que percibí sincero. — Pero quienes nos oponemos tenemos nuestras razones. La mía es proteger al hombre que amo y ayudarle a convertirse en el Shaman King de otra manera. Incluso si no se convierte en esa entidad tan poderosa, el señor Hao es el shaman más fuerte del mundo. Si quisiera realizar su deseo de erradicar a la humanidad podría hacerlo sin problemas. Se tardaría más en ello, pero definitivamente lo lograría.

»Al hablar, Hina y yo volvimos a encontrar miradas en silencio. En ese momento comprendí que estaba diciendo la verdad.

»— ¿Estás segura de querer hacer esto? — Le pregunté. — Ese sujeto es muy peligroso… si te descubre no dudará en matarte.

»— Descuida, me las sabré arreglar. Separarlo de Miyu es más importante. — Me respondió ella, dedicándome una sonrisa condescendiente. En ese momento buscó en su bolsillo y sacó un mazo de cartas. Noté que algunas de ellas estaban brillando. — Tsubaki, ¿en la época que vivías existía la cartomancia?

»— Sí, pero nunca tuve mayor conocimiento de ello… — Respondí sin comprender a qué se debía el cambio de tema.

»— Existen diferentes tipos. Yo uso el tarot, el cual no solo se utiliza para la adivinación. — Al decir esto, Hina me mostró la baraja extendida en una mano, hacia el lado de las ilustraciones. — Este tipo de baraja está compuesto por 78 cartas, de las cuales 22 son llamadas Arcanos Mayores. Estos Arcanos son los espíritus acompañantes que invoco selectivamente para ocupar sus poderes sobre mis oponentes o incluso sobre mí misma. Cada uno tiene un poder diferente. — Me explicó al momento de reunir nuevamente las cartas en un mazo y dejar que estas levitaran a su alrededor. Sus ojos empezaron a brillar en un fuerte color carmín y su cabello se movía al compás de la energía que la rodeaba. Solo entonces noté el gran poder espiritual que escondía esa mujer. — En el templo Kazama mis aprendices están esforzándose en dominarlos, pero la mayoría solo puede invocar a dos o tres Arcanos simples. Lograr mi nivel no es sencillo, sin embargo, también tengo la facilidad de que mi familia se ha especializado en esta arte durante siglos. — Una de las cartas que la rodeaban se detuvo ante ella. Hina la tomó con una mano y me la mostró: en la ilustración aparecía un hombre vistiendo una túnica ceremonial. — ¿Ves esta carta? Su nombre es "Le Pape", la carta "El sumo sacerdote". Con este Arcano puedo bloquear mis pensamientos y mi presencia de los demás, de esa manera el señor Hao no podrá leer mis intenciones. — Eso explicaba por qué no sentí su presencia mientras hablaba con Hao: debió utilizar esa habilidad para ocultarse. Hina vaciló un momento. Cerró los ojos y sus cartas poco a poco volvieron a reunirse en la palma de su mano, formando el mazo de hace unos momentos. — Sin embargo, esto solo servirá por un lapso corto. Su fuerza extraordinaria me impide utilizar los Arcanos por más de un minuto con él, por lo que solo activaré esta carta cuando me encuentre cerca suyo.

»— Eso será difícil. — Interrumpí. — Sin contar a Miyako, eres quien más está a su lado.

»— Ya no será así. — Reveló al momento de volver a la normalidad y guardar la baraja en su bolsillo. — Me iré a Tokyo a estudiar en una escuela pública. El señor Hao quiere que uno de sus aliados mantenga vigilado a Yoh Asakura, el hombre que lo venció en el torneo de shamanes, por lo que decidí encargarme de esa tarea. — Al decir esto me dio la espalda. — Será difícil estar sin el señor Hao por todo un año, pero al menos podré llevar acabo mi plan.

»— Ya veo… si te mantienes lejos podrás hacer de las tuyas sin que Hao se percate. — Concluí pensativa. — ¿Y tus aliados? ¿Ellos qué harán?

»— Uno de ellos vigilará a Miyu y el otro tiene una misión especial para cuando llegue el momento. Ninguno sabe todos los detalles de mi plan por lo que Hao no podrá invadir sus mentes en busca de respuestas claras.

»— ¿Y qué es lo que quieres que yo haga? — Quise saber, extrañada de que quisiera incluirme en su complot. Hina volteó hacia mí con interés.

»— Miyu necesita de una buena amiga en quien confiar, alguien que le advierta de Hao y evite que se enamore de él. — Al escucharle no pude evitar sonreír con ironía.

»— Es algo tarde para eso, Miyako ya está enamorada de Hao…

»— No será así por mucho tiempo. — Me corrigió al momento de mostrarme una de sus cartas. En su ilustración se leía "L'Amoureux". — Hay una carta que pienso utilizar en ella para redirigir sus sentimientos hacia otra persona. El Arcano "El amante" puede hacer que te enamores de la primera persona que veas, ¡y tengo al candidato perfecto para ella!

»— Y quieres que yo me asegure de que así sea… — Concluí, nada convencida de su idea.

»— Será peligroso para ti que le cuentes todo lo que sabes del señor Hao por lo que basta con que te conviertas en su espíritu acompañante y le refuerces la idea de que está enamorada de esta nueva persona. — Me explicó llevándose la carta al mentón con malicia. — No suena tan mal, ¿o sí?

»— No funcionará. — Le advertí. — Incluso si Miyako ama a otra persona, Hao la forzará a estar con él. Eso fue lo que sucedió hace quinientos años, no tendría por qué ser diferente ahora…

»Hina se sorprendió al oír esto. Estaba claro que ella no tenía idea de lo que nosotras habíamos vivido con ese sujeto y lo monstruoso que podía llegar a ser.

»— Pero… por lo que tengo entendido… si Miyu no le ama, Hao no podrá utilizar su poder oculto. — Recordó, pensativa. — Quizá tenga que ingeniármelas mejor, pero esto podría funcionar…


— ¡Un momento! — Miyu interrumpió de golpe el relato, incorporándose del suelo con la indignación hirviéndole la piel. — ¡¿Utilizaste esa carta en mí?!

