Nota de la autora:
Hola!
¿Qué tal? Muchas gracias por vuestros reviews. Me alegra que os esté gustando y que me dejéis reviews, espero más en este capítulo.
No os entretengo. Os dejo con el capítulo.
Disfrutadlo
Capítulo 10: Intento de secuestro.
Suzanne se levantó de la cama y corrió al baño rápidamente dónde se arrodilló junto al retrete y vomitó. No sabía por cuanto tiempo estuvo allí pero cuando levantó la cabeza, se encontró con que Harry estaba en calzoncillos apoyado en el marco de la puerta del baño.
-Creí que dijo Hermione que viviendo bajo el mismo techo que los niños me iba a sentir mejor- se quejó Suzanne mientras se ponía en pie y se enjuagaba la boca para quitarse el horrible sabor amargo.
-Así ha sido durante los tres días que llevas bajo este techo- le dijo Harry- nunca te habías levantado vomitando… tal vez anoche te sentó algo mal.
-Es posible- asintió Suzanne saliendo del baño cuando él se hizo a un lado- debería ir despertando a James, tenéis que iros al partido de Quiddich. El traslador no espera.
-Tú no te preocupes por eso, yo me encargaré de preparar a James- le dijo Harry- tú descansa, además Lily aún no se ha despertado, así que podrás dormir un rato más.
-Son las once de la mañana- dijo Suzanne mirando el reloj del salón o el nuevo cuarto de Harry como ella muchas veces le llamaba- nunca me quedo hasta tan tarde en la cama.
-Pero hoy estás mala- le dijo Harry cogiéndola de la muñeca y arrastrándola al cuarto que ella ocupaba. Entraron en él y la hizo meterse en la cama, luego la arropó y ella le miró con una sonrisa divertida- ahora descansa, yo me encargaré de todo.
-No deberías consentirme, podría acostumbrarme- le dijo ella y Harry sonrió.
Se acercó a ella y la dio un beso en la frente para luego salir del cuarto y cerrar la puerta tras él.
Suzanne suspiró, se removió en la cama y su nariz quedó enterrada contra la almohada donde aún se podía sentir el olor de Harry, en realidad en esa habitación todo olía a él y cada vez que se dormía, en esos tres días que llevaba allí, lo hacía sintiendo el olor de ese hombre.
oo00oo
Draco echó dos paquetes de macarrones en el carro mientras sentía el hombro de Ginny pegado a su brazo que caminaba junto a él mirando las otras estanterías del inmenso supermercado que estaba cerca de su casa.
Ella empujaba el carro que le habían comprado a Damon y en el que iba el niño, agitando los brazos poderosamente como si él también intentase coger los distintos productos que allí había.
El risueño niño que tanto se parecía a Draco pero que tenía unas graciosas pecas en las mejillas parecía decidido a no rendirse en su empeño de conseguir coger algo.
Se pusieron en una de las colas para las cajeras y se quedaron tras una pareja de mujeres ancianas que no paraban de cotorrear sobre sus hijos, su familia y los distintos achaques que las acuciaban en esos días.
Ginny había llamado la atención de Damon y le decía cosas poniendo la voz que todos los adultos ponen cuando se dirigen a un niño pequeño y que les hace ver verdaderamente idiotas. Pero Damon no parecía verlo de ese modo porque no paraba de desternillarse de risa y Draco los miraba a ambos con una sonrisa tierna.
El rubio era plenamente consciente de que Ginny se había encariñado ya con el pequeño Damon y él estaba intentando poner toda la distancia posible con el niño, pues sabía que muy probablemente después de un tiempo ellos no podrían quedárselo y sabía lo mal que lo pasaría Ginny cuando le alejasen del pequeño y él no quería pasarlo mal, además, tendría que estar ahí para consolarla.
