—Necesito que nos sentemos juntos durante el almuerzo.

Avery abre mucho los ojos, mirándome con una expresión que muy posiblemente quiera decir "¿He ido bien?"

—Estoy evitando a alguien —explico.

—Oh... Sí, por supuesto. ¿Por qué no? ¿A quién estás evitando?

—A la chica del Distrito 7.

—¿A Honey? —pregunta volteándose para buscarla.

—No hagas eso —espeto, algo más bruscamente de lo que me habría gustado—. Se va a dar cuenta que estamos hablando de ella, vendrá y no nos la podremos quitar de encima.

—¿Has probado a decirle que te deje en paz?

—Indirectamente. Prefiero solucionar cualquier conflicto con otros tributos de la forma más amistosa posible. Lo último que quiero es darle razones a alguien para que vaya a por mí.

Avery asiente.

—A decir la verdad, también ha hablado conmigo. Me ha pedido que me una a su alianza... Le he dicho que me lo pensaré.

—Oh. No sé. Hay algo en su forma de comportarse que no me inspira confianza. Ha pasado de ser alguien discreto a fijar toda la atención en ella. Parece incluso como si lo hiciera a propósito. No pensaba unirme a ella, pero ahora es un no definitivo. Me niego a estar en un grupo tan expuesto.

—Yo lo consultaré con Doka esta noche. Quiero saber su opinión, pero algo me dice que tampoco va a gustarle.

Mientras conversamos, entramos al comedor y reservamos una de las mesas más pequeñas. Avery va primero a por su bandeja mientras que yo me quedo cuidando el lugar. Honey ya parece haber armado un grupo de varias personas. De vez en cuando en los juegos surgen alianzas grandes, y en principio todo les va bien pero conforme el número de tributos disminuye la gente se comienza a poner nerviosa y los problemas surgen. Siempre están los que la abandonan, los que intentan traicionar, los que matan a un compañero para saldar una discusión. Tácticamente, las alianzas grandes sólo convienen los primeros días la verdad. Entre los demás, hay de todo. El señor Sycamore está sentado con la alianza primaria, intentando hacer conversación con Rarity, hay algunos tributos en parejas aunque la mayoría están solos. No es lo normal después de todo que todos los tributos se alíen. Siempre están los desconfiados, como yo, y aquellos que son considerados más una carga que otra cosa. Los más jóvenes o los que presentan cualquier otra desventaja. Su única oportunidad de alianza es que alguien se apiade de ellos, cosa que no pasa a menudo. Las razones son obvias.

Avery vuelve a la mesa cargada de comida basura, una hamburguesa doble con papas fritas, un refresco, un helado triple con sirope, un batido grande con nata y caramelo y muchos, muchos bollitos de chocolate. Al darse cuenta que estoy mirando, se encoge de hombros.

—¿Qué? —pregunta—. Déjame excederme al menos. Siempre quise hacer esto.

—Tu sueño era tener una tienda de dulces. ¿Cierto?

—Sí... —dice, mojando un puñado de papas en el ketchup antes de comérselas y seguir hablando con la boca llena—. Pero era un sueño idiota. No hubiera funcionado. En el Distrito 3 muy poca gente tiene dinero para comprar dulces... Pero igual... Me gustaba imaginarlo.

—No es idiota tener sueños —digo—, es normal. Pero dado que las posibilidades de realizarlos no suelen ser realistas, lo más sensato es reconocerlos como fantasías y continuar con la vida de uno.

Ella asiente, dándole un trago a su refresco mientras se retuerce un mechón de pelo enredándolo en su dedo.

—Si gano... Habrá posibilidades realistas —murmura—, pero me pregunto si las posibilidades de ganar en sí son realistas o no. Lo cual supongo hace que lo otro tampoco lo sea, porque para llegar a esa meta primero tendré que salir de aquí, comenzar a planear algo que sólo sucederá si gano no es más que construir castillos en el aire.

Me pongo en pie para ir a buscar mi comida.

