Hola, ¿Me extrañaron? Porque yo los extrañé mucho a ustedes. No tienen ni idea de la falta que me hacia escribir. Pero aquí esta, nuevo capitulo y es largo, para compensar la tardanza, tratare de subir el siguiente más pronto que este, aprovechando que estoy un poco menos ocupada.

Le quiero dar la bienvenida a todos aquellos nuevos seguidores que en etos últimos días han sido varios, Y animarlos a comentar que les parece cada capitulo. Sin más que decir, aquí los dejo.


Capítulo 10:

— ¿Cómo conseguiste que te dejaran ver a tu padre?— Korra siempre preguntaba cosas demás, era tan imprudente.

—Soy una de las figuras públicas más respetadas e influyentes de esta ciudad, tengo mis contactos. — Respondía Asami mientras estacionaba su auto frente a la cárcel de no-maestros.

— ¿A quién te tiraste?— Era una pregunta sarcástica pero pesada, así que, Asami optó por ignorarla por completo.

— ¿Segura que no tienes algo más importante que hacer que esperarme aquí?— La ingeniera escudriñó al avatar con su mirada como si sospechara algo.

Por supuesto que tenía mil cosas que que inventarle a Mako una excusa para no reunirse con él como ya lo habían planeado. Había quedado de ayudar a sus padres con unos asuntos, posiblemente tampoco llegaría a una reunión con Beifong y era hora de sacar a pasear a Naga. Pero sabía que, a pesar de todo, Asami la necesitaba ahí, más que a nada.

—Totalmente segura.— Respondió, con falsa seguridad.

Asami suspiró —Mientes. — Sentencio súbitamente, mientras pegaba su frente al volante, estaba intranquila.— Pero… gracias. — Le dedicó una mirada y una sonrisa a su acompañante.

—¿Estas bien?— Korra posó su mano en el hombro de la pelinegra.—Pensé que las cosas iban bien con tú padre. Ahora lo verás, comprobarás que está bien, y no habrá de qué preocuparse ¿no?—

—Sí, las cosas han mejorado bastante. Pero no lo sé…— Asami dudo unos segundos, en su mirada se denotaba frustración.— ¿Y si está involucrado en todo lo que está pasando?— Tomó aire. — ¿o si está herido, o lo están amenazando?... y si…—

—¡Hey!, Sato, Sato. — Korra tomó el rostro de su amiga y la obligó a mirarla. —Calma, Todo está bien. ¿sí?—

—No.— Asami refunfuñó.

—Entrarás ahí, verás a tu padre, quizás jueguen una partida de Paisho. Le preguntaras como va todo, le contaras que tu sexy exnovia volvió y te trae loca de nuevo…—

—Idiota.— La ingeniera sonreía, pero eso no evitó que golpeara a Korra en la cabeza. —Papá te odia, así que me saltaré esa parte. Y no me traes loca. — Sentenció con el ceño fruncido.

—Vale, vale, saltemos esa parte. Le puedes contar lo aburrido que es tu novio.— Korra no apartaba su mirada de la de Asami. Pero no se sentía incómodo o tenso, sino todo lo contrario, se sentía como una mirada natural. Dos miradas que ya estaban acostumbradas a verse, a perderse, a sonreírse, a quererse.

—Eso ya lo sabe.— Asami volvió a sonreír. Sin apartar la mirada

—Bueno, bueno. Le contarás algo que no sepa y puedas contarle sin miedo a que se moleste. Y volverás aquí.—Korra apretaba los cachetes de Asami como si de una niña se tratara.—Si algo no está bien, lo resolveremos. ¿Vale?— La morena seguía jugando con las mejillas de la ingeniera.

—Basta.— La empresaria se deshizo del agarre de la ojiazul y asintió. —Vale. Volveré enseguida.— Salió de su auto y se dirigió a la entrada de visitantes de la cárcel para no maestros.

Korra podía observar desde el asiento del copiloto como Asami desaparecía detrás de la enorme puerta metálica. Asami la había llamado esa misma mañana, le había comentado que había conseguido el permiso para ir a visitar a su padre, pero que no quería ir sola. Ella se había ofrecido sin perder tiempo. Se había preguntado para sus adentros ¿por qué no le había pedido a Iroh II que la acompañara? Pero supuso que este estaría ocupado, así que no le dio muchas vueltas al asunto.

