Hola!

A todos aquellos que estaban pensando que ya nunca volvería por aquí, se equivocaron. Después de poco más de un año, aquí estoy de nuevo, y esta vez, por fin, con el capítulo final.

Solo agradecer a todos los que habéis estado siguiéndome estos años, por vuestro interés en mi historia y haber aguantado estos largos recesos entre capítulo y capítulo. Yo misma para escribir este he tenido que leer la mayor parte de la historia, y creo que es un buen final. Ya no más finales abiertos. Asi que hasta aquí llego Amigos. Muchas gracias de nuevo por todo.

CAPITULO FINAL: AQUELLA PROMESA

Ranma. Con aquel simple nombre empezaban y terminaban cada uno de sus problemas. No había sido fácil evitar a Shampoo, y Mousse le acababa de informar que Ranma había vuelto y la estaba buscando.

Sentado a su lado, el chico de gafas la observaba, buscando la manera de ayudarla mientras su bolsillo vibraba a cada nueva señal de móvil de llamadas que no le apetecía contestar. Por un lado, las de la vieja matriarca, lo cual sólo significaba problemas y seguramente miles de maldiciones para su familia por generaciones. Después, el idiota que les había llevado a aquella situación y del que no sabía muy bien que pensar, insistía y no se rendía, porque si daba con él, daría con ella. Y por último Shampoo...no podía, no podía cogerle, porque si lo hacía...perdería el sentido común como le pasaba siempre ante cualquier palabra de ella, y necesitaba su cerebro para poner un final a esa situación.

-Akane, creo que la pregunta es sencilla, ¿Qué es lo que tú quieres? No pienses en lo que deberías hacer o no, sino en lo que realmente quieres...-miró disimuladamente su reloj de muñeca que marcaba las diez de la noche. Sentados en la oscuridad del aula de manualidades, sabían que nadie los encontraría.

-Nunca me planteé nada de todo esto, ¿Cómo iba a pensar que no podría elegir? ¿Que a los dieciocho me casaría con un desconocido?- mantenía la cabeza enterrada entre sus piernas, mientras su cabello cubría casi la totalidad de estas y cualquier parte de su rostro que pudiera resultar visible.

-Lo entiendo, pero piensa el lado bueno, es Ranma, sino hubiese sido él ahora estaríamos hablando de Kuno-intentó bromear con ella, y como respuesta recibió una débil carcajada amortiguada por las extremidades femeninas.

-Quizá eso lo haga más complicado, si al menos él sintiese algo por mí o yo por él...

-Deja de mentir- la voz seria y ruda de su amigo le hizo dar un respingo y alzar la vista, con el rostro lleno de rastros de lágrimas recientes- todos sabemos que hay algo por parte de los dos, sino tú no estarías aquí tan asustada, ni él buscándote como un loco.

-Quizá tengas razón- esbozó una sonrisa nostálgica y triste- nunca he sentido algo por alguien Mousse, mientras que a ti te gustaba Shampoo, a ella le gustaba Ranma, Ukyo y Ryoga empezaban a salir...todo eso, me resultaba tan incomprensible, tan ilógico...que creo que aun a día de hoy soy incapaz de entenderlo.

-Sabes que no es verdad, empiezas a entenderlo, y puede que sea porque algo dentro de ti ha cambiado-apoyó su cabeza contra la pared en gesto cansado.

-No lo sé, tengo la sensación de que estoy viviendo un sueño y que en cualquier momento despertaré años atrás, antes de París, antes de aquel beso, y me reiré de esta estúpida angustia.

-No es un sueño.

-En el fondo lo sé, pero siento una especie de dejavú que me hace dudar de todo, de que decida lo que decida, o haga lo que haga, terminaré en un mismo punto, en algo que ni siquiera sé qué es.

-¿Qué hay con Ranma?

-Premio para el caballero por formular la pregunta del millón de yenes- apoyó la cabeza igual que él y dejó que se deslizase hasta acabar sobre el hombro de su amigo-intentaré ser sincera contigo, quizá diciendo las cosas en voz alta me aclare un poco, aunque lo dudo-suspiró con pesadez, le costaba mucho hablar de todo eso- cuando pasó lo del beso, sentí algo diferente...no sólo en ese momento...es difícil describirlo, pero cuando me escuchó, me habló...su comprensión, su amabilidad...me deslumbraron, creí en él ciegamente, me hizo sentirme tan segura...