La pregunta estaba claramente dirigida hacia Hina.

— Claro que sí. — Respondió ella desde el interior del dojo, aún atada. — ¿Quién se enamoraría del enano gruñón de Ren Tao a primera vista? Yo quería que te enamoraras de uno de mis aliados, pero el idiota no llegó a tiempo para salvarte de esos tipos.

— ¡¿A quién llamas enano gruñón?! — Saltó Ren furioso.

— ¡¿A Miyu le gusta Ren?! — Exclamó Horohoro, muy sorprendido.

— ¡Ahhh! ¡Ya cállate que a él le gusta Tamao! — Respondió Miyu, avergonzada de que su secreto saliera a la luz de esa manera.

— ¡¿TE GUSTA TAMAO?! — Ahora Horohoro estaba interrogando a Ren, quien se ruborizó de golpe.

— ¡Nos estamos desviando del tema! — Intervino Tamao, completamente roja.

— Entonces… ¿fuiste tú quien envío a "Los Salvadores" a atacar a Miyu esa noche? — Habló Yoh, quien tampoco salía de sí de la confusión.

— Sí, los manipulé con la carta "El Diablo" para descontrolar su pasión. — Le respondió Hina con fastidio. Miyu sintió un escalofrío al recordar que esos sujetos intentaron violarla. — Todo iba en orden hasta que Ren Tao apareció y Miyu acabó enamorándose de él.

Todos los presentes guardaron silencio, comprendiendo el escenario en su totalidad. "Eso quiere decir… que mis sentimientos por el príncipe no son reales…" concluyó Miyu, impactada. "Todas esas noches pensando en él, esos deseos de querer conocerlo más… esos celos… todo, ¿fue mentira? Incluso lo que siento ahora…"

— Todo eso fue… ¿por una de tus cartas? — Quiso confirmar la chica, llevándose una mano hacia el pecho aún sin poder creerlo.

— Sí, "El amante" aún está activo en ti. — Reveló la tarotista con indiferencia.

Los ojos de Miyu se llenaron de lágrimas que cubrió con sus manos. No entendía nada, ¿cómo era posible que una simple carta del tarot le hubiese hecho tener sentimientos tan bellos hacia una persona? Llevaba más de dos meses queriendo llamar su atención, buscando hablar con él sin obtener mayores resultados y ruborizándose cada vez que le veía de lejos. Ren era una persona fría, pero después de ese primer encuentro en el callejón Miyu sabía que en el fondo se preocupaba por los demás y estaba luchando por un mundo mejor, libre de odio y resentimiento. Incluso ella sin conocerlo demasiado podía sentir su bondad. Y no solo eso, también podía empatizar con la desdicha de Mei y más cuando se dio cuenta que ella estaba en una posición muy parecida. La del amor no correspondido.

Todos esos sentimientos, esa esperanza y ese dolor, ¿solo eran producto de un plan de Hina Kazama para apartarle de Hao?

En ese momento Yoh se acercó a Miyu y la tomó de los hombros, consciente de su malestar. Ella no reaccionó. Ren y Tamao les observaban en silencio, confundidos, para luego intercambiar miradas de forma accidental. Tamao apartó la vista de inmediato, sonrojada hasta las orejas. Sus sentimientos por Yoh no habían cambiado en lo más mínimo, no importaba cuantas veces Ren se le declarara. Pero no creyó que Miyu se involucraría en esa historia y mucho menos de esa forma.

Fuera como fuera, todas esas revelaciones le resultaban sorprendentes. Ella conocía a Tsubaki como uno de los espíritus del bosque que rodeaban el templo Asakura. Había conversado con ella muchísimas veces, pero jamás imaginó que su destino le unía a Miyu y a Hao de una manera tan fatídica. Mucho menos que todo ese asunto del pasado se relacionaría de una forma u otra con los líos del presente.

Cuando volteó hacia Tsubaki, Tamao notó que le dolía ver a Miyu tan afectada. La conocía lo suficiente como para saberlo.

La aparición tardó un poco en retomar su relato:

— Hace un año atrás Hina Kazama ideó todo este plan para separar a Miyako de Hao, pero la situación cambió poco después de nuestra conversación. — Al decir esto, la atención de los presentes volvió a centrarse en ella. — Hina partió a Tokyo y durante su ausencia Hao desapareció. Nadie sabía dónde estaba, lo que provocó que los aliados se disgregaran en su búsqueda. — Al oír esto, Yoh recordó el día en el que Hina llegó a su salón como una simple estudiante nueva. — Quise aprovechar la desaparición de Hao para convertirme en el espíritu acompañante de Miyako y protegerla de sus sentimientos por ese sujeto, pero a los pocos días ella también desapareció. — Tsubaki hizo una pausa en la que cerró los ojos. — Cuando la volví a ver, meses más tarde, estaba viviendo en el templo Asakura y no conservaba ninguno de sus recuerdos, ni siquiera sabía cómo impedir que los espíritus del bosque la poseyeran e hicieran fechorías con su cuerpo. Y me dediqué a observarla… hasta ahora.

Tsubaki levantó la vista hacia Miyu y la historia cerró. Se produjo un silencio absoluto entre los oyentes. La muchacha había dejado de llorar, sin embargo, aún se mantenía cabizbaja y cerca de Yoh.

— Ahora entiendo por qué frecuentabas tanto el templo cuando Miyu vivió con nosotros, Tsubaki. — Habló Tamao con suavidad, dirigiéndose hacia la aparición. — ¿Sabes? El señor Yohmei la encontró a orillas de uno de los ríos de la montaña. Al parecer un espíritu había estado utilizando su cuerpo para hacer travesuras a los aldeanos.

— Investigamos por todas partes y no conseguimos dar con su familia o con personas que le conocieran. — Intervino Yohmei desde el interior del dojo. — Dejarla sola representaba un peligro para ella misma y para el pueblo, así que decidimos encargarnos de su bienestar. Es bastante irónico que Hao y sus aliados hayan sido los referentes que necesitábamos.