Korra recostó el asiento, dejó que su mente vagara, y por alguna extraña razón sus pensamientos la llevaron al pasado, al día que conoció a Hiroshi Sato:

El padre de Asami era todo un misterio. Lo conocía por fotografías, noticias o por el periódico. De vez en cuando lo había visto en una que otra fiesta social de esas a las que iba con Tonraq. Sabía perfectamente quien era, todos en Ciudad República lo sabían como si de una estrella se tratase. Pero esta vez Korra recordaba la primera vez que Asami se lo presentó. Fue la primera vez que Korra se quedó a dormir en la casa de su en ese entonces reciente novia.

Mentiría si dijera que ese día no estaba nerviosa. Fue un viernes después de la escuela, ya lo habíamos planeado. Habíamos pedido permiso a nuestros padres, y había llevado todas las cosas que necesitaba para quedarme fuera de casa en el bolso. Si bien ya había visitado muchas veces la mansión Sato, nunca vi a su padre en ella; siempre estaba trabajando en un nuevo proyecto, o en una reunión importante, o en su oficina. O claro, metiéndose en algún tipo de problema con la ley, pero en ese entonces no podíamos saberlo.

Llegamos a la mansión Sato entrada la tarde, su padre aun no regresaba de la oficina, así que aprovechamos nuestro tiempo a solas. Nos bañamos en la piscina, entrenamos, y hasta nos dio tiempo de estudiar una de esas asignaturas en las que Asami era buena y yo… Bueno, yo hacía lo que podía.

Su padre llegó, según Asami, temprano esa noche. Cenamos todos juntos en el enorme comedor y se comportó como una persona atenta y amable. Preguntó por mi padre, por mi madre, por mi niñez, qué me gustaba hacer, que me gustaría estudiar, si me iba bien en las clases, y un sinfín de cosas más. Recuerdo que Asami trataba de hacer que parara, pero él seguía.

Al parecer le agradas.— Comentaba una Asami despreocupada mientras cambiaba su ropa por una pijama, yo instintivamente me sonroje y voltee la mirada a un lado.

A mí me parecieron demasiadas preguntas, sentí que me interrogaba. — Me deja caer en su cama. Ella se reía animadamente.

Nunca había traído a nadie a casa para dormir. — Levanté la cabeza para observar como se acercaba, ya estaba completamente vestida. —No es como si tuviera muchos amigos o amigas las cuales invitar. — Tomó asiento a mi lado. — A decir verdad, se sorprendió mucho cuando le dije que te quedarías a dormir. — Se dejó caer en la cama justo a mi lado

Así que ya le habías hablado de mí— Fue más una afirmación que una pregunta. Dije, mientras me volteaba para mirarla, sosteniendo mi cabeza con mi brazo para poder observarla mejor. Ella se había sonrojado.

Por supuesto.— Respondió sentándose para quedar fuera del rango de mi mirada.— Le he hablado de ti, de Mako, de Bolin.— continuó restándole importancia al asunto. —Sobre todo de Mako…— Fruncí el ceño. —Lo buen atleta que es…—

Yo soy mejor atleta que él.— Respondí por inercia.

Lo bien que maneja el fuego control.—

Aclare la garganta — Soy el Avatar puedo dominar los cuatro elementos mejor que él.— Pero Asami ignoraba mis comentarios.

Y sobre todo lo bien parecido que es.— No le veía la cara, pero podía imaginarme perfectamente su sonrisa maliciosa, buscaba sacarme de quicio. —Su abdomen perfectamente esculpido. —

Levanté mi camisa. —Llevo trabajando este abdomen desde que tengo cuatro años, no puedes decir que el abdomen de aquel prospecto de maestro fuego es mejor que el mio. — Sabia que solo quería sacarme de quicio, pero me sentía verdaderamente ofendida. Así que me disponía a levantarme para que me diera la cara. Pero me detuvo poniendo una de sus manos en mi ahora descubierto abdomen.

Lo sé, a veces es tan fácil sacarte de quicio. — Decía mientras se apresuraba a besarme.

