¡Hola!Aqui estamos de neuvo.Ya sabeis que son dos capis por cada fin de semana.En fin,muchisimas gracais a neeRe´,Dark Sweetness,michi potter(si,eso es lo que le iba a decir) y Katherine Jane Black(¿a ti tampoco te llegan las alertas?Debe de ser un problema del sistema de la web.Por cierto,¡actualiza!).Muchas gracias a todas,en serio.
¡Disfrutad de le lectura!
Observo a Sirius dormido junto a mi, en la enorme cama que utilizamos para nuestros…encuentros.
Ya no intento corregirme a mí misma cuando lo llamo por su nombre en vez de su apellido. Esa etapa ya pasó, aunque siguen quedando ciertas costumbres. El hecho de que estemos ambos solos, en una cama y desnudos, creo que es una buena prueba de ello.
De nuevo, lo observo. ¿Quién diría que Sirius Black esconde más de lo que parece? Nunca pensé que había más que un idiota ególatra en su persona.
Black es como una rosa.
Sí, se que suena un poco raro comparar a Sirius Black, la representación viva de la masculinidad, con una flor normalmente asociada a las mujeres. Pero no creo que haya mejor forma de decirlo.
Igual que las rosas tienen espinas, el se protege con insultos, sarcasmos y una conducta de Playboy. Bueno, eso creo que le sale natural.
Sin embargo, a lo largo del tiempo que últimamente he pasado con él, mis observaciones personales y nuestros fogosos "encuentros" , he llegado a descubrir que no es sólo un cuerpo de infarto y una sonrisa de ensueño. Y tampoco es, como siempre había pensado, un imbécil integral que sólo se preocupa de hacer bromas y ligar con chicas.
Como las rosas, esconde tras capas y capas lo que verdaderamente siente. El dolor de ser rechazado por su familia. El miedo a perder a sus amigos. El terror de perderse a sí mismo
He descubierto que es un chico divertido, ocurrente, creativo y, aunque no lo parezca (o sí, teniendo en cuenta esas envidiables notas sin tocar un libro), muy inteligente.
Sí, Sirius Black es como una rosa. Sus espinas están bien afiladas, pero lo admiro por utilizarlas para proteger lo que quiere. Claro, antes muerta que reconocerlo ante él. Sigue siendo un egocéntrico.
Pero he descubierto también que ya no utiliza sus espinas contra mí. Al menos, no tan a menudo, ya casi es un juego entre los dos, en lugar de una forma de hacer daño al otro.
En ese momento, lo veo abrir sus ojos, y pienso, mientras me besa para empezar de nuevo, que no me importaría pincharme siempre con sus espinas, si luego él me cura la herida.