— Supimos su nombre ya que lo llevaba escrito en la espalda. — Relató la abuela Kino junto a su marido. — Es probable que la persona que lo escribió tenga relación con ese extraño intervalo en el que tanto Hao como Miyu desaparecieron y nadie supo de ellos. — Este comentario hizo reflexionar a Yoh, quien observó discretamente a Hina. Ella ni se inmutó.

— Quién hubiera imaginado que esa chica era el amor que tanto estabas buscando… — Comentó Tamao mientras dedicaba al espíritu una sonrisa llena de calidez.

La expresión de Tsubaki se desarmó un poco al oír eso. Tomó una pequeña pausa antes de acercar sus fantasmagóricos pasos hacia Miyu, quien seguía siendo consolada por Yoh.

— Ayer percibí tu presencia en el bosque mientras te dirigías hacia el templo Kazama. — Le dijo Tsubaki a Miyu de manera suave. — No tenía idea de la trampa que te pondría Hina, sin embargo, cuando vi que Hao y tú habían vuelto a reencontrarse aún sin sus respectivos recuerdos supe que todo estaba perdido. Mantuve mi distancia del templo, sin saber nada más, hasta que noté que tu vida corría peligro y no pude evitar poseer tu cuerpo y ayudarte. Hao y Hina me reconocieron fácilmente. — A medida que hablaba, la desesperación en el tono de voz de Tsubaki resultaba cada vez más palpable. Sus ojos lucían empañados. — Sabía que mis acciones iban a tener consecuencias, pero yo ya no pensaba en nada. Solo en protegerte, Miyako. — Dicho esto, un par de brillantes lágrimas resbalaron de sus mejillas. — Durante todos estos años… eres en lo único que pienso.

En ese momento, Miyu finalmente levantó la vista hacia ella. Lucía frágil y emocional, como si su llanto no solamente se limitara a los quinientos años de búsqueda de la princesa. También lloraba por aquella época feudal en la que tuvieron su romance prohibido, lloraba por toda la frustración que debió sentir con cada prometido que intentaba cortejarla, lloraba por Hao. Miyu no estaba en su posición, pero la entendía. La guerrera debió haber sufrido muchísimo durante su vida y aquel sufrimiento no hizo más que prolongarse con la muerte.

Sus miradas se encontraron y Tsubaki, llorosa, reconoció en su amada una fuerte determinación.

— Tsubaki, quiero que seas mi espíritu acompañante. — Declaró Miyu mientras daba un paso hacia el frente y extendía una mano hacia la aparición. — Quiero que me ayudes a derrotar a Hao.

Tsubaki no salía de sí de la sorpresa. Los puños que mantenía apretados en su digna postura aflojaron y su expresión contenida suavizó.

— Mi… Miyako… — Susurró sin apartar la mirada de Miyu. Ella acortó aún más las distancias y acercó ambas manos hacia el rostro fantasmagórico, intentando sostenerlo a pesar de su incorporeidad.

— Lo siento mucho. — Los ojos castaños de la chica se inundaron de lágrimas y una sonrisa llena de dolor se dibujó en su semblante. — Tendrás que empezar a llamarme Miyu porque… ya no soy Miyako.

Solo entonces Tsubaki abandonó su impecable postura y se inclinó hacia adelante, rompiendo en un llanto desconsolador. "Es cierto. Miyako se ha ido", pensó la guerrera sintiendo cómo su corazón era despedazado al comprender algo tan evidente. No quería admitirlo, durante mucho tiempo luchó contra el duelo de haber perdido a su querida princesa, pero ya no había forma de evitar el dolor. Miyako se había ido. No existía otra respuesta. El telón acababa de cerrarse para ambas.

— Sí… gracias, Miyu. — Susurró con un hilo de voz mientras se aferraba como podía al cuerpo de su nueva shaman, quien la recibía amorosamente entre sus brazos.

Los demás presentes guardaban silencio, conmovidos ante la escena. Yoh sonrió muy tranquilo al verlas juntas. Miyu finalmente había encontrado a su espíritu acompañante por lo que ya podía convertirse en una shaman hecha y derecha.

No obstante, sin previo aviso Ren volvió sus pasos hacia el interior del dojo, acaparando la atención de sus compañeros shamanes.

— ¿Qué sucede, Ren? — Preguntó Yoh, curioso.

— ¿Qué hay de ese sujeto? — Ren ignoró al castaño y realizó aquella pregunta con un tono firme y autoritario. Hina no tardó en percatarse de que le estaba hablando a ella. Todos permanecieron expectantes.

— ¿Qué sujeto? — Quiso saber la tarotista.

— No te hagas la tonta. Me estoy refiriendo al tipo que lastimó a Tamao.

— ¡Joven Ren, no es necesario…! — Saltó la aprendiz de cabello rosa, muy avergonzada.

— Ah, ¿Bulat? — Le respondió Hina alzando una ceja. — Era un idiota. Odiaba a las mujeres y creía que Miyu estaba intentando seducir al señor Hao por beneficio propio. — La tarotista se encogió de hombros y, observando a Tamao, esbozó una media sonrisa. — Pensé que sus poderes serían suficientes para acabar con ella, pero no creí que la aprendiz del templo Asakura fuera tan fuerte. Felicidades por matar al segundo miembro más débil del equipo del señor Hao~

— ¡¿Estás bromeando?! ¡Tamao terminó en el hospital por culpa de ese sujeto! — Le gritó Ren con violencia, acortando distancias entre él y la prisionera con lanza en mano.

— Oye, cálmate, Romeo. ¿Acaso no escuchaste la historia? Mi objetivo siempre fue acabar con Miyu, que tu querida Tamao Tamamura haya interferido para protegerla no estaba en mis planes. — Le respondió Hina, fastidiada de no poder alejarse de Ren debido a los amarres en su cuerpo. — Si elegí enviar a Bulat en ese momento fue porque debía aprovechar la ausencia del señor Hao y yo me encontraba en Tokyo vigilando a Yoh Asakura. No quería generar sospechas hacia mi persona, al menos no tan pronto. Ese fue mi gran error. De haber sido yo y no Bulat, ni Miyu ni Tamamura hubiesen sobrevivido al ataque.

— ¡Te voy a…!