Recordaba muy bien cómo eran aquellos primeros besos. Llenos de hormonas, pasión, y muchos, muchos nervios, al menos por mi parte. Asami siempre estuvo más segura de sí misma en ese aspecto. Al principio era ella quien tomaba la iniciativa en este tipo de cosas, yo, por otra parte solía quedarme más petrificada, me asustaba hacer algo mal o ir demasiado rápido. Por eso prefería ir a su ritmo, al que ella quisiera, que, para mi sorpresa era justamente al ritmo al que yo lo hubiera llevado.

No pasó mucho tiempo antes de que se colocara encima de mí, para besarme con más pasión.

Toctoctoc*

La puerta había sido tocada, y como si de flash se tratara, Asami ya se encontraba quitando el seguro a la puerta -seguro que no sabía en qué momento había puesto- Mientras yo me sentaba en el borde de la cama fingiendo revisar mi móvil.

Hija, ¿Quieres que mande a preparar otra habitación para tú amiga?— Preguntaba el padre de Asami mientras entraba, sin algún rastro de sospecha de lo que su hija y su "amiga" estaban haciendo.

No hace falta. — Se apresuró a decir Asami, por supuesto que no habíamos pasado por tantas molestias para terminar durmiendo en dos habitaciones distintas. — Es una pijamada papá. De seguro nos desvelamos hablando de cosas de chicas, y pintándonos las uñas y todo eso, además mi cama es grande.—

Yo intentaba mantener la vista pegada al móvil, aunque no estuviera haciendo nada en él, no quería hacer algún gesto sospechoso. Pero me permití levantar la mirada unos segundos para ver como Hiroshi observaba a su hija, luego a mí, le respondí la mirada con una radiante sonrisa, y el volvió a observar a su hija.

¡Claro, cariño! Que tonto fui, de seguro tienen muchas cosas de que hablar, de seguro de algún chico que les guste. —Le guiño un ojo, y yo contuve una descarada carcajada. —No las molesto más, buenas noches para ambas. — Volvió a dedicarme una amable sonrisa, le dio un beso a su hija en la frente y se retiró.

Asami pasó el seguro de la puerta y mi descarada carcajada contenida explotó en una enorme risotada.

Entonces ¿Pintarnos las uñas y hablar de los chicos que nos gustan?— No podía parar de reír.

Por supuesto, y una larga y tendida charla de chicas.— Contestó con una expresión resignada mientras se volvía a acercar a la cama.

Sé qué es muy pronto para preguntar esto. Pero, ¿Alguna vez pensaste en decirle que tú y yo…—

No.—No me dijo ni continuar. —¿Acaso tú si a tus padres?

No lo sé, mis padres son personas razonables, no creo que pongan algún tipo de problema. Además, no estamos en la época de Kyoshi o incluso del Avatar Roku, hace ya bastante tiempo que la gente ha empezado a ver parejas del mismo sexo como algo normal, sobre todo en las ciudades más avanzadas como Ciudad República y Ba Sing Se.—

Suena como si hubieras estado investigando.— Comentó alzando una ceja. Me había descubierto.

Tal vez un poco. — Comenté, incluso traté de conectarme con mis vidas pasadas para pedirles alguna opinión al respecto, pero saber lo pésima que soy en eso. — Ella sonrió, con esa sonrisa tan deslumbrante que podía iluminar toda la habitación.

Mi padre es muy apegado a la antigua. Es tradicionalista, simplista, clásico. He escuchado más de un mal comentario de su parte con respecto a ese tipo de relaciones. Así que prefiero no arriesgarme con él.— No perdió tiempo y se sentó a horcajadas sobre mí, acto que me puso tensa y ella pudo notarlo. —Eres muy adorable cuando estas nerviosa.— Susurró a mi oído, causando que todo mi cuerpo se estremeciera. Ella sonreía con una risa maliciosa.

No es justo, Sato. Ya hemos hablado de esto. Sabes porque me pongo nerviosa, y por qué me contengo. Así que no es justo que me hagas estas cosas.— Sonaba infantil, como si fuera una niña haciendo una pataleta. Pero como ya estaba acostumbrada a hacer, no me dejó hablar y me besó.

En ese entonces no entendía porque la situación la divertía tanto. Yo quería a Asami de todas las maneras posibles, eso era más que obvio. La deseaba desde antes de que se diera cuenta de que me gustaba, y de saber que yo también le gustaba a ella. Pero pensaba que si me dejaba guiar por mi estúpidas y alborotadas hormonas adolecentes terminaría yendo muy rápido, y apresurando las cosas. Pensaba que quizás le daría una mala impresión de mis intenciones si de buenas a primeras le demostraba las ansias que tenia de estar con ella. Por eso me contenía, por eso sus provocaciones me ponían tan nerviosa. No quería hacer nada mal, no con ella.

