POV Nico

Muerte, sufrimiento, almas torturadas y rogando por misericordia, una que no pueden obtener por toda la eternidad. Gritos desesperados, a los que a veces me unía, completaban la escena. Había estado soñando cosas por el estilo desde hacía días, una semana antes de llegar con los Potter. Mi habitual pesadilla se fundió en negro y cambió por otra mucho más horrible, más real.

-¿Qué debemos hacer ahora, mi señora? -Preguntó un hombre joven, inclinándose excesivamente para hacer una reverencia.

-Asegúrate de quebrar a la niña, tiene que estar en plena desesperación y casi demente para que todo funcione.

La mujer estaba parada magistralmente, con el negro cabello cayéndole por la espalda. Sus ojos oscuros brillaban con crueldad y emoción. En su boca se asomaba una sonrisa pícara que daba escalofríos.

-¿Eso es importante para el ritual... Mi señora? -Se apresuró a completar el joven. Tendría unos veintitantos, vestía ropas oscuras y sus ojos y cabello eran castaño oscuro.

-Claro que sí, idiota. Su alma opondrá menos resistencia y facilitará las cosas. Me gustan las almas torturadas, le dan un toque extra.

El hombre se estremeció cuando la mujer posó su mirada en él.

-Parece ser bastante fuerte de espíritu... -Murmuró, bajando la mirada.

-Entonces esfuérzate más. Me estoy mostrando a ti, así que espero que pongas todo tu esfuerzo en destrozarla. Es un gran honor el que te estoy concediendo.

El joven comenzó a temblar, pero asintió, bajando aún más la cabeza.

-Espero que todo esté listo para cuando lo acordamos, Joshua.

Sonrió cruelmente de nuevo y desperté.

-¡Nico! Merlín, por fin despiertas. -Lo primero que vi fue a Albus casi encima mío, sosteniéndome por los hombros. Por detrás se asomaba James, igual de desesperado que su hermano.

Ambos estaban vistiendo sus pijamas y tenían el cabello totalmente despeinado.

-¿Qué pasó? -Pregunté sacando a Albus de mi cama.

-Comenzaste a gritar, muy fuerte. -Respondió James, haciendo una mueca.- No podíamos despertarte.

Me toqué un lado de la cara, que sentía caliente y palpitante. Lo miré con resentimiento.

-¿Y me golpearon?

Ambos se ruborizaron y apartaron la mirada. Decidí no torturarlos, después de todo, ver a alguien gritando como poseso debía ser bastante incómodo.

-Creo que sé dónde encontrarla, es sólo un presentimiento, pero es lo único que tenemos. -Comenté, cambiando de tema y levantándome para vestirme, ellos asintieron, comenzando a hacer lo mismo.

Albus estaba lleno de cortes y raspaduras, James también, además del moretón que se le estaba formando en la mejilla izquierda. Nos habíamos equivocado, nadie nos estaba ayudando. La hidra pareció haber alertado a todos los monstruos de nuestra presencia, porque no habían parado de atacarnos desde entonces.

Por suerte Albus tenía una una idea bastante amplia sobre muchos de los monstruos de su mundo, así que cuando nos atacaban podía gritar un par de datos útiles sobre cómo vencerlos.

-¿Cómo sabes a dónde tenemos que ir? -Preguntó James tímidamente, terminando de vestirse.

-Lo soñé.

Me miraron extrañados, pero no comentaron nada.

Una vez que todo estaba listo, la tienda recogida y las mochilas sobre los hombros, reanudamos la marcha.

Los árboles eran tan inmensos que bloqueaban totalmente la luz del sol, por lo que parecía de noche. Era extraño, me sentía como si me hubieran encogido y lanzado al bosque. Todo parecía más grande, sobre todo nuestra desesperación.

Podía decir que los tres estábamos preocupados. James estaba pálido, incluso el puñado de pecas que tenía en la nariz parecían haber perdido parte de su color. Sus ojos estaban cansados, producto de las escasas horas de sueño que pudo juntar.

Ninguno lo decía, pero yo notaba que les costaba dormir.

Albus tampoco se quedaba atrás. También estaba pálido, hablaba menos y se pasaba horas pensando. Lo único que parecía muy vivo eran sus brillantes ojos verdes.

Pensar en ello me recordó a Percy, que seguía desaparecido. Varias veces corroboré que seguía vivo, pero esa era la única información que tenía. Todos debían estar muertos de desesperación. Había dado una vuelta por el Campamento cuando dieron la alarma, los campistas estaban devastados, pero la que más destacaba era Annabeth. Estaba distante, pero al mismo tiempo decidida a encontrarlo.

Rachel recitó una profecía y Annabeth la siguió, buscando a un chico con un zapato. Justo cuando estaba por irme, tuve una fugaz visión de tres mestizos nuevos. Una chica, morena y con el cabello mal recortado, un tipo de rasgos latinos que incluso a esa distancia supe que debía ser un dolor de cabeza y a un rubio de ojos celestes que me resultó extrañamente familiar. Eso fue lo único que pude ver, porque segundos después había hecho por segunda vez el viaje sombra de manera correcta hacia el castillo de mi padre.

Estaba tan absorto en mis pensamientos que no noté que los Potter habían parado y casi termino chocándome contra la espalda de Albus.

-¿Qué sucede?

No me miraron, sino que señalaron hacia adelante. Justo enfrente nuestro había una especie de pared traslúcida, que brillaba de manera tenue en la oscuridad.

Miré hacia los lados, no parecía tener fin.