— Basta, Ren. — Yoh frenó en seco a su compañero, quien se encontraba a punto de atacar a Hina con su arma. Ren cerró los ojos y obedeció a regañadientes, alejándose de ella mientras dejaba escapar un gruñido y la penetraba con la mirada.

El shaman del cabello castaño avanzó unos pasos hasta quedar frente a la tarotista aún aprisionada. A sus espaldas se hallaban sus amigos y las sacerdotisas del templo Kazama, quienes permanecían alerta ante cualquier amenaza que fuera a afectar a su líder. Nene en lo particular se encontraba desde hace un buen rato apuntando la cabeza de Ren con una de sus flechas. Él lo sabía.

— Si el resultado de que Miyu y Hao sean aliados es tan nefasto para todos, te ayudaré. — Declaró Yoh en voz alta, dirigiéndose hacia Hina y desconcertando a los testigos.

— ¡Yoh! — Exclamaron Miyu y Horohoro, sorprendidos por esa inesperada propuesta.

— Pero… no quiero que lastimes a Miyu. — Continuó Yoh muy serio. — Si quieres mi apoyo, tendrás que prometerme que no volverás a intentar nada en su contra.

Hina le observaba fijamente sin decir nada, sin esbozar expresión. No obstante, Horohoro y Ren intervinieron antes de que ella pudiera responder.

— ¡Yoh, no puedes confiar en esa mujer! — Le advirtió el shaman de hielo.

— ¿Acaso no ves que es una mentirosa? — Increpó Ren con fastidio.

Yoh ignoró a sus compañeros y volteó hacia Tsubaki, quien aún se encontraba abrazada a Miyu.

— Tsubaki, si decidiste revelarnos tu historia a costa del silencio que has mantenido durante todos estos años, significa que la vida de Hina Kazama es valiosa, ¿no? — Le preguntó el shaman.

— Ella es la única que entiende lo peligrosa que es la unión entre Hao y Miyu. — Le explicó la aparición. — Y a pesar de que ha cometido actos horribles, creo… creo que en su lugar hubiese hecho lo mismo por la persona que amo…

— De acuerdo. Eso es suficiente para mí. — Sentenció Yoh esbozando una sonrisa llena de tranquilidad.

— ¡Pero Yoh…! — Saltó Horohoro preocupado. A su lado, Ren fulminó al castaño con furia contenida.

— Tranquilos, estoy seguro de que ahora Hina sabe que le conviene tenernos de aliados, ¿no es así? — El shaman se acercó a la tarotista y se colocó en cuclillas frente a ella dedicándole una expresión llena de relajo mientras soltaba sus amarras. La prisionera se puso en tensión y analizó en silencio sus movimientos con evidente desconfianza. Yoh Asakura siempre terminaba sorprendiéndole de un modo u otro, y eso no era algo fácil de hacer. Al cabo de unos minutos, Hina volvió a ser libre. — Anda, ya no estás sola. — Murmuró Yoh cerca de su oído de manera suave y cómplice.

Aquello consiguió desconcertar a la tarotista, quien volvió la mirada hacia él sin saber qué decir. El heredero de la familia Asakura parecía estar hablando en serio, pero aun así no creía que entendiera del todo la situación. Apoyarla significaba oponerse a los verdaderos deseos de Miyu y luchar contra un destino que parecía inevitable. ¿De verdad podía confiar en él? ¿Sería capaz de condenarse a sí mismo y a sus amigos a una muerte segura?

— ¿Y? — Le preguntó Yoh al momento de incorporarse. — ¿Qué dices?

Hina se llevó una mano hacia la muñeca contraria, notando lo marcadas que tenía las cuerdas en cada sector de su cuerpo. Suspiró y asintió en silencio. ¿Acaso tenía otra opción?

— Gra… gra… — Balbuceó Hina con una voz inaudible que fue rápidamente solapada por Horohoro.

— ¡Ah, qué desastre! Ahora no solamente tendremos a Hao y a "Los Salvadores" al acecho, sino que también compartiremos bando con esta traidora. — Comentó él, desaprobando abiertamente la decisión de Yoh. — Eres un desconsiderado.

— Jijiji. — Rio Yoh, acostumbrado a los reproches de sus amigos. — Pues… ¿qué puedo decir? Incluso si Hina es una de las aliadas más fieles de Hao no creo que sea como él.

— Eso tú no lo sabes… — Intervino Ren, también disconforme por la nueva alianza.

— ¡Pues yo digo que confiemos en el instinto de don Yoh! — Propuso Ryu con entusiasmo. — Aunque… tal vez a la señorita Miyu no le parezca…

— ¿Eh? — Saltó Miyu, sorprendida. — ¡Por mí no hay problema! Ahora que conozco sus razones no tengo motivos para resentirla. — Cuando la chica dijo esto el rostro de Yoh se iluminó y la tomó de los hombros con una gran sonrisa.

— ¡Muchas gracias, Miyu! — Le dijo, consciente de que después de lo sucedido su aprobación era la más importante. — Hina no es mala, ya verás que tengo razón. ¿No es así, Tsubaki? — Preguntó, ahora dirigiéndose hacia la guerrera. Ella también se sorprendió y asintió tímidamente.

— Yoh. — Habló de pronto Yohmei con firmeza. — La familia Kazama nos supera en poder. ¿Estás dispuesto a correr el riesgo de confiar en esa muchacha?

Yoh volteó hacia su abuelo y asintió muy seguro. Las sacerdotisas aprovecharon la oportunidad para entrar al dojo y rodear a su líder. Todas se encontraban muy preocupadas por ella.

— Hina, ¿puedes levantarte? — Preguntó Nene dispuesta a asistirla en caso de que lo necesitara.

— Sí, descuida. Solo me duelen un poco las extremidades. — Le respondió la tarotista mientras se incorporaba del suelo con algo de dificultad. Los ambientes de guerra parecieron disiparse después de eso. Ya no había rehenes ni razones para pelear.

— Por cierto Miyu, no olvides pedirle que te quite ese hechizo de encima o seguirás enamorada de este sujeto tan amargado. — Al decir esto Horohoro apuntó a Ren, quien saltó de inmediato con el comentario.

