Capítulo 10. Decisiones.
El bosque al fin estaba silencioso. Desde su escondite detrás de unos matojos, Leclas observó el camino principal, la arteria que cruzaba el Bosque Perdido. En sus años como "niño perdido", solía aguardar a que pasara algún incauto mercader, para robarle. Usaba como ahora una manta hecha con hojas, de tal forma que su cuerpo podía pasar por un arbusto más. Sin embargo, ahora era mucho más alto que entonces, y también estaba más gordito. Había perdido agilidad, y eso lo notó cuando, unos minutos antes, escuchó cascos de caballo y tardó demasiado tiempo en esconderse.
Pasaron soldados, una docena. Veloces como rayos, llevaban en sus manos unos pliegos de papel enrollados. Uno de esos papeles se desprendió del resto de sus compañeros y descendió flotando en el aire, hasta que, ya en el suelo, los cascos de los caballos lo destrozaron. Leclas no le quitaba ojo.
Una vez solo, salió, recogió los restos del papel y regresó al escondite. Limpió un poco las manchas de barro, para encontrarse con lo que ya sospechaba. Era un cartel de caza y captura para Zelda, Link y los dos sabios. "10.000 rupias, por cada uno" logró leer. "Cuarenta mil... eso es... mucho dinero..."
Aquello no pintaba bien, nada bien. Se les echarían encima todos los cazarecompensas y villanos de Hyrule. Además, la orden parecía extenderse al reino de Gadia. "Y Zelda, ala, por ahí desaparecida"
Una hora después, puso los pies en el claro donde el Árbol Deku descansaba. Reconoció la silueta de Kafei bajo sus ramas. En la entrada de la cueva-casa, estaba Reizar. El mercenario limpiaba sus armas: un arco, una espada corta y un escudete que se enganchaba a la muñeca. Link debía estar descansando aún.
"Comparado con Kafei, Link tiene buen aspecto" pensó Leclas, mientras se acercaba para hablar con su amigo.
- ¿Hay noticias? – preguntaron a la vez Kafei y Leclas. Este se echó a reír.
- Supongo que Zelda no ha venido... Yo me he encontrado con una bonita sorpresa. – y pasó a contarle a Kafei lo que había visto en el bosque y la situación. – Te has puesto pálido.
- Aquí dice... que cualquier persona que ayude a los fugitivos será... ejecutado. – Kafei señaló el papel.
- Ah, eso... pues... No te preocupes, seguro que no le han hecho nada a Maple.
- ¿Cómo que nada? Ocultó a Link, y se la llevaron detenida. - El rancho no ardió, y tengo la corazonada de que Maple está bien. – Leclas trató de tranquilizar a Kafei.
- Menuda ayuda, tú y tus corazonadas. - Kafei le devolvió el cartel de recompensa.
- Algo me dice además que Zelda vendrá hoy. – Leclas dijo esto con los brazos detrás de la cabeza y con una expresión divertida.
- Eso es trampa: lo dijo ayer Link, y él puede ver el futuro. – Kafei emitió un suspiro largo. – Los caminos están cortados, hay guardias... Zelda no puede llegar así como así al Bosque Perdido, a menos que caiga del cielo como la lluvia.
Unas hojas del Árbol Deku se precipitaron sobre ellos. Fueron seguidas de un revoloteo de plumas naranjas y un cuerpo sólido aterrizó justo entre los dos sabios.
- Uf... A Kaepora se le daba mejor.
Esto lo dijo el extraño pájaro que, tras ponerse en pie, se acariciaba el trasero con expresión dolorida. Al instante, Kafei le apuntó con el boomerang y el shariano le amenazó con su inseparable vara de madera.
- ¿Qué demonios eres? – gritó Leclas.
Las plumas desaparecieron, barridas por un viento misterioso. Lo que quedó en pie fue la figura de Zelda, la melena libre de la trenza y los ojos centelleantes.
- ¿Qué tal¿Os gusta el nuevo poder de la heroína de Hyrule? – Zelda guardó la máscara de Shana en su mochila. - ¿Cómo está Link?