—Eso es algo que deberás hablar con Doka —digo, para su decepción—. Ahora vuelvo.

Me voy al buffet pensando en lo que ha dicho y al final llego a la conclusión de que estar en los Juegos del Hambre cambia mucho las cosas. En primer lugar, sobrevivir es tu única realidad, la otra es morir y ahí se acaba todo. Pensar en los planes que haremos tras morir sólo puede motivarnos a hacerlo mejor, seguir viviendo, ir un poco más allá, hacernos a la idea de matar, todo eso.

Vuelvo a la mesa con mi comida, arroz, ternera, agua y una porción de pastel de piña que me recomienda la cocinera. No necesito nada más. Comparando ambas bandejas, no podían ser más dispares.

—Lo que he estado pensando... —dice con la boca llena— es que Honey está haciendo demasiado obvio que está juntando una alianza. Parece como si quisiera que nos diéramos cuenta...

—Eso es cierto. Lo más lógico hubiera sido ser discreto para aprovechar el elemento sorpresa a la hora de la verdad, para no entrar en los planes de los profesionales como una amenaza grande. Dejar el asunto en manos de los mentores para que se contacten entre ellos. Así es como dijo Kernel que debía hacerlo y lo cierto es que es la mejor opción.

—No tiene sentido...

Pasamos los siguientes minutos comiendo. En la Alianza Primaria parece ir todo bien. Stilo es serio y callado, parece el tipo de personas que sólo hablan cuando tienen algo que decir. Los demás conversan animadamente mientras Sap los observa sin perderse detalle de nada de lo que dicen, sin participar en la conversación. Ellos tampoco se ven demasiado interesados en invitarlo a unirse, pero él se ve feliz así, orgulloso de estar codeándose con los fuertes, satisfecho por haber conseguido entrar en la Alianza Primaria, la que tiene más prestigio de todas.

Del lado de Honey están ambos del Once y del Doce, la chica del Distrito 5 y el del Nueve.

Comienzo a meditar sobre la elección. Todas tienen cierto sentido en verdad. Tributos de distritos rurales, excepto tal vez la del Cinco, pero ella se ve fuerte. Me pregunto qué habilidades tienen los demás que la hayan interesado.

Me doy cuenta que estoy empezando a conocer a mi compañera cuando el hecho de que esté callada por tanto tiempo me resulta extraño.

—Si viviera aquí estaría como una vaca —suelta justo después, como si hubiera podido leerme el pensamiento.

Por muy difícil de creer que resulte, se ha comido todo lo que pidió.

—Hmm... —murmuro en asentimiento, no sabiendo qué contestar a eso.

¿Qué se supone que debo hacer de todos modos? ¿Darle la razón? ¿Quitársela? En el Distrito 3 habría respondido algo como "eso fue bastante inapropiado", pero como parte de mí estrategia, decidí ser muy comedido con lo que le digo a los demás tributos, para mantenerme neutral y no llamar la atención de forma negativa. Cierto es que Avery es una chica transparente, pero lo que no puedo permitirme hacer aquí es dar ciertas cosas por supuestas, por todo lo que sé bien podría ser un acto. Es improbable, pero me beneficia más pensar así.

—No debería haber dicho eso... Lo siento.

—No importa. Imagino que cuando uno tiene altas posibilidades de morir, uno no se detiene a pensar.

—Si lo piensas bien, si fuera capitolina tal vez no tuviera conciencia sobre el precio que pagan los distritos por toda esta abundancia. ¿Cuánta gente de los que viven aquí crees que rechazan el sistema a pesar de vivir bien?

—No lo sé. Pero estoy seguro de que los hay. Es muy posible que no esté bien visto, eso sí, que no sea una ideología para expresar en voz alta.

Por un momento, Avery se ve miserable.

—Aún había... Tantas cosas que quería hacer...

Y la entiendo. La entiendo tan bien... Porque yo he pensado exactamente eso mismo estos días, y muy probablemente no hayamos sido los únicos. Todos los cosechados aquí deben de estar pensando también en las cosas que ya nunca harán.