— ¡¿Qué fue lo que dijiste, gusano?! — Furioso, Ren se volvió hacia Horohoro con puño alzado, dispuesto a iniciar una pelea con él. Miyu se llevó un índice al mentón y reflexionó un instante.

— No, está bien así. — Respondió la chica con una sonrisa, sorprendiendo a todos, sobre todo a Yoh, a Ren, a Tamao y a Tsubaki.

— ¿Eh? — Soltó Yoh, sin comprender a qué venía eso. ¿Acaso Miyu quería seguir enamorada de Ren? "¿Por qué?"

Sin decir palabra, la chica volteó hacia Ren y le miró a los ojos con seguridad. Él se sobresaltó, sintiéndose extrañamente intimidado por ella.

— Mantén tu carta activa un tiempo más. Hay algo que necesito hacer. — Pidió Miyu a Hina, quien lucía sorprendida ante esa petición.

Yoh se puso tenso y observó a Miyu sin decir nada. Le producía conflicto que quisiera seguir hechizada por la carta de Hina, pero no sabía explicarse la razón. No era la gran cosa que gustara de Ren, ¿no? A nadie le afectaba. "Sí, a nadie…" pensó Yoh, no muy convencido.

No obstante, había otro tema pendiente que pasó por alto hasta ese momento.

— ¿Estás bien con eso? — Quiso saber.

— ¿Eh? — Ahora Miyu volteó hacia él, extrañada de su pregunta.

— Después de escuchar la historia de Tsubaki no me parece conveniente que recuperes tus recuerdos. — Declaró Yoh con seriedad. — Si lo haces probablemente recuperarás tus sentimientos por Hao, y si de verdad quieres volver a empezar, deberás renunciar a ellos. — Miyu se sobresaltó. No había caído en cuenta de eso… si Hina y Tsubaki estaban tan empeñadas en alejarle de Hao y ella misma había decidido convertirlo en su enemigo, lo lógico era renunciar a todo su pasado. Yoh le observó fijamente antes de volver a preguntar: — ¿Estás bien con eso?

En silencio, Yoh y Miyu se miraron a los ojos. La chica tragó saliva, nerviosa. Sin lugar a dudas le preocupaba su pasado, necesitaba saber dónde estaban sus padres o si tenía amigos que le estuvieran buscando o extrañando… pero, por otro lado, permanecer enamorada de Hao y deseando apoyarlo no lucía como un panorama demasiado alentador. Fueran cuales fueran los motivos de la Miyu del pasado, él era un ser malvado. Debía convertirse en su enemiga a toda costa. "Si fui capaz de enamorarme de alguien así… quizá mi pasado no sea algo que valga la pena recordar."

Miyu dejó escapar un suspiro antes de declarar con firmeza:

— Sí. Como te dije esta mañana, quiero ser tu aliada, Yoh.

Él sonrió ampliamente al oír su respuesta.

"Descubriré quién soy sin la necesidad de recuperar mis recuerdos… si con eso puedo protegerme de mis verdaderos sentimientos, lo haré" decidió Miyu en su fuero interno.

Una nueva etapa estaba por venir. Podía sentirlo.


Un mes transcurrió en un abrir y cerrar de ojos. Yoh, Ren, Horohoro, Ryu y la recientemente integrada Miyu entrenaron duramente en la cueva de Yomi para fortalecer sus habilidades. Yohmei se encargó en especial de Miyu, quien se encontraba descubriendo sus poderes ahora que tenía un espíritu acompañante. Las técnicas de la castaña se basaban en las habilidades de Tsubaki, por lo que Kino investigó al respecto y le hizo entrega de un abanico de acero que le serviría para realizar la posesión de objetos. Era el arma perfecta para hacer ataques rápidos y fluidos, los cuales parecían ser la especialidad de la guerrera.

Para sorpresa de todos los chicos, Miyu avanzó a pasos agigantados en su entrenamiento, alcanzando fácilmente un nivel similar al de Ryu en su primer año como shaman.

Hina en ocasiones solía visitarles para hablar con los abuelos de Yoh acerca de los gastos concernientes a la reconstrucción de su templo. Cuando eso sucedía, Yoh la invitaba a quedarse a cenar, para fastidio de Horohoro y Ren, quienes rechazaban abiertamente a la tarotista.

Hasta que un día, de manera inesperada, Miyu le pidió a Ren continuar con la prueba que tenían pendiente, claro, con el recordatorio de disminuir las condiciones en compensación por lo sucedido con su cabello.

— Ganas si me logras dar un solo golpe, ¿entendido? — Anunció Ren mientras se colocaba en posición con lanza en mano y Bason a su lado. Ambos se encontraban en las afueras de la cueva de Yomi, donde solían entrenar. Los demás shamanes les observaban expectantes.

Mientras Ren vestía su uniforme negro de combate, Miyu lucía uno de los trajes blancos con detalles rosa hechos por Mei. La energía espiritual que emanaba era color rosa y su abanico cambiaba a una tonalidad similar combinada con blanco, ganando decorados de camelias rojas cada vez que era poseído.

— ¿En serio van a combatir? — Preguntó Yoh, algo preocupado. Si bien Miyu era mucho más fuerte que hace un mes, no era rival para Ren. "Además… ella está…" Yoh detuvo sus pensamientos en este punto, sacudiendo su cabeza con consternación. No quería pensar en eso de nuevo. Si Miyu estaba enamorada de Ren era por el hechizo de Hina, además, ¿qué más daba? Definitivamente no era su problema.

Por su lado, la castaña observaba al heredero de la dinastía Tao llena de confianza. Su empoderamiento le hacía lucir completamente diferente en relación a sus anteriores combates.

Cuando Ryu dio la marca, ambos se abalanzaron el uno contra el otro. Ren no tardó en mandar a volar a Miyu con sus increíbles estocadas, sin embargo, el resultado ya no era desastroso como antes. Ella aterrizó con destreza y balanceó su abanico en un elegante movimiento, expulsando en el acto varias cuchillas espirituales que él se vio obligado a esquivar hasta que no tuvo más opción que detenerlas con su propia arma. Sin poderlo prever, Miyu apareció justo atrás de él, quien se encontraba imposibilitado de voltear debido a su primer ataque.