- Bi... bi... bien. – Kafei tragó saliva.
- ¡Ostras, por los dioses¡Mi madre! Zelda, eras un... un... uno de esos pajarracos... ¿Puedes volar¡Que pasada! – un entusiasmado Leclas daba botes alrededor de la chica.
Reizar se había acercado, y a su lado, un pálido Link avanzaba con pasos lentos. A pesar de la palidez de su rostro y de que se veían los huesos marcados, había recuperado el uso del brazo derecho y se mantenía en pie sin ayuda. No parecía sorprendido ante la espectacular llegada de Zelda.
- ¿Lo conseguiste? – preguntó Link.
- La duda ofende, alteza. – Zelda mostró el orbe de Din, el elemento del fuego al final de la cadena de plata que le rodeaba el cuello. – Aunque no es el que esperaba.
Link se acercó y tocó el orbe. El interior emitió un ligero brillo y luego se apagó. Zelda iba a quitarse el orbe, pero Link negó con la cabeza.
- Está bien, debes llevarlo tú. – Link soltó el orbe y murmuró algo que solo Zelda escuchó. – Este es el comienzo... – miró a Zelda y esta vio en los ojos de su amigo tristeza pero determinación. – A partir de ahora, voy a ser un perseguido. Tenemos dos opciones, los que estamos aquí: Intentar luchar contra el que ha ocupado mi lugar, recuperar el trono por la fuerza; o buscar los orbes, los elementos para salvaguardar la entrada al Mundo Oscuro. Yo he tomado mi decisión, pero no quiero que vengáis obligados por falsos juramentos. Amigos, decidid. – y al terminar de hablar, su mirada se posó en los ojos azules de Kafei.
- Menuda tontería, Link... – Zelda apoyó las manos en sus caderas. - ¿Qué ibas a hacer tú sin mí? Claro que iré contigo, sea adonde sea.
Leclas bufó. Le tendió a Link un arco de madera y un carcaj improvisado con tablillas y cuerdas, lleno a su vez de flechas.
- Toma. Yo voy a donde va la zanahoria.
- Como los burros. – replicó Zelda.
Kafei asintió. Link no le quitaba ojo, y Kafei tuvo que bajar la vista.
- Me preocupa Maple, y desearía poder ir a ayudarla. Sin embargo, no puedo dar la espalda a Link cuando se avecina una oscuridad semejante.
- Entenderé que no vengas. – Link aguardó a la respuesta de Kafei. El sabio de las sombras se debatía en sus dudas. – Maple está detenida, pero no le han hecho nada. Está viva, puedo sentirlo.
- ¿Cómo? – preguntó Reizar. Hasta ese momento, el mercenario se había mantenido en un segundo plano.
- Lo vi en mis sueños. – Link observó al mercenario gadiano unos segundos. – De todos nosotros, eres el que menos motivo tiene para permanecer a nuestro lado.
- Me parece que yendo con vosotros tarde o temprano pagareis mis servicios. – Reizar sonrió. Zelda se dio cuenta de que sus ojos no parecían reflejar alegría alguna. – Que más da, no tengo nada que hacer.
- Si él va, entonces yo también. – declaró entonces Kafei.
- ¿Estás seguro? – insistió Link.
Kafei asintió con la cabeza.
- Si en cualquier momento del viaje deseas regresar para ayudar a Maple, lo entenderé.
Kafei cerró el puño y se golpeó en el pecho, una señal de juramento que hacían los caballeros en la antigüedad. Zelda se preguntó donde había aprendido aquel gesto Kafei.
- De acuerdo, entonces. Zelda¿sabes donde está el siguiente elemento?
- Valu, el dragón que protege a los watarara, me habló de un lugar llamado... la región inexplorada de Tabantha. Buscamos a alguien llamado Gaia.
Link abrió los ojos del susto, y detrás de él, el taciturno Reizar también.
- Eso está... en la frontera con el reino de Gadia. – musitó el rey.
- No lo sabía, no tengo ni idea de geografía. – Zelda preguntó a Link. – Oye, alteza¿está lejos?
