Hola mi gente bella! Antes que nada, espero que hayan pasado unas navidades geniales! Y que este nuevo año este lleno de buenas cosas! Ok, ahora, disculparme muchisimo! Lo siento tanto, he tenido un Diciembre totalmente horrible de ocupado, y estuve participando en un concurso de fics y deje olvidado a este, pero ya no! Aqui estoy, tome nuevamente las riendas del fic y estoy enfocada en seguirlo! Muchisimas gracias por sus comentarios, sinceramente que esas palabras son las que me motivan para seguir adelante! =) Gracias nuevamente, y espero disfruten este capitulo!
CAPITULO 10
- Shh. No hagas ruido, es demasiado tarde. – susurré, mientras buscaba las llaves de mi dormitorio.
Nos habíamos ido de parranda un sábado en la noche. Disfrutando de la finalización de los exámenes parciales. No acostumbrábamos irnos a beber ni salir, pero era el último semestre del año. Mi compañera de habitación se había ido con el novio y no llegaría hasta dentro de unos días. Eso significaba que podríamos tener el lugar para nosotros dos solos.
Inuyasha no paraba de besarme, sus manos invadían mi cintura con afán. Se me hacía difícil poder encontrar las llaves, cuando tenía a Inuyasha prácticamente sobre mí. Logré abrir la puerta, entre a empujones, con Inuyasha cerca de mi cuerpo. Cerró la puerta y le metió llave, para después besarme con euforia. Dios, esos labios eran mi perdición. Adoraba la manera en que sus manos caminaban por todo mi cuerpo.
- Me fascinas. – replico Inuyasha entre besos.
Trataba de observar esos ojos ambarinos llenos de pasión. Me daba terror saber lo que podría pasar esa noche. No estaba en contra, pero tenía mis nervios a favor.
- Espera, Inuyasha. – respondí, sintiendo la cama detrás de mí, empujándolo levemente.
- Kikyo, puedo esperar. Tú lo sabes. – respondió, sonriendo. Sentí su mano acariciar mi mejilla.
- Sabes que es mi primera vez. Lo deseo mucho, es solo que estoy algo nerviosa.
Inuyasha sonrió. Creo que sabia cómo me sentía. Era cierto, jamás había estado con un hombre. Desde hace tiempo lo había pensado mucho, y estaba más que segura que quería que Inuyasha fuera el primer hombre en mi vida, y si se pudiera, el ultimo.
Llevábamos ya casi el año de noviazgo, y el había sido paciente. En realidad, yo había sido la que había puesto el tema sobre la mesa. Inuyasha me vio algo confundido, cuando le pregunte que pensaba él sobre pasar de nivel en nuestra relación. Una sonrisita picara se acogió en su rostro cuando supo que yo aun era virgen. ¿Qué demonios tienen los hombres con las mujeres vírgenes? Era algún ego se elevaba cada vez que apuntaban una virgen en su historial sexual, nunca lo sabría.
Esa noche nada había sido planeado. Pero los tragos me habían envalentonado lo suficiente para preguntarle a Inuyasha si quería pasar la noche conmigo.
- ¿Confías en mi? – pregunto, observándome cariñosamente.
Asentí con la cabeza lentamente. Sus labios volvieron a besarme, con más furia. Jamás había sentido su pasión tan desbordada. Sus manos jalaron lentamente mi camisa hacia arriba, de nuevo sentí sus labios en mi cuello y bajaron lentamente sobre el bordillo de mi brasier.
- Esto es un juego de dos Kikyo.
- ¿De dos? – pregunté confundida.
- Tú también puedes ayudar, la ropa no se quita sola.
Solté una risa. Abrió los brazos hacia ambos lados, esperando pacientemente a que le quitara su suéter. Lo jale hacia arriba, su cabellera alborotada cayo del otro lado, desabotone su camisa, botón por botón, dejando pequeños besos en la línea que se iba descubriendo de su pecho. Era hermoso, ese abdomen bien formado era algo espectacular. Su pecho deslumbro desnudo ante mis ojos, y mis manos se posaron sobre su pantalón. Lo desabotone y baje el cierre con algo de miedo.
Inuyasha quitó mis manos del cierre, para posicionarlas sobre su cuello. Sus besos invadían mi boca, me empujo lentamente sobre la cama, sentí como el peso de su cuerpo se acoplaba sobre el mío. Nuestros labios estaña amarrados, ese sabor intenso a él mezclado con licor era algo interesante. Nuestras manos jugueteaban en diferentes partes de nuestros cuerpos. Las caricias se estaban haciendo más pesadas, más profundas. Sentí como su mano me invadió por debajo de la falda, la elevo más arriba de mis rodillas, obligándolas a abrirlas. Sentía como las mejillas comenzaban a enrojecerse, pero Inuyasha continúo divagando por la zona. Su mano se poso sobre mi blúmer, rozo levemente todo mi sexo por encima de la ropa, haciendo que mi cuerpo se arqueara con tan sensible caricia.
- Estas muy excitada. – replico, volviendo a acariciarme en esa área.
Volví a sentir la vibración llegar por toda mi espina dorsal.
- No juegues conmigo Inuyasha… - respondí, tratando de esconder mi cara sonrosada.
- Te ves muy hermosa así.- dijo, mientras acariciaba mis mejillas.