-Akane...-acarició su cabello con lentitud, pero fue interrumpido antes de empezar.

-Déjame terminar Mousse, porque si no lo digo ahora, no sé si podré decirlo en voz alta. Cuando vino esta tarde la abuela de Shampoo, no sólo vino a hacer valer sus derechos, nos enseñó pruebas de su relación...fotos de ellos besándose, tocándose...me sentí traicionada y me fui de allí, porque dolía, aunque todavía no sé muy bien porqué.

-Sí lo sabes, te dolió como me duele a mí cada vez que los veo juntos, Akane, si te duele...es que ya es muy tarde para cualquier cosa que te pueda decir, él pasó a ser alguien importante para ti, y pronto...él será más importante que cualquiera de nosotros- ella se separó por acto reflejo.

-¡No! Eso nunca pasará...

-Nunca digas nunca, por una vez tendrás que creer a este idiota enamorado- sus ojos conectaron por unos segundos, y en el momento en que los labios de ella temblaron, su respiración se hizo descompasada y el rubor cubrió sus mejillas, él supo que la había perdido para siempre, que la niña que alguna vez conoció se había dado cuenta de la verdad.

-¡No! ¡No! ¡Mientes! ¡Él no significa nada para mí! ¡Nada!-la escuchó gritar, golpeando la pared con rudeza, y estuvo allí cuando se derrumbó entre lágrimas al darse cuenta que ya no podía engañarse ni a sí misma.

No notaron la sombra que había presenciado las últimas palabras y su abrazo, no lo notaron hasta que su voz cortó el silencio que sólo era roto por los gimoteos de ella.

-Está bien- Akane y Mousse, aún abrazados miraron asombrados hacia la puerta, donde la figura de espaldas de Ranma se distinguía con claridad- no pensaba que te resultaba tan...-no encontró las palabras para describirse, porque decirlo sería reconocerlo, y sabía que dolería- no te preocupes, puedes quedarte con él, hablaré con nuestros padres.

-¿De qué demonios hablas Saotome?- Mousse lo detuvo segundos antes de que desapareciese por la puerta. Cuando éste se giró, su mirada hizo temblar a Mousse, nunca le había visto en una actitud tan seria, ni siquiera en las finales de los campeonatos. Apretaba la mandíbula, y sus ojos brillaban más de la cuenta ¿Vidriosos?

-Creo que está claro, por eso me decías que no me acercase a ella, ¿verdad? Dime, ¿Es ésta tu venganza? ¿Piensas utilizarla como yo utilicé a Shampoo?- en cuanto lo dijo supo que se había equivocado, y el sabor metálico en su boca tras el choque con el puño del chico de gafas, le confirmó que se había pasado. Pero él la tenía, la había escondido de él, para abrazarla, para ponerla en su contra, ¿Qué esperaba que hiciese?

-¡Ya basta!- la voz femenina no sonó tan firme como su dueña había ideado, sin embargo sirvió para que ambos la mirasen. En ese momento Ranma se dio cuenta de sus lágrimas, y de que aún llevaba la ropa de aquella tarde aunque la odiara.

-Sólo la consolaba, estúpido, yo no tengo la mente tan sucia como tú- argumentó mientras salía por la puerta- Saotome, haznos un favor y empieza a utilizar el cerebro ¿De acuerdo? Hay cosas que no podrás solucionar con fuerza bruta.

-Mousse..-pero el chico hizo como que no le había escuchado, y por segunda vez en el día, volvían a estar solos.

-¿Es cierto lo que has dicho? ¿Hablarías con nuestros padres?-ella seguía allí, donde su amigo la había dejado, abrazándose a sí misma con la mirada perdida en algún punto del suelo- ¿Quieres romper el compromiso?

-Creí que era lo que tu querías-dijo a la defensiva.

-Esa no ha sido mi pregunta, ¿Quieres acabar con esto?

-No-contestó con rotundidad- sólo pensé que tú y Mousse..

-Mousse es mi mejor amigo, y me conoce mejor que yo a mi misma, necesitaba hablar con él-alzó su vista, con la mirada aun perdida-nunca podría haber nada en ese sentido, es como el hermano mayor que nunca tuve, le necesitaba para aclararme un poco.

-¿Aclararte? Creí que habíamos quedado...

-Y yo creí que habías roto con Shampoo-lo dijo con rencor, buscando la mirada azulada, que no la esquivo al establecer contacto.

