Capitulo X
Cuatro días habían transcurrido con "calma". Kagome se encargo de curar y de atender a cada uno de los heridos siendo ayudada por Sango y el resto de los sanos. Por las tardes las pasaba junto a su madre y antes de dormir, paseaba junto a Inuyasha por los alrededores.
Fue para aquel último día en que decidió hablar de sus planes.
Habría preferido guardar silencio y que todo se mantuviese perfecto como hasta ahora, pero no era justo. Y lo había prometido, por tal aprovechaba cada segundo.
Se sentía tan cómoda junto a él, y sabia que él a pesar de solo caminar sujetándole del brazo sentía lo mismo.
Se había hecho cargo junto a su padre de la reconstrucción de las viviendas del templo. Y gracias a su fuerza, llevaban gran ventaja y ya para el segundo día se mostraban avances.
Sabía que a él le agradaba sentirse aceptado, como también sabía que se auto protegía del resto siendo arrogante. Tenía claro que eso no iba a cambiar tan fácilmente. Por casi veintitantos años fue maltratado y rechazado ¿Debía ser confiado ahora? Era claro que no. Pero se esforzaba por contenerse y eso lo apreciaba.
Llegaron a la zona donde estaba la antigua pagoda que protegía las piedras. Los restos de madera ya comenzaban a ser cubiertos por plantas trepadoras, musgo y pequeños hongos que ayudarían a la descomposición.
Como todas las otras veces, Kagome llevaba consigo una manta y se sentaban cerca del rio junto a un sauce que con calma mostraba intentos de estar recuperándose. Admiraban el lugar. Disfrutaban del ruido del agua, y Kagome incluso, caminaba en ellas para sentir dejar fluir las ideas. Y ese día no fue la excepción.
Sabiendo que Inuyasha se opondría, respiro profundo y aguantando la respiración se volvió a él y dijo:
—Debo ir por ellas.
La miro con curiosidad, sin entender a que se refería.
—¿Por quién? —pregunto alzando una ceja.
—Las Bestias.
Su mirada se volvió inescrutable, ya que sabía que a pesar de que era algo de lo que no se hablo, este momento iba a llegar si o si.
Lo vio acomodarse en su puesto y fruncir el ceño.
—¿Iras... por cada una?
Asintió.
—Debo hacerlo. Se lo prometí. Y puede que las cosas aquí estén mejor, pero… afuera… todo debe volver a su orden, si no muchos morirán.
—No me importa cuántos mueran si significa que debas sacrificarte.
—No digas eso… —intento interrumpirlo.
—¡No quiero que corras peligro!
—¿Y qué debo hacer? ¿Quedarme aquí como si nada ocurriese?
—¡Sí! ¡A salvo! —alzo la voz.
—No puedo.
—¿Por qué no?
—Porque debo terminar con todo esto. Porque quiero el día de mañana mirar a mí alrededor sin temor y poder llevar una vida tranquila. Sin culpas o escapando. Quiero una vida normal.
"Vida normal" una vida normal como la de todo humano. Se sintió dolido mas no lo demostró. Se quedo pensativo con la vista fija en la oscuridad del follaje de los ahora recuperados cedros.
Kagome se acerco a él y le tomo la mano sintiéndolo tensarse y esquivarle la mirada.
—¿No quieres vivir una vida normal?
—No — contesto cortante.
Se alejo de ella y viéndolo batallar consigo mismo, se volvió y la miro a los ojos. Y aquel dorado relampagueo se presento haciéndole sentir un hormigueo por todo el cuerpo.
—No deseo una vida normal. Ya que una "vida normal" significa rechazo. Y puede que tú estés acostumbrada a lidiar con ello colocando la otra mejilla, sin embargo yo… no me interesa vivir demostrándole al resto del mundo que no deseo comérmelos.
Kagome sonrió divertida y a paso calmo se acerco a un malhumorado hibrido de Inuyokai.
—No hablo de vida normal a como la hemos llevado desde siempre — se abrazo a él y acostó su cabeza su pecho —. Me refiero a lo que todos en lo profundo esperan. Tranquilidad y vivirla sin arrepentimientos de estar disfrutando de todo lo que nos podamos dar el lujo de disfrutar.
