~ Atonement
Idea original: J Inicua.
Sailor mercuri o neptune: Espero que éste te guste :).
Lotus One: Gracias por los comentarios y espero que éste también te guste.
Lamento la tardanza pero como FF estuvo caído, durmiendo, no pude actualizar. Ya pronto entraremos en materia de dramione. Disculpen la larga espera.
Capítulo 9: Desastre
No sabía qué mirada le causaba más temor, si Albus Dumbledore o la vista de Minerva McGonagall sobre sus actos.
- Por qué se supone que debería creer en tus palabras y no enviarte a Azkaban. Espiabas una conversación que no te correspondía y según veo, la palabra de un mortífago no es más que mentiras.
- ¡Le digo la verdad! Sé que cometí un error, pero estoy arrepentido... ¡Tiene que salvar a Lily, ponerla a salvo!
- ¿Sólo a ella, Severus?
- A ella, al bebé, a Potter. Desaparézcalos, ocúltelos, lo que sea.
Por qué había cometido semejante error, si ya con haberle mentido a Minerva tenía más que suficiente. Ella jamás le perdonaría por todo lo que había hecho y ahora tenía que añadirle el hecho de haber condenado a Lily Evans y a su familia, a una muerte segura.
- ¿Y qué me darás a cambio?
- ¿A cambio? - preguntó en apenas un murmullo, con la garganta seca.
- Sí. A cambio de no enviarte a Azkaban por lo que has hecho. Puedo intentar ponerla a salvo, pero qué me darás tú a cambio.
- Lo que sea... con tal de protegerla, lo que sea.
- ¿Lo que sea?
- Cualquier cosa.
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No podía dormir, tenía una desagradable sensación que le causaba escalofríos por todo el cuerpo. Una noche calmada a finales de agosto, que se sentía tan fría como un día cualquiera de diciembre. Al menos esa era su percepción, mientras sudaba frío y la punta de sus dedos se percibían como pequeños trozos de hielo.
Algo terrible estaba a punto de suceder, irremediablemente.
- Apagaré las luces para que puedas dormir, Minerva. - escuchó la voz de Rolanda en la habitación, mientras escribía una carta. - Harry Potter ya cumplió un mes de vida y las fotografías son de lo más adorables. Es un bebé precioso, de eso no tengo la menor duda.
- Rolanda... - Minerva comenzó a sentarse lentamente en la cama, mordiéndose el labio inferior con cierta zozobra. - tengo un mal presentimiento, como si algo malo fuese a suceder con esos dos niños y me preocupa...
Antes de apagar la luz, luego de levantarse de la silla junto al escritorio, Rolanda simplemente caminó hasta sentarse junto a su amiga en la cama y frunció el ceño con preocupación. El rostro de su colega era pétreo e incluso podía percibir la ansiedad de sus palabras, sobrecogerla también.
- ¿Crees que Severus tenga razón, Minerva?
- No lo sé, pero toda esta angustiante calma y silencio... me está matando prácticamente. Espero que mi hija esté bien y se mantenga fuera de todo lo que sea que tenga que suceder.
Tenía esa incómoda sensación de que Severus tenía que ver en algunas o si no en la mayoría de sus desgracias. Cómo podía confiar en un hombre que decía amar a Lily Evans Potter con locura y en un pestañeo la había traicionado, por establecer una división de clases sin sentido. Ella también era sangre sucia, si lo pensaba de esa forma, así que cómo podría pensar que no la traicionaría por el mismo motivo.
- Trata de dormir un poco. Descansa, Minerva.
Al apagarse las luces, el incómodo silencio del que tanto quería escapar, volvió a sobrecoger la habitación. Dejó sus lentes sobre la pequeña mesa de noche junto a la cama y trató de cerrar los ojos y pensar en alguna otra cosa que no fuese Severus, su hija o el inminente peligro que acechaba a Neville Longbottom y a Harry Potter. Era una corazonada que esperaba, no se hiciera realidad.
Y mientras trató de dormir un poco, las ventanas de la habitación se sacudieron de repente. Una figura negra pasó rápidamente a través de una de las ventanas y se sentó en la silla que solían ocupar las visitas. Permaneció quieta, mirándola en silencio mientras Minerva se movía en la cama en lo que parecían ser pesadillas. Despertó ligeramente sobresaltada y le dio la impresión de percibir que no estaba sola. No podía ver muy bien sin sus gafas, pero su vista era ligeramente mejor en la oscuridad, debido a sus reflejos que había adquirido gracias a su forma animaga.