-Y lo hice-una sonrisa burlona se asomó a sus labios- ¿Podría ser que estés celosa?

-¡Claro que no!-contestó tan rápido, que los dos supieron que era mentira antes de que terminase.

-No sé porqué lo niegas, yo estaba celoso de Mousse hace unos minutos- él se ruborizó, ella llevaba tiempo ruborizada, sin embargo la oscuridad del lugar les protegía a ambos. Se hizo el silencio por unos segundos.

-No sé porqué deberías estarlo, al fin y al cabo no es como si esta relación la hubiésemos elegido nosotros- Ranma suspiró, ella había esquivado la pregunta.

-Y aun así seguirás negándolo-susurró él, de repente su actitud cambió, y al alzar de nuevo los ojos, ella supo que cualquier atisbo de juego había terminado- ¿Qué pasaría si yo quisiese estar contigo? ¿Si todo esto sólo fuese una oportunidad que no estoy dispuesto a perder?

-No bromees.

-Sabes que no estoy bromeando-se acercó a ella, invadiendo su espacio personal, dejando atrás la timidez infantil que se hacía presente cada vez que se trataba de ella- Contéstame- aferró el brazo de ella con fuerza. La chica parecía un cervatillo a punto de echar a correr- Joder, Akane, sé que no es fácil, las cosas nunca han sido fáciles para nosotros, pero ¿Tan horrible te parece el intentarlo? Lo que te dije ayer, lo que te dije en la playa...no te he mentido en ningún momento. Cuando me enteré de todo esto, me fui de casa una semana, a mí también me parecía una idea descabellada...pero cuando volviste...ni siquiera te reconocí y sin embargo quería saber todo de ti.

-¿No me reconociste?-el atisbo de duda en sus ojos marrones le hizo entender que ella intentaba entenderle y creerle, pero para eso debía ser totalmente sincero, aunque eso significase tirar su orgullo por el desagüe.

-No te reconocí hasta después de haber aceptado que entrenases con nosotros- ella se sorprendió.

-Por eso aceptaste tan rápido-murmuró para sí misma- no he cambiado tanto.

-Tu forma de ser no ha cambiado, pero la forma de esconderte sí-él aflojó el agarre sobre su muñeca- durante años, tu aspecto masculino, te protegía de que alguien se aprovechase de tu forma de ser, para los demás, era imposible que alguien tan bruto, pudiese ser como tú eres en realidad. Eres débil, Akane, siempre lo has sido, intentando que todos seamos amigos, ayudando al que lo necesita, protegiendo a aquel que creías indefenso...siempre has sido mejor persona que yo, y ahora, tu aspecto frágil y femenino...

-¿Me estás llamando débil? ¿Crees que tú hubieras llevado mejor que yo esta situación? No fue fácil vivir en París, dejar todo esto, joder, si no fuese por Mousse y Ryoga hubiera dejado hasta las artes marciales...-empezó a gritar sin poder contenerse, ella no era débil, ¿Qué sabía él que siempre había tenido todo lo que había deseado con el mínimo esfuerzo?

-Akane, sabes tan bien como yo que te sacrificarías por cualquiera, acabas de reconocer que renunciaste a todo por ellos, por nosotros...

-Eso no significa que...-intentó argumentar ella.

-Te quiero-el suspiro masculino llegó con claridad hasta sus oídos, dejándola en shock. Notó los brazos protectores de su amigo de la infancia envolverla y como su mano derecha se desplazaba para acariciar su pelo. No hizo nada para evitarlo. Sintió cómo él inspiraba con fuerza sobre su cuellos, y como sus labios rozaban su clavícula de manera inconsciente. Él se sentía liberado después de tantos días de pensamientos encontrados, de deseos reprimidos...y ella, ella se dejaba hacer porque no tenía la fuerza para apartarle, ni una razón clara para corresponderle.

-Tú no...-se atrevió a decir, pero fue cortada de nuevo por la boca ansiosa del moreno, que ahondó en su beso con una necesidad desmedida. No supo cuando sus brazos se colgaron del cuello de él, ni cuando su lengua se había adaptado al baile frenético de la de su compañero, pero lo sintió tan natural, que su mente se quedó totalmente en blanco en esos momentos, dejando hablar a su cuerpo.

-Es mejor de lo que recordaba- susurró él una vez se separaron ligeramente, lo suficiente para poder respirar, sin romper el contacto, mejilla contra mejilla. Ella no pudo evitar que una sonrisa orgullosa se formase en sus labios. Él recordaba sus besos a pesar de haber besado un sinfín de labios.

