Fuera del lugar
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A la mañana siguiente el rubio se levantaba con un dolor en su cuello, se había quedado dormido en el sofá después de haber hecho la limpieza en la casa, la reina por su parte se había levantado temprano y observaba con una sonrisa como el futuro padre dormía, en silencio preparaba el desayuno, de pronto fue el dulce olor a comida lo que despertó al rubio.
-que bien huele- decía el joven abriendo lentamente los ojos para encontrarse con que su reina estaba cocinando.
-buenos días- respondía la chica lumbre sonriente, el rubio por su parte quedo impactado al ver lo que hacia la reina.
-¿Qué haces?- respondía con sorpresa el rubio.
-el… desayuno- respondía la chica lumbre confundido.
-no, podrías quemarte o algo- decía preocupado el chico levantándose del sofá para tomar el lugar de la chica en la cocina.
-que predecible- decía la chica riendo. -No quiero ser un estorbo, quiero ayudar- completaba la reina.
-no eres un estorbo, además podría pasarte algo, no quiero que te estreses- decía el rubio bostezando mientras pasaba su mano por su rostro en señal de cansancio.
-tu siempre estas ocupado, no me gusta verte cansado- decía preocupada la reina al ver bostezar a chico.
El joven termino de cocinar y sirvió la comida en un plato para que la madre de su hijo se alimentara mientras el solo observaba.
-¿no vas a comer?- preguntaba la reina mientras veía al joven con una mano en su mejilla recostado en la mesa con los ojos entrecerrados.
-no, no, no tengo hambre- respondía el rubio entre bostezos.
Entonces la bombilla de lo romántico se encendió en la conciencia de la reina, esta tomo una cucharada de su desayuno, la soplo un poco para que no estuviese caliente y se la ofreció con una sonrisa y sin decir nada al rubio.
-jeje ¿Qué haces?- decía el rubio sonriendo, la reina solo asintió sin decir nada. fue entonces cuando el joven cedió a recibir de la mano de la chica lumbre un poco de su comida.
-Él bebe no solo necesita cuidado… - decía la reina.
-¿eh?, no entiendo- decía el rubio confundido.
De repente la reina se sonrojo y sabía que se le habían escapado las palabras que no eran para aquella conversación.
-no, no es nada olvídalo- decía la reina nerviosa mientras comía.
-no, está bien, ¿Qué era?- insistía el rubio pasando las manos por sus ojos agotados.
-emmm, solo que, deberías dormir un poco, ya sabes, en ese estado no sería bueno que cuidaras del bebe… ¿no crees?- balbuceaba la reina ocultando las verdaderas palabras al rubio las cuales constaban en la lealtad de un padre hacia su familia producto de los celos que tenia de verlo con otra chica.
-ammm, supongo, bueno… iré a recoger el desorden del ático- decía la joven levantándose de aquella silla frente a la mesa pero fue ahí cuando la reina lo detuvo.
-ey, espera- decía la reina llamando la atención del rubio.
-¿mmm?, ¿Qué sucede?, ¿necesitas algo?- decía el chico dirigiéndole su cansada mirada a su reina.
-sí, acompáñame- decía la reina levantándose para dirigirse a su habitación.
El rubio como siempre diligente a pesar del cansancio fue a aquella habitación donde se quedó de pie esperando indicaciones mientras la reina se daba un lugar en su cama, el reloj marcaba las 8am.
-¿y bien?, ¿Qué es lo que necesitas?- decía el rubio viendo hacia todos lados en aquella habitación mientras su reina estaba acostada en la cama.
-necesito que descanses… aquí, conmigo- decía la reina palmeando con su mano el espacio vacío de aquella cama.
El rubio parpadeo demasiadas veces mientras bostezaba, no sabía si era buena idea, de todos modos accedió. Él se recostó en la cama mientras la chica lumbre acariciaba sus cabellos intentando que este se durmiera lo más pronto posible.
-deja de esforzarte tanto… relájate- decía la reina sonriendo mientras el rubio cerraba sus ojos.
-¿Por qué?- preguntaba el joven sin abrir sus ojos.
-porque… ahora tu vida no solo es tuya- decía la reina perdiendo sus manos en los cabellos de su amado.
El rubio quien estaba agotado, escucho las palabras de su amada, no las comprendió y tampoco las respondió en aquel momento era esclavo de su sueño, solo… aparento estar ya dormido.
3 MESES DESPUES
Era una noche templada muy tranquila donde el rubio y su reina dormían plácidamente, se había acostumbrado a dormir juntos ya que poco salía el joven de la casa a priori la reina no dudaba del mismo.