- ¿Quién está ahí? - preguntó con voz trémula, intentando tomar sus gafas y su varita de la mesa de noche, sin dejar de mirar al extraño visitante. - márchese o me veré obligada a matarlo.
Pero no se movió, así que pensó lo peor. Mientras palpaba el escritorio sintió la varita entre sus dedos, pero ésta resbaló por la mesa y hasta caer al suelo. La sombra en la silla, hizo un extraño movimiento y le pareció sentir que una mano se movía en su dirección. Imaginaba cosas, seguro se trataba de una pesadilla más. ¿Por qué de pronto su enemigo, si suponía que se trataba de un mortífago, acariciaba su cabello con incómoda calma?
- ¡Apártese de mí en éste instante o juro que...! ¡Lumos! - exclamó y la varita se iluminó, prácticamente sin saber como y aún en el suelo. Su pequeña luz le brindó una imagen que congeló todo su cuerpo en seco.
Tenía que estar soñando si veía a Severus Snape, sentado junto a ella en la cama y con su rostro lleno de lágrimas como tenía tanto sin ver.
- Si causarme un ataque al corazón, es tu genial idea para asesinarme...
No dijo ni una sola palabra, así que se tomó su tiempo para estudiarlo. Tenía esa desagradable expresión que tuvo aquel día en su cabaña, como si el mundo prácticamente se hubiese quebrado a su alrededor y sin esperanza. Parecía desesperado e incluso el cuello de su túnica, se veía como si no lo hubiese acomodado correctamente. Había olvidado cómo lucía Severus Snape, en medio de la desesperación.
- Qué has hecho ésta vez... - murmuró en voz apenas audible. No creía tener el estómago para enterarse. - a no ser que estés sufriendo tanto como yo, por nuestra hija.
Guardó silencio al sentir sus brazos a su alrededor, tampoco supo qué podría decir para remediarlo. Sus brazos no se sintieron cálidos como la mayoría de las veces y tampoco sintió la misma emoción que había sentido antes.
- Todo estará bien, ya pronto terminará. - se vio obligada a murmurar ante los angustiosos espasmos de su cuerpo. - no importa de qué se trate, creo que mejorará con el tiempo.
Sintió un par de manos sobre su rostro y entonces pudo ver sus ojos finalmente. Oscuros, enrojecidos y con un aspecto de encontrarse terriblemente heridos, que no le gustó en absoluto. Un escalofrío recorrió su cuerpo nuevamente, mientras un par de finos dedos acariciaban sus mejillas, con ternura y ligero desespero.
- Lo siento, Minerva... - el tono de suplica en su voz resultó ser una emoción tan intensa, que virtualmente quebró su corazón. - no te marches de mi lado, nunca...
- Qué hiciste, Severus, qué ha ocurrido ésta vez. No puedo hacer nada más, he perdido a mi hija y no puedo sentir amor cuando parte de mí prácticamente ha muerto. Qué se supone que haga si no te interesa.
- ¡Por supuesto que me importa! Ella tiene tu sangre, ella es parte de ti... ¿cómo puede no importarme? Pero no tengo opción, no soportaría...
- Soy una tonta, ¿no es cierto? Me enamoré del hombre equivocado y ahora debo dar la cara y responsabilizarme de mis actos.
- Entonces yo también he sido un tonto, puesto que también me he enamorado de la persona incorrecta. Pero no me arrepiento ni me lamento de ello. - sintió sus labios besarla delicadamente, mientras continuaba hablando en voz baja. - ella volverá con nosotros, estoy plenamente seguro.
- Cómo creerte... - sonrió sin poderlo evitar, llenándose de lágrimas de improvisto. - Pero ni yo podré salvarte de lo que sea que hayas hecho. No puedo ayudarte si eso es lo que has venido a buscar.
Se pusó en pie sin decir nada y la contempló por última vez, que para sus ojos le pareció una despedida dolorosa. Pensó en detenerlo pero en un abrir y cerrar de ojos se esfumó, y volvió a quedarse en total silencio. No pudo evitar pensar que aquel mal presentimiento que sentía muy dentro de sí, tenía que ver con él. Tenía tanto sin verlo tan preocupado y deprimido.