- A unos cinco días a caballo, hacia el oeste, más allá de los acantilados de Gohan. – Link tuvo que levantar las manos para que Leclas, Zelda y Kafei dejaran de sonreír aliviados. – No la llaman "región inexplorada" por una casualidad. Tabantha es una zona peligrosa: aguas pantanosas, serpientes venenosas... –Link reflexionó unos segundos antes de seguir hablando. – Una vez leí que en Tabantha estaba el templo principal de los sheikans, donde se estudiaba la magia antigua y también donde se reunían.
- Bueno, si Valú dijo que allí estaba el orbe de Nayru, algo habrá. – Zelda trató de animar a Link. – Te veo mejor¿podrás cabalgar?
El rey asintió. Zelda estaba demasiado cansada para usar más el hechizo de watarara, y tuvo que compartir a Centella con Link. Kafei y Leclas compartieron a Dújar, y Reizar, el único que tenía montura propia, aceptó cargar con las provisiones y las mantas. Entre las cosas que se llevaron del antiguo, se encontraba una pareja de espadas llamadas "gemelas", cortas y manejables, que Leclas llevaba atadas al cinto. Le había ofrecido a Kafei cambiar su inseparable boomerang, pero el sabio de la sombra no quiso.
Durante el viaje, estuvieron muy callados. Zelda, montada a la cabeza, sentía las manos de Link en su cintura, y eso le trajo recuerdos. Hacía muchos años que los dos no montaban juntos, y ahora sus cuerpos eran más voluminosos, a pesar de que el rey estaba muy delgado y pesaba relativamente poco.
Cuando acamparon, al anochecer, aprovecharon un saliente en la roca, para hacer un fuego débil, que soltaba un humo oscuro. Sentados alrededor de esta hoguera y comiendo algunos trozos de carne y raíces (exigencia de Link), los chicos escucharon todo el relato de la aventura de Zelda, desde su llegada al reino de los gorons, la muerte del gran rey Darmanian, y lo que sucedió en el poblado watarara.
- Ese tipo sabe qué estamos haciendo. – comentó Kafei.
- El chico que maneja el viento... – Link miró hacia las estrellas, ocultas por gruesos nubarrones. – Me resulta familiar, pero ahora... no recuerdo.
- Sea lo que sea, Vaati y Aganhim nos tienen declarada la guerra. Si lo que pretenden es llegar al Mundo Oscuro, es obvio que desean hacerse con los orbes. – Zelda masticó y siguió hablando con la boca llena. – Y mira que han tenido oportunidades.
- Por lo que nos has contado, esa tal Medli no debía ser un rival muy duro para Vaati. ¿Por qué no le quitó el orbe de Din?
- Ni idea, alteza. Pero rompernos la cabeza con eso ahora no nos ayudará mucho. Yo hago el primer turno. – y, tras escupir un trozo de hueso a casi dos metros de distancia, Zelda se limpió la boca usando una manga de la túnica.
Más tarde, esa noche, Link daba vueltas, tratando de dormir. Aunque se notaba cansado, no era capaz de mantener los ojos cerrados mucho tiempo. Entre Kafei, que dormía a su derecha, en el lado más alejado del fuego, y Leclas, que le había puesto encima una pierna y encima roncaba, el rey no podía moverse mucho, por temor a despertarles. "Estos días, han estado protegiéndome y cuidándome. Siempre soy una molestia"
- Link, si estás despierto, puedes acercarte al fuego.
Zelda, de espaldas a los durmientes, arrojó otra rama al fuego. Link se puso en pie con cuidado y pasó por encima de Leclas. Al otro lado, apartado de los chicos, Reizar se había quedado dormido mirando a la puerta y con su cuerpo taponando la entrada. Link, con la manta echada sobre los hombros, se sentó al lado de la labrynnesa.
- Perdona, yo...
- ¿Por qué te disculpas? – Zelda le dio un empujón con su hombro. – Es normal que no tengas sueño, por lo que me ha dicho Reizar, has estado durmiendo casi todo el tiempo que estuve de viaje.
Link no pudo evitar hacer un gesto de disgusto.
