Hola genteeee! Primero que todo, disculpen la demora, pero la verdad he estado MUY ocupada, pero al fin puedo subir este capítulo, espero les guste!

Fairy Tail le pertenece a Mashima-sensei.

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Anteriormente…

"Sui asintió, no muy seguro, desviando la mirada al más til del barco. Sus ojos lo recorrieron deteniéndose en la cofa, y, más arriba, en la calavera y las tibias cruzadas que ondeaban al viento. El cielo era de un índigo casi perfecto y la luna ya había sali do, arrojando sus fríos rayos sobre la blanca calavera."

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Capítulo 9

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Encerrada

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Lucy despertó con el sonido de una campana. Al igual que la suave voz del capitán, cada repiquete resonaba en su mente.

Cuando abrió los ojos se encontró en una cama con dosel. Estaba hundida en una mar de almohadas blancas y frescas, acurrucada bajo las sábanas más suaves que hubiera tocado en su vida. Permaneció quieta por un momento. El sonido de la campana se esfumó y dio paso a una música extraña, puntuada por un golpeteo rítmico, era casi tribal.

Se sentía desnuda y, al levantar las sábanas, se dio cuenta de que le habían quitado sus ropas viejas y mojadas, ahora lucía un precioso camisón de seda con intrincados bordados. De dónde había salido? A quién pertenecía? Y quién - se preguntó incómoda - se lo había puesto? Se sonrojó al pensar que pudiera haber sido Natsu, después de todo, extraño o no, era bastante guapo.

La música fue aumentando de volumen. Intentó levantarse, apoyando los codos en la suave cama y observó la habitación. Estaba iluminada por fragantes velas colocadas en lámparas de cristal, que difundían una tenue luz sobre las paredes y el suelo de madera. Al poner los pies en el suelo, el barco se inclinó hacia un lado. Lucy tardó unos instantes en encontrar el equilibrio.

Se alejó un poco de la cama y vio que los postes de madera tenían unos complejos grabados. El dosel que los coronaba también tenía abundantes figuras talladas. A un lado de la cama había un pequeño cántaro con su palangana de cerámica y su jarra de agua. Todos los elementos de la habitación parecían exóticos y lujosos. Lucy pensó que tal vez habrían acumulado todos aquellos objetos a lo largo de sus muchos viajes.

Afuera oyó unas voces enalteciéndose sobre la persistente música. Se volvió en dirección al ruido. Vio que había una cortina que cubría un ojo de buey. Había una nota enganchada a la cortina y se acercó a leerla.

Lucy, por favor, no abras esta cortina por ningún motivo.

Es por tu bien, créeme

Tu amigo,

Natsu Dragneel

Tenía una caligrafía un tanto anticuada y desordenada, pero con cierta personalidad. Había usado una pluma y la tinta había salpicado toda la página. Qué quería decir eso de «Es por tu propio bien»? Tanto sus palabras como el evidente apuro con que las había escrito le dieron escalofríos.

Estiró la mano hacia la cortina. Era muy tentador ignorar la petición de Natsu. Siempre había sido muy curiosa, y dicen que la gente inteligente es curiosa, no?. Entonces recordó algo de lo que había dicho el capitán. «Los demás no pueden enterarse de esto.» Quiénes eran «los demás»? En qué clase de barco se encontraba?

En ese momento captó un fragmento de la conversación que tenía lugar al otro lado del ojo de buey.

—Esta noche tengo mucha hambre.

—Yo también. Nunca he necesitado un festín tanto como ahora.

El Festín. El capitán también había mencionado eso. Estaba claro que era un acontecimiento muy importante y esperado. La tripulación parecía extremadamente hambrienta. Tal vez no habían comido bien durante mucho tiempo. Quizá el barco acababa de reponer sus provisiones.

Lucy acercó un poco más la cabeza a la cortina para oír mejor, pero parecía que los tripulantes se habían alejado. Esperó un poco, luchaba contra la tentación de correr la cortina y ver la cubierta. Volvió a mirar las velas y pensó apagarlas para sumir el camarote en la total oscuridad. De ese modo, nadie podría saber si había corrido o no la cortina.

Pero antes de que pudiera seguir su impulso, una voz áspera captó su atención al otro lado de la ventana.

— Alférez Dragneel.

— …Teniente Brain

Reconoció el acento de Natsu.

— Está usted listo para el Festín, señor Dragneel?

— Así es, teniente. – Era idea suya, o la voz de Natsu estaba un tanto forzada?

— Me ha parecido que le oí en el puente hace un rato.

— No, teniente. En el puente? En qué momento?

— Antes de la Campanada Nocturna.

— Antes...? Imposible. Nadie excepto el capitán sale al exterior a plena luz del día.

— Ya lo sé. Pero habría jurado que era usted.

— …tal vez lo ha soñado —dijo Natsu.

— Yo no sueño nunca.

Sus voces quedaron ahogadas por la música, que repentinamente subió de volumen. Lucy se acercó aún más a la cortina, rozando con la frente la nota de Natsu. Pero lo único que oyó fue música. El pelirosa y su desconfiado compañero se habían alejado.

Analizó la conversación que acababa de oír. Estaba claro que Natsu sí había estado fuera. Y que tanto él como el capitán pretendían mantener en secreto su presencia en el barco. Pero… qué era la Campanada Nocturna, y por qué nadie salvo el capitán podía salir cuando era de día? Parecía una extraña regla.

Se quedó junto al ojo de buey, a la espera de algún otro sonido. Le pareció oír pisadas, pero estaban atenuadas y quizá solamente fueran los compases rítmicos de la música. Esta sonó durante un rato más, y luego solo hubo silencio. Un silencio absoluto. Era como si todos hubieran entrado a celebrar el Festín.