— ¡Tsubaki! — Exclamó la chica mientras tomaba el abanico con ambas manos. — ¡Posesión de segundo grado!

— ¡¿Qué?! — Gritó Ren sorprendido.

— ¿En qué momento aprendió la posesión de segundo grado? — Se preguntó Horohoro atónito desde su lugar de espectador.

— Ni idea… — Le respondió Yoh con una expresión similar sin apartar la mirada de Miyu, quien acababa de convertir su elegante abanico en una katana de guerra.

— ¡Te tengo! — Exclamó la chica al momento de atacar a Ren por la espalda, sin embargo, él sonrió de medio lado y desapareció justo frente a sus ojos. — ¡¿Cómo?!

— ¡Bason! — La voz del muchacho se escuchó justo arriba de ella, donde Ren se encontraba con una gigantesca posesión. — ¡Muéstrale el poder de tu cuchilla dorada!

Miyu recibió el enorme ataque de Ren como muchas otras veces había hecho. El sector de la playa designado como campo de batalla se iluminó por completo con el poder espiritual del muchacho. El mar de las cercanías generó oleadas en sentido opuesto a la orilla y el ambiente tardó unos segundos en normalizarse.

— Vaya… has mejorado. — Comentó él con indiferencia al momento de aterrizar sobre una gran roca que se alzaba en medio del terreno. El pétalo de una camelia danzó a su alrededor.

La chica se hallaba en la misma posición donde fue atacada, no obstante, había protegido su cuerpo del impacto con la ayuda de un campo protector creado por su poder espiritual. El viento ondeaba violentamente a su alrededor, provocando que numerosos pétalos de camelia le rodeasen.

— ¡Increíble! — Exclamó Horohoro. — No puedo creer que haya mejorado tanto en un mes…

— No olvides que Miyu es especial. — Comentó Yoh, sonriendo ante la escena.

— Es cierto. Su poder oculto le permite avanzar rápidamente como shaman.

— No… no es solo por eso… — Este comentario atrajo la atención del shaman de hielo y de Ryu, quienes voltearon hacia Yoh con curiosidad. — Ella…

En contra de lo previsto, Miyu dejó caer una de sus rodillas, interrumpiendo la frase de Yoh y provocando la preocupación de los testigos.

— Sigues siendo… muy fuerte… — Comentó la chica con agitación. Había usado mucho poder espiritual en poco tiempo. Una de sus rodillas se encontraba apoyada en la arena mientras que la otra se esforzaba en sostener su peso. — Pero… ¡no me rendiré! — Anunció al momento de ponerse nuevamente en guardia con katana en mano.

— Muéstrame lo que puedes hacer. — La desafió Ren dejándose caer de la roca con una maliciosa sonrisa colada en los labios.

El enfrentamiento que vino a continuación fue una lucha al filo de la espada, uno contra uno, empleando fuerza, agilidad y potencia espiritual en cada choque. Apenas Miyu pudo reconocer una apertura se lanzó sin dudarlo, generando gran suspenso en los espectadores, sobre todo en Yoh, quien tragó saliva al ver cómo la chica perdía un poco el equilibrio en ese último ataque.

— Aún te falta mucho. — Corroboró Ren esquivándola sin dificultad y volteándose hacia ella sin inmutarse siquiera. Miyu no logró imitar el gesto para continuar el combate pues, sin entender por qué, su cuerpo cayó pesadamente contra la arena. "¿En qué momento…?" Se preguntó mientras sentía las nuevas heridas en su cuerpo. — Los ataques más efectivos son los que no pueden verse. — Agregó él confianzudo mientras situaba una mano en su cintura y veía a la chica derrotada desde su posición.

Tal parecía que el combate estaba resuelto, sumando una nueva victoria para Ren. Pero Miyu se incorporó débilmente desde el suelo para decir:

— Lo mismo digo… — Afirmó, volteándose justo a tiempo para confirmar una pequeña apertura en la zona del muslo del pantalón de su rival.

— ¡¿Cómo?! — Exclamó él, desconcertado al comprobar la tela rota.

— ¿En qué momento sucedió eso? — Se preguntó Horohoro, aún atónito por el combate.

— ¡Señorita Miyu, usted es genial! — Exclamó Ryu emocionado.

Una vez finalizada la batalla Yoh se precipitó hacia la chica con una gran sonrisa y la felicitó apenas llegó a su lado.

— ¡Miyu, lograste pasar la prueba de Ren! — Le dijo mientras tomaba su brazo y lo colocaba sobre sus hombros para ayudarla a ponerse de pie. Miyu intentó incorporarse aprovechando el impulso y el soporte que Yoh le brindaba, sin embargo, estaba un poco mareada después de sostener un combate tan intenso y apenas se levantó volvió a caer. — Oh, oh, oh… ¿estás bien?

— Creo… creo que necesito un momento… — Pidió ella con suavidad. — Puedes adelantarte al templo. No te preocupes.

— ¿Estás bromeando? ¡Hoy es un día para celebrar! — Y dicho esto, sin aviso ni permiso, Yoh la tomó entre sus brazos, sorprendiendo no solo a Miyu sino también a todos los presentes.

— ¡¿Yoh?! — Exclamó la sorprendida chica completamente roja.

El shaman del cabello castaño le guiñó un ojo y la cargó como a una princesa, encaminándose de este modo por la orilla de la playa que exhibía una hermosa puesta de sol.

— Ese Yoh es un sinvergüenza… — Comentó Horohoro una vez su amigo se retiró con Miyu en brazos. — No quiero ni imaginarme lo que le haría Anna si lo viera…

— Solo está jugando, como siempre. — Habló Ren caminando en sentido contrario de Yoh, hacia las montañas. Horohoro y Ryu voltearon hacia él con curiosidad.

— ¿A dónde vas? — Quiso saber Ryu.

— Seguiré entrenando. No me esperen para cenar. — Y al decir esto, el heredero de la dinastía Tao se retiró sin mirar atrás.

