DarkDivine131: No, no se puede considerar caso cerrado #YLoSabemos ;) Gracias a Dios siguen haciendo capítulos, ergo espero no encallarme en ninguno y seguir escribiendo. La frase de Christie es genial, y lo mejor de todo es que está inspirada en la una amiga mía, que tiene un talento natural para soltar las cosas así en los momentos más inoportunos. xD ¡Son buenos nombres! Me encanta ver que estás jugando con referencias del siglo XXI también (los Cuatro Fantásticos me ha hecho soltar una carcajada que ha venido mi hermano preguntándome si me encontraba bien o si necesitaba agüita por si se me había ido algo por mal lado xD). Lo de los Cuatro Dioses podría ser peligroso (aunque definitivamente lo usaría si la acción no se desarrollara en esa época tan religiosa), yo estoy barajando algo así como "El Equipo A", para ellos ( el loco, el guapo, el fuerte y el líder, ¡los clavan aunque todos sean guaperas!) y "los Ángeles de Charlie" para ellas (Charlie supuestamente sería la Reina, y las tres Muskeladies los ángeles). ¿Qué me dices? ¡El Club de Fans es oficial, pues! ;)
PsychoMudereEffect: ¡Muchas gracias! La verdad es que la primera vez que vi el capítulo fue un poco mareante. Me costó entenderlo y luego tuve que reconocerle a Athos su mérito por hacerlo bajo tanta presión, así que quería saber lo que pasaba por su cabeza y me dije "escribe como una condenada" xD Eso de "mi inserte-profesión personal" viene de largo. De pequeña fui a hacerme un análisis de sangre y llevaba el pelo larguísimo. Mi madre es peluquera y me hizo un recogido que hasta Sissi Emperatriz envidiaría y cuando las enfermeras me comentaron "qué peinado más apañado llevas", yo les solté, con toda mi seta: "gracias, se lo diré a mi peluquera personal". Tengo que decir en mi defensa que tendría unos ocho años, pero bueno... xD
Guest: ¡Me encanta que te encante! :D Ya tengo en mente algo preparado para Athos y Katia (no en este capítulo, pero se va a ir fraguando para que quede chulo, descuida) y de Christie y Porthos... ¡No eres impaciente! Me alegra muchísimo ver tu entusiasmo, de verdad. Eso me hace seguir queriendo escribir. Ya me dices qué te ha parecido este... que, lo dicho, empieza con el tercer capítulo de la primera temporada.
OoOoO
-¿Qué te ha dado ahora por hacer de Águila Roja?-la abordó- ¡Podrían haberte reconocido! O peor, ¡capturado!
Katia rodó los ojos, para evitar la tentación de aplaudirla por esa brillante interpretación –con otras palabras- de Hermione Granger.
-No soy una heroína-rodó los ojos- y tampoco soy maestra.
-Exacto, eres esteticista. Lo que hace la historia más cutre aún.
Bufó por la nariz. Siguió mezclando ingredientes y escribiendo en pequeñas tiras de pergamino, mientras estos cocían, fingiendo que Christie no la seguía con la mirada.
-Soy actriz.
-Katia, solo estoy preocupada por ti- quiso hacerle entender al ver que no iba a sacarle más que ese gruñido-. Si sigues llevando una doble vida, aunque te obligues a creer que esto es producto de tu retorcida imaginación-arrastró las sílabas, en total desacuerdo-, vas a acabar mal, forzando el cuerpo y el cerebro.
Katia volteó a verla con violencia, los ojos en llamas.
-Pues entonces, ¡ayúdame!
-¿Te crees que es suficientemente sencillo trabajar de psicóloga de la Reina y vivir en esta época sin hablar que puedo además dividirme y ser tu Robin?
-¡Tampoco voy de Batman!-exclamó indignada.
-¡Porque no tenemos tecnología en el puñetero siglo XVII, Catherine!
