Disclaimer: Los personajes de Candy Candy pertenecen a su autora: Kyöko Mizuki y a TOEI Animation Co. 1976. Escribo éste fic sin fines de lucro.

Despertando a tu Encuentro

Por LisW. Andrew

Capítulo 10

Albert ya con las luces apagadas yacía en su cama cómodamente pero tenía la mente inquieta y el corazón quebrantado. Por qué, se preguntaba.

Repasó mentalmente todo lo sucedido, sus negociaciones por Europa y su llegada a Sri Lanka. Al recordar sintió de nuevo la sorpresa que lo inundó al descubrir la magia del lejano Oriente. Después, su evocación saltó inevitablemente a lo sucedido en la playa, al beso que dio a Mizuki, específicamente. Cómo llegó a eso, se reprochó… Entonces recordó el momento en el que la conoció, en la Plaza de la escultura budista. La volvió a ver corriendo entre los puestos, revivió la persecución, la noche en su casa, el pequeño invernadero…

Todo lo visualizó en escasos segundos. Traslado después sus pensamientos a la conversación que tuvieron bajo las estrellas apenas un par de horas atrás.

Cuando no se deja a nadie, es fácil… Le había dicho Mizuki. En ese momento sintió una inconmensurable nostalgia y se hizo más agudo el quebranto de su corazón. Un sentimiento que había reprimido o ignorado y que yacía silencioso en un rincón obscuro y lejano. Ese sentir correspondía a él mismo, a su situación. A cómo se encontraba en ese momento, en un país alejado, en la soledad de la habitación de un hotel…

Un sentimiento que ahora no sólo se dejaba ver sino que se hacía presente con una fuerza casi vehemente.

Se levantó y se dirigió a la ventana. Aún sin encender la luz y viendo hacía el horizonte donde el mar y la obscura noche se volvían uno solo, Albert añoró intensamente a Candy.

Fué después a un escritorio que estaba en la esquina de la habitación. Encendió una pequeña lámpara, sacó hojas de papel y lapiceros del cajón y comenzó a escribir; a escribirle…

Mientras escribía sentía la urgencia de volverla a ver. La misma premura que había experimentado antes de que lo sucedido con Mizuki cambiara sus planes, el mismo apremio, el ímpetu por el que había decidido interrumpir sus vacaciones y regresar a Chicago, donde la había dejado.

Qué estaba haciendo Candy mientras él se encontraba ahí escribiéndole; Se preguntaba. Sonreía al imaginarla en distintas situaciones para contestárselo. Aunque eso hacía también que se desesperara más por no poder verla en realidad

¿De cuántos momentos a su lado me he perdido?

No se atrevía a hablarle ahora, la noche anterior al incidente con Mizuki estuvo a punto de hacerlo. Iba a hablarle al igual tantas veces antes le habló, tras sus reuniones y negociaciones, desde distintas y lujosas suites del país Europeo en turno.

Le hablaba para saludarla, darle las buenas noches o preguntar por su tía. Encubriendo sus verdaderos sentimientos, mostrándose sólo como un amigo y como su protector. Candy alegremente le contestaba. Le deseaba buen viaje y suerte en sus empresas. Preguntaba curiosa cuando Albert le contaba sobre las peculiaridades de las ciudades que visitaba y para tampoco mencionar sus auténticas emociones, le hablaba de sucesos ajenos. De Annie, de Patty, de Archie, de Jimmy, de Tom, del Hogar de Pony…

Extrañaba sus conversaciones tanto, pero ahora no se atrevía a hablarle, sentía una extraña incertidumbre…

Así que sólo escribía y lo hacía incluso de un modo tan apasionado, que no sabía si enviaría esa carta. Él le envió infinidad de postales acompañadas de escritos mientras viajó por Europa. Pero ninguna carta así. En todas reprimió lo que pensaba decirle únicamente cuando volviera, en persona.

Cada semana le enviaba cartas y tarjetas a su pequeña. No le había escrito desde que llegó a Sri Lanka sin embargo. Ella ignoraba dónde estaba Albert ahora.

Tras escribir. Volvió a la cama. Sólo entonces en silencio y en paz se durmió. Todas sus elucubraciones nocturnas se disolvieron lentamente entre las imágenes de sus sueños…

…Se veía a sí mismo caminando entre verde césped y palmeras, con un traje blanco. Dirigiéndose a una playa en la que había una pequeña isla desde la cual en lo alto había un portal, el lugar le parecía conocido… Sí, conocía esa isla. En medio del portal una silueta femenina con un largo vestido blanco lo llamaba haciendo ademanes con los brazos extendidos, un velo cubría su rostro.

Albert se dirigía hacia el lugar y caminaba entre las olas como si no hubiese profundidad.

Llegaba a la isla. Lo recibía un camino cuesta arriba de antigua y preciosa piedra gris labrada, que lo llevaría hasta el portal.

Cuando estaba a tan sólo unos cuantos metros de distancia, vio la silueta femenina ya sin el velo, de espaldas, y ya no estaba en el portal. La encontró en el mirador, con las manos sobre una muralla de piedra que le llegaba a la cadera.

El viento hacía que su larga, lacia y obscura cabellera ondulara hermosamente. El seguía acercándose, ella no volteaba a verlo. Cuando llegó se colocó lenta y delicadamente detrás de Mizuki, la cercanía hizo que ésta girara el rostro, al hacerlo y verlo dio media vuelta para quedar a su lado y él acercó su cabeza haciendo que sus mejillas quedaran juntas, lado a lado, sin estar de frente, sin verse. Albert al sentirla cerró los ojos y de pronto un aroma fresco y dulce saturó sus sentidos al tiempo que un choque eléctrico recorrió su cuerpo. Sintió que ella lo abrazaba, percibió el femenino rostro refugiándose en su pecho y abrió los ojos. Al bajar la mirada, vio la rubia y ondulada cabellera que correspondía al dulce aroma. Entonces la tomó de las manos y ella levantó la cabeza. Sus hermosos ojos verdes viéndolo directamente, sus labios como rubíes, el rostro sonrojado, su rubia cabellera larga y suelta enmarcando el hermosísimo rostro, el viento fresco y salvaje…

Albert despertó en medio de un sobresalto y con el corazón acelerado. Esa verde mirada en cada nuevo sueño lucía más hermosa. Candy te amo, escuchó a su corazón gritándole en cada latido.

Continuará…