Aun cuando no lo dijera, para Ryu y Horohoro resultaba evidente que le molestaba haber sido derrotado por Miyu en su propia prueba. En silencio, el shaman más alto volteó a observar a Yoh y a la chica, quienes ya se encontraban a cierta distancia de ambos.

— Ese tonto nunca descansa… — Comentó Horohoro sin apartar la mirada de la espalda de Ren.

— Horohoro… — Le llamó Ryu, provocando que el shaman de hielo voltease hacia él con extrañeza. La expresión del mayor lucía muy seria, como si acabase de percatarse de algo importante. Sin embargo, al final Ryu se volvió hacia su amigo con una gran sonrisa. — Vamos a comprar las cosas para la cena de esta noche.

— ¿Eh? ¿Y por qué tengo que acompañarte? — Se quejó Horohoro.

— ¿Ves a otra persona por aquí? Anda, no seas quisquilloso.


Los impresionantes colores del atardecer hicieron que Miyu olvidara por completo el doloroso esguince que se había hecho en el pie durante la batalla contra Ren. Las olas lamían suavemente la orilla de la playa y, en ocasiones, la marea subía y mojaba los pies de Yoh, quien parecía bastante cómodo a pesar de ello. Tanto él como la chica permanecieron en silencio durante largo rato.

Por su lado, los espíritus de Amidamaru y Tsubaki se encontraban siguiendo a sus shamanes, cautivados por los cálidos colores del cielo. Ren y los demás ya se encontraban muy lejos.

— Yoh… — Miyu fue quien habló primero, atrayendo la atención del shaman. — Tu prueba.

— ¿Eh? — Soltó él sin entender, deteniendo el paso aún con la chica en sus brazos.

— Tienes que decirme cuál será tu prueba. — Insistió ella tímidamente. — Todos lo hicieron: Hina, Horohoro, Ryu, incluso Ren me puso una prueba para ser parte de tu equipo… ¿cuál será la tuya?

— Uhm… déjame pensar. — El chico reflexionó un instante. Miyu se puso en tensión, expectante a su respuesta. — Ah, ya lo tengo. — Yoh volvió la mirada hacia la muchacha, quien tragó saliva con nerviosismo. Él acercó su rostro con complicidad y la observó con una cálida sonrisa. — Tienes que sonreír sin importar las dificultades que enfrentes.

Miyu se sorprendió. Era mucho más simple que las pruebas anteriores. No tenía que buscar nada ni sobrevivir en una montaña o a una difícil batalla o a la caída de un edificio.

— Suena sencillo. Es lo que siempre haces. — Admitió ella. Yoh dejó escapar una risilla.

— Pues sí, pero es algo importante de recordar. — Le respondió el castaño. Vaciló un momento antes de volver a hablar: — ¿Ahora puedo hacerte yo una pregunta?

— Claro.

— ¿Por qué le pediste a Hina mantener su hechizo sobre ti?

A Miyu le causó un poco de extrañeza que Yoh le preguntase esto. Podía notar que a pesar de su semblante amable sus músculos estaban un poco rígidos.

— ¿Te refieres a…? — La chica no completó la frase. Era evidente que él se refería a lo de la carta de Hina, "El amante." — Pues… quería pelear contra Ren con estos sentimientos, incluso sabiendo que son falsos. — Le confesó. — Quería saber qué se sentía desafiar con todas mis fuerzas a la persona de quien estoy enamorada porque… si tengo la oportunidad de pelear contra Hao quiero ser capaz de vencer lo que siento por él. Incluso si no lo recuerdo, es posible que ese amor esté dormido en alguna parte de mí. — Al decir esto, Miyu bajó la mirada y se llevó una mano hasta el pecho.

— Entonces… querías probarte a ti misma. — Concluyó Yoh.

— Sí… algo así…

— ¡Qué alivio!

— ¿Eh? — Miyu levantó la vista hacia él, sorprendida por esta reacción. — ¿Por qué?

— No lo sé, pero es un alivio saber que esas eran tus intenciones. — Yoh no podía mentirle a Miyu, simplemente no sabía cómo explicar lo que sentía. Todo era demasiado nuevo para él. Al menos, la chica tuvo la certeza de que su sonrisa llena de relajo era sincera. — Supongo que ahora podrás volver a la normalidad…

— ¡Sí! Aunque quizás extrañe estar enamorada de él. — Admitió ella un poco avergonzada. — Es un sentimiento doloroso pero muy bonito, ¿sabes? Es tal y como lo muestran en las películas. No, no, diría que es mejor aún.

La sonrisa de Yoh se apagó un poco al oírle hablar con tanto entusiasmo de su amor por Ren, pero aun así se mostró interesado:

— Vaya… suena bien.

— ¡Tú debes saber de eso mejor que yo! Tienes a Anna después de todo. — Comentó Miyu con la misma alegría y sin pensarlo siquiera. Yoh se limitó a responderle con una sonrisa y continuó su camino tranquilamente. Sin comprender el motivo, este silencio perturbó a la chica, quien percibió cierta incomodidad en el ambiente. — ¿Yoh?

— ¿Qué ocurre? — Su tono de voz seguía siendo amable, pero esta vez él no le miró.

— ¿Tú… estás enamorado de Anna?

Yoh se detuvo en seco al oír esta pregunta. ¿A qué venía eso? "Está claro que…"

Pero un sonido intermitente interrumpió cualquier atisbo de respuesta o pensamiento.


Al interior de las montañas, en las cercanías de donde se encontraba el templo Kazama —aún en remodelaciones—, Hina se encontraba tomando un baño bajo una cascada. Varias de sus aprendices estaban hospedándose en el templo Asakura, tal y como se lo ofreció el señor Yohmei, mientras que otras más orgullosas volvieron a sus hogares de manera temporal o derechamente decidieron hacerle compañía y dormir a la intemperie.

Yoh había sido bastante insistente para que aceptara quedarse en uno de los muchos dormitorios disponibles en su templo, sin embargo, a sabiendas de los riesgos Hina siempre lo rechazaba. Era lo suficientemente perceptiva como para saber que hacer algo así le dejaría a merced de Ren Tao y Horohoro, dos miembros de su equipo que no confiaban nada en ella. Incluso ella misma en ocasiones dudaba de las palabras de Yoh.