Bueno… si lo exponía de ese modo… y mucho mejor sonó cuando se sintió incluido en ello. Aunque estaba sospechando que el contacto lo realizo para bajar sus defensas… eso no le agradaba… demasiado.
Para la mañana siguiente les informaron que ya la última vivienda se encontraba reparada en su totalidad, a lo cual decidieron reunirse todos e organizar un almuerzo en conjunto, donde tanto sacerdotisas y exterminadores compartieron. Kagome reía al ver como la anciana Kaede le entregaba cosas a un malhumorado Inuyasha dándole la orden de que lo llevara para la improvisada amplia mesa en el jardín.
La nieve se había derretido por completo al retornar el lugar a la normalidad, por lo que el aire poseía ese agradable aspecto de primavera. Y los menores eran quienes más lo disfrutaban.
Se quedo con su madre más de lo esperando, deseando lograr aquella conexión… necesitaba consejos. Información.
Iría junto a Inuyasha por las Bestias y no sabía a dónde ir, o que esperar… no sabía nada sobre ellas más de lo que contaban las historias y antiguas leyendas. ¿Qué debía hacer? Y más aun, ya que llevaban encerradas años, por lo cual podía esperar cualquier cosa menos aprecio… incluso para su madre.
—Un poco de ayuda no me vendría mal…
—Si pudiese, ella lo haría… — se volvió hacia la entrada y vio a su padre de pie con la mirada incomoda.
Era de esperarse…
A pesar de haberlo salvado, el trato era distante. Con suerte y se saludaban mañana y noche, y es que siempre eran interrumpidos, y tampoco Kagome se mostraba dispuesta a llevar acabo algún tipo de conversación, por lo que siempre lo aplazaba. Pero ahora… era tan parecida a su madre…
—Inuyasha me comento que se van mañana…
—Así es. Debo buscarlas.
—Entiendo…
Guardaron silencio y la incomodidad los envolvió provocando que a medida que pasaba el tiempo esta se acentuara, a lo que Kagome dijo:
—No debes explicarme nada —la miro sorprendido un par de segundos, para luego caer en lo obvio… tal y como su madre —. Puede que me cueste aceptar ciertas cosas. Y que no hable de ellas por lo mismo, pero eso no significa que no las acepte… —suspiro y se levanto —. No sería justo perdonarla a ella y no a ti. No me dijeron sus verdaderos enlaces conmigo, pero aun así me criaron como si fuese su hija.
—No quise mentirte, es solo que…
—Sango me lo explico —sonrió de medio lado —. Los Akino me criaron como hija de ellos y cuidaron como tal… ustedes no sabían que yo estaba al tanto de parte de la verdad.
Él asintió.
—Solo quiero que sepas, ame a tu madre como a nadie… y aun es así — Miro a Ame No Uzume con dolor —. Cuando supe que habías nacido, para mí fue prueba suficiente de que nuestro sentimiento no era algo prohibido… nuestra unión no era algo prohibido. Deseaba tenerlas a ambas conmigo. Si bien no era algo posible, aun así fui por ambas… para cuando te encontré, los Akino ya te tenían bajo su cuidado, y Kaede me pidió que lo mantuviese así hasta tus siete… no debí escucharla. Habrías estado a salvo con nosotros.
—Quizás… no lo sabremos.
Él asintió quedadamente. Lo más probable al no apoyar sus palabras.
—Gracias…
—¿Por qué? —pregunto sorprendido.
—Por quererme. Cuidarme…
—Creo que eres la primera hija que le agradece a un padre por cumplir con su responsabilidad. La cual hago con todo gusto. Me enorgullece ver que has crecido y lo confiada y segura que eres contigo misma. Podría decir que fue la influencia de haber estado junto a tu madre… pero definitivamente no es por ello… — suspiro intentando parecer cansado —. Inuyasha es un buen muchacho. Algo arrogante y falto de modales. Pero creo que eso no afecta si te hace feliz.
Kagome se sonrojo hasta la medula y deseo desaparecer, a lo cual para su sorpresa escucho a su padre reír con entusiasmo.
