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CAPÍTULO 10

"La Cita"


Blaine estaba sumamente nervioso y feliz al mismo tiempo, tenía mil emociones recorriéndolo al mismo tiempo y sabía que sólo Kurt era capaz de hacerlo sentir algo así después de tantos años.

Se afeitó bien, se puso su mejor traje, acomodó su cabello con algo de gel pero dejando algunos rizos sueltos, quería verse excelente para su esposo. Finalmente se puso el perfume que Kurt le había regalado para su cumpleaños, se dio una última mirada en el espejo y salió de la casa con una gran sonrisa.

Luego de un largo recorrido, llegó, respiró profundamente y se bajó - * ¿Por qué estás tan nervioso? Es tu esposo * - pensó - * tu esposo al que amas con locura y con el que vas a tener una cita después de tanto tiempo * Tocó el timbre y esperó pacientemente hasta que Kurt abrió la puerta.

- Hola! – se quedó anonadado observando al castaño.

- Deberías cerrar la boca, se te puede meter una mosca – bromeó.

- Lo siento, es que wow, Kurt, luces tan divino, eres precioso en verdad.

- Gracias Blaine! He de decir que luces espectacular. Me gusta mucho lo que hiciste con tu cabello – empezó a tocarlo – estos rizos sueltos te quedan muy bien.

- Gracias! Me alegra que te guste – le sonrió - ¿Nos vamos? – Kurt asintió.

Caminaron hasta llegar al auto en total silencio y Blaine le abrió la puerta, el castaño sonrió – no tienes que hacer esto.

- Lo sé, pero quiero. Va a ser un trayecto un poco largo porque iremos hasta Boston.

- Está bien, no hay problema, debo estar de regreso a las 10 de la mañana.

- Kurt, es nuestra primera cita y ya planeas pasar conmigo toda la noche – se puso la mano en el pecho – me escandalizas, estoy totalmente intimidado ahora.

El ojiazul soltó una carcajada y luego se llevó una mano a la boca – yo no… me refería a… ay eres un tonto – volvió a reír y se subió al auto.

- Sabes que estoy bromeando – dijo el ojimiel y cerró la puerta, luego avanzó hacia su lado y cuando subió, se dio cuenta de que Kurt estaba rojo de tanto reírse y él amaba ver a su esposo así de feliz, amaba su risa y la forma en que entrecerraba sus ojos. Lo contempló por un par de minutos, hasta que el ojiazul logró calmarse.

Durante el camino a la ciudad escucharon música, cantaron juntos algunas canciones y Blaine sentía su corazón acelerado, eso era tan familiar, siempre acostumbraban hacer eso cuando salían a algún lado. Sentía que de algún modo, su Kurt estaba de regreso.

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Finalmente llegaron y Blaine avanzó hasta las afueras de un banco y detuvo el auto.

- ¿Qué hacemos aquí? ¿Debemos bajarnos o qué? – preguntó intrigado el castaño.

- Quiero que hagamos un recorrido de nuestra vida juntos y debemos empezar desde el principio, y fue en este parqueadero donde nos conocimos, exactamente en este lugar estaba tu auto parqueado cuando me acerqué a ti.

- Oh! ¿Y por qué te acercaste a mí?

- Porque se te había caído la licencia de conducir en el banco y me di cuenta, así que la tomé y salí corriendo para ver si te alcanzaba y poder devolvértela. Afortunadamente fue así.

- Ah! Así que fue un acto amable de tu parte – le sonrió – ¿y luego qué pasó?

- Platicamos y después te invité un café, lo que nos lleva a nuestro siguiente destino, la cafetería – Kurt asintió.

Al llegar, el ojiazul recordó que era la misma donde había entrado el día que se perdió luego de salir de la casa y la que significaba mucho para ellos, según el video que vio de la boda.

- ¿Listo para entrar? ¿Estás bien?

- Oh sí, sólo pensaba en algo, estoy bien Blaine, vamos.

Luego de comer, el moreno se levantó y se dirigió al mostrador, después de unos minutos regresó con una caja, se sentó y la abrió mostrándole a Kurt los chocolates que habían dentro – este es el postre.