"¿Realmente quiere ayudarme a separar a Miyu del señor Hao? ¿No estará engañándome otra vez?" Hina se preguntaba esto mientras el agua fría bañaba su cuerpo desnudo de la cabeza a los pies. Independiente de que su hogar estuviera en reparaciones, este ejercicio era algo que solía hacer para meditar y elevar sus energías.

Mantuvo los ojos cerrados durante bastante tiempo hasta que reconoció una presencia ajena a la suya merodeando los alrededores. Observó de reojo su entorno y, a pesar de no ver a nadie, prefirió prevenir y adentrarse tras la cascada, quedando oculta de cualquier ojo externo. Aquí se encontraba una cueva lo suficientemente amplia como para adentrarse al menos unos metros y guardar su yukata completamente seca. Hina la buscó y cubrió su cuerpo con ella.

Hizo una pausa en tanto intentaba descubrir de dónde venía esa presencia. Todo estaba en completo silencio. "¿Habrá sido mi imaginación?" Se preguntó en tanto se acercaba con desconfianza hacia el agua cristalina que caía copiosa desde la parte superior de la cueva.

De improviso, una figura oscura apareció y se abalanzó contra ella, empapándose en el acto al atravesar la cortina de agua. Hina intentó gritar pero fue inmediatamente callada por una mano cuyo dueño la acorraló y la redujo de manera violenta contra el fondo de la cueva. La muchacha reconoció inmediatamente su mirada dorada y el cabello negro que ahora caía mojado sobre sus hombros.

— Puede que Yoh confíe en ti, pero yo no lo hago. — Le dijo Ren Tao mientras forcejeaban. — No creas que me tragué por completo el cuento de ese espíritu. Sé que aún hay muchas cosas que estás ocultando.

El chico se vio en la obligación de inmovilizar a Hina con ambas manos, reteniendo sus muñecas de lado a lado, dejando su boca libre y confiando que sus gritos no serían oídos. Estaban en un sitio lo suficientemente oculto y la cascada de por sí era bastante ruidosa.

— ¿Aún te sientes culpable por haber hecho ese pequeño trato conmigo? — Le preguntó la mujer observándole de frente y utilizando sus venenosas palabras como mejor sabía. — Deberías relajarte. De todas maneras no logré lo que quería.

— ¡Cállate! Voy a torturarte hasta que me digas dónde está Manta. — Le amenazó Ren muy molesto mientras llevaba agresivamente una mano hasta su cabello, jalándoselo desde la raíz y consiguiendo que dejara escapar un grito lleno de dolor.

Hina intentó escapar, pero la fuerza física del shaman era superior y no llevaba su mazo de cartas consigo. Con tanto movimiento, la yukata poco a poco se fue soltando, revelando parte de sus muslos y sus senos desnudos. Ren, por su parte, venía del combate con Miyu por lo que su lanza no estaba demasiado lejos, pero con la finalidad de atrapar y retener físicamente a Hina para que no pudiera utilizar ninguna de sus artimañas la dejó atrás. Debido a eso, no podía lastimarla con el filo de su arma. Tampoco podía ahogarla en el río hasta que confesara ya que se arriesgaba a ser visto por alguna de sus molestas aprendices.

Tal y parecía que solo le quedaba una opción. Ren deslizó sin cuidado una de sus manos bajo la yukata de Hina, acariciando sin reservas su intimidad. Esto la atrapó completamente desprevenida.

— ¡¿Qué haces?! — Saltó la tarotista, entrando en verdadero pánico. — ¡No me toques!

— Dime lo que sabes o se pondrá peor. — Le advirtió Ren muy serio. Movía su clítoris de manera circular y agresiva, provocando que la chica emitiese un gemido lleno de incomodidad.

— ¡Ren, por favor detente! — Le suplicó Hina, sintiendo cómo sus mejillas empezaban a encenderse. — No me gusta esto… por favor, me duele…

— ¡Habla o te violaré aquí mismo! — Amenazó él sin piedad.

Hina intentaba apartarse, pero Ren iba en serio y logró retenerla con el peso de su cuerpo. Le jalaba el cabello con la misma fuerza que acariciaba su sexo, sin ningún tipo de consideración ni estima. Ella ni siquiera estaba segura de que el muchacho estuviera disfrutando eso, sin embargo, sentía cómo su propia entrepierna se humedecía en contra de su voluntad. El muchacho aprovechó la oportunidad para liberar su erección y dirigirla hacia ella a pesar de no encontrarse preparada.

Cuando la tarotista notó que Ren pretendía penetrarla, intentó zafarse desesperadamente mientras las lágrimas escapaban de sus ojos.

— ¡No toques… el cuerpo de Kaho! — Le suplicó en llanto.

Él frenó en seco, sin entender a qué o a quién se refería. Sin embargo, esto no fue lo único que lo detuvo. Un sonido intermitente se dejó oír a pesar del ruido de la cascada y los gritos de la muchacha.


Mientras todo esto ocurría, Horohoro y Ryu también escucharon ese extraño sonido aun encontrándose en la tienda comprando lo necesario para la cena de esa noche.

— ¿Qué es eso? — Preguntó el shaman más alto a pesar de que el sonido le resultaba bastante familiar.

— Eso es… — Horohoro hurgó rápidamente en su bolsillo y encontró el origen del sonido. La expresión de Ryu cambió de inmediato al ver de qué se trataba.

Aquel aparato que no habían utilizado en cuatro años, aquel que llevaban consigo por mera nostalgia. La pantalla del oráculo virtual estaba encendida y el sonido era producto de una alarmante noticia.


NOTAS DE LA AUTORA:

Y así termina la primera saga del fic.

Me tomaré algo más de tiempo en las siguientes publicaciones ya que tengo muchos proyectos pendientes, pero tengan la seguridad de que terminaré esta historia.

Próximamente publicaré un spin-off llamado "Interludio" con escenas exclusivas no relacionadas a la trama principal. ¡Espérenlo con ansias!

Y por favor no olviden dejar reviews, estos me motivan muchísimo a mantener el ritmo.

¡Nos vemos en la próxima actualización!