Lo que yo no sabía, claro está, era que Asami por más idealizada que estuviera en mi cabeza, era tan adolecente como yo. Y que yo le gustaba tanto como ella me gustaba a mí. Que también tenía ganas de estar conmigo de todas las maneras posibles, y que me deseaba exactamente de la misma manera en que yo la deseaba a ella. La diferencia entre ella y yo, era que ella se había dado cuenta de que aquel sentimiento era mutuo, y yo no. Por ello, aquella situación le divertía tanto.

De repente dejó de besarme, se levantó y apagó la luz de la habitación. Pero la del baño seguía encendida, una pequeña claridad se filtraba entre la puerta entreabierta. La pequeña luz no iluminaba del todo, pero si lo suficiente. Podía ver su sonrisa, su mirada de depredadora, su caminar con esa ligera sensualidad que apuntaba hacia mí. Y pude ver por unos segundos el deseo.

Se abalanzó sobre mí, para sentarse a horcajadas, de nuevo, por tercera vez en los últimos veinte minutos. Pero esta vez para no volverse a levantar en lo que quedaba de noche. Empezó a besarme lento, pero con pasión. Sus manos empezaron sujetando mis mejillas, y las mías no pudieron evitar ir a parar en sus caderas, para rosar la parte baja de su espalda. Mientras ella enredaba sus manos en mí, en ese entonces, largo cabello que hace mucho tiempo ya estaba suelto.

Nuestras lenguas empezaron a juguetear, como si se conocieran por primera vez, de nuevo. De vez en cuando se separaba ligeramente sólo para ver como yo me inclinaba hacia adelante buscando con desesperación sus labios para volverlos a unirlos con los míos. Le gustaba provocarme, ver como perdía el control, comprobar que haría cualquier cosa para continuar ese beso. Así que decidí contraatacar, ella volvía a separarse para que yo la buscara frenéticamente, pero en vez de buscar sus finos labios, ataque a su cuello, mordiéndolo ligeramente, pero provocando que de su boca escapara un suspiro contenido, muy cercano a un gemido. Era la primera vez que escuchaba la voz de la lujuria y el deseo, y me encantó.

¡Oye!— Exclamó, como si aquella "insolencia" de mi parte la hubiera molestado, pero ambas estábamos muy seguras de que no. —¡Aquí!— Concluyó, guiando mi rostro con sus manos, al reencuentro de nuestro beso. Causando que esta vez mordiera su labio inferior.

¿Así?— Pregunté entre una sonrisa pícara.

¡No tienes remedio!— Exclamó.

Mientras una de sus manos se infiltraba por debajo de mi camisa y se posaba en mi abdomen. Pude sentir como sonreía, así que abrí los ojos para observar su expresión de satisfacción.

Por supuesto que este…— Acariciaba mi marcado abdomen. —…Es mejor que el de… ¿Cómo le llamaste?... prospecto…—

—…Prospecto de maestro fuego.— Concluí. Con una sonrisa altanera en mi rostro.

Su mirada cambió, su expresión fue seria, y por primera vez en toda la noche, noté algo que pensé que no existía en Asami Sato: Inseguridad y nerviosismo.

¿Puedo?— Preguntó mirándome a los ojos, mientras levantaba ligeramente mi camisa azul celeste. Juro que, si la habitación hubiera estado más iluminada, hubiera visto su rostro ruborizarse intensamente.

Me estaba pidiendo permiso para deshacerse de mi camisa. Era mi mejor amiga (Por no decir la única) Lo curioso era que me había visto incontables veces en ropa interior. Pero aquello, ambas sabíamos que era diferente de aquella veces.

Yo Asentí levemente, al tiempo que mi mano subía por su espalda hasta su sujetador. —¿Y yo?— nuestras miradas seguían en los ojos de la otra, como si intentáramos ver algún atisbo de desconfianza, inseguridad, o duda. Pero no había nada de eso en ninguna de las dos. Ella asintió de la misma manera.