Lucy se alejó del ojo de buey. Frente a ella había un pequeño escritorio con una silla y se dirigió a él. Toda su superficie estaba cubierta de plumas, tinta, lápices afilados y un montón de cuadernos de notas. Había algo deliciosamente tentador en aquellos cuadernos… siempre había querido escribir una novela en algo así. Cogió una vieja pluma, pero se le resbaló en la mano y se clavó la punta en el pulgar. De inmediato, la sangre le empezó a brotar y una gota cayó sobre los cuadernos.

Instintivamente, se llevó el pulgar a la boca para succionar la sangre. Era algo que había hecho innumerables veces, cuando se cortaba con un papel o cuando se pinchaba el dedo con lo que fuera. La sangre tenía un sabor metálico, pero no era del todo desagradable.

Cuando se sacó el dedo de la boca, la fina herida estaba limpia. Pero no había forma de eliminar la mancha de la tapa del cuaderno. Bajó la mirada hacia la pluma, cuya punta aún estaba manchada de rojo, como si la hubiera mojado en tinta carmesí. Se estremeció y miró a su alrededor, en busca de alguna distracción.

Su mirada se detuvo en un cofre lacado con cajones que tenía pintados unos caracteres desconocidos para ella y sobre el que había un peine y un espejo plateados. Ambos tenían gemas en gastadas que brillaban como diamantes recién tallados. Cogió el espejo y le dio la vuelta para verse reflejada. Pero el marco ya no contenía ningún espejo. Era viejo y estaba roto. Una pena.

Junto al espejo y el peine había un pequeño quemador de incienso. Estaba encendido y emanaba un aroma rico y adormecedor a vainilla y jazmín.

Se dio cuenta de que estaba muy cansada y se fue a la cama, hundiéndose en el cómodo colchón. De pronto, pensó en Sui. Cómo podía haber estado explorando tan distraídamente?! Debería haber pensado solo en su hermano y en cómo volver a encontrarse con él!

Tal vez ya le habían encontrado. Pero, de ser así, no lo habrían traído con ella? El capitán le había dicho a Natsu que fuera con él a su camarote, eso lo recordaba. Qué habían decidido allí? El pánico corrió por sus venas como si fuera agua helada.

Tenía que salir de aquel camarote. Tenía que hablar con Natsu y con el capitán. Tenía que averiguar si Sui estaba a bordo... y si estaba sano y salvo.

Reprendiéndose por no haberlo hecho antes, se levantó de la cama y se dirigió a la puerta. Giró el pomo, un perfecto globo de bronce en el que estaba grabado un mapa del mundo, pero su mano resbaló en el primer intento. Volvió a intentarlo. El orbe giró, pero la puerta no cedió. En el tercer intento, lo apretó con tanta fuerza que, al soltarlo, su mano tenía grabada la marca inversa del mapa del mundo. Pero, aun así, la puerta no se abrió. Estaba cerrada con llave!

Llena de frustración e ira, Lucy, cada vez más cansada y débil, volvió a cruzar el camarote hasta llegar a la cortina, donde leyó de nuevo el aviso de Natsu.

por favor, no abras esta cortina por ningún motivo.

Respirando hondo, levantó la cortina y pegó la cara al helado ojo de buey.

Con el corazón palpitándole a toda velocidad, miró a través del cristal. Casi esperaba que sonara alguna alarma o que se fuera a topar con la mirada enfurecida de Natsu o del misterioso capitán. Pero no oyó ninguna alarma, ni tampoco nadie para devolverle la mirada. Lo único que veía por la ventana era la cubierta. Y estaba desierta. Por supuesto. Los tripulantes (quienesquiera que fuesen) a esas horas estarían disfrutando del Festín.

Qué envidia! Estaba hambrienta, pero nadie se había preocupado de traerle ni un bocado de comida. Estaba hambrienta, cansada y débil. Su padre había muerto. Y tal vez también había perdido a su hermano. Sintiéndose absolutamente desgraciada, Lucy dio un tirón a la cortina y volvió a correrla sobre el ojo de buey. Bah!

Cuando se volvió, pensando en qué tenía que hacer a continuación, vio un tazón de sopa en la mesa junto a la cama.

Antes no había estado allí… cierto? No podía habérsele pasado por alto...

Sujetó el tazón con las dos manos. Estaba demasiado caliente, y las retiró rápidamente. No podía haber estado allí cuando ella había despertado, o de lo contrario ya estaría frío… cómo había llegado allí? de dónde había salido? miró el humo que salía del tazón, no supo qué pensar. Pero su asombro pronto fue sustituido por el hambre. Al igual que el resto de la tripulación, no había comido en mucho tiempo y la sopa olía a gloria.

Junto al tazón había una cuchara envuelta en una servilleta de tela. Al desenrollar la servilleta, cayó al suelo una nota. Lucy se agachó a recogerla y vio que estaba escrita con la misma caligrafía de antes.

Bébete esto. Te hará sentir mejor. Y por favor Lucy… ¡Ten paciencia!

Tu amigo,

Natsu Dragneel.

«¡Ten paciencia!» Ja! Lucy frunció el entrecejo. Realmente se encontraba en un barco muy extraño. Un barco en el que nadie, salvo el capitán, salía al exterior antes de caer la noche. En el que cuando deseabas algo de comida esta aparecía sin tener que pedirla. En el que nadie debía saber que estaba allí. Eran demasiadas cosas para poder asimilarlas…

Pero al menos le habían traído algo de comida. Cogió la cuchara y la metió en el tazón. No recordaba haber comido nunca una sopa tan deliciosa.


Bueno gente, espero les haya gustado! Siguiente capítulo de Sui!

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