Capitulo X
Múltiples Visiones

Mientras Alice y Esme sacaban sus mejores dotes de estilistas para arreglar a Renesmee, yo esperaba afuera por una oportunidad para pedirle disculpas. Ya casi estaba acostumbrada pues he cometido errores muy seguidos. Podría decirse que ya es mi tradición (no muy buena al parecer).

Al cabo de 15 minutos decidí ir a cambiarme. En intercambio de Navidad, Alice me regalo un vestido verde azulado; no lo había querido usar si no hasta una ocasión especial, y esta era la indicada. Una vez arreglada volví a mi lugar de espera: enfrente de la puerta de Renesmee.

-¿Nerviosa?- era Edward

-Un poco- sentí que una de las comisuras se curvo, haciendo una mueca insegura.

-Estas esperando que te ignore toda la fiesta, te diga que no quiere hablar contigo y que cometiste una tontería.

-¡Maldita sea! ¡Tengo una mente demasiado predecible!

-Gracias a eso, mi frustración por no poder leerte la mente se termino, ahora solo disfruto de tus expresiones- esbozo una gran sonrisa.

Di un largo soplido.

-Es como si tuviera un letrero en la cara que diga todo lo que pienso.

-Si así lo fuera, todo el que te mirara ya sabría que somos vampiros, y que hablabas dormida…

-Uf! Ni lo menciones. No me gusta recordar lo que decía- me reí

-Recuerdo que una vez dijiste algo sobre un cocodrilo… no querrás escuchar el resto- soltó una risita ahogada.

-Definitivamente no- después nos reímos juntos

-¿Cual cocodrilo?- pregunto Alice en tono confuso asomando medio cuerpo

-Nada, olvídalo- ojala y no hubiera escuchado lo demás.

Esme salio y seguidamente Alice.

-¿Terminaron?- pregunte algo ansiosa

-Si, tenemos que cambiarnos así que con su permiso- dijo Esme mientras caminaba rumbo a su habitación y Alice a la suya.

-Es tu oportunidad- dijo Edward refiriéndose a Renesmee

Y toque la puerta.

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Renesmee

Faltaban 5 minutos para bajar, tenia una gran emoción, pero al mismo tiempo una gota de nerviosismo. Odiaba tener que sentirme nerviosa porque comenzaba a tener nauseas y mareos. No podía sentirme así hoy, pero tampoco podía evitarlo.

-¿Renesmee estas ahí?- tocó mamá la puerta de mi habitación

-Si, pasa- hable intentando controlar la sensación nauseabunda de hace un momento.

-¿Estas bien?- se sentó en el borde de mi cama con aspecto de acusada con motivos.

-Solo es… no, no es nada

Suspiro y volvió sus ojos hacia mi.

-¿Sabes? Estos últimos días he metido la pata en repetidas ocasiones y ayer no fue la excepción.

-Se que no lo hiciste por molestarme, porque yo también me he puesto a pensar en lo mismo esta semana- abrió los ojos sorprendida.

-¿Qué?

-Tal y como lo escuchas, por eso reaccione así ayer, creí que nadie se daría cuenta.

Transcurrieron unos segundos silenciosos, ella estaba demasiado sorprendida y yo enfadada conmigo misma.

-Consideras que debería…

-No en absoluto nunca me podría enojar contigo.

-Lo hubieras dicho antes de que me comieran con la mirada.

-Lo siento-disculparme era lo menos que podía hacer
-Las he pasado peores.

-Como…-dije multiplicando el sonido de la "o"

-Veamos,- dijo mientras intentaba recordar-mi conversión, bueno, obvio nadie la pasa bien.

-¿Y como fue tu etapa de neófita?-

Sonrió casi riendo.

-No lo se. Nunca lo supe; tenía un autocontrol increíble del que ningún neófito podría tener. Imagínate, solo la primera tentación que me pusieron enfrente, y no precisamente tú, salí huyendo como si yo fuera la perseguida.

Nos reímos juntas, pero luego caí en cuenta de un punto de mi lista de preocupaciones.

-¿Porque lo preguntas?

Suspire

-Siento que soy anormal, o algo así.