En esos tres días desde que tenían a los niños bajo su custodia ni siquiera le había cambiado los pañales e intentaba hacerle el menor caso posible porque se negaba a coger cariño a ese pequeño ser. Pero Ginny parecía empeñada en que se implicase con el bebé, aun así siempre se escaqueaba de darle el biberón o dormirle.
Además, él se había negado en rotundo a poner esa voz de imbécil y hablarle al bebé como si fuese idiota cuando en realidad tan solo era pequeño.
-¡Vaya! Que familia tan encantadora- soltó una de las mujeres que estaban delante de ellos en la cola.
Ginny y Draco la miraron y vieron a las mujeres que sonreían.
-Gracias- sonrió Ginny mientras Damon clavaba sus ojos en las dos mujeres, también.
-¿Y cómo se llama este pequeñajo?- preguntó una de ellas acariciando a Damon que empezó a reír.
-Damon- respondió Ginny- di hola, cariño.
El niño hizo un gorjeo y se echó a reír de nuevo.
-¿Cuánto tiempo tiene?- preguntó la otra mujer.
-Siete meses- respondió Ginny.
-Vaya, cariño, pues para haber dado a luz hace siete meses tienes una figura perfecta- le dijo la mujer, sorprendida- has recuperado muy pronto la línea.
Ginny rió, avergonzada, y se rascó la cabeza.
-Ya ve, magia- y las dos mujeres rieron mientras Draco y ella se mandaban una mirada, divertida.
Les llegó el turno a las dos mujeres de pagar y cuando se iban mientras la dependienta se encargaba de atenderlos a ellos, se despidieron de Damon que no paró de reír.
Poco después ellos también salían del supermercado cargados con la compra y el carro de Damon y caminaron hacía su casa. Draco no podía dejar de sonreír mientras veía la cara de orgullo de Ginny, y que tenía desde que esa mujer le había dicho que eran una bonita familia.
oo00oo
Harry y James se levantaron de sus asientos cuando los Chudley Cannons metieron un nuevo tanto que hacía que su marcador subiese diez puntos más. Empezaron a cantar el himno del equipo como hacía el resto de los aficionados que vestían de naranja como ellos.
Desde que habían llegado al estadio, Harry y James no habían dejado de sonreír, el niño estaba entusiasmado con el partido, frenético y nervioso, gritaba como un loco mientras veía como los jugadores iban de un lado a otro volando como flechas… y Harry estaba encantado con la felicidad con la que el niño estaba viviendo el partido, completamente feliz al ver la forma en la que el niño sonreía y en como sus ojos estaban llenos de una emoción que les hacía brillar. Se juró que jamás permitiría que ese brillo desapareciera de su mirada.
Harry sintió como tiraban de su camiseta y bajó la mirada, vio a James y se agachó para quedar a su altura.
-No veo- le dijo el niño y Harry comprendió que al estar todo el mundo levantado, le dificultaba la vista al niño.
Harry alzó al niño en brazos y este rió. Se abrazó a su cuello y sin pensarlo le dio un beso en la mejilla. Él le miró y las mejillas del niño se sonrojaron.
-Gracias, papá- soltó sin pensar el pequeño para volver a sonrojarse- quiero decir…
-No importa- soltó Harry rápidamente sin dejar de mirarse a los ojos- suena bien.
James sonrió y apoyó la cabeza en su hombro para seguir viendo el partido. Harry también miró el campo y sonrió sintiendo una agradable calor en el pecho, oyendo una y otra vez esas palabras en su cabeza, maravillado con lo bien que sonaban y deseando que eso fuese cierto… deseando ser el padre de ese niño.
oo00oo
Hermione sonrió mientras su madre le contaba por teléfono como su padre casi quema la cocina cuando intentó cocinar algo para su aniversario de bodas. Dejó de escuchar a su madre cuando un gran alboroto proveniente del salón, llamó su atención.
-Mamá tengo que dejarte, mañana te llamo ¿vale?- le dijo Hermione.
-Vale, cariño- le dijo la señora Granger desde el otro lado- adiós.