Después de eso permanecemos de nuevo en silencio hasta que nuestro descanso acaba.

Hora de volver al entrenamiento.

Mi primera parada es la biblioteca. Quiero leer revistas sobre ediciones pasadas. Reviso todas las ediciones y tomo algunas de las que más me interesan, y también otras al azar. Tras hacer unos apuntes en un folio en blanco, llego a la conclusión de que la mayoría de tributos que mueren en el baño de sangre lo hacen porque se pasaron de ambiciosos. Un plano de la cornucopia en la edición veinte, muestra una x roja en cada víctima del baño en el lugar en que cayeron, junto a su edad, el distrito al que pertenecían, tiempo que duraron y quién los mató. Algunos, imagino víctimas de la desesperación, se adentraron dentro de la estructura a por las provisiones y armas más suculentas y perecieron a manos de un profesional, los más letales y organizados. De vez en cuando, también hay un profesional caído, los cuales probablemente se habrían metido con quien no debían, mordiendo más de lo que podían masticar. Noto también varios chicos, la mayoría de los más jóvenes cayendo en los primeros instantes, algo alejados del lugar. Más allá de las plataformas. Son sin duda blancos establecidos de antemano.

Medito en ello un momento. Como profesional, me convendría más deshacerme de un rival fuerte que de un niño, si yo dirigiera una alianza profesional, me centraría en aprovechar que los objetivos problemáticos fueran sacados de la competencia desde el principio, teniendo en cuenta que es el único momento seguro que sabes que estarán ahí, a la vista, que no te van a pillar desprevenido. Mi teoría, es que muchos profesionales ponen como prioridad probarse a sí mismos ante los espectadores (para que posibles patrocinadores vean que no dudan a la hora de tomar una vida, es más duro de lo que parece matar, sobre todo cuando la otra persona te suplica que no lo hagas), y ante su alianza, los cuales al final son enemigos también, futuros enemigos, y uno debe dejar ciertas cosas claras desde el principio, hacerse respetar. Y un tributo joven es lo más inmediato y libre de riesgo. Todo tiene sus utilidades, pero teniendo en cuenta que si todo va bien mi alianza acabaría con el control de la cornucopia, yo preferiría quitarme amenazas primero e ir demostrando esas otras cosas conforme los juegos avancen. Entender cómo piensa un profesional me ayudará a poder predecir sus decisiones mejor. Sin dejar de lado al resto de posibles amenazas, son la única que sé con certeza que me va a dar problemas si llego lejos. Porque a ellos les suele ir bien.

Tras pasar unas horas investigando, guardo el papel en mi bolsillo y echo un vistazo alrededor. Aprender a trepar árboles sería útil. Es un buen lugar para vigilar y ocultarse. Hay varias réplicas de árboles, y los entrenadores nos van dando trucos sobre qué árboles escoger y cómo trepar a ellos. Tengo experiencia trepando vallas pero esto no tiene nada que ver. No pretendo volverme un experto, sólo ganar un poco de soltura para poder desenvolverme sin problemas. Es intimidante mirar hacia abajo desde la altura en la que estoy, el suelo está acolchado pero en la Arena no va a estarlo.

—¡No está nada mal Beetee! ¡Recuerda lo que te enseñé para bajar de nuevo al suelo! —exclama la capitolina—. No te conviertas en el primer bebé que se lastima bajo mi cuidado.

Con sumo cuidado, me agarro bien a la rama en la que estoy antes de bajar la pierna para apoyarla en la rama inferior. Antes de hacerlo, me aseguro que no va a partirse presionando un poco la superficie. Es entonces cuando desde el árbol de al lado, Honey salta hacia el mío usando una liana y cae cerca de la copa. Luego se agarra con las piernas a la rama encima de mi cabeza y se deja caer, quedando al revés, su cara a medio metro de la mía, sonriendo.

—¡Hola, aprendiz de ardilla! ¿Te diviertes? —pregunta y me mira expectante, como buscando un halago de mi parte.