—No serias la primera sacerdotisa en la familia en romper sus votos —Kagome lo miro con curiosidad y él decidió tomar confianza, a lo cual la abrazo y la guio hacia afuera —. ¿Jamás te conté sobre mi bisabuela?
Kagome negó y como si fuese una niña, absorta en la historia se dejo llevar y atenta escucho cada una de las palabras de su padre.
Nunca lo había visto tan entusiasmado al hablarle. Siempre tendía a ser frio, distante. Como si la mentira sobre la unión y enlace entre ellos le impedía ser más cercano, y podía entenderlo… aun así la situación era extraña. Trataba de mostrarse natural. Pero al analizar la situación caía en el hecho de que le era imposible comportarse de un modo normal… ser natural ¿Cómo serlo ahora si la relación entre ambos nunca fue así? Pero tenía la firme convicción de que si era lo suficientemente paciente iba a llegar a un punto en que el fingimiento se volvería realidad.
Eso esperaba…
Por la noche Sango se acerco a ella y le miro inquieta. Sabía que quería decirle algo. Y si ya había "hablado" con su padre ¿Por qué no escuchar lo que ella quería decirle?
Estaba consciente de que ya todos sabían que se marchaban con Inuyasha, y para su sorpresa, se mostraban nerviosos. Temían que con su marcha el campo de energía desapareciera y que los demonios regresaran. No podía negar que lo que había dicho Inuyasha al escucharlos tenía sentido –"Kagome hará lo que ella desee. Si eso es irse, así será. No se quedara para mantenerlos tranquilos a Uds. y así puedan seguir hablando a sus espaldas y a las mías como si yo no los escuchara"-. No realizo comentario a él, pero cuando paso por su lado, solo pudo obsequiarle un leve beso en la mejilla, a lo que Inuyasha resoplo incomodo y le siguió el camino hacia las aprendices de sacerdotisas.
Sabía que ahora Inuyasha estaba más agradado con la idea de que se fuesen. No lo decía, pero ya no mostraba resistencia en las conversaciones cuando le hablaba de su intento de plan de búsqueda… solo se limitaba a escuchar atento y entregaba una corta opinión…
Su hermana se gano a su lado y fijo la vista en el horizonte.
La amplia terraza donde los pilares de las bestias permanecían tallados, debió ser remplazada por pilares nuevos. Aun así, mantenían aquella majestuosidad anterior. Y la vista, seguían siendo igual de maravillosa que antes.
— Es un lugar hermoso — musito Sango con dulzor.
— Lo es… pero me gustaría que no fuese necesario un campo de energía para protegerlo.
— Tu madre debió amar este lugar.
— Nadie podría amar una prisión. Aprender a soportarla, quizás. Pero amarla…
— Lo siento… —Se mostro en verdad apenada.
— No tienes por qué. En si es un lugar hermoso. Y si lo vives en familia, lo disfrutas y vuelves parte tuya. Pero si estás sola… y más aun condenada a mantenerte alejada de los tuyos…
— ¿La quieres?
Se volvió a ella y analizo la pregunta.
— No puedo no hacerlo. A pesar de que haya omitido ser mi madre, cuido de mí y me trato siempre como su hija. Tal como papá ¿No?
Sango la miro con comprensión. Se apego a ella y paso brazo sobre sus hombros.
—Deseo ir con ustedes —informo. No era una petición. Su tono lo que menos dejaba en claro era estar pidiendo ir. Iría con ellos.
Guardo silencio por unos minutos y se permitió disfrutar el abrazo, hasta que dijo:
—No confías en Inuyasha... por eso deseas ir.
Sango no lo negó, pero menos lo afirmo, en cambio solo se limito a sonreír.
—Deseo cuidarte.
—Puedo hacerlo sola. E Inuyasha estará conmigo.
—No corresponde que viajes sola con él. Y lo sabes.
—¿Por qué? ¿Por ser un hibrido o por lo que significa para mí?
—Ambas —suspiro y se acomodo en la baranda —. Sea cual sea el tipo de relación que tengan… sin importar. Es un ser masculino, y pedirá más en su momento.
—¿Mas?
Sango se ruborizo y corrió la mirada incomoda.
—Yo…Y-yo… será mejor que lo hablemos en otro momento.
—¿Por qué? ¿Por qué no ahora?