- He sido una carga, para variar. – Link se miró la herida ya cicatrizada de su hombro.
- Claro, eso mismo opinan los tipos de los que te escapaste, no una vez, sino dos. Seguro que no se esperaban esa gran Deku Baba, jejeje... - Zelda cogió una ramita y acercó la punta al fuego, hasta obtener una llama diminuta. – Oye, Link, con respecto a todo ese discurso sobre las decisiones que nos has soltado... ¿En serio esperabas que te dejáramos solo?
Link sonrió a su amiga con tristeza.
- Es curioso que todos habéis creído que yo iba a ir a por los orbes. He meditado mucho las dos opciones, en serio, y otras tantas que se me han ocurrido... Quedarme al lado de mi pueblo, dirigir un ejército en la sombra para recuperar el trono; buscar solo los elementos y evitar la desgracia a toda la humanidad... He tenido que decidir entre mi pueblo y el resto del mundo. Ahora, me siento culpable. – Link se frotó los ojos, cansado. – Les estoy abandonando, defraudo sus esperanzas. Hice dos juramentos cuando me coronaron. Nunca pensé que los dos iban a oponerse de esa manera.
- No te entiendo. – Zelda había fruncido el ceño. - ¿Qué juramentos son esos?
- Te juré que haría todo lo posible para evitar que Ganon regresara, y que alguien pasara por lo que pasamos nosotros... Y también juré que protegería a mi pueblo... – Link se pasó la mano debajo de la nariz. Sentía ganas de llorar, pero no debía hacerlo. Se tragó las lágrimas, y le supieron amargas. - ¿Qué clase de rey soy, qué huye en medio de la noche como un ladrón?
Zelda le pasó el brazo por encima de los hombros.
- Eres el mismo tonto que antes. Para empezar, tal y como yo lo veo, estás cumpliendo con los dos juramentos. ¿Qué le ocurriría a Hyrule si él resurgiera? Sobre lo de que estás defraudando a tu pueblo; solo te digo que aquí, en esta cueva, tienes tres ejemplos de gente que te seguiría hasta el final del mundo, eso si no contamos con el añadido de Gadia. Y no es porque seas rey. – Zelda le guiñó el ojo. – Confiamos en tu cabecita. Parece que los juramentos son muy importantes para ti, entonces yo te haré uno: Te ayudaré a recuperar los orbes, y después, yo en persona les daré una patada en el trasero a Aganhim y a ese mierdecilla de Vaati.
Al rey se le escapó una carcajada, breve pero alegre. Zelda se apartó y, con una sonrisa bailando en su rostro pecoso, dijo algo más:
- Es como en los viejos tiempos. No me digas que no lo has echado de menos. – Zelda le guinó el ojo.
- Un poco. – Link suspiró. – Creo que por eso me gusta tanto leer novelas de aventuras. Hay un autor en Gadia que me tiene fascinado...
- Eh, eh, alto, cerebrito. ¿Leyendo libros del país enemigo? Eso se acabó.
Link trató de explicarle a Zelda la novela que había dejado a medias "La Espuma del Mar", de un tal GrandPa Smith. Mientras el rey intentaba cautivar a la labrynnesa con la historia de una valiente tripulación y su búsqueda de un gran tesoro, Reizar apoyó la cabeza en su mano derecha y se concentró en escuchar. Hubo alguna ocasión en que estuvo a punto de echarse a reír, pero resistió las ganas. "GrandPa Smith, que coincidencia..."
Nota de la autora¡Ya estoy de vuelta! Perdonadme, he estado de vacaciones, luego trabajando...
Noticia: He quedado en el segundo puesto del concurso de fics del Foro Sheikav ( con mi fic basado en los Zeldas "La última aventura".
Os animo a que le echéis un vistazo al fic ganador "Brisa de Caza", de Guerrero de Ragnarok, y también a los demás que participaron y quedaron en tercer puesto y con la mención de honor.
También, si os apetece, podéis leer el fic colectivo donde participo: Crónicas de Mimir (en el mismo foro de antes).
Saludos, y prometo actualizar el próximo viernes.