Ya está, para que Christine alzara la voz (y la llamara por su nombre) había que hacerla explotar de verdad. Y al parecer, el incidente de esa mañana, al noquear a plena luz del día a un asaltante disfrazada del Chuchoteur, había sido la gota que colmaba el vaso. Ahora las gentes de París hablaban de un héroe local, que luchaba contra la injusticia, no solo tenía fama entre los Mosqueteros.
Pero ahora que lo pensaba... ¡sería fantástico tener un bat-móvil en el siglo XVII, joder!
-No me refería a que me sigas cuando ayude a los mosqueteros- frunció el ceño, medio rogándole con la mirada-. Solo… cúbreme en el Instituto de Belleza cuando tenga que salir escopetada por ellos. Anne lo entenderá, si se lo explicamos. Si seguimos vendiendo cremas y demás como hasta ahora, podremos permitirnos el contratar a un par de personas para que nos ayuden, y lo sabes. Constance también está en el ajo, hasta el cuello, que me hizo la capucha...
-Te gusta demasiado salpicar a todos-la miró mal, negando con la cabeza. No quería inmiscuir a Constance y la Reina, aunque se llevaran bien y hubiera más confianza con ellas que con nadie. Habría consecuencias si las espiaban, lo sabía...-, siempre lo hacías de niña en la piscina.
Katia sonrió ampliamente, sabiendo que cuando empezaba a dudar así tenía la batalla ganada. Muchos años de práctica y perfeccionamiento sobre el ring, siendo hermana mayor, como para no reconocer los primeros síntomas.
-No me seas mosquita muerta. Ambas sabemos que siempre has sido peor-se burló-. Yo salpicaba... pero la de las ahogadillas eras tú.
-Intenta demostrarlo-se burló, mezclando y cediendo a regañadientes-. Yo sigo teniendo la misma cara de ángel de entonces.
Katia la estrujó contra sí, en un abrazo de oso.
-Y la misma agilidad-la aduló, besándole el pelo-: nadie me venda tan rápido como lo haces tú.
Tendrían que cronometrarlo, como si en vez de vendar pechos se tratara de cambiar las ruedas de un coche de competición, pero estaba segura de que en eso Christie tendría el récord con la Escudería Chanel.
Tiembla, Red Bull. Tiembla.
OoOoO
Con la excusa de que necesitaban materiales y hierbas exóticas para sus cosméticos, se hallaban de camino a Le Havre: el moderno puerto del Sena Marítimo con relaciones internacionales en contexto europeo.
Casualmente, las escoltaban hasta allí tres mosqueteros del Rey y un acompañante que opositaba al Cuerpo, porque la Reina así se lo había sugerido a su marido.
Las Baronesas debían aprovechar el que compartieran viaje hasta la costa con los enviados del Rey en una misión oficial, a fin de evitar altercados como los de su llegada a París. Suficiente habían sufrido ya en la vida sus pobres amigas -entre ellas su psicóloga personal-, como para que les pasara nada más.
Christie componía muecas cada dos por cuatro, sujetando las riendas del pequeño carro. Estaban haciendo turnos hasta allí y Katia dormía cómodamente mientras ella conducía. Por mucho que se quejara de él, echaba de menos su Citröen de segunda mano del siglo XXI.
A su lado, Porthos cabalgaba con elegancia, mirándola divertido:
-¿Estáis cansada? -preguntó, ofreciéndose- Si deseáis dormir, podéis acompañad a vuestra hermana: yo llevaré las riendas.
Ella negó con la cabeza, sonriendo con agradecimiento. Señaló el carro y negó de nuevo. Luego señaló el caballo sobre el que él montaba y asintió, sonriendo ampliamente.
-Oh, ya veo. ¿Sois amazona, entonces?
Había algo es su tono que la hizo mirarlo con desconfianza. Dios mío, no podía estar sugiriendo... Christine parpadeó inocentemente, girando de un lado a otro la muñeca repetidamente con la mano abierta. Supuso que era mejor pecar de ingenua que de salida en ese siglo, que se lo tomara como le diera la gana.