-Adiós.
La chica colgó el teléfono y se dirigió al salón cuando llegó allí, se quedó apoyada en el marco de la puerta y sonrió al ver a Ron tirado en el suelo jugando con Rose y Hugo.
Los niños estaban sobre la espalda de Ron que estaba a cuatro patas y se movía por todo el cuarto como si se tratase de un hipogrifo. Los niños reían mientras Hugo se aferraba a la camiseta del chico que hacía un ruido muy parecido al de los animales que estaba imitando.
-Vamos, Buckbeak- reía Hugo mientras su hermana se aferraba a su cintura para no caer del cuerpo de Ron- corre más rápido… y ahora vuela.
Ron hizo que se bajase de su espalda y después se puso en pie y los cogió en brazos, colgándose a cada uno de ellos sobre sus hombros. Los niños estiraron las manos y cerraron los ojos como si estuvieran volando mientras Ron corría por el salón.
Rose abrió los ojos y señaló el suelo.
-Mira, Hugo, un lago- le dijo la niña y en sus ojos, Hermione pudo ver que ella verdaderamente lo estaba viendo. Sonrió, la imaginación de los niños era lo más hermoso cuando se veía reflejado en sus ojos.
-Sí y un dragón se está bañando en él- rió Hugo mientras Ron seguía haciendo el ruido de un hipogrifo- y allí hay una sirena.
Ron se detuvo y miró a Hermione que era a quien Hugo estaba señalando. Rose rió y le dio la razón a su hermano.
-Una sirena muy guapa ¿verdad, Buckbeak?- la niña puso la mano sobre la cabeza de Ron que no apartaba los ojos de Hermione.
-Una sirena preciosa- aseguró Ron consiguiendo el sonrojo de su amiga.
oo00oo
Se había hecho de noche y Suzanne estaba esperando con la cena lista a que llegasen James y Harry del partido de Quiddich, no sabía cuándo llegarían pues eso es lo que tenían los partidos de Quiddich que nunca se sabía cuándo terminarían.
Así que había decidido darle el biberón a Lily mientras esperaba para ver si llegaban. Cuando se lo había terminado y había hecho que soltase todos los gases, llamaron a la puerta.
Se levantó del sofá con la niña en brazos y se dirigió a la puerta, cuando la abrió, no pudo otra cosa más que sonreír. Se hizo a un lado dejando pasar a Harry que llevaba sentado sobre sus hombros a James. Ambos iban vestidos con la camiseta naranja del equipo, tenían en cada una de sus mejillas dos rayas, una negra y otra naranja pareciendo guerreros. James además llevaba una gorra naranja con el escudo del equipo en negro y Harry llevaba una mano gigante naranja en la mano con la que no sujetaba a James.
Los dos iban cantando alegremente el himno del equipo por lo que dio a entender que habían ganado el partido. Era la imagen más divertida y tierna que nunca había visto.
Lily se unió a la algarabía hablando en el idioma característico de los bebés y moviendo los bracitos alegremente. Cuando los dos terminaron el cantico, Suzanne se puso a aplaudir y Lily intentó imitarla.
-¡Ganamos, mamá!- gritó alegremente James- ¡Ganamos! ¡Los jugadores volaban en sus escobas de un lado a otro! ¡Fiu, fiu!- continuaba sin parar casi sin respirar mientras Harry y Suzanne le miraban con una sonrisa. El chico le dejó en el suelo y el niño corrió hacía su madre- ¡y no encontraban las snich! ¡La gente decía que a lo mejor era como uno de esos partidos que duran días!
-Vaya- dijo Suzanne haciéndose la sorprendida- no me digas ¿de verdad? Y yo me lo he perdido.
-Al próximo partido te llevamos ¿verdad, Harry?- miró al chico que sonrió.
-Claro- asintió.
Suzanne sonrió.