—Porque no. No insistas.
—Sango… ¿Qué me ocultas?
—¡Nada! —Se volvió ahora molesta. Por lo que Kagome la arrincono impidiéndole salir.
—Dímelo, Sango.
—¡Kagome! Déjame pasar.
La joven negó y se sujeto a su cintura y comenzaron a realizar fuerza. Kagome impidiendo que se arranque, y Sango, para hacerlo.
Llegaron a un punto en que Sango aguantando la risa se dejo hacer, y cuando la vio confiada se escabullo, viendo a Kagome caer de cara al suelo. Pudo haberla dejado ahí y arrancar, pero al ver que solo decía –¡Aush!- , preocupada se acerco.
La llamo varias veces, pero al no verla hacer movimiento se hinco a su lado.
—¿Kagome? —intento moverla, pero sin darse cuenta la pierna de la joven fue sujeta y jalada con fuerza, viéndose de un momento al otro de cara al suelo y siendo aplastada por la que supuso se trataba de Kagome.
—¡Ajá! — le inmovilizo las piernas y los brazos.
—¡Kagome! Tramposa.
Los forcejeos continuaron hasta que las risas las hicieron detenerse. Se dieron vuelta quedando ambas aun lado de la otra, espaldas al suelo totalmente agotadas y con falta de aire.
—Aun así iré con ustedes —finalizo. Y Kagome solo se limito a tomarle la mano y suspirar. Lo sabía desde un comienzo, como también el hecho de que no cambiaria de idea.
Con la vista en el techo y el aire que las envolvía, en ese momento un sentimiento la envolvió… y la imagen de Furyoku llego a su mente con intensidad entristeciéndola…
Él era otra de las razones por las cuales deseaba arrancar de ahí. Necesitaba buscarlo. Debía saber que ocurrió con él… en verdad le dolía el pecho de solo recordarlo…
¿Dónde estarás?
A la mañana siguiente, para evitar demasiadas despedidas, se propusieron retirarse a primera hora. Inuyasha no dejo que ella transportara nada, haciéndose cargo del bolso con alimentos, con la ropa y demases. Donde la joven se dio el trabajo de volver a surtirse de hierbas medicinales.
Sango no dejo que le llevasen nada. Y sabía Kagome que el viaje se iba a tornar largo y agotador si su hermana no cambia de actitud con Inuyasha. Y también sabía que gran culpa era de ella, al solicitarle que la ayudase a curar a su padre.
¿No debería sentirse agradecida al respecto? Después de todo, si no hubiese sido por él, Katsumoto Higurashi habría muerto en un abrir y cerrar de ojos, y es que él ya pertenecía a los suyos y no deseaba que nada malo le ocurriese. Por tal lo utilizaba como medio para la creación de escudos. Con la esencia de él, los campos destruirían a cualquier demonio menos a él…
Fue con su madre con quien se tomo más tiempo en despedirse.
Espero quizás que le dijese algo. Que la aconsejara una última vez, pero nada escucho de ella. Suspiro pesado y se acostó como una niña pequeña a su lado y dejo la cabeza apoya sobre su hombro.
—Desearía no irme y estar aquí para cuando despiertes —suspiro nuevamente y espero acomodándose más —. Cumpliré con lo que prometí… y las traeré de regreso contigo. Y quizás… quizás ahí despiertes…
Se apego mas a ella y sostuvo su mano con fuerza.
Inuyasha fue por ella, y temió interrumpirla, sin embargo la joven acompañándose de una sonrisa le dejo saber que sabía que la acompañaba, por lo que él le dijo con suavidad que todo estaba listo para que se fueran.
Y cuando estaba por terminar de levantarse, lo sintió. En su pecho. En el medallón de luna menguante. Un suave calor la envolvió y supo que era por parte de su madre, y supo que ella estaba con ella a pesar de todo…
En el gran portón de ingreso las sacerdotisas se mantenían alineadas al igual que cuando la despidieron la ultima vez y su vista se fue al final, pero su madre no apareció, a lo que regreso su vista a los que los rodeaban, viendo a Sango repartir ordenes a todos, y en especial a Kohaku y a su padre.