- ¿Postre? Después de lo que acabamos de comer, es mucha azúcar por un día.

- Oh! Vamos Kurt, debemos hacerlo, es un juego que nos gustaba mucho.

- ¿Qué clase de juego?

- Debemos tomar un chocolate cada uno y comerlo completo, adivinamos su sabor y averiguamos si nos gusta o si no nos gusta.

- Eso suena algo absurdo.

- Puede ser, pero es algo que en verdad nos gustaba hacer. Lo hicimos en nuestra primera cita y desde ahí cada vez que veníamos aquí nos comíamos una caja entera. En la época de frío tomábamos mucho chocolate caliente también.

- Espera un momento, dulces, waffles, cajas de chocolates, chocolate caliente… ¿Blaine, estás tratando de volverme diabético o de hacerme subir de peso?

Ambos rieron y Blaine insistió para que tomara uno de los chocolates – te reto – dijo con aire de superioridad – "oh no! no acabas de hacer eso!" – contestó Kurt y tomó uno de los chocolates, luego Blaine tomó el siguiente y continuaron adivinando los sabores, sonriendo cuando uno le gustaba y haciendo muecas cuando no.

Al terminar toda la caja, ambos se divertían como niños - ¿Listo para irnos? – preguntó Blaine y el ojiazul contestó asintiendo con la cabeza y una gran sonrisa.

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El ojimiel conducía emocionado y de vez en cuando miraba a Kurt, mientras que éste no le quitaba los ojos de encima a Blaine.

Llegaron a un lago y el moreno apagó el auto, Kurt lo miró y luego al lugar – muy hermoso en verdad, entonces ¿aquí veníamos a contemplar el paisaje?

- No es eso lo que hacíamos – se sacó la camisa mientras Kurt miraba las luces reflejadas en el agua.

De pronto volteó y vio al moreno desvistiéndose – WHOA! ¿Qué crees que haces? Yo no voy… contigo… eso…

Blaine rió – oh no, no es lo que estás pensando Kurt, todos los meses venimos aquí una vez, nos quitamos la ropa y luego nos metemos al lago y estamos ahí el mayor tiempo que resistimos.

El ojiazul lo miró intrigado - ¿Y por qué rayos hacemos eso?

- Bueno, la cuestión es que estábamos un día cenando en un restaurante y el mesero que nos atendió era muy amable y estuvimos platicando con él y nos contó que él siempre hacía eso y era un hombre de 80 años Kurt, 80 años. Así que nos miramos y dijimos bien, ¿y por qué nosotros no?

- Es una locura completamente.

- Es divertido!

- Blaine, creo que teníamos ideas muy descabelladas acerca de lo que es la diversión – contestó incrédulo el castaño - ¿Te vas a seguir quitado la ropa?

- Claro, así lo hacíamos, bueno, nos quedamos en boxer, pero el resto de ropa se va y nada de trajes de neopreno.

- ¿El agua es muy helada?

- El agua es terriblemente helada. Ok Kurt, si no quieres hacerlo, no hay problema, pero…

- ¿Quién dijo miedo? – contestó el ojiazul y se empezó a sacar la ropa.

- Tengo en el maletero los trajes de neopreno que usamos para…

- Dijiste sólo en boxer, ¿O es que a ti ya te dio miedo el frío y no puedes con el desafío Anderson? – abrió la puerta del auto y salió corriendo en dirección del lago.

Blaine abrió la puerta y corrió detrás de él – eso es trampa, espérame.

Kurt apenas tocó el agua con los pies pegó un grito y corrió en dirección del auto – ni de broma entro, está demasiado helada.

- Ah no! Me desafiaste y ahora cumples – lo tomó de las manos y lo arrastró hacia el agua mientras el castaño trataba de soltarse.

- No Blaine, está muy helada – el moreno reía a carcajadas, lo tomó de la cintura y lo levantó unos cuantos centímetros en el aire, el tiempo suficiente para correr con él dentro del lago y luego lo soltó en el agua.