-Vale, pero ahora os vais a ir los dos a lavaros las manos que la cena está lista- les dijo Suzanne- vamos.
El niño corrió al baño y Harry le siguió. El primero que volvió fue Harry y Suzanne le puso a Lily en los brazos para que la fuese durmiendo mientras ella llevaba a la mesa ya puesta, el asado que había preparado.
Mientras Harry la dormía, lo que no le costó porque Suzanne se puso a cantar, la chica sirvió la comida en los platos y James se sentó en su sitio. Lily se durmió en los brazos del chico y la llevó al cuarto que compartía con James para luego volver al salón-comedor. Se sentó en su sitio y se pusieron a comer mientras le contaban a Suzanne el gran partido que habían presenciado.
oo00oo
Kelly se sentó en el sofá y abrió el bote de helado que había cogido. Aún estaba sorprendida y enfadada de cómo el chico con el que estaba teniendo una historia, si así se podía decir, llevase unos días tratándola como si casi no la conociera. Vamos se habían acostado y todo, y pasaba de ella.
Molesta enterró la chuchara en el delicioso postre y se puso a zapear con el mando de la televisión mientras buscaba algo que ver pero parecía que todos los programas iban a ser aburridísimos esa noche.
Se escuchó un fuerte trueno y bufó, y para mejorar su estado de ánimo parecía que se avecinaba una tormenta de verano.
Llamaron a la puerta, molesta por la interrupción y por el hecho de que siempre le pasase lo mismo con los hombres, dejó el bote de helado sobre la mesa y se puso en pie.
Volvieron a llamar impacientemente, aún más molesta por la insistencia de la gente más viendo las horas que eran, abrió la puerta y dijo, bruscamente:
-¡¿Qué?
El tipo que estaba en el umbral estaba de espaldas, era rubio y tenía el cabello algo largo. Kelly se quedó blanca cuando al darse la vuelta, vio el rostro tan conocido de Draco Malfoy pero supo que no era él, no solo por el pelo largo sino porque una enorme cicatriz le atravesaba el ojo derecho, haciendo que estuviese permanentemente cerrado.
-Majestad- dijo el Draco Malfoy del otro mundo haciendo una burlona reverencia mientras dos grandes figuras encapuchadas aparecían detrás de él.
La sonrisa malévola del hombre hizo que la chica supiese que estaba en peligro, que ese Draco no era como el de su mundo. Kelly intentó cerrar la puerta pero Malfoy metió el brazo para impedir que la cerrase.
Empujó con todas sus fuerzas mientras sentía la fuerza de esos hombres empujando para abrirla. Gruñó mientras en la televisión una mujer intentaba vender una crema antiarrugas y sin pensarlo, mordió con todas sus fuerza el antebrazo del hombre que soltó un alarido de dolor y quitó el brazo.
Kelly logró cerrar la puerta y puso la cadena. Hecho a correr hacía su habitación mientras oía la explosión con la que habían volado la puerta de su casa. Cerró la puerta tras ella y cogiendo la varita que estaba sobre la mesilla de noche comenzó a lanzar hechizos sobre la puerta para sellarla.
Sabía que no durarían mucho así que tendría que buscar una forma de salir. Junto a la puerta se podían escuchar las voces de más de tres personas así que los que había visto en el umbral no eran los únicos que habían ido a por ella esa noche.
Sin saber porque motivo esa gente de otro mundo iba tras ella, intentó pensar con rapidez mientras escuchaba los conjuros que lanzaban para volar la puerta por los aires como habían hecho con la otra.
Oía la voz de Draco gritando, furioso, a los demás. Se acercó a la ventana y la abrió cuando se asomó sintiendo una sensación de vértigo y se maldijo por haber decidido comprarse el último piso en un bloque de diez plantas.
Miró por encima de su hombro y vio que la puerta estaba cediendo así que no se paró a pensar en la gran distancia que la separaba del suelo y salió por la ventana, posando los pies en un pequeño borde que sobresalía de la fachada.