Porthos alzó las cejas. Definitivamente, iba por ahí, con ese comentario.
-Con el debido respeto, Baronesa: eso no es una respuesta.
Ella se rió entre dientes, encogiéndose de hombros.
-No tardaremos mucho más en llegar- aseguró el hombre, señalando el camino con la cabeza-. El barco no llegará hasta dentro de unas horas, lo que nos da margen para que realicéis vuestras compras. Tengo curiosidad-aseguró, sonriendo.
Ella se la devolvió, un poco cohibida por lo que acababa de volver a pensar. Vale que la primera vez que le vino a la mente, no supiera quien era... pero ahora sí lo sabía y seguía pensándolo: Porthos tenía una sonrisa muy bonita. Y muy gamberra.
Y tenía que dejar de mirar esa espalda, por su bien.
OoOoO
-¡BEBIDA PARA TODOS!-anunció un hombre de aspecto excéntrico entrando en el lugar.
D'Artagnan entró unos segundos después, así que, desde su mesa y viendo la mirada que les dirigió a Athos y Porthos, supusieron que era aquel al que buscaban. Él se sentó junto a Aramis, cerca de ellas.
-Ni siquiera la pluma de la cola de un guacamayo amazónico, de lejos el pájaro más hermoso de la jungla, es la mitad de hermosa que vos-le dijo con un buen repaso de mirada a una tabernera que acababa de servirle una bebida-. Encaja perfectamente con el color de vuestros ojos.
Ambas hermanas bufaron con desdén y aburrimiento, al escucharlo.
-Seducida por una pluma, ¿en serio?-preguntó D'Artagnan, viendo que las Baronesas no pensaban como la mujer. Aquello era surrealista.
-Cualquiera puede decirle a una mujer que es hermosa-sonrió Aramis-, pero en hacer que se lo crea reside la genialidad
Podían escuchar susurrar a Athos y Porthos, seguramente llevando la cuenta de cuántos hombres iban detrás del hombre.
-¡EMILE!
Una mujer, plantada en la puerta de la taberna, completamente despeinada, llamó a atención de todos los presentes.
-Dios santo-musitó casi con temor.
Se apartó un poco de la tabernera y vieron como la mujer desenfundaba un cuchillo, cortando la pluma de golpe. D'Artagnan hizo amago de incorporarse, pero Aramis lo detuvo:
-Quiero ver cómo termina esto.
Entre la una y la otra, se desgarraron las mangas del vestido, lanzaron platos y golpearon con uñas y dientes, tirándose del pelo. Katia alzó una ceja, pensando que seguramente solo faltaba el barro para que fuera la fantasía masculina de cualquier época.
La mujer de la puesta en escena consiguió tumbar a la otra sobre una mesa y situarse encima de ella con el cuchillo cerca de su garganta. Alzó la mirada hacia el hombre.
-¡Te mataré!
-Cariño, cálmate-alzó los ojos al cielo, sujetándose el puente de la nariz, como si tuviera jaqueca-, te lo ruego, aún es muy temprano.
Hubo un disparo y otro hombre, de lo que estaban esperando, cayó al suelo con una herida en la rodilla. La mujer saltó, apuntándolo con la daga.
-Tócale y mueres.
Y entonces los mosqueteros se los quitaron de encima en cuestión de segundos. Ella, de todas formas, seguía apuntándolos, indiscriminadamente.
-Podéis apartaros vosotros también.
-Hace un momento, queríais matarlo-señaló Aramis.
-Yo tengo derecho; vos, no.
Y se abalanzó con el cuchillo hacia él. Aramis atrapó su embiste al vuelo y la hizo dar una vuelta, como si estuvieran bailando, haciéndose con el arma y lanzándole la mujer a D'Artagnan.
-¡Quitadme las manos de encima!-se resistió, mordiéndole.
Athos se colocaba los guantes, mirándolos con condescendencia y Porthos se rió con ganas, como si la situación fuera tremendamente divertida.