-¿Es sólida? -Preguntó Albus acercándose un paso. También avancé para examinarla.

Al no haber luz, no podíamos saber qué había del otro lado. James caminó y levantó una mano, dejándola a centímetros de aquella extraña división del bosque.

-No la toques. -Alerté tomando su brazo y bajándolo. No sabía qué era esa cosa, podría estar maldita o hacerle algo a quien la tocara.

Se escuchó un gruñido y el sonido de pisadas. Los tres nos pusimos alertas, pero nada nos atacó. Estuvimos varios minutos en la misma posición hasta que decidí volverme para seguir inspeccionando la pared.

Tal vez no era nada, podía ser un simple truco de la Niebla, y no hablo de la niebla común, me refiero a la magia que impide a los mortales ver las cosas tal y como son. A veces era tan potente que podía engañar incluso a un semidios.

Me mordí el labio, pensativo. No podía hacer un viaje sombra y aparecer del otro lado, porque estaba demasiado débil como para viajar con los otros dos. Ayer, o por lo menos, antes de dormir (al no haber luz, no estábamos muy seguros de qué hora era. Sí, fue muy inteligente el no haber traído un reloj, no me lo recuerdes) me había exigido demasiado al llevarnos y me pasé de lo que es seguro. Estuve inconsciente, sin responder, por varios minutos. Además, no sabía si podía atravesarla. Ni siquiera podía arrojar un palo o una piedra, porque si pasaba o no podía no significar nada. Esos objetos podrían atravesar las barreras invisibles de los límites del Campamento Mestizo, pero un mortal no, por ejemplo.

Escuchamos el gruñido de nuevo, seguido por varios parecidos. Más pisadas, mucho más numerosas que la última vez. Maldije por lo bajo y respiré profundo. Era hora de que tomara una decisión: Quedarnos aquí y luchar contra lo que parecían una docena de criaturas probablemente dispuestas a matar, o, rezar a los dioses y atravesar lo que sea que se haya cruzado en su camino.

Se oyó el inconfundible sonido de ramas moviéndose y quebrándose y vi una oscura y enorme figura sin forma definida, escoltada por otras parecidas. No tuve tiempo a notar ninguna característica más, porque aferré con fuerza las mochilas de James y Albus y nos empujé a los tres contra aquella misteriosa barrera.

Lo único que sentí por varios segundos, fue un absoluto y doloroso frío. Me estremecí, aún sosteniendo las mochilas de mis amig-er, compañeros. Permanecí con los ojos cerrados hasta que la horrorosa sensación pasó. Lo primero que vi fue el tronco de un árbol, nada extraordinario.

James tropezó y se cayó al suelo, estremeciéndose ligeramente.

-Bueno, eso no ha sido muy cómodo.

Casi sonreí ante lo absurdo del comentario. Estábamos lejos de cualquier civilización, en un bosque inmenso, lleno de monstruos, solos, buscando a su hermana, que fue secuestrada hacía un par de días.

Si embargo, yo sabía que lo decía para mantener el ambiente un poco más ligero. Durante todo el viaje había estado haciendo comentarios tontos y bromas, con el fin de animarnos. A pesar de que podía ser realmente molesto, admiraba su capacidad de intentar hacer la búsqueda más llevadera. Me recordaba a Percy, quien acostumbraba a animar a todos en los momentos pesados y que tenía un talento natural para eso.

Albus golpeó a su hermano en la cabeza, sonriendo levemente.

-Concéntrate, Jamie.

-No me digas Jamie, Alby. -Contraatacó James, frotándose la coronilla.

-Chicos. -Los corté, señalando a un tronco excesivamente grande, incluso más de lo que estábamos acostumbrados. Parecía tener una especie de puerta.

Ambos la miraron y tuve la absoluta certeza de que Lily estaba dentro de ese lugar. No sé cómo, ni por qué, pero lo sabía.

Nos acercamos e intenté abrir la puerta en vano. Tenía puesta la llave. Estaba a punto de intentar romperla de un golpe cuando James la apuntó con su varita y murmuró: Alohomora.

La abrió sin dificultad y entramos.

No parecía el interior de un árbol, estábamos de pie en un largo pasillo con varias salidas a cada lado. Había antorchas en las paredes iluminando lo suficiente como para ver bien debajo de ellas, estaba un poco más iluminado que en el exterior.

-¿Qué camino tomamos? -Preguntó Albus. Lo miré antes de responder. ¿Debía rezarle a Hécate, la diosa de los cruces de los caminos, para que nos ayudara? No creía que hiciera algún cambio. Abrí la boca para contestar cuando se escuchó un golpe seguido de un grito masculino. Otro golpe, el sonido de algo como vidrio quebrándose llenó el lugar. Luego llegó un grito amortiguado, femenino. ¿Podía ser...? Albus y James se abalanzaron por un camino a la derecha, de donde provenía todo el escándalo. Los seguí corriendo, empuñando mi espada.

Entonces la vi, o mejor dicho, los vi.

Un hombre sostenía a Lily por detrás, con una mano tapándole la boca y el otro brazo sosteniéndola firmemente, evitando que pudiera moverse.

Me miró a los ojos. No había miedo en ellos, sólo una extraña mezcla de furia y alivio.

No me esperaba en absoluto lo que pasó después.


Bueeeeeeeeno, perdón por haber tardado tanto en actualizar, pero no tenía inspiración. Espero que haya quedado bien, sobre todo porque lo escribí en su mayoría a la madrugada a punto de caer en los brazos de Morfeo.

¿Dudas, ideas, críticas? ¡Deja una review!