Solo había dado unos pasos alejándose de su ventana cuando oyó como la puerta cedía y pocos segundos después la cabeza rubia se asomó por la ventana.
-¡Seguidla!- gritó Malfoy y dos de sus esbirros salieron por la ventana para seguirla en su loca huida mientras algún hechizo volaba hacía ella, proveniente de abajo.
Cuando su mirada miró hacía el suelo, se mareó pero también pudo ver a otros tres encapuchados que intentaban acertar en darla.
-¡Idiotas!- oyó que gritaba Draco desde la ventana- ¡dejad de lanzarla hechizos, la necesitamos viva!
Ese tipo siguió gritando pero sus palabras quedaron silenciadas por un fuerte trueno. Kelly continuó caminando con cuidado de guardar el equilibrio y por fin logró llegar hasta la ventana de otro piso. Intentó abrirla pero estaba cerrada, al parecer en esos momentos no había nadie en casa porque al otro lado estaba muy oscuro y cerrado.
Un relámpago iluminó el cielo y pocos segundos después se escuchó el fuerte trueno. De pronto miles de gotas de agua empezaron a arraigar contra la joven en una clásica tormenta de verano.
En seguida estuvo empapada, con el pequeño pijama pegándosele al cuerpo y cuando quiso abrir la ventana con un hechizo, resbaló y se precipitó al vacío. Se oyó un grito de rabia proveniente de la alguna parte y luego un gruñido de alivio cuando Kelly tuvo los suficientes reflejos para aferrarse al saliente por el que había estado caminando.
Los dos encapuchados que la seguían por la cornisa y que se habían detenido al ver su tropiezo, continuaron caminando hacia ella pero eran más lentos por su gran tamaño.
Kelly ayudándose con las piernas y consiguiendo que todo su cuerpo se raspase, logró subir de nuevo al saliente. Sus pies resbalaron pero consiguió mantenerse en pie, lanzó un hechizo a la ventana que abrió y entró en la casa.
Intentando recuperar el aliento y sintiendo como su corazón latía desbocado corrió por la casa de su vecino y salió al portal. Vio como Malfoy salía de su casa y sus miradas se encontraron antes de que ella corriese escaleras abajo, sintiendo como los hechizos la pasaban rozando.
La rapidez con la que iba la hacía tropezar y logró quitarse de delante a uno de esos encapuchados que la había intentado cortar el paso. El hechizo que le lanzó hizo que se estrellase contra la puerta de un vecino.
Nadie había salido de sus casas, seguramente todos habían escuchado el alboroto pero por miedo se habían quedado en la seguridad de su hogar llamando a la policía. Así que sabiéndose sola en esos momentos de huida, siguió bajando los pisos corriendo.
Se detuvo en el hall de entrada, sabiendo que en el exterior la esperaban más tipos de esos. Pensando con rapidez mientras escuchaba los pasos presurosos de sus cazadores, corrió hacía los sótanos del edificio donde estaba la caldera.
-¡Alohomora!- entró y bajó las escaleras corriendo.
El oscuro lugar se vio iluminado por la luz que conjuró con su varita. Olía a cerrado y a humedad mientras se movía por la habitación buscando un lugar por donde escapar.
El corazón parecía que se le iba a salir por el pecho por el miedo y la angustia. Vio una pequeña ventanita en lo alto de la pared. Se dirigió hacia allí y colocó varias cajas que encontró para formar una pila y lograr escapar.
Con la varita abrió la pequeña ventana y después de mucho maniobrar, de creer que se iba a quedar atascada en el pequeño hueco y de llenarse del barro que se había formado en el exterior por culpa de la lluvia, consiguió salir por la ventana.
Estaba en uno de los callejones junto a su edificio, llena de barro y con la ropa pegada al cuerpo debido a la lluvia que no dejaba de caer, sabiendo que no tenía a donde ir pues no tenía nada de familia y el tipo en el que había estado pensando toda la noche, parecía haber perdido el interés por ella como la mayoría de los hombres con los que se acostaba y les entregaba su corazón.