-¡Me ha mordido! -exclamó con una mezcla entre incredulidad e indignación, agitando la mano, con dolor.
El tal Emile bajó de un salto de la mesa.
-Caballeros, gracias. Gracias. No puedo agradecéroslo lo suficiente, ¡qué suerte que estuvierais aquí!
-No del todo -se guardó el arma que no había hecho falta usar-. Emile Bonnaire, soy Athos, mosquetero del Rey. Quedáis arrestado: os llevaremos a París para comparecer ante él-recitó, retirándole las armas.
Porthos le ayudó a hacer lo mismo. Emile Bonnaire les dirigió una mirada suplicante.
-No... me temo que hoy no puedo viajar, porque tengo asuntos importantes que...
-Vuestros asuntos tendrán que esperar.
-Muy bien-terminó cediendo, viendo la mirada de Athos.
-¿Qué hacemos con ella?-preguntó D'Artagnan, señalando con un movimiento de cabeza a la mujer.
-Tengo nombre. Es María Bonnaire- dijo con disgusto mirando al hombre de nuevo.
-Caballeros- presentó con orgullo-, mi esposa.
Volteó a verla con adoración y ambas hermanas jadearon de indignación. Aramis sonrió divertido por su reacción:
-¡Eso explica muchas cosas...!
Porthos se rió también, al ver el ceño fruncido y la mirada despreciativa que ambas hermanas, pero sobre todo la pequeña de las baronesas, le dedicaban al hombre que había estado coqueteando con la tabernera instantes antes de que llegara su enfurecida- y con razón- mujer. Cerdo.
-¿Algún arma escondida de la que debamos saber?- preguntó Porthos, cacheándole, sin dejar de sonreír, extrañamente de muy buen humor.
-Mmmm, no. No, nunca llevo armas ocult...-Antes de que lograra terminar la oración, Porthos extrajo una pistola que difícilmente podría llevar escondida, pero que lo había conseguido- Me olvidé completamente de esa-aseguró.
-Qué fácil... -se quejó.
Uno de los hombres de negro que habían estado vigilándolo le entregó el tubo que llevaba a la espalda cuando entró a la taberna.
-Odiaría que os dejarais olvidado algo tan valioso-dijo con marcado acento español-. No querréis que esto caiga en manos equivocadas...
Porthos lo tomó por él y Emile volteó, con decisión hacia la salida.
-Bien, caballeros-asintió-, a París.
Aramis le entregó la daga a la mujer del arrestado, mirándola con algo travieso en los ojos y Katia alzó los ojos al cielo. Tendría que decirle a Anne que debía dejar de ser tan adorable: a Aramis le divertían las violentas, estaba claro.
-Concededme un último deseo antes de partir-rogó-. Un rato a solas con mi mujer.
Christie abrió los ojos como platos, alternando la mirada entre su hermana y el matrimonio.
¿Acaba de sugerir...? Katia parecía tan espantada y sorprendida como ella.
A Porthos se le expandía una ancha sonrisa por la cara viendo las reacciones femeninas, mientras a D'Artagnan se rió entre dientes.
-Debéis pensar que somos estúpidos...-dijo como si aquello fuera impensable.
Aramis se encogió de hombros y a Porthos le mudó la cara a una sonrisa traviesa. Athos no comentó nada, pero estaba claro:
-A mi pesar, parece que lo somos.
-Debo tener vuestra palabra de que no intentaréis escapar, monsieur.
El tono de Athos evidenciaba, al menos para Katia, que sabía que eso era exactamente lo que iba a intentar hacer.
-Tenéis mi palabra -Porthos alzó ambas cejas, incrédulo-, de caballero.
OoOoO
-Los seguidores de Bonnaire se han ido, por ahora al menos.
-¿Qué crees que querían?-preguntó Athos, apoyado en la barandilla de madera.
-Probablemente les debe dinero.