Él la quería. Eso era algo que le costaba procesar. Aquello era distinto a cuando Ryoga se le había declarado a los doce años. Ranma hablaba de algo mucho más serio, y los sentimientos de ella eran muy distintos a los que alguna vez sintió por el chico de la pañoleta. Se separó un poco más. Tantos años de insultos habían mermado la seguridad en sí misma y su autoestima, tanto, que por mucho que el chico ante ella pareciese sincero, le costaba creer aquello, a pesar de su sonrisa, de su abrazo, de sus besos...las fotos que había visto aquella tarde se habían garbado a fuego en sus retinas y no mostraban una escena muy distinta a la que acababa de suceder, ¿Acaso había alguna diferencia?

-Shampoo...

-¿Por qué tienes que nombrarla?-sonó enfadado. Y cansado. ¿Qué más podía decirle? Creía que tras su declaración, las dudas de ella se esfumarían, y al menos sabría que todo por parte de él era cierto. Y ahora aquella maldita pregunta.

-¿Qué fue ella?

-Me equivoqué- ¿Qué más podía decir? Sentía cariño por la amazona, y una atracción física innegable, aquella mujer era pura dinamita, un explosivo demasiado peligroso para su gusto-creí que podíamos llegar a algo más...

-Pero te equivocaste-repitió ella.

-Ajá-la actitud tranquila de la peliazul le hacía dudar de si era algo bueno o algo malo lo que estaba por avecinarse.

-¿Qué te hace pensar...que esto no es otra equivocación?- la pregunta le pillo de improviso, y la miró como si ella hubiese dicho una locura.

-Porque lo sé...

-El amor no es suficiente...

-...

-Tú y yo nos parecemos demasiado, somos orgullosos, nos pasaríamos el día discutiendo...

-¿Cuánto tiempo más vas a buscar excusas?Joder, te he dicho lo que siento, he admitido que me equivoqué, que quiero estar contigo, ¿No es eso motivo suficiente? -perdió los estribos, porque con ella siempre era así, una montaña rusa que en el momento en que parecía que todo iba bien, daba un giro brusco y te ponía el estómago en la boca- ¿Qué más quieres? Las relaciones no son matemáticas, no son ciencias puras, ¿Quieres que te diga que todo va a ser perfecto? ¿Qué todo será tan maravilloso como en esas series de la tele? No voy a decir nada de eso, porque sé lo mismo que tú...o menos...porque todavía no sé ni lo que sientes.

-¿Crees que voy besando por ahí a cualquiera? ¿O dejando que me besen? A diferencia de ti, tú eres la única persona que he besado en mi vida, ¿Eso no te aclara nada?

-No, porque eso no me dice hasta que punto estás dispuesta a seguir adelante-y se enfrentó a ella, de nuevo, cansado ya de dar vueltas a lo mismo- me...

Esta vez fue él el que fue callado por ella, notó el movimiento tímido e inexperto de sus labios, y con los ojos aún abiertos, a pesar de la oscuridad azulada, quizá por la cercanía podía distinguir el rubor en las mejillas de ella. Dulce, infantil, inexperta.

-No...no puedo darte nada más que esto-tartamudeó ella una vez se separaron. Él pareció tomar una actitud reflexiva por unos momentos, para después volver a atrapar su muñeca.

-No tengo muy claro lo que me ofreces...pero sea lo que sea estoy dispuesto a intentarlo-y tiró de ella hasta dejarla pegada a él y besar sus labios hasta el agotamiento. Había poder recuperar todo ese tiempo perdido.

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2 años más tarde

Estaba nerviosa, y a pesar de lo que el resto dijese, aquello le parecía una auténtica locura. Se miró en el espejo comprobando que el maquillaje y el peinado seguía perfecto, mientras ella se mantenía sin vestir, en un sugerente conjunto de ropa interior blanco.

Era septiembre, y aunque el calor todavía azotase, los días se habían vuelto más templados. Oyó el motor en la entrada de su casa, indicando que su soledad pronto terminaría. Minutos después una radiante Ukyo hizo su aparición en la puerta.

-Ranma se va a morir cuando te vea así- soltó con una risita. Ella sonrió nerviosa. Su amiga traía lo que le había pedido y lo colocó sobre la cama- ¿Nerviosa?