No se lo doy.

—No tanto como tú pareces estar haciéndolo —respondo.

—¿No te quieres pensar mejor mi propuesta? Ya has visto lo bien que se me da esto. Estarías con la mejor vigía de los juegos, no tendrás que molestarte en aprenderlo.

—No, gracias.

—Estás dejando pasar muchas ventajas.

—Puede —Pero no confío en ti—. Pero para mí no tiene sentido crear vínculos con alguien que al final acabará siendo mi enemigo. Estoy dispuesto a correr esos riesgos.

—Ah... Qué equivocado estás. Conocer a tu adversario es otra ventaja del método. Es cierto que ocurre en ambos sentidos, pero pensando en adelanto no tiene por qué ser una desventaja tan grande.

—No, gracias —repito—. Lo siento.

Al final se descuelga de la rama y se sienta en la misma que yo, luciendo decepcionada.

—Avery se lo está pensado. Si acepta tienes que venir. Te prometo que no va a ser como piensas.

Y con eso se va de nuevo, bajando de rama en rama con una rapidez pasmosa.

Cuando suena la campana, estoy exhausto y tengo unas ganas tremendas de tomar una ducha. No estoy acostumbrado a tanto esfuerzo físico. Avery me espera y subimos juntos hasta el nivel cero, el ascensor lleno de profesionales ruidosos, comentando a los demás tributos, las fortalezas y debilidades que creen haber recabado de ellos con total descaro.

Hacemos el recorrido de vuelta desde la planta principal hasta el otro ascensor y en seguida estamos de nuevo en el tercer piso reservado a nuestro distrito año tras año.

—¿Cómo les fue el día, niños? —pregunta Isaak animadamente en cuanto pasamos al salón, colocando sus manos en los hombros de Avery.

Ella ríe, tal vez por la forma en que lo ha dicho.

—Hace un rato éramos bebés, ahora niños. Creo que vamos mejorando.

—¿Y? ¿Algo relevante que debamos comentar antes de la cena? —me pregunta Kernel.

—He recibido una propuesta de alianza —anuncio. Ambos, mi mentor y Doka me miran con interés—. La he rechazado.

—¿Así sin más? —pregunta ella.

—No me interesa —aclaro—. Demasiadas cosas extrañas.

—Expláyate en ese punto —me pide Kernel.

—Yo también he recibido una propuesta de alianza, en la misma que Beetee, dije que me lo pensaría pero muy posiblemente la rechace —interviene Avery.

Ambos mentores intercambian miradas.

—Bueno, pues empiecen a hablar en lugar de hacerse los interesantes —dice Kernel—. ¿Quién ha sido?

—Honey del Distrito 7 —responde Avery, adelantándose a mí—. Está creando una alianza grande, dice que su objetivo es reunir gente con diversas habilidades para contrarrestar la alianza profesional mejor.

—El objetivo en el baño de sangre parece ser matar al menos a uno de ellos —agrego.

Otra vez, Kernel y Doka cruzan miradas, está vez, frunciendo el ceño.

—Qué ambiciosa es esa tal Honey. ¿No? —dice Isaak.

—¿Hay alguien más invitado o que ya haya aceptado? —pregunta Doka.

—Al parecer hay varios ya —comienza a explicar Avery—, los del Doce, Once... La chica del Distrito 5 y el chico del Distrito 9.

—Hm, eso son en total siete personas, y si Avery y Beetee se unieran como ella quiere harían nueve —comenta Doka—. Es un número inusualmente alto. Debe tener mucha confianza en sí misma si se ve capaz de manejar a tanta gente.

Kernel asiente en silencio, con la mirada perdida en algún punto en el suelo.

—Isaak —dice al fin—, busca información de dichos tributos.

—Ahora mismo —canturrea sacando su tableta y navegando hasta la página oficial de los juegos—, la chica del Distrito 5 se llama Raquel, tiene una cuota bastante decente en verdad. Es alta, bien nutrida y parece tener fuerza, por mis observaciones durante su cosecha, me dio la sensación de que tiene un carácter difícil, también.