No podría volver a dormir, con la imagen de su arrepentimiento en su mente. Temía que aquel error que hubiese cometido, no tuviera reparo alguno.
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Al amanecer las cosas parecían más agitadas que de costumbre y jamás había visto a Albus Dumbledore tan serio. Lily Evans sostenía a un inquieto Harry Potter, mientras James parecía no entender lo que ocurría y discutía acaloradamente con el anciano director.
- ¿Escondernos? ¿Acaso corremos peligro alguno?
- Mientras entrevistaba a Sybill Trelawney quien estaba interesada en el puesto de adivinación para el nuevo semestre escolar en Hogwarts, ella me relató una profecía que había tenido acerca de un niño que nacería a finales de Julio y quien sería capaz de derrotar a Voldemort. Lamentablemente un mortífago espiaba nuestra conversación y corrió a contárselo. Voldemort cree que puede tratarse de Harry y es por ello que debemos protegerlo. El valle de Godric me parece el lugar más adecuado y conjurar un encantamiento Fidelius, con un guardián del secreto como protección.
- ¿Quién ha sido, Albus? - preguntó Minerva con preocupación. Por qué sentía que Severus tenía toda la culpa.
- No pude verlo, Minerva. - dijo con un gesto que no dejaba lugar a más preguntas. - lo importante es que se marchen cuanto antes y que no confiemos en nadie más que en aquellos que conocemos muy bien. Y aún así tratemos de no confiarnos demasiado.
- De acuerdo, Albus. Confiamos en tu palabra y si crees que Harry estará seguro... - suspiró Lily con incomodidad en tanto que Minerva no supo decir si sentía temor o si podía reafirmarse a sí misma, que Severus tenía que estar detrás de aquel repentino suceso.
- Tendrán que escoger como guardián del secreto, a aquella persona en quien más confíen. El hechizo deberá hacerse cuanto antes, para luego es tarde.
No pudo evitar pensar en su hija y por un momento tuvo que agradecer que no tenía la misma suerte, aunque no celebraba lo que ocurría con sus queridos ex estudiantes. Rogaba que el pobre bebé sobreviviera, puesto que no merecía destino tan cruel como el que pesaba sobre él, ya a tan temprana edad. Tenía miedo de siquiera pensar, en lo que ese terrible hombre era capaz de hacer.
- Estoy segura de que habrá algo que podamos hacer, Dumbledore podrá solucionarlo. - dijo Minerva a una afligida Lily Evans, aunque una parte de sí tenía problemas para creerse sus propias palabras.
- ¡Qué daño podría causar un bebé como él! ¡Es sólo un niño inocente!
Sonaba realmente difícil de creer, que un mago que se decía tan poderoso, tuviera miedo de un pequeño bebé. ¿Acaso estaba por nacer otro de los más poderosos magos de la época o quizá del siglo? Jamás había visto tanta preocupación en la expresión de su colega y director, Albus Dumbledore. No era una misión cualquiera, no podían fallar en detalles o estarían realmente perdidos. Ellos eran pocos, en comparación con las ordas de magos tenebrosos que no dejaban de aparecer y ni siquiera sabía cómo. Acaso los magos no tenían sentido común.
- Creo que al final tenías razón, Minerva. - suspiró Rolanda con preocupación. - la oscuridad no tardará en acechar sobre nosotros.
- Esperaba equivocarme y por sobretodo, esperaba que Severus se equivocara. - murmuró a la mujer a su lado, mientras Alastor Moody preparaba su varita para escoltar a los Potter hasta su nuevo hogar.
- ¿Crees que...?
- Pues espero que no tenga nada que ver en esto.
No pudo evitar pensar en sus lágrimas y su desesperación, sintiéndose culpable de pronto. Qué tal si Severus era ese mortífago, culpable de todas las miserias. Qué tal si había condenado a Lily Evans a la muerte y ahora se deshacía entre lágrimas y arrepentimiento. Por supuesto que no sentía nada por su hija, sólo por aquella mujer que aún no podía olvidar. Qué tonta era por creer en sus mentiras.