-Demasiado, creo que ya he ido tres veces al baño- se quejó.

-Quizá es que estás embarazada- argumentó la castaña, recibiendo una mirada furibunda de su amiga.

-Ni lo menciones, tengo a Nodoka que ha llenado los armarios de mi cuarto de baño de tests de embarazo, con una imaginándose cosas ya tengo suficiente- se empezó a vestir, ayudada por su amiga.

-Pero no me digas que no sería mono ver a un pequeño Ran-chan correteando por ahí- las dos se lo imaginaron por unos momentos y se echaron a reír.

-Creo que esperaré algun tiempo, hasta que alguno de vosotros tenga un hijo, necesito a alguien sensato para bajarle el ego a un hijo de Ranma-guiñó un ojo a su mejor amiga.

-¿Te imaginas? Quizá dentro de unos años podríamos convertirnos en familia- a Ukyo la idea le parecía divertida.

-¿Crees que Ryoga dejaría a su hija salir con un hijo de Ranma?

-¿Crees que Ranma dejaría a su hija salir con un hijo de Ryoga?- y ambas rieron a carcajadas, imaginándose a los dos posesivos hombres defendiendo a sus hijas.

-Será divertido-la mujer recuperó la compostura y terminó de vestirse, sino se haría tarde.

-¿Estás segura de esto?- Ukyo contempló a su amiga a través de su espejo. Ella se mordió el labio involuntariamente, llevándose parte del brillo de labios.

-Es la tradición-argumentó mientras retocaba su maquillaje- de todas maneras nada ha sido muy lógico desde que esto empezó, ¿No?

-Ranma y tú nunca habéis sido muy normales, por no hablar de vuestras familias.

-Ni nuestros amigos-hizo una mueca de burla a la castaña y ella sonrió. Aunque sus cuerpos hubiesen cambiado, y miles de cosas alterasen su vida, seguían siendo aquellas niñas que juntas crearon un desastroso castillo de arena de princesas en su primer día en la guardería. Aquellas, que se escaparon del colegio para ir a patinar sobre hielo el día de una tormenta de nieve. Las únicas que peleaban con chicos. Las mismas, que en ese momento sonreían ante el espejo.

-¿Crees que ella vendrá?- los recuerdos eran algo imposible de evitar, y en todos sus recuerdos infantiles, la amazona se encontraba en cada uno de ellos, siempre presente, a pesar de que hacía casi dos años que no la habían visto, su presencia no había desaparecido, sobretodo después del escándalo que organizó con su marcha.

A Akane le dolía, no tanto por la chica, sino por él. Su amigo no había sido el mismo desde su marcha. La quería, por mucho daño que ella pudiera causarle, la seguiría queriendo, y a medida que pasaba el tiempo, se daba cuenta que ese sentimiento nunca desaparecería. Se sorprendió cuando llamaron a la puerta, Ukyo fue a abrir, pero en cuanto la puerta se movió su amiga se quedó estática en el sitió. Esperó unos segundos, y al ver que no respondía se acercó a ella.

-U-chan, ¿Qué...?-sus palabras murieron en cuanto sus ojos se cruzaron con sus ojos lilas. Con la cabeza alta, el cabello recogido en un moño alto y su cuerpo enfundado en un vestido rojo sangre, Shampoo estaba realmente deslumbrante. Sin embargo, había algo distinto en ella: su sonrisa resultaba cálida y sus ojos, parecían haber perdido ese odio que percibió años atrás.

-Creí que necesitarías algo azul-alzó su mano derecha, donde una liga azul colgaba de su índice- no creo que sea suficiente con los ojos del novio.

-Shampoo...-se ahogó en sus palabras y abrazó a la amazona. A pesar del paso de los años se sentía culpable, y muchas veces, cuando estaba con Ranma, se preguntaba si ese lugar era legítimamente suyo, o se lo había usurpado a ella.

-Creí que tu abuela había roto todo lazo con las empresas japonesas, si no me equivoco pensaba hundir todas las empresas de nuestras familias- comentó Ukyo, aun incrédula de presencia de la chica allí. Akane y ella se separaron, su rostro adquirió un cariz más serio.

-La abuela murió hace una semana- se sentó en la mesa ante el tocador, mientras su vista viajaba de una a otra- he heredado todo el imperio Mu-Tsu. Estoy aquí, porque he decidido recuperar las antiguas inversiones y socios de Japón, para eso, y para asistir a la boda de dos amigos- dijo colocando la mano sobre el hombro descubierto de Akane- en el fondo siempre lo supe, y hubo un tiempo que te odie por ello, pero ya no... entendí que él nunca había sido mío, y que nunca lo sería.