—Vamos que va a ser un dolor de cabeza insufrible —dice Kernel.

—Puede ser, pero a veces tener un atacante vale la pena aún con la parte mala. Es de hecho una de las chicas fuera de los profesionales con mejor condición física. Tiene muchos puntos favorables.

—¿Y el chico del Distrito 9? Él no parece la gran cosa —comenta Doka.

—Haiari. Es guapo —responde Isaak—. Tiene el perfil exacto de alguien que se vuelve popular por su aspecto físico en los días previos a la arena. Si se preocupara por dar una imagen de chico encantador y carismático tendría patrocinadores agolpándose por darle su dinero. Por desgracia para él es introvertido y no destaca mucho. Imagino que esa es la razón por la que lo ha escogido, además uno raramente se equivoca con un tributo de dieciocho años sano. A no ser que sea un completo inútil por supuesto.

—La inutilidad es la primera causa de muertes en la Arena. Por eso siempre trato que mis tributos no lo sean —comenta Kernel—. Prosigue.

Isaak desliza su stylus por la tableta, concentrado en navegar hasta los datos de los que nos incumben.

—Kristin de catorce y Sutton de dieciséis en el Distrito 11. Caldwell y Briar del Doce tienen quince ambos, de la Veta a juzgar por su aspecto. Ambas chicas y el chico del Doce se ven claramente desnutridos a juzgar por sus mejillas desinfladas, Caldwell es quien está en mejor forma.

—No se ve como la mejor de las elecciones —opina Doka.

Kernel asiente, dándole la razón.

—Escudos de carne. Es muy posible que trate de hacer que los marquen como blancos para que el resto de la verdadera alianza escape con la menor cantidad de daño posible del baño de sangre.

—¡Eso es...! —grita Avery alarmada, pero Kernel la corta.

—Una excelente idea. Retorcida, es cierto, pero te da un plus de supervivencia, y a los patrocinadores les suele gustar ese tipo de show, por lo que también te asegura el futuro abastecimiento de provisiones.

No es tan sorprendente, son los tributos con ese tipo de ideas los que llegan lejos.

—Y parece tan simpática... Aunque pensándolo bien, no creo que su estrategia funcionase tan bien si todo el mundo la viera desde lejos —murmura Avery—. Ahora sí que voy a rechazar su propuesta. ¡No quiero tener nada arte ver con ella!

Doka comienza a meter tabaco en su pipa de madera.

—De hecho, vas a hacer justo lo contrario. Vas a aceptar esa propuesta —dice.

Ella la mira como si se hubiera vuelto loca.

—¿¡Pero no acabas de decir que...!?

—Aceptarás esa propuesta y estos días de entrenamiento estarás a su lado y la estudiarás. Sus planes, su forma de actuar, todo. Y en el baño de sangre los dejarás plantados. Incluso si te tiene reservada para su alianza verdadera luego de haber usado a los del Once y el Doce para propulsar al resto, no te conviene estar con una persona que es capaz de crear un plan así en primer lugar. ¿Quién sabe de qué sería capaz a la mínima que te descuides? Sin embargo, ya que tengo la impresión que va a ser alguien a tener en cuenta, cuanta más información poseas de ella, más te beneficiará a ti cuando los juegos avancen y si es que está aún viva. Da por hecho que todos los problemáticos van a estarlo, mejor tenerlos en cuenta en la ecuación desde el principio.

—Además, eso debilitará a la alianza, ya que Señorita Vómito de Abeja cuenta contigo y si la dejas tirada trastocarás sus planes —agrega Kernel.

—La miel no es vómito de abeja —lo corrijo, sin poder evitarlo. Pero justo después me doy cuenta que él debía estar bromeando.

Él rueda los ojos, sacando un cigarro del bolsillo de su traje y levantándose.

—Ni voy a molestarme en contestar a eso —dice saliendo al balcón seguido por Doka, que ya ha encendido su pipa.