Solo pudo pensar en una persona en esos momentos y conociendo su dirección, se dirigió al principio del callejón. Se asomó y vio a todos los encapuchados allí mientras el rubio los gritaba, furioso.
Intentando que no la vieran, salió del callejón y pegada a la pared del otro edificio se dirigió hacia el lado contrario al que se encontraban esos tipos. Cuando se había alejado unos metros, hecho a correr calle abajo.
Miró unas cuantas veces sobre su hombre y aunque ya estaba segura de que no la seguían, continuó corriendo con todas sus fuerzas. Estuvo corriendo durante más de veinte minutos hasta que llegó al edificio en el que vivían las únicas personas a las que tenía.
-¡Alohomora!- volvió a decir para abrir la puerta del portal y entró.
Subió las escaleras porque el ascensor estaba roto y se detuvo frente a la puerta. Llamó al timbre y esperó. Sabía que era muy tarde pero no tenía a nadie más. Llamando de nuevo, se abrazó con fuerza y después de unos minutos la puerta se abrió.
-¡Kelly!- soltó la suave y sorprendida voz del Draco Malfoy que ella tanto quería.
Seguramente no solo estaba alucinando por su visita y las horas sino por el aspecto que debía presentar. La joven le miró con los ojos llenos de lágrimas y soltando un sollozo, le abrazó.
Draco la devolvió el abrazo para tranquilizarla mientras la joven no paraba de sollozar. En su corazón afloró una especie de calor que le instaba a abrazar a esa joven y a protegerla de cualquier cosa que la quisiera hacer daño. El chico la metió en la casa y cerró la puerta. Cuando se giró con la chica aún pegada a su cuerpo, vio a Ginny que cruzada de brazos parecía entre molesta y desconcertada.
-¿Qué ha sucedido, Kelly?- le preguntó Draco apartándola un poco de él para mirarla a los ojos- ¿Por qué traes este aspecto?
Siempre había parecido una chica más mayor de lo que en realidad era pero en esos momentos, con la cara roja por la carrera y el llanto, las lágrimas que marcaban un recorrido por su rostro y pendían de sus pestañas, y la suciedad que manchaba su pelo y su ropa, aparentaba los veinte años que tenía e incluso menos.
-Han intentado… ellos…- empezó a decir muy nerviosa- tú… no tú no… ese tipo igual a ti pero con una cicatriz en el ojo… venía con más encapuchados…
-Tranquilízate, Kelly- le pidió Draco.
-Ha venido a mi casa tu doble, el del otro mundo pero no era bueno como tú- explicó Kelly- ha intentado llevarme con él, había muchos encapuchados pero he logrado escapar. Decía que me quería viva pero no sé por qué. He venido a aquí porque no tenía a nadie más.
-Vale, has hecho bien- le dijo Kelly mientras Ginny seguía parada en la puerta del salón, mirándolos- te quedarás aquí.
Ginny le miró, molesta, y negó con la cabeza pero Draco la hizo un gesto de que se comportase mientras abrazaba de nuevo a la chica que se había puesto a llorar. La condujo hacía el salón y la joven vio a Ginny.
-Hola, Ginny- la saludo y la pelirroja le hizo un gesto con la cabeza mientras continuaba con los brazos cruzados- siento molestaros de verdad pero es que no sabía a quién recurrir.
-No molestas- le aseguró Draco- voy a llamar a alguien. Ginny- miró a su novia- ¿Por qué no le prestas algo de ropa y traes algunas mantas para que este más cómoda en el sofá?
-¿Podemos hablar un momento antes?- preguntó Ginny mirando a su novio.
-¿No puede esperar?- le dijo él.
-No, hablemos- soltó ella.
-Espera aquí, Kelly- sonrió Draco para tranquilizarla- enseguida volvemos.