-¿Le quieres?-preguntó la peliazul, prefería saber la verdad, a qué a tenerse.

-Te mentiría si dijese que no, y realmente no sé qué pasará cuando le vea, pero...esto nunca ha sido amor, siempre fue una obsesión- sonrió con tristeza, y en ese momento notaron el cambio de su amiga, su gesto cansado, dejando ver más allá de su apariencia- ¿Sigues con Ryoga?

-Claro, ¿Cómo podría dejar sólo a ese baka? Se perdería en su propia casa- hizo una mueca divertida, pero sólo Akane rió, mientras Shampoo miraba por la ventana. Apretó los labios, mientras

sus manos jugaban con la tela de su vestido. Miró a Akane, con una pregunta no formulada, mientras acariciaba el brazalete de granates que Mousse le regaló en su infancia y pertenecía a su familia.

-Está bien, triste pero bien- la cara de Shampoo se iluminó levemente.

-Debo pedirle perdón, a él, a todos.

-Por nosotras no te preocupes, fueron cosas de crías, está todo perdonado- dijo Akane. El claxon sonó abajo, su padre la llamaba.

-Por Dios, te vas a casar de verdad- Shampoo se levantó y colocó con agilidad los pliegues del vestido y el velo que salía del recogido de la novia- hazle feliz, ¿si?

-Lo intentaré.

Salió por la puerta dejando atrás a sus dos amigas, escaleras abajo su padre esperaba, ofreciéndole el brazo. Su cara de asombro al verla, la hizo sonreír. Si esa era la cara que ponía su padre, estaba deseando ver la de Ranma.

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-Y ahora, brindemos por los novios, ¡Para que dejen de pelearse de una vez!- gritó un embriagado Genma mientras agitaba su copa de champagne.

-Papá, por favor...-dijo un avergonzado Ranma escondiendo su cabeza en los adornos de la mesa. Miró otra vez de reojo a Akane, ese día estaba deslumbrante. La sonrisa se había instalado de forma perenne en sus labios, y saludaba a todos con una amabilidad más parecida a Kasumi que a ella misma. Su pelo semirrecogido, una vez quitado el velo, dejaba ver su largo cuello y delicados hombros, de un color níveo e inmaculado. El vestido palabra de honor se ajustaba perfectamente a su cuerpo y la hacía parecer tener un brillo sobrenatural. El leve maquillaje que llevaba, no hacía más que resaltar sus facciones, y ahora, reía por algo que había dicho su hermana Nabiki.

-Antes de que todos podáis disfrutar de la fiesta, quería enseñaros algo- Nodoka, enfundada en un kimono granate de detalles plateados, se había levantado e hizo un gesto a alguien más allá de la barra.

Una pantalla de lona empezó a desplegarse desde el techo, ante el asombro de todos. Ranma y Akane se miraron, esperando que el otro aclarase sus dudas, pero ninguno tenía ni idea de qué se trataba. Antes de que las imágenes fuesen visibles, una voz infantil se oyó con total claridad.

-¡Aléjate de ella, baka!- y las imágenes empezaron a correr. Un pequeño Ranma, enfundado en su ropa escolar de guardería, amenazaba a un niño de cabello castaño que jugaba empujando a una niña en los columpios.

Rápidamente, la cámara hizo un zoom, y se pudo reconocer a los otros dos infantes, que no eran más que la pequeña Akane y el heredero de las empresas Hibiki.

-¿Qué me vas a hacer sino, eh?- contestó valiente el chicquillo. La gente empezó a reír, mientras que los protagonistas de la película, así como sus amigos, miraban anodadados aquellos recuerdos ya olvidados.

-Ran-chan, solo estábamos jugando- la niña se bajó de un saltó, cayendo torpemente al suelo. Su cabello azulado estaba recogido en dos coletas y sus grandes ojos marrones miraban al niño con absoluta inocencia.

-¡Ryogaaaaaaaaaaaa!- se oyó una voz adulta femenina llamar a lo lejos.

-Esto no quedara así, Ranma- el chico dejó ver sus colmillos, mientras era arrastrado de la mano por la profesora hacia el lugar donde su madre le esperaba. La escena volvió a centrarse en los dos niños restantes. Ella se acercó lentamente, y se agachó para mirarle a los ojos, ya que él había agachado la cabeza.