—Me siento como un agente secreto o algo así —dice Avery—. Y no debería... Es un tema muy serio.

—Yo creo que sí se siente como ser un agente secreto. A Doka y Kernel le gustan este tipo de conspiraciones. Créeme cuando digo que dan resultado —dice Isaak—. Estoy segura que lo harás bien.

—¿No deberían hablar esas cosas en privado? Quiero decir, Avery y yo no somos aliados.

Y ella parece angustiarse ante mi comentario.

—Pero tampoco son enemigos —me recuerda Isaak—. Doka sabe ya muy bien lo que decir delante de quién y lo que no. Tranquilo. Si tanto te preocupa, la charla privada con tu mentor será mañana en la mañana. Ahora vayan a prepararse para la cena. Y recuerden que sus estilistas estarán aquí mañana a primera hora para tomarles las medidas para el traje de la entrevista.

Sólo con oír la palabra entrevista me entran sudores fríos, pero es un recurso más que puedo utilizar a mi favor y no voy a dejar que ni mi introversión ni mi torpeza social se interpongan. Asintiendo, salgo del salón para darme una ducha. Avery me sigue, murmurando algo que me parece un "hasta luego" antes de entrar a su cuarto, pero que sumido en mis pensamientos, no logro saber si lo ha dicho o sólo lo he imaginado.

Cuando me giro a responderle, ella ya ha cerrado la puerta.


Viendo que hacía meses que no actualizaba, me di prisa con este.

Ya me da apuro incluso disculparme, lo he intentado pero no estoy en lo que estoy. Pero terminaré la historia, eso se lo garantizo. Aquí vemos un poco más sobre Honey, y que quizá haya algo más ahí debajo que lo que muestra. Como ya ha señalado Cami, es un plan algo "johanna", dar una imagen equivocada, aunque de manera diferente a lo que ella hizo.

Isaak es género fluído, lo que significa que se identifica con más de una identidad sexual, aunque creo que tiende más hacia el lado masculino.

nevershout, gracias por el apoyo, espero que no te molesten mis actualizaciones tan esporádicas.

Cami, es como liberador volver a ese pensamiento simple de la competición pura. Sí que me gusta en ocasiones enrevesar las cosas, todo en su justa medida, pero no que todo sea orquestado desde arriba, eso me cansa. Se supone que el punto es volverlos a los unos en contra de los otros como castigo por volverse contra el Capitolio durante los días oscuros, si los vapulean demasiado desde la sala de control, es perder el norte, para eso que los pongan en fila y un agente de la paz les vaya pegando a todos un tiro en la cabeza menos a uno. Como este fic es una precuela al de Wiress, espero que no quede nada en el aire. A veces yo tengo muy claro algo en mi cabeza, pero si algo necesita explicación en nota de autor, solo háganmelo saber y yo con mucho gusto lo explico. Sobre el foro, es normal ya que el fandom lleva un año en decadencia, desde que terminaron las películas. Yo misma estoy más en el de Naruto, y finalmente ahí es donde me quedaré, pero aún me queda trabajo en este, solo que por lo visto va a tardar T_T

Bueno, hagamos recopilatorio de tributos para futura referencia.

Distrito 1

Stilo

Rarity

Distrito 2

Ares

Zahara

Distrito 3

Beetee

Avery

Distrito 4

Florent

Milana

Distrito 5

Libertus

Raquel

Distrito 6

Dieter

Skylar

Distrito 7

Sap

Honey

Distrito 8

Moray

Plisee

Distrito 9

Haiari

Everly

Distrito 10

Baylee

Odessa

Distrito 11

Sutton

Kristin

Distrito 12

Caldwell

Briar

Más adelante daré un poquito de información sobre todos ellos. Incluso si algunos solo sean rellenitos para matar en el baño, no me gusta que sean solo unos simples nombres. Después de todo cada uno de estos chicos tiene una familia y unos sueños, y cosas que ya nunca harán.

¡Hasta el siguiente y gracias por leer!