Kurt se le trepó en la espalda y lo empezó a mecer de un lado al otro hasta que lo hizo perder el control y caer de cabeza al agua, pero él saltó rápido.

Blaine salió botando humo por la boca por lo fría que estaba el agua y mirando a Kurt con asombro mientras éste se reía como niño luego de haber hecho una travesura – Esto no se queda así Hummel – lo tomó nuevamente de la cintura y esta vez de las piernas, hundiéndolo en el agua y sacándolo enseguida.

Los dos se miraron mientras reían y Kurt corrió – ya no resisto, me estoy congelando, no resisto – Blaine corrió detrás y salieron del lago. Mientras el castaño se sobaba los brazos, su esposo fue a buscar las toallas y después de secarse un poco, corrieron hacia el auto, entraron, el ojimiel encendió la calefacción y le puso un cobertor grueso a Kurt, asegurándose de cubrirlo bien.

- No siento las manos, tengo los dedos entumidos Blaine – temblaba terriblemente – no siento los dedos – El moreno le cubrió las manos con las suyas y empezó a soplarle para calentárselas – Gracias! – contestó con una dulce sonrisa y Blaine tuvo un Déjà Vu de lo que ocurrió el día del accidente, cuando salieron del cine.

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Decidieron ir a su casa para encender la chimenea ya que el frío que sentían era terrible, afortunadamente no estaba muy lejos y no tardaron nada en llegar. Se bajaron del auto y corrieron hacia la casa.

Blaine encendió la chimenea y se paró al pie, al ver que Kurt estaba a un lado, se acercó a él, lo tomó de la mano y lo llevó junto al fuego. Ambos todavía temblaban.

- No puedo creer que acostumbremos a hacer esto todos los meses – decía Kurt tratando de controlar el castañeo de los dientes.

- Y eso que esta época del año ya no es tan fría. Imagínate en invierno cuando empieza a nevar.

- Definitivamente estás loco Blaine.

- Lo estoy Kurt, pero por ti – lo acercó más hacia él – tengo un mejor remedio para el frío – se quitó el cobertor y le quitó al ojiazul el suyo – ven, el calor de nuestros cuerpos ayudará.

Kurt respiró despacio y se acercó, el moreno lo cubrió con los brazos y después de varios segundos empezó a acariciarle la espalda. El ojiazul cerró los ojos y se dedicó a disfrutar lo que estaba sintiendo y todo el calor que irradiaba el cuerpo de su esposo.

Al cabo de varios minutos Blaine se preocupó - ¿estás bien Kurt? Te quedaste callado.

- Estoy bien Blaine – se separó un poco de él y lo miró fijamente a los ojos – no sé lo que el antiguo Kurt hizo contigo en la primera cita, pero conmigo no llegarás más allá de la primera base – le dio un suave beso en los labios.

El moreno le sonrió y comenzó a acariciarle el rostro – te amo tanto Kurt, eres mi vida, mi mundo, mi todo, sin ti nada tiene sentido – se acercó despacio y le dio un beso pequeño, suave pero en donde le transmitió todo lo que sentía por él.

Se miraron y esta vez fue el ojiazul quien lo besó y a los pocos segundos comenzó a profundizar el beso, adueñándose de la boca de Blaine. Al separarse le sonrió – bueno, tal vez llegues a segunda base – se besaron profundo y despacio, las manos del ojimiel recorriendo la espalda de alabastro y fue bajando lentamente hasta sus caderas, masajeándolas y apretándolas con cuidado. El beso comenzó a tornarse apasionado y las manos de Kurt estaban jugando con el filo del boxer de su esposo.

Se separaron por falta de aire y se volvieron a mirar, Blaine presionó por completo el cuerpo de Kurt contra el suyo y lo hizo soltar un pequeño gemido, lo besó y fue dirigiéndolo despacio hacia el sofá, lo recostó y él se acomodó con cuidado encima suyo, los besos y las caricias no se hicieron esperar y Blaine no dejaba de repetirle "Kurt cuanto te amo".