Y como si hubiéramos estado sincronizadas, solté su sujetador, y luego alcé las manos para que ella se deshiciera de mi camisa. sus labios volvieron a los míos, con más frenesí, y con tanta fuerza que me deje caer. Ambas nos acomodamos para quedar en el medio de la cama, sin separarnos ni un centímetro.

Estaba tan absorta en sus besos, en mis labios, en mi cuello. Sus mordiscos, los susurros a mi oído, sus caricias, en sentir el roce de su entrepierna con la mía, que no podría describir el momento exacto en el que me había quitado el pantalón. Y en el que yo me había desecho de su short. Recuerdo haberme levantado ligeramente para poder terminar de quitarle la camiseta de tirantes que aun traía puesta, y que ella había aprovechado para hacer lo mismo con mi brasier.

Recuerdo perfectamente que ese día ni si quiera me limité a mirar algo más que no fueran sus ojos. El resto de su cuerpo lo sintieron, dibujaron y esculpieron mis manos. Ella me hizo suya y yo la hice mía. Fue la primera vez que hacia aquello con alguien. Fue la primera vez para ambas. Fue torpe, inocente e inexperimentado, pero fue perfecto…

El sonido de alguien golpeando la ventanilla del copiloto sacó a Korra de su aparente ensoñación. Era Asami, quien al parecer llevaba rato intentando hacer que el avatar despertara de su siesta, quien se apresuró a abrir la puerta del coche.

—¿En serio te quedaste dormida? — Comentó la ingeniara mientras abordaba su auto.

—Por supuesto que no.— Respondía una somnolienta Korra, mientras bostezaba y se estiraba. — Sólo recordaba con los ojos cerrados.—

—Claro.— Respondió la empresaria escéptica mientras encendía su auto —¿Y qué recordabas? Si se puede saber.—

—Recordaba la primera vez que cené en tu casa, con tu padre.— Se limitó a responder.

—Oh, claro. La primera vez que te quedaste en casa.— Dijo Asami despreocupada, pero su expresión cambio al recordar como había terminado aquella noche. Korra lo notó.

—Sí, fue una velada hermosa.— Comentaba la morena, quien sonreía socarronamente.

o-o-o-o-o-o-o-

Asami ya llevaba un buen rato dando vueltas por la ciudad sin destino alguno, Korra lo había notado, la empresaria mantenía la vista al frente absorta en sus pensamientos, así que la morena se limitó a hacer silencio, y dejar que la empresaria divagara tranquilamente, cuando estuviera lista hablaría. Y pasado un rato, así fue.

—Me oculta algo.— Dijo por fin. — Al llegar actuó como siempre, se encontraba feliz de verme, jugamos Pai Sho y me comentó que había estado muy preocupado, como lo suponíamos le llegó la noticia del ataque al palacio de eventos y el presunto secuestro que intentaron llevar a cabo. Le dije que no tenia de que preocuparse, que había sido una falsa alarma. Que ese ataque había sido para llamar la atención y que ella estaba bien. Pero no parecía muy convencido de ello.—

—Era de esperarse.—

—Dijo que al parecer se había peleado con un guardia que lo molestaba. Y por eso no había podido recibir visitas. — Hizo una pausa, como si pensara en algo.— Pero no lo creí. Lo que me dijo fue muy vago y cambió el tema enseguida. Lo sentía nervioso, siempre mirando a todos lados, como si alguien lo vigilara. —Detuvo el auto de golpe.—¡Korra algo está mal!— Pensé que se desmoronaría, pero no fue así, su rostro sólo denotaba frustración y enfado.

—¿Qué crees que está pasando?—

—Creo que lo están extorsionando, si él estuviera metido en esto por su propia voluntad estaría más tranquilo, más sereno. No parecería tan preocupado…—Soltó un quejido.— ¡Demonios!— Exclamó golpeando la volante con ambas manos.

—Asami, tranquila ¿sí? Resolveremos esto. Mako y yo trabajamos en eso.—

—Quiero ayudar. —Dijo por fin. —Si la gente de la cárcel está metida en esto. Y hay policías involucrados ¿no crees que sepan de los movimientos de Mako? —

—Sí. Es algo que también nos hemos planteado. Por eso tratamos de hacer esto lo más discretamente posible.—

—Te puedo asegurar, que seguramente tienen a alguien que vigile a Ling las veinticuatro horas, lo mismo con Mako…—

—…Y contigo.— La interrumpí. —Sí van detrás de tu padre, también deben de tenerte el ojo puesto las veinticuatro horas del día. Todos están expuestos, claro, menos yo. Soy la chica que llegó nueva y pasa desapercibida. — Sonreí. Asami solo soltó un interminable suspiro.