-¿Estás enfadado conmigo, Ran-chan?- la dulce voz de la niña hizo sonreír a todos los presentes, sobre todo a Ranma, que aunque no recordase nada de todo aquello, sabía lo que haría su mini-yo al escuchar aquella voz.

-¿Le quieres más a él que a mí?- susurró mientras sus mejillas se coloreaban. La niña se sonrojó también, mientras una dulce sonrisa se pintaba en sus labios.

-Tú eres al que más quiero, Ran-chan-afirmó la peliazul. Los ojos de él se iluminaron, y sus labios se curvaron felices.

-Me prometes...me prometes...

-¿Qué quieres que te prometa Ran-chan?-la niña se llevó un dedo a los labios y le miraba con duda, su amigo se había puesto nervioso.

-¿Me prometes que cuando seamos mayores te casarás conmigo como hicieron nuestros papás?

Ella le miró por unos momentos sorprendida para después afirmar enérgicamente con la cabeza.

-Claro que sí, Ran-chan, tú y yo siempre estaremos juntos- abrazó al chico, que se quedó estático en los brazos de ella. Poco después vieron como alzaba sus brazos de forma agarrotada intentando devolverle el abrazo. Cuando se separaron, el chico empezó a hurgar en sus bolsillos con ahinco, y en el momento que se detuvo, una gran sonrisa se formó en sus labios.

-Es una promesa, como la de los mayores-tomó la mano de la niña y deposito algo. La niña observó lo que tenía en la mano, parecía una argolla de plástico que regalaban con algunos dulces y que a ella le encantaba. Con gran alegría se lo puso en el dedo. El niño la observaba feliz.

-Creo que ya es hora de que vayamos a recogerlos- la voz de Nodoka, años más joven, se oyó con claridad. Momentos después, la cámara se movía y se acercaba a los niños, dejando ver a las personas que estaban tras la cámara. La señora Saotome, de poco más de veinticinco años, limpiaba la cara de su hijo, mientras que otra mujer, de largo cabello azulado, sonreía a la niña que le mostraba su nuevo anillo.

Akane y sus hermanas no pudieron reprimir las lágrimas al ver a su madre en aquellas imágenes. Aquella mujer, de mirada dulce y sonrisa amable, era casi idéntica a la que hoy presidía la mesa nupcial al lado de su esposo.

-Descubrí esta cinta hace unos días, mientras revisaba antiguas fotos...creí que os haría ilusión- murmuró la señora Saotome sólo para ellos, con los ojos cristalizados por las lágrimas que se resistían por salir.

-Gracias- musitó Akane. Su esposo la miró y no pudo evitar sonreir. De niño había sido más inteligente que hacía unos años, y aun así, había acabado cumpliendo sus sueños infantiles. Quizá el destino si que estaba escrito de algun modo.

-¡Que dé inicio la fiesta!- gritó el joven heredero Saotome. La música empezó a sonar mientras la gente se levantaba de sus asientos y la pantalla era izada de nuevo hasta el techo. Nodoka se sentó al lado de la joven novia.

-Tu madre siempre lo supo, antes incluso de que yo me diese cuenta, estaría muy feliz de verte aquí ahora- la abrazó, intentando cubrir aquel vacío en el corazón de la joven.

-Señora, vengo a robarle a su nuera para un baile, ya que su hijo me la robó a mí hace años- las dos se giraron y vieron a Ryoga hacer una reverencia ante ellas. Ambas se separaron y con un gesto de cabeza le indicó que siguiese al chico. Ryoga tomó su mano y le ayudó a bajar los escalones que la separaban de la pista de baile.

-Creí que vendría Mouse- dijo ella de forma casual mientras veía a su mejor amiga bailar riéndose con su marido.

-Dígamos que tenía algunos asuntos que solucionar- siguió el gesto de la cabeza de él, y vio como una larga melena morena salía del recinto seguido por una mujer vestida de rojo- te tendrás que conformar conmigo por esta noche. Hay más personas que tenemos sueños infantiles que cumplir.

-¿Me estás insinuando algo, Hibiki?- ella enarcó una ceja divertida. Ambos rieron mientras se abrazaban para empezar a bailar.

Amigos, como lo habían sido siempre. Y después de todo lo que habían pasado, estaban seguros de que su amistad podría durar otros mil años más.