Se mantuvo al margen de la despedida de ellos, y es que no quiso interrumpirlos, y peor de todo es que ellos no se dieron cuenta de ello. O eso creía ella, ya que al volverse hablar con las pequeñas aprendices sintió que le tocaban el hombro, viendo a su padre con una sonrisa triste junto a Kohaku abrazado a Sango.
—¿Tienes planeado irte sin despedirte de nosotros?
—¡No! Yo…
Agacho la mirada avergonzada y su padre la tomo el mentón para que lo mirase.
Le sonrió con amor y con un solo movimiento le abrazo sin preocuparse de que ella no lo hiciese.
—Prométeme que te cuidaras… y regresaras sana y salva
Kagome asintió y temerosa lo sujeto permitiéndola abrazarla mejor, por lo que la sonrisa de él se volvió más radiante.
Y para su sorpresa, ese momento le pareció real, y la sensación en su corazón también.
Las despedidas finalizaron, y fue Kaede quien quedo apropósito al final, susurrándole unas palabras al oído, que en ese momento, no entendió…
Caminaron siguiendo el sendero fijo con la idea de quedar al centro de los puntos cardinales. El clima en verdad se había vuelto impredecible. En un momento hacia un calor sofocante, y en otros un frio capaz de congelarlos, a lo que se vieron forzados a ralentizar el paso buscando refugio la mayoría de las veces, por lo que pasaron semanas para llegar al lugar. Y es que Kagome tenía la esperanza de que al llegar ahí algo se iluminaria en ella y obtendría respuestas hacia dónde dirigirse, pero solo lograron llegar al punto donde el cambio climático era inexistente.
Lo que les llamo la atención, fue que al momento de colocar un pie en el centro mismo el clima era permanente. No había clima a decir verdad. Era como estar en un abismo. Pero a metros mas allá, hacia el Este… Al parecer el Dragón Azul era el único en comportarse, el área se mantenía intacta.
—Lo más sensato sería ir a ver a Seryu primero — Agrego Kagome observando los brotes de flores en los arboles a pasos más allá, sin caer en el rostro de Inuyasha, el cual no se mostraba muy a gusto.
—Sera mejor que nos quedemos esta noche aquí —Dijo él sacándose las cosas de encima. A lo cual Kagome solo asintió.
Era raro pillar un clima decentemente soportable, por lo que el aprovechar ese lapsus estacional era casi un privilegio.
Sango eso si no le quito la mirada de encima al joven hibrido. Siempre le pareció sospechoso, aunque no negaba que posiblemente el afecto que le tenga a su hermana era real, aun no lo podía asegurar, y es que el cambio de actitud ahora… algo ocultaba.
Inuyasha intento cazar, pero solo obtuvo dos conejos moteados. Ni blancos ni cafés, si no la mescla de ambos. El cambio de estaciones estaba afectando de manera rápida, pero prefirió no decir nada.
Kagome uso los animales para preparar un estofado. E improviso unas tortillas para acompañar. Todo pareció perfecto, si no fuese por el incomodo silencio que siempre los envolvía. Sango sacaba tema de conversación, pero que solo era destinado para Kagome, y cuando esta intentaba incluir a Inuyasha este era cortante por lo que volvían al mismo silencio incomodo.
Comieron en silencio hasta que vieron la ceja de Inuyasha alzarse irritado con un tic constante, a lo cual lo miraron fijamente, para verlo llevarse una mano hacia el cuello dando un golpe seco, escuchando luego una pequeña vocecita.
—¡Amo Inuyasha! —Le escucharon decir, a lo cual se acercaron más a mirar el hombro, viendo a la pequeña criatura acomodarse su pequeña ropa —. Que agrado verlo, Amo. Y su sangre tan sabrosa como siempre.
—Anciano Myoga… —Musito Inuyasha de mala gana —. Ya me esperaba que aparecieras.
—¿Lo conoces, Inuyasha? —pregunto Kagome acercándose más criatura.
—Claro que si, señorita. E estado bajo el mando de la familia del joven Inuyasha por generaciones.
Kagome asintió sorprendida, mientras que Inuyasha se mostraba en verdad irritado.
—Joven amo. ¿Qué lo trae por estos lados?