Me besó antes de volver a buscar mi entrepierna, esta vez para bajar la braga y sacármela del todo. No paro de besarme, su mano acariciaba mi entrepierna desnuda, antes de sentir algo atropellarse torpemente sobre ella. Sabía que era él, estaba muy excitado y su miembro estaba completamente erecto. Mi corazón se aceleró, nuestros ojos se cruzaron, las palabras sobraban. Sostuvo fuertemente mis brazos por las muñecas, por sobre mi cabeza. Estaba a merced de él, aceptando cualquier cosa felizmente.
Un intruso invadió mi cuerpo, un gemido salió de mi garganta, y todo comenzó a girar de manera sorprendente. Las sensaciones que inundaban mi vientre, mi cuerpo eran demasiadas. Todo era nuevo para mí, pero eran tan adictas que cada minuto que pasaba, necesitaba sentir más, lo necesitaba más dentro de mí. Su nombre salía entre gemidos, mis piernas se incrustaban en su cadera, obligándolo a adentrarse más y más. Volvimos a besarnos, sus manos jugueteaban con mis senos, sentí como un volcán dentro de mí a punto de estallar, arqueé la espalda, deje que todo explotara y ahí conocí lo que era sentir un orgasmo a flor de piel. Inuyasha acabo después de mi, tumbándose a mi lado, abrazo mi cuerpo para llevarme el hueco de sus brazos.
Sentía un alivio agradable, un sentimiento de amor me inundaba, de satisfacción y alegría. Necesitaba volver a experimentar todo de nuevo, deseaba conocerlo todo, quería volver a ser una con el hombre que amaba.
- Inuyasha…- pude susurrar, besando su mentón. Sentí como me apretaron sus brazos varoniles y caí en un hermoso y agradable sueño.
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Mis ojos se abrieron, dejando caer unas cuantas lágrimas. Los recuerdos eran dolorosos, mucho más dolorosos cuando sabía perfectamente que estaba siéndole infiel a mi propio corazón. Sequé las lágrimas con el dorso de mi mano. No podía evitarlas, extrañaba tanto a Inuyasha, y Sesshoumaru me recordaba tanto a él. El celular vibró al lado de mí, sacando de mi trance emotivo.
Llamada perdida de Rin, probablemente tenía agendada muchas cosas hoy, y según el contrato tenía que seguir todas las órdenes del jefe. El celular volvió a vibrar con fuerza, apreté el botón de contestar y acerque el auricular a mi oído.
- ¿Señorita Kikyo? – pregunto una Rin sonriente al otro lado.
- Dime Rin.
- Tiene una cita con el estilista, tiene clases de etiqueta y la aprobación del vestuario para la cena de compromiso. – respondió por el otro lado.
Me levanté de un solo tirón. ¿Cena de Compromiso? ¿Tan Pronto? No puede ser, dijo que iba a llevar las cosas con más calma.
- ¿Cena de Compromiso? – pregunté alterada.
- Así es. Según el Señor Sesshoumaru, se llevará a cabo en una semana. Será presentada oficialmente como su prometida, pero desea que los preparativos se lleven a cabo desde ahora. – respondió.
Demonios Sesshoumaru. Estabas jugando muy sucio. Pareciera que hacia todo para evitar que me echara para atrás, tal vez en su mente se encontraba la idea de que iba arrepentirme de todo. Suspiré y terminé por levantarme de la cama.
- ¿A qué hora me necesitas lista, Rin? – pregunte, sacudiendo mi vestido.
- La estoy esperando en el Lobby, cuando esté lista baja. Tómese su tiempo. – respondió, despidiéndose sonriente antes de colgar la llamada.
Dios, la cabeza aun me daba vueltas. Necesitaba con muchas ansias un café cargado. Entré a la ducha para despejar la cabeza, busqué uno de los trajes ejecutivos en una de las muchas bolsas de compra y unos zapatos que me combinaran, obviamente no volvía a ser yo, sino una extraña frente al espejo. Bajé por el elevador para encontrarme con Rin, sonriente como siempre. Sostenía un vaso desechable algo grande, el cual me extendió alegremente.
- ¿Qué es esto? – pregunte tomándolo.
- El Señor Sesshoumaru me notifico que le trajera un café. Sigue caliente, asi que tómelo lentamente. – asevero, tratando de tantear su temperatura por fuera.
¿Sesshoumaru? Me sorprendió. El jamás de había tomado la molestia para preocuparse por algo acerca de mi, que no tuviera que ver con el. Acepte el vaso con asombro y tome un sorbo, era el cielo en un vaso. Me sentó tan bien, que me sentí rejuvenecida casi al instante. Agradecí el acto desconsiderado mientras tome otro sorbo.
Entramos al auto último modelo, conducido por un conductor alto con gafas. Se notaba a leguas que era algún guardaespaldas puesto por Sesshoumaru para estar detrás de la seguridad mía y la de Rin, la cual se sentó al lado mío, ojeando la pequeña agenda en sus manos.
- Por cierto, Señorita Kikyo.
- ¿Si Rin?
- Tiene una cita con el Señor Sesshoumaru a las siete de la noche.
- ¡¿Una cita?! – pregunte exaltada.
Rin asintió fervientemente. Una cita, ¿Qué tramaba? Suspiré, ¿seria otra de sus jugarretas? No confiaría, Sesshoumaru era un hombre que detrás de cada acción, estaba siempre, en busca de una reacción.
Continuará...