—Ah… hay otra cosa que me pareció muy extraña.— El semblante de Asami cambió.

—¿Qué? —Pregunté.

—Mi padre… Me preguntó por ti.—

o-o-o-o-o-o-o-o-o

—Así que tú eres la nueva persona al mando.— Comentaba Hiroshi. Una celda oscura, no le permitía dilucidar con claridad a la persona que estaba de pie al otro extremo de la habitación. La persona al frente de él comenzó a reír.

—¿Nueva? Señor Hiroshi, yo siempre he estado a cargo.—

—Ya me tienen a mí, puedo construir cualquier cosa. Tengo más experiencia que mi hija. ¿Por qué la quieren a ella? — El acompañante de la primera figuro bufó, él se preguntaba exactamente lo mismo.

La persona aludida se acercó a un encadenado Hiroshi, que era mantenido sentado a una silla por otros dos hombres. Susurró algo a su oído y luego se alejó. Con una sonrisa grotesca y descarada en su rostro.

Hiroshi frunció el ceño, y se levantó. Logrando zafarse del agarre de los dos guardias para enfrentar a la persona al mando. Fueron a detenerlo, pero la persona confrontada hizo una seña para que se detuvieran.

—No tienes ni idea de dónde te estas metiendo. — Sentenció. — Si yo fuera ustedes…— Hiroshi ahora se dirigía a el resto de los ocupantes de la sala. —No pondría mis esperanzas en una persona así. No tengo ni idea de que intentan hacer, pero estoy seguro de que sus metas no son las mismas.—

—Basta, dijo el hombre que esperaba detrás. —E hizo señas para que devolvieran a Hiroshi a su asiento. —¿Qué demonios le dijiste?— Ahora se dirigía a su acompañante.

—Sólo trato de provocarlo. Tranquilízate. —

—Mi paciencia se esta agotando.— Amenazó.

—No estás en posición de exigir. — Fue lo único que respondió. —Esta alianza te conviene más a ti que a mí, así que por ahora se juega bajo mis reglas. — Respondió con una lengua afilada. Antes de retirarse de la habitación.

o-o-o-o-o-o-o-o

—¿Por qué no me pediste que te acompañara?— Asami acaba de contarle a su novio que había ido a visitar a su padre. Le dijo que estaba bien, pero no había querido darle demasiado detalle. Iroh II ya había estado lo suficientemente paranoico los últimos días como para seguir alimentando esa idea.

—Le dije a Korra que lo hiciera. Supuse que estarías ocupado.— Respondió tranquilamente, mientras probaba su cena.

—Pude haber hecho tiempo para ti. Sabes que tú eres mi prioridad.— Respondió el General, algo dolido de no haber sido considerado.

—¿Crees que no sé qué desde el ataque al palacio de eventos pospones y cancelas muchos de tus compromisos y deberes para estar conmigo?— Preguntó la ingeniera, como si aquello fuera un crimen. —No quería seguir interviniendo en tus responsabilidades.

—No lo haces, Cariño. Eres mi prioridad, lo demás puede esperar.— Su tono era bajo, calmado.

—Amor, apreció que estés al pendiente de mí. Y entiendo tu preocupación. Pero entiende tú, que puedo cuidarme sola, y que tenerte constantemente como niñero es un poco frustrante. Ya no sé si eres mi guardaespaldas o mi novio. —Las palabras de Asami eran duras, pero no fueron dichas de mala manera.

—Eso es.— Comento el maestro fuego.

—¿Qué?—Preguntó Asami sin entender la renovada sonrisa de su compañero.

—Eres una de las figuras públicas más importantes de Ciudad República. Eres una mujer acaudalada que vive sola en una enorme mansión. Deberías tener un guardaespaldas. Yo estaría más tranquilo, y no me tendrías encima de ti todo el tiempo.—

Asami lo pensó por un momento. Al principio le pareció estúpido. Nunca antes había necesitado de un guardaespaldas. Pero luego se le ocurrió una idea descabellada.