—Necesitamos información sobre las bestias sagradas —contesto Sango quedadamente.
—Ya veo… ¿Por qué si me permiten preguntar?
—No te permito…
—¡Inuyasha! —Kagome lo miro a los ojos y este molesto corrió la mirada —. Necesitamos encontrarlas —Sonrió con dulzor y la anciana pulga no pudo no imitarla. Y aquella misma sensación relajante que años atrás le ocurrió, se volvió a presentar —. Por lo que cuentan las historias —comenzó a decir Kagome —, cada una tenía su lugar donde vivir en cada región correspondiente. Lugar completamente oculto a la vista de todos. Solo Ame No Uzume y unos privilegiados saben dónde quedan.
—Y las crónicas antiguas de la Casa Taisho ¿No decían nada de eso, joven Inuyasha? —pregunto la diminuta pulga.
—Si es que lo dicen, no lo recuerdo —contesto este cruzándose de brazos y manteniendo la mirada corrida. Ya que no quería confesar que ni siquiera las tomo.
—Bueno… su padre no se sentirá muy satisfecho.
—Está muerto. No puede sentir nada. Y me sorprende que sigas aquí. Siempre arrancas cuando uno menos lo espera.
Kagome lo miro desaprobatoriamente y se volvió a la pulga que ahora incomoda brincaba de un lado al otro.
—Discúlpalo… y también a mí. Olvide mis modales — realizo una pequeña reverencia con la cabeza — ¿Cuál es tu nombre?
—¡No! No le preguntes nada. Deja que se largue.
—¡Inuyasha! No seas grosero.
—No se preocupe. El amo Inuyasha siempre fue igual. Mi nombre es Myoga, señorita Kagome.
—¿Me conoces?
—Claro que sí. Por usted el joven se enfrento al amo Sesshoumaru.
Inuyasha intento tomarlo con la garras, pero este alcanzo a escaparse.
—¿Sesshoumaru? ¿Quién es él?
Pregunto dejando pasar el continuo intento de captura entre la pulga e Inuyasha.
—Nadie que valga la pena.
—Si tiene planeado ir al Este (cosa que deberá hacer en su momento si busca las bestias sagradas, o por simple información) deberá decirle sobre su hermano…
—Medio hermano.
—¿Tienes un hermano? —Pregunto Kagome sin ocultar entusiasmo e interés.
—Medio hermano —Mascullo entre dientes.
—Hermano, al fin y al cabo —agrego Sango sin quitar su vista al enorme bumerang que limpiaba, por lo que no pudo ver la mirada que Inuyasha le lanzo.
—Amo Inuyasha. Usted sabe que si coloca un solo pie en el territorio Este su her… —la mirada que le lazo Inuyasha fue suficiente como para que se corrigiera… ¿Qué opinaría si le dijese que tiene un temperamento similar a su hermano? — ejem… el amo Sesshoumaru lo sabrá, y no lo recibirá con una bienvenida.
—Correré con el riesgo. Además, el idiota de Sesshoumaru me debe una por haberlo aguantado tanto tiempo.
—Le aseguro que él no lo verá así...
Y él podía decir lo mismo. Sesshoumaru lo sentencio la vez anterior en que escapo, lo mataría si lo hacía de nuevo. Si bien no lo ha hecho, puede hacerlo ahora cuando lo vea…
Miro a Kagome y la vio reír con gusto al escuchar anécdotas de el por parte de Myoga. Hasta Sango sonreía disimuladamente…
Suspiro pesado y coloco su mano en la empuñadura de Colmillo de Acero por instinto. Pelearía por ellos, así deba matar a Sesshoumaru para obtener la información y así acabar con toda esta búsqueda.
Continuara…
N/A: Estimadas. Esta vez e batido un record, ¿no? Jejeje me demore mucho menos, y creo que la inspiración ha vuelto, tanto así que voy con dos historias al mismo tiempo.
¿Qué decir de este cap?
Nada. Me gusta cómo va evolucionando la historia.
En el próximo capi ya se imaginaran quien aparece jajajaja así es, el amo bonito. Y posiblemente una de las bestias se deje ver, con una personalidad…. Mmm bastante particular.
Cariños.
NOS LEEMOS…