Cuando el reloj marcaba la 1:23am fue que un grito de terror el que despertó alarmado al chico, puesto que dicho estruendo era causado por su amada.
-¿Qué pasa?- decía el rubio alterado poniéndose de pie en la cama mientras la chica lumbre estaba envuelta en sudor.
-e… es… está en camino…- decía entre sollozos la reina, fue entonces que con una expresión de sorpresa el rubio tomo su teléfono llamo a su hermano, a su esposa y a la princesa quien por concepción debían saber sobre partos.
-ya, llame a todos, ¿crees que puedas resistir unos minutos?- decía el joven algo preocupado por el estado de su reina.
-n… no lo sé… q… quizás- decía la reina.
-recuéstate, ellos no tardaran, resiste un poco- decía el joven mientras acomodaba a su reina en la cama, pasaron 15 minutos cuando su hermano, la esposa y la princesa hicieron acto de presencia.
-bien, ¿Cuánto tiempo ha pasado desde que empezaron las contracciones?- preguntaba la princesa.
-¿las que?- decía el rubio confundido.
-¿hace cuánto empezó a gritar?- decía la princesa viendo a la reina.
-casi… 20 o 15 minutos- decía el chico comprendiendo.
-bien, ustedes dos esperen afuera- decía la esposa del hermano del joven, pero este no quería abandonar a su reina.
-no, espera, yo quiero ver el nacimiento- decía el rubio curioso.
-créeme, no quieres ver eso, sal de aquí ahora- decía la esposa fue entonces cuando su hermano apoyo la noción y ambos salieron de aquella habitación.
Afuera de la habitación se sentía la tensión, allí adentro solo se oían gritos mientras el joven no podía hacer nada.
-estoy preocupado viejo- decía el rubio nervioso.
-relájate, no pasara nada- decía el hermano del joven con una expresión comprensiva.
-eso espero- fue entonces cuando el tiempo empezaba a darle una paliza a la paciencia del joven. Ya habían pasado más de 45 minutos y el pánico invadió su corazón cuando los gritos habían cesado ya hace 5 minutos.
Ya había terminado todo, la puerta se abrió mostrando a dos féminas con mirada decaída, nostálgica y llena de tristeza, fueron unos ojos de sorpresa e ilusión quienes las abordaban preguntando que había sucedió en aquella habitación… ojala el rubio no se hubiese enterado.
-Finn…- decía la princesa casi intentando no llorar.
-¿Qué sucedió?- preguntaba titubeante el rubio debido a su nerviosismo.
-hicimos lo que pudimos… afortunadamente phoebe está bien, pero el pequeñín…- concluía la princesa con esa frase que le dio la idea completa al joven… su hijo se había ido.
Las palabras parecían bloques de concreto atados al corazón del joven rubio quien arrodillado en el suelo estallo en llanto, es como si la mismísima muerte le estrujara el corazón sus manos, sentía tanto dolor, tanta tristeza que llorar de lleno era lo único que podía hacer, lamento se oían de parte del rubio quien no para de llorar abrasado a su hermano.
-tranquilo. Piensa en ella, piensa en que está sintiendo- decía el hermano lo que hacía que el corazón le doliera más al rubio.
-yo… lo lamento, tengo que irme- decía la princesa intentando contener el llanto mientras salía de aquella casa.
El rubio intento recomponerse, se levantó, agradeció la ayuda de su familia y les pidió que se marcharan. Una vez solo se dignó a entrar a aquella habitación donde la desgracia y el dolor reinaban como una tiranía. Desde la puerta podía ver a la reina abrasada a sus piernas viendo por la ventana con una mirada perdida, ya no podía llorar más, las lágrimas se habían quedado en el olvido cuando un trauma generado por la pérdida toco a su puerta.
El rubio condescendiente en medio de su pena abraso por la espalda a la reina cuya expresión no cambiaba… era fría, sin sentimientos… sin nada.
-la quise con el alma, bien sabes que amarla mas no pude, voló con rumbo hacia la nube más alta y no pude alcanzarla- decía el rubio conteniendo el llanto por el infante fallecido el cual al parecer hubiese sido una bella mujer. El joven se sentía responsable por eso dedicaba estas palabras de consuelo a su amada
-no es tu culpa… ahora, vuelvo a estar sola- decía al reina sin cambiar su expresión traumática.
-¡NO!- replicaba el joven. -mi vida no es solo mía, esto no cambia nada- decía firme el rubio haciéndose responsable de la reina quien había perdido aquella pequeña bendición llamado "hija".
La reina se asombró de dichas palabras, pero su expresión seguía siendo la misma. Quien sabe que sería de esta situación.
Continuara…