—Hecho, pero yo elijo a mi guardaespaldas.— Asami sonreía como si aquello le pareciera divertido.

—Espero que no se te esté ocurriendo alguna tontería para burlarte de mí.— El general levantaba una ceja en una expresión escéptica. Conocía esa expresión en el rostro de Asami. Era la expresión que ponía cuando tenía la razón, o cuando ganaba alguna discusión.

—¿Si me consigo un guardaespaldas dejaras de estar tan paranoico? — El maestro fuego posó sus ambarinos ojos en los de su pareja, tratando de descifrar que pasaba por la cabeza de aquella mujer. Pero no encontró nada.

Suspiro, de manera resignada. — No sé si me gusta, o me frustra en sobremanera.—

Asami ladeo la cabeza, como si de repente se hubiera perdido de algo, puesto que no entendía que tenía que ver aquel comentario dentro de su conversación. —¿Qué cosa?— Preguntó, tan inocente como uno niño que prende fuego a una cortina, cuando se manifiesta el control de su elemento por primera vez.

—Que aun después de tanto tiempo, no logro leer que hay detrás de tus ojos.— Comentó con una sonrisa encantadora, que sería capaz de quitarle el aliento a cualquier chica y sin apartar su mirada de los ojos de Asami. —Está bien, si consigues un guardaespaldas, voy a dejar de "molestar" como tú le llamas a mis preocupaciones. —

o-o-o-o-o-o-o-o

—Sabía que algo te traías entre manos.— Reprochaba el general, caminando de un lado a otro, de tal manera que en cualquier momento haría un surco en el piso de la oficina de Sato. —Asami Sato, dime que esto es un chiste.— Iroh II la miraba con ojos suplicantes.

—No, no lo es. — La voz que le daba forma a todas las frustraciones del maestro fuego lo golpeaba con estruendo. — Vamos, deberías de estar feliz. ¿Quién mejor en el mundo que el Avatar para cuidar de tú…— Korra se detuvo ante la sola idea de decir "tu chica" —… De Asami.— Concluyó.

—No sabes ni cuidar de ti.—Atacó este con todo el veneno que fue capaz de producir.

—Al menos la cuido mejor que tú. Si mal no recuerdo yo fui quien la sacó del palacio de eventos.—

—¿Usándola como sebo?— Sus voces habían empezado a subir de tono.

—¡Ya basta!— Exclamó Asami, mientras masajeaba sus sienes. —Los dos, me exasperan. — Le dirigió una mirada fulminante a ambos. — Debes admitir que si estoy con Korra hay muy pocas probabilidades de que me pase algo.— Dijo este dirigiéndose al general.

—Además, con la excusa de mi nuevo "trabajo" puedo ir a entrenar a la comisaria con los cadetes. Beifong dirá que Sato le pidió el favor personalmente de que me mantuviera e forma. Así nadie sospechara que vaya por esos sitios. Tengo una fuente de ingreso extra, y no estoy la mayoría del día sin hacer nada. Todos ganamos.—

—Si dejaras de esconderte, y afrontaras tus responsabilidades como avatar, te aseguro que no pasarías el día sin nada que hacer. — Se quejaba el maestro fuego.

—Ok, tuve suficiente.— Asami se interpuso entre ambos. Quienes habían roto la distancia que los separaba, y si no fuera porque las miradas de odio que se dedicaban eran tan ardientes como las llamas azules del infierno donde de seguro se retorcían Azula, su padre y su abuelo. Cualquiera hubiera pensado que estaban a punto de besarse. — Amor, tienes que ir a tu trabajo.—

La ingeniera tomó de la mano a su "amor" y lo llevó hasta la puerta de su oficina. Despidiéndolo con un fugaz beso, que Albert Einstein bien pudo haber utilizado para explicar su teoría de la relatividad. Puesto que Para Iroh II aquel beso había sido demasiado rápido, pero en cambio para Korra, este había durado una eternidad.

Apenas la puerta había sido cerrada a sus espaldas, Asami escucho un sonoro bufido proveniente de su ahora guardaespaldas.

—¿Sabes que me apetece tan poco como a él esto, ¿verdad?— Preguntó Korra, intentando reprimir lo que acababa de ver. —Tu puedes cuidarte sola. — Le sonrió, pero con una sonrisa algo apagada, y una mirada que buscaba algo en sus ojos.