Y sonrió con descaro al volver a escuchar los gemidos que salían de la habitación.
Sentadas en las escaleras, ambas hermanas miraban el suelo con cara de póquer. Christie se había llevado las manos a las orejas, tratando de evitar escuchar en la medida de lo posible. Tenía que interpretar a la virginal Christine, claro...
-No hay un solo comerciante que sea trigo limpio- miró, después, con cierta disculpa a las Baronesas, ya que se dio cuenta de que acaba de meterlas en el lote.
-¡Amor mío! -se escuchó un alarido de dentro de la habitación- ¡Llevo tanto tiempo en el mar que estoy lleno de pasión...!
Christie se quedó pálida, abriendo los ojos como platos, y Katia se llevó una mano a la boca para disimular su asombro, incapaz de creer que los mosqueteros del Rey les estuvieran haciendo pasar ese rato.
Además, ¿alguien es tan pedante teniendo sexo...? ¡Le quita las ganas a cualquiera hablando así!
Porthos se acercó a ambas, rodeando a Athos, para sonreír de nuevo.
-Tenéis un problema con vuestras expresiones faciales, mademoiselle -le recordó riéndose entre dientes y empezando a bajar escalones-. Si os consuela... os diré que, pese a ser placentero, se puede llevar a cabo con menos escándalo.
Christie abrió los ojos como platos, volteando a verlo tan rápidamente que se escuchó el crujir de su cuello. Boqueó como si fuera un pez fuera del agua en busca de oxígeno, desviando la mirada del hombre a su hermana, como si se tratara de un partido de tenis. Aquello tenía que considerarse insolente en el siglo XVII sí o sí, ¿verdad? ¿Verdad? ¡¿Dónde estaba el decoro?!
Katia lo fulminó con la mirada.
-¡Qué descaro, monsieur!- se abanicó con la mano, alzando la barbilla al techo con fingida indignación. No podía reírse ni darle la razón porque supuestamente era un viuda respetable pero que se dirigiera precisamente a Christie así era divertido- Os ruego que controléis vuestra lengua: mi hermana pequeña no tiene porqué aguantar ese tipo de comentarios groseros.
Porthos alzó ambas manos al cielo, en son de paz, bajando las escaleras sin dejar de dirigirle una mirada divertida a la hermana pequeña que dejaba claro que no le parecía tan "pequeña". Se limitó a esperar en la esquina de la taberna a la que daba la habitación donde instantes antes estaba Bonnaire con su mujer.
-Perdonad a Porthos, madame. Eso ha estado fuera de lugar-se disculpó por él Athos, una vez su amigo salió de allí, con la pistola en la mano-. Solo puedo decir en su defensa que no os hemos obligado sin motivo a escuchar un... -pareció buscar las palabras- verdadero encuentro matrimonial.
-Con el debido respeto, monsieur- se levantó del escalón, ayudando a su hermana y empezando a bajar las escaleras- ya lo sabía, pero sigue siendo incómodo. Aunque no os lo creáis puedo reconocer cuando una mujer está fingiendo un orgasmo y cuándo no. Lo mejor será ir a buscar a Bonnaire y recoger nuestro carro para no perder más tiempo.
Athos alzó una ceja, sorprendido de que supiera lo que habían planeado, pero no dijo nada.
Poco después, Katia se sintió estúpida por haber dejado que su lengua actuara más deprisa que su cerebro: no solo le había hecho pensar en que era más inteligente de lo que ella quería que, además, había puesto en duda lo bueno que era su ficticio y difunto marido en la cama. Olé por ella, señores.
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N/T: ¿Se nota mucho que he disfrutado como una enana escribiendo este capítulo?
El tercero es mi preferido de la primera temporada, sin ninguna duda. Es simplemente genial. Y aunque este está plagado de Porthos (en serio, necesito un Porthos en mi vida xD) y Christie... en nada aparecen nuevos avances en la relación de Athos y Katia, tranquilidad y buenos alimentos.