La joven asintió y se quedó sentada en el sofá mientras miraba a su alrededor todo lo que había en el salón. Ellos se dirigieron al pasillo que daba a las habitaciones y desde dónde aún podían ver a la joven.
-No se puede quedar aquí- soltó Ginny en susurros.
-¿Qué estás diciendo?- le dijo Draco- no tiene a nadie y la han intentado secuestrar ¡Por Merlín, Ginny! Deja por un momento de lado tus celos y piensa en lo que esa chica ha tenido que pasar.
-Y tú por supuesto estás encantado con la idea de que se quede aquí- gruñó Ginny, cruzándose de brazos- ¿te gusta?
-¿Qué? No, por Merlín- bufó- pero esa chica me cae bien, es una buena compañera de trabajo, es más que eso… es mi amiga y cuando…- el chico se pasó la mano por la cara- cuando me ha abrazado he sentido que debía protegerla- Ginny le miró- no lo entiendes, Ginny, algo dentro de mí me ha dicho que no debo dejar que nada malo la pase.
-¿Aún a pesar de que posiblemente esto ponga en riesgo nuestra relación?- le dijo Ginny.
Draco la miró, enfadado, por el aprieto en el que su novia le estaba poniendo. Adoraba a la pelirroja, era su razón de existencia pero a veces le daban ganas de matarla, sobre todo cuando le montaba escenas de celos sin ningún motivo.
Pero ella no lo comprendía, desde que conoció a Kelly hacía tres años había congeniado a la perfección con ella y pronto la quiso, de una manera fraternal… era dulce y simpática. Y tenía unos deseos irrefrenables de protegerla cada vez que le hablaba de algún chico que le había roto el corazón. Ella, al parecer, sentía lo mismo por él porque siempre se desahogaba con él y le contaba sus problemas. Pero Ginny, no parecía entender eso… ella solo veía que Kelly era hermosa y solo por eso ya deberían sentir algo más que amistad el uno por el otro.
-Te quiero, Ginny, y que ella se quede no tiene por qué joder lo nuestro- le dijo Draco- espero que algún día lo comprendas… y confíes en mí cuando te digo que nadie ocupará jamás tu lugar en mi corazón. Pero sí, Kelly se queda y es mi última palabra.
Pareció que Ginny iba a decir algo pero una voz la interrumpió.
-Me voy, no quiero causar ninguna molestia.
Los dos se giraron a Kelly, habían estado tan absorto en su conversación que no se habían percatado de como la chica se había acercado a ellos pero al parecer había escuchado gran parte de lo que se habían dicho.
Ginny ni siquiera la miró, estaba cruzada de brazos, furiosa y Kelly no parecía atreverse a mirarla. Draco la sonrió para tranquiliza un poco los ánimos.
-No digas tonterías- le dijo- ¿Querías algo?
-En realidad me preguntaba si podría darme una ducha… estoy muy sucia de barro…
-Claro- asintió el joven pero su sonrisa se borró al ver el suelo manchado de sangre- ¿estás herida?
Ginny la miró y vio también las manchas del suelo. La joven miró hacía donde los otros dos miraban y se fijó en el pequeño rastro que había dejado, luego se miró la planta del pie dónde se veía claramente una herida.
-Ni siquiera me había dado cuenta- la joven levantó la cabeza- me lo debí hacer cuando casi me caigo de la fachada.
Los otros dos la miraron alarmados al oír lo que la joven había dicho.
-Deberías ducharte y luego te curaré esos rasguños- le dijo Draco viendo otras heridas en las rodillas- Yo mientras llamaré por teléfono. Ginny dala algo de ropa.
Draco se fue al salón para buscar su móvil y las dos chicas se quedaron a solas. Kelly bajo la mirada incapaz de mantenerla la vista fija y Ginny le dio la espalda.
-Ven- soltó secamente y se dirigieron al cuarto principal.