—¿Qué sucede?— Preguntó la ingeniera, como si no se lo imaginara ya. Mientras tomaba asiento en su silla.

—¿De verdad quieres pasar el resto de tu vida con ese tipo?— La morena señaló la puerta.

La ingeniera titubeo. — No puedo saberlo aún. Tenemos una muy buena relación, pero en esta etapa de mi vida no estoy pensando en casarme o formar una familia. Así que no es algo en lo que haya pensado. Por ahora… —

—¿Ves? No quieres. — Sentenció la ojiazul.

Asami no pudo evitar soltar una risotada.

—¿Si quiera escuchaste la mitad de lo que dije?—

—Sí.Y por eso lo digo.— La ojiverde hizo silenció y espero a que su compañera continuara. — Si quieres pasar el resto de tu vida con alguien, no pones tantas excusas. No se trata de pensar en una familia, o en casarte y tener hijos. Se trata de no ser capaz de imaginarte una vida sin esa persona. Y en lo que a mí respecta, a ti se te haría muy fácil imaginarte una sin él.—

—¿Y qué te hace estar tan segura de eso?— Refutó la empresaria.

—¿Te imaginas un futuro en el que yo no esté?— Korra se acercó, sentándose en el escritorio, frente a la pelinegra.

La pregunta había tomado a Asami totalmente desprevenida. ¿En qué momento la conversación había tomado aquel rumbo?

"Por supuesto que no" fue lo primero que pensé. No me imaginaba un futuro en el que volviera a perder a esa chica que ahora estaba sentada frente a mí. Pero ya había vivido los últimos casi cinco años sin ella, y por supuesto que podría haber seguido viviendo sin ella. Pero no quería volver a perderla, no estaba en mis planes.

¡Demonios! Lo hacía de nuevo, volvía a ponerme en esta posición incómoda. Como aquella noche que me besó en el palacio de eventos, o que me llevo a comer al restaurant. O cada vez que soltaba algún pequeño cometario "inocente".

No empieces ¿sí? — Me levanté e intenté alejarme de ella. ¿Por qué se empeñaba en acorralarme? ¿Por qué no simplemente podía dejar las cosas como estaban? Seguir siendo mi amiga.

Tomó mi brazo para detener mi escape. Y con un movimiento de la mano que le había quedado libre hizo que el aire control cerrara las cortinas de la oficina.

¿Qué no empiece qué?— Preguntó mientras se ponía de pie. —Fue sólo una pregunta. —

Se defendió.—

¿Por qué te empeñas en esto?— Pregunté casi suplicante.

Quería alejarme, tenía la fuerza física para hacerlo, sabia donde golpear, qué llave hacer. Pero mi voluntad me detenía justo ahí, en esos escasos centímetros que eran acortados cada vez más por ella.

¿En qué?— Preguntó, como si genuinamente no lo supiera. Simplemente negué con la cabeza.

Negué con la cabeza, acorté aún más la distancia y acaricié su rostro. Por primera vez desde que se marchó me permití mirarla como si nada hubiera pasado, me permití disfrutar de su cercanía, me seguía pareciendo divertido ser más alta que ella.

En sus ojos podía notar como se estaba conteniendo para no besarme en ese momento. No pude evitar sonreír, tenía esa expresión que había aprendido de Naga, esos ojos de cachorros, con la cabeza ligeramente ladeada y un puchero.

No puedo.— Dije por fin, tratando de no sonar tan fría. — Lo siento Korra. Pero no puedo caer en tu juego de nuevo.— Poco a poco nos fuimos alejando.—No puedo dejarme llevar por ti de nuevo. No puedo responder a tus preguntas. Y tampoco quiero. Te fuiste, y yo seguí adelante. No trates de hacerme retroceder, porque no tienes ni idea de cuánto me costó salir de allá atrás. — Pero soné mucho más tajante de lo que quería.

Decir aquello me había dolido, de seguro tanto como a ella escucharlo. Pero tenía que detenerla ahora, o no podría hacerlo después.

Ella no dijo nada…

o-o-o-o-o-o-o-o


Y esto es todo por hoy. Por favor, por favor, por favor, NO se olviden de comentar. Y a aquellos que les encanta hacer review super extendidas, no se preocupen que a mi me encanta leerlas. Gracias por seguir esta historia. Nos leemos en unos días (espero)