Ginny abrió su armario y sacó algo de ropa que le tendió luego la llevó hasta el cuarto de baño. Kelly no abrió la boca mientras la pelirroja le explicaba cómo nivelar la temperatura para que el agua saliese a su gusto. Después la pelirroja se dirigió a la salida para dejarla a solas.
-Gracias, Ginny- le dijo la joven haciendo que la pelirroja se detuviese un segundo bajo el marco de la puerta para luego salir sin decir nada.
oo00oo
Harry abrió los ojos al oír como su móvil sonaba. Tardó un momento en comprender de dónde venía ese ruido y luego abrió los ojos. Vio que se encontraba en el salón y la televisión estaba encendida, se había quedado dormido y ni siquiera había abierto el sofá-cama.
De pronto fue consciente de que dormido con la cabeza apoyada sobre sus piernas se encontraba James que tenía una respiración lenta y pausada. Y cuando miró hacía el otro lado, vio a Suzanne que dormía acurrucada contra su cuerpo con la cabeza apoyada en su pecho y con un brazo rodeándole la cintura.
Era como despertar en un sueño pero el ruido del móvil le sacó de su ensoñación. Con cuidado de no despertar a ninguno de los dos y consiguiéndolo, estiró el brazo y agarró el móvil que estaba sobre la mesa. Se echó hacía atrás apoyando la espalda en el sofá y respondió.
-¿Si?- miró el reloj de pulsera. Era tardísimo- ¿Quién es a estas horas?
-Harry- oyó la voz de Draco mientras él comenzaba a acariciar el pelo a James- Kelly está en mi casa.
-¿Qué hace Kelly en tu casa a estas horas?- le dijo Harry y de pronto una idea le llegó a la cabeza- ¿no serán ciertas las sospechas de Ginny y estás liado con ella, no?
-Joder, Harry, claro que no- se quejó el rubio al otro lado- además Ginny está aquí conmigo. Han intentado secuestrarla, Harry, pero ha logrado huir y ha venido a mi casa porque no tenía otro lugar dónde ir.
-¿Cómo que han intentado secuestrarla?- soltó Harry, preocupado.
-Al parecer se está paseando por ahí mi doble del otro mundo e intenta secuestrar a Kelly por algún motivo que desconocemos- soltó Draco- parece que el Draco Malfoy del otro mundo no es como yo.
-Tu doble ¿iba sólo?- preguntó Harry.
-Al parecer no, por lo que se ve, iban más encapuchados- le dijo Draco- ¿qué estás pensando?
-Que quizás sean ellos los que asesinaron al escuadrón de Aurores esa noche en la que apareció el doble de Callahan en el hospital de San Mungo… la noche en la que empezaron todos estos misterios.
-Es posible- le dijo el rubio.
-Quiero que mañana hable con nosotros Kelly y nos cuento lo que sucedió- le dijo Harry.
-Tranquilo, yo mismo la acompañaré mañana, se quedará a pasar la noche aquí- explicó el rubio.
-Eso no le va a hacer mucha gracia a Ginny- le dijo el moreno.
-Sé tendrá que aguantar- soltó el rubio que parecía realmente cansado con el tema de Kelly y él- espero que se dé cuenta que entre nosotros no hay, ni ha habido, ni habrá jamás nada porque me estoy cansando de esta situación.
-Todo se arreglará- le dijo Harry- mañana nos vemos.
-Adiós- se despidieron y colgaron.
Harry cerró el teléfono y lo dejó sobre la mesa, mientras pensaba en lo que su amigo le había dicho. Se puso en pie y cogió en brazos a James al que llevó a dormir a su cuarto y al que tumbó junto a Lily con cuidado.
Luego volvió al salón e hizo lo mismo con Suzanne que se acurrucó entre sus brazos. La dejó en la cama y la acarició el pelo. Tras darle un beso, volvió al salón y se puso a preparar su propio sofá-cama.
